marijf22: Estás acertando mucho con tus predicciones, me das miedo XD broma. Con este capítulo creo que surgirán más. Dime todas tus predicciones y de ahí sacamos un porcentaje de aciertos xd
Sadness-doll: Qué bueno que te guste, en este capítulo se notarán más las escenas chan o.o y otra cosa... ¡Mujer! continúa tus fanfics o enloqueceré D:
Nami-Sinohichi: Qué malvada soy, los dejé a todos intrigados con el plan de Sasori que no termina ahí (les aviso) Sasukito kun tomará un papel enigmático durante gran parte de este fanfics y cuando empiece a mostrarse más será genial, o al menos eso planeo.
Hatsune-san: Sasuke es muy misterioso en este fanfics hasta cierto punto creo yo. Uy, acá está el cap, que lo disfrutes.
Esmeralda Ermitaña
Capítulo VII
Caminaban sensei y alumna por el amplio pasillo que los conducía a un lugar que sólo el joven conocía, pero su pequeña acompañante confiaba ciegamente en el destino elegido por él. Itachi iba frente a ella transitando por el lugar, lo cual le dio a la niña un plano en el cual podía observar su imponencia.
Su sensei superaba con creces su altura y su porte, a pesar de ser joven aún, era el de un hombre elegante. Su espalda era amplia y aunque caminaran a sólo unos pasos del otro, se le hacía que fueran metros, puesto que lo veía como alguien a quien imitar. Se le hacía tan poderoso ante sus ojos y se sentía tan dichosa de no estar decepcionándolo que surgió en Sakura el sentimiento de devoción absoluta, fiel a su tutor.
El joven se detuvo frente a una puerta con cerrojo que abrió sin más demora para luego mirar a la muchacha de ojos esmeralda.
—Entra—dijo gentilmente.
Pasaron ambos a la estancia. Era una habitación un tanto diferente a las demás, no en lo físico, sino en el aire. Era bastante fría y con sólo estar allí se podía saber a quién pertenecía, puesto poseía la personalidad de su dueño, además de un aroma característico.
—Es mi habitación—habló el Uchiha.
La niña de pelo rosado no contestó, pero lo que hizo significó más. Lentamente se acercó al abrigo de Itachi mirándolo para buscar alguna mueca de desagrado, pero no encontró ninguna, por lo que se apegó a la tela y aspiró en profundidad. Separó su rostro después de una nueva inhalada y sonrió.
—Tienen el mismo aroma, sensei—notó la niña— a tierra mojada. Es rico.
Volvió a hundir su faz en la tela mientras que Itachi únicamente esperaba, no se oponía a los actos de la niña. Comparó la relación que tenía con ella y la que había tenido en un tiempo con su hermano menor Sasuke y se dio cuenta de que eran muy diferentes, pero porque él lo había querido así, porque siempre evitó entrenar con su hermano pequeño con excusas que no tenía con Sakura.
—Por cierto, ¿qué me quería enseñar?
—Antes de hacerlo, que quede claro que esto es entre los dos.
La pequeña asintió y dejó que el joven hiciera lo que esperaba hacer. Se sentó sobre su cama, seguido del velador y abrió su cajón sacando una pequeña caja amarrada con un cordel. De inmediato captó la atención de Sakura, quien se sentó junto a su tutor y asomó la cabeza para ver el contenido de tan llamativo contenedor. El mozo desató lentamente la caja y reveló su tesoro.
El tesoro era que estaba lleno de recuerdos de todo tipo y a Sakura le asombró la cantidad de memorias alojadas en un solo contenedor.
—¿Puedo? —preguntó la niña haciendo con su mano el ademán de tomar algún recuerdo para examinarlo.
El joven asintió y su alumna cogió al azar una fotografía. Supo quién era de inmediato.
—Es usted, Itachi san, pero se ve más joven.
—Es de cuando entré a la academia—recordó el Uchiha.
—Pero no se ve nada de emocionado.
—No lo estaba—admitió— no me enseñaron nada importante.
Como lo suponía, la sensación de estar con alguien poderoso tenía sus fundamentos. La academia no había sido nada más que un lugar de paso en su vida.
—Lo que tú querías saber está aquí—dijo tomando una foto en su mano— éste es mi hermano Sasuke.
Ante su rostro se presentó la imagen de un niño de su edad, es decir, de ocho años. Sus ojos, negros como los de Itachi, eran diferentes en una cosa: inocencia. Sobre la faz de Sasuke se distinguía un fuerte deseo por superarse y un fuerte deseo de probarse a sí mismo. No pudo evitar notar que también era muy agraciado y el sonrojo no tardó en apoderarse de sus mejillas. No pasó desapercibido por su tutor.
—¿Doushita? —preguntó el joven viendo el tono rosado de las mejillas de su alumna.
—Nada, es que…—hablaba la niña escondiéndose tras su sensei—…ustedes dos son muy apuestos.
Itachi perfiló una sonrisa pequeña en su cara. Después de todo, Sakura aún era una niña menuda y se avergonzaba con facilidad, era parte de la tarea de un sensei el pasar por todas las etapas que cruzaba su pupila al crecer y a él le había tocado el período en el cual las niñas ven con otros ojos a los ninjas del sexo opuesto.
…
—Dei san, ¿puedo abrir los ojos? —preguntaba Sakura.
—No, no puedes. Deja que termine mi obra de arte—decía el joven.
Hacía unos pocos segundos que Deidara había llamado a la niña de cabellos rosados para que lo ayudase en lo que él consideraba una pieza maestra. Lo que había hecho era llevar a la niña a su cuarto y pedirle que se quedara quieta, pero lo más importante de todo era que no debía mirar. Los minutos que había pasado allí adentro no habían bastando para saber qué era lo que estaba haciendo, pero mientras no intentara dañarla estaba todo bien.
—¡Senpai!—se escuchó fuertemente en el pasillo.
Se acercó cada vez más hasta que entró de golpe a la habitación de su compañero muy agitado, como si hubiese estado corriendo muy rápido un largo trecho. De inmediato se acercó al blondo.
—¡Deidara Senpai no creerás lo que pasó, Kakuzu- —se detuvo al ver la apariencia de la niña cuyos ojos permanecían cerrados— Es… es…
—¡Ni un comentario!—interrumpió el artista— no quiero que lo visualice antes de que esté terminado.
—¡Tobi es un buen chico!—gritó el personaje— ¡Quiero ayudar!
—¡De acuerdo, ayuda! —se exasperaba Deidara— pero cierra la boca.
Estar en las manos de esos dos no era lo más inteligente ni tampoco lo más seguro del mundo, pero Sakura también quería ver lo que Deidara aseguraba que sería fantástico. No pasó mucho rato hasta que la inconfundible voz de entusiasmo del blondo se escuchó.
—Y ahora el toque final. Tobi, pásame lo que está sobre mi cama—ordenó.
—¡Entendido! —dijo el enmascarado quien también había comenzado a emocionarse más de lo habitual.
Se dirigió hacia donde su compañero le había dicho y tomó dicho objeto con sus manos, pero su andar era tan torpe que cuando quiso entregar lo encomendado tropezó y el objeto voló por los aires. Por suerte los reflejos de Deidara eran más agudos y lo sostuvo antes de impactar contra el suelo.
—¡Baka! —dijo el blondo mirando enojado a Tobi— Por poco y tengo que hacer otro.
—¡Pero si no es frágil! —se defendía el enmascarado.
—Un tarado como tú no entiende lo que es el arte, todo debe ser perfecto. Y ahora el toque final.
Ignorando al extraño personaje, Deidara se puso frente a Sakura y lentamente depositó el objeto sobre su cabeza para añadir el deseado toque.
—Abre los ojos, Sakura chan.
Celebrando interiormente el hecho de poder ver al fin, miró hacia adelante para descubrir en un gran espejo lo que Dei san había trabajado. Se trataba de un abrigo de Akatsuki hecho a la medida, pero era mucho más femenino que el resto, puesto que no daba la figura cuadrada que proporcionaba al resto de los miembros de la organización. En su cabeza pudo ver el sombrero que ocultaba el semblante de quien lo usara. Con esa apariencia tan inocente, se veía realmente encantadora y tierna.
—Perfecto—pronunció orgulloso el blondo de su creación.
—Sakura chan… ¡qué ternura! —gritó Tobi tomando a la niña en sus brazos y dando vueltas— ¡estás realmente preciosa!
—Tobi san, me mareo—decía débilmente.
—¡Oh, lo siento! —se disculpó colocando a la niña en el suelo nuevamente.
Tuvo tiempo la pequeña de mirarse al espejo nuevamente, esta vez sin nadie que la interrumpiera elevándola o gritando y descubrió lo bien que se sentía usar ese abrigo que habían hecho por diversión. Pensó en lo bien que se sentiría usar uno de verdad, oficial como el que usaban todos los demás.
Dio media vuelta y dirigió su vista al blondo, al autor de la creativa invención. Se encaminó para estar frente a él y le miró con mucha gratitud.
—Es maravilloso, Deidara san, muchas gracias —sonrió la muchacha abrazando al artista.
—No hagas eso—decía el blondo incómodo al ser abrazado.
Sin embargo, al escuchar sus palabras y notar su actitud incómoda. La pequeña sin soltar su abrazo miró hacia arriba, a los ojos del joven y éste ya no se pudo negar.
—De acuerdo, anda—decía dejándose estrechar por los brazos de la menuda chiquilla— sólo porque haces que mi obra de arte brille por unos momentos.
Un fuerte golpe se hoyó en la puerta, casi derribándola, lo cual rompió la armonía que hasta el momento se estaba viviendo en el interior.
—¿Qué mier…?—preguntaba Deidara acercándose a la puerta— ¡Nee basta ya!
—¿Está Tobi allí adentro? —preguntó Kakuzu quien se encontraba afuera.
A juzgar por el tono de voz del caza recompensas, se podía ver que se encontraba reteniendo mucha furia. Sakura y Deidara voltearon a ver al enmascarado que estaba poniéndose más inquieto de lo normal.
—Nee, Tobi—llamó el blondo— ¿qué le hiciste a Kakuzu?
—Pues… eso era lo que tenía que decir antes de preparáramos a Sakura chan.
—¡Tráelo aquí! —exigía la voz del codicioso en el exterior— el muy maldito quemó mi dinero.
—¡Pensé que era combustible para la chimenea! —se defendió el enmascarado.
—¡Y pronto lo serás tú! —gritaba Kakuzu enojado por las pérdidas económicas.
Elegir entre remodelar la puerta y entregar a Tobi, no era muy difícil. Abriendo la estancia, Tobi no perdió tiempo y salió disparado atropellando al caza recompensas, pero terminó persiguiéndolo también. Sakura siguió la nube de polvo que dejaron los dos conflictivos.
En la sala de estar habían decidido montar su espectáculo, sólo que Hidan se había unido a torturar a Tobi puesto que no sólo había usado como combustible el dinero de Kakuzu, sino que también había usado para quemar unas escrituras que poseía de Jashin, muy valiosas para el religioso.
—¡No fue mi intención, Tobi es un buen chico! —chillaba el personaje que estaba siendo acorralado.
—¿Le das tú o prefieres que lo haga yo? —le preguntaba Hidan a Kakuzu.
Al ver que no podría salvarse de esa, el enmascarado no encontró nada mejor que usar todas sus energías —que no eran pocas—en salir huyendo del lugar tan rápido como le permitiesen sus piernas seguido por el equipo compuesto por el religioso y el caza recompensas.
Como todo había terminado, Sakura hizo el ademán de marcharse cuando escuchó una voz en la esquina de la sala de estar, sobre un sillón.
—Aguarda—la detuvo la voz de Sasori— ven aquí un momento, Sakura.
Al no encontrar otra opción, se acercó tal y como se lo había pedido. La mirada del pelirrojo la hacía sentir desnuda, como si nunca pudiera esconder algo de él y no le agradaba aquello.
—Me gusta como vistes—admiró el marionetista— dime cómo lo obtuviste.
Aún sentado en el sillón, se incorporó un poco para tomar a la niña en sus brazos y sentarla en su regazo, muy cerca de él. Inocentemente, Sakura no halló nada de malo en eso, después de todo había visto a muchos niños sentarse en el regazo de sus padres, pero ella no entendía aún la morbosidad que le provocaba ese contacto al marionetista.
—Deidara san me lo hizo—informó la niña— fue un regalo.
—Muy generoso de su parte—opinó Sasori— ¿y sabes qué? Yo te tengo un obsequio también.
Los ojos de la muchacha se iluminaron ante la ilusión de recibir otro presente, esta vez de parte de quien la sujetaba tan cercanamente. Del interior de su abrigo, el pelirrojo extrajo una muñeca articulada vestida con un kimono verde esmeralda adornado con pétalos de cerezo, pero lo más notorio era que tenía pelo rosado al igual que ella, no se imaginaba que lo había conseguido mientras dormía. Se dio cuenta de un detalle.
—Soy… yo—apreció la niña— es igual a mí.
—Exacto y desde ahora es toda tuya—dijo entregándole la cautivante creación a la muchacha.
—Domo arigato, Sasori san—agradeció recibiendo su ansiado presente— es bellísima.
—Recuerda que la hice idéntica a ti—dijo acariciando su pelo.
Como la corrupción no habitaba la mente de la niña, no podía distinguir cuando algo no estaba bien y era por eso que al tacto de una de las manos de Sasori en su pelo no sintió nada, pues lo único que captaba su atención era la muñeca articulada tan finamente decorada.
—Si quieres podría hacerte más como esa—se comprometía el pelirrojo.
—¿En serio lo haría? —preguntaba ilusionada.
—No miento. Te traería un nuevo obsequio cada día y tú sólo me regalas el verte contenta cuando lo recibas.
Todo sonaba demasiado bien para la pequeña quien no dudó en confiar en el marionetista que con tanto afán deslizaba sus dedos por su pelo. Ahora que confiaba en él, Sasori podía seguir dando nuevos y más largos pasos agigantados.
—¿No quieres quitarte el abrigo un momento? —propuso el marionetista con su rostro angelical— así jugarás más cómoda.
—Es una buena idea, gracias Sasori san—habló la inocente criatura.
El pelirrojo deslizó la tela por los hombros de la niña y para su deleite quedó piel expuesta bajo ese pelo corto: su cuello. Se veía terso y agradable, hasta el aroma se sentía. Como era de esperar, olía a la flor del cerezo, haciéndole honor a su nombre. Aprovechando la distracción de Sakura, el hombre bajó sus labios lentamente hacia su cuello para sentir su delicada piel y perderse a sí mismo.
—Sakura—llamó una voz desde el umbral de la puerta de la sala, su sensei Itachi— ven aquí.
Con cuidado fue liberada de los brazos de quien le había obsequiado su muñeca y corrió feliz hacia su tutor. No tardó en mostrársela.
—Itachi sensei, mire lo que me ha regalado Sasori san—dijo alzando su muñeca.
—Ve a tu cuarto, Sakura.
No titubeó ni un solo momento en acatar la órdenes del joven, después de todo se había prometido a sí misma que sería fiel y devota a lo que su sensei decidiera que era lo mejor. Dejó a dos poderosos varones mirándose fijamente, pero sus principios eran demasiado fuertes como para iniciar algo, así que Itachi sólo lo miró hostilmente, advirtiéndole de que no hiciera nada estúpido, tal como una serpiente de cascabel advierte que si te acercas saldrás herido. Luego de eso se retiró.
El único hombre que permanecía en la estancia era un Sasori muy satisfecho consigo mismo y que ahora reía sutil y malévolamente.
…
CONTINUARÁ…
