NOTA: Digimon no me pertenece, esta historia la escribo por mero entretenimiento.


Ambos rubios comenzaron a conversar, por lo que Hikari prefirió darles algo de privacidad y se alejó unos pasado de ellos. Observó las pinturas que habían en la sala de espera, las personas, las enfermeras, y de pronto la vio, caminando junto a una joven vestida con el delantal del hospital: una joven de largo cabello castaño y figura familiar.

¿Acaso ella no es…?


Capítulo Siete: Verdades

La joven Yagami se quedó con la vista en el pasillo mientras que la castaña y la enfermera ya habían desaparecido; podría jurar que la chica que había visto era Mimi, pero de ser así Yamato les habría contado ¿Verdad?

―Chicos ―habló el mayor de los hermanos, logrando que Hikari olvidara esos pensamientos y se centrara en lo que Ishida iba a decir―. Vamos a casa, seguro que Sora se sorprenderá tanto como yo de verlos.

―Claro ―aceptó gustoso Takaishi. Hikari sólo asintió con la cabeza, al momento en que se aferraba del brazo de su novio.

―¿Cómo van las cosas con Sora ¿Cuándo planean casarse? ―se atrevió a preguntar la castaña con una gran sonrisa en el rostro.

―Aún no hemos hablado de matrimonio con Sora ―respondió Yamato―. Últimamente no hemos hablado mucho, de hecho ni nos hemos visto, ha pasado más tiempo con Taichi que conmigo; no la culpo, yo paso todo el bendito día en éste hospital.

―¿Con Taichi? ―preguntó Hikari perdiendo la sonrisa―. Pensé que él ya había comenzado con los entrenamientos.

―Así parece, pero se arma su tiempo para visitar a Sora.

―Yamato, hay gente ingenua y tú ―le dijo su hermano―. No es por ser cizañer, pero…

―Mejor que pongas ojo ―completó Hikari―. Es mi hermano y todo lo que quieras pero siempre ha sido evidente el interés de él por Sora, y ella, aunque te duela, lo considera…

―Takeru, Hikari, basta ―los paró el médico―. No voy a desconfiar de Sora ni de Taichi, así que les pido por favor que no digan esa clase de cosas.

―Lo siento ―dijeron a coro los otros dos y el tema no volvió a ser sacado.

Tras bajar a los estacionamientos subterráneos subieron al auto del mayor de los hermanos. La vista de Yamato se posó en un par de sujetos que por un momento le pareció que lo observaban; terminó por restarle importancia al asunto y se unió a la pareja que lo esperaba, para encaminarse al encuentro con Sora.


En cuanto el auto de Yamato desapareció del mapa los dos hombres que aguardaban en un auto negro entraron a las instalaciones. Su objetivo era claro: Mimi Tachikawa, también conocida como Elizabeth Christensen. Tenían todos los datos sobre ella, los cuales no habían sido de fácil recopilación pues el único que sabía sobre el verdadero paradero de la joven era Michael (el mejor amigo de la castaña, hasta donde tenían entendido); atraparlo fue una tarea fácil pero el rubio se negaba a hablar por más fuertes que fueran las amenazas, golpes y torturas aplicadas por ellos. El pobre muchacho moribundo había hablado finalmente cuando le prometieron no dañar a Mimi si ésta cooperaba; le había dolido en el alma tener que revelar la información, pero ni su cuerpo ni su mente podían seguir soportando aquel suplicio.

El dúo no tardó en localizar la habitación de la castaña y mientas que uno se quedó vigilando el pasillo el segundo, un hombre alto y corpulento (vestido de negro y anteojos oscuros) se adentró al encuentro con la castaña.

Ésta se encontraba sentada en una silla, miraba por la ventana el paisaje. Su largo cabello castaño se encontraba suelto, y caía como una cascada sobre su espalda, vestía un sencillo jumper de color crema, con un beatle y panties de color celeste, y sus típicos zapatos. Estaba tan ensimismada que no notó la presencia de otra persona en la habitación hasta que sintió un par de gruesas manos sobre sus hombros. Trató de levantarse, pero fueron esas mismas manos las que la empujaron hacia abajo.

―Eres muy escurridiza ¿Lo sabías? ―susurró la voz del extraño con cierto dejo de diversión al ver el claro temor de la joven.

―¿Quién es? ―preguntó ella, intentando girar, al menos, su rostro para poder ver de quien se trataba. Quizás por suerte de la vida era una pesada broma de Michael. Pero no, se encontró con un rostro totalmente desconocido, cosa que terminó por quitarle lo poco y nada de valentía que le iba quedando.

―¿No adivinas? Pues, digamos que soy una especie de mensajero, de esos que traen y llevan encargos, especialmente collares como el de la familia Tachikawa.

La joven abrió enormemente lo ojos ―Yo no tengo nada ―fue lo único que atinó a decir.

―¿No? ―preguntó el hombre. Con una fuerza sobre humana logró voltear la silla para quedar de frente a la chica―. Si no recuerdas que lo tienes tendremos que empezar a indagar en tu memoria ¿Y no quieres eso, cierto?

―¡Basta! ―gritó Mimi, aprovechando un descuido por parte del hombre para levantarse y correr hacia la puerta, aunque no logró llegar muy lejos, pues el tipo logró alcanzarla tomándola del cabello y jalándola hacia atrás con tanta fuerza que terminó haciéndola caer al piso de rodillas.

―No querrás que deje ese lindo rostro tuyo marcado ¿Verdad? ―le preguntó con sarcasmo el sujeto, mientras le acariciaba una mejilla a la castaña, quién se sintió asqueada ante el más mínimo contacto. Lo odiaba, lo quería lejos, que no la tocara, que se muriera ¡Que algo le ocurriera para que la dejara en paz!

―No eres más que una manipulable basura. Tu mente no sirve para nada más que recibir órdenes y usar la fuerza bruta ―dijo Mimi a modo de respuesta, para luego lanzarle un escupo en pleno rostro al hombre.

Aquello fue algo que jamás debió hacer, pues hizo que la poca y nula paciencia del hombre se acabara. Terminó dándole una bofetada en el rostro a la chica que terminó por partirle el labio inferior, para luego tirarse sobre ella y aprisionarla contra el piso, sujetando con una sola mano ambos brazos de la chica.

―Creo que debemos empezar por cortarte esa lengua que tienes ―siseó como serpiente.

―¡Quí…! ―iba a comenzar a gritar la joven, pero el sujeto, con su mano libre, le tapó la boca.

―Ahora te vas a quedar callada y vas a escuchar con atención, de lo contrario no voy a responder por mis acciones ―al no obtener ningún tipo de respuesta por parte de Tachikawa el hombre continuó hablando―. Me vas a entregar ese maldito colgante si quieres mantenerte viva y si quieres que tu amigo Michael sea puesto en libertad con sangre en la venas y no metido dentro de un ataúd.

Mimi abrió los ojos enormemente al escuchar eso ¿Tenían a Michael? Eso es jugar sucio, ante aquella amenaza era obvio que ella debería entregar la joya familiar, no podía permitir que algo le sucediera a su mejor amigo, no después de todo lo que él había hecho por ella.

El hombre dejó de sujetar a la castaña para poder ponerse de pie y esperar una respuesta. La chica tenía la mirada perdida y los ojos estaban cristalinos. Estaba aterrada, no por ella, sino por Michael. Si él había sido capaz de decirle a esos tipos en dónde estaba era por algo, y ese algo era lo que temía ¿A qué clase de tortura había sido sometido el americano? ¿Estaba vivo aún? ¿En dónde lo tenían?

―Si… si te digo en dónde está el collar ¿Dejarán ir a Michael?- ―preguntó con temor.

El sujeto sonrió conforme ―Pues claro, nosotros somos buenas personas si nos cooperan. Si nos entregas el colgante dejaremos ir a tu amiguito y no te buscaremos nunca más.

"Pero es el collar que ha estado en mi familia por generaciones" pensó "Ni siquiera sé quién fue el primer integrante que lo tuvo; y papá me pidió que lo cuidara, que no debía caer en otras manos, sin embargo Michael… Michael está sufriendo por mi culpa, si yo no estuviera aquí… yo debí… yo debí morir con mis padres ese día…"

La mente de la joven era un torbellino de sentimientos encontrados, por un lado sabía que debía ayudar a Michael, pero había algo dentro de su interior que no le permitía entregar el collar. Aquel objeto que era el único indicio tangible de la chica que alguna vez fue, el único recuerdo que le quedaba de sus padres.

―¿Vas a decírmelo o no? ―espetó el hombre, tomándola por los tirantes del jumper para ponerla de pie y zarandearla para que reaccionara― ¡Responde!

El hombre gritó y le propinó una segunda bofetada en pleno rostro a la castaña. Las lágrimas comenzaron a caer libremente de sus orbes chocolate―No tenemos toda la vida para esperar a que nos digas en dónde está ese maldito collar ¡Habla pronto o tu amiguito morirá!

Tachikawa cerró fuertemente los ojos cuando vio que la mano de su captor tenía toda la intención de estamparse contra su rostro por tercera vez, mas no sucedió nada. Un segundo sujeto había entrado en la habitación y tironeaba al mastodonte para que saliera de la habitación.

―¡Idiota! Te digo que una de las enfermeras pasó por aquí y escuchó lo que decías, debemos irnos ahora mismo si no quieres que los guardias nos atrapen.

―Volveré por ti, niñita, y será mejor que me esperes con el collar sino tendré que regalarte el cadáver de tu amigo.

Segundos después la habitación se encontraba sumida en el más profundo silencio. La castaña lloraba silenciosamente acostada en el frío piso de su habitación; nunca había sentido tan fuertemente el deseo de no existir como en ese momento ¿Acaso no bastaba con haberle destruido la vida a ella? ¿Ahora tenían que hacer lo mismo con la de Michael? Sus propios pensamientos se vieron interrumpidos por la irrupción de un grupo de guardias y enfermeras en su habitación.

―¡Por Dios! ―exclamó una veterana, agachándose junto a Mimi― ¿Estás bien, linda?

La castaña no respondió, ni siquiera se atrevió a mover un mísero músculo.

―La han golpeado, pero no es nada grave, por surte ―informó el médico que se encontraba de turno luego de examinarla. Entre dos enfermeras levantaron a la joven para acostarla en la cama.

―Los detectives ya vienen en camino, pero aún así necesito que me responda algunas preguntas ―habló uno de los guardias del hospital, mas Tachikawa ni siquiera se dignó a mirarlo.

―La chica no habla, Arthur. Con la única persona que se da es con el doctor Ishida y su turno ya termino. No creo que sea conveniente llamarlo ―informó una de las enfermeras, el guardia sólo frunció el entrecejo.

―Señorita Christensen, necesitamos que nos diga que fue lo que pasó, al menos podría decirnos si conocía a los sujetos que le hicieron eso ―insistió Arthur. Mimi sólo negó con la cabeza.

―¿Y podría decirme a qué venían?

Aquella pregunta no la respondería. Eso significaría que la policía se involucraría mucho y eso sería tremendamente peligroso para la integridad de su amigo; así que se limitó a negar nuevamente con la cabeza.

―Sea lo que sea por algo actuaron de esa manera, algo buscan y piensan que con el miedo lo lograran. Señorita Christensen, si recuerda algo, lo que sea, no dude en informárselo a alguna de las enfermeras, cualquier detalle es importante para dar con el paradero de quienes le hicieron daño.

Y así se dio por terminada la conversación. Los detectives llegaron media hora más tarde y no lograron mucho más que Arthur, pues Mimi ni siquiera abrió la boca para articular palabra.

Se quedó sola, sumida en su soledad, tristeza y desesperación. Sin nadie a quién recurrir y con mil dudas en la cabeza ¿Entregar el collar? ¿Entregarse a sí misma? ¿Buscar a Michael por su cuenta? ¿Pedir ayuda? No lo sabía, lo único claro en su mente era que tenía que tomar una determinación y ya.


Takeru y Hikari esperaban a Yamato en el living mientras éste preparaba algo para comer en tanto esperaban a Sora.

―Vaya, tu casa es enorme, hermano ―exclamó el joven Takaishi, mientras le acariciaba la mano a su novia.

―No me sorprende, la verdad ―comentó la castaña―. Tú eres médico y Sora periodista, ambos trabajos se pagan bien.

―Pero no todo es oro Hikari, trabajamos bastante, nos vemos muy poco. Generalmente en sus días libres yo tengo turno de noche y no hay mucho que se pueda hacer. Además terminas involucrándote de alguna u otra forma con tus pacientes y eso también te preocupa.

―Me imagino ―agregó la castaña―, debe ser fuerte ver a toda esa gente con tendencias suicidas, con tanta tristeza dentro de su ser.

―Es terrible. Te sientes totalmente impotente al no poder ayudarlos, el trabajo es largo pero cada logro se valora enormemente. Hace unos días por ejemplo una de mis pacientes comenzó a hablar y me contó parte de su vida, cómo habían asesinado a sus padres, y la soledad en la que había vivido desde aquel entonces. Es triste ver que tú tienes una vida relativamente tranquila y que esa persona ha estado escapando de esos monstruos.

―Hablando de tus pacientes, Yamato ―habló Hikari―, hoy vi a una chica que se parecía bastante a Mimi ¿De casualidad no es ella? No sabía que ella también había derivado por el lado de la medicina.

―¿Mimi? No sé de que hablas, no he sabido de ella hace mucho. Por alguna extraña razón a todos les ha dado por pensar que esa paciente es Mimi, tu hermano también lo mismo ¿Pero cómo podría ser ella? Amaba demasiado vivir como para tener esas tendencias suicidas.

―Como sea ―cortó Takeru―. Hoy es tu día libre, mejor será que no pienses tanto en esas cosas y te relajes.

Media hora más tarde llegó Sora junto a Taichi, quienes no dejaron de sorprenderse al ver a los dos 'retoños' en el lugar.

―Por Kami, Hikari-chan, estás enorme ¡Y muy linda! ―comentó Sora con una sonrisa de oreja a oreja, mientras le daba un abrazo a la castaña.

―Y tú Sora, ya eres toda una mujer ―agregó la joven Yagami.

―Así que te has raptado a mi hermana ¿Eh, Takeru? ―bromeó el mayor de los Yamagi acercándose a Takaishi―. ¿Por qué no nos avisaron que vendrían? Podríamos haberles organizado una bienvenida.

―Pero podríamos organizar una fiesta ¿Qué les parece? así Taichi también puede inaugurar su departamento nuevo ¡Y vaya que está bonito! ―dijo la pelirroja, intercalando la mirada entre Taichi y los demás presentes.

―¿Acaso ya lo has visitado, Sora? ―preguntó Takeru sin siquiera tratar de ocultar su peocupación, por suerte sólo Hikari logró percatarse del cambio de actitud de su novio.

―Claro ―respondió la pelirroja poniéndose visiblemente nerviosa―. Hoy Taichi me ha llevado a verlo, por eso no estaba en casa.

―Ya veo ―murmuró Takaishi, para luego fingir una sonrisa ante la mirada asesina de Hikari―. ¡Me parece perfecto! Tú nos dices la fecha y arreglamos todo.

―En eso quedamos entonces ―terminó por decir Yamato―. Taichi ¿Qué te parece si lo hacemos el próx…? ―el rubio no pudo continuar con su pregunta, puesto que su celular comenzó a sonar con insistencia.

―Discúlpenme ―susurró antes de alejarse del grupo―. Doctor Ishida… ¿Qué? ¿Cuándo?.. ¿Por qué demonios no me avisaron antes? No, no quiero excusas estúpidas ¿Se da cuenta de lo que sucedió? No la dejen salir de su habitación; denle algún calmante de rápido efecto y corta duración, quiero que esté durmiendo mientras yo voy para allá. Sí, exacto. Dame cuarenta minutos. Okay, gracias.

El rostro de Yamato reflejaba más de lo que él mismo quería, estaba furioso. Guardó de mala gana el móvil en su bolsillo y comenzó a recolectar sus pertenencias para salir nuevamente rumbo al hospital.

―Yamato ¿A dónde vas? ―preguntó Takenouchi.

―Al hospital ―respondió él sin siquiera mirarla.

―Pero ya no tienes turno allá, hoy comienza tu día libre ―se quejó la pelirroja.

―Lo sé, lo sé, pero ha pasado algo importante. En verdad debo ir.

―¿Más importante que estar con los que te quieren?

Una nueva discusión comenzaba a generarse entre la pareja, los demás prefirieron no meter lengua en el asunto y dirigirse a la cocina para no importunarlos; no querían echarle más leña al fuego.

―Sora, no me vengas con eso ahora, por favor ―Yamato no supo porqué, pero sintió que su novia era totalmente cínica.

―¿Qué no te venga con eso? ¡Por Kami! Yamato, ya ni nos vemos. Pasas más tiempo en ese hospital de porquería tratando a tus enfermitos que conmigo ¡Quién sabe si no te has metido con una de tus enfermeras¡ ¡O quizás con la niñata que se parece a Mimi!

―¿Perdón? ¿Sora, te estás escuchando? ¿Te das cuenta de lo que me estás acusando? Sabes perfectamente que yo jamás te engañaría ¡Jamás! Realmente te desconozco ¿Y sabes? No voy a seguir hablando contigo, espero que todo lo que has dicho haya sido producto de tu ira y que no lo pienses de verdad. Esos enfermitos a los que te refieres son personas como tú que han tenido una vida difícil, sus padres los han maltratado, los han violado, han sido excluidos por la sociedad ¿Quieres que siga? ―al no ver respuesta por parte de la pelirroja Yamato terminó con la conversación y salió azotando la puerta de la casa, después el sonido del motor de su auto se perdió.


―Por Kami, a Sora sí que se le pasó la mano ésta vez ―soltó un suspiro Takeru―. No me sorprende que Yamato se haya enfadado tanto.

―Taichi ¿Vas a hacer algo ésta noche? ―preguntó Hikari ignorando el comentario de su novio―. Necesito que hablemos, es urgente.

―No, claro que no. Tenía pensado ir a cenar con Sora pero no creo que esté de ánimos después de lo que acaba de ocurrir. Podríamos ir a comer a mi departamento ¿Les parece?

―Mejor será que yo vuelva al hotel ―informó Takeru―. Así puedes conversar tranquilamente con tu hermano.

―Gracias T.K., eres un dulzor ―susurró la castaña a su novio, mientras depositaba un suave beso en la mejilla de éste.

―¿Vamos entonces? ―Taichi se notaba nervioso, seguramente su hermana le preguntaría sobre su relación con Sora. Y sabía que a ella no lograría engañarla.

―Sí, claro. Pero primero debemos despedirnos de Sora ―agregó la joven Yagami.

Salieron de la cocina al encuentro con la susodicha, quién estaba sentada en uno de los sillones, tomándose la cabeza con amabas manos y llorando.

―Kami, Sora, todos pelean así, no llores por favor ―Hikari no tardó en acomodarse junto a ella y dejar salir todo su instinto maternal― Ya verás que todo se va a solucionar.

―No Hikari, el problema es que no se va a solucionar. Lo sé, ya nada va a volver a ser como antes ¡Por Kami! Soy una basura

―No hables así, Sora ¿Dónde quedó nuestra vieja amiga? ¿La que nos protegía y nos hacía ver nuestros errores? Está dentro de ti, en alguna parte, debes escucharla, ella va a iluminar tu camino, ya lo verás.

Los dos hombres se encontraban viendo la escena en total silencio, lo mejor era no intervenir, aunque a Taichi ganas no le faltaron de correr hacia la pelirroja y abrazarla fuertemente.

―No sabes el daño que le he hecho a Yamato. No me va a perdonar jamás ―y aún así ¿Por qué quería que no la perdonara? ¿Por qué quería terminar con esa relación lo antes posible? ¿Por qué se sentía ahogada?

―Te va a perdonar, lo sé. Él no es rencoroso, de seguro comprenderá.

―Lo dudo ―finalizó Sora, poniéndose de pie―. Pero gracias por todo Hikari-chan

―No hay nada que agradecer ―terminó por decir Hikari―. Bueno, nosotros ya nos íbamos; seguramente quieres estar un rato a solas ―ante lo dicho por la castaña Takenouchi sólo asintió con la cabeza.

―En verdad ha sido un gusto volver a verlos. Lamento que haya sido en éstas condiciones. Nos vemos mañana, Taichi ―se despidió la pelirroja, encaminando a los tres jóvenes a la puerta.

En cuanto el auto desapareció de la vista de Sora, ésta corrió a su habitación y se tiró a su cama como si de un saco de papas se tratase. Todos los cojines volaron por los aires hasta estrellarse contra la puerta impulsados por Takenoushi, quien trataba así de alejar todos los pensamientos y sentimientos que rondaban su mente y corazón.


Taichi dejó a Takeru en el hotel para luego dirigirse con su hermana a un restaurante cercano a su departamento. El lugar no era muy grande, habían unas cuantas mesitas para dos, tres o cuatro personas y una gran barra desde la cual se podía ver cómo los cocineros preparaban la comida. Ambos prefirieron un lugar más alejado de la gente y terminaron sentados en una mesita para dos personas en la esquina del local. La mesera no tardó en llegar, ordenaron una pizza de champiñones y pepperoni, y un par de gaseosas.

―Bien, necesitaba hablar contigo, Tai ―comenzó Hikari.

―Sé perfectamente qué es lo que quieres saber, pero no me apetece hablar del tema

―¿Por qué no Taichi? quién nada hace, nada teme. Si estás así de esquivo lo más probable es que me pase por la mente mil y una historias, y no quieres que piense mal de ti ¿Verdad?

―¡Por Kami! ¿En qué clase de manipuladora te ha convertido T.K.? ―intentó bromear el moreno, pero a cambio recibió una mirada de reproche por parte de su hermana menor, por lo que prefirió ponerse serio de una vez por todas―. Lo siento, es que todo es muy complicado y no quiero que te veas involucrada.

―Te guste o no ya lo estoy; y porque te quiero necesito saber qué es lo que pasa entre tú y Sora―insistió ella―. Taichi, no es normal que ella pase más tiempo contigo que con su propio novio.

―No es mi culpa que Yamato trabaje veintitrés horas al día

―Ya, está bien, eso lo entiendo, pero la relación entre ustedes dos me parece demasiado cercana. No me vas a negar que Sora te sigue deslumbrando como hace años.

Taichi suspiró ¿Por qué tenía que conocerlo tan bien? ¿Tan predecible era? ―Sabes que siempre amaré a Sora por sobre todas las cosas Hikari, no puedo controlarlo. Haría lo que fuera por estar con ella y si no lo hago ahora es porque está con Yamato, el que fue mi mejor amigo en su momento.

―No has respondido a mi pregunta, Taichi ¿Te metiste con ella sí o no? ―presionó la castaña.

El mayor de los Yagami esquivó la mirada de su hermana para centrarse en sus manos, en ese mismo momento se encontraba entre la espada y la pared ―Te enojarás conmigo, lo sé, y más aún con Sora.

―No me digas que… ―Hikari miró horrorizada a su hermano, mientras éste asentía con la cabeza, adivinando sus inferencias― ¿Te acostaste con ella?

―Hika-chan, te juro que no sé qué fue lo que pasó, estábamos conversando. De un momento a otro Sora comenzó a decirme que estaba desilusionada, que ya Yamato no la hacía sentir como antes, que no sabía si lo amaba o no ―se excusó él―, de un segundo a otro nos estábamos besando y cuando volví a tener conciencia de mis actos estaba acostado con ella…

La castaña se pasó ambas manos por la cabeza ―¿Acaso te das cuenta de lo que han hecho? ¿Qué crees que hará Yamato cuando se entere?

―¡Él no tiene que enterarse!

-¿No? ¿Te oyes a ti mismo? ¡Engañaste a tu mejor amigo! ―exclamó ella―. Él tiene que enterarse. Y mejor si es antes de que lo descubra por si mismo.

―No, él no se va a enterar porque no va a ocurrir nuevamente

―Kami, eres mi hermano mayor y aún así te comportas como un crío de doce años ¡Mírate! Ya eres un hombre, asume tus responsabilidades.

―Querrá matarme

―Y merecido te lo tendrías ―regañó ella, se cruzó de brazos y miró seriamente a su hermano―. Te doy ésta noche para que juntes valor y mañana mismo le cuentes a Yamato la verdad, de lo contrario yo lo haré.

―¡Pero Hikari! No puedo decirle, Sora se enfurecería conmigo.

―Mejor antes que nunca. Sora podrá decir que se sentía sola y encontró en ti el cariño que él no le estaba dando ¡Qué sé yo! Una mentira más para no herir tanto a Yamato no les costará mucho con todo lo que han mentido hasta ahora.

―No le cuentes a Takeru, por favor

―Lo siento pero debo informarle para que sirva de apoyo cuando su hermano se entere. Es mi novio y estamos prontos a casarnos para que te vayas enterando; y a él no le voy a mentir, menos si se trata de su familia.

En ese momento llegó la camarera y dejó los dos vasos de gaseosa y la pizza en la mesa. Hikari dio un sorbo y se paró.

―Lo siento hermano, se me ha quitado el hambre. Voy a pensar la mejor manera de solucionar éste asunto, tú deberías hacer lo mismo.

Le dio un beso en la frente a Taichi y luego le sonrió con ternura ―Y a pesar de todo lo que has hecho, te amo mucho y no quiero que sufras, por eso hago todo esto.

La joven salió del local dejando a su hermano totalmente confundido y apenado. Taichi pagó la cuenta sin siquiera probar bocado. Ya fuera del lugar tomó su celular y llamó a la chica de la discordia: Sora.


...Mikapunzel...