Escrito bajo la Luz del Señor el bicentésimo septuagésimo tercer día del Asedio de Ba Sing Se

Nonagésimo cuarto año del Imperio Ígneo

Querido primo,

Espero que mi carta te haya llegado sin complicaciones. Cada día que pasa es más difícil hacer llegar el correo del frente a la Nación. Los hombres se quejan (y con razón) porque muchas de sus cartas nunca llegan a su destino, pues los arqueros del Rey de la Tierra abaten a todos los halcones que salen de los campamentos, así que te puedes imaginar lo difícil que se ha vuelto transmitir órdenes con eficiencia. Por otro lado, el Lord Censor se ha empeñado en revisar todo el correo de nuestros soldados, pues teme que revelen información que, en malas manos, podría ser fatal para nosotros. No puedes imaginarte la de cosas que he tenido que hacer para poder enviar estos tristes pergaminos. Hasta tuve que preparar al halcón personalmente, rodeado de mis guardias imperiales para que el Lord Censor no metiera sus entrometidas narices.

Pero no quiero aburrirte con mis monsergas de soldado amargado. A pesar de que estamos a punto de llegar al solsticio de verano, el ambiente aquí es agradablemente húmedo. No tiene nada que ver con el ardiente sol de la Nación... lo cual es una suerte, porque los combates se han trasladado a una zona tan seca que parece un desierto. Es un yermo desolador, sin una brizna de hierba, solo arena y más arena hasta donde alcanza la vista. Tengo arena en los ojos, arena en el uniforme, en la piel, en el pelo, en todas partes. A veces, Padre y yo bromeamos, diciendo que nunca podremos quitarnos esta arena del todo. Tal vez sea verdad.

Y las murallas de Ba Sing Se... Nada más verlas pensé en ti. Te encantaría verlas, Zuko, de veras. Son al menos diez veces más altas que los muros de Palacio, y por lo menos el triple de anchas. Es un muro tan grandioso y tan impresionante que la sombra que proyecta cubre a todo el campamento (que no es pequeño, precisamente, filas y filas de tiendas que llegan al horizonte).

Siempre que las veo fantaseo en cómo debe ser la ciudad por dentro. He de reconocerlo, este asedio me está dando una gran lección de humildad. Antes creía que las obras de arte más bellas y grandes del mundo estaban en la Nación. Pero estos muros, tan estoicos e impenetrables, no se parecen a nada de lo que haya visto nunca antes, y no son obra nuestra. Están hechos por otro pueblo, por otra nación completamente diferente, con su noble y antigua historia, y eso me ha hecho ver que los ígneos no somos los mejores en todo, Zuko, que hay mucho más allá de nuestras islas. Y que eso no es necesariamente malo, que a veces, no es inferior.

Dicen que antes de la ciudad en sí hay anchísimas llanuras de prados y de cultivos que parecen inacabables, tan extensos que casi no se ve la muralla interior. Me imagino a ti corriendo por esos campos abiertos con los brazos extendidos, como cuando eras un crío, ¿recuerdas? Te perseguía por los jardines, y tú siempre te escondías en el mismo sitio, y cuando te encontraba me hacías cosquillas y acabábamos los dos dando vueltas por el suelo... Y cuando en invierno te ponías enfermo y de lo débil que estabas ni siquiera podías apagar las velas. Te leía cuentos para tranquilizarte, y tú me abrazabas, y te dormías a mi lado... Son recuerdos tan dulces, Zuko, los que conservo de Palacio, que a veces me pregunto si son siquiera reales. Muchas veces, son lo único que me da fuerzas para levantarme cada mañana e irme a luchar al frente.

Padre está ahora mismo liderando una escaramuza al norte de aquí, y temo que no podrá escribirte por el momento, al menos hasta que consigamos penetrar la muralla exterior, o hasta que nuestros exploradores den por fin con los malditos arqueros. Pero ambos leímos tu carta, y créeme cuando te digo que casi nos morimos de preocupación allí mismo.

No te escribo para regañarte, aunque coincidirás conmigo en que lo que hicisteis fue muy pero que muy insensato. Ninguna ansia de conocimiento puede poner en peligro tu vida, ¿entiendes? Eso es más valioso que todos los libros prohibidos juntos.

Lo que descubriste en ese libro nos sorprendió a los dos. Ahora comprendo por qué nuestro señor abuelo insistió tanto en mantenerlo en el Códice Infame.

Por lo que averiguó el profesor Kokishin, nuestra familia lleva asesinando a los no-maestros mucho tiempo, dos siglos más o menos. Esa ha sido su regla tácita, pero al parecer sólo la ha cumplido en tres ocasiones. En las demás, nuestros antepasados se las arreglaron para esconderlos, sacarlos de Palacio o convertirlos en criados. Es una mentira deshonrosa y traicionera la que lleva perpetuando nuestra familia durante siglos, y comprendo que estés disgustado. Pero muchos Señores del Fuego quisieron reclamar legítimamente a sus hijos no-maestros, y fueron muchos los que intentaron quedárselos. Otros los abandonaron, muy pocos los mataron. Eso es inexcusable, desde luego, y merecen la muerte o algo peor, pero tienes que tener en cuenta que nuestros antepasados se enfrentaron a ese problema (que en realidad no lo es, ellos mismos lo convirtieron en uno) de muchas maneras, tantas como facetas tiene la condición humana. Y hay personas buenas, y personas menos buenas, y personas directamente deleznables. También es cierto que las investigaciones del profesor sólo abarcan un período concreto, muy lejano, y no sabemos nada de la existencia de esas prácticas en los últimos tiempos. Después de todo, el propio profesor Kokishin reconoce que sólo encontró pruebas que se asesinaran a los príncipes no-maestros tres veces. Aún así, quiero que sepas que Padre piensa cortar esa práctica de raíz cuando suba al trono. Y yo, cuando llegue el momento, también lo haré, y así se lo enseñaré a mis hijos, y a los hijos de mis hijos, y ellos a sus hijos. Nunca más se volverá a querer eliminar a alguien por ser un no-maestro, al menos no en nuestra familia, y la verdad quedará al descubierto. Te lo prometo.

Lo cual nos lleva al siguiente punto. El descubrimiento de la existencia de no-maestros en nuestra familia implicará inevitablemente la destrucción de nuestro derecho divino para gobernar la Nación. No quiero, sin embargo, que pienses que nuestro trono está construido sobre una base de mentiras y estafas. Bueno, en realidad es exactamente así, lo que no quiero es que desprecies ese trono. Es cierto, Agni no se le apareció al primer Señor del Fuego, lo bendijo y lo ungió con sus sagradas llamas para ordenarle gobernar Su tierra y Su pueblo. Pero, de algún modo, el devenir de la realidad o las sencillas circunstancias han colocado a nuestra familia en una de las posiciones más importantes e influyentes de todo el mundo. Tenemos en nuestras manos el destino de miles de personas, y es nuestra responsabilidad cuidar de su bienestar. Se nos ha otorgado un gran poder Zuko, y es nuestro deber, ya no como monarcas o como ungidos por Agni, sino como seres humanos, de usarlo para hacer el bien, mejorar el mundo, y enmendar los errores de nuestros antepasados. Ni tú ni yo pedimos ser miembros de la familia real. Es algo que nos ha tocado, y como tal, debemos lidiar con las consecuencias. Aunque aquí es tan difícil hacer lo que a uno le dicta el corazón...

No quiero que te obsesiones y empieces a pensar que no tienes derecho a vivir en Palacio por las atrocidades cometidas por nuestros ancestros. No es algo que tú hayas elegido, y tampoco puedes hacer nada para cambiarlo. Pero desde esa posición puedes hacer muchas cosas para cambiar lo que no te gusta del mundo, cambiarlo para bien. Nuestro señor bisabuelo la usó para iniciar esta guerra y exportar la tecnología y la ciencia ígnea a todo el mundo. Lo que quiero decir es que debes aprovechar la oportunidad que se te brinda, porque sólo así serás merecedor de este poder, sólo así podrás legitimarlo.

Tú eres una fuente de irreductible bondad, Zuko, no lo olvides nunca. No te sientas culpable por lo que hicieron nuestros antepasados. La historia no se puede cambiar, pero sí el futuro.

Tampoco te tortures porque tu Dominio no progresa como a ti te gustaría. Cada persona lo desarrolla de forma diferente y que a ti te cueste más no es ni mejor ni peor. No debes sentirte inferior por eso, porque te aseguro que hay cosas mucho peores. Es más, si consigues llegar al mismo nivel que el de los maestros del fuego más avanzados, tendrás el doble de mérito, porque te cuesta más, pero te habrás esforzado el doble. Y yo no tengo ninguna duda de que lo conseguirás.

Dices que en el libro del profesor Kokishin no se hace mención alguna al Avatar, y que precisamente por eso lo condenaron. ¿Que se inventaron eso para poder ejecutarlo y censurar su obra? Probablemente. Pero Azula tiene razón: ya estaba siendo un hereje al cuestionar que intervenía algún otro factor aparte de Agni a la hora de conceder el Dominio. Entonces, ¿por qué no le condenaron directamente por eso, sin necesidad de inventarse ninguna otra excusa? Eso es porque, por aquel entonces, la familia real no tenía el poder absoluto que ahora ostenta, sino que lo compartía, más o menos, con los Sabios del Fuego. Apuesto a que eso no lo sabías, ¿eh? En el pasado, los Sabios del Fuego no se limitaban a oficiar las bodas y los entierros de nuestra familia, sino que gobernaban la Nación junto con el Señor del Fuego. No fue hasta los tiempos de nuestro señor bisabuelo que el poder recayó de forma total en nuestra familia. Así que imagino que a los Sabios no les pareció suficiente esos motivos como para condenar a muerte al profesor, y que de algún modo el Señor del Fuego Zilan logró convencerlos de que había cometido una ofensa contra el Avatar.

El Dominio es uno de los grandes misterios de nuestro mundo, Zuko, puede que nunca logremos entenderlo del todo. Los Sabios del Fuego y el profesor fueron unos de tantos que intentaron determinar su verdadera naturaleza. Pero no te preocupes, tú tienes el Dominio (sea cual sea la razón por la que lo tienes) y eso es lo importante.

Y, por el amor de Agni, ¿cómo has podido pensar que tío Ozai te odia? Puede que sea ciertamente desagradable, o muy estúpido o muy terco, y que esté equivocado en muchas cosas, pero estoy seguro de que te quiere. A ti es imposible odiarte, Zuko. Y el que lo haga entonces no es de este mundo.

Supongo que no hace falta que te advierta que no debes decir nada de todo esto a nadie, porque tanto tú como Azula podrías tener problemas muy serios.

No sabes las ganas que tengo de ganar la guerra y volver a verte, a ti y a los demás. Cada día que pasa estoy más cansado. De momento, esperaré impaciente tu respuesta.

Dale recuerdos a tío Ozai y a tía Ursa, y vigila a Azula de mi parte.

El Imperio prevalecerá.

Te quiero.

S.A.I Lu Ten

Teniente Coronel de la División XI de Infantería- Ejército III

Un año después de haber recibido esta carta, Lu Ten murió, el Señor del Fuego murió, Madre desapareció para siempre y Padre fue coronado. Y con ellos murió también la vida que Azula y yo habíamos conocido hasta entonces. Azula se escandalizó al leer el libro, llamó farsante al profesor Kokishin, dijo que todo era mentira, que el derecho divino de nuestra familia era incuestionable, y que le alegraba saber que a ese «imbécil» lo hubieran matado. En cuanto a mí, a partir de entonces dediqué el resto de mis días a intentar complacer a Padre, a aguantar sus humillaciones y vejaciones, a extenuarme para cumplir sus expectativas. Me esforcé al máximo para ser un buen heredero a su trono. Olvidé las palabras de Lu Ten, ninguneé a tío Iroh, y cada día que pasaba me iba sintiendo más incómodo en mi propia piel, más frustrado, más irritado, más culpable, más solo.

El resto, es historia.

Kokishin - curiosidad (japonés)

Jiǎngxuéjīn - conocimiento (chino)

Tosaku - perversión (japonés)

Aijin - querida (japonés)

Juéwàng - desesperación (chino)