Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, queridas lectoras, aqui vengo reportandome con un nuevo capitulo de este fic =) espero que les guste

Nos vemos abajo!


Capitulo 6:

Molestia.

La lluvia caía, incesante. Su cabello completamente empapado pegándose al rostro, ni siquiera le importo que mañana pillaría el resfrió de su vida. Sus ojos solo estaban fijos en la figura frente a el.

Lloraba.

Yo… te odio. Todo esto es tú culpa.

Y el no lo negó.

¡No lo escuches! Fue su decisión.

Aun con toda aquella lluvia, el pudo distinguir sus lagrimas.

Tú le quitaste todo.

¿Piensas que con disculparte basta?

Yo…

Le dolía el pecho, y entre palabras de desprecio la solución que él creía fue vislumbrada.

Tu muerte… es lo único que podría compensarlo.

Abrió los ojos, lentamente. Logrando que estos se acomodaran a la luz de la habitación, que intentaba colarse entre la cortina. Llevo su antebrazo cubriendo su rostro, sintiéndose sudado, agitado. Luego lo aparto, quedándose así… estático.

Rodo sus ojos hasta detenerse en el estante frente a su cama, concretamente en una caja de un color azul, que se encontraba en la parte inferior del mueble.

Lo miro largo rato, frunciendo las cejas.

Tu muerte…

Despeino sus cabellos, intentando alejar los recuerdos. Sin éxito.

Tu muerte… es lo único que podría compensarlo.

Mierda.

Miro el reloj colgado de la pared, y frunció las cejas al notar que era bastante temprano… para el. Las 10 de la mañana… ¿Qué podría hacer, si se le había quitado el sueño? Medito la opción de levantarse, desayunar y luego… ese era el problema. Bien podría quedarse en su cama hasta que la pereza le invada volviendo a dormirse, pero…

Kaori lo arrastraría de la cama, alegando que debían limpiar la casa, al ser un domingo.

Ah, qué problema.

Aunque, tal vez… nah, mejor seguía en la cama. De todas formas Kaori buscaría una excusa para pelearse con el. Que más daba.

Sin embargo, cada vez que intentaba cerrar sus ojos, aquellos recuerdos volvían desesperándolo.

Bufo, con cansancio.

¿Por qué justo ahora tuvo que encontrarse con ella?

Era como si algo le estuviera diciendo; no olvides. Es tu culpa. Carga con ella por el resto de tu miserable vida.

Había intentado mantenerse bien. Estable. Por lo menos frente a todos.

Pero ella lo desequilibraba. Con su presencia, con su estúpida arrogancia…. con todo lo que ella significaba para el…

Demonios.

Finalmente cansado de la situación opto por levantarse. Abrio la puerta de un sopetón, encontrándose con su hermana que tranquilamente desayunaba mirando algo en la televisión. Llevaba una simple sudadera de hombre que sobrepasaba su trasero, llegándole hasta la mitad de sus muslos.

Kaori alzo una ceja al verlo, mirándolo detenidamente.

-¿Qué? – pregunto, cabreado.

-Nada- soltó, sin más- Es solo que es raro que no se te hayan pegado las sabanas… ya estaba a punto de ir a pedirte que te levantes.

Agradeció el haberse levantado antes de que eso ocurriera. Claro que de sus labios no salió nada.

Kaori se levanto por un instante, sirviéndole el desayuno. Que para su desgracia… era americano. Sin embargo no se quejo. No tenía ganas de hacerlo.

Ella le sonrió a modo de disculpa. Pues tenía pereza y fue lo único que se le ocurrió preparar. El se encogió de hombros y comenzó a comer, mientras que de reojo observaba el rostro de la chica.

El sabía que Kaori, estaba trastocada desde su llegada. Pero intentaba- descontando lo de la vez pasada- ocultar lo mucho que le afectaba toda la situación. Igual que él.

Lo ocultaba pues no le gustaba que vieran su lado débil.

No solo son idénticos en apariencia… también lo son en carácter.

Aunque para él no era del todo cierto. Para él, Kaori… valía la pena. Aun con su carácter, ella tenía remedio. En cambio, el… él no era nadie.

Tu muerte… es lo único que podría compensarlo.

Nuevamente maldijo para sus adentros.

-Ne, Ryoma… -llamo, ella. Cuando logro su atención, se decidió a preguntar- ¿Qué te dijo Akemi?- soltó, así… sin más.

Aunque el mismo ya se esperaba esa pregunta.

-Hm- emitió como respuesta.

Kaori frunció el ceño.

-Te pregunte algo, idiota. Responde- ordeno, agarrándole el moflete. El le quito la mano, con molestia.

-Nada.

-¿Eh? ¿Cómo nada?

-Nada- volvió a decir, mirándola con cara de ¿eres estúpida o qué?

Oh… y ella no tenía un pelo de estúpida.

-Estúpido Echizen… - mascullo, pellizcándole el brazo. Ryoma se retorció adolorido, mirándola con una cara de pocos amigos: como venganza por su osadía le quito la tostada que estaba a punto de llevarse a la boca, zarpándosela lo más rápido que pudo.

Kaori observo estupefacta como su querido trozo de pan, se perdía por la garganta del muchacho.

Tic en el ojo izquierdo de la adolescente.

-¡Ahora si te enteras, imbécil!

Ella quito su plato, y rápidamente comenzó a comerse su ración. Aunque el muchacho quiso evitarlo, Kaori fue más rápida. En contra de sus protestas ella ya acababa el último trozo atragantándose por la rapidez.

Ryoma continuo con la mirada fija en ella, alzo una ceja. La chica se llevo la mano a su pecho intentando que la tostada bajase. Ya harta, sujeto una botellita de leche y la bebió rápidamente; una vez que vacio su contenido, gruño mirando al chico con reproche.

-¿Pretendes que me muera, idiota? ¿Qué hacias ahí sentado mientras yo estaba a punto de ahogarme?

-Hm. Tu te lo buscaste- murmuro, encogiéndose de hombros.

Ella se acerco, le indico con su dedo. Nuevamente alzo las cejas mirando aquel trozo de carne, frunció las cejas ¿Qué pretendía?

Vaya, y todavía no aprendía.

Gruño cuando aquel dedo que miro tan fijamente se estampaba contra su frente, en un impulso ejercido por el dedo pulgar

Ah, que encantadora era.

Ya cabreado, se levanto de la mesa pasando de ella. Que continuara con su ridicula pelea sola, el prefería irse a cualquier lugar en donde su estúpida hermana no le fastidiara. Tomar aire y caminar un rato era algo que le causaba pereza, pero recordando lo tozuda que era kaori, de pronto la idea se le hizo demasiado tentadora.

-¡Oye, Ryoma!

-Mada nada dane- le espeto con arrogancia, antes de perderse por la puerta principal.

Como siempre, sin recoger un mísero plato de la mesa. Y como a ella le encantaba ordenar…

-Por qué no fui hija única… - mascullo, entre dientes.

OOOOOOOO

La bufanda cubrió sus labios, al tiempo que sus manos se ocultaban entre los bolsillos de aquel abrigo. Encogiendo sus hombros, sintiendo el frio traspasar la tela. Hoy el clima estaba a su favor; parecía un día de invierno.

Y ella adoraba los días de invierno.

Básicamente porque de esta forma nadie le cuestionaba o la miraban como bicho raro por intentar cubrir su cuerpo con más de una tela. Podría cubrirse cuanto quisiera sin miedo a no encajar entre los demás. En verano en cambio, debía usar telas delgadas, que enseñaran más de lo que ella deseaba y cubrieran menos de lo que quisiera.

Era algo realmente molesto.

Suspiro mirando los escaparates a su lado. Hoy se había levantado bastante temprano; de algún modo por más vueltas que diera en su cama el sueño no volvía. Cuando se dio cuenta que así no llegaba a ningún lado decidió salir. Por lo que tras limpiar su piso opto por ir a comprar algunos ingredientes que necesitaría para preparar el almuerzo de mañana.

Debo comprar vegetales…

Recordó. Con la idea en mente, entro en una pequeña tienda, notando la poca cantidad de gente que transitaba en ese horario. Busco con la mirada alguien que pudiese atenderla, notando una figura femenina. La mujer –que parecía un poco mayor- tras distinguirle le dedico una sonrisa preguntándole que necesitaba. Ella le indico haciendo memoria de todo lo necesario. Solicito que fueran en pequeñas porciones, puesto que no comía demasiado. La mujer afirmo entregándole en una bolsa su pedido, ella cancelo y sonriéndole agradecida se marcho.

Continúo con su camino, sin saber qué hacer. Eso era todo lo que necesitaba. Ya había limpiado su departamento, la ropa estaba lavada… ¿Qué más podría hacer? Bien podría volver y encerrarse a mirar alguna comedia cursi cubierta entre sabanas… la idea no le desagrado del todo. Más considerando que el día estaba pintado para eso.

Llevo una mano a su mentón, pensativa.

Después de todo, su idea no era mala. Decidida giro sobre sus pies, sujetando con firmeza aquella bolsa, pero cuando quiso avanzar una mano la retuvo. Asustada, tenso rápidamente su cuerpo.

¿Un ladrón?

No, por favor.

Quiso zafarse, más cuando lo intento un gruñido femenino llego hasta sus oídos.

-¿Eh?

¿Una…ladrona?

-No sé qué te estás imaginando, Ryusaki-san… pero no quiero hacerte nada.

¿Ryusaki…-san?

Con lentitud volteo, notando para su sorpresa quien estaba tras ella. La joven, le miro un tanto molesta por su reacción. Ah, le había enfadado…. Pero es que si la retenían de esa forma, lo lógico es que ella intentara huir. Se inclino a modo de disculpa, pero la muchacha nuevamente frunció las cejas cruzándose de brazos.

-¿No te han dicho que eres excesivamente educada? –Pregunto seria- Es incluso molesto…

De pronto fue como un dejavu para la joven de trenzas, recordaba que hace unos días Ryoma le había preguntando algo similar, y ahora comenzaba a temer que fuese cierto. Su personalidad tímida, retraída le impedía sentirse de igual con las personas que la rodeaban, he ahí la causa principal de su forma de comportarse. Se sabía torpe, por lo mismo evitaba que esto pudiese entorpecer su trato con los demás.

Aun cuando sabia que desde el comienzo no existía tal trato, pues se lo pasaba evitando a todos desde muy pequeña.

-Ah, yo… lo siento.

Ella soltó un suspiro, desviando la vista, dejando a la muchacha con la duda palpitante.

¿Disculparse de esa forma irritaba a los demás?

-Eres del tipo tímida – murmuro, sin mirarla. Fue entonces que Sakuno –olvidando sus anteriores dudas – frunció las cejas algo molesta.

No es lo que dijo, pues tenía razón. Era en la forma en que la decía… parecía como que se estaba burlando de ella.

–Tranquila cariño – rio Akemi – No lo quise decir de esa forma…. Era más bien para asociar tu comportamiento…. No se me da muy bien tratar con la gente vergonzosa, ¿sabes?

Sakuno la miro sin comprender muy bien. La castaña le medio sonrió, palmeando su cabeza.

-Eres lenta –volvió a hablar.

Ella al escuchar eso se encogió ofendida. Vale, lo sabía. Era torpe, lenta, tímida… patosa. Las tenía todas, pero tampoco era para que se lo recordara con tanta insistencia.

-Oh, asi que también puedes hacer esa cara… - murmuro Aizawa, llevándose la mano hasta el mentón.

-¿Qué tiene mi cara?- pregunto, inflando los mofletes.

-Nada en realidad. Es solo que me sorprendió que incluso tú tuvieses una cara que mostrara molestia.

¿Es que no se había dado cuenta que era humana?

-No es nada raro- protesto, bajando la mirada.

-Si, lo es- insistió la joven- Porque siempre andas con esa cara que dice "Discúlpeme por respirar"- murmuraba para sorpresa de Sakuno – Siempre te disculpas, e incluso pareciera que no te molestas… es muy poco natural, ¿sabes? Por lo que así está mucho mejor.

-No entiendo a lo que te refieres….

Aizawa nuevamente soltó un suspiro, restándole importancia – Ya, no es nada. No te preocupes

Chica extraña.

Pensó Sakuno. Con un poco de recelo, se alejo unos pasos de Aizawa. De pronto el rostro de Kaori llego hasta su mente. Decidida en que ya era momento de regresar quiso disculparse con la modelo, para poder marcharse. No obstante ella volvió a detenerla, con una mirada de reproche.

-Tengo hambre, ¿sabes?

Ya, ¿Por qué no iba a comer entonces?

-E-es que… yo…

-¿Es por los Echizen? – pregunto de golpe. Ella al verse descubierta, torno su rostro pálido –Tranquila… yo entiendo que te comportes así. Eres su amiga, ¿no? –Sakuno afirmo- Esta bien… no es problema.

-E-entonces yo me…

-Espera - ordeno ella. Sakuno soltó unas gotitas de sudor.

¿Ahora qué?

Akemi frunció las cejas, ocultando sus ojos. Incluso pudo notar un leve sonrojo en sus mejillas. La de ojos rojizos parpadeo un tanto asombrada. Era sumamente extraño ver liada a la mujer que parecía siempre segura de sus palabras.

-Me pierdo… con bastante rapidez.

¿Se pierde con facilidad?

Sakuno sonrió amable, comprendiendo el mensaje- Entiendo, Aizawa-san… si quiere yo puedo llevarla a un lugar que conozco. No está muy lejos, ¿Qué opina?

Ella afirmo rápidamente. –Te sigo.

La joven le sonrió levemente, poniéndose en marcha dispuesta a enseñarle el camino, más al dar unos cuantos pasos se detuvo en seco para asombro de Akemi. Esta levanto ambas cejas como preguntándose qué le ocurría… tan de repente. Sakuno tensada de hombros, medio volteo mirándola con ojos temerosos. Incluso pudo distinguir como brillaban levemente, anunciando unas molestas lágrimas.

¿Qué demonios…?

-¿Qué ocurre, Ryusaki?

-Ah… - sakuno reacciono, notando que su actuar se volvía sospechoso, le escondió la mirada no queriendo que ella notara lo que ocurria.

Aun cuando quiso evitar inmiscuirla, no podía evitar imaginar lo que vendría. Se paralizo sintiéndole flaquear las piernas. Quería huir… eso es lo único que su cerebro alcanzaba a procesar.

-Miren, ¿no es Ryusaki?

¿Por qué? ¿Por qué de todos los momentos ellos escogían precisamente este para toparse con ella?

-Y esta con la modelo… - susurro, otro chico mirando a la muchacha junto a él, con una expresión lasciva.

-¿La sobrina del director? – siguió otro, logrando una sonrisa general.

Sakuno tembló desde su lugar, no quería mirar a la muchacha casi imaginando su reacción. Seguramente huiría excusándose de que ese no era su problema, por lo que entrometerse seria impensado.

No puedo culparla.

Se convencía Ryusaki, de esta forma no dolería tanto su desprecio.

-Se nota la diferencia a leguas…. ¿Qué hace alguien como Aizawa con la estúpida de Ryusaki? – pregunto uno de ellos alzando la voz, un tanto seductora.

-Me recuerda a esa historia… ¿Cuál era su nombre, Ren? – pregunto, mirando al otro con una sonrisa burlona. Este le devolvió el gesto- Ah, si ya recuerdo….

-"La bella y la bestia" – contesto otro de cabellos grisáceos.

Una risa general, y la humillación en Sakuno. Avergonzada, apretó la tela de aquel abrigo, sintiendo como las lagrimas amenazaban con salir. Bajo la mirada, dejándose a merced de las burlas, esta actitud suya era precisamente lo que aumentaban los deseos de burlarse de ella. Tan sumisa… tan débil.

Avergonzada al notar que Akemi aun seguía con ella, sintió deseos de morirse. Con esto aquella muchacha le haría la cruz. Más para su sorpresa la castaña dio un paso al frente, cubriendo con su altura a Sakuno. Este parpadeo confusa, viendo la delgada espalda frente a ella.

-¿La bella y la bestia? – escucho decir a la modelo – Que curioso… no veo a ninguna otra bestia, además de ustedes.

La de trenzas levanto el rostro mirando asombrada su respuesta. Casi con pánico quiso indicarle que no se metiera, que ella ya estaba acostumbrada… sin embargo la joven medio volteo dedicándole una sonrisa altiva, que la dejo en completo silencio; luego voltear a enfrentar al grupito.

-¿Qué estás diciendo? – cuestiono, uno de ellos.

- Lo que escuchaste- dijo, tajante – Me asombra ver como un par de mocosos engreídos se creen con el derecho de jugar con una chica, ¿no les avergüenza?

-¡¿Aquien llamas mocoso?! – el de cabello grisáceo se acerco peligrosamente a ella, mas Aizawa no retrocedía.

-Oh, cariño no creas que me intimidas- rio, sensual mientras le dedicaba una mirada burlona. Luego acerco su dedo, tanteando el pecho contrario tensando al hombre. Ella amplio su sonrisa, mostrando un deje de ironía al notar su reacción- Es por eso que digo que los hombres son tan odiosamente básicos.

-¡¿Cómo te atreves?! – aquel llamado Ren, aparto al joven de ella y sin siquiera importarle que ella era una chica jalo su brazo con rudeza- ¡Tu solo eres una estúpida mocosa mimada!

-Apuesto que ira corriendo a acusarnos donde su tío- dijo con sorna el otro.

Sakuno de pie, miro con terror la escena. Oh, por Dios que Akemi dejara su actitud desafiante… de lo contrario ella también saldría herida. Casi llorando alargo sus brazos, queriendo ayudarla. Temblaba tanto, quería valor… fuerzas que sabia jamás tendría.

-P-Por… favor s-suéltenla- rogo con los ojos bañados en lagrimas

-¿Quién te crees, Ryusaki? – El tercer chico, la empujo tirándola al suelo- Todo esto es como siempre… por tu culpa.

¿Por mi culpa?

-¡Ryusaki es la culpable! – canturreo el otro aun más divertido.

-Ryusaki…- dijo Aizawa para llamar su atención, ella levanto su mentón mirándola aterrada – no es tu culpa – dijo, tranquila – Esto no es tu culpa –

Sakuno no pudo mirarla más, la espina ya se había clavado en ella… haciéndola sentir despreciable. Tenían razón, era verdad. Si ella no estuviese ahí, Aizawa no se habría inmiscuido en esto.

Precisamente por eso no quería que nadie se acercara a ella.

Solo debía desaparecer…

-Hey, ¿Por qué actúas tan altanera? – Cuestiono el otro asiéndola del mentón, la modelo sin mostrar mayor reacción le miro directo a los ojos- ¿Te crees mejor que nosotros?

Ella sonrió, divertida –Por supuesto.

El en un arrebato de furia quiso besarla, más con su mano libre ella volteo su rostro de una bofetada sintiéndola arder por la fuerza con la que deposito su golpe. Se zafo, y rápidamente corrió al encuentro de Sakuno.

-No te atrevas a tocarme de nuevo – pronuncio con asco, y luego ignorándole se agacho hasta la altura de la joven para ayudarla a incorporarse.

Ellos comenzaron a reír divertidos por su actitud tan de princesa, inclusive el golpe no tuvo el efecto que tanto esperaba. Pero Aizawa ignoraba esto, concentrada en auxiliar a Sakuno, le ayudo a recoger las cosas que tras ser empujada desperdigo por el suelo sin percatarse.

Luego la miro, intentando cerciorarse de que se encontraba bien. Más la joven parecía un tanto ausente.

-Ryusaki-san…

De pronto sintió un jalon en su brazo, y nuevamente era aquel chico que seguía cabreado por su actitud; por la rudeza se vio siendo alzada sin mayor problema, desde su altura miro a Sakuno, que al notar lo que ocurrió otra vez la miraba con pánico intentando hacer algo para rescatarla.

-No creas que te saldrás tan fresca, después de tu golpe.

-¡P-por favor, deténgase!- la voz suplicante de Sakuno no logro otro efecto más que una actitud de burla.

La chica miro en ambas direcciones notando que ya comenzaba a transitar más gente, sin embargo nadie se acercaba a socorrerlos.

¿Qué podía hacer ella, para ayudar a Akemi?

Alguien… por favor, que alguien me ayude.

-Mada mada dane –

Ah… fue como una corriente de electricidad que embargo sus sentidos. Aquella voz, ella pudo distinguirla. Y con ojos esperanzados levanto su vista posándola en la figura que atentamente les miraba, con una expresión que pudo distinguir como desinteresada. Quiso hablar, pero las lagrima e hipidos la imposibilitaban de sostener una oración coherente.

-Ryoma…- susurro Akemi.

De todos, al que menos quería encontrarse era a el. Menos en esta situación en la que se mostraba tan frágil.

-¡Hey, ese es Echizen! – murmuro uno, al distinguir quién era.

-Ah, se junta con Ryusaki – el que tenia sostenido a Akemi, solto una risa divertida imaginando que aquel tipo era tan patético como la joven que yacía de rodillas bañada entre lagrimas- ¿Viene el príncipe a rescatar a la princesa? – ironizo, señalando a Sakuno.

Este se encogió de hombros, haciendo caso omiso a sus burlas. Camino hasta donde se encontraba Sakuno y sin pronunciar nada la levanto sujetándola del brazo. No fue dulce, en ningún sentido. Más la joven noto que a pesar de la fuerza con la que la sostuvo, el trató de que fuese con suavidad.

Miró entre asombrada y avergonzada el actuar del chico, que ya se entretenía en observar la escena frente a ellos. La de Akemi, siendo sostenida por aquel chico.

Ella lo notó, no supo cómo, más por primera vez pudo distinguir el cambio en la expresión del joven. De aquella neutralidad que lo caracterizaba, la molestia comenzó a alojarse en sus orbes ámbar. Claro, ahora todo cobraba sentido para Sakuno.

El estaba rescatando a Aizawa.

-Vete de aquí, Ryoma- sentencio Akemi, con el ceño fruncido- Yo puedo arreglármelas sola. No necesito de tu ayuda.

-Se nota – murmuro él, arrogante al notar que evidentemente la chica estaba en desventaja.

Ante esto la joven modelo crispo sus dedos tan jodidamente cabreada que en un arrebato de fuerza logro golpear al chico y alejarse de el. Antes muerta que dejarse rescatar por ese Echizen. Arreglo sus ropas y lanzándole una mirada altiva al chico, demostraba que no necesitaba de su ayuda, cosa que internamente hirió el orgullo de Ryoma.

El otro chico ya cabreado comenzó a insultarlos, más Ryoma tan arrogante como acostumbraba soltó su típica frase ignorándole. Cuando este se disponía a golpearle una voz autoritaria los retuvo.

-¿Qué ocurre, jóvenes?

Era un policía que patrullando había notado la pequeña disputa, y al notar que aquel chico intentaba abalanzarse contra el otro que no se inmutaba, se apresuro en actuar. Los jóvenes se tensaron, nerviosos más al ver su mirada de seriedad soltaron unas sonrisas cínicas, tratando de convencerle de que no era nada de importancia.

No querían tener problemas con la autoridad, menos por una mocosa como Ryusaki y la pareja de salvadores. Por lo que, entre disculpas con el hombre, comenzaron su huida tan pronto como sus piernas les permitían.

-¿Se encuentran bien? – pregunto el hombre al notar a las féminas, concretamente a Sakuno que con los ojos hinchados miraba hacia el suelo.

Tanto Ryoma como Akemi afirmaron, y esta última intento restarle importancia para lograr alejar al molesto hombre. No quería tener que dar más explicaciones. Tras hablarle lo suficiente, el policía opto por dejarles estar, no sin antes recomendarles que tuviesen cuidado aun cuando era de día.

-Últimamente la delincuencia ha aumentado… - había dicho, para que estuviesen atentos.

Ahora el ambiente era bastante tenso. Un hondo silencio que era opacado por los ligeros sollozos de Ryusaki, esta se abrazaba a si misma buscando consuelo. El miedo aun la invadía y pese a sus esfuerzos no podía retener su angustia. Débil… así se catalogaba.

-Ryusaki –mencionaron ambos al unísono.

Antes esto, Akemi frunció notoriamente el ceño lanzándole una mirada de desprecio al chico, que desvió la mirada rápidamente. Sakuno seguía en el mismo estado, y ambos soltaron un bufido de exasperación sin saber muy bien qué hacer. Ryoma por su lado no tenía idea como confortar a una chica, o bueno… si, pero aquel modo de consolar era totalmente distinto. Que por lo demás estaba seguro no era lo mejor para Ryusaki.

Y el solo lo había hecho con una sola, condenada, odiosa y detestable mujer.

-¿Quieres algo de beber? –pregunto Akemi, para intentar calmarla, sabiéndose observada por Ryoma.

Ella negó con la mirada baja.-Estoy… bien. Muchas gracias – susurro, tratando de sonar convincente. Algo que sonaba absurdo notando en el estado emocional en el que se encontraba.

Ryoma al verla así, comprendió que por más que le hablaran la chica no cesaría en su estado. Lo mejor sería llevarla a su casa, para descansar. Seguro al verla tan aterrada, el miedo por ella y por sobre por Akemi debió sobrepasarla al punto de nublarle la cabeza. Entonces se pregunto, a qué punto Ryusaki estaba herida.

¿Tan grande era su miedo que simplemente se dejaba hacer, cual muñeca?

Cuando la vio, en ese estado comprendió que sí. La forma en que aterrada suplicaba que soltaran a Akemi le dio señales de que había un daño mucho más hondo del que el – en su poco tino- creía. Tampoco es que su raciocinio fuese tan profundo en lo emocional, muy por el contrario, pero no había que ser un genio para distinguir que Ryusaki Sakuno sufría de algo más que falta de confianza.

Y su actual situación de acoso no ayudaba en nada a superarse.

Pero él no tenía idea como tratar con alguien así. Mierda, de verdad era algo que se le iba de las manos. Akemi lo observo en silencio, descubriendo en él, el interés con el que miraba a la muchacha, instantemente se asombro tornando su mirada un tanto seria.

Por alguna razón Ryoma no perdía detalle de la chica, y eso le intereso. Ella conocía al chico lo suficiente para saber que no cualquiera llamaba su atención, aun cuando fuese alguien desvalido como era la personalidad de la joven.

Si contaba la vez anterior en que se antepuso entre Kaori y ella, ya eran dos veces que el la "protegía". Ahora también…. Aunque dudara de si eso era un interés romántico, o en plan amistoso.

Bien, qué más daba. ¿Por qué tenía ella que estar cuestionando el actuar del hombre que detestaba con tanta fuerza?

Suspiro sonoramente, para sorpresa de Ryoma que levanto las cejas como preguntándole qué demonios le ocurría, como se esperaba paso de el dedicándole una expresión fría para mirar a la tímida Ryusaki. Le dedico una leve sonrisa, que se esfumo rápidamente.

-Nos vemos, Ryusaki – susurro recalcando su apellido, para hacer obvia su ignorancia por el de mirada ambar. Luego de esto se marcho sin agregar nada más.

Quedaron solos. Oh, mierda… estaban solos, se recordó Ryoma gruñendo. ¿Qué demonios debía hacer con ella? Se maldijo por salir, y por haberse entrometido en donde no lo llamaban, pero bien sabía que después se odiaría eternamente si no hubiese metido narices en el asunto.

Fue entonces que la realidad le golpeo su rostro, asombrándole. Acababa de intercambiar palabras con Akemi… tan absorto estaba que no presto atención a las sensaciones que la presencia de Aizawa traía consigo, menos del simple hecho de haberle hablado. Tampoco era un hecho importante, pero según recordaba esto no ocurría hace bastante tiempo.

Cuando las vio su cuerpo se movió solo, casi siendo guiado por mero instinto. Akemi podría defenderse sola, lo sabia; aun cuando el se había propuesto ayudarle la modelo tenia lo necesario para desenvolverse de esas situaciones, en cambio…

-Ryusaki…

La miro, cabreado. La muchacha, de pie a cabeza gacha, clavando la mirada en el suelo no daba señales de nada. El se froto los cabellos, exasperado como pensando que rayos debía hacer, decir…Vamos, el no tenia tacto para ese tipo de situaciones.

-Ryusaki.

Intento que su voz no sonara ruda, pero sus intentos se vieron truncados al ver como la figura se encogía aun más… temerosa. Ah, esto era de locos.

-Ryusaki…- volvió a decir, suavizando su timbre. No era su intención asustarla.

La muchacha lentamente – para su poca paciencia- fue levantando la mirada. No mucho, lo suficiente como para que el distinguiera como sus mejillas estaban teñidas de un carmesí intenso, y sus ojos estaban ya rojos, hinchados aun con los retazos de su lloriqueo.

Se acerco a ella, dispuesto a llevar sus bolsas. Ante su gesto, el cuerpo femenino se tenso aumentando los colores en sus mejillas. Tuvo que reconocerlo… Mierda, su cabeza le jugó una mala pasada. Verla así, sonrosada, temblorosa… sabiendo que su presencia la alteraba de algún modo le daba un aspecto terriblemente adorable.

Su conciencia le golpeo por tener esa clase de pensamientos cuando la muchacha en cuestión estaba en semejante condición.

Hizo un ademan para que caminara, pero ella no se movía. Ya cansado, pues la paciencia no era precisamente algo que tuviese en exceso, estiro de su mano obligándola a seguirle.

-E-echizen…sa –

-Ryoma –interrumpió de súbito gruñendo. Sin mirarla – Es Ryoma.

Sakuno sintió como su pecho daba un salto sin saber muy bien que sentimiento la domino en esos instantes, pero sin percatarse una suave sonrisa se alojo entre sus labios que fue vista por Echizen. El medio sonrió, como burlándose de sus acciones… tan infantiles. Muy obvias.

Ella presiono su mano, bajando avergonzada la mirada. Las emociones del anterior suceso rápidamente la embargaron dejándola nuevamente en un estado de ausencia. Continuaron su camino sin decir media palabra, todo el viaje. Cuando finalmente llegaron al complejo de departamentos, el mismo la guio hasta su casa, Sakuno se dejaba hacer aun un tanto ausente; ni siquiera se cuestiono cuando cruzo el umbral del piso de los Echizen.

Como Ryoma esperaba, en el interior se encontraba Kaori que tranquilamente veía una comedia; cuando les vio, precisamente el rostro de la joven ahogo un grito entre sus labios corriendo a su encuentro.

-Sa-sakuno… - susurro, como para ella misma. Luego miro a Ryoma con el ceño fruncido y llamas en los ojos- ¿Qué demonios le-

-Nada – respondió molesto. ¿Cómo se le ocurría pensar eso?

La pelinegra miro el pequeño cuerpo de la chica, preguntándose qué demonios ocurría. Miro a su hermano en busca de respuestas, más este rápidamente busco entretenerse en cualquier otra cosa menos el explicarle que diablos le paso a Sakuno.

Se concentro en observar como la joven bajaba la mirada.

-Sakuno, ¿Qué… que ocurrió?

Quiso indagar, pero la voz autoritaria de Ryoma la retuvo.

-Necesita descansar – serio. Fue todo lo que pronuncio, y todo lo que Kaori necesito para calmar sus cientos de interrogantes.

La joven la acuno entre sus brazos, acariciando su cabeza. Con cuidado la guio hasta el sofá, sentándola en donde momentos antes ella yacía cómodamente estirada sobre el inmueble. Sujeto sus manos, en silencio, mirándola preocupada. Sin soltarla, la acomodo cuidadosamente entre el espacio de su hombro y cuello.

Ryoma se acomodo en el otro sillón, mirando de reojo a ambas mujeres. Cuando finalmente el sueño venció a la chica de trenzas, Kaori se alzo lentamente depositando la rojiza cabeza sobre el sofá. Trajo una manta consigo cubriendo el delicado cuerpo de la chica.

La joven miro a Ryoma, bastante seria.

-Fueron ellos, ¿verdad? – más que una pregunta, era una aseveración de los hechos. El afirmo. – ¡Lo sabia! – exclamo, pero al recordar que no debía perturbar el sueño de su amiga bajo el tono maldiciéndose por su torpeza.

-Idiota –pico Echizen en un gruñido.

- Nombres – ordeno, ignorando olímpicamente su insulto –Quiero nombres.

El negó lentamente- No recuerdo – Mintió, bien se recordaba de más de un rostro, pero esto no lo diría a Kaori.

Su hermana le sujeto del cuello de la camisa, furiosa. Ambar contra ambar, iniciaron un batalla de miradas. Sabía que si le contaba a Kaori, esta pegaría el grito en el cielo; sería capaz de armar un desastre con tal de vengarse por lo de Ryusaki. Tampoco creía que a Sakuno le gustaría que ella hiciera eso.

Seguramente se terminaría por sentir culpable al ver vulnerado la estabilidad estudiantil de la chica.

-Dime quienes fueron – el brillo amenazante, no le intimido.

Aunque bien sabía que la chica no estaba bromeando.

-No –

-Ryoma, dime sus nombres.

-No – volvió a decir.

-¡Ryoma, demonios dime quien mierda le hizo eso a Sakuno! – chillo ya iracunda, ni siquiera le importo que sus gritos despertaran a la aludida.

Sintieron el crujir del sofá, notando como la causante de todo este alboroto se alzaba confusa, miro a Kaori con temor.

-Ka-Kaori…. Por favor…

La dulce pero temerosa voz de Ryusaki, detuvo a la joven que estaba a un paso de lanzarse sobre su hermano para obligarle aunque sea a la fuerza. Molesta observaba el rostro turbado de la chica, bufando cuando no tuvo otra que soltar el agarre impuesto sobre Ryoma.

Se acerco a la joven, sujetándole las manos amablemente.

-Sakuno, no puedes perdonarles… ellos nuevamente te…

La joven le sonrio tímidamente – Yo… no quiero que Kaori se involucre. Nadie – mirando de reojo a Ryoma- Yo… solucionare esto. Así, que por favor… no culpes a Ryoma-kun. El solo fue muy amable…

-¡Hey! ¿Qué estas diciendo? Sakuno…. –llamo, para hacerle reaccionar –Yo no te dejare sola en esto.

Una sonrisa sincera, agradecida se apodero de sus labios. Se solto de ella, y tras reverenciar susurro un "gracias", para luego desaparecer del lugar. No quiso hablar más. No podía, porque se sentía horriblemente culpable de que ellos tuviesen que inmiscuirse en esto.

Desde mañana no se acercaría más a ellos. Si alejarse evitaba que se siguieran metiendo en problemas, ella sin dudarlo haría lo posible para dejar de prescindir de su compañía. Como sea, soportaría.

Ya no podía seguir dependiendo de ellos.

Nunca más.

OOOOOOOO

Guardo la última prenda, en aquella bolsa. Contenta, la sujeto con cuidado de que la tela se estropeara. Estaba satisfecha con su compra, pues aquel vestido era lo que quería hace bastante tiempo. Había ahorrado toda su mesada, y ahora que lo tenía en sus manos sentía que valía la pena.

Aquel precioso vestido color celeste, era única y exclusivamente para asistir al matrimonio de su hermano mayor que sería dentro de un mes. Estaba realmente emocionada por esto, y aunque a ratos la nostalgia y los celos de una hermana sumamente mimada, la invadían; no podía evitar sentirse extasiada ante la noticia.

Después de todo era su hermano mayor.

La brisa fresca desordeno levemente sus cabellos cortos; con cuidado sujeto entre sus dedos las finas hebras para que no molestaran su rostro. Fue en un descuido. Su mano libre sujeto su cartera y aquella bolsa, mientras que con la otra sostenía su pelo, sin percatarse que tras ella un hombre de dudosa apariencia corrió en su dirección dispuesto a quitarle sus pertenencias.

Cuando sintió el jalón desde atrás, intento voltear, mas la figura fue más rápida empujándola al suelo. Desde allí, vio como el corría con cartera y bolsa en mano todo lo que sus piernas le permitían.

-¡Un ladrón!- grito furiosa.

Sintiéndose con deseos de asesinar al hombre se levanto, comenzando a correr. Ni siquiera tuvo tiempo para pensar en que jamás lograría alcanzarle.

-¡Detente!- espeto, a todo lo que daban sus pulmones.

Sin embargo el tenia las piernas más largas, era más alto… era bastante simple percatarse que en sus condiciones no podría acortar la distancia. Con bastante enojo, y el jadeo constante en su pecho comenzó a desacelerar el paso. ¡Rayos, no podía alcanzarle! Se maldijo por ser una mujer.

-¡Alguien… alguien que lo detenga!

Rogando, con las lágrimas de frustración en sus ojos vio como cada vez se hacía mas y mas difícil detenerlo. No obstante para su sorpresa, alguien paso rápidamente a su lado. Con los ojos siguió a la figura, notando que era un hombre… montando en una bicicleta.

-¡Tranquila señorita, yo lo detendré!- exclamo el.

Ann parpadeo, comenzó a reconocer quien era.

No puede ser el…. ¿verdad?

A lo lejos noto que el pedaleaba a toda velocidad, cuando vio q lo alcanzo casi grito asustada cuando vio que el joven saltaba de la bicicleta lanzándose encima del ladrón.

¡¿Qué demonios pasaba por la cabeza de ese tipo?!

Ella respiro profundo, y nuevamente se echo a correr más rápido. Una vez que llego hasta donde ambos se encontraban, comenzó a pedir a gritos que llamaran a la policía. El tipo a su lado, parpadeo notando al fin a quien había ayudado.

-Tachibanna….- llamo él, asombrado.

-Momoshiro- dijo, como respuesta.

-¿Qué… que haces…¡Hey, tu te quedas hasta que vengan por ti!- espeto, serio sujetando las manos del ladrón. Intentaba huir antes de que lo detuviesen.

Takeshi quito las pertenencias entregándoselas a su dueña; Ann al recibirla desvió la mirada con un leve sonrojo. Frunció el ceño.

-Gracias –susurro de mala gana.

Su actitud no es nada linda.

Pensó el chico, con las cejas curvadas. Encima que le había ayudado, y ella le respondía así. Cuando finalmente llego la policía, tras esposar al hombre se lo llevaron a la comisaria dejando a la pareja completamente sola. Momoshiro algo nervioso, comenzó a buscar un tema para conversar más Ann lo detuvo interrumpiéndole.

-Almuerzo- dijo, apenada.

-¿Eh?

-Te invitare a comer… - espeto, desviando la vista- como agradecimiento.

Momoshiro sintió rugir su estomago, y sin siquiera dudarlo asintió sonriente. Una comida no sonaba para nada mal, menos para alguien en pleno crecimiento como el. Se levanto levantando su bicicleta, y tras dirigirle una mirada a la rubia esta le sonrio comenzando a caminar.

-Quiero hamburguesa –comento el, mirándola.

-Hey, no decidas por tu cuenta – dijo con reproche – ¿Qué pasaría si yo no quiero eso? ¿No crees que sea injusto?

-No, para nada. ¿Es que no te gustan las hamburguesas? – la miraba como un bicho raro, pues hasta donde él conocía no existía nadie que no degustara feliz ese tipo de chatarra.

Anna miro hacia el suelo, moviendo su cabeza en una afirmación de que efectivamente gustaba de esa "comida". El soltó una sonrisa divertida.

-Hamburguesa entonces – murmuro, palmeando suavemente su cabeza.

OOOOOOOO

Las sirvientas se alzaron prontamente, en cuanto distinguieron su figura se inclinaron respetuosas saludándole sonoramente. Las grandes murallas adornadas al estilo japonés, era una verdadera obra de arte. Como todo lo que la mansión Aizawa era. Al final del pasillo, el guardaespaldas la retuvo suavemente bajo su molesta mirada.

-Ritsuke-sama solicita de su presencia.

Un gruñido se alzo de su garganta, afirmando sin mayor reproche. El hombre quiso guiarla, más ella le retuvo rápidamente.

-Se bien cuál es el camino.

El hombre afirmo, disculpándose educadamente. Ignorando esto, Akemi avanzo la larga distancia hasta llegar al despacho de su afamado tío. Arrugo la nariz al tiempo que el olor a tabaco llenaba sus fosas nasales. Sintiéndose asqueada, retuvo la arcada dentro de su boca.

Odiaba esa clase de aroma.

-Ah, querida… llegaste – la voz varonil llego hasta sus oídos. Desvio la mirada, intentando permanecer como si nada – Cuéntame, ¿Qué tal te fue en tu paseo?

-Bien – contesto, quería irse cuanto antes - ¿Qué necesitabas de mi?

-¿Qué, que necesito?

La sonrisa que se dibujo en su rostro, la estremeció erizando su vello corporal. Tenso sus musculos, quedándose completamente quieta. El hombre se acerco a ella, apartándole el cabello del cuello, echándoselo hacia la izquierda. Cuando sintió la humedad de sus labios sobre aquella zona de su piel, se abstuvo de emitir algún sonido que delatara cuan desagradable resultaba esto.

-A ti, querida sobrina. A ti.

Continuara...


Bueno aqui concluye otro capitulooo de I'm here for you, que espero les haya gustado, fue hecho con mucho amor :D! me quedo un poquito más largo que otras veces muchos saludos a las chicas que me dejan sus reviews tan bonitos *-* me encantaaaaaaaaaan

Muchas graciaaaas =)! y espero sus comentarioa CHAOLIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII IIIN !