Noche picante I
La noche llego, hacia media hora que había abandonado la habitación del pegaso para ir a la suya y tomar una ducha rápida, había pasado una tarde muy agradable con su amigo y pensaba pasar muchas otras más, se sintió apenado por la difícil situación que estaba atravesando y decidió no dejarlo solo aquel día, después de todo había depositado su confianza en él y se sentía en la obligación de ayudarlo en lo que pudiera, aunque mas no fuera con su sola compañía. No fue sorpresa para él lo bien que la paso y lo mucho que se divirtió ya que su medio hermano era conocido por su alegría, una que se encargaba de contagiar a los demás. Qué extraño fue enterarse de aquello que lo afligía, nunca hubiera sospechado que con Ikki se llevaran de esa manera, y el que estuvo preocupado por Seiya y Saori durante tanto tiempo, se sentía un tonto, pero lo aliviaba, ahora era seguro que a su diosa y hermano solo los unía un profundo cariño fraternal, nada mas, y con él, bueno no sabía a ciencia cierta lo que sentía Saori, pero si sabía lo que a él le pasaba con ella, estaba perdidamente enamorado.
Después de la batalla de Hades, cuando la paz había regresado a la tierra, cada uno de ellos pudo comenzar a vivir una vida sin tantas preocupaciones, a vivir la vida que no pudieron en su infancia como personas normales, al igual que Hyoga, él fue uno de los primeros en marcharse hacia china creyendo que aquel era su lugar, que allí iba a poder ser feliz, que Shunrei era la mujer con la que quería pasar sus días, pero con el tiempo fue dándose cuenta que quizás no era tan así, amaba a Shunrei, pero no de la forma que ella necesitaba, la amaba como a una hermana, como aquella familia que los dioses le habían negado, no podía corresponderle, no con sentimientos que para Shiryu ya estaban ocupados. Casi un año después de haber dejado Japón Shiryu comenzó a darse cuenta de muchas cosas. Al principio pensó que solo la extrañaba porque habían vivido miles de cosas juntos pero después de un tiempo se convenció de que eso no era extrañar solo a su Deidad o a su amiga, no, eso era extrañar a su amor. ¿Cómo fueron que esos sentimientos surgieron? Era algo que no tenía claro o ¿Cuándo? Tampoco lo sabía, solo supo que la amaba demasiado como para poder olvidarse de ella, ¿Qué fue lo que lo tuvo tantos años lejos? Shunrei. No podía dejarla, no podía romperle el corazón de aquella manera, pero un buen día entendió que aquella decisión era egoísta, Shunrei merecía tener a su lado a alguien que la amara con locura, que la adorara y la cuidara como ella se merecía, no a alguien que amaba a otra persona, así fue que le confesó su sentir, Primero la vio sufrir mucho y se arrepintió de haberle causado tal daño, pero con el tiempo ella lo entendió y lo dejo libre, porque lo amaba y quería lo mejor para él, y eso era estar con la persona que era dueña de su corazón y de sus sueños. Gracias a dios Shunrei era una persona de un corazón hermoso, le brindo su amistad, algo que se alegro de no haber perdido luego de ser tan cobarde y tardar tanto en decirle sus verdaderos sentimientos, y lo alentó a seguir su camino, a buscar aquello que iba a hacerlo el hombre más feliz del mundo, el amor de su Diosa, su Saori. Por aquel motivo y después de recibir cartas de Shun y Hyoga, contándole de la reunión que planeaban hacer, se encamino a la mansión, luego de tantos años de haber partido con muy poca esperanza de poder cumplir su deseo, pero a medida que pasaban los días esa pequeña esperanza crecía lentamente, con cada palabra de su Diosa y cada momento compartido, solo esperaba juntar el valor suficiente para dar el gran paso.
Termino de vestirse luego de su ducha y se dispuso a bajar, seguramente la comida ya estaba servida en la mesa.
Hyoga se encontraba en su habitación leyendo una historieta recostado en su cama cuando sintió que alguien llamaba a su puerta
- Esta abierto, pasa
- Hola pato – le dijo Shun al entrar por la puerta
- Hola, ya te dije que no me gusta que me digas pato – lo miro con falso enojo. Era mentira verdaderamente no le molestaba tanto ya se había acostumbrado a ese apodo gracias a Ikki y de la boca de Shun sonaba hasta lindo.
-Hay pero que humor que tenemos hoy, venía a darte algo pero ahora por eso no te doy nada.
- ¿Qué cosa? – recién en ese momento reparo en que su amigo tenía algo en la mano, era un paquete envuelto en papel regalo.
Shun se acerco a la cama y se sentó al lado de su amigo, Hyoga sintió sus mejillas arder.
- Algo… - Se hizo el desentendido hasta que agrego – es algo que compre pensando en ti.
No supo que lo puso más nervioso si lo que Shun dijo o la cercanía de ambos en una cama, empezaba a hacer mucho calor dentro de esa habitación.
- Fui al centro a averiguar por unos cursos, pensé, que ya que había vuelto a Japón podía empezar a hacer algo de mi vida – sonrió – bueno la cosa es que pase por una tienda, vi algo y quise regalártelo, para que tengas algo con que recordarme – ahora su voz cambio a un tono más triste y solemne – si en algún momento piensas en volver a partir.
- Shun… - ¿Que decirle? Tenía ganas de comérselo a besos pero se contuvo.
El tímido conejo le extendió el paquete que Hyoga tomo y abrió con sumo cuidado muy lentamente hasta descubrir que era lo que a su amigo le había llamado la atención tanto como para decidir regalárselo. Era un pato de peluche, amarillo con el pico anaranjado, no más grande que su mano, vestido con un conjunto de granjero celeste y un corazón rojo en las manos que profesaba un "te quiero"
"Y yo te amo" pensó. ¿Que hacia? De todas las cosas que se le cruzaron por la cabeza solo una podía llevar a cabo.
- Gracias Shun eres un buen amigo – le dijo mientras lo abrazaba y sin que Andrómeda supiera una lagrima se escapo de su mejilla.
- No fue nada – Shun se sintió feliz por aquel acercamiento Hyoga no era de mostrar sus sentimientos tan fácil, en eso se parecía a su nii-san, quizás por eso es que siempre se peleasen, tenían el carácter muy parecido.
Hyoga limpio hábilmente el rastro que la lagrima había dejado antes de romper el abrazo. El silencio invadió el ambiente hasta que fue Shun quien lo rompió.
- ¿y ya sabes que te pondrás para hoy a la noche?
- ¿eh? A si… - Hyoga dejo delicadamente al patito sentado sobre su mesita de luz – algo sencillo, un jean negro con zapatillas del mismo color y una remera de salir azul ajustada ¿y tú?
- También, un jean azul oscuro, una remera color salmón y mis zapatillas negras.
- ¡Que simple que somos! – Rio el cisne.
- Si la verdad – lo acompaño en las risas su amigo – Bueno… ¡A si! Casi me olvido, ya está la cena, tengo que ir a avisarle a mi hermano – se levanto y fue hacia la puerta – ¡nos vemos abajo!
Luego de que Shun se fuera tomo entre sus manos nuevamente al patito que tanto significaba para él, no quería hacerse ilusiones sobre las intenciones de su amigo al regalarle aquel pato, pero para que negarlo necesitaba ilusionarse, quería que le correspondiera en sentimientos pero por el momento tenía que conformarse con aquellas muestras de cariño que el peli verde le daba, "quizás algún día…" pensó mientras lo dejaba otra vez en su lugar y salía de su habitación.
Se paro frente a la habitación en la cual debía tocar. Lo pensó, lo pensó detenidamente, a pesar de que consiguió, en aquel tiempo, conocer a su habitante más íntimamente, todavía le daba un poco de pavor saberse en su presencia, pero necesitaba verlo, es que lo había notado aquel día mas huraño que de costumbre y su curiosidad, mezclado con el afecto que sentía y que crecía día a día por él, lo llevo a detener a su hermano en el pasillo y decirle que iba a ser él quien le avisara al Phoenix de la cena. Ahora estaba en un dilema, pero debía tomar coraje y tocar finalmente, ya que si el Phoenix se quedaba sin comer por su culpa iba a ser mucho peor, tras varias cavilaciones no fue necesario tocar, al fin de cuentas, Ikki fue quien abrió la puerta.
El tiempo se detuvo al sentir la mirado del ave en el, tan fría, despectiva y con un rastro de bronca. Por unos segundos olvido para que había ido hasta allí.
- ¿Que quieres? – el tono tan poco amigable del Phoenix lo alerto de que no era buen momento para sus preocupaciones.
- Venia a avisarte que la cena ya esta lista, te estamos esperando – soltó Seiya rápidamente casi sin respirar.
Ikki lo miro nuevamente de arriba abajo para acto seguido cerrarle la puerta en la cara, Seiya se quedo parado unos momentos más, sorprendido ante tal actitud, hasta que logro reaccionar.
- Maldito bastardo – refunfuño entre dientes mientras apretaba los puños y se disponía a bajar junto a los demás.
Tenía hambre, mucha hambre, de tan cabreado que estaba se le había olvidado la comida y cuando el pony se la recordó, su estomago comenzó a pedírsela a gritos.
- ¡Maldito pony hasta en eso me jode! – su estomago le pedía bajar a cenar pero su cabeza le decía que no, no quería ver al pony y a su amigo otra vez juntos riendo por cuanta estupidez hicieran, lo irritaba, sentía arder en furia, pero luego de haber meditado en su habitación varias horas, se dio cuenta que era estúpido sentirse así, primero porque no creía que a Shiryu le gustaran los hombres, ya que si mal no recordaba estaba con aquella chica Shunrei con la que se había criado prácticamente y segundo porque él y pegaso no eran nada, y podían hacer de su vida lo que quisieran, si el Pony quería montarse a la lagartija era problema de ellos, igualmente el culo del Seiya era suyo, el había sido el primero y eso nunca iba a cambiar. Lo mejor sería bajar y dejar de preocuparse por la cavidad anal del pony, el ya estaba grande para dejarse llevar por sentimientos tan absurdo, sabía que no eran celos, pero fuera lo que fuesen eran estúpidos y debía descartarlos. Lo que no sabía era lo poco que le iba a durar tales conclusiones.
Cuando ya estaban acomodados en la mesa y dispuestos a comer vieron entrar al Phoenix por la puerta y sentarse en el lugar, hasta ese momento vacio, que le correspondía. Por unos segundos se le quedaron viendo, tanto que estuvo a punto de preguntarles qué mierda les pasaba pero antes de que esto sucediera cada cual volvió a lo suyo. Lo que Ikki no sabía es que lo miraron así porque Seiya había dicho que no quería comer, cosa que el pony dedujo por tan mal trato que había recibido. La cena se produjo con una relativa calma. Seiya charlaba animadamente con Shun contándole la agradable tarde que había pasado con el dragón y lo malo que era para los videos juegos, cosa que Ikki no pudo evitar escuchar, mientras Andrómeda por su parte le comento a su amigo que él había ido al centro y averiguado por varios cursos que le interesaban como la fotografía, la pintura y un taller de escritura, de los cuales no sabía si haría uno o todos. Hyoga, Saori y Shiryu también se entretuvieron hablando de todo un poco, el único reacio a la conversación era el Phoenix hasta que su Otouto logro sacarle unas palabras.
- ¿Y tu nii-san?
- ¿Qué?
- ¿Ya sabes lo que te vas a poner esta noche?
- ¿esta noche?
- si nii-san ¿no me digas que te olvidaste? Hoy vamos a salir ¿recuerdas?
Se había olvidado completamente de aquella salida, y la verdad le faltaban ganas pero ya había dicho que si y el Phoenix mantiene su palabra, por lo menos por su Otouto, lo bueno es que solo eran ellos dos, el pony y el pato mugroso.
- No, todavía no lo sé – dijo mientras se levantaba de la mesa
- Bueno a las once salimos – le dijo un alegre conejo viendo como su hermano salía por la puerta haciéndole un gesto con su mano derecha.
Seiya se había olvidado también de algo, no de la salida ya que la noche era algo que al pegaso le gustaba mucho, sino de que Ikki los acompañaría, eso era algo distinto, ¿cómo sería esa noche? solo los dioses sabían. "en todo caso le podría preguntar a Saori", rio ante aquella ocurrencia. En todo caso algo le decía que debía prepararse para una noche movidita. De repente una imagen se le vino a la mente "América" .Palideció. Todavía no entendía como Shun quería llevar a Ikki y a Hyoga a aquel lugar.
Se Hicieron las once y el único que no estaba presente en la sala era el muy poco puntual pegaso, Shun y Hyoga estaba sentados en el sillón de tres cuerpos viendo un poco de tele mientras Ikki se encontraba en otro más pequeño de brazos cruzados y con el ceño fruncido.
Puede ser posible que sea tal impuntual, pensó mientras abría los ojos y veía a su Otouto y al pato riendo por algo que pasaban en la televisión.
- Shun ve a ver dónde está el pony, no sea que se haya caído y quedado inconsciente en algún lado y nosotros acá esperándolo.
Shun estaba a punto de levantarse del sillón cuando un ruido en la escalera lo detuvo, tras lo cual un muy bien arreglado pony hizo aparición en la sala. Ikki no podía creer que se viera tan bien con lo que traía puesto, vestía un pantalón blanco un poco suelto arriba y chupin abajo que no dejaba por eso de marcarle su hermoso, redondo y trabajado trasero muy apetecible para cualquier hombre y mujer que lo mirase, una remera negra escote en v ajustada con unas letras en ingles doradas que dejaba en evidencia todo su físico formado a sudor y guerras, el pelo mojado rebelde dándole una expresión picara y zapatillas negras con algunas pulseras y collares de hombre también negro todo a tono. Simplemente le encanto, al verlo pensó en raptarlo y llevárselo a su habitación, ¡a la mierda la salida! ¡A la mierda todo! Pero no podía, ya después de volver vería cómo hacer para encerrarse con él.
Mientras tanto el pony se quedo boquiabierto al verlo a Ikki, que estaba vestido con una camisa de manga corta negra con gris oscuro abierta de manera que se pudiera apreciar la parte superior de sus pectorales, un jean gris con una pequeña cadena colgando del bolsillo de adelante hacia el de atrás, seguramente con las llaves, que parecía gastado y en algunos lugares roto detalles hechos a propósito, seguramente comprados en alguna tienda cara muy a la moda y unas zapatillas de tres abrojos negros, todo el conjunto le quedaba condenadamente bien y no solo eso sino que nunca hubiera imaginado a un Ikki que supiera de tendencias, se sorprendió hasta que recordó lo narcisista que era el Phoenix, como no iba a saber de moda y ropa si vivía para recordarle al mundo lo bueno que estaba el maldito.
- ¿Listo Seiya? – Pregunto Hyoga haciendo que sacara su vista de Ikki.
- Si, vamos.
- ¿En qué vamos? – Pregunto Shun
- En mi auto – contesto el Phoenix – no pienso dejar que ninguno de ustedes maneje, no quiero morir tan joven.
Nadie dijo nada al respecto, es más era mucho mejor, así podían tomar todo lo que quisieran ya que no debían manejar ellos al volver, solo rogaban porque al Phoenix no le guste tanto la bebida como a ellos tres. Así salieron los cuatro rumbo al lugar que Shun había elegido para pasar aquella noche.
Era temprano para irse a dormir, salió de su habitación y se dirigió a la cocina para hacerse un té. El silencio que había en la mansión le dio la pauta de que sus amigos ya se habían marchado, bajo raudo hacia la cocina y prendió la hornalla eléctrica, podría haber usado el microonda pero prefería calentar el agua así, le daba la sensación que quedaba mucho más rico de esa manera. Termino de hacer aquello y decidió salir a tomarlo al jardín, pero, justo cuando estaba por salir por la puerta corrediza, que se encontraba extrañamente abierta, algo lo detuvo, la imagen más hermosa que sus ojos pudieron captar alguna vez, allí en la piscina Saori estaba parada pronta a realizar un clavado directo al agua.
La noche estaba hermosa y calurosa por demás, hacia mucho que no nadaba y le encantaba hacerlo, la sensación del agua fresca sobre su piel era una de las más gratificantes que conocía, era libertad la palabra que describía aquella sensación. Salió de su estudio rápidamente buscando algún rastro de vida en la mansión, aparentemente por el silencio, Seiya y los demás ya se habían marchado. Tatsumi le había dado las buenas noches hacia más de veinte minutos y ¿Shiryu? Subió las escaleras hacia la planta alta donde se encontraban las habitaciones busco a su caballero por su cosmos y lo hallo dentro de su cuarto seguramente ya dormido o a punto de hacerlo, sonrió. Con paso rápido fue hasta su habitación que se encontraba en el segundo piso y busco su traje de baño, al encontrarlo se quedo pensativa mirándolo hasta que decidió ponerlo nuevamente en su lugar para sacar otra prenda que se encontraba mucho mas al fondo del cajón, la encontró y feliz fue al baño para cambiarse. Cinco minutos más tarde se encontraba frente al espejo que ocupaba una de las paredes de su habitación viéndose de cuerpo entero con lo puesto. Nunca se había atrevido a usarla por puro pudor, era de dos piezas, roja y muy reveladora para su gusto, pero, como toda mujer, no puedo evitar comprarla al verla en una tienda del centro el verano pasado. Esta era la oportunidad para estrenarla ya que nadie la vería con ella y la sensación del agua seguramente sería más intensa con menos tela. Poniéndose su bata de baño blanca y anudándosela a la cintura salió apresurada por miedo a ser vista.
Nunca se imagino verla de aquella manera la luz de la luna sobre su blanca piel le daba un brillo casi divino, ¿casi? Ella era una deidad ¿Cómo no iba a tener tal brillo? Pero en aquel momento no fue a su diosa a la que vio, no, no era Athenea la que se encontraba frente suyo era Saori, la humana, la mujer, tan o más bella que la diosa misma, por primera vez, al verla descubierta de esa manera sintió el Deseo de poseerla a flor de piel. El ruido de la zambullida lo hizo volver en sí, pero ya era demasiado tarde Saori lo había visto, parado en el umbral de la puerta corrediza, al sacar su cabeza del agua. Ella instintivamente se apuro a alcanzar su bata y salir del agua al verse descubierta, el nada pudo hacer estaba petrificado.
- ¡Shiryu! ¡¿Qué haces aquí? – dijo Saori un poco asustada yendo hacia la escalera.
- Saori disculpa - Su oportunidad de escapar se había ido – No fue mi intención molestarte – se dio media vuelta al ver que su diosa estaba saliendo de la piscina de repente el color de sus mejillas te torno a un rojo intenso – pensé en salir a tomar mi te al jardín, no sabía que tu también te encontrabas aquí, perdóname
- Esta bien, no te preocupes – las mejillas de ella también estaban hechas fuego
- nunca te había visto nadar, pensé que no te agradaba – comento el dragón para distender un poco la situación
- No es que no me agrade, todo lo contrario me gusta mucho, es que… - dudo en seguir pero termino de decir – hay lujos que no puedo darme por ser quien soy
Eso dejo helado a Shiryu, nunca pensó que Saori no pudiera darse la oportunidad de algo tan simple como nadar. ¿A caso había más cosas que su diosa quería hacer pero pensaba que no podía por su condición divina? Por un momento se entristeció.
- Te agradecería que no comentaras a nadie de esto por favor – le dijo Saori ya con su bata dando vuelta al dragón para mirarlo a los ojos
Shiryu la miro y asintió con la cabeza musitando un "no te preocupes no lo hare" corriéndose de la puerta para dejarla pasar al interior de la mansión. Hubiera deseado decirle que el podía enseñarle a disfrutar más de la vida, que ella también era humana y tenía el derecho a vivir como todos, que podía hacerla sentir mujer antes que divina. Pero no pudo, las palabras no quisieron salir, sintió que lo atragantaban.
