Capitulo 7
Manuel se levantó de un sobresalto, acababa de tener una pesadilla horrible, había parecido tan real. Se tocó el rostro, estaba transpirando en frio. Se levanto dispuesta a ir hacia el pasillo cuando Diego quien seguía dormido lo agarro de la mano impidiéndole alejarse.
— ¡oye tu!... ¿está dormido? — se acercó mirándolo, luego en su sorprendido rostro se dibujo una molesta mueca —... ¿y qué haces acostado en la cama? recuerdo bien claro que tu dormirías en el sofá — Suspiro —, es inútil reclamarte si estas durmiendo.
Pero el joven de cabellos claros le afirmo con más fuerzas la muñeca.
— "No te vayas, no te alejes, que si sigues el sendero terminaras perdiendo. Perderás una parte de ti, las rosas rojas surgirán, y tus ojos caerán en el abismo de una oscura locura" — habló con una voz desconocida, no parecía el tono de aquel joven.
— ¿De qué hablas? — dio un tirón a su brazo con intenciones de que lo soltara pero Diego sin soltarlo cayó al suelo por el tirón.
El golpe termino por despertarlo, quien de inmediato se quejo por la caída.
— ¡Se mas suave! Boludo — reclamo tocándose la frente.
— Estabas poseído, Wn estúpido — indico Manu enojado recordando su extraña voz y lo que le había hablado.
— ¿Quien yo? ¿Estuviste tomando anoche? — preguntó mirándose en el espejo el feo golpe que se había hecho, ahora su rostro perfecto se vería muy extraño con ese moretón.
Como respuesta Manuel lo miró molesto, pero no le respondió ninguna palabra. Luego dirigió su atención a la puerta, le parecio ver una sombra que se deslizo rapidamente dentro de la habitación. Cerró los ojos un instante para olvidar lo molesto que se sentía, pero al abrir sus ojos se encontró frente a Sebastián que lo miraba con una sonrisa maliciosa, cuando vio que este levantaba la mano retrocedió enseguida, y cuando le toco la frente con un dedo al estar mal parado cayó hacia atrás quedando sentado en el suelo.
Sebastián sonrió cerrando levemente los ojos.
— No te asustes, soy solo yo
— Por eso me asuste — murmuro Manu alejando su mirada y sin ser oído por el joven mago.
— ¿Qué haces aquí? — exclamó molesto Diego cruzando los brazos.
Sebastián pensaba decirle algo pero su atención se quedo fija en el chichón que empezaba a aparecer en la frente de Diego.
— Ya veo, por andar dándotelas de listo te han dado un golpe — indicó con inocencia.
— ¡No seas idiota! — Respondió de inmediato tapándose la frente —, solo me caí de la cama
— ¿De la cama? uhm... así que ambos estaban durmiendo juntos y... — los miró con expresión sospechosa.
— ¡Claro que no! — respondieron al unisonó
— ¡Este, se metió solo, no sé en qué momento! — gritó Manu señalando a Diego.
— ¡¿cómo que "Este"?!, boludo — replicó —, además tu... — guardo silencio poniéndose pálido — ¿En qué momento yo entre a tu cama? no lo recuerdo...
— ¡Ah sí! ahora finge no saberlo — reclamó molesto.
— No lo recuerdo... solo sé que...—- se agarró la cabeza como si le doliera —, parece que el golpe fue más fuerte de lo que pensé.
Manuel lo miró con seriedad, el chico de cabellos claros tenía expresión extraña en el rostro, como si no solo estuviera sintiendo un dolor físico. En eso Sebastián empezó a reírse a carcajadas ante la expresión incrédula de ambos jóvenes.
— Mi hermanito es sonámbulo — sonrió con sus ojos fijos en Manu quien sintió una leve sensación extraña, como de si algo escondieran aquellos ojos.
— ¡No soy sonámbulo! — reclamó Diego
— ¿Cuántas veces seguiremos peleando por lo mismo? — indicó Sebastián — hablas dormido, caminas dormido, eso para mí es ser un sonámbulo...
Diego le dio la espalda molesto.
— Bueno ¿nos vamos a desayunar? — agarró la mano de Manu arrastrándolo con él.
El joven de cabellos oscuros quiso decirle algo a Diego quien seguía dándoles la espalda, pero si hubiera visto su rostro se daría cuenta que lo mejor era dejarlo. Había una mueca rara, una expresión de temor, unos recuerdos vagos, una chica, sangre y lágrimas... ¿el golpe en su cabeza creaba esas imágenes borrosas que aparecían en su mente, imágenes sin explicaciones e incoherentes?
Francisco sonrió suavemente a Manuel cuando este se liberó de las manos de Sebastián y de inmediato se sentó al lado del joven príncipe.
— Veo que pásate buena noche — exclamo mientras sorbía su té.
— Si... — miró de reojo esperando que Sebastián dijera algo, pero este sonrió con inocencia.
— Bueno, tenemos buenas noticias — Francisco lo miró más alegre y casi ansioso —, ya sabemos cómo llevarte a tu hogar.
— ¿en serio? — los ojos del joven brillaron esperanzado, al fin podría volver.
— Sebastián trabajo toda la noche, no es fácil abrir un camino hacia tu mundo, pero hay un día en que se produce una fisura que podemos aprovechar.
— Así es, veras que las dimensiones o más bien dicho los mundos corren dentro de una misma corriente de energía, algunos a un ritmo más rápido que otros, y es por eso que es difícil comunicarlas entre sí, pero hay ocasiones en que esos caminos se cruzan y por un par de minutos corren a la misma velocidad. Es esa la ocasión en donde se pueden comunicar mundos de corrientes diferentes. — indicó seriamente Sebastián.
— ¿y eso sería? — preguntó Manu tratando de controlar su ansiedad.
— Dentro de 30 días — indico Sebastián.
Los miro preocupados, sabía que era lo mejor, por lo menos había una esperanza, pero estaba tan ansioso por volver que al escuchar treinta días se le hizo una eternidad. Sonrió pero no pudo borrar la triste expresión de su rostro, en eso sintió la cálida mano del príncipe blanco, lo miró con tranquilidad.
— No te preocupes, el tiempo pasara volando — se levantó —, si quieres me acompañas al jardín de rosas, conversemos un rato.
Todos los sirvientes hicieron una reverencia mientras el joven príncipe se alejaba hacia las afueras del palacio. Manuel se quedo viéndolo, era admirable la calidez que rodeaba al principe, que aun sentía en su mano la tibieza de la mano de Francisco. Se levantó de inmediato al sentir la fija mirada de Sebastián, se sentía incomodo ante esa mirada inocente junto a aquella sádica sonrisa.
— A veces me gusta imaginar que mis rosas cantan — sonrió Francisco deteniéndose en su jardín sin mirar a Manuel, luego volteo riéndose con suavidad —, no pensaras que estoy loco.
— No, Franc... digo su majestad — despues de ver flores con ojos, y arañas de 3 metros, no le parecia ilogico eso de escuchar flores cantando.
— Dime Francisco — sonrió —, Majestad suena demasiado, la verdad es que nunca me he sentido cómodo que me llamen así, si por mi fuera viviría lejos cultivando manzanas — se rió.
Lo miro con expresión tranquila, ahora entendía porque todos querían tanto al príncipe blanco y el porqué dentro de su palacio había una sensación de seguridad que no se sentía en otro lugar.
— A veces no sirve mucho tener tanto poder — indicó Francisco como si hubiera entendido lo que pensaba —, cuando a la persona que mas quieres la pierdes y no puedes recuperarla, ahí te das cuenta que este poder es efímero — sonrió con tristeza.
No supo que decirle, y dirigió su atención al jardín del palacio. El cielo se oscurecía, se aproximaba una tormenta.
