CAP VI
"La sacerdotisa y el arcángel"
Morgause se sintió desfallecer. Ya hacía una semana que sus guerreros habían perdido al hombre del futuro ¿cómo era posible que el hechizo de rapto intemporal volviese a drenar sus fuerzas? Lo había comprobado, sabía que requeriría una cantidad enorme de energía así que se había asegurado de que no habría que usar más fuerza vital para mantener al extraño en éste mundo.
La sacerdotisa creyó que moriría cuando sintió de nuevo la pérdida masiva de fuerzas. En medio de su terror advirtió la presencia de un extraordinario ser con una magia terriblemente poderosa. Intentó vislumbrar en la fuente a la criatura que turbaba la magia del lugar, pero sólo consiguió perder el sentido.
El cazador preparó su caballo, "Indómito" comía mansamente mientras le puso la silla bajo la supervisión del mozo de cuadras. El chaval de apenas trece años le indicó cómo debía ajustar las correas para no dañar al animal y no caer de la montura, seguro que creía que jamás lo había hecho, y tenía razón.
Llevaba unas alforjas con pan, queso, y manzanas ("puajjjj…") y dos odres, uno con agua y otro con el licor que destilaba el tabernero y que a él le recordaba vagamente al whisky que solía beber.
Merlín acabó de preparar también la montura del príncipe, ambos muchachos habían decidido acompañarle. Absurdo, con alguien que le mostrara el camino tenía más que suficiente, pero si es lo que querían, no se le ocurría que pudiera haber ningún peligro en llevarle hasta el lago.
Arturo llegó a la carrera, sofocado "montad, rápido, nos vamos ya", subió al semental que acababa de preparar Merlín dispuesto a salir al galope.
- ¿y tu caballo? – preguntó al chico moreno que no sabía a que venía tanta prisa
- Aún no lo he preparado
- Pues sube conmigo que salimos ya – ayudó a su amigo a subir a la grupa
Dean no necesitó que el chico se lo dijera a él también, montó y salió detrás del príncipe que iba a galope, debía tener sus razones para salir así y no iba a perder el tiempo en hacer preguntas, ya lo haría después.
Un par de horas de galope, siguiendo al príncipe y su escudero, y llegaron a la linde del bosque. La montura de los dos muchachos se detuvo y ellos bajaron para darle un respiro al animal. El cazador les imitó.
- Bien chico, ahora ¿me cuentas a qué ha venido esa fuga? – estaba más cansado que el caballo, así que el cazador se estiró desentumeciendo los músculos y haciendo crujir las vértebras de la espalda – que bien me vendría ahora un masaje
El príncipe aprovechó el segundo de distracción del extranjero y desenvainando su espada se acercó a él con cara de pocos amigos.
- Después de todo sí sois un mago, dadme un solo motivo para que no os entregue a mi padre – los ojos azules del príncipe eran incapaces de corroborar la frialdad de sus palabras, lo que hizo sonreír al guerrero del futuro
- Vamos chico, no soy ningún mago, en serio, no se de dónde sacas esas ideas
- Mostradme vuestras heridas – ordenó Arturo
- No me apetece hacer un streaptease ahora
- ¿Qué? – ninguno de los dos jóvenes camelotenses sabía de qué estaba hablando
- Que no me voy a desnudar, cojones.
Merlín callaba, sabía perfectamente que el rubio extranjero había curado de sus heridas milagrosamente, también sabía que no era un mago.
La espada de Arturo se acercó peligrosamente al pecho del cazador. Peligrosamente para el príncipe, porque el pecoso dio un manotazo de plano a la hoja, desestabilizando al rubio muchacho y arrebatándole el arma sin ninguna dificultad.
- Castiel
El ángel se volvió lentamente, un escalofrío recorrió su espalda cuando se encaró con la rubia sacerdotisa de la antigua religión, sabía quien se escondía tras ese envase.
- Rafael
- Volvemos a encontrarnos traidor – una tormenta eléctrica sacudía la isla de Avalon subrayando la presencia del arcángel - ¿dónde escondes a esa escoria de Winchester?
- No soy ningún traidor Rafael, siempre he cumplido la voluntad de nuestro padre…
El envase del ángel se retorció de dolor escupiendo sangre y cayendo al suelo de rodillas.
- No me provoques Castiel, sigo siendo más poderoso que tú, ¿Dónde está Dean Winchester?
- Sabes que no tengo forma de encontrarlo
- Es la segunda vez que cruzas con ese cuerpo a ésta época Castiel, y los viajes temporales nunca te agradaron hermanito, está aquí, ¿no es cierto?
El ángel de la gabardina beige calló, no diría nada más. A pesar de todo lo que había pasado con los Winchester, o precisamente por ello, Cass jamás traicionaría a ninguno de los hermanos.
- Esta vez ni Dios, ni Samuel van a intervenir pequeño cabrón – la mano de la sacerdotisa se cerró en torno al cuello de Jimmy Novak – hablarás, tarde o temprano.
- Os lo dije Sire – Fafner se hinchó satisfecho – ha huido y se ha llevado con él al príncipe
El Rey, fuera de sí, mandó reunir a una partida de búsqueda con sus mejores rastreadores. Sólo era capaz de pensar que su hijo, su único hijo, el heredero al trono de Camelot estaba en las manos de un mago que se había burlado de él.
Todos los caballeros disponibles y el ahora satisfecho interrogador, se unieron a la partida de búsqueda.
Morgana y Gwenyver los vieron marchar en busca del extranjero. La dama sentía que debía hacer algo o su pesadilla dejaría de ser una advertencia para convertirse en algo real. Envió a su amiga a que investigase sobre la huida del guapo guerrero. Cuando la ingenua y servicial muchacha marchó a cumplir su cometido, sacó el espejo que Morgausse le diera para comunicarse con ella.
Quería ponerla al corriente de sus sueños, así, si la sacerdotisa de la antigua religión tenía bastante poder, quizás pudiera conjurarlos, y quizás también pudiese salvar la vida del apuesto guerrero extranjero.
Respiró aliviada cuando el hermoso rostro enmarcado en rizos dorados de la que creía su amiga y mentora apareció perfilado al otro lado del espejo.
- Morgausse, hermana mía, tengo que contarte algo…
El buen rollo generado por la confianza que mostrara Sam Winchester al contar al pequeño la historia de su vida, se fundió como un helado en el horno, al sugerir éste que iba a coger el Impala para dar una vuelta.
- No – tajante, sin justificaciones, sin paliativos
- Pero, sólo iré hasta el pueblo, compro algo de comida y lleno el depósito
- No – el castaño intimidó al desgarbado muchacho con toda su estatura – no hay más que hablar
- Pero, Sam, no le voy a hacer nada, tengo carnet, y Dean me dejaba cogerlo…
La mirada de hielo del mayor le hizo desistir de sus pretensiones. Ahí estaba, era de Dean, "del único e inconfundible", la rabia ahogaba al chico, "no vaya a ser que si lo toco profane el aura del superhéroe de Sam"
- Es sólo un coche Sam
- Coge uno de Bobby
El chico, enfurruñado, se cruzó de brazos y se sentó en el sofá con cara de pocos amigos, mientras el castaño copiaba algo de un antiquísimo libro de magia negra.
Tras dos horas de tenso silencio por parte del más joven (ya que el segundo mejor cazador del mundo ni se dio cuenta de que no había salido de la habitación) se levantó del sofá con un resoplido.
- Es una mierda
- Por favor Adam, ¿qué coño quieres?
- Digo que la chaqueta de Dean es una mierda, está vieja y destrozada – intentó picar al mayor
- Es normal, esa chaqueta tiene más de veinte años – le explicó el castaño, repentinamente una sonrisa surcó la cara del más alto – era de papá, se la dio a Dean cuando cumplió los dieciséis, creo, así que si no te gusta, te jodes, se queda ahí
En realidad Adam se había quejado de la cazadora para provocar que el otro le prestase algo de atención. En realidad, sí que le gustaba, como le gustaban las pocas cosas que pertenecían al mayor.
No estaba tan destrozada para el tiempo que decía Sam. Los puños y el cuello un poco gastados, algún roce que otro. La tocó, la piel aún era suave, su hermano debía cuidarla con mucho esmero pues no había perdido nada de elasticidad.
- Oye Sam – era una tontería, pero sintió ganas de ponérsela y no quería volver a pelear con el castaño - ¿puedo probármela?
- ¿no decías que era una mierda? – los ojos verde oliva del cazador escrutaron sorprendidos al chico
- Si, bueno… sólo estaba mosqueado, ¿puedo?, a ver si ligo algo que estoy a dos velas – eso estaba bien, una sonrisa distendida en el "cara vinagre" – puedo traer algo de comer de camino
- Haz lo que quieras pero como la manches…
- La cuidaré como si fuera un bebé – sonrió el chico - ¿qué te traigo?
- Tráeme un menú Deligth XXL, y Adam… deja ahí las llaves del Impala y llévate la ranchera de Bobby
- Me cago en la… está bien – dijo pensando que al menos le dejaba ponerse la chaqueta, cosa que iba a hacer antes de que el otro se arrepintiese - ¿y a Bobby le traigo otra en…
- ¿otra qué? – levantó la cabeza de lo que estaba escribiendo – ¿Adam? ¡Adam!
El chico se había evaporado en el aire. Sam se levantó como un resorte y fue hacia la puerta a buscar al menor. Se encontró con la cazadora de piel tirada en el suelo, igual que cuando desapareció Dean.
- No, no, no, no, no – se le ocurrió una idea absurda – No, es una idiotez, pero, por si las moscas…
Recogió la prenda del suelo y escribió una nota para el viejo por si, después de todo tenía razón.
- Veamos si soy tan estúpido como creo – musitó poniéndose la cazadora.
Rafael sintió que algo succionaba su energía a través de su envase. La primera vez fue sólo una pequeña molestia, la segunda, apenas unos minutos después, le hizo temer que perdería el control sobre la sacerdotisa, arrepentida de haberle dejado entrar.
- ¿Cómo has hecho eso? – preguntó asustado a su prisionero
Castiel, aprisionado en una jaula y bastante malherido, no contestó. Sus expresivos ojos azules miraron con desprecio a la mujer "ocupada". El arcángel se había ensañado de una forma "especial" con él, lo había torturado durante horas, incluso ahora que le había dejado respirar un poco, las cadenas forjadas con fuego de dragón, quemaban su piel dónde había contacto directo.
El de la gabardina permanecía arrodillado en el centro de la jaula, pues tocar los barrotes era igual de doloroso, también estaban forjados con fuego de dragón.
- ¿No has sido tú? – el prisionero se retorció tratando de cubrir sus muñecas con la camisa ante la sonrisa apreciativa del más poderoso – no, no has sido tú
El arcángel pensó que ya había dado a su víctima tiempo suficiente para pensar que le convenía confesar el paradero del maldito cazador. Con una media sonrisa hizo que el cuerpo de Jimmy Novak se retorciera de dolor al retirar la ropa en contacto con sus ataduras.
Su torso y sus brazos, ahora desnudos, se marcaban con las cadenas que quemaban dolorosamente la piel de su envase. Lo peor era sentir el dolor de Jimmy y no poder asumirlo, la tortura era por partida doble, física y emocional por no poder evitársela al humano que poseía.
- No te comprendo hermano – Rafael lo observaba con curiosidad, tocó con un dedo uno de los barrotes y rápidamente se le formó una ampolla – proteges a un estúpido humano que ni siquiera tiene un alma perdurable
- Es mi amigo – gimió
- Es sólo la mascota de Samuel, un animal, o ni siquiera eso
- Si es tan insignificante, ¿por qué lo odias tanto?
- Tiene SU atención, la de Azrael, le de Miguel, la de Samuel, la de Lucifer, la tuya…
- Si le haces daño te mataré aunque sea lo último que haga – el ángel de ojos azules gritó de agonía cuando su incansable torturador hizo que las cadenas se le clavasen más en la piel.
- Lo encontraré, y lo que estás sufriendo tú no será nada con lo que haga con él
La fuente del centro de la estancia se arremolinó y comenzó a brillar cómo si los rayos del sol entrasen por ella. Rafael dio un respiro a su prisionero y se acercó curioso. Una faz humana, una joven de larga y sedosa cabellera negra y ojos imposiblemente verdes pareció aliviada cuando se asomó a la fuente.
- Morgausse, hermana mía, tengo que contarte algo…
