Los personajes son de Meyer. La historia es mía.
Esta historia ya fue subida hace un año y medio, cuando mi sintaxis y gramática no eran tan buenas XD. Después de un beteo consistente, E aquí la obra maestra de la Graci-Betas FFAD *of course, lady* las mejores y más señoritas *Paynee'Style*. La volveré a subir editada. Espero les guste :3
-I-
Cuando las cosas se salen de Control, todo tiene un Nombre: Demetri
Ser valiente es ser el único que sabe que tienes miedo.
Desperté sintiendo la luz del sol colarse por las cortinas de mi ventana.
Un momento ¿Sol? ¿Aquí en Forks?
Corrí apresuradamente las persianas lila de mi habitación y encontré un flamante sol que refulgía en el cielo no nublado de Forks, las nubes lucían completamente blancas y el azul contrastaba perfectamente creando un hermoso paisaje lleno de color y vida.
Solté un suspiro de alegría.
Hoy sería un día diferente a pesar de todas las mentiras que tengo que llevar, al menos salió el sol para iluminar mi tarada cabeza.
Miré de reojo el despertador sobre mi mesa de noche, los números rectilíneos y electrónicos marcaban las seis y media de la mañana, genial, desperté con el tiempo suficiente para tomar una reconfortante ducha, arreglar mi maraña de cabello y escoger algo apropiado para el hermoso clima del día de hoy.
Tal como quería realice todas las actividades que me propuse con ahínco y mucho entusiasmo, a pesar de todo lo que me esperaba al cruzar la puerta de mi casa nada podía opacar mi felicidad el día de hoy.
Escogí un pantalón de tela virgen púrpura hasta la rodilla, una playera negra, una chamarra negra por si las dudas y unos converse negros, me mudé rápidamente y tomé mi morral y la carpeta del trabajo de investigación que mi adorable (nótese el sarcasmito) novio me envió ayer a eso de las doce de la noche, descendí las escaleras segura de mi misma y como si fuera un milagro no trastabillé con las gradas ni me tropecé con el tapete o algo por el estilo.
Al llegar a la cocina percibí un delicioso olor a jugo de naranja, me adentré en el comedor y encontré un flamante y apetitoso plato de huevos rancheros, tostadas con mantequilla y mermelada y el jugo esperando por mí.
— ¡Gracias abue! —exclamé con una estúpida sonrisa en mi rostro.
—De nada Isabella —contestó una voz varonil proveniente de la cocina— Espero que te guste.
— ¿Jasper? —inquirí confusa poniéndome de pie de un solo brinco para encontrarlo arrumado al umbral de la puerta— ¿Tú…tú cocinaste? —deletreé cada sílaba con la mayor lentitud posible mientras notaba que su rostro se endurecía al escuchar mis palabras.
—Si Bella, como ayer cierta hermanita mía me dejo a solas con la abuela no tuve más que aceptar el castigo con la cabeza gacha, tengo que hacer el desayuno todos los días durante un mes completo, hacer la colada y barrer la entrada mientras tu riegas el jardín y cuidas del aseo interno de casa —terminó su monólogo dirigiéndome una mirada llena de odio.
— ¿Y yo por qué? Que yo sepa fuiste tú quién olvido pasar por ella a la hora acordada —me acomodé nuevamente en mi lugar para probar mi delicioso desayuno marca Jazz.
—TÚ —destiló la sílaba como si fuera veneno— Tú no me lo recordaste y me abandonaste cuando más te necesitaba así que me vi en la obligación de contarle a la abuela lo de tu noviecito Cullen.
— ¿Qué? —Inquirí bebiendo un sorbo de jugo— ¿Le dijiste también que andas de aquí para allá del brazo de la duendecilla?
—No —aseguró acomodándose junto a mi— Pero no va en serio, ella no me quiere como novio si sabe lo que quiere, así que estoy más que seguro que después de que se cansé de besarme cada mañana como lo hace, me dirá que me aleje de ella y que deje de molestarla.
— ¿Qué? —Escupí la palabra completamente confundida con los ojos abiertos como platos— ¿No se supone que la amas y toda esa cursilería? Todos estos días has estado como ebrio por sus besos y por pasar tiempo junto a ella, no me digas que solo fue un momento de calentura y un vacile porque entonces… —solté un suspiro reacomodando mis ideas— Eso si no te lo creo.
Se alzó de hombros.
—Me creas o no estoy más que seguro que ella no me quiere, soy muy poca cosa para la princesa Alice Cullen y cuando se canse de usarme como un trasto y me deje, no voy a caer como un perdedor a sus pies, si ella va a utilizarme como un objeto yo también le sacaré provecho a la situación.
Eso si era nuevo, mi hermano hablando así de frío de la pequeña duendecilla que lo trae de un ala.
—Jazz ¿Estás seguro de lo que dices? Esas son palabras muy fuertes y hasta ayer andabas que rebosabas de amor por ella ¿No estás molesto con Alice por alguna cosa en especial? Es decir… no puedes estar tan seguro de lo que sientes por ella ni de lo que pasa por la cabeza de la duendecilla, yo no la conozco pero… mira uno no puede deducir las cosas porque si ¿Acaso sabes con seguridad que te está utilizando?
—Si —aseguró con voz fría y expresión gélida— Estoy más que seguro que ella no quiere nada serio conmigo porque lo comprobé con mis propios oídos.
Ouch.
—Jasper Swan ¿Qué fue lo que comprobaste? —inquirí terminando de un solo bocado mi tostada.
—La escuché hablar por teléfono con alguien en especial, una muchacha supongo, allí le decía que yo no era más que su nuevo juguete para estrenar la ciudad —sentí como el aire se volvía denso y su mirada se llenaba de odio, furia e impotencia— Me utiliza como si fuera un auto Bella y no puedo hacer nada para mandarla al carajo como se lo merece porque… —agachó la cabeza unos instantes mientras soltaba un largo suspiro para después clavar su hiriente mirada en mi— Porque en el poco tiempo que anduve con ella, Alice me enamoró de alguna endemoniada forma y me enloqueció, ahora cada instante que mi mente está libre no hace más que pensar en Alice, Alice luce genial en aquella blusa rosa, a Alice le gustan los pancakes de fresa, debo llamar a Alice a eso de las seis para que pueda contestarme y no la castiguen, la boca de Alice me enloquece, Alice esto, Alice lo otro ¡Todo en mi jodida vida es Alice! —Se puso en pie y me levanto de un solo tirón del brazo— ¡Ni siquiera María tuvo ese efecto en mí! ¿No se qué carajos hacer?
—Jasper escúchame bien, yo no tengo la menor idea de que hacer en tu situación pero si de algo estoy segura, es que debes pensar y si vas a tomar decisiones, hacerlo con la cabeza fría —aconsejé soltándome de su agarre para después alejarme unos centímetros de su lado y encararlo fríamente— Es tú culpa haberte enamorado de una niña rica así que te voy a pedir de favor que bajes la voz y dejes de gritarme y zarandearme porque sabes que conmigo eso no tiene buenos resultados, cálmate y por primera vez en tu vida piensa las cosas antes de hacerlas, siempre actúas impulsivamente, dejaste a María por un simple beso con Alice, no te lo reprocho pero es un buen ejemplo de tu falta de madurez, y ahora te dejas guiar por algo que escuchaste sin siquiera permitir una explicación coherente de la duendecilla —solté un suspiro mientras tomaba mi morral del sofá donde lo deje abandonado al probar mi ya olvidado desayuno— No tomes decisiones apresuradas, al menos hazlo por mí y, ahora me voy si no quiero llegar tarde al instituto.
— ¿Edward pasará por ti? —inquirió mi hermano con el rostro demacrado por el sermón y la confusión.
Solté un respingo al escuchar su nombre mientras una centena de mariposas revoloteaban dentro de mí gritando "Edward, Edward".
—No ¿De dónde carajos sacaste eso?
—Bueno ¿No se supone que es tu novio? —tomó las llaves de su auto y caminó hasta mi lado con su morral en el hombro.
— ¡NO! — Exclamé irritada por su idiota comentario— Deja de decir estupideces.
—Entonces… ¿Con qué Cullen estas saliendo si no es con él? Supuestamente Edward y tú se traían algo entre manos desde la noche en casa de su familia.
Mi hermano es un idiota, lo juro y hasta soy capaz de firmarlo en un papel.
—ÉL —pronuncié la sílaba despectivamente mientras ponía cara de asco— Y yo no nos traemos nada desde nunca, en realidad—aquí va, tengo que aceptar que supuestamente soy novia de Emmett, todo por unos tontos celos— Salgo con el mayor.
— ¿Con Emmett? —El rostro de mi hermano se deformó por la confusión y el desagrado— ¿No se supone que era propiedad de Rosalie?
—Sí, lo era —aseguré abriéndome paso a la entrada de la casa— Pero como tú lo has dicho, tiempo pasado, ahora me pertenece —que desagradables suenan todas esas palabras juntas en una oración.
—De acuerdo —asintió con la cabeza mientras mantenía los ojos como platos y me dirigía una pícara sonrisa— Si lo que tienes por ideal de hombre es un grandulón pues Emmett es ideal para ti.
—Gracias—murmuré estúpidamente sonrojada al tiempo que un auto de sonido estrepitoso se aparcaba en frente de mi casa.
— ¡Hey amorcito, sube! —Exclamó Emmett con una radiante sonrisa en el rostro, una playera blanca y unos vaqueros azules— ¡No quiero llegar tarde de nuevo!
—Nos vemos Jazz —deposité un beso en la mejilla de mi hermano mientras el revolvía mi castaña melena y corrí en dirección al auto—mole del grandulón.
—Emm, si no te importa ¿Ayudas a que una doncella se suba en tu carroza?
Soltó una carcajada.
—Para nada mi dama —bajo del auto y me impulsó para acomodarme en el asiento del copiloto— Será un placer fingir esta relación contigo —murmuró bajito mientras arrancaba el jeep— Eres realmente agradable.
—Gracias —solté una tímida risita— Tú tampoco estas tan mal que digamos.
—Bells… ya sabes, no es por ser entrometido ni nada, pero… ¿De qué hablaban tú y tu hermano cuando llegue?
Solté un suspiro.
—Emm, antes de contestar esa pregunta ¿Puedes contestarme una tú?
Asintió con la cabeza mientras se detenía en un semáforo en rojo.
—Dime.
— ¿Quién es realmente Alice Cullen?
— ¿A qué viene esa cuestión? Que yo sepa tú no eres sáfica ni nada por el estilo —soltó una estruendosa risa que inundó todo el ambiente— ¿Para qué quieres saber de la enana?
Una mueca de disgusto se dibujó en mi rostro al tiempo de escucharlo.
—Mi hermano estaba muy ilusionado con ella y, ahora… esta… como decirlo…. cambio su manera de pensar en cuanto a ella —giré el rostro para encararlo mientras arrancaba pisando a fondo el pedal del acelerador.
—Alice es mi hermana y, si hablamos de ella en serio, no creo que sea la mujer ideal de ningún hombre —soltó un respingo— Siempre anda de metiche en los asuntos de los demás, se preocupa por tonterías como la moda y además es… no sé cómo decir esto, así que simplemente lo voy a dejar ir —se aferró al volante con las dos manos en el mismo instante en que un volvo plateado se cruzaba intempestivamente en nuestro camino logrando que Emmett frenara a raya— ¡Pero qué idiota!
— ¿Quién demonios es el tarado que se cruzó en nuestro camino? —inquirí exaltada mientras me aferraba con las dos manos al asiento de cuero artificial.
— ¿Realmente no lo sabes o te haces la tonta? —Emmett extrajo de su bolsillo izquierdo un móvil delgadísimo con la pantalla táctil y marcó a uno de sus número principales.
— ¿Cómo amaneció el príncipe de la casa? —la aterciopelada voz de Edward contestó la llamada con cierto tono sarcástico mientras el mayor de los Cullen tomaba la curva final para llegar al instituto.
— ¿Cómo crees idiota? Si mi auto tiene una sola raya te vas a arrepentir por el resto de tus días —Emmett llegó al estacionamiento seguido de Edward y aparcó en un espacio disponible en la zona del equipo de básquetbol y cerró el teléfono de un solo golpe— Pero que tarado.
—No te ofendas ¿De acuerdo? Pero sinceramente pienso que tu hermano es un reverendo imbécil, es decir ¿Quién con un poco de cerebro actúa de esa forma? —me apoyé en los hombros del grandulón para descender del vehículo y tomar mi morral después de unos segundos.
Soltó una carcajada mientras me arrancaba mi morral del hombro.
—Esto —señaló mi mochila con desdén y una sonrisa plantada en su rostro— Va en mi hombro y, en cuanto a lo otro, si, Eddie es demasiado tonto e inmaduro y no piensa antes de hacer las cosas.
—Pues es de herencia —aseguré rodando los ojos hacia el cielo mientras él me tomaba la mano obligadamente— Tú tampoco eres una persona muy reflexionista que digamos.
—Lo sé pero no es de parte de mamá, ella es muy educada e inteligente —Edward descendió de su auto con su brazo sobre el hombro de mi prima mientras ambos reían alegremente inundando todo el estacionamiento y logrando que muchos estudiantes cambiaran de dirección solo para notar el show "Cullen-Hale" que ambos montaban.
—Que exhibicionistas ¿Por qué Rose se comporta de esa manera? Si tan solo me hubiera dado una oportunidad —suspiró.
Giré sobre mis talones para encararlo y acunar su rostro entre mis manos— Emmett, yo no te conozco en lo más mínimo, pero hasta ahora has demostrado ser amable y condescendiente conmigo, así que voy a decirte esto por tu propio bien —solté sus mejillas y lo guié hacia un grupo de estudiantes donde Royce King reposaba cómodamente contra la banda de Erick Yorkie— ¿Ves al chico de cabello castaño? El de gafas y suéter en V color gris ¿Lo ves? —le señale con el índice a King.
Asintió con la cabeza.
—De acuerdo, antes de que llegarás al pueblo ella andaba loca por él y hasta salieron un par de veces, juraba que lo amaba y que moría por un beso suyo, pero después de la cita la magia terminó y ella se antojo —le proporcione un acento especial a la palabra— De ti, si bien es cierto, todo lo que paso en tu casa fue muy gracioso con eso de los no-besos y todas esas situaciones, ahora Rose se antojo de tu hermano, esa es la única razón por la que puedo entender que te haya cambiado por él.
Solté un suspiro al notar la tristeza demacrando su rostro, el brillo en sus ojos desapareció y una mueca de disgusto se dibujó en sus labios.
—Bella ¿En realidad piensas de esa manera?
Asentí.
—Entonces ¿Eso significa que en realidad nunca tuve oportunidad con tu prima y que todo lo que estoy haciendo le vale un pito a Rosalie?
—No —negué con la cabeza— Yo no dije que no le importaras, lo que dije fue que mi prima es igual de inmadura que tu hermano y que no piensa las cosas antes de hacerlas, se deja llevar por los impulsos y antojos, y como ya te explique, Rose, es … como decirlo… piensa que por ser bonita puede tener al que quiera, de cierta manera es cierto, pero como no sabe manejar toda la popularidad que tiene en esta escuela pues juega con todo… no toma en serio las cosas.
El timbre que indicaba el inicio de la primera hora resonó en los pasillos dentro del instituto y salí corriendo hacia la clase de literatura.
— ¡Hey Emm te veo después, tengo clases!
— ¡Adiós! —exclamó el grandulón antes de darme la espalda y correr dando tumbos hacia su clase.
En cuanto llegué al salón encontré una muy agradable sorpresa.
Ángela rebosaba de alegría en los brazos de Ben mientras él le acariciaba el cabello y le susurraba cosas al oído que lograban que mi amiga se sonrojara tanto como yo cuando tropiezo con algo; era bueno verlos así, desde el "incidente" de Ángela con Edward heroína creí ver su relación en peligro y gracias a Dios me equivoqué, siempre pensé que formaban una dulce pareja, de esas que duran mucho tiempo y sobre pasan todos los obstáculos, de esas que te demuestran que entre un millón de enamorados idiotas, el amor puede triunfar al menos en un caso, de esas que simplemente son las típicas y terminan en matrimonio seguro.
Caminé con la nariz un tanto respingada por el desagradable ambiente a amor que se respiraba, a pesar de todas mis tontas cavilaciones, y me acomodé en mi asiento de siempre mientras ambos se enderezaban y extraían de sus respectivos morrales el ensayo de "El ensayo sobre la ceguera" de José Saramago que teníamos por tarea.
—Bella ¿Tienes el ejercicio número cinco de cálculo? —inquirió Ben mientras le lanzaba miradas furtivas y cómplices a Ángela.
Mierda, cálculo.
—No —negué con la cabeza mientras me azotaba contra la banca mentalmente— No pude hacerlo.
—Te lo dije —Ángela soltó una carcajada que inundó el salón— Emmett la tiene muy ocupada.
Me sonrojé violentamente.
—No la hice porque no entendí la explicación del profesor —aseguré mientras le dirigía una mirada de odio a los dos— Y… ¿Cómo demonios se enteraron?
—Bells, todo mundo lo sabe en el instituto, basta ver como se comían a la salida de clases ayer —Ben tomó la mano de Ángela mientras sonreía—Nunca pensé que fueras tan rápida con los recién llegados.
—De acuerdo —resoplé molesta al tiempo que el señor Lutz se adentraba en la clase y ordenaba silencio— Pero no se metan en esas cosas, y… si no es mucho pedir, no lo mencionen delante de mí.
— ¿Por qué? —inquirió Ángela con aires de curiosa inocente pero bastante corrompida por dentro.
Le dirigí una mirada de advertencia con una nota mental de "cierra tu idiota boca si no quieres que cierto novio tuyo se enteré que andas por ahí besuqueándote toda con otro".
—Tarada —formó la palabra con la boca pero sin emitir sonido alguno.
Genial, al menos la amenaza funcionó.
Las clases pasaron rápidamente mientras mi cerebro volaba por los aires de Neptuno y Júpiter buscándole una explicación y sobretodo una solución a todo este tonto embrollo en el que estoy metida.
Al llegar el almuerzo caminé a paso rápido a la orientación con la leve esperanza de que allí me dieran información acerca de mis "tutores" y de mis clases antes de perder la materia y con ello todo el semestre.
—Disculpe —murmuré al adentrarme en el salón con medio cuerpo fuera y la cabeza dentro.
—Bella, pasa —la preciosa voz tintineante de Demetri me invitó a proseguir mi camino, y yo, encantadísima por su presencia, accedí.
—Hey —saludé mientras me acomodaba en una de las sillas de espera de la habitación.
—Así que… Cullen ¿eh? —inquirió encarándome con un atisbo de desesperanza en sus profundos y azules ojos.
¿Por qué me pasa esto a mi? Es algo completamente idiota que me ocurran estas cosas, yo nunca, en toda mi puta vida le he tocado un solo pelo a nadie, ni siquiera a la antipática de Jessica Stanley, he sido buena y cuando finalmente encuentro un hombre que me gusta, realmente me gusta su forma de ser y su manera de comportarse conmigo, resulta que estoy de novia con un tonto grandulón que ni siquiera conozco y todo supuestamente por unos malditos celos por mi adorada prima (nótese el sarcasmo) que es demasiado gallina como para confrontar a Emmett y arreglar toda esta idiota situación.
—Sí, eh… ya sabes, es vecino de mi prima.
—De acuerdo —asintió con la cabeza— Es buen tipo, o al menos lo parece.
Cambia de tema Bella, cambia de tema.
— ¿Sabes cuando empiezan nuestras clases? La verdad tengo urgencia con cálculo ¡Voy a perder el semestre!
Soltó una carcajada al tiempo que la secretaria caminaba hacia el podio para recoger unos papeles, intente llamarla pero Demetri me detuvo.
—No la llames, no es con ella con quién debemos hablar, la señorita Black es quién debe atendernos, y según lo que me dijeron es cuestión de un segundo contando con que todas las personas implicadas se presenten.
Edward Cullen.
—El idiota de Cullen aún no llega —aseguré sacando de mi morral mi tarea de cálculo.
—No, y sin él, lamentablemente no podemos hacer nada.
Bufé mientras abría mi cuaderno en el ejercicio para retomarlo.
— ¿Qué piensas hacer? —inquirió Demetri tomando mi cuaderno entre sus manos.
—La tarea, o al menos intentarlo —me alcé de hombros ante la imposibilidad de poder resolver esas idiotas ecuaciones.
—De acuerdo —una preciosa sonrisa se plantó en su rostro mientras tomaba mi morral y el suyo y tomaba mi mano para ponerme en pie— Desde este mismo instante eres mi responsabilidad en cuanto a cálculo y vamos a empezar con tu tarea.
Sonreí ante la idea de transcurrir todo el receso junto a él.
—De acuerdo.
Caminamos hasta un área verde lejos de todo el gentío y nos acomodamos bajo la sombra de un inmenso cedro.
—Bella, antes de empezar con los ejercicios, lo esencial es que entiendas que los números no son tus enemigos y mucho menos las incógnitas —explicó con aires de sabiondo— Así que las matemáticas son fáciles cuando las piensas fáciles y resuelves todos los ejercicios con la mayor relajación posible, dime… —golpeteó varias veces su índice contra su labio inferior logrando que notara el plateado y brillante piercing que lo atravesaba— ¿Qué es lo que más te relaja?
—La música —contesté por inercia mientras miraba embobada el aro de su boca.
—Entonces ahí tienes la respuesta ¿Te importa si intentamos resolver tu tarea con música de fondo?
Bella idiota, deja de pensar en la boca de cierto chico tutor de cabello castaño y concéntrate en la tarea, o ¿Acaso eres tan mala como para dejar al chico hablar como loco todo este tiempo? ¿Es que el muchacho no te agrada como para dejarlo así? Compórtate.
—Bella…
—Para nada, me encanta —musité observando fijamente su labio inferior.
Soltó una carcajada.
— ¿Te gusta?
—Mucho —confesé con la cabeza gacha y las mejillas sonrojadas.
—De acuerdo, si apruebas el examen final de cálculo de este semestre te llevo donde hacen este tipo de perforaciones y yo mismo te lo pago ¿Te agrada la idea?
Asentí.
—Entonces, pongámonos a trabajar —apremió sacando del bolsillo principal de su morral un mp4 y poniéndolo en altavoz— ¿Te importa si escojo la música?
—No hay problema.
Como si yo tuviera mucho de donde escoger en mi viejo ipod refundido entre alguno de los cajones de mi escritorio desde la advertencia de Jasper, "pareces una autista".
Pump it de Black Eyed Peas empezó a sonar desde su aparatejo y mis manos involuntariamente adquirieron el ritmo de un instante al otro.
—Bella ¿Qué ejercicio es el que más se te dificulta?
No lo escuché, estaba completamente perdida dejándome llevar por el ritmo de la canción y dentro de unos segundos mi cabeza comenzó a moverse de un lado al otro.
—Bella…
Durante unos minutos y con los ojos cerrados imaginé mi cuerpo junto al de Edward moviéndose sincronizadamente dejándonos llevar por el ritmo y la situación, sus manos estrechando mi cintura y mis dedos urgiéndose entre su cobrizo cabello, sus brillantes ojos esmeralda reluciendo mientras me penetraba con la mirada, Edward…
—Bella…
—L o siento —me disculpé saliendo de mi trance muy pero muy avergonzada mientras el cuello me ardía —No volverá a ocurrir.
Soltó una carcajada.
—No importa, solo… empecemos ¿Quieres?
Contigo todo.
—Claro, empecemos con el número 7 —aseguré mientras la canción cambiaba de tonalidad y un sonido contagioso y estrepitoso de origen electrónico invadía nuestro ambiente de "estudio" — ¡Esta genial! ¿De quién es?
Soltó una carcajada ¿Es mi idea o esto le está resultando más gracioso a él que a mí?
—Es sexy back de Justin Timberlake ¿Te agrada?
—Mucho —me levanté de un solo tirón y mi cuerpo adquirió el ritmo en tan solo instantes.
—Bella —murmuró mientras me observaba fijamente bailar— Tienes tarea que hacer.
—Lo sé, pero… la canción esta genial —reí.
— ¿Qué se supone que debo hacer en estos casos cuando la estudiante no pone de su parte para mejorar? —inquirió imitando una vieja voz de profesor de literatura que me hizo reír aún más.
—Tienes que… ¡Tienes que bailar! —exclamé tomándolo de la mano para ponerlo en pie.
—Si tú me lo pides….
— ¡Yo te lo pido! —exclamé entusiasmada para después reír.
Durante unos segundos lo miré fijamente mientras intentaba seguirme el ritmo, sus profundos ojos azules eran increíblemente bellos y el tan solo hecho de verlos, lograba que mi corazón palpitara aún con más rapidez que antes pero… faltaba algo… algún detalle que aún no entendía… simplemente esos no eran los ojos que quería ver, tal vez si se tornaran un tanto verdes con un brillo de esmeralda, y su cabello luciera revuelto y completamente despeinado y con cierto tono cobrizo, si su sonrisa fuera hasta la mitad de los labios, si… si tan solo fuera un poco más… si fuera un Cullen…
Ese no era Demetri…
Ese era… Edward….
¡NO!
Cerré los ojos en un débil intento de borrar el idiota pensamiento de Edward bailando junto a mí esa canción mientras Demetri me estrechaba por la cintura y rozaba nuestras narices; sentir su piel fue un hecho tan agradable, como quisiera tocar su mejilla…
Aquí va la impulsiva de Bella Swan haciendo idioteces.
Acaricié su mejilla con el dorso de mi mano mientras él me aprisionaba aún más contra su cuerpo y la canción seguía resonando aún más fuerte que antes en nuestros oídos.
—Bella —susurró de forma estremecedora contra el lóbulo de mi oreja.
— ¡Bella! —exclamó una voz varonil conocida para mí a nuestras espaldas.
¡Mierda, Emmett!
