El último día – Maldita Nerea

–No puedo creerme que me hayas abandonado. ¡Las clases sin ti son todavía más aburridas!

Lizzy hizo un pequeño mohín y Rose sonrió sin poder evitarlo. Estaban cenando en un local pequeñito de Malasaña al que, según le había contado la morena, James y ella iban de vez en cuando.

–Ya me imagino, pero es que con el horario de trabajo…

–Sí, claro –se apresuró a responder la otra–. Es normal. Y me alegro muchísimo por ti. Es una oportunidad increíble. ¿Te están yendo bien los primeros días?

–Sí. La verdad es que mi jefe es muy agradable y Astoria y Daphne se portan muy bien conmigo –contó–. Aunque cuando me encuentro con Scorpius…

–Ya me imagino. Tu vecino es un poco gilipollas por lo que me has contado.

–Un gilipollas total, pero no quiero hablar de él. –Tomó un sorbo de cerveza y se encogió de hombros–. Hablemos mejor de ti.

–¿De mí? –La morena sonrió–. No me ha pasado nada interesante últimamente, la verdad.

–¿Y qué pasa con James?

–¿Qué pasa con James? –Repitió Lizzy, frunciendo levemente el ceño.

Las dos se quedaron en silencio, mirándose fijamente. De fondo solo se escuchaba la versión de Maldita Nerea de El último día.

–¿Estás segura de que no hay nada entre vosotros? –Preguntó, por fin, Rose.

–Claro. Somos solo amigos, ¿por qué dices eso?

–Porque conozco a mi primo y, no sé, me ha parecido ver cosas.

–Pues habrán sido solo imaginaciones tuyas porque, de verdad, solo somos buenos amigos –insistió Lizzy. Se tomó una patata y sonrió–. A ver, me gustaba. Mucho. Y creo que yo a él también, estoy casi segura. Pero queríamos cosas distintas. James y yo somos muy diferentes y, al final, creímos que lo mejor sería ser solo amigos. Yo buscaba una relación y él, bueno, tú lo conoces desde hace más tiempo que yo. Él es más de ir de flor en flor. No teníamos futuro así que decidimos que lo mejor sería ser amigos y ya está.

–Eso no quiere decir que no sintáis algo.

–No lo sentimos, en serio, Rose. Además, estoy quedando con un chico.

–¡Oh, cuenta!

–No hay todavía mucho que contar. Mañana es nuestra segunda cita. También es becario de la universidad, se está doctorando en física de partículas.

–Suena interesante.

–Sí y, además, es muy guapo. ¿Quién habría podido imaginarse que un rarito que estudia física pudiera estar bueno? –Lizzy rió y se mordió el labio–. Espero que mañana vaya todo bien.

–¿Qué planes tenéis?

–Ir al cine.

–Yo sé lo que significa eso.

La pelirroja empezó a reír sin poder evitarlo y la otra se puso completamente roja.

–¿Pero por qué sois todos tan mal pensados?

–Porque todos lo hemos hecho alguna vez. –Volvió a reír y negó con la cabeza.

–No creo que vaya solo a acostarse conmigo –murmuró–. A ver, es un tío, desconfío de él por defecto, pero… no sé. No parece mal chico y está tan bueno que…

–Eres una superficial, ¿eh?

–Nunca he dicho lo contrario. –Dio un sorbo de su Nestea y se encogió de hombros–. Si fuera menos superficial en lo que a chicos respecta, me iría mucho mejor en la vida. Pero soy así. No puedo evitarlo.

–Si al final lo importante es el interior. ¿No has visto La bella y la bestia o qué?

–Claro que la he visto, pero siempre diré que Bella se casó con Bestia solo por su biblioteca. Bueno y porque, al final, también se pone buenorro.

–Eres un caso perdido.

–No eres la primera que me lo dice, tranquila.

–Bueno, pues espero que el tío este no te salga rana y que, al menos, folle bien.

Lizzy volvió a sonrojarse y la otra rió al ver su reacción.

–¿Qué? Es la segunda cita.

–Creía que había que esperar hasta la tercera.

–Ya, bueno, eso dicen, pero yo creo que esperar tanto es una tontería.

–La verdad es que estoy un poco de acuerdo contigo. Así que espero que la cita vaya bien y ya te contaré.

–Sí, claro. No te creas que porque ya no voy a alemán te vas a librar de mí, ¿eh?

–Ni tú de mí.

Ambas sonrieron y siguieron con su cena, contentas de poder contar la una con la otra.


Cuando Rose volvió a casa –cerca de la media noche–, no pudo evitar fruncir el ceño al oír unas voces al otro lado de la puerta. ¿Albus había invitado a alguien? No le había dicho nada y siempre que llevaba a algunos amigos la avisaba. Sacó las llaves y, rápidamente, entró. Y no pudo evitar fruncir aún más el ceño al ver quién estaba dentro. No le importó ver a Theo comiendo pizza y bebiendo cerveza descalzo en su sofá. Lo que le hizo menos gracias fue ver, justo a su lado, a Scorpius que, por primera vez desde que se habían conocido, parecía relajado.

–¿Y tú qué haces aquí? –Preguntó, fijando su mirada en él.

–Hola a ti también, Rosie. –Albus puso los ojos en blanco y negó con la cabeza–. Los he invitado yo.

–¿A él también? –Se giró hacia su primo y lo fulminó con la mirada–. ¿Se te ha olvidado ya lo que dijo de Lily el otro día?

–Precisamente de eso hemos estado hablando. Nos hemos encontrado en la puerta y le he comentado lo altamente inapropiado que fue su comentario. Él se ha disculpado, se ha explicado y me ha pedido que, por favor, hablara con Lily y se lo contara todo. Y luego ha llegado Theo y nos ha encontrado hablando en el rellano y, como había fútbol, pues hemos decidido buscar el partido en internet y pedir unas pizzas. Ha ganado el Athletic, por cierto. Alice no estará muy contenta.

Rose lo miró sin comprender nada y él se encogió de hombros. ¿De verdad su primo acababa de hacerse amiguito de aquel borde estúpido gracias a un partido de fútbol?

–¿Qué? –Fue lo único que pudo decir en ese momento. No le salían más palabras.

–Sí, es que Alice es de la Real. Como su padre es de San Sebastián…

–¿Qué? –Repitió. Negó con la cabeza y lo señaló de forma acusadora–. ¿En serio vas a olvidar todo esto así como así?

–Solo quería decirle a Lily que, si necesitaba dinero para coger un taxi, podía coger el que había en la entrada –replicó–. Vale que las formas no fueran las mejores, pero tenía un mal día y se arrepiente de lo que hizo. No puedes ser tan rencorosa, Rose.

–¿Pero tú eres gilipollas o qué mierda te pasa? ¡Que llamó puta a tu hermana pequeña!

–Joder, Rose, lo estás exagerando y Lily ha estado hablando con él por teléfono hace un rato y ha aceptado sus disculpas, ¿sabes?

–¿Perdona? ¿Estás de coña? –Negó con la cabeza. Le parecía increíble que su prima la hubiera perdonado así como así–. ¿En serio vais a actuar como si no hubiera dicho nada?

–Creemos que lo mejor será intentar llevarnos bien.

–Esto es increíble… Pues que sepas que a mí todos esos rollos me dan igual. No pienso quedarme en la misma habitación que él ni un segundo más.

–Rose, es nuestro vecino y, además, los dos trabajáis juntos. No puedes seguir así eternamente.

–Bueno, puedo intentarlo, ¿no?

Bufó y, con paso acelerado, se dirigió hacia su cuarto. Cerró dando un portazo y los otros tres intercambiaron una mirada rápida.

–A lo mejor deberíamos irnos –murmuró Theo–. Parece muy enfadada.

–No te preocupes, se le pasará –le quitó importancia Albus–. Siempre ha sido así, pero tiene muy buen corazón. Es que Lily y ella tienen una relación muy estrecha y, además, no te soporta desde el primer momento, Scorpius.

–Bueno, el sentimiento es mutuo –masculló este.

–Luego hablaré con ella, no os preocupéis.

–No entiendo por qué habéis empezado con tan mal pie. –Theo negó con la cabeza–. Si no te hubieras puesto con el taladro cuando ella estaba de resaca…

–No me culpes solo a mí.

–La verdad es que cuando nos encontramos en el ascensor aquella mañana no fuiste muy simpático que digamos –añadió Albus.

–Ella me llamó cerdo.

–Fijo que le miraste el culo, siempre has sido un descarado. –Su primo puso los ojos en blanco.

–Lo hizo.

–No soy poco disimulado –protestó el otro–. Y no le miré… Bueno, vale, a lo mejor le miré un poco el culo, pero fue sin querer.

–Porque te parece guapa.

–Yo no he dicho eso, Theo.

–Pero te lo parece –insistió–. Se lo dijiste a tu madre, me lo contó el otro día. Además, lo es. Rose es muy guapa y está buena.

–Es de mi prima de quien estáis hablando, perdonadme si no participo en la conversación –comentó Albus, poniendo los ojos en blanco–. Pero sí, Rose siempre ha sido guapa. Bueno, no siempre, tengo unas fotos de cuando éramos pequeños que son simplemente maravillosas, aunque me mataría si os las enseñara. No me deja sacarlas nunca porque dice que sale horrible.

–Oye, ¿y no sale con nadie? –Preguntó el moreno.

–No. Es que es un poco, digamos, especial para los ligues. Ya la conoceréis.

–A mí no me interesa.

–Scorpius, compórtate.

–¿Qué? Si solo he dicho la verdad…

Los otros dos pusieron los ojos en blanco. Aquellos dos nunca conseguirían llevarse bien.


–He hecho bien, ¿verdad?

Alice levantó los ojos de su portátil al escuchar la voz de Lily y le dedicó una pequeña sonrisa.

–El ojo por ojo al final dejará al mundo ciego –contestó–. Así que sí, has hecho lo correcto, Lils. Además, Scorpius te ha dicho que no era su intención y que todo ha sido un malentendido, ¿no?

–Sí. Aunque me jode mucho que me fastidiara el polvo.

–¿No has vuelto a hablar con Theo?

–No. –Negó con la cabeza y suspiró–. A ver, Rose me dijo que habían estado hablando y que le había pedido mi número, pero… no sé si dárselo.

–¿Por? –La castaña se incorporó un poco en el sofá y la miró con curiosidad.

–No sé. Creo que nuestro momento ya pasó –contestó la pelirroja, echándose el pelo hacia atrás–. Es que todo estaba saliendo tan bien y, de repente… se estropeó.

–¿Y? Mira todos los momentos en los que Albus y yo nos quedamos con las ganas. Pero no nos rendimos por eso.

–No es lo mismo.

–¿Por qué?

–Pues porque Albus y tú os queréis y todos esos rollos, pero erais demasiado cobardes como para admitirlo. Y porque tú no te dabas cuenta de que él babeaba por ti –contestó. Subió las piernas al sofá y se las abrazó–. Yo solo quería un polvo con Theo.

–¿Y no crees que el momento puede volver a surgir?

–No estoy segura. Es que fue todo tan… incómodo. No sé, Alice.

–¿Pero te apetece o no?

–Pues claro, ¡si está súper bueno! Tú es que no lo has visto, pero… Dios, qué polvazo tiene. Le haría de todo y dejaría que me hiciera de todo, en serio.

–¡Pues entonces pídele a Rose su número y disfruta!

–Voy a escribirle. –Sonrió y cogió su móvil, aunque no pudo evitar palidecer levemente al ver todos los mensajes en el grupo de su clase. Solo podía significar una cosa–. Mierda, creo que han subido la nota del parcial de Orgánica Aplicada.

–¿Quieres mi portátil para mirarla? Así no tienes que esperar a que se encienda el tuyo.

–Sí, por favor.

La castaña se lo tendió y Lily abrió rápidamente su correo. Tomó aire antes de abrir el mensaje de su profesor y descargó el archivo con las notas. Esperó unos segundos que se le hicieron eternos hasta que se abrió.

–¿Cómo ha ido? –Le preguntó Alice en un murmullo al ver que no decía nada.

–Mal. Si es que ya lo sabía… –Dejó el ordenador sobre la mesa y forzó una pequeña sonrisa–. Me voy a ir a dormir ya, ¿vale? Estoy cansada.

–Lils…

–Mañana hablamos. No te preocupes.

Se fue a su cuarto y la castaña cogió el ordenador. No quería parecer una cotilla, pero no pudo evitar buscar el documento en la carpeta de descargas y leerlo. Buscó el nombre de su amiga y suspiró al ver el 1,35 que había sacado. Sabía que le había salido bastante mal aquel examen, pero Lily era muy inteligente y no se esperaba que hubiera sacado tan poca nota.

Se puso de pie y, tras comprobar que la puerta del dormitorio de su amiga estaba cerrada, entró a la cocina y marcó el número de Albus.

–¿Va todo bien, cariño? –Preguntó el chico, nada más contestar.

–Sí, bueno, no. –Suspiró–. Acaban de darle a Lily una nota y le ha salido muy mal el examen. Ha suspendido y con una nota muy muy baja.

–¿Orgánica?

–Sí.

–Me dijo que llevaba mal las dos asignaturas de eso que tenía, aunque no creí que tanto. –El chico suspiró también–. ¿Quieres que vaya a verla ahora?

–No, pero creo que lo mejor será cancelar el almuerzo de mañana –contestó–. Tengo que ir al cole por la mañana, pero cuando salga prepararé algo de comer y un poco de helado de ese que le gusta de plátano con trocitos de chocolate para intentar animarla. Una tarde de chicas nos vendrá bien a ambas.

–Sí, claro. Me parece una idea genial.

–¿Nos vemos entonces cuando vuelva el martes?

–Sí, no te preocupes. –El chico suspiró–. Yo tengo que quedarme aquí trabajando todo el puente por desgracia.

–Lo sé. Lily me dijo que iban a venir vuestros padres a veros. Van a quedarse aquí en el piso.

–Sí, decían que así no tenía que quedarme solo en Madrid –explicó él–. ¿Quieres quedar para cenar el martes?

–Perfecto, mi amor, y ya vamos hablando estos días.

–Sí, tranquila. Te echaré de menos, preciosa.

–Te quiero, Albus.

Maite zaitut, Alice.


Hola :)

Mira que son simples algunos tíos: todo lo arreglan con fútbol y cerveza. Lo bueno es que los malentendidos y enfados les duran poco, aunque pobre Rose xD

Y pobre Lily también :( Aparte de quedarse con las ganas con Theo, ahora esto... Menos mal que Alice es una compañera de piso y amiga de 10 ;)

Y lo de "me iría mejor en la vida si fuera menos superficial en lo que a tíos se refiere" que dice Lizzy es taaaaaan mío (don't judge me xD), ¡menudas dos son ella y Rose! (La pelirroja no se da cuenta de los planes de Astoria, pero de otras cosas... ;)).

Un beso enorme y nos leemos la semana que viene,

María :)