Disclaimer: RK no me pertenece, al igual que la trama de la historia, de Johanna Lindsey.

Bye, Bye, Freedom

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Se movía por las sombras, poniendo todo su esfuerzo en no pisar ninguna rama ni hacer algo que denotara su presencia ante los secuestradores, sin poder evitarlo volteo a ver lo que encerraba en un puño su mano, rogando al cielo que su plan funcionase, solo estaba esperando la señal de Orión, para saber por que lado tendría que acercarse al campamento, solo tendría unos segundos antes de que se recuperaran para poder escapar, ya a caballo y en el bosque no podrían seguirla... o eso esperaba ella.

Seguía pensando, en todas las posibles huidas y situaciones que se podrían dar, que casi no vio cuando Orión salió de unos árboles por la izquierda a unos 10 metros de donde ella se encontraba, eso querrá decir que Kaoru estaba por ese lado, así que moviéndose con toda la suavidad posible, se dirigió al campamento por ese lado. Al dar vuelta en unos matorrales los vio, inmediatamente soltó una maldición y se volvió a esconder, tenía razón... eran cuatro y él más bajo de todos le llevaba a ella casi media cabeza, esto se le iba a hacer más difícil de lo que pensaba, y tenían espadas, y por como estaban colocadas cerca de ellos, no eran unos novatos, y sobre todo no unos delincuentes normales, las ropas que utilizaban, lo que pudo ver eran de buena calidad, no los harapos con que acostumbraban a andar los rateros. De pronto su plan no era tan bueno como lo había imaginado en un principio, sentía como de pronto todo podía salir mal, volteo a ver una vez más y vio a Orión parado en una rama cerca del campamento, el ya estaba en posición, Hunter al igual que Devil también lo estaban, así que eso y ninguna otra cosa fue lo que le dio el valor, se arrastro por el suelo y se dirigió al campamento.

- Dios mío... ayúdame a salvar a Kaoru de estos trogloditas- rezó antes de empezar el plan.

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Aoshi Shinomori, en realidad Conde Aoshi Shinomori, pensaba seriamente en su futuro. Cuando partieron a América, trató de desentenderse de su parte del asunto y centrarse en encontrar a la princesa perdida, pero ahora que la habían encontrado, su mente no podía dejar de caer en los mismos pensamientos... casarse. Cualquiera que le hubiese dicho que tendría que casarse, bien lo habría atravesado con su espada apenas hubieran terminado de salir las palabras, pero claro, no podría haber hecho eso con la persona que le trajo al mundo, movió la nuca de un lado para otro tratando de hacer desaparecer el dolor que parecía haberse instalado ahí desde hace días, el mocoso de la ciudad había descrito a Misao Rubliov Himura como una mujer nada común y ya la "princesita" les había contado que había sido Misao quien la había enseñado a manejar la daga que portaba siempre en su cintura, y que había sido ella misma quien se la había regalado.

Se levantó suavemente de su lugar junto a la fogata, sentado a la par de Kaoru, y volteo a ver hacia la luna, o lo poco que había, suspiró, realmente no podía apartar de su mente la imagen de una mujer de 3 metros de alto, y más gruesa que el, con un cuerpo lo tumbaría en dos segundos, con cara de hombre y de seguro con bigote, arrugas y verruga de bruja, ante este último pensamientos se estremeció, Okkon Himura había sido sin duda una mujer terriblemente hermosa, y el había querido auto convencerse de que su hija así sería, pero últimamente debido a los últimos acontecimientos, no podía evitar pensar en la princesa Misao como una mujer poco femenina. Deseaba a la vez que no, encontrase de una vez cara a cara con ella. No había terminada de desear eso cuando un pie salido de la oscuridad del bosque le dio en el estomago, sacándole el aire, cayo momentáneamente al suelo, pero cuando se levantó vio a una figura menuda tirar algo a la fogata, sabía lo que era pero muy tarde, la luz lo cegó y lo hizo tirarse nuevamente al suelo, oyó como si se tratase desde un lugar la voz lejana de su mejor amigo, maldiciendo y el sonido de un perro ladrando furiosamente, se levantó tambaleándose y cuando abrió los ojos, solo veía borrones y parchones, figuras diabólicas que se lanzaban contra ellos derribándolos.

Una sombra negra se dirigió directamente a su cara y lo hizo tirarse nuevamente al suelo, se restregó los ojos mientras oía ya más claramente la voz de Sanosuke, despotricando contra lo que el llamaba una bestia maldita engendro del... diablo o demonio, no estaba seguro. De pronto, aunque de forma paulatina, fue recuperando sus sentidos, y vio la figura de una ave revolotear por sus cabezas, y a un gran perro negro derribar por ultima vez a Sanosuke antes de correr al refugio del bosque.

- ¿Están bien?.- oyó que preguntaba Kenshin. Cuando todos pudieron levantarse sin sentir que el suelo se les movía, vieron ago que les dejó helados… la princesita había escapado.

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Las dos corrían como alma que lleva al diablo, Kaoru no podía evitar tropezar a cada rato, aunque Misao le había susurrado después de pegarle al renacuajo insoportable que cerrara los ojos, de la impresión no lo había hecho a tiempo, y la mezcla de pólvora con unos minerales, le había hecho daño a sus ojos y a su equilibrio.

- Corre Kaoru- le urgió Misao.- no tenía mucha mezcla, además de que Orión y Hunter no les van a engañar por siempre, apenas tenemos un par de minutos, después Hunter los despistará siguiendo el camino largo al pueblo, ahí nos reuniremos- Misao sabía que tal vez era menos, la mezcla de pólvora con unos extraños minerales que ella y Kaoru habían encontrado en una de sus juegos en el bosque, causaba ceguera momentánea y desequilibraba de igual manera los sentidos cuando se echaba al fuego y causaba una pequeña explosión. Hunter y Orión los iban a entretener mientras ellas huían, pero estaba segura, que los "moustros" que ellos creían ver con sus escasos sentidos, no lo serían por siempre y vendrían tras ellas.

- Misao, espera no puedo más- jadeó Kaoru, ella tenía condición física, pero después de la nadada, no estaba en su mejor momento.

- Solo un poco más Kaoru, los caballos están cerca del río. Y no mintió cuando estuvieron a unos pasos del río, Misao silbó y Storm se acercó con Devil detrás. Misao ayudo a Kaoru a subirse a su caballo ya que parecía que se iba a desmayar de un pronto a otro del cansancio, rápidamente después se subió al de ella y le hizo señas para que la siguiera. Se adelantaron al bosque por el espacio de media hora, en los cuales Kaoru trató en por lo menos tres ocasiones hablar, pero Misao siempre se lo impedía, por lo que al final se rindió.

Al tiempo llegaron a un lugar que estaba protegido por los árboles y daba un aspecto de ser un lugar seguro, y que a Misao le pareció suficiente, bajo de su caballo e hizo descender a Kaoru del de ella.

- Ahora si Kaoru- dijo Misao con energía,- me podrías explicar por que demonios te tenían secuestrada esos mastodontes!-. Kaoru suspiró y por el espacio de una hora pasó a relatarle todo lo sucedido desde que había conocido a esos sujetos en la taberna, hasta su escape fallido hacía poco. No le pasó desapercibido que Misao en más de una ocasión trato de decir algo pero que el final se callaba; al final le dejó hablar hasta que se desahogara.

- Podrán ser los secuestradores que quieran Kaoru, pero no puedes negar, que se están tomando mucho trabajo por ti- al ver la mirada ceñuda que estaba recibiendo se apuro a explicar- digo, es que por más bonita que sea la mujer, estos insistieron en llevarte aun cuando todavía conservabas el maquillaje, no se Kaoru, hay algo raro- termino con apariencia pensativa.

- Sea como sea, los hemos dejado atrás, ahora lo único que quiero es regresar a la taberna y olvidar esta pesadilla.- terminó con un suspiro ahogado. Misao se tensó notablemente ante las palabras de su amiga, había olvidado por completo que The Sea se había quemado.

- kaoru... cre..- carraspeó para poder despejar el nudo que se había instalado en su garganta- creo que la que tiene que contar algo ahora soy yo.

- Que estas hablando Mila-. la llamó por el nombre que le había puesto de pequeña. Misao se le acercó y la tomó de las manos e hizo sentarse a ambas, en una rama de un árbol caído.

- Me enteré que estabas desaparecida, emm... bueno me di cuenta por que- Misao se ponía cada vez más nerviosa, ella sabía lo que esa Taberna significaba para su amiga, al igual que Sou significaba para ella...libertad. Así tomando aire, se lleno de fuerza para contarle lo sucedido.

- La taberna se quemó Kaoru, Mike, estaba solo por lo que de seguro volteo una de las lámparas o hizo algo que ocasionó que la Taberna se incendiara en cuestión de segundos- Misao vio como la cara de Kaoru se ensombreció en instantes y los ojos se le llenaron de lagrimas, pero no lloró, estuvo callada por largos minutos, que ha Misao le parecieron horas.

- Ahora que voy a hacer Mila- dijo con la voz quebrada.- Esa taberna era todo lo que tenía.

- No Kao, no pienses así.- le acaricio con cariño el pelo- te quedarás con Megumi y Sayuri, hasta que todo se calme..

- Se calme, se calme por qu...- de pronto lo que tanto había temido se hizo realidad- Mike murió verdad, y la gente del pueblo me culpa de ello, es eso verdad!- gritó con toda la rabia que tenía acumulada y odió todavía con más fuerza al demonio por haberle arruinado la vida. Se levantó y se dirigió a donde estaban los caballos, pero regresó y se sentó donde estaba, apoyando la cabeza en las rodillas y cubriéndola con las manos.

- Tranquila, Mike no esta muerto, solo bien magullado- mintió, ese tipo estaba más grave de lo que dejaba entrever pero no era necesario preocupar más a su amiga- hierba mala nunca muere y como ya te dije apenas se tranquilicen las cosas todo volverá a la normalidad, un pueblo como ese, no pude estar sin una buena Taberna de seguro de Shuro la vuelve a construir, y esta vez Sou me dejará ponerte al mando, esas eran las noticias que te tenía, ahora es verdad que Shuro esta agonizando.- Kaoru sintió renacer la esperanza, era verdad lo que se decía por ahí, después de la tormenta viene la calma. Cuando ese hombre muriese, Misao se podría casar con Soujiro y le dejaría la nueva taberna a ella, después de todo, es una buena fuente de ingresos que los Gates no podrían dejar pasar.

- Tienes razón, de todos modos, ya no hay nada que hacer,- dijo después de meditarlo. Al verla recoger madera y llevarla a un punto céntrico no pudo evitar preguntar.-crees que es seguro encender una fogata.

- Hay más cosas en este bosque que los trogloditas que te tenían.- le dijo mientras cortaba con un cuchillo, algunas ramas del árbol caído.- además sin Hunter cerca puede que no sienta cuando algo se acerque- masculló al final.

Tarareando una canción escogida al azar, Misao añadió más ramas a la agradable hoguera que había encendido. En alguna parte, en lo profundo del bosque, un animal aulló fantasmalmente a la escasa luna, Misao tarareó con mayor determinación, en un intento por tranquilizar a la pobre Kaoru, ya había pasado suficiente, y no estaba acostumbrada al dormir en un bosque al aire libre como ella.

El animal aulló de nuevo, y Kaoru se arrebujó con una manta que Misao le había dado

-Misao.-susurró, mirando a su amiga con expresión de confianza-. ¿Era ese sonido lo que creo que era?. -Y como si el sonido fuera impronunciable, sus pálidos labios pronunciaron en silencio la palabra «lobo». Misao estaba razonablemente segura de que no se trataba de un solo lobo sino de una manada. Misao se estremeció, ¿cuanto habría sufrido su amiga?, Kaoru era una mujer fuerte y determinada, no había pasado tanto tiempo como ella en el bosque pero siempre fue una mujer de carácter, y esos estúpidos la habían reducidos a un manojo de nervios.

-¿Te refieres a la lechuza que acabamos de oír? -preguntó con una sonrisa, tratando de distraer a Kaoru del sonido.- o a lo mejor es Hunter.

-No era una lechuza -dijo Kaoru.- y me dijiste, mientras huíamos que Hunter iría al pueblo.

-Aunque no fuera una lechuza -dijo Misao con suavidad-, ningún animal depredador se acercará a esta hoguera. De eso estoy segura.

Por el momento, el peligro que suponía encender fuego preocupaba a Misao casi tanto como la presencia de lobos en las cercanías. Una pequeña hoguera podría ser vista a gran distancia, incluso en medio del bosque, y aunque estaban a varios cientos de metros del camino, no podía alejar de sí la sensación de que sus perseguidores aún podrían dar con ellas.

- Estas preocupada por ellos, por que nos alcancen… ¿verdad?.- Preguntó Misao mientras le alcanzaba una bota de piel con agua.- no deberías de preocuparte, nos internamos en el bosque, es lo último que van pensar, de seguro que creen que nos dirigimos al pueblo más cercano, saldremos del bosque por el lado este, y nos dirigiremos al pueblo para entrar por el otro lado, así podemos ir a la casa de Megumi sin que la gente del pueblo nos vea, por lo que si preguntan la gente le dirá que no nos han visto.

-Oh, pero… -Kaoru se detuvo bruscamente a mitad de la frase cuando de repente el gran caballo plata levanto la cabeza y relinchó con fuerza. Misao se puso de pie de un salto se acercó rápidamente a Devil y le colocó una mano sobre el hocico para mantenerlo tranquilo.

-¡Rápido, apaga el fuego, Kaoru! ¡Utiliza la manta! -exclamo. Con el pulso acelerado, aguzó el oído y percibió la presencia de los jinetes incluso antes de oírlos-. Escúchame - susurró frenéticamente-. En cuanto yo monte a Devil, suelta la cuerda de Storm y envíalo por el bosque en esa dirección, dile que vaya donde Megumi, fuerte y claro Kaoru, acaríciale detrás de las orejas cuando le des la orden. Luego, corre hasta aquí y ocúltate debajo de ese árbol caído. No te alejes ni hagas ningún ruido hasta que yo regrese, estas muy cansada para huir de ellos.

Mientras hablaba, Misao se izó de un ágil salto sobre la grupa de Devil, con una naturalidad solo obtenida de las largas horas que pasaba al día entrenando a los caballos

-Llevaré a Devil al camino y lo haré cabalgar hacia esa elevación. Si ese endiablado renacuajo está ahí, me perseguirá.- Hizo una pausa, con la respiración entrecortada y, dirigiendo ya el caballo hacia el camino que ellas habían trazado, agregó.- Y Kaoru si me atrapa y no regreso, toma el camino que conduce al pueblo y vete con Megumi y Sayuri a la montaña del norte, ahí tengo un refugio y quédense ahí hasta que termine el invierno, entonces ya habré escapado y me reuniré con ustedes, llévense a Hunter el las podrá guiar.

-Pero… -susurró Kaoru, temblando de nervios, ella nunca había sido tan aventurera como Misao, ella era un tipo de espíritu libre y rebelde, y aunque ella tampoco se le quedaba atrás le daba terror que ella fungiera de carnada mientras ella se escondía.

-¡Hazlo te lo ruego! -imploro Misao. Luego dirigió el caballo a través del bosque, en dirección al camino, haciendo deliberadamente tanto ruido como le era posible para llamar la atención a sus perseguidores y alejarlos de Kaoru.

-¡Allí! -le gritó Kenshin a Aoshi al tiempo que señalaba la mancha oscura que cabalgaba en dirección al altanazo.

Se lanzaron en persecución del caballo y su jinete. Al llegar al lugar del camino cerca del cual las mujeres habían acampado, el inconfundible olor de la hoguera recién apagada hizo que Aoshi y Kenshin sofrenaran bruscamente a sus monturas.

-Ve tú -gritó Kenshin a Aoshi, quien ya espoleaba de nuevo su caballo-. Probablemente, encontraré por ahí a una de las dos escondidas.- aunque el se imaginaba que iba a ser la "princesita".

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-¡Maldición, cómo cabalga! -exclamó casi admirado Aoshi, con la vista fija en la pequeña figura inclinada sobre el cuello de Devil, que hacía denodados esfuerzos por mantenerse al menos a trescientos metros por delante de él.

Aoshi sabía instintivamente que perseguía a Misao, no a la princesita, el mocoso del pueblo les había hablado del trabajo de Misao con los caballos y su afinidad con ellos, y solo alguien con gran destreza equina podía cabalgar como lo estaba haciendo ella, pero Misao podría ser una gran entrenadora, pero él era un experto en combate, era Mayor de uno de ejércitos de su majestad, y aunque no hubieran guerras, ya le enseñaría a esa mocosa que la habilidad intelectual estaría por encima de la habilidad ecuestre de ella. Aunque tenía que admitir que el caballo que manejaba era hermoso, de color negro animal galopaba a toda velocidad.

Misao sentía como un jinete le perseguía, trataba de esquivarlo detrás de árboles y ramas caídas pero era imposible, era muy buen jinete, vio acercarse una colina que ella sabía que después de esta estaba una elevación y a unos metros el camino, ahora lamentaba haberle dado a orden a Hunter de irse a donde Megumi, el bien podría haber distraído al jinete mientras ella huía, pero ahora no era tiempo de lamentarse, se dio cuenta con cierto terror, que solo estaban a unos 10 metros de distancia, estaba pasando la elevación y rogaba para que no la alcanzara antes de que llegara al camino.

Al ver que no lo iba a lograr desvío al caballo integrándose nuevamente en la oscuridad del bosque, con gran cautela, para no darle idea a su perseguidor de lo que iba a hacer tomó el látigo, susurró unas pocas palabras a su caballo, y justo cuando pasaba por una rama baja con un fuerte golpe, de se colgó de la rama con la ayuda del látigo y se balanceo para subirse a la rama. Espero nos segundos y después balanceándose se tiro para botar al demonio que la perseguía con la tan mala suerte que no contó que cuando lo botara del caballo, este girase a una velocidad sorprendente, la tomase de la pierna y la llevase consigo cayendo cuesta debajo de la colina.

Aun mientras caían Misao trataba de liberarse y Aoshi trataba de cubrirla con su cuerpo para evitar que se lastimara, aterrizaron juntos en un enredo de miembros y un revoloteo de hojas secas. Aoshi fue el primero en levantarse y no pudo evitar jadear un poco cuando la diablilla se levantó de un salto a enfrentarlo, llevaba unos pantalones de cuero y una especie de túnica verde oscuro por encima, las mangas eran largas y angostas, el cuello era en V dejando entrever una camisa negra debajo de la túnica, esta era abierta en las piernas, hasta la altura de la cadera donde un ancho cinturón de cuero mantenía la túnica en su sitio, llevaba botas negras hasta casi la rodilla. Nunca en su vida había visto el descaro de una mujer al vestir así, y Dios mío que mujer, si la princesita al quitarse el maquillaje lo había sorprendido, esta mujer era una ninfa del bosque. Tenía la cara sonrojada por la caída, la cara de un color blanco cremoso, con un pelo negrísimo que le caía desordenado en la cara, por la caída, un cuerpo gratamente proporcionado, y no era muy baja, de estatura normal, y ahí justo en su hermosa cara estaba la prueba que le faltaba para determinar si era o no Misao Rubliov Himura, sus ojos, de un dorado intenso con vetas verdes, le miraban con enojo.

- No creo que esto sea necesario, milady- dijo Aoshi todavía con la respiración agitada- no tengo deseo de causarle ningún mal, simplemente queremos llevarla a usted y a su amiga, junto con sus verdaderos familiares.

- Ahora me va a salir con que soy una princesa perdida también, hermana de Kaoru y prometida de algunos de los renacuajos que le acompañan- repuso ella con sorna. Misao no dejaba de mirar hacia todos lados, sin dejar de observar a s atacante, retrocediendo a la vez que el lentamente avanzaba, la acción de ella le había salido el tiro por la culata, pero era algo corregible... esperaba.

- No - negó también con la cabeza Aoshi, mientras sonreía de lado al percatarse de hacia adonde se dirigía la joven- al menos no por nacimiento, pero usted es hija de Okon Himura, tía de nuestro respetable Rey, Kenshin Himura, usted por decreto real hace muchos años, fue proclamada con el titulo de princesa.- y con una sonrisa perversa prosiguió.- y con respecto a su prometido milady, creo que tendrá que conformarse con su servidor.- terminó con una sonrisa cínica, mientras hacia una pequeña reverencia, y dejaba como era su intención, a Misao muda de la impresión sin percatarse de que se dirigía a una trampa al retroceder tanto, cuando cayó tropezándose en un pequeño agujero, lo último que esperaba era que el que afirmarse ser su prometido, se tirase encima de ella.

Bueno... si este quiere pelea... que la tenga… fue lo ultimo que pensó Misao antes de rodar con Aoshi, por segunda vez y empezara una lucha contra el.

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Acurrucada debajo del árbol caído donde Misao le había dicho que permaneciera, Kaoru vio al demonio aparecer en el claro llevando de las riendas a su, sabía que era él, no sabía el por que pero todo su cuerpo parecía reaccionar cuando ese hombre estaba cerca de ella.

Desde la posición que ocupaba sólo podía ver las patas del caballo, en el suelo del bosque y, una vez que él hubiera desmontado, las piernas del hombre. Debería haberse adentrado en el bosque, pensó Kaoru frenéticamente, pero si lo hubiera hecho así se habría perdido. Además Misao le había dicho que no se moviese de donde estaba y, en situaciones como ésa, Kaoru seguía fiel e impecablemente las instrucciones de su amiga; ella sabía por que no la había mandado a galopar en otra dirección, ella aunque era buena amazona, no lo era ante unos hombres entrenados, y si tenía mayor oportunidad de escapar solo tenía que deshacerse del engendro y sería libre para ir donde Megumi y esconderse. O en el mejor de los casos solo que se cansase de jugar al explorador, se largase, para dejarle a ella el camino libre para huir.

Las piernas del hombre avanzaron hacía el lugar donde ella se ocultaba. Se detuvo ante la hoguera apagada y removió los rescoldos con la punta de la bota. Kaoru percibió instintivamente que la mirada del hombre registraba los oscuros recovecos de los matorrales. De repente el hombre se encaminó directamente hacia ella, que respiró hondo, tratando de dominar los temblores que le producía el pánico. Kaoru se llevó la mano a la boca y trató de silenciar el bufido que parecía a punto de salírsele, tal parecía que el hombre sabía donde estaba, justo como ella lo supo en cuento él apareció en el claro, podía ver las puntas de las botas, que estaban a pocos centímetros de ella.

-Ya está bien -resonó la profunda vos en el pequeño claro-. Salid de ahí, milady. Nos habéis proporcionado una alegre partida de caza, pero ya ha terminado-. La voz destilaba furia pura.

Confiando en que aquello sólo fuera una trampa y que él no supiera en realidad donde se ocultaba, Kaoru se hundió todavía más en su escondite.

-Muy bien -dijo él -. Supongo que tendré que meterme entre la hojarasca y obligaros a salir. -Se agachó bruscamente y, un instante después, una mano enorme se introdujo entre las ramas, tanteó y finalmente se cerró sobre el pecho de Kaoru.

Un grito de horror e indignación brotó de la garganta de la muchacha cuando la mano se abrió para luego volver a cerrarse lentamente, como si tratara de identificar lo que acababa de encontrar. Al hacerlo, la sorpresa hizo que Kenshin apartase la mano por un instante. Pero de inmediato tomó a Kaoru por el brazo y la sacó a rastras de su escondite.

-Bien, bien, bien -dijo él-. Parece que he encontrada un hada de los bosques.

Kenshin estaba demasiado cerca, pero debía hacer algo. Y el primer golpe era esencial. Sin pensárselo dos veces, intentó darle un buen golpe en la nariz. Pero el demonio se movió con la velocidad de un rayo y bloqueó el golpe con el brazo. El impacto fue tan fuerte que Kaoru se estremeció. Quiso intentarlo de nuevo, esta vez con un golpe en el pecho. Pero una vez más bloqueó su puño, y esta vez la inmovilizó. Se colocó sobre ella y agarró con fuerza sus brazos.

- ¿Algún truco más princesa?- resopló el demonio sobre su cabeza-¿ no va a tirarnos ningún polvo, o lanzarnos algún animal entrenado?; créame cuando le digo que todo lo que haga no hará mas que enojarme, ya debería saberlo, así que se levanta y coopera antes que me haga perder la escasa paciencia que me queda.- Kaoru no protestó es más ni lo intentó, el hombre ya se veía lo suficientemente enojado, y era la segunda vez en el día que lo hacía enojar.

Al salir al camino, Kaoru rezó para que Misao hubiera conseguido escapar, e intentando fortalecer su ánimo miró en dirección al altozano. La desazón se apoderó de ella al ver a los otros dos renacuajos esperarlos a la altura del camino, pero sin rastros del renacuajo insoportable, que de seguro seguía detrás de su amiga, pero confiaba en Misao, ella podría escaparse, y si le había "medio" rescatado una vez de seguro que la ayudaba a escapar exitosamente en la próxima. Kenshin condujo su montura hasta situarla a la altura de la de sus amigos, y vio como traían a Storm encabritado con una cuerda... bueno por lo menos podría viajar en su caballo, y no atravesada en uno…esperaba.

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Holis!!!:

Lamento enormemente el retraso, pero es q mi musa, se fue de paseo y no quiso volver, además que la Universidad está insoportable, y el trabajo recargado.

Un beso enorme a todos los que me mandaron un review, gracias infinitas por seguir la historia, aunq dure tanto en actualizar.

A los que siguen The prophecies of Asgard, y Juego de traiciones, ya pronto tendré las actualizaciones listas...

UN BESO ENORME SA TODOS