RUROUNI KENSHIN NO NOS PERTENECE, SINO AL MARAVILLOSO NOBUHIRO WATSUKI.

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Kenshin y Kaoru van a casarse por fin y su amigo cabeza de gallo, con ayuda de cierta comadreja, organizó la tan ansiada despedida de solteros. ¿Qué podrá resultar de las maquinaciones siniestras de estos dos?

Warning: Este capítulo tiene contenido cítrico. Has sido advertido.

LA DESPEDIDA (DE SOLTEROS)

Por Gazziero Gumi

Capítulo 7: Nadeshiko Miko

I

No podía creérselo, era algo inimaginable que el día de su despedida de soltera hubiera acabado en el calabazo con sus amigas y que en la celda contigua estuviera su prometido y sus amigos. Malditos... Luego Kenshin venía a ella con su tono lastimero de: 'sólo mírame a mí'...¡Y se juntaba con los desvergonzados de sus amigos para hacer un striptease a unas desconocidas viciosas!. Bueno, ella había estado ahí babeando pero no era una viciosa... Aunque nunca pensó que Aoshi tuviese ese culo tan...¡Fuera esos pensamientos! Era el esposo de su amiga y estaba prometida, pero como se suele decir: que estuviera a régimen no significaba que no le gustasen los dulces.

En fin, Megumi estaba enfadada y ella también, de Tsubane era difícil hablar era muy dulce y callada pero tenía las orejas sospechosamente rojas y Misao...Bueno, Misao era Misao, parecía muy orgullosa de su potentorro marido.

—Ay, ¿habéis visto como se ha movido mi niño? Que cuerpazo tiene el jodio —dijo orgullosa de su esposo, sin importarle que en la celda contigua estuviese Aoshi más rojo que un tomate—. Un momento... ¡Aoshi! —gritó de pronto, haciendo que todos dieran un bote, ella señalaba al pelinegro con el dedo acusica—. No me puedo creer que nunca me hayas hecho un striptease moviéndote así y se lo hagas a estas babosas.

Megumi y Kaoru alzaron el puño.

—¿Cómo que babosas?

Aoshi se frotó cansadamente las sienes.

—Debería haberme quedado en casa...

Kenshin mantenía la mirada clavada en su novia. Todo esto era porque había perdido su dinero y habían acabado en una estúpida idea que no recordaba de quien había sido si quiera... Oh, había sido el descabezado de Okina.

Como si sus pensamientos lo hubieran invocado, Okina apareció delante de ellos con una sonrisa divertida.

—No me esperaba encontraros aquí, muchachos —soltó una risita—, vuestras mujeres os van a matar.

Okina miró a la celda de al lado y arrugó el entrecejo.

—Etto... ¿vosotras también aquí?

Sanosuke se levantó, como si le hubieran pinchado en el culo con una aguja y pasó las manos por las rejas para agarrar de las solapas a su amigo.

—Sácanos de aquí, hijo de tu santísima madre. Todo esto ha sido idea tuya, si es que siempre estás igual con tus planes y a mí me lías...Me lías...

Okina sacudió las manos.

—Voy a hablar con mi superior y os saco de aquí. Vaya suerte tenéis de tener un amigo policía eh.

Sanosuke miró como su amigo se largaba por el pasillo y una gotita de sudor cayó por su frente. Mira que tenía cara el tío. Se volvió dando una palmada para animar a los presentes.

—Venga, saldremos de aquí y la fiesta continuará. Vamos a ir a un club de chicas, he conseguido el dinero antes de que nos arrestaran.

—¡¿Qué?! —gritaron todos.

—¿Un club... de qué? —preguntó Misao con un tick en el ojo.

—¿No será de chicas alegres? —gritó Kaoru con voz chillona.

—¡De eso nada! Maldito pelo punky, macarra salido —Megumi estaba que ardía de ira.

Yahiko estaba más callado que un muerto. Tsubane no lo había mirado durante todo el rato y conociéndola eso era malo, muy malo. Pero bueno, él también tenía que estar enfadado. Habían ido a ver a chicos calientes y con poca ropa.

—Sanosuke creo que... —empezó Kenshin. El aura mortal que rodeaba a Kaoru le daba miedo. Mucho miedo.

—Yo me largo a casa —informó Aoshi pasando de todos.

—No seáis calzonazos. Ellas han ido a ver a tíos en pelotas y mira que estaban tontitas con nosotros, y añado, para ellas no éramos nosotros. Estaban tonteando con otros muchachos... ¡La sangre llegará al río!

—Sabía que eras tú, ese culo peludo es inconfundible —dijo Megumi cruzándose de brazos.

Oh, viéndolo así Sanosuke tenía razón por extraño que pareciese. La cara de pavas de todas, con unos tíos desconocidos, hacía que la sangre les hirviese. Aunque fueran ellos y sonase absurdo que estuviesen celosos de ellos mismos. Ellas habían babeado por otros, y luego Kaoru tenía la cara de prometer que sólo tenía ojos para él. ¡Ajá! La había pillado de pleno.

—Me parece buena idea. La fiesta de despedida aún no ha terminado, todavía queda mucha noche por delante.

Todos, incluido los propios chicos y sobre todo Sanosuke, se quedaron boquiabiertos al ver a Kenshin tan decidido.

Kaoru no replicó, estaba en silencio con los puños apretados.

Okina llegó con un hombre con bigote y calvo. El hombre abrió las celdas.

—Listo, ya podéis salir.

Sanosuke fue el primero en salir, estar en esos sitios no le gustaba nada. Le traiga muchos recuerdos de sus días de pandillero...Ósea, la semana pasada.

—Perdone caballero, ¿vais a hacer una redada en el club "Chicas Boing boing"? Verás, es la despedida de soltero de mi amigo y queremos divertirnos sin sorpresas.

El policía sonrió amigablemente.

—Podéis ir tranquilos.

—¡Estupendo! — puso las manos encima de los hombros de Kenshin y agarró a Aoshi del cuello de la chaqueta y tiró de ellos antes de que cambiaran de opinión.

Las chicas se quedaron atónicas mirando como sus caballeros de brillante armadura se convertían en un sapo verde y viscoso.

—Pe, pe…pero —tartamudeó Misao sin poder cerrar ni los ojos ni la boca—, ¿que se van?...

Kaoru, que hasta entonces estaba apretando los puños y los dientes, notando como en su interior se hervía una auténtica lava, explotó cuan volcán.

—¡Éstos se creen que somos tontas! —Agarró a Misao de la mano y corrió hasta la puerta.

Demasiado tarde, los malditos habían cogido un taxi que se perdía por la carretera. Subió corriendo a otro al igual que las demás, y señalando al frente, gritó como un soldado en plena batalla.

—¡Siga a ese taxi!

Después de un cuarto de hora... Se habían perdido, ¿por qué todos los taxis tenían que ser del mismo color?

—Bueno... ¿dónde vamos? —preguntó el taxista mirando por el retrovisor a las chicas, quienes tenían la cabeza hundida sobre sus hombros.

—¡No me lo puedo creer! Han arruinado nuestra caliente noche de chicas y ahora ellos se van a divertirse. ¡Os lo juro! esta noche Aoshi duerme con el perro, el sofá es un destino demasiado misericordioso para él.

—Kenshin...Kenshin... —Terribles planes de venganza estaban circulando por su mente—. ¡Cocinaré yo el mes entero! —Seeeh.

—¿Dónde habían dicho que iban? —preguntó Megumi pensativa. No recordaba el nombre de ese sitio, maldición.

—"Chicas Boing boing" —contestó Tsubane. Ese Yahiko...

—Oh, yo sé dónde es.

Todas miraron al taxista, que inmediatamente se puso rojo como la grana.

—No es que yo haya ido... Sólo que un amigo, del amigo del vecino, del tío del hermano de mi cuñado va mucho.

Las cuatros parpadearon.

—¡Como sea! LLévemos.

II

Las paredes del club estaban pintadas de color rojo. Cada mesa circular tenía una barra de hierro en medio y una bailarina con muy poca ropa danzaba eróticamente. Sanosuke miró ese lugar con una sonrisa eufórica. Eso era como estar en el cielo.

—Sanosuke... ¿Sueles venir mucho por aquí? —preguntó Kenshin sin saber bien dónde mirar. Mirase donde mirase sólo veía culos y tetas.

—Enn... Bueno, antes tenía la tarjeta de cliente VIP, pero desde que Megumi apareció he dejado de ser tan habitual.

Yahiko sacudió la cabeza de lado a lado con cara de asco. Había aparecido una imagen de la vieja bailando en pelotas delante de Sano.

—Vamos a sentarnos, espero emborracharme y desmayarme. Si eso pasa, quien no me lleve a casa lo mato —dijo Aoshi andando hacia una de las mesas libres.

Desde la otra parte del club, cuatro chicas estaban observando cómo se sentaban. La verdad es que el que más disfrutaba de eso era Sanosuke, y Megumi... Megumi tenía la cara más contraída por momentos. Eso no era bueno para sus arrugas.

—Míralos... —dijo Misao cruzada de brazos. Empezó a mover nerviosamente el pie—. Son unos cerdos.

—Bueno, tú nos llevaste a un club igual, pero de chicos.

Misao abrió la boca para responder a eso, pero la cerró igualmente.

—No es lo mismo...

Bueno sí, pero no.

—Hola guapa... —Una mujer de grandes pechos tapados solamente con pequeñas estrellas se inclinó a Tsubane—. Por cincuenta, te hago lo que quieras.

—¡Ahhh! —gritó espantada Misao—. ¡Están en un puticlub!

Los ojos de Kaoru llamearon. Lo sabía, aquel maldito ogro al que consideraba como su hermano había llevado a su prometido a un sitio de chicas bastante sueltas, y no era sólo de ropa de lo que estábamos hablando.

¿Pensaban contratar los servicios de una chica de éstas? A pesar de su enfado, sabía que no eran capaces. Los idiotas, después de todo, a excepción del pelo pincho, eran muy inocentes en ese tema.

—No voy a dejar que vean más cuerpos desnudos. Misao, ponte algo más fresco y tápate la cara. Vamos a hacer esto...

Iba a enseñar a su Kenshin a no mirar a nadie más. Ella era su mujer, daba igual una firma en un papelito.

Después de pedir una copa, Sanosuke estaba quejándose.

—Pero bueno... ¿Aquí no viene ninguna chica? ¡Este chico está de despedida! —gritó.

—¿He oído despedida?

Delante de ellos, subida a la mesa (no sabían cómo había llegado ahí) estaba una joven de largos cabellos, vestida sólo con un sujetador de monedas doradas y una falda larga de color azul con monedas rodeándole la cintura. Sólo podían ver sus ojos azules, pues llevaba un pañuelo de gasa que le tapaba el rostro.

Sanosuke sonrió y asintió. A pesar de que Kenshin intentaba mantener la mirada en otro lado, él lo cogió por los hombros estrechándolo en un abrazo.

—Éste de aquí.

—Bien —dijo la joven—. Para este joven afortunado tenemos un espectáculo privado, para que diga su último adiós a la soltería.

—Yo…yo no... —Kenshin empezó a negar con la cabeza.

—Va a ser que no —dijo Yahiko sin fiarse ni un pelo. Una cosa es ver a una chica realizando un striptease y otra muy distinta es que quisiera... Hacer cosas a solas.

—Oh, no os preocupéis —dijo la chica—. Sólo será la danza del vientre en privado. Nada más.

Dios, podían poner la calefacción en aquel sitio, estaba bastante fresco y ella sólo llevaba aquel ridículo traje que le tapaba más bien poco. Lo que fuese para que Aoshi no viese a ninguna chica desnuda, ni que se acercarán a él más de la cuenta. Apartó la mirada al ver que su marido tenía la vista clavada en ella. Esperaba no ser reconocida.

—Es un baile, Kenshin, venga, no seas solo. Esto será una anécdota el día de mañana —lo animó Sanosuke.

—No...

—Venga, no seas soso —Hizo un gesto a dos muchachas para que se acercasen a ella. Podía ver el sonrojo de Tsubane a través del pañuelo de gasa. Ellas dos empujaron a Kenshin y se lo llevaron a una sala aparte. Antes de que el pelirrojo pudiera quejarse, le cerraron la puerta en las narices.

Kenshin se quedó con la puerta en las narices, literalmente. Se la frotó y volteó cuando empezó a escuchar una sensual música. Al principio le había parecido una buena idea, pero ahora se maldecía a él y especialmente a Sanosuke por meterlo en esos líos. Kaoru lo iba a matar cuando se enterará.

La morena tenía el pelo largo y negro suelto, un sujetador de color rojo, al igual que la falda que tenía una raja a cada lado para dejar ver sus largas y torneadas piernas.

—Oye... Chica...¿por qué no nos sentamos y hablamos?. Mi amigo es muy pesado...

La chica le cogió la mano y él notó un escalofrío recorrerle el cuerpo. Miró sus ojos inmensos de color zafiro...

Ella tiró de él con fuerza y lo hizo sentarse en el amplio sofá color carmesí que había en la habitación. La habitación era redonda y tenía escasa iluminación para dar más intimad. Había velas por todos lados que perfumaban la habitación, pero aquel olor a jazmines le era inconfundible.

No sabía qué hacía ella aquí, aunque conociéndola como la conocía, sabía que no iba a dejar que viese a nadie desnudo. En cuestión de celos iban de la mano.

Kaoru empezó a mover las caderas sensualmente al ritmo de la música, levantó las manos desde su cintura hacia sus costados y por su pecho, tocándose a sí misma, sin apartar esos preciosos ojos de los suyos.

Desde luego, Kenshin era el hombre más sexy que había conocido. Sentado en ese sofá con las piernas abiertas y los brazos puestos en el respaldo, mientras la miraba con esos ojos color violeta que adquirían destellos dorados. Le elevó la temperatura del cuerpo y al ver el deseo en esos ojos, que le dedicaban complicidad, sonrió. La había descubierto, y sin embargo ahí estaba, callado, mirándola como si se la fuera a comer con la mirada.

Se sentía poderosa al tenerlo ahí ante ella, observando cada uno de sus movimientos y viendo como sus ojos se ponían cada vez más dorados. Ese era un Kenshin que pocas veces había visto, y en ese momento supo que ni noche de bodas ni nada. Hoy se entregaría a él, en cuerpo y alma.

Con una sonrisa provocadora, se fue acercando cada vez más a él y notó como la respiración de él se volvía más costosa. Desde esa postura, con el pantalón estirado al tener las piernas abiertas, podía ver el creciente bulto en sus pantalones. Se sentó de horcajadas sobre él, con una risita, y él puso sus poderosas manos en su cintura.

—Kaoru... —dijo con la voz ronca, erizándole cada vello de su cuerpo y endureciendo sus pezones.

—No vuelvas a venir a estos sitios —dijo ella, exigiendo, y unió sus labios a los de él, atrapando su labio inferior entre sus dientes con un mordisco amenazador—. ¿Me entiendes? —Apretó suavemente los dientes.

Kenshin dio un gruñido animal y haciendo fuerza con su brazo derecho, la echó a un lado tumbándola en el amplio sofá y sin quitarse de encima de ella. Apretó su cadera contra la pelvis de ella para que notara su miembro, duro y firme, pidiendo clemencia de una vez por todas.

—Mira cómo me tienes, nena... —su voz sólo era un susurro ronco y endemoniadamente cachondo.

Kaoru se mordió los labios sin dejar de mirarlo. Su respiración se volvía cada vez más entrecortada. A pesar de que apenas habían tenido rozamientos, ni siquiera un beso apasionado, ese era el momento más caliente de su vida. Con todo el descaro que pudo reunir, movió sus caderas, rozando su sexo contra el de él a través de la ropa.

Y ahí él perdió el control. La besó, y no fue dulce ni delicado, sino demandante y apasionado, devoró sus labios, primero el de arriba luego el de abajo y finalmente, hizo presión en ellos para que abriera la boca e introducir su lengua.

Ambas lenguas hicieron contacto y comenzaron una danza de deseo. Kenshin, sólo con la yema de los dedos, comenzó a subir por su vientre plano, en un leve roce como pluma produciéndole escalofríos hasta abarcar en una mano su pecho y apretarlo.

Kaoru gimió entre sus labios, y él los abandonó dejándolos mojados e hinchados, descendió hasta su cuello, chupó y lamió aquella zona, calentándola aún más. Como si no fuese poco aquello, para acabar con la locura de ella, la volvió a girar, para acabar de cara al sofá.

Ella giró la cabeza para mirarlo, pero él no se lo permitió. Agarró su pelo con suavidad, sin hacerle daño, pero firmemente, para que mantuviese la cara en el sofá. Apartó con la otra mano el pelo de su espalda y cuello, haciéndolo a un lado. Lamió la nuca, y notó como su cuerpo se estremecía de placer. No se dio cuenta que desabrochó su sujetador con manos rápidas y maestras, y poco a poco fue bajando por su columna y con la lengua lamía toda esa zona, dejándola húmeda, hasta llegar a su trasero.

— Kenshin... —gimió.

Él alargó la mano y tocó su pantorrilla desnuda debido a que la falda se había abierto. Subió su mano por ella hasta llegar al interior de sus muslos y ahí podía sentir su humedad. Kaoru se tensó, no por miedo, simplemente porque cada sensación la estaba matando de placer. Él estiró sus dedos, tocando suavemente sus labios inferiores desde atrás, con la mano libre estaba apoyado en el sofá para no echar su pecho sobre ella, y con la que tenía en su centro. Oh, estaba haciendo maravillas.

Movió sus dedos hacia su clítoris y los meneó en círculos lentos, torturándola. Luego fue aumentando el ritmo hasta que ella se retorció abajo de él, sus dedos se movieron hacia abajo, introduciéndose poco a poco en su cavidad y la palma de su mano se restregaba contra su clítoris cada vez que él sacaba y metía los dedos, cada vez más rápido, cada vez más enloquecedor.

El placer fue demasiado y se estremeció en mil sacudidas. Gimió y lloriqueó contra el sofá. Kenshin sonrió, y la volvió a girar entre sus brazos. Sin darle descanso, hundió su rostro entre sus piernas y lamió su mojado y excitado centro. Pasó la lengua con lentitud por él, saboreándolo, y luego la puso recta, moviéndola en círculos contra su clítoris. Kaoru gemía sin cesar, apretando la cabeza de su pelirrojo contra ella.

Kenshin introdujo la lengua dentro de ella, penetrándola sin cesar y volviendo hacia su clítoris. Ese baile lo repitió varias veces hasta que la llevó a otro profundo orgasmo.

Jadeante, clavó los ojos en los de su prometido, que tenía una media sonrisa en su rostro, satisfecho por haberla complicado. Él llevó sus manos hacia su pantalón y desabrochó la cremallera, se separó de ella lo suficiente para deshacerse de los pantalones y tirarlos a un lado, hizo lo mismo con los boxer y la camisa.

Kenshin era delgado, pero cada músculo de su cuerpo estaba marcado por el ejercicio. Sus enormes pectorales y sus formados abdominales, sin olvidar aquellos oblicuos que la volvían loca. Y ahora, tenía delante de ella su miembro.

Era grande y estaba completamente firme.

Cuando alargó la mano para cogerlo, él se la retiró.

—Hoy juego yo, mi señora.

Y frotó la punta de su miembro contra ella. Su vientre se contraía de placer por las sensaciones, aun no se había recuperado de dos orgasmos, cuando él seguía jugando con ella. Y sin esperarlo, lo introdujo en ella y se quedó quieto.

Ella se tensó y clavó las uñas en su espalda. Era un dolor intenso, demasiado. Su prometido empezó a repartir besos por su rostro y devoró su boca en un apasionado beso mientras, poco a poco, comenzaba a moverse en su interior.

Sus caderas se movían con sensualidad, haciendo que notase cada centímetro y cada vena de su miembro en su estrecha cavidad.

Estaban sudando y los dos gemían sin cesar, cada vez los gemidos eran más fuertes, al igual que las embestidas. El dolor había desaparecido y dio paso a un placer que se incrementaba a cada acometida. Eran fuertes y secas, y sus testículos chocaban contra su trasero haciendo un ruido seco.

—¿Te gusta? —preguntó él en su oído, mordiendo suavemente el lóbulo.

—Me encanta.

Eso lo encendió aún más y las acometidas fueron más rápidas. Una y otra vez, cada vez más profundo, hasta que Kaoru se tensó y clavó las uñas en sus hombros, arqueándose de placer.

—Córrete, nena.

No paró de moverse en su interior, haciendo su orgasmo más intenso. Con un par de embestidas más, él mordió su labio y cerró los ojos lanzando un gemido ahogado y se derramó en su interior.

Se dejó caer en ella, con cuidado de no echar todo su peso y aplastarla, y apoyó la cabeza en el pecho de ella recuperando poco a poco la respiración por aquel encuentro.

—Ha sido...ha sido...

No tenía palabras para explicarlo, pero jamás se imaginó que iba a ser así. Sin embargo, no había habido primera vez más especial que esa. En lugar de una cama con sábanas color carmesí, tenía un sofá, y las velas no faltaban.

—Te amo —dijo él besando sus hinchados labios y ella correspondió gustosa.

Se quedaron así un rato, él ni siquiera había salido de su interior, pero ambos estaban disfrutando de ese momento en el que se sentían más unidos que nunca. Completamente relajados. Pudiese ser que ya tuviesen unidos sus almas y sus corazones, pero unir el cuerpo con la persona que amas... Oh, era una experiencia única y maravillosa. Estaban sumergidos en esa pompa de felicidad cuando la puerta se abrió de golpe.

—Kaoru estamos en problema — Misao lanzó un gritó espantoso —. ¡Me he quedado ciega! —exclamó tapándose los ojos.

Kenshin se levantó de golpe y corrió a buscar la ropa. Kaoru se incorporó tapándose como pudo con la falda y cogiendo la camiseta de él para taparse los pechos.

El pelirrojo tropezó con su mismo pie y cayó al suelo golpeándose con la mesa central que estaban todas las velas. Quedó K.O en el suelo.

—¡Kenshin!.

Kaoru lanzó la camisa de él, que bajó planeando por el aire hasta caer en sus partes.

CONTINUARÁ…

Que les pareció? Bueno verdad?! Estaremos esperando por su opinión!

Publicación: 07/02/2014