Este es mi humilde y pésimo tributo a Alan Rickman, nuestro amado Snape.
The Resurecction Stone
Harry había pasado una mala noche, así que, haciendo gala del comportamiento por el que todos le comparaban con su padre, faltó a clase esa mañana. Pensó que volver a Hogwarts lo distraería, que sería una buena idea pero ahora su estado de ánimo podría atribuirse a como se sentiría uno si un millón de dementores se posaran sobre su cabeza.
Había visto como Ron volvía después de dejar a su amiga, y se le veía extrañamente feliz, no entendía nada. Y Ginny, su novia... bueno, ya no era su novia en realidad, estaba riendo a carcajadas por alguna estupidez dicha por Dean o Cormac, como si le diera igual tener que vivir con los peores Slytherin de todos y haber terminado su noviazgo hace una semana. Eso si que era menos comprensible aún.
Pero en realidad, lo que no lo dejó dormir fue la imagen de Snape, que no paraba de reproducirse en su mente. Jamás había podido despedirse de él, o explicarle que entendía porque había sido como era con él, que lo consideraba una de las personas más valientes de todas, porque estaba muerto por su culpa, por querer protegerlo... había dado su vida por él, bueno, por su madre en realidad y eso le partía el corazón. Los recuerdos vistos en el pensadero rondaban su memoria, y Harry tenía la certeza que jamás los olvidaría.
Una idea fugaz pasó por su cabeza y supo que era el momento. Se vistió a toda prisa y fue corriendo hacia el Bosque Prohibido.
Tan solo unos meses atrás, le había dicho al retrato de Dumbledore que nunca volvería a buscarla aunque sabía bien dónde estaba, pero ahora, necesitaba hacerlo.
Caminó por las profundidades del bosque durante casi media hora hasta que vio algo brillante enterrado en el barro, lo tomó y suspiró. La tenía. Había encontrado la piedra de la resurrección, solo tendría que darle tres vueltas en su mano y podría llevar a cabo su idea. Salió hacía el límite del bosque, junto a la cabaña de Hagrid y se sentó en el suelo. Se dispuso a dar las tres vueltas a la piedra cuando una voz lo interrumpió.
-Potter el héroe saltándose las clases... quién lo diría.
-Greengrass, creo que tú estás haciendo lo mismo. ¿Qué pasa con tu reputación de Slytherin?- trató de decir maliciosamente, pero se sentía cansado y abatido.
-No soy una heroína como tu amiguita Granger. Te vi por la ventana, me aburría y pensé que deberíamos aprovechar para decidir que actividad tenemos que hacer con los zopencos de nuestros grupos.- rió Astoria falsamente, no quería decirle que estaba allí porque llevaba rato observándolo.- ¿Qué llevas en la mano?
-¿En la mano? Oh nada, nada. Deberías entrar, podrían relacionarte conmigo y dudo que eso te gustara.- comentó mirando el suelo.
-Es demasiado tarde para eso, Potter, vivo contigo, y no hay nada peor que eso, según tu. Veo que no tienes ganas de organizar nada.- le dijo mordazmente mientras se ponía de pie. ¿porqué ese comentario le había molestado tanto?- Te veo en casa, Potter.- se despidió con un deje de burla.
Harry la vio marcharse y suspiró. Le extrañaba el comportamiento civilizado de la joven, pues nunca habían tenido ningún tipo de relación, ni siquiera de odio, quizá no todas las serpientes eran tan malas ¿no?
Solo tenía unos minutos, así que giró la piedra con los ojos cerrados mientras pensaba en Snape y los abrió al escuchar un zumbido.
-¿Sentimental, Potter?- La inconfundible voz de Severus Snape invadió sus oídos. Le miraba con su habitual cara de asco, aunque pudo ver el fantasma de una sonrisa en sus labios.
-Profesor... señor, yo bueno es que...
-Por Merlín, Potter. ¿Matas al Señor Tenebroso y te asusta hablar con un espíritu?- se burló su antiguo profesor de pociones.
-No cambiarás nunca, Severus.- le dijo, pero no había ni un rastro de enfado en su voz, se sentía extrañamente alegre.
-No pienses que por haber arriesgado mi vida para salvar tu estúpido pellejo, tienes derecho a tutearme, cuatro ojos.- sus palabras eran ácidas, pero por primera vez en su vida, Harry vio a Snape riéndo.- Vamos, dime porqué me has invocado, tengo que aprovechar el tiempo para maltratar al idiota de tu padrino.
El joven rió, ni Snape ni Sirius cambiarían nunca, aunque se encontraran en el mas allá.
-Solo sentí que debía despedirme adecuadamente de usted. Después de ver todo aquello en el pensadero... yo... bueno, usted amó a mi madre, se que aún lo hace, y que si trató de salvarme fue por ella, pero no por eso estaré menos agradecido con usted. ¿Sabe? Dumbledore tenía razón, a veces el sombrero seleccionador se equivoca. Usted tiene más alma de Gryffindor que la mayoría de nosotros... y estoy en deuda completa con usted el resto de mi vida, aunque ya no pueda devolverle el favor de ninguna forma.
-Potter, eres peor que tu padre, un idiota sentimentalista con complejo de héroe, redimiendo a todo el que pueda. No soy bueno, Potter, no trates de dar una imagen de mi que no existe.
-Es peor de lo que pensaba, Snape. ¿Qué clase de persona hace todo lo que usted y lo mantiene en silencio, dejando que la gente piense a su muerte que era un bastardo traidor?
-Escúchame, idiota insensato. No necesito que nadie sienta lástima de mi o me convierta en un héroe, eso es lo que me diferencia de ti y tus malditos amigos heroicos. No quiero se me recuerde como a un héroe, porque no lo soy y punto. Tampoco quiero que el dichoso niño que vivió trate de justificar lo que he hecho.- le dijo sardónicamente.
-Como tu digas, Sev.- lo miró, casi riendo, al ver como sus ojos se convertían en unas pequeñas rendijas que antes lo hubieran intimidado, pero que ahora veía que en verdad, eran incluso graciosas.- Oh venga, no pongas esa cara, solo he venido a pedirte perdón y ver si necesitas que haga algo... por ti.- no comprendía como había adquirido tanta confianza como para hablarle así, pero estaba seguro que pocas personas lo conocían tanto como él después de haber visto sus recuerdos en el pensadero.
El rostro cetrino y fantasmal de su profesor suavizó su semblante, pero se mantuvo callado unos segundos.
-No me malinterpretes, te sigo odiando incluso desde la tumba, porque eres un niñato engreído y te pareces demasiado a tu padre. Si quieres hacerme un favor... tan solo no digas nada de lo que sabes, guarda el secreto... por mí.- El niño que vivió suspiró, no tenía remedio. Se puso en pie para marcharse, pero se detuvo.- Espera. Hubo un tiempo en el que yo también creí que no importaba en que casa estuvieras.
-¿Y eso que tiene que ver conmigo?- le interrumpió dubitativo.
-Déjame terminar. Perdí a tu madre por unos estúpidos prejuicios, no dejes que estos mismos se interpongan en tu vida. Se feliz, por mí.- El cuatro ojos estuvo por contestar, pero Snape le hizo un gesto con la mano.- Se que ahora no lo entiendes, pero tendrá sentido a su debido tiempo. No lo olvides, se feliz, aunque tengas que dejar atrás muchas, cosas, se feliz ante todo, Harry.
Y con esas últimas palabras, se desvaneció, dejando a un perplejo, pero feliz Harry mirando a la nada junto al Bosque prohibido. Lo había llamado por su nombre por primera vez en siete años, y aunque no había cambiado su actitud, Severus le hablo con un extraño deje incluso paternal.
