Hola a todos!
FELIZ AÑO NUEVO! espero que la hayan pasado genial :D
bueno, se que dije que actualizaria ayer por la mañana, pero me obligaron a ir a comprarme un vestido y luego ya no me dio tiempo -.-
en fin, lo importante es que actualize hoy :D
espero que les guste este capitulo, se que no es muy largo, pero es necesario ^^
QUIERO AGRADECER A LOS COMENTARIOS QUE ME HAN ENVIADO! ^^ de verdad los felicito, se superaron a si mismos este ultimo capitulo y lo agradesco :D
si superamos los 50 comentarios en este capitulo, prometo un capitulo 8 LARGOOOO :D
bueno, ahora respuesta a los comentarios anonimos:
dospiesizquierdos: Hola! espero que hayas pasado un excelente año nuevo :D gracias por desearme suerte en los examenes T.T la necesito jaja me alegra que te vaya gustando el fic ^^ espero cumplir con tus espectativas =) muchas gracias por leerme y sobre todo por comentar ^^
Yessica: ey... andabas perdida! bienvenida de nuevo :D espero que estes bien y que hayas pasado un excelente año nuevo. me alegra muxo q la historia te este gustando :D Scor es igualito a Draco... pero es un Draco mejorado jajaja ^^ Albus es genial... yo lo adoro *.* jaja graxias por leerme y comentar :D
Capitulo 7: La Familia
Había pasado todo el día y no había vuelto a ver a Scorpius desde la fatídica clase de Transformaciones. Aun así mi primer día en Hogwarts no estuvo del todo mal. Discutí con James por causa de Scorpius y Neville intento regañarme cuando lo visite en su oficina, pero no me afecto. Solo los tranquilice diciendo que no pasaba nada, y que realmente ellos saben que no soy muy sociable, así que no deberían extrañarse de mi actitud autista.
No vi a Scorpius en el gran comedor, ni para el almuerzo ni en la cena, por lo que estaba seguro que no había comido nada en todo el día. Intente buscarlo con la mirada pero al parecer estaba inubicable. Cuando subí a la sala común para dirigirme a mi habitación y dormir un rato me percate que tampoco estaba allí. Fruncí el entrecejo y me dirigí a la habitación con la esperanza de encontrarlo ahí, pero como sospechaba, tampoco estaba.
¿Acaso había cumplido su promesa de irse?
Eso me hizo sentir culpable. No debería habérselo recordado esta mañana en Transformaciones. Pero, no podría haberse ido, porque su baúl y todas sus cosas aun estaban en mi habitación. Suspire y me di cuenta que no podía irme a dormir sin saber donde y como estaba el orgulloso rubio.
Salí con paso rápido por el agujero del retrato y me dirigí hacia el lago. Sabía que era tarde y que no estaba permitido merodear a estas horas por los pasillos, pero era por una buena causa.
Camine lentamente por los pasillos hasta llegar a los terrenos del castillo. Busque en el lago y en todas las partes que se me ocurrieron, pero no lo encontré. Estaba comenzando a preocuparme, cuando divise dos siluetas a lo lejos, casi en el borde del bosque prohibido. Algo parecido a un caballo y el otro era una persona bajita.
Fui con paso lento hacia allá. Cuando me acerque más divise una de las imágenes más hermosas que he presenciado en mi vida. Scorpius Malfoy estaba sentado sobre una enorme roca y en frente suyo, un pequeño, hermoso y dorado unicornio inclinaba su cabeza para ser acariciado por el chico.
Había algo épico en la imagen. La luz dorada que emanaba de la pureza del potrillo parecía destacar el brillo del hermoso cabello de Scorpius. El chico parecía sereno y perdido en sus pensamientos, mientras acariciaba con lentitud, una y otra vez, a la hermosa criatura.
Yo nunca había visto un unicornio. Sabia que cuando eran pequeños eran de color dorado, pero jamás me imagine que pudieran brillar tanto. Sin embargo, había algo que no me calzaba en todo esto. Se supone que estas criaturas prefieren siempre la compañía del sexo femenino, tanto así, que cuando son potrillos un hombre no se les puede acercar porque seria peligroso.
Sin embargo ahí estaba, Scorpius Malfoy había conseguido que un unicornio se acercara a el y se dejara acariciar.
Pero hay una excepción, Albus – dijo en mi mente la voz de tía Hermione – Los unicornios pueden percibir aquellos que poseen un corazón puro. Cuando es así, poco les importa si eres un hombre o una mujer.
Sonreí.
Me acerque lentamente, tratando de no hacer ruido. Cuando estuve solo a tres metros de el me senté en el suelo y seguí observando. Malfoy se percato de mi presencia y me miro directamente a los ojos. Se veía distinto. Su mirada no era hostil, sino neutra. Veía como su respiración elevaba y descendía su pecho. Luego de mirarme por unos segundos, miro al suelo y volvió a mirar a la criatura, sin dejar de acariciarla.
Nos quedamos así por varios minutos, en silencio. Hasta que el unicornio levanto su cabeza y se fijo en mi. Me miro largamente y luego comenzó a mover sus patas hacia mi dirección. Cuando llego inclino el lomo de manera solemne, pidiendo ser acariciado. Malfoy observaba desde su roca la imagen. Yo acaricie el suave lomo del unicornio y sonreí. Al parecer yo tampoco era tan malo.
- ¿Por qué estas aquí?
Fue casi un susurro que se confundió con el viento.
- Te buscaba.
Le sostuve la mirada.
- ¿Por qué me buscas?
- No te vi en todo el día, después de la clase de transformaciones. Pensé que te había pasado algo.
El rubio frunció el entrecejo y negó con la cabeza.
- No necesitas hacer esto. ¿Qué quieres? ¿Vengarte? ¿Acaso mi padre o mi abuelo te hicieron algo? ¿O solo quieres vengar a tu familia como tantos otros?
- N… No – respondí despacio, algo confundido – yo no quiero hacerte daño.
Malfoy sonrió con tristeza.
- ¿Por qué debería creerte? – pregunto.
- No tengo respuesta a ello. No hay ninguna razón que pueda argumentar para que tú creas en mis palabras.
- No eres muy convincente que digamos.
- Tu tampoco me ayudas a serlo – dije encogiéndome de hombros.
El desvió la mirada, dirigiéndola hacia el oscuro cielo bañado de estrellas. Se quedo así unos minutos y luego dijo:
- Tenías razón, con respecto a irme. La solución no es irme y escapar como un cobarde – negó lentamente con la cabeza, con los ojos cerrados – yo no soy así. Mi familia no es así.
Sonreí. Me sentía muy en paz en ese momento. Tenía frente a mí a un chico de once años, capaz de luchar por su familia y no morir en el intento. Algo en mi me decía que Scorpius Malfoy era especial, diferente.
- Desde luego – dije apoyando sus palabras.
El volvió a mirarme. Se mordió el labio brevemente y luego pidió:
- ¿Me dejas darte un consejo, Potter?
Aquello me sorprendió. Lo mire y parpadee varias veces para luego asentir lentamente con mi cabeza.
- No te acerques a mí – dijo en voz baja.
Había algo en su mirada. Algo más que tristeza y desesperanza. Algo que dolió en lo profundo de mi alma…
- ¿Por qué? – rebatí.
- ¿Por qué? Podrías tener a medio Hogwarts a tus pies si te comportaras como todos esperan que lo hagas. Solo tienes que ser una milésima parte de lo que fue tu padre y un cincuenta porciento de lo que es tu hermano y todos te adorarían – respondió en un susurro pausado – Si yo fuera tu, aprovecharía ello en vez de buscar el camino difícil e intentar entablar conversaciones sin sentido con el "hijo del mortifago traidor" y toda esa mierda que dicen de mi.
Me quede en silencio. Es cierto, todo seria tan fácil si aprovechara mi posición.
- Vete, Potter – pidió – no tienes nada que hacer aquí. Si hay algo en ti que te dice que es injusta mi situación, entonces trágatelo y continúa tu camino glorioso. Así es la vida. Mi familia cometió un error y ahora la gente juzga. No importa si se arrepintieron, o si han pasado el resto de sus años tratando de enmendar lo que hicieron, nunca será suficiente. Porque es mas fácil juzgar y odiar, que perdonar – argumentó con una pisca de resentimiento en su pausaba voz - Bienvenido a la realidad – agregó sonriendo mientras volvía su mirada a las estrellas.
Lo mire por unos segundos mas y luego me puse de pie y camine hacia el. Solo se percato de mi movimiento cuando me senté a su lado. Volteó su cabeza tan rápido hacia mí que de seguro le dolería el cuello mañana.
- Mi madre me odia - solté de pronto
El me miro sorprendido.
- ¿Qué?
Sonreí.
- Mi madre me odia – repetí – y de seguro a mis hermanos no les caigo bien. Amm… tampoco a mis primos – agregue con una sonrisa triste.
El entrecerró sus ojos y me dijo:
- Mientes
- No, no miento.
- Bueno ¿Y porque me lo cuentas?
- ¿Tu madre te odia? – pregunté
- ¡Claro que no! – exclamo en voz alta.
- Vez… - dije mirándolo a los ojos – eres afortunado.
Parpadeo, pero no aparto la mirada de mis ojos. Intente decirle a través de mi mirada tantas cosas que jamás podría expresar con palabras. Mis miedos, mis anhelos y sobre todo, el dolor que me causaba el rechazo de mi familia.
- No somos la familia perfecta que todos creen que somos – susurre – y tu familia desde luego, tampoco lo es. Pero te aman y vale la pena luchar por ello. Si sientes que es injusto que te odien o que hablen mal de los que amas, entonces… te cambio. La fama y la adoración que me dan todos solo por ser hijo de Harry y Ginny Potter, por el amor que te tiene tu madre. Si me dices que prefieres mi lugar, entonces eres un idiota y me pondré de pie, me iré y no volveré a molestarte. Pero si piensas ahora que eres afortunado y me dices que lucharas a pesar de todo lo mal que lo pasaras en este castillo de mierda, entonces quizás te siga molestando el resto de nuestros siete años en Hogwarts.
El miro hacia el suelo, meditando mis palabras. Nos quedamos en silencio muchos minutos disfrutando la frescura nocturna de los terrenos del colegio. A lo lejos, un enorme y plateado unicornio apareció en los deslindes del bosque prohibido. El potrillo que había estado acompañándonos la miro y corrió hacia su madre. Al llegar acaricio su hermosa y pequeña cabeza en el cuello plateado de la otra criatura. Malfoy miraba la escena con ojos entornados y con rostro pacifico. Luego ambos unicornios nos miraron por última vez y se voltearon para internarse en lo profundo del bosque.
Malfoy suspiro a mi lado y luego se volteo hacia mí diciendo:
- Tú y yo no seremos amigos, Potter – su voz era seria pero pacifica – pero me quedare aquí, en Hogwarts. Aun tengo mucho que hacer.
Y no espero respuesta. Se puso de pie y comenzó a caminar hacia el castillo. Cuando estaba a cinco metros de mí se volteo y volvió a hablar:
- Ah, Potter – se detuvo un momento – no quiero tu lugar, prefiero el mío.
Le sonreí. El negó con la cabeza y se volteo alejándose de mi con paso firme. Yo me quede unos minutos más en la roca, pensando.
- Pero aun tengo a mi papá – le conté a la oscura noche – siempre tendré a mi papá.
wiiiiii yo sabia que me kerias comentar! gracias por darle click a Review this Chapter ^^
