¡Hola todos y a todas!

Tal y como escribí en el post anterior, yo pertenezco al segundo grupo: ¨Mascotas comunes pero no tanto".

¡Yo tengo hamsters!

¡Los roedores más adorables sobre la faz de la tierra!

Por el título del post, ya es bastante obvia mi opinión acerca de las pequeñas bolitas de pelo que tengo desde hace años.

En la actualidad tengo un total de siete; sin embargo, empecé solo con uno.

Mi historia con los mini ángeles peludos empezó cuando tenía doce años; yo moría por una mascota, así que, el día de mi cumpleaños, mis padres me regalaron un hámster.

No mentiré, esperaba un perro, o un gato, -lo usual- pero, cuando observé los ojitos del animalito, me enamoré.

Recuerdo que esperé ansioso a que todos mis amigos se fueran a sus casas para poder jugar con mi nueva mascota, así como recuerdo el dolor y el susto que me llevé cuando me mordió el dedo índice.

Di un salto y caí sentado, solo para echar a correr en busca de mi madre y ponerme a llorar tan pronto la encontré, luego de haberme enroscado en una de sus piernas.

"¡Me mordió! ¡Y dolió mucho!" Chillé, una y otra vez, hasta que ella consiguió calmarme.

"No te lavaste las manos antes de ir a verlo, ¿no es así?" Me preguntó.

No lo había hecho, así que negué con la cabeza.

Ella suspiró.

"La próxima vez asegúrate de tener las manos limpias antes de jugar con tu hámster, tus manos huelen a comida, por eso te mordió".

Comprendí que había sido mi culpa, e inflé las mejillas.

"¿Puedes decirme todo lo que necesito saber para cuidarlo bien?"

"Yo no sé demasiado, tu padre fue quien lo compró, pero haremos algo." Me sonrió. "Mañana, tú y yo iremos a la tienda, y preguntarás hasta saciar tu curiosidad."

"¡Gracias!"

Mi madre me sonrió.

"Umh... ¿Me acompañas a mi habitación...?"

Ella se rió, y me tomó de la mano.

A la mañana siguiente mi madre cumplió su promesa y me llevó a la misma tienda donde mi padre había comprado el hámster.

Una señorita resultó ser la dependienta, nos recibió con una sonrisa amable y fue muy paciente, porque tan pronto como alcé la jaula que contenía a mi pequeño hámster, abrí la boca, y la acribillé a preguntas hasta quedarme sin aire.

Una vez hube guardado silencio, ella sonrió de nueva cuenta, miró un momento al techo y suspiró, antes de volver a mirarme.

"Veamos a este amiguito un momento, y después contestaré a todas tus interrogantes, ¿te parece?"

Asentí.

Y la señorita respondió, primero, a la única pregunta que no había formulado.

"Es una hembra."


Phichit dejó de escribir después de cerrar las comillas que encerraban las exactas palabras que recordaba había dicho la encargada de la tienda de mascotas.

Probablemente, las pocas personas que lo leían, se aburrirían de la anécdota, pero, si era o no de ese modo, quería leer los comentarios al respecto.

Sonrió, y asintió para sí mismo.

— Creo que serán tres partes. — Comentó a uno de sus hamsters actuales, que movió la nariz como toda respuesta.

Phichit rió suavemente.

— Tienes razón, haré que sean tres partes.

El hámster parpadeó, y se paró en sus patitas traseras.

— También te quiero. — Le acarició la cabeza el tailandés.