Lucy.
Miro por la ventana del frente de la panadería, las calles una vez llenas de niños ahora están vacías cuando giro la placa de cerrado, de la puerta. La decepción y la agitación me circulan a través de mí; no vi a Natsu durante todo el día.
Me puse triste cuando desperté esta mañana y no lo vi en la cama conmigo. Pensé que tal vez haya bebido mucho anoche y solo fue uno de esos sueños detallados acerca de él.
Era eso hasta que me miré al espejo cuando me estaba preparando para el trabajo y vi el chupón evidente. Con mi piel clara sabía que ninguna cantidad de maquillaje iría cubrir la marca. Por alguna razón, la idea de cubrirla no me animó. Me quedé tocando la marca todo el día. Cada vez que lo hacía, un rayo de deseo tomaba mi cuerpo.
Ahora estoy molesta. Él está de pie fuera de mi panadería todos los días durante tres semanas y, ¿un día después de comerme el coño, desaparece?
Lo que es peor es que a mi cuerpo no le importa eso. Si él entrara por la puerta ahora, probablemente voy a treparme sobre él como si fuera un árbol y pedirle que lo haga de nuevo sin importarme que hubiera huido en medio de la noche y me haya evitado todo el día.
No tenía idea que pudiera ser así. Me hizo sentir como si yo fuera la mejor cosa que él hubiera tocado. Que estaba hambriento de mí. Que nunca se cansaría, pero, es evidente que ya se cansó.
Suspirando, caminó hacia atrás del mostrador y comenzó a cerrar los exhibidores mientras Juvia lidiaba con la cocina, intentando adelantarse luego de que llegó atrasada esta mañana.
Pocos minutos después, ella vino de la cocina con una cesta llena de galletas de Halloween en la mano.
—No creo que haya más niños.— digo, apuntando a la ventana del frente. La calle está vacía.
Los niños disfrazados estuvieron ahí más temprano. Escuché decir que los niños iban a la ciudad vecina a pedir dulces o travesuras este año por causa de la luna llena, lo que no tenía sentido para mí, pero eso parecía suceder a menudo por aquí. No creí que hubiera tenido que lidiar con la barrera del lenguaje viniendo de California a Colorado, pero parece que sí.
Ella mueve la cabeza concordando conmigo.
—Los pequeños probablemente no van a pedir dulce o travesura por la manera como está este tiempo.
Las nubes estuvieron oscuras todo el día y finalmente parece que están listas para soltarse.
—Probablemente. Por lo menos ellos pudieron hacerlo en los negocios.
Fue lindo ver a todos los niños disfrazados y andando de arriba abajo con sus padres. Incluso algunos padres también se disfrazaron. Es tiempo de tener mi propia familia. Natsu destella en mi mente haciendo calentar mi cuerpo.
—¿Dónde vas con la cesta entonces?— le pregunto, intentando mantener mi mente lejos de él. Me saco el delantal, doblándolo y colocándolo bajo el mostrador.
—Es una entrega a domicilio.— dice ella, simplemente, como si fuese rutina.
—Nosotros no hacemos entregas a domicilio.
—Bueno, la antigua panadería lo hacía, entonces solo pensé…— ella se muerde el labio como si yo me fuera a molestar, pero una entrega a domicilio significaba que alguien del pueblo estaba comprándonos al fin, y voy a aceptar a todos los clientes locales que encuentre.
—Está bien. ¿Tienes la dirección?
Alcanzando su bolso, ella saca un pedazo de papel y me lo da.
—Realmente lo siento mucho por esto.— veo la preocupación en sus ojos sobre algo que realmente no es la gran cosa.
—Todo está bien. No es como si yo tuviera alguna cosa mejor que hacer esta noche. Hablando de eso, ¿No deberías estar fuera de la ciudad? Pensé que ese era el plan.
—Sí, es cierto. Hay un lugar donde tengo que estar— ella me pasa la cesta, dándome un abrazo apretado. —Él nunca te lastimaría, nunca a ti.— me susurra al oído. No necesita decirme el nombre para saber de quién está hablando.
Se aparta, saliendo por la puerta del frente. Sigo detrás de ella, trancándola. Comienza a llover cuando Juvia llega al otro lado de la calle.
Tomo la cesta del mostrador y lo coloco en la cocina, subo las escaleras para tomar mi bolso y las llaves del auto. También tomo mi capa con capucha roja para protegerme de la lluvia. Puedo usarla para proteger la cesta también. Deslizándola sobre mis hombros, la amarro alrededor del cuello antes de tirar de la capucha.
Camino de vuelta abajo y agarro la cesta. Tranco la puerta antes de correr al auto. Digito la dirección en el GPS y veo que la casa no está lejos, pero parece que está fuera del camino asfaltado. Es en el bosque, entonces tal vez sea apenas una casa con un montón de campo abierto. Tal vez estén dando una fiesta de Halloween o algo así.
Tomo la carretera completamente vacía y la lluvia comienza a caer mientras dirijo, tornándose cada vez más difícil ver el camino. Eso hace que el trayecto se demore más. La lluvia disminuye cuando llego al final del asfalto. Tengo certeza que va comenzar a llover de nuevo en cualquier momento, entonces tal vez pueda hacer la entrega antes que comience otra vez.
Doy la vuelta, pasando de la superficie pavimentada suave a un áspero camino de pedregullo. Antes que pueda reaccionar, mis neumáticos resbalan. Mi rueda trasera queda atrapada en la cuneta estirándome hacia afuera. Aprieto el volante, intento apretar el acelerador pero los neumáticos son pequeños y simplemente derrapan en el lugar.
—Bien, mierda.
Puedo ver la casa con mis faroles y parece ser cerca de una milla de distancia al final del camino, frente a un grupo de árboles. Mirando alrededor, veo que todo está cercado de árboles; estoy completamente en la floresta.
Tomo mi bolso y maldigo cuando veo que no tengo señal de área en mi teléfono. No tengo mucha elección, así que, a la casa. Aunque esté cerca, es atemorizante estar cercada por una floresta oscura. El sol se puso totalmente, entonces necesito comenzar a moverme. Tal vez una vez que entregue las galletas, puedan llevarme de vuelta a la ciudad o tal vez tengan una camioneta para sacar mi auto del barro. Realmente no haría falta mucho, solo un buen tirón.
Agarrando la cesta, salgo de mi auto, colocándome la capucha sobre la cabeza. Estoy a mitad de camino cuando comienzo a escuchar el crepitar de las hojas. Alguien está andando por el bosque, aplastándolas bajo sus pies. Paro e intento ver que es lo que está haciendo el barullo, pero como el sol desapareció y las nubes son oscuras, no veo mucho.
Escucho un gruñido a mi derecha, seguido de otra rama rompiéndose, haciendo mi corazón saltar en el pecho. Cuando escucho un aullido a mi izquierda, el pánico realmente me atrapa y comienzo a correr a la casa. Mi corazón late en mi pecho, y miro hacia atrás mientras corro, viendo a un lobo blanco detrás de mí. Eso me hace correr más rápido de lo que jamás pensé que podría y cuando llego a la muralla, rezo para que la puerta esté desbloqueada. El alivio me toma cuando tiro del picaporte y ésta se abre. Yo entro corriendo. Consigo cerrar la puerta de un golpe quedándome presionando la puerta con mi espalda. De repente, oigo el sonido de una cerradura que se engancha en su lugar desde el exterior. Me doy vuelta lentamente y pruebo la perilla. Se mueve, pero un cerrojo está trancando la puerta. Veo la cerradura en la parte superior de la puerta. ¿Quién pone un cerrojo tan alto, y por qué encerrar a alguien en su casa y no fuera de ella?
Otro gruñido y esta vez dentro de la casa, paralizándome en mi lugar. Dejo caer la cesta de mi mano.
—Siento mucho esto Lucy, no tuvimos elección.— escucho la voz de Juvia del lado de afuera.
—¡Juvia, hay un lobo ahí afuera!— le grito.
Es cuando noto que hay uno aquí adentro también.
