- Señor... ¡Señor!... ¿Qué le ocurre? - decía una voz de una mujer joven.
- Hay que llamar a un sanador. Hay un centro dentro de dos paradas.
Oía varias voces entremezcladas con el ruido del transporte y un fuerte zumbido en mi cabeza.
« Ufff... Menos mal. Ya ha pasado lo peor. Esa dosis era demasiado grande. Gracias a que no se la inyectó y ha vomitado. »
¿Alguien sabía lo que había hecho? No reconocía su voz. De hecho, había algo muy extraño en esa voz, como si careciera de entonación.
- Parece que se despierta.
Abrí los ojos y ví que varias personas se arremolinaban en un vano intento de ayudar. De hecho, en un cuarto tan pequeño, estorbaban.
- Dejad sitio, por favor - dijo otro de los viajeros, mientras el mismo se apartaba un poco.
- ¿Quiere que llame a alguien? Le acercaremos a un centro de sanación.
- ¿Qué centro es el más próximo? ¿El antiguo Hospital General? - pregunté.
- Sí. En dos paradas.
Me había pasado la parada de mi casa hace ya algunas estaciones. Pero dadas las circunstancias lo mejor sería ir al centro. Había hecho una estupidez, pero si me curaban podría olvidarme de este asunto.
- El sanador Greeny Stone. Agradecería que él me atendiera si está en su turno. - le dije jadeando, mientras trataba de incorporarme.
Aquel hombre se alejó con su móvil, intentando contactar.
- ¿Está mejor?
- Sí, sí... Creo que algo me ha sentado mal al estómago. - dije con tono falso sabiendo que, aunque no mentía, no decía toda la verdad.
- Debería volver a sentarme en el vagón. Creo que lo peor ya ha pasado.
Tres personas se situaron a mi alrededor, temiendo que me desplomara aunque en realidad me estaban estorbando e impidendo salir con comodidad.
« No tendrán mala intención, pero son un poco pesados. ¿No se dan cuenta de que están molestando? »
Dí un respingo. Otra vez esa "voz". Pero ahora, con los ojos abiertos, me quedaba claro que no era un pasajero. ¡Era una voz dentro de mi cabeza!
Mi anfitrión ahora se percató de que le había escuchado.
« ¡Ahora puedes oirme! Sí, sí... No disimules. No solo puedo oir tus palabras. También puedo leer tus pensamientos. Sabes que estoy aquí. ¡DÍ ALGO! »
Me quedé petrificado. Las personas que me rodeaban temían que se tratara de algún tipo de reacción o recaida y se aproximaron aún más temiendo que me desplomara.
« Ya les vale. ¿No saben respetar la zona de confort? ¡Demasiado cerca! »
Yo sabía que solo trataban de ayudar, pero evitaba formar palabras en mi cabeza. Temía que aquella mente las leyera. Esperaba que esa voz dependiera de lo que me había tomado. Quizás si esperaba un poco de tiempo desaparecería...
- Disculpe... El sanador Greeny Stone no está en el centro en este momento. ¿Les digo que contacten con él o le da igual que le atienda otro sanador?
Aún estaba en shock, procesando el hecho de que ahora mi anfitrión me hablara. Intenté centrarme en su pregunta.
- La acomodadora Amanda Ice. Es importante.
- ¿Una acomodadora?
Asentí. El respondió elevando los hombros y volvió a alejarse con el teléfono.
« ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Me haces el vacío?... ¿Hola?» - y agregó jocoso - « Se que puedes oiiiirme. Vamos arañita... mueve la boquita... »
Me senté de nuevo en uno de los asientos del vagón, mientras la situación se normalizaba.
- Sí. La acomodadora está. Dice que le verá en unos minutos.
- Gracias
« SAM WHEAT... SAM WHEAT... SAM WHEAT... SAM WHEAT... » - comenzó a repetir como un loco
¿Qué diablos estaba haciendo mi anfitrión?
« SAM WHEAT... SAM WHEAT... SAM WHEAT... SAM WHEAT... » - seguía taladrándome el cerebro.
« ¿Pero quién es Sam Wheat? ¿Por qué lo nombras? » - no pude evitar pensar.
« ¡AJÁ! ¡SABÍA QUE PODÍAS OIRME! »
« ¡Mierda! » - ¿Cómo había caído en una trampa tan tonta?
« ¡Pillado! No, en serio. Es frustrante estar aquí solo sin nadie con quien conversar. »
Me concentré en no volver a pensar nada.
« ¡Ah! Por cierto. Por si te interesaba saberlo. Lo de "Sam Wheat" era una referencia a una película.
Deberías poder recordarla, ¿no? A fin de cuentas tienes todos mis recuerdos. »
Seguía hablando sin cesar aunque yo hacía lo posible por ignorarle.
« Supongo que hay recuerdos que intentas reprimir. Demasiada violencia para tí, ¿no?. Pues entonces mejor no intentes recordar "Saw" u "Holocausto cabinal". »
¿Se callaría de una vez? Llegó la parada y salí caminando todo lo deprisa que podía sin llamar demasiado la atención.
« ¿Y le vas a hablar a la acomodadora de mí? ¿Le vas a contar lo que te tomaste? Te arriesgas a que te retiren del proyecto. Si se lo cuentas fracasarás, lo sabes, ¿no? »
No pude evitar estallar.
« ¡Cállate YA! ¡Tú no deberías existir! »
« Oye... Aquí el parásito eres tú, no yo. Vosotros habeis poseido a los humanos conquistando un mundo contra su voluntad. Si alguien no debería estar aquí sois vosotros. »
« ¡Dejasteis de merecer este mundo hace tiempo, humanos! ¡Si no hubieramos llegado nosotros os habríais cargado el planeta! ¡Uno de los lugares más bellos de la galaxia! ¡Qué desperdicio! »
« Como íbamos a matarnos, pues mejor nos matais vosotros. Esa es la lógica, ¿no?. ¿Te tragas tus propias mentiras? »
No debí haberle respondido. Eso le había dado más fuerza. Me concentré en mi cuerpo y en avanzar lo más deprisa al Centro de Sanación.
« ¿Y qué excusa teneis para el resto de civilizaciones? Si nuestro problema es que avanzábamos hacia nuestra destrucción, sólo desde vuestro punto de vista, el problema de las otras ¿era que no avanzaban? Sabes que todo es una gran excusa, ¿verdad? »
Centrarme en mi cuerpo no funcionaba. Necesitaba focalizar mi mente en algo diferente y recordé que todo esto empezó por un motivo. Quería respuestas. Quizás esa droga haya despertado al monstruo, pero quizás ahora tuviera una ventana abierta a sus pensamientos y quizás pudiera entender sus teorías.
El momento de intentarlo era ahora.

Me centré en sus recuerdos... Ví como tomaba la droga... Con horror, descubrí lo que había detrás de ese recuerdo.
« ¡ME ENGAÑASTE! ¡JAMÁS TOMASTE ESA DROGA! »
No había sonido, pero podía sentirlo. Ahora estaba riéndose de mí.
« Pero cómo... ¿cómo has alterado tus propios recuerdos?... »
« Estudio el cerebro, ¿recuerdas? ¿Sabías que no hay una gran diferencia entre las vivencias y las recreaciones mentales? El cerebro se inventa mucho sobre sus propios recuerdos. Solo tenía que recrear esa imagen mental una y otra vez, tan elaborada como fuera posible y acabaría guardada en la memoria. Falsos recuerdos. Se me ocurrió que a medida que me aplastabas accedías a los recuerdos que debaja, así que te dejé este pequeño regalo. Y picaste. »
Ya estaba asustado pero esa nueva revelación me introdujo de improviso en un auténtico reino de terror. Tener una mente ajena en tu cabeza es horrible. Pero la mía era lista y sabía jugar con el cerebro. Me había ganado una batalla. Si me descuidaba, acabaría controlándome como un títere.
Él estaba exultante. Petulante. Sabía que había controlado la situación.
Por fín estaba entrando al centro. La acomodadora me estaba esperando en la recepción, junto con otro hombre.
- Hola. Fast Hands. Me has tenido muy preocupada. Me han dicho que te has desmayado... he pedido al sanador Fords aquí presente...
- No ... no requiero servicios de sanación ... gracias... - dije entrecortadamente mientras temblaba sumido en mi terror.
- Me gustaría hablar en privado con usted. ¡Es muy urgente!- dije elevando demasiado el tono. Ambos me miraron con cara de gran preocupación.
- Gracias, sanador. Le llamaré si le necesito
El sanador asintió y se marchó con cara de confusión.
- Por aquí... - me indicó la acomodadora para que la siguiera.
Subimos por las escaleras. Y entramos en una habitación cercana a ellas.
- A estas horas casi todos los cuartos están libres. Cerraré para que tengamos privacidad...
Agradecí su gesto y me tumbé en la camilla antes de que me lo pidiera.
- ¡MI ANFITRIÓN ME ESTÁ HABLANDO!
« Podeis llamarme Karl. » - dijo mentalmente dirigiéndose tanto a la acomodadora como a mí, aunque solo yo pudiera escuchar.
- Me temía algo así...
La miré aún más asustado. ¿Cuantas veces había hecho esto?
- La recomendación estándar en estos casos es deshechar el anfitrión.
Asentí como un perturbado, moviendo rápidamente la cabeza sin control.
- Lo que sea. ¡Me tengo que librar de él!
- Puedo llamar al sanador ahora...
« ¡Cobarde! ¡Gallina! »
En ese momento, Karl me lanzó imágenes directamente a mi mente. Era nuestro propio cuerpo, haciendo contorsiones imposibles imitando al animal.
« ¡COOC! ¡COOOOC! ¡COOC! » - cacareaba en mi cabeza.
« ¡Estás loco! ¡CÁLLATE! ¡CÁLLATE YA! »
Entonces noté que se estaba dando cuenta que no estaba reaccionando como él deseaba. Quizás, si se tratara de una mente humana a otra hubiera reaccionado a la provocación con ira. Una ira que me llevaría a enfrentarme, a retarle, y eso era lo que él quería. Pero yo estaba aterrorizado y en este momento lo único que quería era librarme de él.
Dió un giro completo a su comportamiento.
« Vale... Seamos razonables. Sí... para tí es horrible tener otra mente en tú cabeza. Supongo que a las demás almas que pasan por esto también, ¿no? ¿Acaso no recuerdas porqué te has metido en esto? ¿Ni siquiera vas a intentar ayudarles para que ellos no tengan que pasar por esto? ¿Qué hay de la solidaridad con las demás almas? »
- ¿Fast Hands? - dijo la acomodadora con el teléfono listo en la mano.
« No habrá más oportunidades. Si me descartas, adiós información. ¿Ni siquiera considerarás la posibilidad de dejar a otra alma que lo intente en tú lugar? »
Sabía que me estaba metiendo en una trampa, pero sus palabras tenían sentido y me rendí. Levanté la mano a mi acomodadora.
- La situación es más complicada... Este anfitrión tiene información valiosa... No puedo descartar el cuerpo sin más.
La acomodadora suspiró y dejó el teléfono.
- ¿Qué es lo que te dice? ¿Te grita? ¿Es agresivo?
Nos quedamos todos en silencio. Karl incluido.
- Se ha callado... - dije sorprendido -... Pero sigue ahí, le siento.
« Te estoy dando algo de tiempo para que lo asimiles. »
Me quedé blanco de nuevo. Esta mente estaba transtornada. Pasaba de la broma a la provocación al trato cordial de una frase a otra. ¿Quién puede conversar razonablemente con alguien así?
La acomodadora parecía estar leyendo mis facciones, en una posición de mueca entre el terror, la confusión y la palidez de un muerto.
- ¿Qué te dice?
- ¡Incoherencias! Sabía que los humanos eran volubles, pero esto no es normal. Estoy seguro que es raro hasta para los humanos.
« Y a mucha honra. »
- ¡Y se jacta de ello!
La acomodadora mostró una ligera sonrisa... y aquello me irritó. ¡La situación no era para bromear!
- ¿Hace mucho que te ocurre?
- No. Ha empezado hoy mismo.
- Es mi responsabilidad prevenirte, Fast Hands. No es la primera vez que veo esto...
Aquellas no eran las palabras de consuelo que yo esperaba.
- Puede que aún estés a tiempo, si lo abandonas ahora. Pero si sigues en ese cuerpo...
- ¿Qué? ¿Me hará desaparecer?
- No necesariamente... Unas pocas veces ganan y toman el control, y normalmente la cosa acaba mal. Otras veces el alma y el humano aprenden a convivir... pero él te hará ver las cosas desde su punto de vista. No conozco a ningún alma que haya permanecido con un anfitrión consciente mucho tiempo y no acabara cambiando. Incluso sin que los anfitriones hablen, hay muchos que se ven transformados por los recuerdos de estos.
Aquello me aterrorizaba aún más. Aún peor que perder el control conscientemente era ser domesticado. Perder el control y no saberlo. Quizás incluso volverme contra mis propios hermanos.
« Lo de la "domesticación" te lo inventas tú. Quizás solamente algunos acaban aceptando la verdad. La verdad de que matarnos está mal. », me martilleó en la cabeza.
Era horrible no poder pensar sin que él pudiera verlo e hiciera comentarios. No quería saber su opinión. Él sabía que no quería saberlo. Y aún así, me golpeaba con sus monólogos.
- ¿Y la posibilidad de dejar tu cuerpo a otro? Hay buscadores especializados en saltos para interrogatorios...
« Ambos sabemos que el problema no es acceder a la información. Tú podías leerla. El problema es interpretarla, ¿verdad?. Si es complicado para un ingeniero, un buscador jamás sabrá encontrar la respuesta. » - apuntilló Karl.
- ¡Oh, Dios! - dije dejándome llevar, tapándome la cara con las dos manos. Una expresión inapropiada para nosotros, pero que brotó de lo más profundo de sus recuerdos.
La acomodadora me comenzó a frotar la espalda en un gesto de consuelo. Karl me lanzó oleadas de hostilidad hacia lo que consideraba un acto de intimidad inapropiado. Pero yo, tan roto como me sentía, los ignoré a ambos.
Los dos me concedieron un minuto de silencio.
- ¿Qué decisión vas a tomar? - volvió a preguntar Amanda. Me volví a tomar unos segundos.
- Es demasiado importante. Tengo que aguantar... Pero... ¡no se como voy a conseguirlo!
Y rompí a llorar como un niño.

Amanda movió diligente mi cabeza hacia su regazo, como una madre consolando a su hijo pequeño.
« Recomponte, hombre... ¿Qué forma es esa de comportarse con la de siglos que tienes a tus espaldas? »
Podía sentir que aquella frase guardaba, en el fondo, una pequeña intención de consuelo. Pero sus modos solo hicieron que rompiera a llorar con más fuerza.
Entendiendo que sus palabras solo podían empeorarlo, Karl decidió callar hasta que mis lágrimas cesaron.
Pude oir un suspiro mental...
« ¿Ya?... Vale... Pues que corra el aire. » me apresuró para que me apartara del contacto de la acomodadora.
- ¿Es hostil hacia tí?
Esperé un comentario de Karl que me ayudara a responder, pero se mantuvo en silencio, así que intenté hablar con la mayor sinceridad posible.
- Eso creo... - dudé
« Vaya hombre... el humano malo de la película. Que yo sepa, hasta ahora he sido cordial. »
- Parece que él no lo ve del mismo modo. Se ve a si mismo como dialogante.
- ¿Y qué es lo que quiere?
« Vaya pregunta más obvia. ¿Que qué quiero? Que os vayais de nuestro planeta y devolvais a las personas que habeis poseido. Pero eso no va a ocurrir, ¿verdad? »
- Que nos vayamos.
La acomodadora funció el ceño.
- En mi experiencia - afirmó - los humanos que persisten a la inserción suelen tener motivos más... específicos para aferrarse a su existencia.
« Ya... Pero lo que tú no le has contado es que mi reaparición no es natural. »
- Este humano es diferente. Ha estudiado el cerebro. Sabe como manipularlo.
« ¡Oye! Muy bueno. Has mentido sin faltar a la verdad. »
Aquel comentario tenía una intención burlesca, pero no pude evitar sentirme adulado por un segundo.
- Entiendo... ¿Estás seguro que quieres seguir adelante?
Reflexioné unos segundos. ¿Que otra cosa podía hacer?
- Sí - dije con firmeza.
« Vale. Pues tengo un trato para tí. Ya sabes por qué me quedé en mi casa. Quería conocer vuestro mundo y vuestra tecnología. Y aún quiero. Si tú me muestras eso, yo te explico lo que no conseguías entender. »
La acomodadora se percataba de mi conversación interior.
- ¿Fast Hands?
- Quiere hacer un trato conmigo. Que le enseñe nuestro mundo...
- ¡Oh! Esto es ... muy inusual.
« Me has engañado una vez. ¿Por qué debería creerte ahora? » - le repliqué.
Karl suspiró en mi cabeza.
« Vale. Lo admito. Te engañé... porque era la única manera que ví para salvarme. En un cerebro normal no hay espacio para ambas conciencias. Era cuestión de vida o muerte. Me estabas ahogando. » - confesó Karl.
Su última frase me trajo recuerdos de las pesadillas.
« ¿Y por qué me has atormentado por las noches? » - dije enojado
« Eso ha sido el subconsciente... Nuestro subconsciente. Porque el subconsciente forma parte de nuestra mente pero no de nuestra conciencia. Pertenece al cuerpo y es común a ambos. »
La acomodadora se daba cuenta de mi conversación interior, pero como no me dirigía a ella, retomó la conversación por su cuenta.
- Entonces, ¿vas a continuar con tu anfitrión?
- Lo voy a intentar - contesté dubitativo
- Eres muy valiente. - me dijo para darme ánimos - Pero quiero que nos veamos todos los días. Quiero estar segura de que estarás bien.
Asentí.
- Por cierto... ¿cómo se llama tu anfitrión?
- Karl.
- Pues Karl... quiero que seas bueno con Fast Hands. Puede que ahora no lo veas así, pero él es muy buena persona. Dale una oportunidad, ¿quieres?
« Sí, mamá » - dijo burlesco.
« ¿Siempre eres así? »
« Solo en mi cabeza. No haberte metido en ella. » - dijo en una mezcla de burla y hostilidad.
Suspiré. Ella volvió a tocarme para consolarme y Karl volvió a enojarse.

Me levanté lentamente. El dolor de cabeza y los efectos del compuesto parecían haber desaparecido, salvo por tener el estómago totalmente revuelto. Me sentía muy cansado.
La acomodadora abrió la puerta e insistió - Mañana. No faltes.
Asentí y comencé mi camino a casa.

Karl ya parecía haber callado y parecía estar meditando.
« ¿Sigues ahí? » - pregunté mentalmente.
« Para tu desgracia, sí »
« No lo entiendo. ¿No han desaparecido los efectos de la fórmula? »
« Tampoco estoy muy seguro de como funciona esto, pero si no estoy equivocado, ese rato nos ha dado algo más de espacio durante un tiempo. Lo suficiente para recolocarnos en el cerebro. Ahora compartimos la parte del habla y la escucha. Por eso podemos entendernos y antes no. »
Ahora hablaba como un científico. Me sorprendía ver como el humano que hace unos minutos hablaba solo en burla ahora lo hacía usando solo la lógica.

« ¿Me contarás ahora lo que sabes? » - le inquirí.
« Prométeme que cumplirás tu parte del trato. Me enseñarás tu mundo. »
Sospechaba que su trato era una trampa. ¿Qué implicaba eso?
« Te voy a poner condiciones. »
Karl suspiró.
« Dispara. »
Me quedé helado. ¿Disparar? ¿Quería que matara a alguien? ¿Que me suicidara?
« ¡Oh! ¡Vamos! ¡Es una expresión! Significa adelante. ¡Deberías saberlo! »
Es cierto. Ahora podía verlo en su memoria.
« Sigo esperando. Dí tus condiciones. »
« No te enseñaré ciertas cosas si considero que es... inapropiado... que las sepas. »
Noté su disconformidad y esperé unos segundos por una réplica, pero siguió callado.
« Si me obligas a hacer algo que yo no quiera, rompo el trato. »
« Si pones en riesgo mi vida o la de cualquier otra alma, rompo el trato. »
« Si haces algún tipo de trampa para tomar el control de tu cuerpo, rompo el trato. »
« En definitiva, si me intentas engañar de alguna manera, rompo el trato. »
Seguía callado y me lo tomé como una aceptación.
« Y tienes que poner un tiempo límite. No voy a correr el riesgo de compartir nuestro cerebro demasiado tiempo. »
« ¡Un año! » - replicó al instante como si hubiera estado esperando este momento.
« ¿Te burlas de mí? Es imposible que yo aguante eso. Estaba pensando en algo como una semana. »
« Vale... Un año puede ser demasiado. Seis meses. Puedes aguantar. Yo creo en tí... »
No podía creerlo. ¡Me estaba haciendo la pelota para ganar tiempo!
« ¡Dos semanas! En dos semanas nos habremos aburrido ya de verlo todo. »
« ¿No crees poder aguantar seis meses? Que poca confianza tienes en tí mismo... Pero no me digas que no puedes aguantar cuatro. »
Me estaba ignorando y me estaba sacando de mis casillas. Las almas somos muy pacientes y equilibradas, pero ¿quién puede ser equilibrado contra alguien así? ¡y del que no puedes huir!
« ¡Tres semanas! ¡Y si me sigues regateando me doy la vuelta ahora mismo y que le den a la información! »
« Un mes y hay trato. » - dijo rápido y sereno.
Sin lamentos, sin burlas... Creo que era la cifra que había pensado desde el primer momento.
« ¡Humanos!... ¡Vale! Vale. Te daré un mes... »
Noté su satisfacción y orgullo de si mismo. Se sentía vencedor, aunque hubieramos fijado el día de su muerte.
« Resumiendo. Si yo te doy la información que buscas, y cumplo tus condiciones, y mientras tu vida no corra peligro, tú no abandonarás este cuerpo durante un mes. » - insistió él.
« Eso es lo que te ofrezco, humano. » - dije con insatisfacción.
« ¡Trato hecho! » - dijo con firmeza.
Y agregó de forma más cordial.
« Y llámame Karl. Nos queda todo un mes por delante. »

Hoy había nombrado a Dios... y ahora no podía evitar pensar.
« Creo que he vendido el alma al Diablo. »
Karl no pudo evitar sonreir ante el juego de palabras.