Capítulo Seis
Los sueños
Había tenido un par de sueño bastantes extraños.
La primera vez que Harry había "despertado" fue porque la luz golpeaba contra sus párpados, no con demasiada fuerza, pero sí con la suficiente para hacerle abrir los ojos. Comprobó que estaba soñando porque se encontraba tumbado en una cama, en lo que reconoció como la terraza de la casa de Malfoy, y lo confirmó al ver al rubio de perfil, sentado encima del barandal de piedra, con una cámara fotográfica en la mano. Se cercioró de que era un sueño, porque cuando se fijó en Draco, se dio cuenta de que podía verlo a la perfección, aún sin llevar las gafas puestas, y por eso precisamente podía notar cómo el ligero aire azotaba su cabello albino, cómo la ligera luz del sol se reflejaba en su pálida piel, su expresión concentrada, y su respiración en calma. En ese momento, pensó que Draco parecía etéreo. Y ese pensamiento le hizo ratificar que eso era un sueño, ya que en circunstancias normales no lo hubiera pensado ni por asomo.
— ¿Qué haces? —le preguntó en un murmuró soñoliento.
— Fotografiar el amanecer. Hay una bonita vista desde aquí, por eso me compré este piso.
Harry cerró los ojos, y su mente se vio derivada a una serie de pensamientos y recuerdos borrosos sobre la noche anterior, que se resumían en Malfoy bebiendo en la discoteca, y luego él acompañándolo a casa, sujetándole mientras vomitaba y algo sobre unas runas antiguas. La única conclusión a la que llegó, fue que era demasiado temprano para que el rubio ya estuviera despierto.
— ¿No tienes sueño? —cuestionó.
— No acostumbro a dormir mucho.
Abrió los ojos, al darse cuenta de lo cerca que sonaba la voz del otro. Al hacerlo, notó que Draco se había sentado a su lado en la cama.
— ¿Por qué?
El rubio le miró durante unos segundos, como si estuviera estudiándole, y luego bajó la vista hacia la cámara que sujetaba en sus manos.
— Tengo pesadillas.
— ¿Sobre qué? —si estuviera en otra situación, no se habría atrevido a preguntar, pero al fin y al cabo, eso era un sueño, así que podía ser todo lo invasivo que quisiera.
— Sobre la guerra.
Tal vez era por el cansancio que tenía, pero esas palabras no le extrañaron del todo.
Harry nunca había hablado claramente sobre la guerra con nadie. ¿Con quien iba a hacerlo, de todas formas? ¿Con Hermione, quien había estado un año entero intentando encontrar un hechizo para revertir el obliviate de sus padres? ¿Con Ron, que había tenido que ser el cimiento de su familia mientras se derrumbaban tras la muerte de Fred? ¿Con Neville, que había tenido que soportar la hipocresía de todas aquellas personas que lo infravaloraron en su día, y que ahora le besaban los pies solo por ser un héroe de guerra?
Había hablado con Adam, pero rápidamente se había dado cuenta de que eso no servía de nada, porque su novio no había vivido esa guerra, no entendía todo lo que había pasado, en sus ojos no había ningún rastro de dolor o tristeza mientras Harry hablaba de lo que había sido perder a alguien como Sirius Black.
Draco, en cambio, sí lo entendía.
Él había experimentado, tal vez, una de las peores partes de la guerra. Hasta ese momento, nunca se había planteado cómo debía haber vivido Malfoy en aquella época. Por la imagen que recordaba del rubio en el baño de prefectos, no debía haber sido muy buena.
No podía concebir cómo había sido vivir con Voldemort en su propia casa, o la de muertes y torturas que debía haber presenciado Malfoy en primera persona. Tal vez, incluso, él mismo habría sido torturado. Y el haber terminado la guerra tampoco les aseguro a la familia Malfoy algún tipo de bienestar, a pesar de que los tres quedaron absueltos en los juicios. Había mucha gente que les tenía rencor, miedo o desagrado, pero sobretodo, muchos sentían desconfianza hacia ellos. No debía haber sido fácil salir de ahí, aunque Harry sabía que Lucius Malfoy había sido lo suficientemente astuto para hacer uso de sus amistades, de generosas donaciones a la comunidad mágica, y de las pocas personas que aún confiaba en ellos para lavar la imagen de su familia y poco a poco había vuelto a ser igual de influyente que en el pasado.
Por eso, si lo pensaba bien, que Draco tuviera pesadillas no le sorprendía.
— Yo también las tengo —admitió.
No recordaba si el rubio le respondió o no, porque su mente se perdió en la inconsciencia.
El segundo sueño fue algo más inquietante.
Lo primero de lo que Harry fue consciente era que estaba... excitado. Mucho. No era un leve entusiasmo mañanero. No, no. Estaba jodidamente duro, y debía ser de noche, porque cuando entreabrió los ojos, se dio cuenta de que todo estaba muy oscuro.
Hacía demasiada calor, también. Aunque eso debía ser a causa de que el cuerpo de Draco estaba completamente pegado al suyo. No sabía si eso era bueno o malo, porque Harry estaba tumbado sobre su lado izquierdo, con un brazo justo por debajo del cuello del rubio y el otro enredado en la cintura de este, haciendo que la espalda de Malfoy no estuviese ni a un centímetro de separación de su pecho. Con lo cual, eso que en ese instante se apretaba contra su erección, debía ser el trasero de Draco. No habían muchas más opciones.
Harry, en realidad, no lo pensó mucho. La somnolencia no le permitía encontrarse todo lo horrorizado que debía, y en ese momento estaba en un duermevela en el que su cerebro no funcionaba correctamente. Por eso, la idea de arrimar un poco más su cuerpo y friccionarse levemente contra Draco no le pareció una mala idea. De hecho, hacer eso le dio bastante placer, y el gemido adormilado que se le escapó lo demostró.
Podía sentir su entrepierna palpitar contra la cálida figura del rubio, y cómo los músculos de su estómago se tensaba mientras en su piel se iba deslizando una fina capa de sudor. Se sentía sofocado, y un ápice de conciencia dentro de su mente le dijo que debía separarse de Draco.
Quizás, irse a su casa era la mejor opción.
Pero entonces Malfoy se removió. Notó que el otro arqueaba su espalda, lo que hizo que la presión contra su pene se incrementase.
Exhaló ahogadamente con la boca entreabierta y los párpados pesados. Era ilógico, pero estar entre el sueño y el placer le dejaba en un estado de comodidad y excitación poco frecuente. Se separó de Draco, lo suficiente para que sus pulmones pudiesen llenarse de aire. Su erección se contrajo contra sus pantalones, como si reclamase el contacto del otro. Su mente se despejó momentáneamente, y sus ojos se abrieron, vislumbrando el cabello rubio que en ese instante casi rozaba su nariz.
Poco le duró la lucidez, porque un segundo después vio a Draco agitarse, echándose hacia atrás y volviéndose a pegar a él. Su garganta emitió un jadeo estrangulado y su corazón casi se le salió del pecho al escuchar a Malfoy gemir mientras restregaba su trasero contra su endurecida entrepierna.
— Harry —llamó con voz ronca.
El aludido volvió a cerrar los ojos, inclinando la cabeza hacia adelante, lo suficiente para enterrar su nariz en el cabello del otro y aspirar la fragancia que desprendía. Su mano derecha trepó desde la cadera de Malfoy hasta su estómago, ciñéndole más contra él, y acompañó el vaivén candente que había comenzado el rubio.
Merlín, no podía recordar la última vez que se había sentido tan excitado. Jamás había sentido tal necesidad de correrse. Y lo peor era el ardor interno que se incrementaba en su interior al saber que la otra persona era Draco Malfoy. Que era precisamente su antiguo compañero de colegio quien gimoteaba sin parar mientras se frotaba contra él.
Era enfermizo, tener esa clase de sueños, y encima disfrutarlos.
Notó como Draco sujetaba su muñeca, y luego guiaba su mano hacia abajo, hasta llegar a su erección. Sintió el pene erguido del rubio bombear contra su mano, ansioso. Harry lloriqueó. Presentía que iba a eyacular en cualquier momento. Su mano presionó el bulto, Draco pareció derretirse contra él, con su cuerpo sacudiéndose por el placer. Lo masajeó, enardecido y desesperado, mientras su boca besaba el cuello del rubio con fervor.
Malfoy se arqueó, tensando todo su cuerpo. Su entrepierna latió contra su mano, y luego Harry pudo notar la significativa humedad en ella. Gimió, masturbando su pene contra el trasero del otro hasta que su propio orgasmo le quemó el vientre, haciéndole eyacular con fuerza.
Respiró hondo. Sus músculos se quedaron totalmente laxos, y su mente se zambulló en una comodidad que le llevó a la inconsciencia por el sueño.
Despertó agitado. Esta vez supo que despertaba de verdad porque todo a su alrededor estaba borroso. Se llevó una mano hacia el bolsillo de su pantalón, cogió sus gafas reducidas y murmuró el hechizo para volverlas a su tamaño. Cuando su vista se aclaró, pudo notar que se había quedado dormido en la cama que había encantado en la terraza de Malfoy. Quizás por eso había tenido esos extraños sueños. Se levantó con el cuerpo inestable. Se sentía mareado, tal vez por la falta de descanso de esa noche.
Entró en el salón, encontrándose a Draco sentado en la mesa, leyendo un voluminoso libro y escribiendo algo en un pergamino con envidiable concentración. Lo estudió durante unos instantes, con algunos fragmentos de sus sueños acudiendo a su mente. Agachó la mirada, y casi suspiró aliviado al notar que estaba limpio y seco.
Al menos uno de los sueños había resultado ser realmente un sueño. Aunque eso no le consolaba del todo.
— Buenos días —saludó.
El rubio paró de escribir y levantó la vista, observándolo con atención. Harry evitó hacer ninguna clase de comparativa del Malfoy que tenía delante con el que había aparecido en sus sueños. Se le pondrían los pelos de punta si encontraba alguna similitud en ellos.
— Buenos días —la voz de Draco sonaba casi tan cansada como la suya—. ¿Quieres un café?
— No —rechazó, demasiado pronto—. Es que... tengo que irme a trabajar —mintió.
Malfoy asintió. El silencio se alzó entre ellos, dejando una atmósfera incómoda a su paso.
¿Por qué de repente sentía la necesidad de huir?
— Supongo que debería darte las gracias por lo que hiciste anoche.
El corazón de Harry se aceleró. La imagen de Malfoy frotándose contra él acudió a su mente.
— ¿Lo que... hice? —preguntó temeroso.
— Acompañarme a casa.
El moreno resopló, casi enfadado consigo mismo y sus ideas disparatadas. Solo había sido un sueño, por amor a Merlín. No era real, porque Draco jamás permitiría que él le tocase de esa manera. Y no era como si él quisiera tocarle, de todas formas. Solo había sido su subconsciente jugándole una mala pasada.
— No fue nada —respondió, haciendo un ademán para restarle importancia—. Debería irme ya.
— Claro. Hasta la próxima —Harry le miró dubitativo durante un segundo. Tener otro encuentro con Malfoy era lo que menos quería en ese momento—. Recuerda que me debes dinero —añadió el rubio, seguramente percibiendo su duda.
— Cierto —afirmó, resignado—. Ya te lo daré otro día.
— Bien. Ahora lárgate, que tengo que seguir estudiando.
Harry cabeceó entre incómodo y aliviado. Malfoy seguía siendo igual de arisco que siempre, lo cual era buena señal. Con un ademán a modo de despedida, se dirigió por el pasillo hacia la puerta de la entrada.
Salir a la calle le hizo respirar con tranquilidad. Caminó a paso cansado, con la cabeza palpitándole dolorosamente. Se dio su tiempo para llegar a su propio apartamento, con la única idea en mente de la de ducharse y dormir durante todo el día.
Sus planes se vieron arruinados cuando se encontró a Adam en casa, viendo tranquilamente la televisión. Había olvidado que había planeado sus día libres para que coincidiesen con los de su novio.
— Cariño —saludó el chico con una sonrisa, levantándose y acercándose a él para dejarle un suave beso—. ¿De dónde vienes?
— De la oficina —se excusó—, me había olvidado un papel.
— ¿Una guardia complicada? Cuando llegué anoche todavía no habías venido.
Harry estuvo a punto de carcajease. Su vida era complicada en sí.
— Sí... hubo un robo —iba a ir al infierno por mentir tanto en tan poco tiempo.
— ¿Dónde?
— En... fue a una señora muy mayor. En su casa. Pero no fue gran cosa, solo que la señora estaba asustada, le robaron todas las joyas, se le había escapado el perro, y bueno... un lío.
— ¿Y lo atrapasteis?
— ¿Al perro? Sí, estaba escondido en un arbusto.
Adam le miró con diversión.
— Me refería al ladrón.
— Ah. También —afirmó con fingida convicción. Vio a su novio soltar una pequeña carcajada, mientras negaba con la cabeza y enredaba los brazos en su cuello. Sintió un beso en el cuello que solo le provocó incomodidad. Agarro los brazos del otro, apartándolo delicadamente de él—. Estoy muy cansado —se excusó miserablemente—, y me gustaría dormir un poco.
— Claro, lo siento.
Harry miró a su novio con culpabilidad pero no le dijo nada. Era mejor dejarlo como estaba. Se metió en la baño, dispuesto a darse una ducha y a dormir un rato.
Esta vez, se aseguraría de tomarse una poción para dormir sin sueños antes de acostarse.
—0—
¡Hoooooola pepsicolas!
Siento no haber actualizado la semana pasada, pero he tenido unos días atareados, por no decir que me quede bloqueada en el medio-lemon (que no me convence del todo, pero se va a quedar así por el momento). Espero que podáis perdonarme, y que os haya gustado el capítulo
¡Muchas gracias por él leerme y por el apoyo que me dejáis con vuestros comentarios!
Nos leemos la semana que viene :)
