Hola! como andan? Espero que bien...

Muchas Gracias por los rewievs del cap. anterior!!!! Perdonen que este tardando tanto en actualizar es que estoy llena de examenes, y con tanto estudio la inspiracion escasea jaja.

Bueno, aqui les dejo un nuevo capitulo... espero que les guste.

Si quieren pasar a leer otra fic que estoy escribiendo tambien de esta pareja busen: Mi otra realidad.

me voy yendo...

besos!

El rubio yacía en su cama descansando, pensando en el agitado fin de semana que había tenido. Se había puesto de novio con la castaña y los negocios le habían salido excelentes, realmente un excelente fin de semana. Ahora descansaba tranquilo en la habitación de su elegante casa. Presentía que algo le pasaba a Theo y debía averiguarlo

Ya hablaría con él, ahora debía ocuparse de la castaña, de SU castaña.

El lunes había llegado y, con él, una nueva jornada laboral. Hermione se dirigía a la oficina con algunos minutos de retraso. La pila de cartas por leer el trabajo pendiente que seguramente tenía, no la entusiasmaba en lo más mínimo. El ojigris no iría a la oficina. No tenía mucha motivación para ir pero solo a un motivo se aferraba: debería hablar con Theo. Cuando por fin logró llegar a su oficina luego de infinidad de felicitaciones. Allí estaban, sus no grises, pero hermosos ojos, la examinaban sin vergüenza. De pies a cabeza. De su sonrisa hasta sus zapatos. Desde sus sentimientos hasta su forma de pensar, solamente con una mirada. Y es que aquel joven que tanto quería a su amigo, ahora empezaba a envidiarlo, pero no lo molestaría. Era una promesa que se había hecho a sí mismo.

-Hola Theo-la castaña se acercó, lo abrazó y le dio un beso en la mejilla.

-¡Herms! ¿Cómo estás?

-Bien… ¿Necesitabas algo, castaño?-dijo acariciándole el pelo, cariñosa.

-No… Yo solo venía a saludarte. Como no tengo trabajo que hacer porque Draco no vino…

-¿Y qué piensas hacer? ¿Nada todo el día?

-Y la verdad no sé, ya encontraré algo que hacer…

-No señor, usted me va a ayudar a mí que como verá tengo mucho trabajo por delante-le replicó la castaña señalando el escorio con pilas de cartas e informes.

-Con mucho gusto-dijo Theo.

Juntos se enfrascaron en las actividades de la castaña en las que él la pudiera ayudar. Hermione descubrió, en esos momentos lo inteligente que era Theo y eso que ella fue la mejor de su clase, pero, a diferencia de ella, Theo no solo entendía de lo técnico, si no que también tenía muy buenas reflexiones a la hora de vivir.

Ambos adelantaron todo el trabajo de la ojimiel. Se hicieron las siete de la tarde y ambos debían retirarse.

-Bueno Herms, espero haber servido para algo, me voy.

La saludó y cuando estaba a punto de atravesar el umbral de la puerta, Hermione soltó:

-¿Quieres venir a comer a casa?

-Herms, yo… no sé si…

Le sorprendían los nervios del castaño que, aunque sabía que el estaba enamorado de ella, ambos eran personas grandes y maduras…

-Theo, necesitamos hablar. Además, no va a pasar nada, somos amigos, ¿o no?

-Sí tienes razón…-admitió él razonando.

-¿Entonces vendrás o tendré que obligarte?

-Iré, no desesperes princesa.

Ella se paró en seco. Solo Draco le decía Princesa. En ese momento Hermione reparó en que si era un error invitar a Theo a su casa, pero lo hecho, hecho está. Draco… ¿qué sería de él mientras ella invitaba a su mejor amigo a comer a su casa? ¿Qué pasa conmigo?, se preguntó Hermione.

-¿Vamos?

-Vamos.

Juntos caminaron al estacionamiento y cada uno se subió a su respectivo auto. En tan solo diez minutos ya estaba en la mediana casa que tenía la castaña en aquel costoso barrio de Londres. Pero la castaña no tenía la más mínima gana de encerrarse en su casa aquella cálida tarde de verano.

-¿Quieres ir a caminar?-le cuestionó ella antes de entrar en la casa, tomándole la mano.

-Si tú quieres…

-Vamos.

Los dos castaños tranquilos, serenos, uno iba pensando y la otra, no pensaba en nada. Uno se había enamorado, la otra también pero no del que caminaba con ella en ese momento, eso la confundía. Las gotas de agua corrían por sus mejillas sin que ella pudiera controlarlas. Se paró en seco y le gritó con furia:

-¿Por qué te enamoraste de mí? ¡Contéstame! ¿Qué hice para que te enamoraras de mí?-le golpeó el pecho como si así pudiera descargarse.

-No has hecho nada Hermione, no tienes la culpa. Pero no te descargues conmigo, al fin y al cabo yo tampoco la tengo. Uno no elige de quien enamorarse.

-Si lo sé, es que….

Se sentó en el cordón de la vereda, ahora su llanto no era de furia, lloraba triste, confundida, desconcertada. Theo se sentó junto a ella y Hermione tuvo la sensación de que eso ya lo había vivido. La confusión, el llanto, la elección entre dos hombres, alguien que la consolaba abrazándola y diciéndole cosas al oído; el agua que nacía en sus ojos y moría en su boca o en su pecho. Sí, definitivamente lo había vivido, pero no con el hombre que ahora la abrazaba, si no con el rubio. Hermione odiaba la situación en la que ahora estaba. Si estaba con el castaño, sentía que engañaba a Draco; si estaba con Draco, sentía que le hacía mal a Theo. Pero al fin y al cabo, Draco era su novio, y no podía dejarlo porque Theo se hubiera enamorado de ella.

Hermione y Theo conversaban en la casa de la castaña ambos mucho más tranquilos. Por la ventana se colaban leves matices rojos y rosas de la tarde que caía para dar lugar a la noche. Theo se lamentaba haber aceptado la invitación. Ahí estaba, otra vez, aguantándose un beso. Y ahí estaba otra vez, ya no aguantaba, sería mejor aceptarlo. Tal vez dejar de verla. No se hacía bien a sí mismo ni a Hermione. Tampoco quería perder la amistad que tenía con el rubio hace ya mucho tiempo. Hermione lo había dejado claro. Hacía rato que habían conversado de aquello. Ella lo amaba a Draco y derramando algunas lágrimas había dicho que:

-Es horrible lo que me toca decir, pero te juro que yo no quería nada con vos, me malinterpretaste… ¡Por Dios Theo! Mira como hemos terminado. Yo lloro por ti, vos enamorado de mí. Draco no sabe nada y yo, yo… Lo amo a él, lo siento.

-No Hermione, no pidas perdón-le había respondido Theo.-Y no te he malinterpretado, sé que no quieres nada conmigo, también sé que yo no quería enamorarme de ti, sabía que tarde o temprano tendrías algo con Draco.

Theo se había quedado reflexionando sobre aquello. No estaba bien lo que hacía. Hermione, en cambio, no pensaba en nada. Su vista se fijaba en la ventana, observando vaya uno a saber qué. El castaño pareció abandonar aquel transe en el que se había sumido.

-Debo irme-dijo apresurado.

-Pero yo te había invitado a comer-soltó ella sin desviar la mirada de la ventana.

-Lo sé, pero no está bien lo que hacemos, Herms. Tengo ganas de besarte y no puedo, de abrazarte y no debo, de tocarte y no quiero porque te lastimo. Tal vez debamos poner una distancia prudente entre nosotros por lo menos hasta que las aguas se calmen. Tal vez el tiempo me encuentre enamorado de otra, ¿quién sabe? Por lo pronto me iré.-Se levantó.

-Espera-le dijo tomándole el brazo, esta vez la castaña reparó en su perturbada mirada y cambió de parecer. Tal vez tuviera razón; y si no la tenía, se ocuparía de aquello cuando, como había dicho Theodore, las aguas se calmaran un poco.-No, está bien, ve.

-Gracias.

Tan solo unas pocas horas después la castaña observaba llover en el exterior de su casa. No podía dormir, así que con esa excusa se había acercado al sillón que yacía contiguo a la ventana. Las gotas de agua se deslizaban pacientes y tranquilas por el oscura cielo nocturno. La confusión la embriagaba y eso hacía que se confundiera aún más. ¡Qué le pasaba con Theo? ¿Realmente estaba bien lo que hacían? Ella, con el correr de los días, se había dado cuenta de que estaba enamorada de Draco, pero ahora el castaño le venía con esto, ¿y qué hacer? ¿Qué decidir? Por lo pronto lo que habían hecho era la única solución que se le ocurría, pero si quería mantener su amistad con Theo, debía buscar otra solución para no perderlo. Ojala durante la noche parara la lluvia porque si no, no la ayudaría en nada con su estado de ánimo.

Una nueva jornada de trabajo se acercaba. Hermione no había logrado pegar un ojo en toda la noche. El fantasma del sol se hacía presente en el horizonte casi tanto como las ojeras bajo sus hermosos ojos chocolates. Esa mañana la pasaba a buscar el rubio para llevarla al trabajo. Le había prometido que pasaría todo el día con él aunque tuvieran que trabajar y para cerrar el día con broche de oro, iría a comer a su casa. Debía vestirse bien. Ojo, no es que se vistiera mal pero ese día sentía que iba a ser especial. Short de vestir negro mostrando sus esbeltas y largas piernas, camisa azul, fina y veraniega, y los zapatos, por supuesto, combinando con la camisa. La inestabilidad emocional que tenía no la ayudaba, pero con un poco de maquillaje y suerte no se le notaría. En cinco minutos el rubio tocaría el timbre, puntual, como siempre. Era hora de mostrarle al mundo que podía disimular lo que le pasaba, al menos a los que no la conocían demasiado. Debería salir a la puerta, se le hacía tarde. Como sobrevivir sin Theo y no morir en el intento.