Fandom: Final Fantasy VI (Square-Enix)

Personajes: Kefka Palazzo y Terra Branford

Prompt: Cosplaying

+ Cada tú, cada yo +

-¡Ah! -Una exclamación se produjo girando su cabeza, localizando a la recién llegada cuya imagen había captado el espejo frente a él. Desjuntando sus brazos cruzados agregó en otra exclamación -¡Por fin! -Seguida de una orden, el volumen de su voz descendiendo un poco mientras se valía de un brazo para indicar el avance requerido. -Ahora, acércate querida. -

Sin necesidad de una insistencia, la joven obedeció aun advirtiéndose un leve fruncimiento de su ceño, por debajo de la coronada frente por un circular artefacto dorado, la gema roja central iluminada tenuamente. Cuanto más complaciente fuese en el cumplimiento de las demandas, menor era la intensidad con la que cierta energía recorría su corriente nerviosa.

-Sí, Amo Kefka. -Ella afirmó. Tampoco es que hiciera falta habiendo comenzado a mover sus piernas pero de no hablar, Kefka se disgustaría tanto como si no hubiese cumplido la orden. Las excusas para castigarla con el paso de los años se estaban volviendo más numerosas.

El sonar del tacón de sus botines enmudecido por el conjunto de gruesas hebras rojas y doradas que pisaba hasta detenerse en el mismo punto que el mago, quedando a la derecha de éste. A juzgar por el modo en que su cabeza se ladeó y sus ojos se entrecerraron, Terra pronto intuyó que una critica le sería dedicada. Ya ni siquiera bastaba que luciese o usase los instrumentos que a él le parecían apropiados para ella, no, estaba comprobando que su manera de actuar también debía concordar con lo que fuese que el mago del Imperio quisiese...

Pero primero se produjo una divagación a la que atender con gran atención.

Acerca de un chico que asistió a una de las obras musicales que estaban triunfando en la Casa de la Opera durante ese tiempo, muy a regañadientes pues su madre no tenía otras preocupaciones en su pretenciosa y vacía vida como dama de la alta sociedad que asistir a la representación que toda la sociedad vectoriana estaba aclamando, en cuya trama una de tantas parejas dentro del variopinto reparto acabaría por atraer su atención.

Ya que llegando a lo que se asemejaba a un final, Terra podía suponer que le sería exigido emular al personaje femenino antes de que el propio Kefka lo manifestase, despegando su rostro de la mano colocada contra su blanca mejilla expresamente para transmitir un aire introspectivo. Exagerado a ojos de la joven observadora.

-Quiero ver tu cuerpo moverse así. -

Ojos iluminados por el mero recuerdo de ese cuerpo de parecidas características al de su muñeca mezclando con la gracia y sutileza necesaria la combinación de movimientos en su trayecto hasta quedar frente a su compañero se entrecerraron oscureciéndose peligrosamente al decirlo mientras la miraba y la imaginaba a ella siendo la dueña de esa sublime figura.

El rubí en mitad del artefacto que llevaba ganando fulgor.

-Sí, Amo Kefka. -Esa vez las palabras que surgían de sus labios sonando débiles.

Lo quisiese o no se sometió a satisfacer dicho antojo y cuanto agregaba.

Desprenderse de una prenda para cubrir su cuerpo con otra ya ni siquiera le avergonzaba habiendo ocurrido tantas veces, más de las que pudiese contar con sus dedos. Quieta como una muñeca a tamaño natural que la corona le imponía ser Terra sentía la lisa tela caer dejando visible toda piel a excepción de las partes correspondientes a senos y genitales. Los zapatos serían cambiados por mallas y una especia de zapatillas desconocidas para ella que prometían más de una caída. De no ser por algunas marcas de latigazos en la espalda, Terra poseía un cuerpo que cualquier escultor o pintor desearía plasmar. La seda de la que se componía gran parte del vestido a llevar se adoptó a su figura como un guante, su color rojo en la complementación con el predominante tono de las ropas de Kefka. Otro detalle que así lo demostraba las pequeñas figuras doradas cosidas o la clara asimetría de los volantes sirviendo de falda o los guantes.

Para el maquillaje, con pintar unos cuantos puntos rojizos bajo un ojo tras haber llenado de color labios y parpados sería suficiente. Previamente empolvada su ya clara tez.

Atendiendo a la colocación de su brazo, alzado y ligeramente flexionado quedando su mano por encima de la cabeza o la dobladura de su rodilla, Terra comprendió antes de perder nuevamente el control de sus propias extremidades que el objetivo consistía en imitarlo. Nada desconocido para la joven cuyos entrenamientos habían constado con ejercicios del estilo. El soldado que la instruía le mostraba diferentes poses y movimientos con una espada y ella tenía que alcanzar igual destreza en la ejecución. Sin embargo la imitación no era suficiente si no poseía la delicadeza de una bailarina. Sus pies apenas capaces de sostenerla sin haber intentado antes caminar en puntillas. Evidencias como esa no parecían poseer importancia para el mago que no cesó en insistir hasta que la chica se mantuvo lo suficiente para dar un paso moviendo al mismo tiempo brazo y pierna tal y como se le había explicado. El dolor de las continuadas caídas mitizado por el causado por el artefacto en su cabeza, apenas distinguible entre varios rizos.

Mucho más difícil sería coordinarse con los fluidos movimientos del otro la obstinación de Kefka Palazzo era increíblemente grande quien adaptaría los movimientos del personaje varón. Toda a fin de revivir su fantasiosa representación y así poder mostrarse juntos al mundo.