N/A: lo siento si los cortes de los episodios quedan raros: la historia está escrita sin capítulos (todo seguido), así que los tengo que "improvisar" cortando por dónde me parece. Intento hacerlos todos más o menos igual de largos pero no me sale del todo bien (sobre todo al principio) mis disculpas y gracias por leer la historia. Sigamos ^^


Capítulo 7: Susurros

Aunque era muy emocionante descubrir cosas nuevas, allí en la mina la desconfianza era imprescindible para sobrevivir. Un objeto que emitía fuego no podía ser inocente: aquello tenía toda la pinta de ser una trampa. Al alejarnos me giré varias veces esperando encontrarme el suelo en llamas, pero no pasaba nada. Poco después encontramos un obstáculo.

-Ops.

El pasillo estaba cortado por una fuente de agua que salía de la pared. Edar miró el agua y se alejó unos pasos, asustado.

-Tenemos la madera - dijo él, ya que llevaba el bloque en la mano - podemos dar la vuelta.

-No. – le espeté - No seas cobarde, Edar. No quiero salir hasta encontrar algún tesoro.

-Pero yo no puedo cruzar...

Miré a mi amigo, sin dar crédito a lo que oía.

-¡Claro que puedes! ¿eres un enderman o no? – Estuve a punto de golpear la pared con mi cabeza. No sería la primera vez que me entraban ganas de hacerlo tras algún comentario de Edar - Teletranspórtate, anda.

-Ostras, tienes razón.

Edar se estaba poniendo nervioso. Él sólo quería la madera y ya la tenía: adentrarse más le parecía una locura. Yo también estaba nervioso, pues estaba seguro que el clan minero nos había visto y nos preparaba una trampa. Mi subconsciente me decía a gritos que hiciese caso a mi amigo me largase de allí.

Pero sabía que si me rendía ahora me arrepentiría toda la vida. Era una suerte tremenda que Radolf no estuviese vigilando la entrada. Si lograba quitarles uno de sus tesoros, podría ir a cualquier lugar, eso seguro, ya que era preferible enfrentarte a una bola de lava asesina que al clan de la mina enfurecido.

-Vamos.

Edar me obedeció y yo pasé como pude por los bordes. Volvimos a ver luz al final del pasillo. Ni rastro de las arañas.

-Mira Peck, otra cosa de esas que brill...

Edar desapareció de mi vista por un agujero y yo pegué un grito.

-¡Edar!

-¡Estoy bien! - oí desde abajo.

Me acerqué lentamente: en el suelo había un agujero grande que partía el pasillo. No era difícil de ver, pero Edar, mirando la nueva lucecita a lo lejos, pasó por encima sin mirar.

-¡Mira por donde pisas! - le grité - ¿y si hubiese agua? ¡La lava emite luz, pero el agua no!

-¡Vaya! ¿ahora se puede gritar? - preguntó Edar, enfadado por mis reproches.

Me puse rojo de la vergüenza. Me había dejado llevar. Probablemente nos había oído toda la mina.

-Voy a bajar - dije - después pon tierra y subimos. Démonos prisa, si nos han oído no tardarán en aparecer.

Pegué un saltito, ya que el agujero no era muy profundo. Con un par de bloques podríamos subir sin problemas. Miré y vi pasadizos iguales a los de arriba.

-Vamos...

Nos apresuramos a largarnos de allí, hasta que oímos un ruido y paramos de golpe. Una especie de risita arácnida se iba multiplicando por las paredes, y un escalofrío recurrió nuestros cuerpos. Empecé a sentir el pánico. Edar trató de hablar:

-Nos... nos…

-...han descubierto - acabé -Era muy raro que no hubiese ninguna araña...

-¿Volvemos?

Miré a Edar. Sus ojos violetas se le salían de las órbitas. Los susurros se oían por todas partes.

-De acuerdo. – contesté, nervioso - Pero vayamos por sitios distintos por donde hemos venido. Por si acaso.

Fuimos por pasadizos que creíamos que se dirigían a la salida. La orientación no era problema para nosotros: las cuevas eran nuestro hogar. Aunque, por desgracia nuestra, cada vez encontrábamos más pasillos tapados por lava, tierra o piedra y teníamos que dar la vuelta. El sonido de las arañas se hacía cada vez más intenso y nuestro nerviosismo iba a la par, ya que estábamos seguros que El Clan de la Mina nos estaba observando.

En uno de los múltiples pasadizos algo nos llamó la atención.

Era otro objeto raro, pero esta vez cuadrado, como un bloque, y marrón. Nos lo quedamos mirando, llenos de curiosidad. Edar alargó su brazo.

-Voy a tocarlo - dijo Edar.

-No.

-Vamos, tío...

-¡Espera...! – le dije. No me inspiraba ningún tipo de confianza, aquel objeto. ¿Y si era una trampa?

Edar me miró. Le brillaban los ojos:

-Fíjate. Es igual que el tesoro de los cuentos, ¿no? hay que abrirlo... ¿no quieres saber lo que hay?

Edar tenía razón, pero aún así podía ser una trampa. No me extrañaría: era parecido al objeto que nos describían de pequeños diciendo que guardaba secretos. Edar abrió el objeto con su largo brazo a pesar de mis objeciones.

-¡Quietos ahí! - se oyó muy fuerte.

Edar cerró la tapa de golpe y yo me hinché como cada vez que me pego un susto; por suerte a los creepers inteligentes nos quitaban la pólvora al nacer, por motivos de seguridad, sino lo hubiese dejado todo perdido en aquel momento.

Arañas. Salían de todos lados, riendo a carcajadas. Al final, unas veinte arañas llenaron el pasillo, rodeándonos: El Clan de la Mina. Edar y yo nos quedamos quietos, paralizados y sin saber qué hacer.