Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Canciones utilizadas (en orden): Beautiful Eyes - Taylor Swift / It's not just me - Rascal Flatts
Hey Mimi… ¿Qué clase de persona eres realmente?
A veces tan sólo me pareces una chiquilla arrogante y altanera.
Incluso hay ocasiones en las que pienso que eres una pobre princesa en apuros.
Y hay otras veces en las que me demuestras lo contrario al ser tan valiente.
Siempre eres tan impredecible... y a pesar de eso...
No puedo dejar de fascinarme con cada faceta tuya que conozco.
Dream High
Transmitir Sentimientos
Había pasado un día desde que Mimi Tachikawa retó públicamente a Sora Takenouchi frente a toda la academia y esa parecía ser la noticia de la semana. No había momento o lugar en donde no se mencionara lo sucedido y todos parecían impacientes por conocer los resultados.
Era de mañana y, como siempre, la cafetería del lugar estaba completamente concurrida, todos los alumnos se encontraban muy metidos en su conversación esperando a que sonara el timbre para ir a clases. A esa hora los pasillos de la academia solían estar desolados, pero ese día estaba una nerviosa chica de corto cabello color caramelo recargada al lado de los casilleros; esta sostenía entre sus manos lo que parecía ser una paleta de chocolate en forma de corazón envuelta en plástico.
- ¡Vamos Hikari! – se animó a sí misma. – Es ahora o nunca… -
Apretó un poco la paleta que llevaba entre sus manos y con decisión caminó hacia uno de los casilleros del pasillo y se quedó estática frente a este. Era el de Takeru Takaishi, ella estaba segura puesto a que siempre lo veía guardando sus cosas ahí.
Lo contempló por unos segundos más y después sacó de su mochila un pedazo de cinta adhesiva, el cual colocó en la parte posterior del empaque de la paleta.
- ¡Ah! ¡Qué nervios! – exclamó aún sosteniendo el caramelo. - ¡No! No seas tonta, él ni siquiera sabrá que fuiste tú, no hay de qué preocuparse. – susurró para sus adentros.
Miró hacia ambos lados para cerciorarse de que nadie la estuviera viendo y en un movimiento rápido pegó la paleta en la puerta del casillero de Takeru.
- ¡Lo hice! –
Una amplia sonrisa apareció en el rostro de la chica y justo cuando escuchó voces cerca del pasillo, salió corriendo directo a su salón de clases. Aunque ahora que lo recordaba, ese día la profesora Suou las volvería a pesar en la báscula y ella no había hecho mucho por dejar de comer.
::
Las clases ya habían comenzado y los tres alumnos especiales se encontraban en el salón sentados en sus respectivos pupitres mientras el profesor Kido caminaba de un lado a otro con seriedad reflejada en su rostro, ante el silencio sepulcral de sus estudiantes.
- Es que no lo puedo creer, Mimi. – al fin habló el peliazul. - ¿Cómo pudiste retar a esa chica de la clase regular en frente de toda la academia? –
Al no obtener respuesta, continuó hablando.
- ¿No te das cuenta de que ella tiene más probabilidades de ganar? – exclamó mirando a la chica a los ojos. – Esa prueba la califica un profesional, es muy difícil obtener una buena puntuación y será más difícil para ustedes, ya que no llevan clases de canto. -
- Eso no importa. – replicó Mimi con decisión. – Yo tengo que ganar. –
- ¿Y qué es lo que planeas hacer? – preguntó el profesor.
- Debo prepararme para esa prueba, así que… - de pronto su tono de voz cambió a uno mucho menos audible. – Ayúdeme. – eso último lo dijo casi en un susurro.
Sólo Yamato y Taichi alcanzaron a escucharla y ambos la voltearon a ver sorprendidos. Mimi no era la clase de chica que pedía ayuda.
- ¿Qué dijiste? – exclamó Joe. – No pude escucharte. –
- Que necesito su ayuda. – respondió la castaña con volumen más bajo.
- Aún no te escucho, habla más fuerte. –
- No lo voy a repetir. – exclamó la chica.
- ¡Dijo que necesita su ayuda! – gritó Taichi a la vez que veía divertido a la chica.
Mimi abrió los ojos de par en par y rápidamente giró su rostro hacia el castaño para dedicarle una mirada asesina.
- Profesor. – intervino Yamato. – No es sólo ella quien lo necesita, nosotros también queremos obtener una buena puntuación en esa prueba. –
- Es cierto. – habló Taichi. – Debemos demostrarles de lo que estamos hechos. –
Joe simplemente sonrió y soltó un largo suspiro.
- Bien, será como ustedes dicen, vamos a intentarlo. – exclamó el profesor. – Y tú, Mimi, debes ganarle a esa tal Sora, ¿de acuerdo? – dijo mirando a la castaña.
Mimi sonrió levemente y asintió.
- Pero les tiene que ir bien a los tres. Ya verán que si lo logran pronto estarán de vuelta en las clases regulares. – dijo el mayor.
- ¿A los tres? – intervino una voz femenina. - ¿No podrían ser cuatro? –
Tanto los estudiantes como el profesor ahora se encontraban desconcertados mirando hacia la puerta del salón.
- ¿Eh? – exclamó Taichi. - ¿Qué haces aquí? –
- Buenos días. – respondió la chica presentándose ante todos. – Soy Hikari Yagami y a partir de hoy perteneceré a la clase especial, mucho gusto. –
- ¿Qué estás diciendo? – replicó el castaño levantándose de su pupitre. – No lo entiendo, se supone que tú eres alumna regular. –
- Es que no aprobé las pruebas de peso. – dijo Hikari sonriendo con algo de vergüenza. – Así que ahora estaré con ustedes. –
- ¡Eso es una total injusticia! – exclamó Taichi con coraje. – ¡Ahora mismo iré a poner a ese director en su lugar! –
- ¡Cálmate, Tai! – dijo la menor tomándolo del brazo. – En verdad no hay problema, yo no me sentía cómoda con ese grupo de chicas. Creo que aquí estaré mejor. –
- Pero… -
- Nada. – exclamó interrumpiéndolo. – No tienes de que preocuparte, en verdad estoy bien. –
- Pero Kari… -
- Bienvenida. – ahora interrumpió el profesor con una gran sonrisa. – Claro que sí, a los cuatro les irá excelente en la prueba de la próxima semana. –
- ¡Gracias! – respondió la chica con ánimos. - ¡Eso espero! –
A esa misma hora, los alumnos de la clase regular se encontraban terminando sus prácticas de baile con la profesora Fujioka, y antes de darles la salida, decidió explicarles la dinámica de la prueba que se aproximaba.
- Como ustedes ya lo saben, quedan pocos días para la prueba de canto. – exclamó mientras caminaba de un lado a otro. – Y les advierto que si no les va bien, serán transferidos a la clase especial. –
Ahora esa parecía ser la nueva amenaza.
- En esta ocasión será la famosísima Utada Hikaru quién los va a calificar. – continuó la mayor. – Y les tengo una buena noticia. –
Los alumnos la miraron expectantes.
- Los cinco estudiantes con mayor calificación de cada semestre ganarán el derecho de participar en el concierto que realizará la academia a finales de este mes. –
- ¿Un concierto? – preguntó Miyako.
- Sí, la academia suele realizar dos conciertos cada periodo escolar. A estos conciertos vienen los presidentes de las compañías de talento más importantes del país; y si le gustan a alguno, podrían incluso hasta debutar. –
- ¿Debutar aunque estemos apenas en primer semestre? – intervino Daisuke.
- Claro, todo es posible si impresionan a algún presidente. – replicó la profesora. – Pero para eso, deben ganarse el derecho de participar en el concierto. –
Sora miraba a la profesora con un semblante de decisión en sus ojos. Definitivamente iba a ganarle a Mimi en esa prueba, y no sólo eso, sería de las cinco mejores y participaría en ese concierto.
::
El día pasó con rapidez y ya era la hora de la comida en la academia. La cafetería del lugar se encontraba abarrotada y las mesas estaban completamente llenas, había sido un día cansado para todos los alumnos y en esos momentos lo único que querían era gozar de sus alimentos.
Mientras eso sucedía, el profesor Joe Kido se encontraba fuera de la escuela en un restaurante muy cercano. Estaba sentado en silencio esperando a Matsui Arukawa, quien lo había citado a ese lugar.
Pasaron unos cuantos minutos hasta que el susodicho apareció llevando consigo un maletín y a sus dos inseparables guaruras. El profesor levantó la mano para que lo vieran y el señor le sonrió hipócritamente a la vez que caminaba hacia su mesa y tomaba asiento, indicándoles a sus hombres que lo esperaran afuera.
- Entonces… - comenzó a hablar Joe. - ¿Para qué me citó? –
- Tengo cosas muy importantes que negociar con usted, ciertos problemas que quisiera resolver… -
- ¿De qué se trata? –
- No sé si recordará que estuve presente en la ceremonia de apertura. – dijo el mayor.
Joe se limitó a asentir.
- La verdad es que yo decidí que Tachikawa viniera a esta academia porque pensé que tenía mucho talento y sobresaldría. – continuó hablando. – Pero me llevé una gran decepción al verla sobre el escenario. –
- Creo que es muy pronto para sentirse decepcionado. – exclamó el peliazul. – Por favor, déjela en mis manos, ya verá que todo mejorará. –
- ¿Entonces debo confiar en que usted se hará responsable de ella? – preguntó Arukawa con una leve sonrisa en su rostro.
- ¡Claro, eso no lo dude! – respondió Joe.
- Entonces… - dijo mientras sacaba un documento del maletín que cargaba. – Necesito que firme esto. –
El mayor le tendió el documento a Joe y este lo tomó enseguida y comenzó a leerlo.
- No lo entiendo… - dijo el profesor. - ¿Qué es esto? –
- Es simplemente una garantía... – replicó Arukawa sin dejar de sonreír. – Yo necesito asegurar ese dinero, y a como van las cosas con Tachikawa, me siento algo intranquilo. –
- Pero… ¿mi casa? -
- No se preocupe, profesor Kido. – exclamó el señor ofreciéndole un bolígrafo. – Si Mimi logra debutar en alguna agencia, la casa seguirá siendo suya. –
- N-no, no puedo entregarle mi casa. – dijo el peliazul comenzando a alterarse. – Creo que está siendo muy drástico y… -
- No le estoy pidiendo que me la entregue, sólo quiero que firme ese documento asegurándome que, si Tachikawa no logra debutar, la casa pasará a mis manos. – explicó Arukawa. – Y como ya le dije, eso no va a suceder porque la pequeña sí va a debutar, ¿verdad? –
- C-claro que lo hará, pero aún así… - dijo Joe jugando nerviosamente con sus manos. - Es mi casa… -
- Y créame que eso apenas cubre una parte de la deuda, pero podría conformarme. – exclamó con tono burlón. – Como ya se lo expliqué, no me va a entregar su casa, sólo la necesito como garantía mientras Tachikawa siga estudiando en la academia. Es como un pago de emergencia por si ella no logra saldar su deuda. –
- No, esto no está bien. – replicó el peliazul. – Lo siento, pero no voy a firmar. –
- Entonces ahora mismo iré por la chica a la academia y levantaré una denuncia contra su padre. –
- ¡No haga eso! – exclamó Joe dando un pequeño golpe a la mesa. - ¡Confíe en mi! ¡Ella lo logrará! –
- Claro que confío en usted. – dijo el mayor. – Pero no lo suficiente. –
Joe miró al hombre directo a los ojos con el seño fruncido. ¿Qué acaso estaba loco? No podía llegar como si nada a exigirle que usara su casa como garantía por si Mimi no lograba debutar, aunque bueno, por una parte se sentía responsable de la castaña, era su profesor y tenía la confianza de que esa chiquilla lograría llegar lejos si se lo proponía. Además de que ese mismo día la chica hasta le había pedido ayuda…
- Está bien. – dijo el peliazul tomando el bolígrafo de la mano de Arukawa.
Ahora estaba convencido de que él era quien estaba loco, no podía creer lo que estaba a punto de hacer. Un largo suspiro salió de su boca y sin más, le dio una última revisada al documento y firmó en los tres espacios que lo indicaban sin indicio alguno de duda.
- Creo que tenemos un trato, jajaja. – exclamó Matsui Arukawa. - ¡Cómo me encanta esa frase! –
Joe tomó el documento con ambas manos y examinó las líneas en donde había firmado para después entregárselo al mayor. Por alguna extraña razón sentía que le había vendido su alma al diablo, pero en el fondo algo le decía que no debía preocuparse, ya que tenía la certeza de que sus tres alumnos poseían talentos muy especiales.
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Eran ya las cinco de la tarde en la ciudad de Tokyo y eso marcaba el fin de la jornada de clases en la Academia YG. A esa hora los alumnos eran libres de hacer lo que quisieran, de descansar, de practicar, e incluso de salir de la escuela para ir a algun lugar a pasear o a divertirse.
La mayoría de los estudiantes se encontraban dispersos en los alrededores de todo el campus, algunos en el patio, otros en sus dormitorios o en la cafetería, cada uno preocupándose de sus propios asuntos; a excepción claro, de la clase especial a cargo del profesor Kido.
Ya que su salón asignado no tenía buena acústica y en general no era adecuado para realizar prácticas de canto o de baile, al profesor se le había ocurrido la magnífica idea de esperar a que los salones de clases prácticas se desocuparan para allí poder trabajar con sus alumnos.
- ¿Entonces vamos a usar nuestro tiempo libre para tomar clases? – preguntó un cansado Taichi Yagami. – No es justo… -
- No te quejes, Tai. – intervino Hikari. – La verdad a mi me parece una buena idea, y es mejor que nada. –
- Como dice tu hermana. – habló Joe. – Creo que es lo mejor que puedo ofrecerles por el momento… -
- ¿Pero cómo vamos a tomar clases de canto si usted solamente enseña teoría? – exclamó Mimi. – No creo que alguna vez haya impartido alguna clase práctica. –
- Tienes razón, las materias prácticas no son mi fuerte. – respondió el peliazul. – Pero no se preocupen chicos, tengo todo bajo control. –
El profesor sacó su teléfono celular de su abrigo y lo conectó a la gran pantalla de plasma que se encontraba frente a los alumnos. Los jóvenes lo miraron curiosos hasta que el televisor dejó ver a la profesora Ari Suou, quien parecía estar dando su clase.
- Eso es… - comenzó a hablar Yamato.
- Exacto. – interrumpió Joe. – Yo no soy apto para impartirles sus clases de canto, por eso es que me tomé la libertad de grabar la lección que la profesora Suou impartió el día de hoy. –
- ¿Y ella se lo permitió? – preguntó Taichi.
- Ehm… - Joe soltó una risita nerviosa. – N-no exactamente, digamos que estaba oculto mientras filmaba. –
- Patético. – bufó Mimi.
- Bueno, chicos. – exclamó el peliazul ignorando el comentario de la castaña. – Pongan atención a la clase, es muy importante. Y cualquier ejercicio que ellos hagan, ustedes lo harán también. –
Los cuatro jóvenes posaron su mirada sobre el televisor y el profesor Kido se hizo a un lado para permitirles ver y escuchar la clase en su totalidad. Ahora era Ari Suou quien hablaba y tenía toda la atención de sus chicos.
- Me acaban de informar el enfoque que tendrá la prueba de canto de la próxima semana. – comenzó a hablar la profesora. – Transmitir sentimientos. Ustedes deberán poder transmitir sentimientos a través de la música. –
- ¿Cómo es eso? – preguntó Daisuke confundido.
- Cuando uno está cantando debe transmitir genuinos sentimientos a la audiencia; hacer que con el sólo hecho de escucharlos queden completamente sumergidos en su canto. –
- Hmm, no creo que sea muy difícil. – exclamó Ken.
- Pero tampoco es muy fácil. – intervino la profesora. – Hay ciertas habilidades que tienen que perfeccionar, pero lo primero es que deben comprender la canción al cien. Deben entender todas las emociones que esta transmite para que ustedes logren hacerlo también. – hizo una pausa. - ¿Entienden a lo que me refiero? –
- ¡Sí! – exclamaron los alumnos a coro.
- Para conmover a la audiencia hasta el punto de las lágrimas, el cantante ya tuvo que haber llorado miles de veces. – explicó la mujer. – Y es por eso que nosotros debemos practicar. Les voy a contar una historia corta y quiero verlos moviendo todos los músculos de su rostro. Quiero ver sus reacciones ante todo lo que yo les diga, sean muy expresivos. –
De pronto la grabación se detuvo y el profesor Kido se paró frente al televisor.
- Escuchen la historia de la profesora y hagan lo que ella les indicó. ¿Está bien? – exclamó el peliazul.
Los cuatro chicos asintieron y el profesor se apartó del aparato a la vez que oprimía el botón de reproducción.
- Hace varios años yo estaba muy enamorada. ¿Ustedes conocen ese sentimiento? Es el amor verdadero, el que te hace querer darlo todo por la persona amada, sin duda fueron los tiempos más dichosos de mi vida. – comenzó a hablar Ari Suou a la vez que sus mejillas se teñían de rosa.
Leves sonrisas se reflejaron en los rostros de Taichi y Yamato.
Hikari había juntado sus manos y sus ojos brillaban con ilusión.
Mimi no reflejaba expresión alguna en su rostro.
- Lamentablemente, el día de nuestra boda… - continuó la profesora con un semblante triste. – Él sufrió un trágico accidente y murió, dejándome plantada en el altar y arrebatándome a la vez todas mis ganas de vivir… -
Taichi dejó caer su rostro y desvió la mirada.
Yamato frunció el seño, en sus ojos azules se podía percibir tristeza y dolor.
Hikari se cubrió la boca con su mano y sus ojos parecían llorosos.
Mimi no reflejaba expresión alguna en su rostro.
- Y eso no fue lo peor. En el funeral de mi amado me enteré de que el mantenía una relación con otra mujer y llevaban más de cinco años juntos… –
Ahora Hikari abrió los ojos de par en par y se llevó su otra mano a la boca.
Yamato y Taichi simplemente se quedaron boquiabiertos ante la impresión.
Mimi seguía sin reflejar expresión alguna en el rostro.
- Pero de repente… - continuó Ari Suou. – ¡Me desperté en mi cama al lado de mi marido y me di cuenta de que todo había sido un sueño! –
- ¡Qué alivio! – exclamó Hikari llevándose ambas manos a su pecho.
Yamato simplemente suspiró, también sintiéndose aliviado.
Taichi se relajó y una sonrisa se formó en sus labios.
Y Mimi aún no mostraba expresión alguna en su rostro.
El profesor detuvo la grabación al instante y se situó de nuevo frente al televisor para dirigirse a sus estudiantes.
- ¡Lo hicieron muy bien, Taichi y Yamato! – exclamó el peliazul. – Tú me sorprendiste, Hikari, eres muy buena transmitiendo sentimientos, tienes la habilidad de ajustar rápidamente tus emociones. –
- ¡Gracias! - respondió la chica asintiendo.
- Pero Mimi… - habló el profesor dirigiéndose a la castaña. - ¿Porqué tú no estabas actuando? –
- Sí estaba actuando. – respondió Mimi ladeando la cabeza y parpadeando varias veces. – Así me expreso yo. –
Sus tres compañeros la miraron extrañados.
- ¿Eh? – exclamó Joe. – Yo creo que no. Y eso puede traerte problemas para transmitir tus sentimientos cuando estés sobre el escenario. Debes dejarte llevar. –
- Pero sí me dejé llevar. – respondió la castaña.
- No vi expresión alguna en tu rostro, no puedo evaluarte si no muestras tus emociones. – dijo el peliazul. - ¿Cuándo cantas las canciones que te gustan no sientes lo que estas expresan? –
- Hmmm… nunca lo había pensado. – replicó Mimi. – Supongo que no. –
- ¿Cómo puedes cantar sin comprender las emociones que lleva dentro una canción? – dijo Joe cuestionándola. – De esa manera nunca podrás ganarle a esa chica en las pruebas de este mes. –
- ¿Qué creen que hacen ustedes aquí? – intervino una voz masculina.
- ¡Director Yano! – exclamó Joe. – E-estábamos practicando. ¿Hay algún problema? –
- ¿No sabía usted que los alumnos de la clase especial no tienen permitido el uso de esta aula? – replicó el director. – De hecho, no pueden utilizar ningún otro salón que no sea el suyo. –
- Pues sí, lo imagine, p-pero todas las clases ya terminaron y pensé que no molestaríamos a nadie a esta hora… -
- Lo siento, pero no está permitido, deben salir de aquí cuanto antes. –
- ¡Director! – exclamó el peliazul. – Si usted no nos deja usar este salón yo voy a… -
- ¿Usted va a qué? – interrumpió el mayor con prepotencia.
Joe iba a decir algo, pero rápidamente recordó la posición en la que se encontraba y bajó la cabeza.
- Está bien, haré lo que usted ordene. – respondió. – Chicos, vámonos. –
Dicho esto, el profesor ni siquiera los volteo a ver y salió a paso rápido del salón.
- ¿Qué? – exclamó Yamato. - ¿No piensa hacer algo? –
- ¡Profesor! – lo llamó Taichi.
- Pff, vámonos de aquí. – bufó Mimi girando los ojos y dirigiéndose a la puerta del aula.
Los jóvenes miraron con cierto desdén al director y siguieron a Mimi hacia la salida, donde le profesor Kido los esperaba cabizbajo. El señor Yano salió después de estos y los ignoró completamente marchándose a su oficina.
- ¿Y ahora qué se supone que vamos a hacer? – preguntó una molesta Mimi al peliazul.
- Lo siento chicos, pero él es el director y… -
- Ya no tendremos lugar para ensayar… - intervino Hikari con un semblante de verdadera tristeza.
- ¡Esperen! – exclamó Taichi. – Conozco un lugar que nos podría servir. -
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- No puedo creer que nos trajeras aquí. –
Mimi ya conocía ese lugar. Era ese pequeño cuarto lleno de grafiti en las paredes y que carecía de muebles, la supuesta casa de Taichi; sólo que ahora se encontraba un poco más descuidada, sucia y con montañas de cajas y basura regadas por todo el suelo.
- ¡Qué buena idea, hermano! – exclamó Hikari entrando con ánimo al lugar. – Aquí nadie nos podrá decir nada. –
- Creo que si limpiamos y despejamos todo, podría resultar muy espacioso. – dijo Yamato siguiendo a la chica. – Y la ventaja es que está muy cerca de la academia. –
- Es mil veces mejor que ese salón de canto en el que estábamos, ¿verdad? – habló Taichi en tono triunfal mientras entraba también. – Además cuenta con un baño y una pequeña cocina. -
- Dirás mil veces peor. – exclamó Mimi pasando de largo al castaño. – Pero es mejor que nada. –
- ¿Qué opina, profesor? – preguntó Taichi cuando vio entrar al peliazul.
- Lo primero que debemos hacer es limpiar y acondicionar el lugar. – dijo Joe examinando el espacio con la mirada. - ¡Así que manos a la obra! –
Los cuatro chicos asintieron y se dispersaron por el cuarto para comenzar a recoger los objetos tirados y a limpiar la suciedad del suelo. Hikari tomó una escoba y un recogedor y comenzó a barrer el polvo y la mugre mientras Mimi se dirigió hacia un descuidado sillón y tomó los cojines de este en el aire para sacudirlos.
Los hombres se estaban encargando del mobiliario pesado. Entre Yamato y Taichi tomaron el sillón y lo colocaron en un rincón de la habitación pegado a la pared para que así ahorrara espacio en el centro del lugar, mientras Joe movía cajas llenas de objetos que estaban apiladas por todo el cuarto.
Mimi terminó con su labor de sacudir y optó por ayudar a mover las cajas que estaban estorbando cubriendo todo el piso. Se agachó para levantar una y clara fue su sorpresa al descubrir que estaba más pesada de lo que pensaba.
Al fin pudo levantarla unos cuantos centímetros cuando la voz de Yamato la interrumpió.
- ¿Necesitas ayuda? – preguntó el rubio viéndola desde arriba.
Mimi levantó la cabeza y lo miró sin responder nada. ¿Acaso creía que ya se le había olvidado la humillación que la hizo pasar? Por supuesto que no. Así que simplemente le volteo la cara y sin más dejó caer la caja sobre los pies del rubio para después levantarse y alejarse de él.
- ¡Hey! – exclamó Yamato retirando sus adoloridos pies. - ¿Qué rayos le pasa? – susurró para sí mismo mientras se agachaba a recoger la caja.
Una hora y media fue lo que demoraron en dejar su nuevo salón de prácticas completamente impecable. El piso lucía reluciente y el cuarto en forma rectangular ahora tenía un gran espacio al centro para que los chicos pudieran practicar. Pegado a la pared solo se encontraba el gran y viejo sillón y una pequeña mesa al lado de este.
Habían decidido quedarse sin cocina y pusieron todo el montón de cajas apiladas en donde se supone que esta iba, sólo sacaron el horno de microondas y lo situaron justo en la mesita de al lado del sillón.
- Hmm… - exclamó Hikari. - ¡Creo que en verdad va a funcionar! –
- Y el grafiti en las paredes le da un toque genial. – dijo Taichi.
- Lo único que este salón necesita es un espejo que mida el largo de una de las paredes. – habló el profesor. – Yo me encargaré de conseguirlo pronto. –
- Y no nos vendría mal un estéreo y un teclado, ya que dudo que podamos conseguir un piano. – dijo Yamato.
- En mi casa tengo un estéreo, lo traeré mañana. - respondió el peliazul. – Y buscaré la manera de conseguir el teclado. –
- Esperen. – intervino Mimi. – Creo que están olvidándose del hecho de que no tenemos un maestro que nos pueda dar una clase práctica. –
- Hmm… - exclamó Taichi. - ¿Y no podríamos pedirle el favor a algun profesor de la academia? –
- ¡Estás loco, Tai! – replicó Hikari. – Si el director se entera de que algún maestro nos está ayudando, van a haber consecuencias. –
- Aunque tal vez… - comenzó a hablar Joe. – Se me ocurre alguien que nos podría ayudar. –
- ¿Enserio? – respondió el castaño. – ¡Entonces apúrese y tráigalo! –
- Primero debo hablar con él, pero mañana mismo les tengo noticias al respecto. – dijo el peliazul. – Por ahora será mejor que volvamos a la academia. –
Los chicos asintieron y abandonaron a paso lento su nuevo salón de prácticas. Estaban sumamente agotados de tanto limpiar y acomodar que lo único que deseaban era llegar a sus dormitorios para descansar, así que lo primero que hicieron al pisar la academia fue dirigirse a sus respectivos edificios y tirarse en sus camas sin siquiera cambiarse de ropa. No pasaron ni cinco minutos y los jóvenes ya se encontraban súbitamente dormidos.
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La noche transcurrió rápido y el sol se asomó en la cuidad a tempranas horas de la madrugada. Las actividades en la escuela apenas iban a dar comienzo y, como era costumbre en las mañanas, la cafetería se encontraba llena.
Faltaba media hora para que las clases dieran comienzo y el profesor Joe Kido se había dado la tarea de encontrar lo más pronto posible a la persona que probablemente lo ayudaría con sus chicos; y al parecer andaba de suerte, puesto a que el susodicho venía caminando justo en el mismo pasillo que él, sólo que de lado contrario.
- ¡Profesor! – exclamó Joe.
- ¿Me está hablando a mí? – respondió un hombre de rojizo cabello alborotado.
- Hola Izzy. - saludo el peliazul. – Probablemente no me recuerdes y… -
- Usted es Joe Kido. – interrumpió el pelirrojo. – Fue el maestro de arte de varios de mis compañeros cuando yo estudiaba aquí y si mal no recuerdo, ninguno de ellos logró debutar. – hizo una pausa. - ¿Y por qué me llama Izzy? –
- Así suelen llamarte tus amigos, o por lo menos mis ex alumnos solían decirte de esa forma. –
- Exacto, mis amigos. – respondió mirándolo extrañado. – Y usted no lo es. –
- Pero ahora ambos somos profesores, podemos ser amigos. – dijo el peliazul con una sonrisa. – Y no es necesario que me hables con tanta formalidad, puedes tutearme. –
- Ehm, yo no creo que… - exclamó Koushiro. – Ah, tengo que irme, las clases ya van a comenzar. –
- ¡Espera! Tengo algo que quiero hablar contigo. –
El pelirrojo lo miró por unos cuantos segundos y suspiró.
- ¿De qué se trata? –
- Necesito que me ayudes a enseñar a mis alumnos, los de la clase especial. –
- Pero si yo ya les estoy enseñando. – replicó Izzy. – Les imparto su materia de inglés. –
- Lo sé, pero no me refiero a eso… -
- ¿Entonces? –
- Tú eres profesor de canto y baile en quinto y sexto semestre, he escuchado que eres muy bueno y me gustaría que enseñaras a mis alumnos. –
Koushiro abrió la boca para decir algo, pero rápidamente cambio de idea y comenzó a caminar hacia delante, ignorando la absurda petición del peliazul.
- ¡Izzy! – lo llamó Joe mientras corría tras de él. – Tan sólo déjame hablar. – exclamó ahora atravesándose en su camino.
- ¡Usted está loco! – respondió el pelirrojo. – Los alumnos especiales no pueden tomar clases prácticas, el director se los prohibió. –
- ¿Y no te parece un poco injusto? – preguntó Joe. – Tú los conoces, son buenos chicos y están llenos de sueños. –
- Ya habrá oportunidad para que lleven sus clases de canto y de baile. –
- No, y eso hasta tú lo sabes… - dijo con seriedad el peliazul. – El director los puso en esta situación porque quiere que ellos se harten de esperar y terminen rindiéndose. – hizo una pausa. – Él no va a permitir que avancen si los chicos no muestran progreso, y es obvio que sin un guía, no lo lograrán. –
Izzy lo meditó por unos momentos y soltó un largo suspiro.
- Mire, los chicos me agradan mucho y en verdad me gustaría verlos fuera de esa horrible clase especial, pero yo no pienso arriesgarme. Si el director se entera, es capaz de despedirme. –
- Pero es que… -
- Ya. – interrumpió el pelirrojo. – No voy a hacerlo. Con su permiso. –
Dicho esto, Koushiro reanudó su marcha hacia el salón de clases, por más que quisiera tratar de ayudar a esos chicos, no podía, simplemente no era posible.
- ¡Espera Izzy! – lo llamó el peliazul desde atrás. – ¡Aunque sea véndeme tu teclado! –
El menor se detuvo en seco al escuchar eso último y se dio la vuelta para comenzar a caminar hacia Joe.
- ¿Cuánto estás dispuesto a pagar por él? –
Joe parpadeo varias veces y sonrió, el pelirrojo ahora lo estaba tuteando.
::
Yamato caminaba a paso lento hacia el salón de clases, aun faltaban unos cuantos minutos para que estas dieran comienzo pero él ya había terminado de desayunar y no tenía nada mejor que hacer. Bajó las escaleras que llevaban al sótano de la academia y cuando al fin estuvo ahí, se detuvo en seco.
Sus ojos azules se abrieron de par en par ante lo que veían, toda la pared frente al salón estaba llena de grafiti y arriba del mural estaba escrito "Tachikawa". Algún inmaduro había dibujado a Mimi en la pared y le había puesto cuernos, colmillos y hasta cabello de medusa, además de que escribió varios insultos alrededor de la que supuestamente era la chica.
Y lo peor de todo era que ahí estaba ella; Mimi Tachikawa en persona se encontraba tallando inútilmente con una esponja de baño la tinta del grafiti, tratando de borrarla de la pared.
- ¡AGH! ¡Es imposible! – exclamó la castaña con frustración. – Ni siquiera el jabón lo va a quitar. –
La chica de ojos color chocolate levantó su rostro para contemplar el horrible mural una vez más y al paso de unos segundos arrojó la esponja al suelo con evidente coraje, dándole la espalda y entrando con rapidez al salón. Se había rendido.
Yamato había observado toda la escena y suspiró preocupado, al parecer la generación entera tenía algo en contra de Mimi y cada vez le jugaban bromas más pesadas. Las cosas no podían continuar así.
Caminó unos cuantos pasos más para quedar frente al mural y lo contempló con detenimiento. Sí, en definitiva la chica del dibujo supuestamente era Mimi, pero esa no era la castaña que él conocía. Por supuesto que no.
- Es un muy mal retrato. - susurró con una ligera sonrisa. – Además esas palabras… -
"¡Lárgate!", "Arrogante.", "Ladrona."
- Definitivamente está muy mal. –
- ¿Qué es esto? –
La voz de Taichi lo sacó de sus pensamientos.
- ¡Esos bastardos! – exclamó el castaño al notar que era Mimi la del dibujo. - ¡Me las van a pagar! –
Taichi comenzó a correr y estaba a punto de subir las escaleras cuando se topó con el profesor Koushiro, quien lo detuvo.
- Pues tendrás que cobrárselas después. – dijo el pelirrojo. – La clase de inglés está por comenzar, entra al salón, Yagami. – ordenó y miró al rubio. – Tú también, Ishida. –
::
Ese día transcurrió a la normalidad y fue tranquilo para todos los estudiantes, incluso para los alumnos especiales. Sus clases habían acabado antes y se habían ido desde temprano de la academia a su nuevo salón de prácticas para comenzar a prepararse para la prueba de canto.
Clara fue su sorpresa al llegar y notar que ahí los estaba esperando el profesor Koushiro con un flamante teclado que parecía nuevo.
- ¿Profesor? – preguntó Yamato al verlo. - ¿Qué hace usted aquí? –
- Sólo vine a entregarles esto. – respondió el pelirrojo. – Se lo acabo de vender a su maestro hoy mismo. –
- ¡Wow, es muy bonito! – exclamó Hikari. – Además nos será de gran ayuda en las lecciones de canto. –
- Puede ser. – dijo Taichi. – Pero ni siquiera sabemos como se usa. -
- Profesor Izumi. – intervino Joe. - ¿No podrías enseñarles aunque sea como encenderlo y las funciones básicas del aparato? –
Izzy lo miró con cierta molestia en sus ojos. ¿Porqué el peliazul le pedía eso si el ya le había dicho que no podía ayudar a la clase especial?
Joe notó la mirada pesada del pelirrojo y sonrió.
- No te preocupes, no les darás lecciones de piano, sólo muéstrales como funciona el instrumento. – explicó el mayor.
Izzy soltó un largo suspiro y asintió levemente, acercándose al teclado.
- Este es el botón de encendido. – exclamó el pelirrojo presionándolo. – Una vez que lo prenden pueden cambiar el tono del instrumento con este botón. –
Koushiro pulsó la opción de piano y comenzó a tocar el teclado impecablemente.
- ¡No sabía que era tan bueno, profesor! – exclamó Hikari llena de asombro.
- Desde que lo conozco toca muy bien. – intervino Joe. – Es por eso que supuse que tendría un teclado que vendernos. -
- ¡Yo quiero intentarlo! – exclamó Taichi parándose a un lado de Izzy.
De pronto el castaño ya se encontraba presionando todos los botones y teclas del instrumento sin parar, haciendo que los oídos de los presentes se aturdieran un poco.
- ¡Ya detente! – lo interrumpió Mimi a la vez que se tapaba los oídos. – ¡Estas tocando notas sin sentido a toda velocidad! –
- Es que en mi vida me había acercado a un piano o a algo que se le parezca. – respondió el castaño sonriendo con nerviosismo.
- No. – intervino Izzy. – No eran notas sin sentido, de hecho sonó como el acorde de Do mayor. –
- ¿Do mayor? – preguntó Taichi algo confundido. – ¿Y entonces porqué sonaba tan mal? –
- Si lo tocas lentamente y lo vas acelerando gradualmente, chocarás contra una barrera de velocidad, una velocidad por encima de la cual todo se derrumba y la tensión crece. – comenzó a hablar mirando al castaño a los ojos. - La forma de eliminar esta barrera es tocar el cuatrillo como un único acorde. – explicó haciéndolo a la vez en el teclado. - Sólo tienes que aprender a bajar la velocidad, que es más fácil que subirla puesto que no hay barreras de velocidad cuando estás reduciéndola. –
- ¡Creo que entiendo! – exclamó el castaño con una sonrisa. - ¿Y cómo le hago para reducir la velocidad? –
- Primero toca el acorde y haz botar la mano a la frecuencia a la que debería tocarse el cuatrillo. – respondió Izzy con una sonrisa mostrándole la manera de hacerlo en el teclado. - Debería ser más fácil al tocarlo como acorde, pero puede que no sea sencillo si es tu primera vez. Ten en cuenta que los dedos estén posicionados correctamente para tocar rápidamente. –
- ¿Así? – exclamó Taichi posicionando sus manos en el teclado.
Joe observaba algo alejado como sus alumnos ponían extrema atención a lo que el pelirrojo decía y como este parecía estar muy emocionado explicándoles las reglas simples de los acordes.
Una amplia sonrisa se formó en sus labios.
- No. – respondió Koushiro parándose a su lado. – Debes mantener los dedos cercanos o sobre las teclas conforme incrementas la velocidad. – dijo a la vez que le mostraba como hacerlo. – Además esto implica todo tu cuerpo, la sensación debe ser que tocas desde tus hombros y… -
El pelirrojo se detuvo abruptamente cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo. ¡No podía ser posible! Por un momento se había dejado llevar y ahora hasta les había comenzado a dar una clase práctica de piano. Así que sin más, se aclaró la garganta y se acomodó la camisa, retirándose del teclado.
- Bueno, creo que ya entendieron como funciona. – exclamó. – Eso es todo, me voy. –
- Es una lástima. – dijo Joe. – Deberías enseñarles aunque sea un poco más. –
- Ya hablamos sobre esto. – replicó Izzy comenzando a caminar hacia la salida. – Nos vemos, chicos. –
- ¡Nos vemos profesor! – exclamaron Taichi y Hikari, quienes seguían pegados al teclado presionando todos los botones.
Mimi y Yamato simplemente se despidieron con un ademán de manos y se acercaron al teclado para verlo de cerca.
- ¡Miren! – dijo Taichi. – Creo que lo entendí todo. –
El castaño comenzó a presionar las teclas tratando de imitar a Izzy y su hermana inmediatamente lo corrigió y comenzó a tocar ella también.
- ¡Hey, hey! – intervino Joe. - ¡No lo toquen así, lo van a dañar! –
- ¡Es que es tan genial! – exclamó Hikari.
- Yo estoy de acuerdo con el profesor. – dijo Yamato. – Si siguen así lo van a echar a perder. –
- Y no suenan nada bien los dos al mismo tiempo. – completó Mimi.
- ¡Eso no es verdad! – respondió Taichi. – Puse mucha atención al profesor Izumi. –
Izzy, quien aun no salía de aquella habitación, veía la escena desde la puerta. Sin duda esos chicos le agradaban mucho y había disfrutado ese pequeño rato que pasó con ellos. Tal vez el ayudarlos con sus clases prácticas no era tan mala idea.
- No. – se corrigió inmediatamente. - ¿En qué estoy pensando? –
Negó con la cabeza unas cuantas veces y al fin salió del lugar.
::
El resto del día pasó y ahora los estudiantes especiales estaban de vuelta en la Academia YG. La hora de cenar aún no llegaba y Mimi se encontraba en el sótano del lugar con un trapo lleno de detergente tratando de lavar el horrible mural que habían hecho de ella, sin mucho éxito. Esas cosas solían no importarle… ¡Pero es que la habían dibujado como un auténtico monstruo!
- Que fastidio… - susurró para sus adentros. - Es imposible de lavar. -
Dejó en el suelo el trapo húmedo y comenzó a caminar hacia la azotea de la academia, le urgía tomar aire fresco y darse un respiro, y ese lugar era perfecto. Subió unos cuantos pisos y al fin llego a su destino, y cuando estuvo a punto de abrir la puerta para salir, una dulce voz que venía del otro lado de esta la detuvo.
- Your beautiful eyes stare right into mine, and sometimes I think of you late at night. I don't know why... -
- ¿Hikari? – susurró Mimi al reconocer aquella voz.
La castaña abrió la puerta lentamente y divisó a la chica recargada en el barandal del lugar cantando con una sonrisa en el rostro a la vez que tocaba una guitarra acústica.
- I wanna be somewhere where you are, I wanna be where... -
Mimi ahora se encontraba recargada en la puerta sin poder quitarle la mirada de encima a Hikari, quien cantaba con tanta pasión y devoción que hasta parecía que en verdad estaba sintiendo lo que decía la canción, cosa que intrigó a la castaña.
- You're here, your eyes are looking into mine, so baby make me fly. My heart has never felt this way before. I'm looking through your, I'm looking through your eyes... -
- Oye... - la llamó desde su sitio.
- ¿Mimi? – replicó la menor, dejando de tocar la guitarra.
- En definitiva tu voz no supera a la mía. – exclamó con los brazos cruzados caminando hacia la chica. – Pero me superas por completo en eso de transmitir emociones. -
Hikari parpadeo varias veces.
- Solamente canto lo que siento. – respondió sin más.
- Hmmm… ¿Qué tengo que hacer para poder tener esa clase de expresión y sentimiento al cantar? – preguntó la castaña.
- ¡Es simple! – replicó Hikari con una sonrisa. – Tienes que estar enamorada. –
- ¿Enamorada? – exclamó Mimi frunciendo el seño. - ¿Tú estás enamorada? –
- Este, bueno... – balbuceó nerviosa. – Sí. – dijo a la vez que asentía tiernamente.
- ¿Enserio? – preguntó con algo de interés. - ¿De quién? –
- ¡Ah! ¡Me da vergüenza decírtelo! – exclamó Hikari a la vez que sus mejillas se tenían de rojo. – Pero sígueme, lo verás con tus propios ojos. –
La chica tomó a Mimi de la mano y la llevó corriendo hacia la puerta para bajar las escaleras y dirigirse a paso rápido hacia los salones de canto.
- ¿Qué hacemos aquí? – habló Mimi una vez que llegaron. – Ya terminaron las clases. –
- Él siempre viene a ensayar justo a esta hora. –
- ¿Quién? –
Hikari la invitó a observar a través de la ventana de uno de los salones y cuando la chica vio de quien se trataba, abrió los ojos de par en par.
- ¿Takeru? – exclamó incrédula. - ¿Estás saliendo con Takeru? –
- Aún no. – respondió con una sonrisa. – Apenas nos estamos conociendo. –
Mimi la miró confundida y se alejó de la ventana.
- Imposible. –
- Sé que es difícil de creer. – respondió Hikari también alejándose de la ventana. - ¡Pero es cierto, tengo pruebas! –
Ahora la menor sonreía de una manera algo boba mientras Mimi la observaba expectante.
- ¿Ves esa paleta de chocolate que tiene arriba del piano? – dijo apuntando al caramelo. – Yo se la di, e hice lo mismo ayer. –
- ¿Y esa es tu prueba? – preguntó extrañada.
- ¡Nop! – exclamó negando con su dedo índice. - Aún hay más. – dijo juntando ambas manos en su pecho. – Siempre que nos topamos al entrar a algún salón, él me abre la puerta y se espera a que yo pase. Además después me sonríe y me saluda con un tierno "hola"... – dijo haciendo el ademán con sus manos a la vez que sus ojos brillaban con ilusión.
Mimi seguía mirándola, ahora con el ceño fruncido.
- ¡Aún falta la prueba más importante! – exclamó Hikari. – Sólo observa y escucha… -
La menor caminó de nuevo hacia la ventana y Mimi la siguió. Ahora ambas se encontraban viendo a Takeru mientras este tocaba el piano a la perfección, y de pronto, el rubio tomó aire y comenzó a cantar con intensidad a la vez que tocaba.
- Tell me you've had trouble sleeping, that you toss and turn from side to side, that it's my face you've been seeing, in your dreams at night... -
- Esa canción… - susurró Hikari con emoción.
Mimi giró los ojos.
- ¿Qué tiene esa canción? –
- Tell me that you wake up crying and you're not sure exactly why, tell me that something is missing, in your life, in your life baby... -
- La letra. – respondió aún sonriendo. – ¡Me la está dedicando a mí! –
- ¿Eh? – exclamó Mimi. - ¿Qué parte de la letra? –
- Tell me that you live for love, that forever is never enough. That you've waited all your life to see, that you want so badly to believe. Tell me that it's not just me... -
- Está diciendo que me ama y que espera que yo sienta lo mismo que él. Quiere que le diga que el sentimiento es mutuo. – replicó la menor.
Mimi soltó un pequeño suspiro.
- Creo que lo entiendo. – exclamó. – Ya sé que es lo que estas sintiendo. –
- ¿Enserio? – preguntó Hikari.
- Sí, lo que tú sientes es… - dijo acercándose más a ella y bajando un poco su rostro para quedar a su altura. – Un engaño, un malentendido. –
Dicho esto, la castaña se dio la vuelta y se alejó del lugar, definitivamente no tenía tiempo para escuchar niñerías. Sí, Hikari era tan sólo dos años menor que ella, pero parecía una niñita ilusionada con algo que ella misma había creado en su imaginación.
- ¿Un malentendido? – susurró Hikari a la vez que era dejada atrás.
La sonrisa se borró de su rostro y dejó de observar a Takeru para darse la vuelta y bajar la cabeza con tristeza.
::
La noche estaba oscura y fría y la hora de la cena al fin había pasado. Mimi ahora se encontraba caminando hacia el edificio B, dispuesta a meterse en su cama a dormir. Entró al lugar y rápidamente subió las escaleras hasta el tercer piso para dirigirse a su habitación.
Abrió la puerta con su llave y dentro solamente encontró a Taichi, quien estaba muy entretenido con su laptop sentado en la litera de arriba, que era su cama y que por cierto, ya estaba toda desordenada a diferencia de la del rubio, que seguía impecable.
A todo esto, Yamato no parecía estar en la habitación, no se veía por ningún lado y la puerta del baño estaba abierta. ¿Dónde se supone que estaba el ojiazul? A estas horas era normal verlo preparándose para dormir.
La duda comenzó a invadirla y se odió a ella misma por eso. ¡Aún estaba muy molesta con él y en definitiva no debería importarle que él no estuviera en la habitación!
- ¡Ah! Mimi. – exclamó Taichi al darse cuenta de que la chica había llegado. – Ya es tarde. ¿Dónde estabas? –
- Cenando. – respondió cortantemente.
Taichi sonrió, esa respuesta era un avance, él esperaba que le contestara algo como: "No es de tu incumbencia", como usualmente solía hacerlo.
- Yo estaba estudiando unos acordes de piano en internet. – dijo Taichi. – Hikari me recomendó la página. –
- Sí, creo recordar haberla visto tocar alguna vez. –
Y claro que lo recordaba, no había podido borrar esa escena de su cabeza ya que Yamato había cantado acompañado de la melodía tocada por Hikari. ¡Diablos! De nuevo pensando en el rubio. Pero es que hasta ella admitía que desde la primera vez que escuchó su voz le había parecido hipnotizante, incluso más de lo que hubiera deseado.
De todos modos, por más que la duda la invadiera, no iba a preguntar por él.
- Oye, puedes apagar la luz si ya tienes sueño. – exclamó el castaño, sacando a Mimi de sus pensamientos. – Por cierto, ¿has visto a Yamato? –
¡Qué suerte! El tema había salido a flote y no había sido ella quien lo sacó.
- No. – respondió secamente. - ¿No ha venido para acá? –
- Pues no lo he visto desde que llegamos de nuestro salón de prácticas. - replicó Taichi. – Pero bueno, creo que llegará más tarde. –
- Supongo. – dijo Mimi encogiéndose de hombros.
Ante Taichi quería mostrarse lo más desinteresada posible, pero la verdad es que sí le importaba, aunque sea un poco, el paradero del rubio. Ya era de noche y era normal que él estuviera en el cuarto. ¿Le habría pasado algo?
La chica negó con la cabeza para dejar de pensar en el asunto y rápidamente entró al baño cerrando la puerta tras de sí. Una vez que estuvo lista para dormir, apagó la luz del cuarto y se lanzó de un sólo salto a su cama.
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Un nuevo día había llegado a la ciudad. El cielo se encontraba despejado y el sol brillaba en su máximo esplendor, haciendo que el frío invernal no golpeara tan fuerte. Mimi Tachikawa se encontraba saliendo de la cafetería pues ya había terminado de desayunar, si es que eso se podía considerar desayuno, pues casi no había probado bocado.
Y es que le parecía de lo más extraño que Yamato no hubiera amanecido en la habitación. Si ayer estaba negada a aceptar su preocupación, ahora no podía ocultarlo. Y bueno, hasta Taichi le había dicho que estaba preocupado, en verdad era muy raro que el chico no se hubiera aparecido para dormir.
Ahora involuntariamente estaba recorriendo los alrededores de la academia tratando de encontrarlo, al igual que Taichi y Hikari. Faltaban diez minutos para que las clases comenzaran y la chica decidió bajar al salón, quien sabe, tal vez el chico ya se encontraba ahí.
Caminó dirigiéndose a las escaleras que daban hacia el sótano y comenzó a bajarlas con pesadez en sus pasos, y justo cuando estuvo a punto de terminarlas de bajar, levantó la cabeza y sus ojos se abrieron de par en par ante lo que veían.
Era ese mural, el horrible mural que habían hecho de ella; sólo que ahora la imagen era totalmente diferente. Realmente parecía un retrato de ella misma. Sus ojos eran grandes y tenían unas largas y curveadas pestañas, sus mejillas eran color rosa y sus labios formaban una hermosa y perfecta sonrisa. Y lo más importante, ya no tenía cuernos, ni colmillos, y su cabello ya no era de medusa, ahora estaba dibujado con gracia, parecía incluso que bailaba con delicadeza.
Aún seguía anonada con la imagen que sus ojos color chocolate miraban y sin darse cuenta ya se encontraba parada frente al muro observándolo con detenimiento mientras una gran y bella sonrisa se posaba en sus labios.
Se dio la media vuelta para entrar al salón y de nuevo le sorprendió lo que sus ojos veían, era él, Yamato Ishida, a quien había estado buscando. Se encontraba durmiendo en el suelo, recargado en la pared y con una caja que tenía dentro un montón de brochas de todos los tamaños y pequeños botes de pintura de diversos colores a su lado.
Lo miró extrañada por unos segundos, preguntándose la razón por la cual había pasado la noche ahí, pero inmediatamente las cosas cuadraron y sus ojos se abrieron ampliamente. ¿Acaso el rubio había pasado toda la noche pintando el mural? ¿Se había tomado el tiempo de borrar ese horrible retrato y además de volverlo a dibujar?
- ¿Pero porqué? – se preguntó casi en un susurro.
- Oye Mimi, no pude encontrarlo y… - dijo Hikari, quien venía bajando las escaleras. – Vaya, con que aquí estaba. –
Mimi volteo a verla y asintió en silencio.
- ¿Entonces durmió aquí? – preguntó la menor. - ¿Por qué habrá sido? –
- Es que… - comenzó a decir en voz baja, pero sus ojos terminaron la frase, ya que ahora se encontraban nuevamente mirando el hermoso mural.
- ¡Wow! – exclamó Hikari. - ¡Qué talento! ¡Es igualita a ti! - hizo una pausa mientras contemplaba la pared. – Ahora lo entiendo, creo que le tomó toda la noche y se quedó dormido sin darse cuenta. -
- Eso creo… - respondió Mimi.
- Deberías despertarlo, creo que no está muy cómodo allí… - dijo la menor. – Además debe irse a duchar, está bien si falta a la primera clase. –
- ¿Cómo lo despierto? – preguntó Mimi confundida. - ¿Y si mejor lo haces tú? –
- No puedo. – replicó Hikari. – Tengo que ir a avisarle a mi hermano que Yamato apareció antes de que encuentre al profesor Kido y lo preocupe innecesariamente. –
- Pero… -
- ¡Si llega el profesor Izumi, dile que no tardamos! – exclamó la chica corriendo rumbo a las escaleras.
Mimi dio un largo suspiro y regresó su mirada hacia el rubio. Se veía tan tranquilo durmiendo recargado en la pared y realmente no quería despertarlo, pero Hikari tenía razón, debía hacerlo.
Se agachó y se apoyó en sus piernas para quedar frente a Yamato, a su mismo nivel.
- Tal vez si sólo lo llamo… - susurró.
Mimi se acercó un poco.
- Oye. – exclamó en voz baja. – Hey… - dijo alzando un poco la voz. – Despierta. -
Pero Yamato seguía inmóvil, respirando tranquilamente.
La castaña suspiró y se acercó más a él.
- Hey, levántate. – repitió acercando su rostro al del rubio. – Despierta. – dijo alzando más la voz.
Nada. El rubio seguía pacíficamente dormido.
Mimi se desesperó un poco, definitivamente la paciencia no era lo suyo. Se acercó lo más que pudo y lo tomó de los hombros para comenzar a moverlo un poco.
- Yamato. – exclamó en voz alta. – Yamato. – repitió su nombre.
Era el colmo, el chico no parecía tener intenciones de despertar. Mimi frunció el seño y soltó otro suspiro, ya no iba a ser delicada, ahora sí lo iba a despertar. Apretó el agarre en los hombros del rubio, acercó su rostro lo más que pudo y tomó aire, preparándose para gritar con fuerza.
- ¿Mimi? – preguntó un desconcertado Yamato abriendo los ojos de par en par.
La castaña se quedó helada y con la boca abierta a punto de gritar. Ahora se encontraba literalmente casi encima del chico, sujetándolo de los hombros, y además podía sentir su respiración. Un leve calor subió por sus mejillas e inmediatamente lo soltó.
- ¡Aléjate de mí! – exclamó la chica empujándolo con fuerza para separarse de él.
- ¿Qué rayos? – replicó Yamato, quien ahora yacía completamente en el suelo, usando un brazo como soporte. - ¿Qué está pasando? –
- ¡Nada! – respondió rápidamente la chica, que lucía molesta. – ¡Las clases ya van a comenzar y tú tienes el sueño pesado! ¿Tienes idea de cuantas veces te llamé? –
- ¿Eh? –
- Ya. – bufó Mimi poniéndose de pie. – Tienes que ir al dormitorio a ducharte, tal vez alcances parte de la clase. –
- Pero es que… - replicó el ojiazul imitando la acción de la chica.
- Y será mejor que te lleves todas tus cosas. – lo interrumpió Mimi mientras se agachaba de nuevo para recogerlas y entregárselas. – Toma. –
El rubio la miró extrañado y tomó su material. Apenas comenzaba a recordar que se quedó dormido en ese lugar y lo que más lo tenía confundido era el hecho de que al despertar, lo primero que había visto fueron aquellos ojos color chocolate de la chica muy cerca de los suyos.
- ¿Por qué me observas de esa manera? – dijo la castaña sacándolo de sus pensamientos. – Ya tendrías que ir en camino a la habitación. –
- Claro. – respondió al fin. – Nos veremos al rato. –
Dicho esto, el rubio se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras con tranquilidad mientras Mimi lo observaba desde abajo. Una vez que lo perdió de vista, la dura expresión en el rostro de la chica se suavizó y sus manos se juntaron tocando su pecho.
- ¿Qué fue lo que sucedió? – se preguntó a ella misma.
Ni ella podía entender porqué había reaccionado así. Tampoco entendía porque fue que se sonrojó ni el hecho de que su corazón había comenzado a latir desbocado cuando se vio en tan penosa situación con el rubio.
- Seguramente sólo fue eso. – se dijo mentalmente. – Estaba desprevenida y me puse nerviosa. – asintió con seguridad.
Respiró hondo y al fin la tensión en su cuerpo fue desapareciendo. Bien, el momento incómodo ya había pasado y esperaba que no se volviera a repetir.
- Aunque no debí haber sido tan grosera, después de todo… -
La chica volteó a ver de nuevo el mural y sus ojos se abrieron de la impresión ante un detalle que no había notado antes. Las horribles frases que estaban escritas también habían sido reemplazadas.
"No te rindas.", "Sigue brillando.", "Tú puedes."
Se acercó un poco a la pared mientras un extraño regocijo se apoderaba de su cuerpo. ¿En verdad el rubio había toda pasado la noche en vela pintando el mural? ¿Por ella?
Recorrió con su mano el retrato e inevitablemente una sonrisa se apoderó de sus labios.
- Gracias... -
Sabía que él no podía escucharla, pero algún día le agradecería personalmente.
.
Notas de la autora:
Grr, de nuevo me quedó muy largo, pero conste que ustedes me dicen que así les gustan más xD! Yo sólo cumplo. Aunque de todos modos el capítulo debía cubrir MUCHO material, como se dieron cuenta. Lo malo es que he andado sumamente ocupada y no me dio tiempo de revisarlo D:! Ojalá no tenga muchos errores. Pero bueno, ahora necesito organizar ideas.
Primero, ¿Les gustó? ¿Creen que las cosas al fin comiencen a mejorar? Hahaha. Pues a ver, sucesos importantes. Primero que nada, el tema de la prueba es reflejar emociones a través del canto, y ya vieron que a Mimi no se le da xD! Otro detalle es que tal vez Izzy se una al bando de los buenos y ayude a la clase especial, ¿ustedes que creen? Hmm, y Hikari ahora también está en la clase especial, además de que ya reveló que está enamorada de Takeru, lo malo es que tal vez se está haciendo falsas ilusiones.
Y hablando de nuestro triangulo amoroso favorito. ¿Vieron? En este capítulo no hubo Michi y les traje una pequeña dósis de Mimato. ¡Oh sí! Pero bueno, en los próximos habrá de ambos xD! Por cierto, ¿les gustó lo que hizo Yamato por Mimi? Ow, que lindo que no durmió por arreglar ese feo grafiti que habían hecho de ella. Y lo de despertarlo de esa manera fue un plus, haha, el momento lo ameritaba, aunque ninguno de los dos sabe realmente que onda con sus propios sentimientos. Y es que ambos se sienten algo atraídos entre ellos por que están "enamorados" de la voz del otro.
Por cierto, las palabras al principio del capítulo son pensamientos de Taichi que quise compartir :)! Como verán, él es quien ya se dio cuenta de que en verdad siente algo por Mimi.
Y err, creo que es todo por hoy (?)! Hahaha, muchas gracias por leerme y por sus hermosos reviews! En este capítulo noté a algunos lectores nuevos, ¡bienvenidos sean! Y a los que ya llevan tiempo leyéndome sepan que los amo, gracias a ustedes continúo semanalmente con este proyecto, enserio que sus reviews son los que me ponen las pilas para escribir, y como siempre, ya les contesté personalmente a cada uno de ustedes :)!
Los veo la próxima semana :D!
Atto. Rolling Girl
aka: Gravi ~
