ASIGNATURA PENDIENTE
Copyright de Lita Kino, 2007 (Todos los derechos reservados)
Basada en Ranma 1/2, creado por Rumiko Takahashi, Copyright de la autora.

SEXTA PARTE

-¡Buenos días!- saludó Akane al entrar al comedor, sabiendo que se le había hecho un poco tarde.

-Hola – respondió Mashauri desde el otro extremo de la mesa, mientras engullía animosamente su desayuno.

-Vaya, creí que tu abuela ya estaría aquí. Y veo que ya te encuentras mejor. ¿Cómo te sientes¿Dormiste bien anoche?

-Muy bien, mi nariz ya no se tapó. Creo que esa es una buena señal.

-No sabes el gusto que me da porque eso significa que ya podrás ayudarme a reescribir mi tesis.

- Y es mucho¿verdad?- preguntó Mashauri con una mirada mezcla de vergüenza y resignación.

Akane afirmó con la cabeza, sin dejar de mirarla.

-¿Me creerías si te dijera que todavía me siento un poco resfriada?

-A ver, déjame pensar… Pues no, creo que no te lo creería…

La pequeña Saotome hizo una mueca ante esta respuesta.

-Pero anímate, no va a ser tan malo después de todo.

-Eso espero- suspiró la niña.

Kaori apareció en ese momento por la puerta de la cocina, trayendo consigo el desayuno para Akane y argumentando que la señora Nodoka había salido muy temprano esa mañana.

Los días posteriores al resfriado de Mashauri y al descubrimiento de la carta de su madre, habían operado un cambio muy notable en su actitud hacia todos los que habitaban en la mansión, pero de manera especial, con su niñera. Y Akane estaba fascinada con esa reciente comunicación, la cual le había permitido, incluso, negociar la reelaboración de su escrito, acompañado obviamente de una sincera disculpa por parte de Mashauri y su total disposición para ayudarla. La chica Tendo dejó pasar algunos días más para permitir que la niña se recuperara del todo, hasta esa preciosa mañana en la que la pequeña Saotome esperaba impaciente en la puerta.

-¡Akane, date prisa¡Ryouga ya encendió el auto!

-Ya voy, ya voy- respondió la chica de cabellos azulados mientras descendía por las escaleras, revisando su bolso.

-¿Estás segura que es una buena idea¿No crees que te cause problemas?- le preguntó Nodoka en cuanto llegó al recibidor.

-Después de los que ya hemos causado, créame que estoy preparada para cualquier cosa- bromeó Akane. –Pero despreocúpese, le aseguro que un fin de semana de compras y "sólo para chicas" le vendrá excelente a su nieta. Confíe en mí.

-Lo haré sólo porque es la primera vez que veo a Mashauri tan feliz. Llámame si necesitan algo¿de acuerdo?

-Cuente con eso.

Después de despedirse de la abuela y de recibir las respectivas recomendaciones, ambas chicas abordaron el vehículo y se despidieron del Aomori, y de la gran mansión por aquel fin de semana. Tal y como lo dijo Nodoka, ni Ryouga, ni mucho menos Akane habían visto tanta felicidad en la cara de la niña, en mucho tiempo, hasta le había vuelto el color a sus mejillas, y es que la idea de visitar y permanecer tanto tiempo en Tokio "la gran ciudad", la llenaba de una emoción y curiosidad que desde hace tiempo no sentía.

El automóvil entró a la gran avenida cerca del medio día y aparcó en frente del estacionamiento de la Universidad, el movimiento era relativamente poco considerando que era viernes, y que solamente estaban asistiendo los estudiantes de los cursos de verano. Mashauri observaba la entrada maravillada, sabiendo que esta nueva aventura se las presumiría a sus compañeras de escuela cuando regresara.

Akane se despidió de Ryouga y ambas salieron del auto. La chica Tendo ya había cerrado la portezuela, cuando la voz del muchacho la hizo voltear de nuevo.

-¿Ocurre algo?- preguntó asomando su rostro por la ventanilla.

-Nada malo, sólo… -Ryouga estaba levemente sonrojado- … sólo cuídense y diviértanse mucho¿de acuerdo?

-Gracias nuevamente- Akane le sonrió con dulzura, tomó a Mashauri de la mano y entraron al campus.

El chico Hibiki permaneció ahí hasta que las perdió de vista, y después de un suspiro arrancó su viaje de regreso.

Mashauri estaba impresionada con todo lo que la Universidad de Tokio significaba, y no le quedaba la menor duda que su escuela podía caber seis, siete o hasta ocho veces ahí. Era como estar dentro de una pequeña ciudad, llena de árboles, edificios, áreas verdes y personas que iban y venían.

Ambas chicas hicieron su primera escala en los edificios administrativos, en donde Akane entró en un par de oficinas y salió con algunos papeles. El recorrido continuó a través de la gran explanada, en donde ondeaban orgullosas y solemnes la bandera del instituto, así como la de la nación, para después pasar por el jardín de ajedrez, la alberca techada, la facultad de Ciencias Económicas, luego la de Ciencias Físicas y Químicas, dar vuelta a la izquierda y llegar hasta el Centro de Información. La pequeña Saotome miraba fascinada las dimensiones de aquella biblioteca, y una vez que se instalaron en una mesa, iniciaron su labor de adquirir toda la información posible, de todos los libros posibles para la reiniciada tesis de Akane.

Durante más de tres horas estuvieron consultando bibliografías en las computadoras, buscando entre los estantes y tomando cientos de anotaciones. Los bibliotecarios constantemente veían pasar a una pequeña, cargando libros de un lado hacia otro, mientras que la que creían era su hermana mayor, leía y apuntaba.

Cerca de las cuatro de la tarde, Akane consideró que ya había sido suficiente trabajo por ese día, y sacando dos libros en préstamo, se llevó a Mashauri a comer a la cafetería. Después de un "nutritivo" menú compuesto por hamburguesas, papas fritas y un par de malteadas, y de una interesante conversación sobre la vida en la universidad, Akane y Mashauri salieron del campus y se dirigieron a la parada de autobús.

La chica Tendo estaba tan distraída leyendo los títulos de las revistas de un estanquillo cercano, que no se percató del automóvil azul que estaba frente a ellas sonando el claxon.

-¿Las llevo?- sonrió Yuka una vez que consiguió captar su atención.

-¿De modo que abandonaste tu empleo de "dinero fácil por medio del teléfono"? –preguntó Akane mientras las tres chicas se dirigían al centro comercial.

-¡Ay si, era la muerte! Imagina permanecer por casi ocho horas sentada en el escritorio de un negocio prácticamente en quiebra, esperando a que alguien milagrosamente llame, sin absolutamente nada más que hacer…

-¡Qué aburrido!- dijo Mashauri desde el asiento de atrás, bastante atenta a la conversación.

-Demasiado, diría yo… -Yuka le dirigió la mirada por el retrovisor.

-Pero imagino que ya encontraste otro empleo, de lo contrario ya no estarías aquí.

-Así es- sonrió la muchacha animada. –De hecho necesitaban a una persona en "Información Turística" en el aeropuerto y afortunadamente me dieron el puesto.

-¿Y qué es lo que haces ahí?- preguntó Mashauri.

-Muchas cosas, oriento a los turistas, recomiendo y organizo paseos por la ciudad, conozco gente de todas partes del mundo… Créanme, en verdad se sorprenderían con la cantidad de extranjeros que vienen a Japón.

-¡Qué interesante!- dijo la pequeña Saotome.

-Definitivamente, mejor empleo no pudiste haber encontrado.

-Por supuesto, ah y olvidé mencionar que la paga también es excelente… Bueno señoritas, más vale que se preparen, porque estamos a punto de llegar…

Por ser casi fin de semana el centro comercial estaba bastante concurrido: clientes que entraban y salían, adolescentes que se dirigían al cine, remates y ofertas en algunas tiendas, y una firma de autógrafos en determinado establecimiento de discos. Mashauri reconoció que le agradaba toda aquella algarabía, y tomada de las manos de Yuka y Akane, entró con ellas por la puerta principal para formar parte de todo aquel bullicio social.

Tarde más divertida y placentera no pudieron tener. Comenzaron el recorrido entrando a diferentes tiendas de ropa, donde se probaron desde coquetos trajes de baño, hasta elegantes vestidos de noche. Incluso Mashauri jamás imaginó verse tan bonita con un atuendo rosa pastel, ideal para un paseo dominical. El itinerario continuó por las tiendas de perfumes y posteriormente las de accesorios, luego las de artículos deportivos y las de regalos, hasta que hubo un momento en que las chicas se dieron cuenta de la gran cantidad de bolsas y paquetes que cada una llevaba en las manos.

Después de más de dos horas de "agotadoras" compras, finalmente entraron a una cafetería al estilo francés, donde pidieron algunos pastelillos y café. La decoración del lugar y principalmente un par de cuadros con escenas de París, le trajeron a Mashauri el recuerdo de su padre, ya que según los últimos comentarios de su abuela, él debía seguir ahí. Cerca de las ocho de la noche, las chicas iniciaron su camino de regreso hacia el departamento que Akane y sus amigas compartían, en el centro de la ciudad.

xxxxxxxx

-¡Vaya¿Qué es ese olor tan delicioso?- dijo Mashauri entrando a la cocina, vestida con su pijama y secando su cabello con una pequeña toalla.

-Adivina, la tía Yuka está preparando hot cakes en honor de nuestra distinguida invitada- respondió con un ademán la joven de cabellos castaños.

-¿Y en dónde está Akane?

-Fue por unas películas para verlas mientras cenamos. ¿Te agrada la idea?

-¡Claro!

La velada continuó entre palomitas de maíz, hot cakes, más malteadas, risas, un par de guerras de almohadas y una película clasificación A. Entrada la media noche, Akane, Yuka y Mashauri continuaban sobre una colchoneta en el suelo, atentas a la televisión, hasta que notaron que la pequeña Saotome se había quedado dormida. Su niñera la levantó en brazos y la llevó a su habitación, y después de arroparla, se dirigió a la puerta cautelosamente.

-¿Akane?- la voz de la niña casi en un susurro la detuvo de repente. -¿Te puedo decir algo?

-Por supuesto¿qué pasa?

-Quiero darte las gracias… Nunca me había divertido tanto como hoy.

Akane se acercó a ella, visiblemente emocionada por sus palabras.

-No tienes nada que agradecer Mashauri.

-Sólo faltó una cosa para que este día fuera perfecto.

-¿Qué cosa?

-Que mi papá estuviera aquí…

La chica Tendo se sorprendió por la respuesta y no supo qué decir.

-Akane¿tú crees que ya se olvidó de mí?

-Por supuesto que no Mashauri, él nunca te olvidaría.

-¿Y entonces por qué no viene?

-Pues porque… muchas veces los adultos nos involucramos tanto en nuestro trabajo, que creemos que ya no hay tiempo para el resto de las cosas importantes de nuestra vida…

-En verdad lo extraño y no sabes cómo me gustaría que él lo supiera.

-Hay una manera de que se lo digas. –Akane se sentó en la cama a un lado de la niña. –Mira las estrellas, desde allá arriba cada una nos cuida. Aunque estemos cerca o lejos, son las mismas y si tú les pides que tu padre vuelva, ellas le darán el mensaje.

-¿De verdad?

-Te lo aseguro, pero tiene que ser un deseo con todo el corazón.

-Creo que vale la pena intentarlo.

-Inténtalo. Y ahora, a cerrar esos ojitos que hay que dormir. Buenas noches Mashauri- dijo Akane poniéndose de pie y yendo nuevamente hacia la puerta.

-Que descanses- respondió la niña.

Una vez que su niñera cerró la puerta, salió de su cama y abrió la ventana. Un hermoso cielo estrellado se desplegaba ante ella.

-Por favor, si pueden escucharme, hagan que regrese- suspiró juntando sus manos, cerrando sus ojos y poniendo su vida misma en aquella petición.

xxxxxxxx

-¡Vaya¡Qué día!- dijo Yuka mientras arreglaba la sala y se dirigía con la colchoneta a su habitación.

-Yo creo que fue genial- sonrió Akane sentándose sobre el brazo del sillón.

-Ah claro, creeme que si yo estuviera ganándome el corazón de la hija de Ranma Saotome estaría igual o más contenta que tú.

-Yuka, no empieces de nuevo con eso.

-De acuerdo, pero contéstame sinceramente¿no has pensado ni siquiera en la remota posibilidad de...?

-No, y ya deja de decirlo.

-Serías la madre perfecta para ella.

-¡Yuka!

-Está bien, está bien, pero quizás recuerdes mis palabras.

-Creo que lo mejor es que vayamos a dormir.

xxxxxxxx

El olor a tierra mojada por una reciente lluvia, le daba ese toque especial a aquella noche en París y bajo un cielo que comenzaba a despejarse, una joven pareja caminaba tomada del brazo, platicando animadamente.

-¡Oh Ranma querido, esa ópera fue maravillosa! No había disfrutado tanto un espectáculo así desde que fuimos al ballet ruso.

-¿Tú crees?

-¡Por supuesto! Aunque recuerdo que en esa ocasión te quedaste dormido- Ukyou le lanzó una mirada acusadora.

-Ya te he dicho miles de veces que lo siento.

-Sí, sí, ya lo sé. Y me alegro que en esta ocasión no lo hayas hecho.

-Aunque ganas no me faltaron…- murmuró Ranma en un suspiro.

-¿Qué dijiste?

-Nada, nada… Pero tienes que reconocer que hice un gran esfuerzo. Merezco un poco de crédito¿no?

Ukyou se detuvo repentinamente.

-Creo que mereces mucho más que eso- le susurró con una coqueta sonrisa, mirándolo fijamente a los ojos. Y tomándolo un poco desprevenido lo besó.

Ranma la sostuvo por la cintura, correspondiendo. Ambos se encontraban en un andador rodeado por faroles y diferentes tiendas, cerradas por la hora y sólo con sus escaparates adornados con luz.

Ukyou rompió el beso pero sin alejarse mucho de él, rodeándole el cuello con los brazos.

-¿Y bien¿Qué hacemos ahora?- dijo ella en un tono demasiado dulce.

-No lo sé. ¿Qué quieres hacer tú?- respondió Ranma con cierta galantería.

-Pues… qué te parece si vamos a mi departamento, preparamos algo de beber, nos ponemos cómodos…

Ranma no dejaba de contemplar los azules ojos de su novia, mientras le sonreía encantado ante aquella tentadora propuesta, cuando el parpadear de la lámpara de una de las tiendas que estaban frente a él desvió su atención; y consiguió olvidar completamente lo que Ukyou le decía cuando se dio cuenta de lo que se encontraba detrás de aquél aparador. Así que haciendo prácticamente a un lado a la joven, se dirigió hacia él.

-Ranma¡pero qué te pasa!

-¿Ya viste las muñecas?

-¿Muñecas? –Ukyou se asomó al interior de la tienda.

-Jamás pensé que todavía existieran. ¿Ves ésa que está ahí? Se parece mucho a Midori.

-¿Midori¿Quién es Midori¿De qué hablas?

-Midori es la muñeca de Mashauri… La que le regaló mi esposa en esa última navidad… -pronunció Ranma con cierta tristeza.

Ukyou se quedó desconcertada ante estas palabras.

-…Tu esposa… Es la primera vez que la llamas así en frente de mí…

Ranma la miró por un instante si saber qué contestar.

-Yo… lo siento… no quise…

-Déjalo así… ¿No crees que será mejor que nos vayamos?

Ranma echó otro vistazo a las muñecas.

-Escucha, mañana que abran la tienda podemos venir, y yo misma te ayudaré a escoger una para que se la envíes a tu hija como regalo-
Ukyou lo tomó del brazo.

El joven Saotome la miró a los ojos por un momento. Luego agachó la vista volteándose por completo hacia el vidrio del escaparate.

-¿Ranma?

Un silencio se hizo entre ambos. Él no lo comprendía, pero el contemplar esas muñecas le traía cientos de escenas del pasado que ya no quería recordar. Escenas en aquella casa, ecos de risas y bellos recuerdos, acompañados de una repentina y urgente necesidad de tener a su pequeña de cabellos azulados entre sus brazos.

-Ukyou, tengo que regresar a Japón. Necesito volver a ver a mi hija- sentenció finalmente.

La muchacha retrocedió sintiéndose descolocada ante aquellas inesperadas palabras.

-E-eso es… es una broma¿verdad?-dijo intentando recobrar el aliento. –Mi amor, ya hemos hablado sobre esto y tú me prometiste que iremos a verla una vez que pase mi torneo.

Ukyou intentó acercarse pero él se apartó dándole la espalda.

-Ya lo sé, pero… por un momento me gustaría que entendieras la manera como me siento.

-¡La manera como te sientes¿Y qué hay de mí? Ranma tú sabes que este torneo es mi vida y no tienes idea de lo que significa el que estés a mi lado. ¡No puedo creer que después de todo este tiempo y justamente ahora, pongas de por medio tu amor paternal que nunca te has esforzado mucho por demostrar!

-¡Sí, y tal vez tengas razón!- el muchacho se dio la media vuelta para encararla. -¡Pero lo que no puedo creer es que a pesar de que conoces lo que he tenido que pasar, no puedes tener ni la más mínima idea de lo que significa ella para mí y sobre todo lo mucho que la extraño!

-¡¿Lo mucho que lo extrañas¡Por favor, si casi nunca te acuerdas de ella!

-¡Eso es lo que tú crees!

-¡Muy bien¡Si es así entonces vete, lárgate¡Regresa a esa vida gris y miserable de la que huiste! Pero si lo haces¡te advierto que lo nuestro hasta aquí llegó!- lágrimas de rabia comenzaron a salir de los ojos de Ukyou. –No puedo creer que seas tan malagradecido. Sabes que he puesto mi vida entera para ayudarte a olvidar, para que vuelvas a ser feliz, y lo que hemos construido en todo este tiempo lo quieres terminar por un capricho tan infantil. ¡Eres un egoísta!

Ahora fue Ranma quien se desconcertó profundamente ante estas palabras. Tal vez no lo había pensado mucho, pero el gran motivo que lo mantenía en París desde hace tiempo era ella precisamente, Ukyou, su novia, la persona que le devolvió la alegría, con quien había pasado grandes y felices momentos, la mujer que había conseguido enamorarlo nuevamente. Ella tenía razón, no podía pagarle de esa manera, no lo merecía. Y tampoco quería perderla, ya era una parte importante de su vida… O al menos eso creía…

-Escucha, no era mi intención hacerte sentir mal con todo esto.

-¡No, pero lo hiciste!-Ukyou secaba sus lagrimones con cierto ademán melodramático.

-Ukychan, sé que lo hago difícil para ti y que no lo mereces, pero mi pasado no es algo que pueda cambiar… -el chico Saotome la tomó de los hombros.

-Eso ya lo sé, y no te pido que lo hagas. Lo único que quiero es que respetes nuestro acuerdo. Días más, días menos no importan, cuando se trata de años sin ver a tu hija, te apuesto que ella no lo notará…

Ranma sólo agachó la mirada, nuevamente sin decir nada.

-Ya es algo tarde¿no crees? Será mejor que me lleves a mi casa- pronunció la muchacha algo decepcionada.

El camino de regreso al departamento de Ukyou transcurrió en un absoluto silencio, Ranma aparentemente concentrado en conducir y ella, contemplando las luces de la ciudad a través de la ventanilla del auto.

Una vez que llegaron al estacionamiento del edificio, ninguno de los dos sabía qué decir.

-En verdad me gustaría que te quedaras esta noche-dijo Ukyou después de algunos segundos.

-No creo que sea un buen momento- respondió Ranma después de un largo suspiro, con una mirada llena de honestidad.

La chica Kuonji sólo atinó a besarlo, sin obtener mucha correspondencia de su parte.

-Por favor, piensa en todo esto, y no olvides que te amo- le susurró.

-Yo también te amo, pero…

-Shhh, ya no digas más por hoy, te lo suplico. Mañana será otro día.

La muchacha abrió la portezuela y salió del auto.

-¿Espero tu llamada temprano?

-Claro- respondió Ranma con una media sonrisa.

Y una vez que Ukyou entró en el edificio, arrancó del lugar.

-------------------------- ° ----------------------------

La voz de una enfermera a través de la bocina llamando a algún doctor de piso, así como el repiquetear de la lluvia en las ventanas, sólo conseguían poner a Ranma más nervioso, y cual presa en su jaula, caminaba de un lado al otro del pasillo.

-Hijo, por favor trata de calmarte- una Nodoka un poco más joven aguardaba pacientemente, sentada en la sala de espera.

-¡Cómo pretendes que me calme si llevan más de una hora ahí dentro y además...!

-¿Señor Saotome?- una enfermera asomó medio cuerpo por la puerta del quirófano. –Ya puede pasar. El chico de veintiún años no esperó que le repitieran la orden, cuando ya se encontraba a un lado de la mesa de operaciones sosteniendo la mano de aquella jovencita de finas facciones, empapada de sudor, pero con la expresión de la más grande de las alegrías.

-Fue una niña, mi amor- le susurró con el aliento entrecortado. –Ranma, tenemos una hija…

El chico Saotome sólo beso su frente emocionado y apretó su mano con más fuerza. En ese instante, la enfermera que le había avisado se acercó a ellos, con un pequeño bulto en los brazos.

-¿Puedo cargarla?

-Adelante- la mujer depositó a la bebé, con sumo cuidado en los brazos de su padre.

-¡Cielos¡Es tan pequeña!- exclamó Ranma.

-Y qué esperabas, tontito- sonrió su esposa.

-Es como si fuera un angelito- Ranma sentía que no podía dejar de contemplarla. -¿Cómo la llamaremos?

-Acordamos que si era niña, su nombre sería Mashauri.

-Mashauri, mi Mashauri… ¡Mashauri, baja¡Es hora de cenar!- gritaba Ranma al pie de la escalera.

-¡Ya voy papá!- se escuchó una vocecilla proviniendo del segundo piso.

-¡Date prisa o no abriremos los regalos!

Acto seguido, un sonido semejante a una estampida de caballos se escuchó corriendo por el pasillo y posteriormente, descendiendo la escalera, y como ya era su costumbre, la pequeña Saotome saltó desde el tercer escalón antes de llegar al piso, hasta aterrizar en los brazos de su padre, quien la recibió dándole una vuelta en el aire.

-¡Adoro las navidades!- exclamó la pequeña de tres años ataviada con un lindo vestido rojo a cuadros y un listón de satín sobre su cabeza. –Y sobre todo, los regalos.

-Vamos a cenar, y después veremos lo que hay para ti debajo de ese árbol- dijo Ranma llevándosela al comedor.

-Muy bien, y el siguiente regalo que tenemos por aquí es para…- la esposa de Ranma leía la tarjeta. –Para la abuela Nodoka. Feliz navidad- dijo la muchacha dándole un abrazo y posteriormente entregando un paquete.

Un elegante juego de collar y aretes fue lo que recibió la señora Saotome en esa ocasión, mientras que la pequeña Mashauri no dejaba de gatear entre las cajas que quedaban debajo del árbol.

-Mami¿en dónde está mi regalo?

-Pero qué señorita tan más impaciente- sonrió levantándola entre sus brazos. -¿Alguna vez te había dicho que lo mejor viene al final?

La niña sólo afirmó con la cabeza.

-Entonces quédate ahí sentadita y cierra los ojos- dijo depositándola suavemente en el sillón.

Ranma salió de la cocina trayendo consigo una caja un poco más grande a las que estaban bajo el árbol.

-¿Ya puedo abrirlos?

-Muy bien… ¡Ahora!

Mashauri obedeció justo para encontrar su regalo frente a ella, y después de una exclamación de asombro se lanzó sobre la caja, rompiendo la envoltura rápidamente.

-Para la siguiente creo que lo envolveré con papel reciclable- murmuró Ranma ante la acción de su hija.

-¡Es una muñeca!- exclamó la niña con una gran alegría.

-¿Te gusta?

-¡Es la muñeca más bonita de todo el mundo!

-Y bien Mashauri¿cómo se dice?- dijo Nodoka.

-¡Muchas gracias mamá!- respondió la niña dándole un abrazo.

-Por nada, mi cielo, y feliz navidad- dijo ella correspondiendo al abrazo y besando su cabello.

-Oye¿y papá no cuenta? Quiero que sepas que yo envolví el regalo- dijo Ranma arrodillándose junto a ellas.

Mashauri sólo le dio un beso en la mejilla y luego se alejó celebrando la llegada de su nueva muñeca.

-Esa niña es maravillosa- susurró su madre.

-Por supuesto, se parece a mí- dijo Ranma con cierto tono de arrogancia.

-Eres un presumido- su esposa lo miró con cara de pocos amigos.

-Pero yo sé que así me quieres- sonrió el chico Saotome acercando su rostro al de ella.

-¿Ah sí¿Y quién te lo dijo?

-Simplemente lo sé, porque si no fuera así, no tendríamos a la hija más hermosa y la vida más perfecta- Ranma la tomó por la cintura,
cerrando la distancia entre ellos.

-Te amo Saotome- susurró ella en los labios del muchacho.

-Y yo te amo a ti- pronunció él antes de entregarse a ese beso completamente.

Efectivamente su vida era perfecta, y no existía nada más en el mundo que pudiera desear.

Ranma rompió el beso y poco a poco se fue incorporando hasta quedar sentado junto a la cama de su esposa en aquella habitación del hospital.

-Por favor, dime que no te irás- pronunció con un hilo de voz sin soltar la frágil mano de la joven.

-Mi amor… yo siempre voy a estar contigo… Mientras siempre me recuerdes…

-¡No! Por favor, ya no hables así. Tú vas a estar bien. Tienes que estar bien- lágrimas empezaban a formarse en los ojos del muchacho.

-Ranma, hay cosas que no tienen explicación… Y aunque sea difícil...- su voz comenzó a quebrarse- …tenemos que aprender a aceptarlas… -la muchacha comenzó a acariciar su rostro. –Que más quisiera yo que todo esto hubiera sido diferente, pero ¿sabes una cosa? No podría pedir más… porque lo tuve todo… una familia maravillosa, y el amor de un hombre extraordinario con quien tuve una hija… Nuestra hija, Ranma… -las lágrimas escaparon en medio de su sonrisa. – Y ahora lo único que puedo hacer es darle gracias a la vida por eso…

-No voy a saber vivir sin ti… No podría hacerlo…

-Por favor no digas eso… Mashauri te necesita… Tienes que ser fuerte por ella…

-Pero es que si tú no estás…

-Ranma, yo siempre voy a estar contigo… Mientras tú no me olvides yo me voy a quedar por siempre en tus recuerdos y en tu corazón… y jamás te voy a dejar solo…

-¿Lo prometes?

-Lo prometo, siempre y cuando tú me prometas que vas a cuidar a nuestra hija… y vas a estar ahí siempre para ella… ¿Lo harás?

El rostro de Ranma continuaba bañado en lágrimas.

-Te prometo que así será- respondió finalmente con un profundo suspiro.

-------------------------- ° ----------------------------

Sus ojos se abrieron automáticamente y el eco de esas últimas palabras, continuaban retumbando en su cabeza. Eran la cuatro treinta de la madrugada, y el sonido del tictac del reloj era lo único que se percibía en aquella habitación.

Ranma se levantó de su cama y con pasos agigantados se dirigió al ventanal que daba hacia la terraza de su departamento. A lo lejos podía apreciarse la torre Eiffel y todas las luces que aquella noche decoraban la ciudad. El cielo estaba despejado y completamente tapizado de estrellas. El chico Saotome elevó su mirada hacia ellas.

"No puedo creer que seas tan malagradecido. Sabes que he puesto mi vida entera para ayudarte a olvidar, para que vuelvas a ser feliz, y lo que hemos construido en todo este tiempo lo quieres terminar por un capricho tan infantil"

"Ranma, yo siempre voy a estar contigo… Mientras tú no me olvides yo me voy a quedar por siempre en tus recuerdos y en tu corazón… y jamás te voy a dejar solo"

El muchacho aspiró profundamente cerrando los ojos.

"Jamás te voy a dejar solo", fue la voz que no sólo retumbó en su memoria, sino que consiguió hace vibrar hasta la última fibra de su corazón.

Abriendo los ojos y sonriendo de manera cómplice al cielo, entró de nuevo al departamento.

-Señorita, necesito un boleto de avión a primera hora… -pronunció decidido por el auricular- ¿El nombre de mi destino…? Tokio, Japón- respondió sin poder evitar una franca sonrisa.


NOTAS DE LA AUTORA:

Y Ranma por fin se ha decidido a volver a casa. Ya veremos si Ukyou se lo permite¿verdad? Porque vaya que es posesiva esa mujer, jeje.

Reciban todos un saludo, y nuevamente gracias por su paciencia y por no perderle la pista a esta historia. No olviden dejar sus comentarios, y no se preocupen, tal vez la actualización va algo lenta, pero les garantizo que es segura ;)


Lita Kino
Copyright (c) 2007
ASIGNATURA PENDIENTE