Buenas buenas! Como andan esta horrible tarde de domingo? - yo ya me deprimo de pensar que mañana es lunes. Estoy agotada, el jueves tuvimos una fiesta en el trabajo, desde las 3 de la tarde jugando al preguntados, la ruleta, black jack y dados. Barra libre... se imaginaran como quedamos. Destroy!

En fin... quiero contestar algunas preguntirijillas que me hicieron...

1) Sí, si fui a ver todas esas bandas detalladas en el cap anterior. Pearl Jam fue lo más pero el mejor recital siempre va a ser el de los Foo seguido de cerca por el de Muse y Aerosmith.

2) No es que no quiera poner el signo de pregunta al principio de la pregunta, es que mi notebook es traída de afuera y hay cosas que las reconoce como error y las cambia solo. Así como no tiene habilitado ese signo.

3) Me alegro que les este gustando la historia, y espero que sigan votando por "final feliz o final triste"

VAMOS CON OTRA COSA! Ayer fui al cine... completamente deprimente llegar y que estuviera CERRADOpor huelga... cualquiera... tenia una bronca! Habia ido con todas las ganas!

Bueno... no las retraso más, espero leer sus comentarios abajo! LES COMENTO QUE ESTE CAPI VIENE LARGO E INTENSO! NO ME MATEN!Buen fin de semana para todas! y nos leemos luego!

Seee yaaahhh


Como siempre: la historia es ORIGINAL MIA y no vale su copia total o parcial! y los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer!

CAPITULO 7

Edward estaba ansioso. Desde su última pelea se sentía bastante inquieto. Como si algo estuviera a punto de pasar.

Había salido con Bella la semana anterior. Habían hablado de muchas cosas. Sus gustos por la comida, lugares favoritos, las películas, la música. Ella le contó que amaba la música country y sin saber cómo Edward se vio arrastrado a una cantina ambientada en el lejano oeste.

Recordaba la felicidad en el rostro de Isabella, como le había sonreído desde la pista, mientras que con aquellas manos suaves y delicadas se levantaba el bajo de su falda de vuelo, por encima de las rodillas, dejando ver unas botas texanas con flores bordadas a los costados.

Él había reído como nunca en muchos años al ver sus intentos por llevarlo a bailar, y cuando estos no dieron frutos corrió la pista nuevamente, sosteniendo su pollera, para unirse a un baile coordinado, al son de Creedence, que parecía sacado de una película de Hollywood.

Un túnel con las manos. Un salto a la izquierda, un paso a la derecha. Las manos en las caderas con las rodillas apretadas. Sus movimientos lo estaban volviendo loco, y antes de saber lo que hacía termino al lado de ella. Bella le enseño los movimientos. La gente a su alrededor en lugar de reírse de su falta de coordinación o su inexperiencia en ese tipo de baile, le ayudaron también a integrarse al grupo. Últimamente estaba teniendo muchas primeras veces, y esta fue otra. Bailar.

Hacía mucho tiempo que Edward había aprendido que podía sentirse completamente solo aun estando rodeado de infinita cantidad de personas. Así y todo, en aquel lugar de música alegre, rodeado de extraños, se sintió feliz. Aceptado. Sintió que con mascara o sin ella, esas personas lo aceptaban a un nivel mucho más elevado de lo que parecía. Y ella… ella lo estaba cambiando a él de una forma elemental que se escapaba de su explicación.

Bad moon rising. Nunca olvidaría esa canción.

Cuando el famoso tema cambio dando paso a la fabulosa voz de Jace Everett Bella se pegó a él. Su cuerpo curvilíneo y torneado apretado contra el de Edward, una mano en su hombro y la otra aferrando la suya. Y sus piernas… Edward pensó que en ese momento estaba cerca de morir de combustión espontánea. Ella había deslizado una pierna entre las suyas, por lo que su entrepierna, con su calor femenino, había quedado apoyada contra su gran pierna masculina.

Y empezó a deslizarse, empezó a bailar y a mecerse enseñándole como. Parecía una especie de lambada según las palabras que ella había usado, pero su mente solo lograba evocar las imágenes de dos amantes en sus momentos más íntimos. Eso era lo que parecían realmente, y la música no ayudaba en lo más mínimo. Canciones que hablaban de pecados, corazones enfermos y cosas malas.

Estaba acaloradísimo y si no fuera por todo lo que lo cubría habría estado claramente sonrojado al ver la cara de sorpresa de Bella al sentir contra la cadera la evidencia de excitación que portaba.

Edward sacudió la cabeza intentando alejar sus pensamientos de lo que había pasado luego. Había sido un gran estúpido. Había tenido la oportunidad en sus manos y la había dejado ir.

Él la había acompañado a casa luego de esa escena vergonzosa. Ella insistió en que subiera a tomar al menos un café. Vio como Bella quitaba de sus delicados pies aquellas botas. La falda le llegaba un poco más por debajo de la rodilla. Colgó su campera de cuero en el perchero y lo guio hasta la sala.

Era la primera vez que pisaba aquel lugar, y con suerte no la única pensó en ese entonces. Le agradaba lo que veía. No había mucho que decorara el lugar, pero los pocos detalles eran simples y femeninos. Como el departamento de dos bellas mujeres. Holland se había quedado con Rose y Emmett, porque Bella no quería tener que dejarla sola tanto tiempo.

Sirvió las dos tazas. Edward la esperaba en el sillón, mirando por el ventanal las luces de Manhattan. El olor salado de río Hudson se colaba por entre las cortinas. Bella se sentó a su lado y cuando volteó a verla, ella estiró su mano acariciando su mejilla en un gesto tan tierno que sus ojos casi se llenaron de lágrimas. Inclinó su cabeza apoyándose en aquel contacto, cerrando sus ojos para disfrutar. Entonces sintió los labios femeninos sobre su boca.

El beso cambio de tierno a apasionado en cuestión de segundos, debido a los rezagos de la excitación anterior. Bella acariciaba su cabeza rapada y clavaba sus uñas en su cuello haciéndolo gemir, mientras que él la tomaba por las caderas y la acercaba más todavía si es que era posible.

Olvidando el café, Bella había logrado tender a Edward sobre el sillón, manteniendo una pierna flexionada sobre la superficie y la otra apoyando en el suelo. Ella trepo por su cuerpo para quedar apretada contra él. Deslizo las piernas sentándose a horcajadas sobre su masculinidad.

Edward creía ver estrellas en ese mismo momento. Sus manos se deslizaron por debajo de la musculosa femenina, sin siquiera saber que diablos estaba haciendo, y se detuvieron justo debajo de sus senos en el borde del sujetador. El sonido que salió de sus labios, una mezcla sensual entre un jadeo y un gemido, le hicieron poner los pies en la tierra.

- Bella detente – dijo tratando de alejarla de su cuello.

- No, no pares…

- Bella por favor. Tu no estas lista para esto… hay cosas que todavía no sabes, cosas importantes. No estas lista aún - desmintiendo esa declaración, ella balanceo sus caderas frotándose sobre su pene, haciéndolo gritar. – yo… yo… yo no lo estoy. Por favor… por favor, detente. – suplico al borde un ataque de pánico. Sus ojos llenos de lágrimas recordando cosas que no debería recordar.

Entre toda la mezcla de lujuria Isabella al fin fue capaz de ver lo que estaba sucediendo. Los ojos verdes de Edward que antes se habían oscurecido por la lujuria, ahora brillaban presos del pánico más visceral que ella hubiera visto en su vida.

Se levantó con un pequeño grito, liberando lo de la prisión de sus piernas, y casi tan rápido como ella, él salió corriendo para encerrarse en el baño.

Sus viejos fantasmas salían a la superficie. Irina, su madrastra, haciendo lo mismo que estaba haciendo Bella. Recordaba con terrorífica claridad sus manos mancillando su inocente cuerpo. Sus labios robando su primer beso a los 10 años.

Edward, sentado en el frío piso con la espalda apoyada en contra la puerta, respiró hondo en un inútil intento de calmarse. Sus emociones a flor de piel. Sintió como se le llenaban sus ojos de lágrimas, que estúpido había sido, pensó con coraje así mismo. Metió su puño tatuado en su boca para acallar el grito que amenazaba con salir de su garganta. Tardó lo que parecieron horas en serenarse.

Limpió las lágrimas suavemente con papel, para no estropear el maquillaje, por más de que se moría por echarse una buena cantidad de agua helada. Pero así como no estaba lista para oír su historia, no estaba lista para verlo como realmente era. Una bestia.

Con una respiración profunda salió del cuarto de baño. Bella se había quedado dormida en el sillón. Parece que tardé más de lo que creía, pensó con ironía al verla acomodada en aquella postura incomoda. La levantó del sofá, cuidando de no despertarla y se encaminó a lo que supuso era su habitación.

La observó, tendida en aquella cama, tan indefensa con restos de lágrimas en sus mejillas, que no deberían haber estado allí, su nariz sonrojada por el llanto. La tapo con el grueso edredón dorado. Beso su frente y la dejo descansar.

Antes de irse le había dejado una nota en el frigorífico. Pidiéndole perdón, que hablarían luego. Le dijo que sus fantasmas todavía eran muchos, y que por ella intentaría cambiar. Intentaría mantenerlos dominados.

Ahora sentado en aquella habitación, esperando ansioso por otra pelea que solo seguiría llenado de ceros sus cuentas bancarias, Edward pensaba en lo estúpido que había sido. En cómo había dejado, de la forma más espantosa, que sus recuerdos lo atormentaran estropeando aquel momento con esa mujer que se había vuelto para él, tan vital como el aire que respiraba.

- Es hora. – dijo Jasper metiendo la cabeza tras la cortina.

- Vale, hagamos esto.

Su primera semana de trabajo había finalizado al fin. Había conocido a Esme, la esposa de Carlisle el primer día que arrancó. Ella le llevo galletas recién horneadas, mientras Isabella se encargaba del papeleo acumulado de meses atrás.

Tras intercambiar un par de palabras, Esme la dejo para irse a su curso de decoración de jardines. Ella ciertamente era la mujer más dulce que Bella había conocido, y encontró por fin a la madre que le hubiera gustado tener. Desde aquella primera vez, la mujer se pasaba al menos una hora a saludarla y a hablar con ella.

Los hombres del gimnasio la habían acogido con cariño también. Resultó que tras toda su testosterona aquellos hombres eran tan rudos como un gatito bebe. La saludaban con un sudoroso abrazo de oso ni bien entraba, le dejaban chocolates o café en el escritorio, y la acompañaban en el almuerzo.

Mike, Jacob y Ben, la habían invitado a salir varias veces en esa semana pero todavía tenía en su boca el sabor amargo de lo que había sucedido con Edward.

Edward… todavía no podía creer lo rápido que se había colado aquel hombre bajo su piel. Él era magnifico, y ella realmente corría riesgo de enamorarse de él si no se andaba con pies de plomo. Aquel ser se estaba volviendo muy importante para ella. Casi tanto como el latir de su corazón.

Todavía no entendía del todo lo que había sucedido. Sí, ella se había dejado llevar. Demasiado lejos quizás. Había presionado demasiado. Pero era humana, había sentido claramente el calor de su sexo, su deseo por ella. Pero hay fantasmas que no se curan tan fácilmente, Isabella. Se reprochó luego de leer la nota que él había dejado colgada en su refrigerador. Todavía temblaba al recordarlo.

- Oye, Bella! – la cabeza de James apareció por la puerta sacándola de su ensimismamiento. – estamos llamándote hace rato, estas bien pequeña?

Él se acercó hasta sentarse despatarrado en la silla frente a su escritorio. Cabello rubio, una cabeza más alto que ella, ojos imposiblemente celestes, era sencillamente hermoso. Pero no son los ojos verdes que te gustan. Él no es Edward. Se recordó sacudiendo la cabeza.

- Sí, lo siento. Supongo que estoy un poco distraída.

- Si necesitas hablar sabes que puedo escucharte, cielo. – dijo con una sonrisa. James era sin duda el hermano mayor que siempre deseo y no tuvo. Aquel que había buscado por años hasta encontrar a su primo.

- Gracias. – contestó con sinceridad.

- Oye, venía a decirte… con los chicos recibimos una invitación a la Arena, quieres unírtenos?

Su entusiasmo creció a proporciones inimaginables. Miro la hora, cuarto para las siete. Que rápido pasa el tiempo, se sorprendió. Desde que había salvado la vida de su peleador favorito no había vuelto a pisar la Arena, así que contestó con entusiasmo.

- Vale! Me encantaría!

- Genial, nos iremos en mi Jeep en veinte cuando Alec y Dimitri salgan de la ducha.

- Oye que esos dos tardan como nenas! – se quejó mientras tomaba su bolso.

- Es lo que hay encanto, o nos aceptas como somos o te buscas otros.

- Lo estoy considerando seriamente. Creo que empezaré con las entrevistas.

Ambos rieron, y luego James se fue a recoger las colchonetas y mancuernas.

Tal como prometieron, a los veinte minutos iban de camino al nuevo sitio clandestino. Los chicos también eran fanáticos del Arcangel. Siempre veían sus peleas y siempre apostaban por él. Aquel misterioso ser nunca había perdido una pelea, hasta aquella donde fue injustamente atacado y ella tuvo que salvarle la vida de las garras de Felix, más bien conocido como la montaña.

El ambiente en aquella fábrica abandonada era más denso de lo que había sido hasta ahora en las pocas oportunidades que Isabella había ido a la Arena.

- No te separes de nosotros, linda – susurró Dimitri. El moreno italiano era casi de su estatura, pero igual de letal que los otros – la noche está cargada.

Los hombres la flaquearon, y el grupo entero avanzo hasta unas escaleras que conducían a los balcones internos de la fábrica, que pendían justo sobre el circulo de la Arena. Había varios autos apostados a los alrededores del lugar, tanto dentro como fuera. La gente bailaba al son de pegadizos ritmos de electrónica.

- Amo esta canción! – grito Alec moviéndose al ritmo de la música – Martin Garrix, se puso de moda ahora.

Bella miraba asombrada como bailaba su nuevo amigo. Nunca lo había visto moverse con tanta gracia, así como tampoco pensó que algo como la electrónica pudiera sonar tan bien. Sin darse cuenta estaba bailando rodeada de sus chicos del gimnasio.

Las manos en el aire, y los tragos empezaron a circular, salidos de no sabía dónde. Isabella nunca en la vida había salido a una discoteca, esto era lo más parecido, y nunca pensó que pudiera ser tan divertido. Los chicos iban susurrándole el nombre de los temas o los cantantes cuando ella, inexperta en esa musica, les consultaba. Krewella, DVBBS, Elie Goulding, Toulouse, Avicii, ella no creía que fuera capaz de acordárselos todos. Lo más probable era que los olvidara para cuando acabara la noche, pero así y todo disfruto a lo grande.

Cuando el último tema Pompeii de un grupo llamado Bastille termino, Seth apareció en el improvisado escenario.

- Están disfrutando la noche? – grito por el micrófono.

La multitud coreo un fuerte "SIII" que hizo reír a Isabella como si fuera una niña pequeña. Quizás porque era su primera salida a bailar, quizás eso la hacía sentir la adolescente que nunca pudo ser, y eso sumado al alcohol que había tomado la llenaba de una emoción nueva. Algo desconocido. Se sentía… libre. Descontracturada.

- Entonces vamos a seguir disfrutando! Pero de la forma en que solo nosotros sabemos! – las luces empezaron a girar en círculo y la gente se fue abriendo paso para dejar espacio a la Arena. – En esta esquina… El nuevo retador de esta noche, llegado desde Minneapolis… Broooooooody Maddog!

La gente empezó a abuchear al nuevo peleador. El Arcangel era claramente el favorito del lugar.

- Y en la otra esquina… nuestro propio hombre de acero! – grito alentando a la gente – Algunos dicen que es tan inmortal como su nombre, y tan peligroso como una pantera, pero nosotros que lo hemos visto pelear SABEMOS QUE ES CIERTO! – todos respondieron a las palabras de Seth con lo que podía clasificarse como un llamado de guerra – Lo hemos visto sangrar! Y lo hemos visto ganar una y otra vez! Damas y caballeros… el legendario, el único e inigualable… EL ARCANGEL!

Cuando aquella figura de metro noventa apareció en la Arena, la gente se volvió loca. Isabella incluida. Su garganta estaba al rojo vivo de tanto gritar. El otro contrincante se veía como todo un boxeador profesional, y a ella le temblaron las piernas cuando se dio cuenta de que su favorito no parecía hallarse del todo bien.

Donde el Arcangel siempre caminaba con el porte de un felino, con su mirada arrogante, hoy se lo veía más bien abatido. Sus hombros caídos y sus ojos verdes – que a Bella le resultaron vagamente familiares – estaban tan tristes como si hubieran matado a su cachorro. Algo en su corazón estuvo a punto de romperse.

Tras la campana el Arcangel recibió el primer puñetazo que conecto directo con su mandíbula, haciéndolo casi perder el equilibrio. El corazón de Isabella palpitaba a mil millas por segundo. Él no puede perder pensó con fervor.

Con el tercer golpe, justo en su estómago, Bella estaba al punto de la histeria. Soltándose del agarre protector de James en sus hombros, ignoró los gritos de sus amigos y bajo a las carreras por las escaleras. Casi la hacen caer en dos ocasiones pero logro llegar al suelo sin romperse una pierna.

El Arcangel solo había podido conectar en dos oportunidades, pero en uno de los golpes recibidos había caído sobre un brazo lanzando un grito tan fuerte que resonó por encima del pegajoso tema de Muse. Sus ojos denotaban furia. Una furia natural, y tan indómita, que hacía que la gente se echara hacía atrás de miedo. Por el contrario ella, pese a los empujones y al claro riesgo que corría se abrió camino hasta el frente de la gente sobre el borde de la Arena.

Bella se tiró de rodillas en el piso en el mismo instante en que él volvía a caer, bocabajo, sobre el pavimento. Brody estaba teniendo la gentileza de darle una pelea digna y esperar a que su oponente estuviera de pie para volver a golpearlo, o era simplemente la satisfacción que sentía al verse derrotar al favorito invicto. Realmente estaba barriendo el suelo con él.

- Que rayos estás haciendo?! – grito furiosa, tan alto como para él la oyera. – Mueve tu maldito y patético trasero de una vez o te juro que la siguiente en pateártelo seré yo!

Estaba claro que solamente bajo el influjo del exceso de alcohol era capaz de enfrentarse a aquel sujeto, que poblaba sus más tórridas fantasías pero que más bien parecía salido de una pesadilla. Él levantó su rostro sorprendido y entonces ella se perdió en sus ojos. Esos ojos indescriptiblemente verdes, increíblemente familiares, tan igual a… No.

Palideció. Un fuerte jadeo se escapó de sus labios. El aire no le llegaba sus pulmones, pero tampoco era capaz de cerrar la boca de asombro que sentía. No podía dejar de verlo. Aquellas hermosas gemas esmeraldas pasaron del asombro al dolor al ver su reacción.

Intentó pararse en el mismo momento en que las fuertes manos de James la tomaban por la cintura y la alzaban para ponerla al resguardo.

El Arcangel se puso de pie, y con más violencia de la que ella había visto nunca golpeo a su contrincante una y otra vez, hasta dejarlo hecho un despojo de ser humano irreconocible. Un chico rubio alto, Jasper recordó ella, era su nombre, se metió en la Arena a detener al peleador antes que siguiera golpeando al chico que yacía ensangrentado en el suelo.

Isabella pataleó, grito y empujo a todo el mundo, al sentir nuevamente los brazos de James, pero no pudo soltarse de su agarre, siendo arrastrada hasta el fondo. Él y los demás la sacaron de aquel lugar antes de que aquello se convirtiera en una masacre.

Dimitri la dejo en su apartamento. Holland ya estaba dormida cuando Isabella fue a verla. No había querido ir a dormir de Rosalie, así que su vecina, la adorable Mary Rouge, se había ofrecido a echarle un vistazo de vez en cuando.

Con piernas temblorosas, Bella se arrimó hasta su cama para besar suavemente su frente. Luego se encamino hasta el baño. Se lavó la cara y se tendió en la cama. Acurrucada en posición fetal no pudo evitar que sus lágrimas se derramaran pensando en lo sucedido. Estuvo alrededor de dos horas mirando la pared cuando enojada consigo misma decidió agarrar el toro por las astas.

Se puso sus botas texanas, tomo las llaves, la cartera y salió rumbo al auto. Recordaba vagamente como llegar, así que luego de una vuelta equivocada, encontró aquel bloque de edificios en los suburbios. Estaciono en la parte de atrás, para dirigirse hasta la puerta.

Pasando cuidadosamente por encima del vagabundo dormido en la entrada, cruzo el pasillo. El olor a moho y basura fue como una bofetada a sus sentidos. Utilizando el cuello de su musculosa para taparse la nariz y respirar al menos un poco de su perfume, Isabella subió uno a uno los escalones, luego de ver el letrero que aclaraba que el ascensor estaba descompuesto.

Cuando llego al tercer piso casi no tenía aliento. Había subido a la carrera y por primera vez lamentaba su falta de estado físico. Definitivamente tendría que hacerles caso a los chicos en sus intentos por ponerla en condiciones.

Se arrimó hasta la última puerta del lúgubre pasillo, y golpeo fuertemente. Silencio. Desesperada golpeo nuevamente. No iba a ceder ahora. Sabía que el orgullo de él era más grande que el suyo, y si ella no daba el primer paso, él no lo haría.

Edward se quedó conmocionado al verla en el umbral de su puerta. Le dolía tanto la cabeza, y el cuerpo luego de la paliza que había recibido que no sabía si podría reponerse en algún momento. Aunque aquella visita le cayó como un balde de agua fría.

- No… nonono…- susurró presa del pánico.

Isabella notó como la respiración de Edward se hacía superficial y rápida. Sus ojos llenos de lágrimas, brillaban con dolor, miedo… terror. Ella se acercó un paso, y como si él hubiera estado en trance, salió corriendo.

- Edward…

Ella cerró la puerta, para correr detrás de él, pero no llego a tiempo antes de que se encerrara en su habitación.

- Edward, por favor! – grito a través de la madera – déjame entrar!

- Vete, Isabella! – su voz sonaba tan rota que sintió como su corazón se partía en pedazos.

- No voy a irme me escuchas? No lo hare! No voy a dejarte!

- Todos lo hacen, vete de una vez. Que no vez que soy una bestia! Un monstruo!

El estrepito de cosas volando por la habitación la hizo retroceder un paso. Pero luego se hizo el silencio. Bella apoyo su oído en la puerta. Sollozos. Edward estaba llorando, un llanto impregnado de dolor. Con una nueva determinación, tomo aire. Se pasó una mano por el rostro eliminando los restos de sus propias lágrimas que no había sentido hasta el momento, y giró la manija.

La imagen le caló hasta los huesos.

Edward estaba sentado en la esquina más alejada de la pequeña habitación. Sus piernas contra su pecho, sus manos tatuadas con huesos se aferraban con fuerza su cabeza rapada, igualmente tatuada. Todo el cuerpo del hombre frente a ella estaba tatuado. Eso era lo que siempre le había gustado del Arcangel. Lo que lo hacía tan inhumano. Y ahora que lo conocía no podía parecerle más humano que si fuera bebe.

Se arrimó hasta él, muy lentamente, como si fuera un animal herido. Observando como sus manos se apretaban aún más sobre su cabeza. Insectos, notó.

Toda su cabeza, su rostro, su trozo. Todo donde llegaba a ver estaba tatuado con la forma de los huesos de un esqueleto. Círculos negros alrededor de sus ojos verde jade, simulando las cuencas vacías de una calavera. Una mandíbula que se extendía de oreja a oreja, con sus dientes bien delineados; y entre los huesos del cuerpo donde deberían haber estado los órganos había telarañas, arañas, mariposas, aguaciles, gusanos.

En su brazo izquierdo se distinguía la frase "One of these days your heart will stop and play it's final beat, the pain will desappear", en su otro brazo, sobre el mismo hueso estaba la frase "Look into my eyes It's where my demons hide". Además de varias palabras desperdigadas sobre varios otros huesos. Palabras como "Scars, pain, regrets, demos, desires, reléase me, fix it".

Aquel hombre ante ella era una gran obra de arte. Una obra de arte que no se había percatado de su presencia, y seguía llorando desconsoladamente. Con una necesidad apremiante ella se arrodillo ante él y quitó sus manos.

Edward contuvo el aliento, mientras ella apoyaba su frente contra la de él.

- Sigues siendo hermoso – susurró mirando directo a sus ojos, a través de aquellos círculos que pretendían imitar las cuentas vacías de una calavera. – sigues siendo tú.

- Bella… soy un monstruo.

- No, no lo eres, y no vuelvas a repetirlo. Sino… significaría que yo también soy un monstruo por estar enamorada de uno.

Aquellas apalabras sonaban tan correctas, tan acertadas, que salieron naturalmente de sus labios sin que pudiera impedirlo. Él jadeo en respuesta.

- No…

- Sí. – respondió ella tomando su rostro con sus delicadas manos para acercase más a él todavía.

Incrédulo de lo que estaba sucediendo, Edward estiró las piernas, en un gesto cansado, y le permitió sentarse entre ellas. Bella acarició sus mejillas limpiando gentilmente el camino que habían hecho sus lágrimas a lo largo de su rostro inhumano. Luego lo beso. Un beso tan suave y tierno que casi lo hace llorar otra vez. No pasó de eso, de un casto beso, pero que significaba más que eso. Era un beso de aceptación. Ella le estaba gritando "Te quiero como eres, no voy a juzgarte", Edward sintió como su pecho se hinchaba por aquella mujer, y apretó una de sus pequeñas manos femeninas entre las suyas.

Ante todo, Bella, noto la presencia de su cálida mano sobre la de ella, sus dedos tatuados firmemente entrelazados con los suyos. Sentía la tensión interna del hombre que se encontraba junto a ella. Ninguno hablaba, solo se limitaron a mirarse a los ojos; sin embargo, nunca había estado tan pendiente de la presencia de otra persona en su vida.

Él irradiaba energía, una energía controlada, como si su cuerpo pudiera explotar en cualquier momento. Ella se preguntaba que pensamientos pasaban por su mente, se preguntaba si sentía arrepentimiento, expectativa, deseo?

Le dolía el cuerpo por la necesidad que tenía de él. Se sentía como si se hubiera liberado de una coraza innecesaria, otro cuerpo, otra alma que había gobernado su conciencia y su corazón por tanto tiempo. Se liberó de todas aquellas cosas como si de la piel de una serpiente se tratara. Ahora al verlo así, tan vulnerable y expuesto a ella se sentía fresca, libre, y lo amaba por eso. Sí, lo amaba. Ya no tenía forma de ocultarlo.

Durante sus años de vida nunca había conocido esa sensación de haber hecho lo correcto. Pero ahora sentía, esa natural certeza de que seguir con ese hombre, aprender de él y enseñarle, era su destino.

Por otro lado, él se sentía sucio, no solo físicamente, sino de una forma más primaria, más elemental. Edward se estremeció mientras sentía los brazos de Isabella rodearlo fuertemente para apresarlo contra su cuerpo.

Cambiando de lugar, ella se acomodó contra la fría pared, y él se acurrucó entre sus brazos. Rodeó aquella cintura femenina, recostando su cabeza en su pecho, mientras sentía como le acariciaba tiernamente la cabeza rapada.

- Di algo. – susurró en su oído.

Con un estremecimiento, la abrazó más fuerte todavía – No quería que lo supieras así.

- Sigo sin ser capaz de saber cómo lograste ocultarlo tanto tiempo. Es decir… tu… nosotros…

- Alice. – contestó mientras elevaba su cabeza solo unos centímetros para besar su cuello de cisne, al sentir su tensión.

- Alice? Quien rayos es Alice. – gruño sin darse cuenta.

Él rio ante lo estúpido que era el hecho de que Isabella pudiera sentirse celosa y posesiva con él. Con una bestia como él. Ella lo golpeo en el brazo.

- Sabes, eso puede ser considerado violencia de género. – la pico con el dedo bromeando en un intento de aligerar aquel momento cargado de emociones.

Bella tomo su rostro quitando las lágrimas derramadas. – Tienes un corte en la ceja que está sangrando, Edward. – y entonces ella recordó la paliza que había sufrido. – OH POR DIOS! – grito poniéndose de pie, haciéndolo caer en la alfombra.

- Que sucede? – preguntó alarmado. – Bella! – grito llamándola mientras ella desaparecía por la puerta del baño.

Sus músculos protestaron cuando se puso de pie. – Bella? – llamo al escuchar el ruido del agua caer.

- Dios casi me matas del susto. – ella se agarró el corazón con fuerza, al tropezar con él en las prisas por salir del cuarto de baño.

- Lo siento, es el maquillaje. – su voz destilando sarcasmo.

- No seas idiota.

- Lo siento – dijo mientras se rascaba la cabeza, agachando la mirada.

Ella tomo su barbilla para hacer que la mirara a los ojos. – Quiero que te relajes, Edward. Estas golpeado, te dieron una paliza enorme hoy.

- Casi no lo había notado.

Y era verdad. Cuando llegó a su casa estaba tan dolido, tan molesto, que lo único que había podido hacer fue prender un cigarrillo tras otro, mientras se dedicaba a romper en la cocina los pocos platos que poseía.

- No me importa.

Isabella tomo su mano y lo condujo dentro. Con las mejillas sonrojadas se paró de puntillas, tomando su rostro para ponerlo a su altura, luego lo beso con una ternura impresionante. Sus piernas fallaron y Edward tuvo que apoyase en la encimera del baño para no caer derretido como gelatina.

- Déjame cuidarte. – susurró apresando su labio inferior entre sus dientes.

- Es la primera vez en mi vida que alguien me dice eso.

Con sus ojos llenos de lágrimas la beso sorprendiéndola. Hasta ahora ella siempre había iniciado el contacto. Edward tomo sus manos las llevo a su pecho mientras la jalaba por la cintura. El beso subió de intensidad, sus lenguas peleando una dura batalla. Bella se presionó contra su cuerpo fuerte y musculoso. Perfecto pensó.

Edward la tomo fuerte por la cintura arrugando su remera entre los puños. Deslizó las manos por toda su espalda, para detenerse sobre las costillas, justo debajo de sus pechos rellenos. Ella gimió directo en su boca, mandando una serie de escalofríos que resonaron en todo su cuerpo, sobre todo en su masculinidad que vibraba por la necesidad que tenía de aquella mujer.

En un movimiento rápido la tomo por las caderas y la sentó en la encimera. Acarició sus torneadas piernas, primero por la pantorrilla quitando sus botas texanas, para luego ir subiendo lentamente su pollera hasta por encima de sus muslos.

Se separó de sus labios para bajar besando su cuello. Mordió en aquel lugar donde su sangre palpitaba con más velocidad, y luego succiono dejando una pequeña marca.

- No se vale. – gimió ella mientras deslizaba sus manos a lo largo y ancho de aquella fabulosa espalda masculina.

Con maldad Isabella lo rodeó con sus piernas, y frotó ferozmente su centro contra la potente erección entre las piernas de Edward. Un gruñido animal, mezcla de placer y dolor, escapo de sus labios.

- Malvada.

- Provocador. – esta vez fue su turno de morderlo. Justo en el pecho sobre su corazón.

Ambos buscaron los labios del otro. Sus respiraciones agitadas. El levantó su musculosa para arrastrarla fuera de su bello cuerpo, y haciendo que rodeara su cintura con las piernas, la levantó lo suficiente para deslizar la pollera hasta sus muslos. Una vez que la falda ya no molestaba le acarició la espalda casi con pereza.

- Se suponía que debías relajarte. – se quejó colocando sus brazos alrededor de su cuello.

- Estoy relajado. – dijo repartiendo pequeños mordisquitos a lo largo de su mandíbula.

- Se enfriará el agua.

- Metete conmigo. – suplico mirándola a los ojos, sus frentes apoyadas en una conexión intima. Dorado contra verde.

- Yo…

- Sé que no estas lista, Bella. Tampoco lo estoy, pero no quiero separarme de ti hoy, por favor. Quédate conmigo.

Isabella observó al hermoso hombre entre sus piernas. Tatuado hasta donde podía ver, con dibujos que deberían haberle parecido espantosos, pero que en su lugar, eran como una obra de arte para su vista.

Él tenía razón, sus ojos verdes esmeralda rodeados de aquellos círculos negros que aparentaban las cuencas vacías en los ojos de una calavera, se mostraban con sinceridad absoluta.

Ella no estaba lista para hacer el amor con él, por más que la pasión los consumiera en ese mismo momento, y Edward no estaba mejor. Podía sentirlo a través de sus pantalones, duro, fuerte e increíblemente grande, presionando contra su entrada todavía cubierta por ropa interior.

Los dos tenían cosas que aclarar, que hablar antes de dar ese paso; y así y todo, lejos de sentirse insultada o indeseable, su corazón latió el doble de rápido por aquel hombre. Porque él estaba dejando de lado sus deseos, visibles, para esperar a que ambos estuvieran listos. Para que no hubiera arrepentimientos luego. Y ella lo amo más por eso.

Con un asentimiento de cabeza, él termino de deslizar las manos por su espalda para quitar su sujetador. Sus mejillas se sonrojaron furiosamente al sentir como Edward presionaba sus caderas inconscientemente entre su centro, con un sonoro jadeo.

- Eres hermosa. – susurró bajando su cabeza para besar sus pechos, ella acarició su rapada cabeza para apretarlo aún más contra su cuerpo mientras él tomaba uno de sus pezones en sus labios y el otro entre sus dedos.

- Creí que dijiste que esperarías. – gimió con dificultad.

- Y lo haré. Pero necesitaba probarte. – explico luego de haber cambiado su boca de pecho para darle la misma atención al otro.

Sintiéndose osada, Bella tomo el cinto de sus pantalones jalandolo. Deslizo la cremallera y lo miro a los ojos pidiendo permiso. En lugar de hablar él tomo sus manos y las guio hasta la cinturilla. Bella los bajo lentamente, llevándose consigo su ropa interior.

Edward quedo desnudo ante ella, completamente erecto y expuesto. Era la primera vez que estaba en aquellas condiciones por voluntad propia y se sentía como un maldito colegial.

La bajo de la encimera con cuidado, bajando sus pequeñas braguitas negras en el mismo movimiento, y luego la abrazo. Su pene quedo fuertemente apretado entre sus estómagos, haciéndolos jadear a ambos, mientras las manos de ella le rodeaban la cintura, pero no se preocupó. Los sentimientos que lo dominaban en ese momento, por otro lado, lo tenían cagado de miedo. Se dio cuenta con fervor de que amaba con una locura irremediable a la mujer entre sus brazos.

Cuando se separaron, Edward se metió en la bañera llena hasta el tope de agua.

- Hazte para adelante.

- No, ven tú adelante. – se quejó apoyándose en el reborde de la tina.

- Que te muevas, Cullen.

Con una carcajada, Edward se inclinó para dejarle lugar detrás de él, y se relajó contra ella mientras se deleitaba con aquellas suaves manos que masajeaban sus hombros.

- Ahora me dirás quién rayos es Alice?


Y? que les pareció? NO ME ODIEN, NI ME MATEN!

QUIERO SABER QUE PIENSAN!

Ahora que ya saben toda la verdad y nada más que la verdad detras de nuestro Edward y nuestro Arcangel les comento que el luce como el de las fotos delos Banners.

Ese chico es completamente real y estoy enamorada de él jajaja se llama Zombie Boy, para la que no lo sabe.

las invito a que vean el siguiente video para que sepan como es que ella lo ve cuando lo conoce y cuando se entera de la verdad.

(QUITEN LOS ESPACIOS!)

www. youtube watch?v= CukxjO0l67w