¡Por fin! Sí, lo sé, soy una mala persona. No pude subirlo antes, de hecho, acabo de terminarlo. De nuevo, no sé que tanto tardaré en seguir actualizando, pero voy a terminar el fic, eso es un hecho.

Nos leemos después.


6

LO QUE VIVE EN EL LAGO

Lydia Martin salió de detrás de la cortina de nuevo con su ropa de civil puesta. Al ver lo ocurrido con el cazador, Melissa les pidió a todos los que tuvieron mínimo contacto con la criatura del lago que fueran a revisión. Por suerte, la banshee estaba bien.

Scott permanecía de pie frente a ellos, Lydia se acercó cuando terminó de colocarse sus zapatos.

—¿Todo bien? —le preguntó a la muchacha.

—Todo bien —respondió ella.

Tom era el siguiente en pasar a la revisión, aunque lo que más le preocupaba era tener que desnudarse, bueno, no completamente pero sí en su mayoría. Liz se había quedado al cuidado del doctor Deaton y Derek. El resto de la Manada permanecía afuera, tal como dijo Melissa una vez, el resto del personal comenzaba a acostumbrarse de verlos allí casi todo el tiempo.

—Estaré allá afuera —dijo Kayleen. A ella ya la habían revisado y también estaba limpia. Al decir eso último todos sabían lo que significaba en realidad "voy a estar afuera, con Liam". Ciertamente a Tom ya no le parecía extraño, y además no quería pelear con la chica después de todo lo que había pasado.

—¿Te sientes bien? —le preguntó el alfa.

—Eso creo —contestó el muchacho, pero no se refería a físicamente, sino emocionalmente, por todo lo que le estaba ocurriendo a Liz. Por lo menos se sentía bien de que Kayleen estuviera sana.

—Ve el lado positivo —intervino Lydia—. Liz no es quien estuvo atacando a gente inocente en el lago. Bueno, gente inocente y unos cuantos cazadores —añadió.

—Es cierto —el chico comenzó a caminar y se detuvo ante la cortina que daba a una cama pequeña. —¿Es necesario hacer esto? —preguntó Tom mientras levantaba sus hombros para quitarse la playera. Los ojos de la banshee no pudieron evitar verlo mientras lo hacía.

—Es por tu bien —recalcó Scott—. ¿Cierto Lydia? —el lobo la volteó a ver y podría jurar que estaba haciendo un gesto raro con los labios—. Lydia —susurró mientras le daba un leve codazo a la muchacha para recuperar su atención.

—Ah, sí. Totalmente —contestó y luego se dirigió a Scott—. Aún soy una persona.

—Una persona que ya tiene a alguien tras de ella —le recordó el alfa. Al principio no lo entendía, pero luego decidió ignorar las referencias al oficial Parrish.

—El probablemente sólo me ve como una amiga —declaró la banshee, incluso sonando un poco decepcionada.

Le vino a la mente su intento de quedar en una cita con el muchacho mayor, pero él comenzó a soltar excusas y Lydia claramente sabía diferenciar cuando era verdad y cuando no. Jordan prácticamente le estaba diciendo que no quería salir con ella de una forma… más amable.

Scott volvió a ver a Tom, quien ahora estaba yendo tras la cortina para deshacerse de sus pantalones, para su propia suerte y porque se había dado cuenta de que no era completamente educado hacerlo frente a una chica.

—¿Qué pasó con eso de que habías acabado con los adolescentes? —inquirió el hombre lobo hacia su amiga.

—¡Tom! ¿Cuántos años tienes? —gritó la banshee.

—Veintiuno —contestó él desde donde estaba—. ¿Por qué la pregunta?

—Curiosidad —respondió la pelirroja, y luego le habló al alfa—. ¿Lo ves? No es un adolescente.—Scott no supo por qué pero hubo una pequeña pizca de seriedad en su mirada—. Sólo bromeo, sabes que ya no soy esa chica.

—Menos mal —añadió el muchacho, que ahora se estaba riendo.

En ese momento regresó la enfermera McCall y después de preguntarle a Tom si estaba listo, cruzó la cortina y se dispuso a revisarlo.

—Bien Tom, levanta los brazos —pidió la mujer. El muchacho selkie hizo caso a sus palabras. Se sentía extraño, aunque no tenía por qué, la mayoría de los selkies prefiere desnudarse si están en el agua, claro que él no era de esos selkies ni estaba en el agua.

Afuera, los otros dos aún seguían conversando.

—Scott, ahora que sabemos que Liz estuvo viviendo en ese pozo, ¿qué crees que hayamos visto en el lago la noche antes de que todo esto empezara de nuevo?

El muchacho recordó. Él y Lydia se estaban tomando un descanso en la casa del lago. Ambos con los pies en el agua y al salir, la banshee se quedó viendo algo que se movía en el agua y cuyos ojos reflejaban la luz de la luna.

—No creo que haya sido Liz esa noche —contestó Scott—. Debió ser lo que vive en el lago. Tal vez por eso querías ir al lago en primer lugar.

—Supongo —dijo la chica.

Recordaba aquel día en la escuela, cuando se molestó con Malia, bueno, no exactamente con ella. Se molestó consigo misma. Era verdad, no era como ellos. Las banshee no pueden simplemente encender sus poderes cuando quieren, a veces sucede y a veces no. Tampoco es como que tuviera alguien que la ayudara con sus habilidades.

Bueno, eso no era del todo real, estaba Meredith. Pero después de lo del Benefactor no la había visitado. No sabía cuál era su relación exactamente. Sabía que era de las chicas buenas, a pesar de todo lo ocurrido meses atrás, pero después de esa noche cuando Peter habló con ella no habían tenido contacto.

—¿Qué pasa? —le preguntó Scott, escuchó con atención los latidos de la pelirroja—. ¿No estarás pensando en lo que me dijiste acerca de ser banshee otra vez?

—No —respondió Lydia—. Estuve pensando mucho después de lo que me dijiste. ¿Recuerdas que hicimos una promesa? —el muchacho asintió. El día que descubrieron al Darach, ellos hicieron un pacto acerca de sus habilidades sobrenaturales—. Pues la voy a mantener. Haré todo lo que pueda por evitar que ocurran más muertes.

—Yo también —aseguró el alfa—. Pero recuerda, cuando quieras hablar de eso, de cualquier cosa. Puedes decirme a mí.

Lydia lo atrajo hacia sí y lo abrazó

—Gracias, Scott.

Elizabeth Moore dormía tranquilamente en una cama improvisada en el suelo de la veterinaria, unas cuantas sábanas y una almohada que el doctor Deaton había encontrado en la parte trasera de la clínica la acompañaban. A pesar de que era media tarde, la chica parecía tener mucho sueño, pues estaba abrumada por todo lo que le había pasado. Además tampoco había dormido en una cama (que técnicamente no era una cama, pero era mejor que dormir en rocas o como sea que duerma un selkie) desde su "desaparición".

El veterinario se encargaba de sus labores comunes mientras Derek permanecía a unos cuantos metros de la selkie, sentado en una silla. Cada cierto tiempo echaba un vistazo a la chica. Por el momento ella seguía completamente en silencio.

El hombre lobo observó su mano. Recordó aquella noche en México. Se había convertido en un lobo completo, había evolucionado. Se preguntaba, ¿por qué en ese momento? ¿Por qué volverse más fuerte cuando creyó que iba a morir? Incluso Lydia lo había predicho, su nombre había sido borrado de la Lista Negra porque estaba perdiendo los poderes. No lo entendía con exactitud.

Deaton interrumpió sus pensamientos al regresar a la sala de espera, que era donde él se encontraba. El más joven se enderezó en su asiento y se aclaró la garganta.

—¿Sigue dormida? —preguntó el doctor.

—Sí, sólo se mueve de vez en cuando —contestó Derek—. Creo que todos estamos actuando con paranoia, ella va a estar bien.

—Eso espero —dijo el veterinario—. Bueno, como veo que tienes todo bajo control, volveré allá atrás —anunció el hombre dando media vuelta—. ¿A menos que necesites algo más?

—Ahora que lo dices —empezó a decir Derek— ¿conociste a mi mamá? Es decir, sé que la conociste, ¿pero qué tanto?

—¿Qué quieres saber exactamente? —inquirió el doctor—. Yo era el emisario de su Manada. La conocía muy bien—. Al decir eso, el hombre trató de no escucharse muy ansioso, aunque para su suerte Derek no estaba prestando tanta atención en él, sino en lo que decía sobre su vez nunca lo admitiera en voz alta, pero él apreciaba mucho a Talia. Por eso se había esforzado en encontrar una forma de ayudar a Derek cuando presuntamente estaba muriendo.

—Ella podía cambiar completamente, ¿cierto? —cuestionó el hombre lobo. Deaton asintió—. ¿Tienes idea de cómo lo hizo? Quiero decir, por qué solo algunos de nosotros podemos hacerlo.

Deaton no respondió inmediatamente, más bien, pensó en qué decir. Luego acercó una silla a donde se encontraba Derek y finalmente habló:

—Tu madre lo mencionó una vez, no recuerdo particularmente cuándo ni por qué, pero dijo que cuando un hombre lobo llega a cierto estado de pureza puede transformarse en un lobo enteramente.

—¿Qué quieres decir exactamente con pureza?

—Se puede interpretar de muchas formas —respondió Deaton—. Stiles me contó algo que ocurrió ese día. Tú estabas muriendo, y él no sabía si volver contigo o ir a buscar a Scott. Pero entonces tú le dijiste que fuera, que te dejara. Tal vez a eso se refería Talia.

—¿Aceptar la muerte? —fue lo primero que le vino a la mente al adulto más joven.

—No —respondió el veterinario—. Sacrificarte por el bien de los demás. Por el bien de tus amigos. Estar dispuesto a morir por ellos fue tu forma de reflejarlo. Al menos eso es lo que yo creo.

Derek asintió tras escuchar todo. Por eso evolucionado. Porque está seguro de que su yo de antes no habría hecho eso. Porque después de todo lo ocurrido en los últimos casi dos años, él había entendido lo que significaba formar parte de una manada. Sin importar que él no fuera el líder.

—Tengo que decir también que tu madre estaría muy orgullosa —opinó el veterinario.

—¿De ser un lobo completo?

—En parte, sí. Pero principalmente de lo mucho que has cambiado. —Luego Derek hizo algo que el normalmente no hacía. Sonrió.

Súbitamente, un grito los interrumpió.

—¡¿Dónde está?! —exclamó Liz, incorporándose de su cama en el suelo. Los hombres se miraron mutuamente por la repentina pregunta de la chica—. ¿Dónde está? —preguntó de nuevo. La selkie movía su cabeza de un lado a otro de la habitación con impaciencia, buscaba desesperadamente a alguien.

—¿Te refieres a Tom? ¿Kayleen? —cuestionó Derek—. No tardarán en volver—. El lobo se acercó a la muchacha y quiso poner su mano sobre ella, para calmarla. Sin embargo, ella lo fulminó con la mirada y se hizo hacia atrás, evitando el contacto.

El adulto giró para ver al doctor, tratando de hallar una respuesta a la actitud de la chica. El otro hombre simplemente se encogió de hombros, tampoco era cómo que supiera mucho acerca de la conducta de los selkies.

—Tengo que encontrarlo —dijo Elizabeth, dejando claro de que se trataba de un hombre.

La mujer selkie se levantó y avanzó hacia la entrada. Deaton dudó sobre si interponerse o no, no obstante, Derek se apresuró a alcanzarla, esta vez sin tocarla.

—¿A quién quieres ver? —le dijo el hombre lobo.

—El niño —contestó ella—. El niño —repitió una vez más, parecía como si estuviera en un trance, sin embargo era capaz de notar la presencia de los otros dos, por lo que no estaba ida del todo—. El cazador quería al niño —añadió.

¿El cazador? Derek supuso que hablaba de Declan, a quien la muchacha ahogó en el río. Sin embargo, no explicaba lo del niño. No había ningún niño en la Lista Negra, el hombre de menor edad en ella era Liam, que tenía quince años. Y la más pequeña de todos los objetivos era Lorilee, de la manada de Satomi, que tenía trece.

Elizabeth salió de la clínica animal caminando de forma monótona.

—Debería detenerla —opinó el hombre lobo.

—No creo que sea buena idea —dijo el mayor—. Pero sí creo que tienes que ir tras ella. Yo me encargaré de avisarles a los otros.

Derek sólo pudo pensar que a Tom no le gustaría la idea de dejar ir a su amiga.

Liam salió de casa al recibir la llamada de Scott acerca de lo ocurrido en la veterinaria. Ahora él iba camino hacia allí para reunirse con el alfa. Iba atento en su teléfono por si recibía otra llamada, que no se dio cuenta de que alguien trataba de alcanzarlo. Giró bruscamente y exhaló con alivio al ver que ese alguien era Mason, su mejor amigo.

—Te me adelantaste, pensé que esperarías a que pasara por ti —le dijo el moreno. Liam frunció las cejas, porque no entendía a qué se refería.

—¿De qué hablas? —preguntó Liam.

—¿Qué de qué hablo? Amigo, se suponía que íbamos a ver una película —le recordó el chico. El beta se maldijo a sí mismo internamente por haberlo olvidado. Mason se dio cuenta de la expresión de su mejor amigo, por lo que dejó salir un bufido—. ¿Enserio? Acabo de regresar y me estás dejando plantado, ni siquiera me habría enterado de no llegar temprano —continuó con el reclamo.

—De verdad lo siento, Scott… —Liam cerró su boca cuando notó que acababa de cometer el error de mencionar el nombre con S. De seguro Mason estaba harto de escucharlo decir eso.

—Lo sé, lo sé. Tiene algo importante que decirte. Ya me sé la historia —dijo el muchacho haciendo ademanes con las manos y usando las palabras que el beta usualmente decía en ocasiones como esa—. Aguarda, ya sé lo que pasa —Liam tragó saliva al escuchar eso—. No quieres salir con un chico de tu edad, quieres salir con los mayores. Lo entiendo. Pudiste haberlo dicho antes —el chico sentía que se le empezaba a hacer un nudo en la garganta.

—No, por supuesto que no —dijo el beta. Mason solo se le quedo viendo sin mostrar emoción alguna—. Lo que pasa es que… —¿qué le iba a decir? Inventar otra mentira, no iba a contarle que una chica que puede convertirse en foca acababa de huir de una clínica donde un druida y un hombre lobo la estaban cuidando y todo lo demás.

—Sé que dije que podía esperar hasta que estuvieras listo para contarme pero… yo… —el muchacho comenzaba a hablar entrecortadamente—. No. Olvídalo, no puedo obligarte a que me lo digas —el chico se dio la media vuelta y comenzó a caminar por donde vino.

—Mason, espera —pidió Liam, pero el otro hizo caso omiso a sus palabras y siguió alejándose.

El muchacho apretó la mandíbula. Estaba enojado. Enojado consigo mismo. Eso era lo que quería evitar al no contarle la verdad. Se preocupó tanto de que Mason no lo viera como a un monstruo que olvidó la forma en que quería que lo viera: como su mejor amigo.

Una motocicleta se detuvo frente a la acera. No hacía falta voltear para saber que se trataba de su alfa. Scott alcanzó a ver al chico moreno irse de allí, y por su aroma y la expresión del beta supo que algo no andaba bien.

—¿Qué pasa?

—Lo perdí —contestó Liam, sus ojos ahora estaban vidriosos—. Soy un mal amigo.

El hombre lobo bajó del vehículo y se puso frente al joven.

—No es cierto.

—No trates de defenderme —murmuró el chico—. Posiblemente ahora me odia. —Liam sacudió su cabeza y secó sus ojos—. No importa, vámonos —dijo alcanzando el casco extra que estaba en la motocicleta.

Scott lo sujetó de la muñeca y lo hizo soltar el objeto.

—Por supuesto que importa —recalcó el hombre lobo—. Es tu amigo. Tu mejor amigo.

—Sí. Pero tenemos que ir a buscar a Liz —dijo Liam.

—Liz va a estar bien. Derek fue con tras ella, sólo que pensé que sería bueno ir todos —dijo el mayor—. Debiste decirme que tenías planes.

—Lo olvidé —soltó Liam, aunque de haberlo recordado no se lo habría dicho a Scott—. Como sea, no hagas esto más difícil. —Tomó el casco y se lo puso encima.

De pronto al alfa se le ocurrió algo.

—De acuerdo —subió al vehículo y se colocó su casco encima. Liam se sujetó de los hombros de Scott como de costumbre y se pusieron en marcha. El chico estaba pensando en lo que acababa de suceder con su amigo que no se dio cuenta la ruta que estaban siguiendo.

La motocicleta se detuvo de repente que casi se cae Liam, de no ser porque estaba sujeto al conductor. Para cuando se bajó y quitó el casco se dio cuenta de que no estaban en la clínica veterinaria, a penas y habían avanzado un par de cuadras.

Mason estaba de pie a un par de metros de ellos, con expresión atónita. El beta encaró al otro chico, que le estaba cubriendo el paso para no volver a la moto.

El chico moreno comenzó a caminar, con intención de pasar de largo; sin embargo, Scott levantó su brazo para impedirle cruzar.

—Ustedes dos tienen que hablar —dijo Scott seriamente. Liam estaba por decirle algo, pero fue interrumpido—. Díselo.

—¿Es una orden? —preguntó el chico.

—Es una petición —contestó el mayor. Sin dejarlo decir nada más, subió a la moto y arrancó.

Liam miró hacia el suelo y dio un gran suspiro. Mason dio un paso hacia el frente, de nuevo tratando de huir, pero su amigo lo tomó del hombro. No lo hizo de forma brusca, fue tan solo un roce, pero fue suficiente.

—Ven conmigo —pidió el beta, muy seguro de lo que estaba haciendo.

—¿De qué hablas?

—Por favor —insistió él—. No puedo decírtelo aquí.

El hombre lobo prácticamente arrastró a Mason hasta un lugar en construcción, donde no había gente cerca. Se sentó en el suelo de concreto y el otro chico lo imitó.

Pasaron uno… dos minutos. Liam no sabía por qué empezar. Estaba seguro de que se lo iba a decir, pero no tenía idea de cómo comenzar. Probablemente debió preguntarle a Scott cómo se lo dijo a los demás.

Claro que eso no habría sido de mucha ayuda, él no sabía que su madre, el Sheriff, Lydia y Allison se habían enterado de forma sorpresiva. A la única a la que realmente se lo había contado de forma más tranquila era Kira.

—¿Y bien? —preguntó Mason.

—Por favor, no corras cuando veas esto —dijo Liam en voz alta. Agitó su mano y de pronto en ella había crecido garras.

—Wow —Mason se hizo hacia atrás aún en el suelo. Los latidos del beta se aceleraron.

—Soy un… hombre lobo —admitió finalmente y para hacerlo más creíble, hizo sus ojos brillar de color amarillo.

El otro chico seguía casi acostado, tratando de procesar lo que acababa de ver. Tenía miedo, el beta podía sentirlo.

Liam atrajo sus piernas hacia sí y las rodeó con sus manos. Enterró su cabeza entre las piernas y ahogó un grito.

—Puedes irte si quieres. No lo impediré —el chico pudo sentir una lágrima resbalar por su mejilla. Y de pronto, había una mano en su hombro. Lentamente levantó su rostro y vio a Mason sonriendo junto a él.

—No me voy a ir —dijo el chico, sentándose a su lado otra vez.

—Pero tienes miedo —aseguró el lobo—. Debes creer que soy un monstruo.

—No eres un monstruo. ¿Por qué dices eso?

—Sé que no lo soy. Pero eso debes creer ahora.

—Liam, eso no es verdad —Mason movió al beta para verlo de frente—. Sí, tengo algo de miedo, pero creo que es normal.

—Quise decírtelo, enserio, pero no tenía idea de cómo… yo sólo no quería… —balbuceó el otro, claramente seguía nervioso—. No quería perderte.

Mason tomó a Liam de los hombros y lo abrazó: —Vas a tener que esforzarte más si quieres deshacerte de mí —bromeó el moreno—. Ahora entiendo muchas cosas. —Liam sonrió al escuchar eso.

Se separaron después de un momento y nadie dijo nada por un rato, sólo se quedaron viendo a la pared del fondo.

—¿Así que… iremos al cine? —preguntó el hombre lobo.

—¿Ir al cine? —repitió Mason—. Pensándolo bien, en el cine no podemos hablar mucho y hoy me siento con ganas de hablar mucho. Quizá deberías contarme de esto de ser un hombre lobo, digo, si estás listo para decirme más.

—Lo estoy.

Los ojos de Malia pasaban de un lado a otro de la recepción de la institución en que se encontraba junto con Stiles. Normalmente ella no se sentía nerviosa, pero lo que ocurría era que no estaba en cualquier lugar. Habían ido a Eichen House.

El lugar en sí no le traía malos recuerdos, después de todo fue en el sótano de ese mismo edificio donde ella y Stiles tuvieron su primer beso. Sin embargo, allí estaba alguien a quien no quería ver.

—¿Estás bien? —le preguntó el muchacho. Ella asintió, pero realmente no estaba diciendo la verdad. Él estaba por decir algo más, pero un enfermero los interrumpió.

—El Doctor Fenrir los verá justo al pie de las escaleras, síganme. —Stiles tomó la mano de Malia y apretó un poco, para hacerla sentir segura y demostrarle que no tenían nada que temer. Peter estaba encerrado y además no habían ido a verlo a él.

Deaton había mencionado que algunos de los objetivos de la lista negra eran fugitivos de Eichen House, y aunque a varios ya los habían recapturado de todos modos tenían la información sobre qué tipo de ser sobrenatural eran ellos.

Los dos adolescentes caminaron escaleras abajo. El Dr. Fenrir estaba de pie al final del último escalón, con los brazos cruzados. Al verlos llegar le hizo una seña al enfermero de que se podía retirar.

—¿Y bien? —preguntó el señor.

—¿Eh? Ah, sí — exclamó Stiles y buscó entre los bolsillos de su pantalón hasta encontrar una hoja de papel doblada. Se la entregó al hombre y este comenzó a leer. Era una nota que el veterinario escribió para él.

—De acuerdo —murmuró el hombre—. ¿Tienes las páginas de la lista negra?

Malia reaccionó a esa pregunta y sacó las hojas de papel con la lista de nombres. De nuevo el doctor la examinó rápidamente.

—Vengan conmigo —anunció y comenzó a caminar a través del pasillo. Los dos chicos cruzaron miradas y Stiles tragó saliva cuando alcanzó a ver la mano de una criatura con garras sujetando uno de los barrotes de la ventana de su celda.

Tanto él como su novia se acercaron hacia el centro del pasillo. Muchos de los prisioneros comenzaron a acercarse a sus puertas, ya que captaban el aroma de la chica coyote.

De pronto, una criatura con ojos blancos alcanzó a Stiles por el brazo y clavó sus garras en él. El chico trató de mantenerse firme. Malia sujetó la mano del prisionero con la suya, que ahora también tenía garras y lo alejó de él, haciendo un gruñido y mostrando sus colmillos y ojos azules.

La criatura soltó a Stiles y se retrajo al interior de su celda.

—Gracias.

—No hay por qué —respondió la muchacha.

Mientras continuaban avanzando Malia recibió un olor que hizo que su nariz le produjera cierto picor. De repente supo lo que significaba, por lo que tuvo miedo de voltear hacia un lado. Sin embargo, la curiosidad fue más fuerte que su miedo interno.

Al girar su cabeza hacia la derecha alcanzó a ver a través de la ventanilla de la celda y más allá de un gran cristal, a un hombre sentado en el suelo, apoyado contra la pared. Peter Hale lucía desarreglado y con una mirada perdida hacia el frente, pero al parecer él también recibió la señal de su hija biológica, pues su aroma era inconfundible.

El lobo omega se incorporó y le lanzó una mirada a su hija.

Ella tragó saliva y se quedó inmóvil, porque, ¿qué podría hacer en ese momento? ¿Sonreírle con ironía por haberla engañado? No. Eso definitivamente no.

—¿Malia? —la llamó su novio. Su vista también quedó fija en el sujeto detrás del cristal—. Sigue caminando —sugirió tomándola del brazo. Para ese entonces, Peter ya se había levantado y colocado junto al vidrio.

—Sí, vamos —contestó ella finalmente y continuaron con el recorrido por el corredor, esforzándose por no voltear de nuevo.

El doctor Fenrir volteó sobre su hombro por un momento para averiguar si ambos seguían detrás de él. Luego regresó hacia el frente y siguió caminando hasta el final del pasillo, donde se encontraba una oficina en la que se almacenaban los archivos.

—Esperen aquí —pidió el doctor, que ingresó al lugar.

Stiles y Malia se apoyaron contra la pared. La chica aún conmocionada por lo que acababa de presenciar.

—Quiero irme de aquí —dijo la chica coyote, cosa que ya de por sí era extraño para ella. Sin embargo, sabía que en ese lugar debería avisarle al muchacho.

—Aguanta un poco.

Pasaron uno… dos… tres segundos.

—¿Ya? —preguntó ella.

—No.

—¿Qué tanto tiempo tardará el doctor allí dentro? —inquirió Malia.

—No lo sé. Son unos diez nombres, supongo que no mucho.

Malia dejó salir un bufido.

—¿Estás bien? —le preguntó el humano. Era obvio que no lo estaba, pero no se le ocurrió otra cosa que preguntarle en ese momento.

Ella negó con la cabeza. Aún sentía el aroma de Peter. No podía evitarlo. En ese instante deseó no tener súper olfato. Su desesperación comenzó a hacerse más obvia cuando sintió sus garras comenzar a aparecer.

Stiles se dio cuenta de ello, por lo que la tomó con la mano para cubrirla y que nadie más la viera y para calmarla.

—Malia… —el chico estaba por decir algo, sin embargo fue cortado por el regreso del doctor, que llevaba las hojas de la lista negra en la mano.

—Encarcelados —anunció el hombre. Stiles arqueó las cejas en respuesta.

—¿Quiere decir que todos los nombres que no están marcados están atrapados aquí? —preguntó el muchacho. El mayor asintió en contestación—. ¿Está seguro? —la pregunta hizo que el hombre le devolviera una mirada fulminante—. No me refiero a eso. De todos modos, ¿qué son todos ellos?

—Eso no te lo diré. Es información confidencial de esta institución.

Stiles hizo una mueca de disgusto, pero sabía que no valía la pena seguir intentando con esa pregunta, pero entonces se le vino a la mente algo que sí le podrían decir.

—¿Puede decirme si alguno de ellos tiene relación con el agua?

—No.

—¿Me está respondiendo o me está diciendo que no me puede decir?

—Te estoy respondiendo —repitió el hombre—. Ninguno de ellos tiene relación con el agua—. El doctor Fenrir se cruzó de brazos—. ¿En qué está metido Deaton ahora?

—Créame, si lo supiéramos no estaríamos aquí. ¿Cierto Malia? —Stiles volteó hacia un lado en busca de la chica coyote, pero no la encontró. Se había ido. El chico mantuvo la calma y se dijo que no debería andar lejos—. Tengo que irme —dijo arrebatándole las páginas al hombre para comenzar a correr por el pasillo, tratando de alejarse de las ventanillas de los prisioneros, incluido Peter—. ¡Gracias! —gritó antes de perderse por las escaleras.

Subió apresuradamente y se detuvo en medio del vestíbulo, observó en varias direcciones hasta que la encontró, sentada en una banca junto a la pared. Pero eso no fue lo único que lo sorprendió, no se hallaba sola. Meredith Walker estaba sentada a su lado.

Stiles caminó con más calma hacia ellas.

—Meredith, hola —saludó Stiles con una media sonrisa, que la muchacha le devolvió para luego mirar hacia abajo. El chico entonces pasó su atención a Malia. Ella habló antes de que él le dijese algo.

—No podía estar allí por más tiempo —explicó la chica.

—Lo entiendo. Debí decirle a Kira que viniera ella y tú te hubieses quedado con Lydia.

—No, Stiles. Necesitaba hacerlo —las palabras tomaron al muchacho por sorpresa. ¿Por qué necesitar algo que te haga sentir mal?—. Quiero decir, necesitaba verlo allí. Donde ya no puede hacer más daño.

De pronto el chico entendió sus palabras, pero al no saber cómo responder a eso, simplemente se inclinó y le dio un beso a Malia en los labios, mientras Meredith miraba en dirección a la puerta.

—Creo que es hora de irnos —dijo el chico—. Hay que contarles a los otros que, bueno, quien sea o lo que sea que esté en el lago no aparece en la lista negra.

—De acuerdo.

—Fue bueno verte Meredith —comentó el humano.

—Lo mismo digo —añadió Malia.

La chica coyote se puso de pie, pero en ese momento, la banshee tomó a ambos chicos por la muñeca.

—¿Lydia no va a venir? —preguntó la muchacha.

—No, lo siento —respondió el joven—. ¿Quieres que venga a verte? —preguntó con curiosidad. Según sabía, ambas mujeres no habían interactuado desde que descubrieron que ella era el Benefactor.

—S-sí —contestó Meredith—. Díganle que no está viendo las cosas claramente.

—¿De qué hablas? —intervino Malia.

—Lydia —dijo la banshee—. Tiene que buscar en donde ya lo ha hecho antes.

—¿El bestiario? —preguntó Stiles.

—Díganle que donde ha buscado antes. —El chico iba a preguntar de nuevo, pero uno de los guardias de Eichen House llamó a Meredith, pues aparentemente no tenía permitido estar en esa área, por lo que se alejó de ellos, dejándolos aún más desconcertados.

Lydia estaba segura de que había leído una y otra vez las páginas del bestiario. El problema era, que eran demasiadas páginas y ya comenzaba a hartarse de ello. Además de que llevaba haciendo eso desde que se había dispuesto a averiguar qué tipo de criatura era Parrish.

Su búsqueda se había limitado a monstruos acuáticos que pudiesen degradar toda cosa viva con la que interactuaran, sin embargo eso tampoco le dio resultados. Parecía como si se estuviera perdiendo algo.

También existía la posibilidad de que la familia Argent no se hubiera encontrado con alguna de esas criaturas y por ende no habría información sobre ellas en el bestiario.

—Creo que deberías dejarlo por hoy —sugirió Kira, que al igual que ella estaba sentada en la cama. Quitó el libro de su alcance y se puso de pie para colocarlo sobre el escritorio.

—Estoy de acuerdo —contestó Lydia, restregando sus ojos del cansancio.

Su teléfono comenzó a sonar, pues tenía una llamada de Malia. Eso le levantó un poco el ánimo, pues seguramente ellos tenían algo que les ayudara. En cierta forma, estaba en lo correcto.

—Los nombres del resto de la lista están encarcelados en Eichen House —explicó Stiles a través del altavoz.

—Entonces no es ninguno de ellos —dijo la banshee con decepción—. Eso no es posible.

—A menos que esta criatura haya llegado a Beacon Hills después de la Lista Negra.

Esa era la única explicación.

—El Nemeton atrajo a muchas criaturas hace meses, ¿por qué esta llega hasta ahora? —inquirió Stiles.

—Tal vez se retrasó —opinó Malia del mismo lado de la línea.

—Eso es tan extraño que incluso puede tener sentido —opinó Lydia.

—Como sea —dijo el muchacho—. Lo que en realidad queríamos decirte es que vimos a Meredith. Preguntó por ti.

La pelirroja sintió como si hablasen de un fantasma al escuchar en nombre de la otra banshee. Sin embargo, se alegró de oírlo.

—¿Qué más les dijo?

—Ella dijo que no estabas viendo las cosas con claridad —Lydia enarcó sus cejas—. Que tenías que buscar donde ya lo has hecho.

—¿El bestiario?

—Eso pensamos nosotros —añadió Malia.

—Si bueno, ustedes las banshee a veces no son muy claras en lo que hablan —dijo Stiles, pero a Lydia no le molestó porque sabía que tenía la razón.

—Pues lo he revisado cientos de veces y no hay nada. De verdad.

—Debe haber dicho eso por alguna razón —comentó la chica coyote.

—Tenemos que colgar, te vemos en un rato en tu casa.

—Sí, de acuerdo —Lydia colgó y se quedó mirando hacia la ventana.

—¿Alguna noticia? —quiso saber Kira.

La pelirroja le hizo un rápido recuento de la conversación.

—Eso no tiene sentido —dijo en referencia a lo de Meredith.

—Lo sé.

La kitsune caminó de regreso al escritorio, para tomar de nuevo el bestiario.

—Vale la pena intentar —le dijo a su amiga. Ella se encogió de hombros en respuesta.

Cuando levantó el libro, Kira se dio cuenta de que lo había colocado encima de las páginas de la lista negra.

—¿Meredith dijo que buscaras donde ya lo has hecho? —preguntó ella de nuevo, levantando las páginas y mostrándoselas a Lydia.

—Sí. ¿Crees que…

—Lydia —la corto la otra muchacha—. Meredith tenía razón.

La banshee se puso de pie rápidamente para ir junto a la kitsune. Esta apuntó a uno de los nombres de la lista de Aiden. Había una letra U encerrada en un círculo. Poco después una I, una y finalmente una S.

En la página de Allison había otras cuatro E, A, C y H. Finalmente, en la última (de Derek) solo una G y una E.

—De verdad necesito saber cuándo es que entro en estado de trance —comentó Lydia, pues obviamente eso lo había hecho ella.

—Iré por un lápiz para escribir las letras.

Kira fue por ello, no obstante, la otra joven trató de ordenar las cinco letras mentalmente. No tardó en conseguirlo, ya que se dio cuenta de que las letras estaban de cierta forma, en orden, primero las de Allison, luego Aiden y después las letras en la lista de Derek.

—Ya sé que dice —le informó a su amiga, al tiempo que ella regresaba con un lápiz. Rápidamente formo la palabra EACHUISGE.

—¿Qué significa eso? No creo que sea inglés —dijo Kira.

—No lo es… debo haberlo visto en alguna parte. Me suena conocido pero… Aguarda, no es una palabra, son dos: Each Uisge.

—¿Each? (Each significa "Cada" en inglés, como en cada uno).

—No, no está en inglés. Debo haber visto esa palabra en algún libro.

—Tal vez el doctor Deaton sepa que significa.

Al decir eso, Lydia tuvo una especie de iluminación mental.

—¡Eso es! Lo leí en un libro suyo. Es gaélico.

—¿Y qué significa?

—¡Oh, Dios! ¡Ya sé! —exclamó la banshee, dejando sin respuesta a la otra chica. Corrió hacia el bestiario y comenzó a mover las hojas con tal rapidez que la kitsune pensó que podría arrancar unas cuantas páginas.

La pelirroja encontró la página que estuvo buscando. En ella, no había un dibujo, solo un largo texto que abarcaba la hoja. En la parte de arriba estaba el nombre de la criatura. Ella comenzó a leer:

—El Kelpie, también llamado Each Uisge —comenzó a decir Lydia, haciendo énfasis en el nombre—, es un monstruo que toma comúnmente la apariencia de caballo. También puede cambiar de forma al de un ser humano. Es de hábitos acuáticos, y vive en ríos y lagos. —La chica interrumpió su lectura—. Each significa caballo en gaélico. ¡Por eso no lo había encontrado! —exclamó—. Para no complicarme solo leí el principio de cada entrada. Cuando me daba cuenta de que no tenía que ver con criaturas acuáticas pasaba a la siguiente.

Cuando leyó que era un caballo, pensó que no tendría nada que ver con lo que vive en el lago. Pero se había equivocado.

—Aquellos Kelpies que se han adaptado a la vida en agua dulce son mucho más peligrosos que sus contrapartes de agua salada. Matan a cualquiera que se ponga en su camino —siguió leyendo Lydia—. Su toque es mortal, pues puede pudrir aquello que toque. A diferencia de otros cambiaformas que son humanos de forma natural, el Kelpie no lo es, su forma verdadera es desagradable. No tienen compasión por el resto de los seres vivientes.

—Oh, Dios —exclamó Kira al escuchar todo eso—. Eso significa que no es cómo los otros, no busca venganza, o poder, simplemente…

A Lydia le dio un escalofrío. Pues le recordó en cierta forma al Nogitsune.

—Mata por placer.


De este capítulo saqué la parte de Mason/Liam que subí como un One-Shot, lo hice porque no sabía hasta cuando iba a actualizar y porque de verdad me gustó esa parte.

Y bueno, el monstruo es un Kelpie! Sé que como los Selkies no suena muy amenazante, eso de ser un caballo o focas con los otros, pero creo que sí será un buen villano.

Liz solo fue a merodear al bosque, y lo que ha pasado con ella que aun no se ha explicado será descubierto en uno de los siguientes capítulos.

Por cierto, todo este asunto de los hombres foca y el monstruo caballo (suena más amenazante en mi cabeza) solo será de 10 capítulos y tal vez continue, aunque me tomaré un descanso después de acabarlos.

Comenten qué les pareció, gracias por leer. Nos leemos luego;)