Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 6-
Alice
Sabía que casi toda la cafetería tenía sus ojos puestos en nosotros, pero aquel era el último de mis problemas en aquel momento. Caminé muy erguida hasta la cocina, a pesar de que tenía los nervios de punta, mientras sentía la presencia de James detrás de mí. Cuando lo había visto hablar con Matt había estado a punto de salir corriendo de la cocina para proteger a mi pequeño, pues me habría encantado ahorrarle el mal trago de ver a su padre. Mi intención había sido llamar a James cuando Matt estuviera en el colegio, pero el muy desgraciado se había presentado en la cafetería sabiendo que el niño se encontraría allí. No entendía por qué le resultaba tan estimulante torturarlo de aquella forma cuando estaba más que claro que a él su hijo le importaba un comino.
Sin embargo, yo era plenamente consciente de que Matt sufría. Sufría porque sabía que su padre no le quería, porque veía que los otros niños de su clase salían a pasear con sus padres siempre que tenían la oportunidad mientras que él solo me tenía a mí. Y que mi hijo sufriera era algo que me mataba por dentro, y por esa misma razón jamás le perdonaría a James lo que había hecho y lo que continuaba haciendo.
Por otra parte, me había impresionado mucho darme cuenta de que Jasper era capaz de enfrentarse a James. Comprendía que lo había hecho porque también le estaba provocando a él, pero durante un segundo había visto en su rostro unas ganas tremendas de proteger a Matt y también de protegerme a mí, y no sabía cómo iba a agradecérselo. Al fin y al cabo, muy pocas personas en el pueblo estaban dispuestas a dar la cara por nosotros frente a James.
Una vez estuvimos en la cocina me di la vuelta con rapidez y con los brazos cruzados, y clavé mi mirada en James.
– ¿Quién narices te crees que eres para venir a gritar a la cafetería y delante de mi hijo?
–Oye, tranquila, ¿vale? Yo no lo he hecho nada al niño. Solo estaba hablando con él cuando ese profesor nos ha interrumpido.
–Matt no quiere verte, James, y sabes que lo pasa mal cuando lo hace.
–Sigo siendo su padre.
–Eso es mentira. Puede que seas su padre biológico, pero él no lo siente así y yo tampoco, así que espero que cojas el dinero y que te largues de una buena vez por todas.
James se acercó peligrosamente a mí y me sujetó por el brazo con fuerza a pesar de que intenté evitar su contacto.
–Eres una maldita zorra, Alice –masculló acercando su rostro al mío y consiguiendo que mi cuerpo se pegara al suyo. –Sabes que no te lo voy a poner tan fácil.
–Suéltame. Suéltame ahora mismo.
Lo hizo de malas maneras, haciéndome trastabillar un poco. Sin embargo, me limité a frotarme el brazo maltratado con la mirada clavada en sus ojos.
–Te daré el dinero que me pediste –le dije con resignación. Cogí mi bolso, que se encontraba colgado en un perchero, y saqué el sobre con el dinero que iba a invertir en las vacaciones de Matt para entregárselo a ese energúmeno. –No sabes lo mucho que nos hace falta ese dinero, pero espero que sea suficiente para que no volvamos a verte el pelo en la vida.
– ¿Te estás acostando con él? –preguntó James mientras contaba el dinero del sobre. Ni siquiera parecía haberme escuchado.
– ¿Qué?
–Que si te estás tirando al profesor. Parecía muy... territorial con vosotros, como si estuviera defendiendo su propiedad.
–Deja de decir estupideces. Solo es el profesor de Matt y un buen cliente de la cafetería.
–Espero que así sea.
– ¿Y a ti qué más te da?
James me miró fijamente.
–Sigues siendo mía, Alice. Y cualquier día de estos te lo demostraré.
Volvió a acercarse a mí, me tomó de la cintura y me obligó a caminar hasta que me tuvo acorralada contra la pared. Después intentó besarme a la fuerza. Yo, por mi parte, luché contra él con los puños, pero James fue más fuerte que yo y me sujetó por la nuca mientras cubría mi boca con la suya. Fue un beso furioso y corto, pero a mí se me antojó repugnante y eterno, por lo que cuando se separó de mí me pasé el dorso de la mano por los labios.
–Espero que no lo olvides, cariño –hizo el ademán de acariciarme la mejilla pero no se lo permití, así que sonrió de lado. –Hasta pronto.
Abandonó la cocina con una sonrisa burlona y yo me quedé de pie, con la mano en el pecho, mientras respiraba agitadamente a causa del miedo y de los nervios. Recé para que no volviera a acercarse a Matt, pero simplemente pasó de largo hasta que salió del establecimiento, y fue entonces cuando me permití deslizarme por la pared hasta que pude sentarme en el suelo. Doblé las rodillas y apoyé mis brazos en ellas para después cerrar los ojos.
Aquello no podía seguir así.
Un par de segundos después escuché pasos en la cocina y vi a Maggie y a Ben entrando en ella. La primera se acercó a mí y me ayudó a levantarme para después abrazarme con fuerza. Ben, por su parte, me acarició la mano cariñosamente, dándome ánimos en silencio, y yo les permití a ambos que me consolaran porque sabía que en aquel momento lo necesitaba.
–No puedes dejar que siga haciéndote esto, Alice –me aclaró Maggie cuando se hubo separado de mí.
–Lo sé.
–Entonces denúnciale. Mucha gente del pueblo ha visto cómo te trata y saben que es un hombre violento que te chantajea. Tú tienes todas las de ganar.
–No quiero que me quite a Matt.
–No lo hará. Ni tú ni nadie permitirá que se lo lleve, Alice, pero no puedes dejarlo pasar.
Asentí en silencio, sin saber qué responderle, más que nada porque, aunque sabía que tarde o temprano tendría que poner laos puntos sobre las íes, no quería hablar más del tema durante aquel día. Tanto Matt como yo ya habíamos tenido suficiente, y sentía que merecíamos un descanso. Sin embargo, lo primero en ese momento era mi hijo.
–Tengo que ver a Matt –musité, sintiéndome algo desorientada.
–Continúa en la mesa de Jasper. Cuando los he dejado su profesor estaba intentando hacerle reír, porque James ha conseguido asustarle a base de bien.
–Lo sé. Y no pienso dejar que vuelva a hacerlo, eso tenlo por seguro.
Salí de la cocina sin esperar respuesta y me dirigí a la mesa en la que se encontraba mi hijo junto con Jasper. Me di cuenta de que ambos tenían las cabezas muy juntas y de que Matt parecía algo más animado que antes, por lo que respiré hondo antes de llegar hasta ellos y decidí adoptar una actitud alegre frente a él, pues no quería volver a verle triste.
– ¿Estáis urdiendo algún plan secreto? –pregunté una vez que estuve junto a ellos.
Mi hijo alzó la cabeza de repente y me miró con sus ojos brillantes, esos que tan feliz me hacían cada vez que me sonreían. Jasper, en cambio, levantó la cabeza lentamente y me miró con fijeza, como si se estuviera asegurando de que estaba entera y bien. Con un asentimiento de cabeza casi imperceptible le dije que me encontraba perfectamente.
–El profesor Whitlock me ha dicho que algún domingo podemos ir a jugar juntos a fútbol. ¿Puedo, mami?
Sonreí levemente y, sentándome en la silla libre que había al lado de mi hijo, le acaricié el cabello y asentí.
–Claro, mi amor.
Matt sonrió ampliamente y después volvió su atención a su plato, que ya estaba casi vacío. Acto seguido me miró a mí y parpadeó seguidamente, poniéndome carita de cordero degollado.
–No me apetece más, mami.
–No te preocupes, cielo. Lleva el plato a la cocina, ¿quieres? Ahora iré yo.
–Vale.
Mi hijo se puso en pie y yo le entregué su plato con cuidado para que no se le cayera durante el camino.
–No te olvides de darle las gracias al profesor Whitlock por haberte dejado comer con él.
– ¡Es verdad! Gracias –le dijo con una sonrisa de oreja a oreja, consiguiendo tranquilizarme al ver su expresión feliz.
–No hay de qué, Matt. Podemos comer juntos cuando quieras, ya lo sabes –Jasper le guiñó un ojo y mi hijo se rió justo antes de darse la vuelta para encaminarse hacia la cocina.
Cuando nos quedamos solos me permití respirar hondo de nuevo, sabiendo que le debía una explicación a Jasper por lo ocurrido.
–Gracias por intervenir antes –murmuré con la vista clavada en la mesa. –Pero no deberías haberlo hecho.
– ¿Cómo que no? Ese desgraciado estaba asustando a Matt y ha estado a punto de insultarte. Te aseguro que jamás voy a permitir que un hombre insulte a una mujer y asuste a un niño si yo puedo impedirlo.
Mis ojos se clavaron en los de él, que me observaban intensamente.
–Eso habla muy bien de ti, pero no conoces a James y espero que no llegues a hacerlo. De verdad que agradezco muchísimo que nos hayas defendido, pero lo que suceda entre James y yo es cosa nuestra. No quiero que te metas en problemas justo ahora que acabas de llegar al pueblo.
–No es mi intención hacerlo, créeme, pero si vuelvo a presenciar otra escena como la que ha montado antes, no me voy a quedar de brazos cruzados.
Tragué saliva y asentí en silencio, sabiendo que no podría cambiar su decisión.
– ¿Estás bien? –me preguntó al cabo de unos segundos en silencio.
–Sí. Ya le he dado lo que quería y no volverá por aquí en un tiempo, así que creo que Matt y yo podemos respirar tranquilos.
–Supongo que sabes que no podéis seguir así.
– ¿Así?
–Viviendo con miedo. Temiendo que cualquier día vuelva a aparecer para poner patas arriba vuestras vidas. Por mucho que sea el padre de Matt, no es nadie para hacerlo.
–Jasper, como ya te he dicho, es asunto nuestro. Soy yo quien decide cómo vivir mi vida y la de mi hijo hasta que Matt tenga dieciocho años.
–Ya lo sé. Pero me gustaría que pudierais vivir tranquilos. Matt es un niño fantástico, y aunque hace poco que nos conocemos, tú me caes muy bien y creo que no merecéis que ese tío os martirice como lo hace.
Una parte de mí quería gritarle de nuevo que aquello era cosa nuestra, pero la otra le estaba tremendamente agradecida por preocuparse de ese modo por nosotros. No tenía por qué hacerlo, y sin embargo lo hacía.
–Gracias de nuevo, Jasper. Te aseguro que intentaré hacer lo posible por apartar a James de nuestras vidas –respiré profundamente de nuevo. –Ah, y gracias por estar con Matt. Maggie me ha dicho que estabas intentando animarle. No sabes lo importante que es para mí que mi hijo sea feliz.
–Solo tiene seis años, no es justo que ningún niño sea infeliz. Está en la edad de correr, de jugar, de hacer travesuras... Y no me gustaría que no pudiera hacer esas cosas solo porque su padre es un malnacido.
Asentí en silencio, conforme con sus palabras y también algo emocionada. Aquellas ganas que Jasper mostraba de proteger a mi hijo me estaban tomando totalmente por sorpresa y estaba consiguiendo que se me formara un nudo en la garganta.
–No sabes lo que me alegra que alguien como tú se haya mudado al pueblo –musité con la voz entrecortada.
–¿Cómo?
Permanecí varios segundos en silencio, indecisa. No obstante, ya había comenzado a hablar, por lo que supuse que debería acabar lo que quería decir:
–La gran mayoría de la gente que vive en el pueblo y que conoce mi historia con James no está dispuesta a... defenderme. Ni a mí ni a Matt. Y no es que yo quiera que lo hagan, pero me tranquiliza que alguien como tú se interese tanto por lo que nos sucede. Lo que pasa es que no me siento cómoda con la situación por eso mismo, porque no estoy acostumbrada a que nadie mueva un dedo por nosotros, ¿entiendes?
–Creo que sí. Pero estoy seguro de que mucha más gente de la que te piensas os defendería si se encontrara en la misma situación que yo antes.
–Te equivocas. Pero da igual, ya te he dicho que yo no busco ni tu compasión, ni tu lástima, y tampoco busco la de nadie, pero me gustaría que supieras que agradezco el gesto.
Jasper asintió en silencio y, cuando me di cuenta de que ya no teníamos más que decirnos por el momento, me puse en pie y recogí su plato al ver que estaba vacío.
– ¿Quieres algo de postre?
–No, gracias. He de irme ya. ¿Cuánto te debo?
Lo miré fijamente mientras sacaba su cartera, y cuando sus ojos se clavaron en los míos respondí:
–Invita la casa.
–¿Qué? No, Alice.
–Sí. Hoy invito yo, no te preocupes.
–No quiero ninguna recompensa.
–Pues no te lo tomes como tal. Deja que hoy te invite, por favor.
Jasper refunfuñó y volvió a guardarse la cartera en el bolsillo.
–En ese caso, el domingo os invitaré yo a merendar.
Sonreí levemente y asentí, conforme, mientras terminaba de recoger la mesa.
–Trato hecho.
Jasper sonrió un poco y se encogió de hombros.
–Hasta pronto.
Me quedé al lado de la mesa hasta que Jasper salió de la cafetería y después me dirigí hacia la cocina sacudiendo levemente la cabeza. Aquello no estaba bien.
.
.
Jasper
Me dirigí a la pensión nada más salir del colegio por la tarde, pues había comenzado a lloviznar y no me apetecía mojarme demasiado con el frío que hacía. Cuando entré en el que se había convertido mi hogar me limpié las botas en la alfombra y me froté las manos enérgicamente, intentando entrar en calor. Percibí el olor a café recién hecho y a punto estuvo de hacérseme la boca agua, por lo que me acerqué a la cocina y me encontré a Jessica colocando el café en algunas tazas.
– ¿Me guardas una para mí? –le pregunté amistosamente, consiguiendo sacarla de la ensoñación en la que estaba sumida.
–Por supuesto, profesor. ¿Quiere que le ponga leche?
–Sí, por favor. Subo a cambiarme y bajo en diez minutos.
–De acuerdo.
Subí las escaleras de dos en dos y, tras asearme un poco y cambiarme de ropa, bajé de nuevo al comedor en el que me encontré mi humeante taza de café esperándome. Jessica revoloteaba entre las mesas para ofrecer más café a los escasos clientes, y cuando se aburrió se sentó a mi lado sin haber sido invitada. No obstante, en tres días ya me había acostumbrado a su actitud extrovertida, por lo que no la reprendí.
– ¿Cómo le ha ido el día? –me preguntó apoyando los codos sobre la mesa y la cabeza en sus puños cerrados.
–Bastante bien –obviando el episodio con James en la cafetería al mediodía, claro.
– ¿Se ha enterado de lo que ha sucedido en Tuc's hoy?
Alcé una ceja mientras le daba un sorbo a mi delicioso café, pero tardé en responder. Quise saber cuál era la versión que rondaba por el pueblo para empezar a saber de qué pie cojeaban, por lo que me limité a sacudir la cabeza.
– ¿No? Me han dicho que usted estaba allí.
– ¿Entonces por qué me preguntas si sé lo que ha sucedido?
Jessica parpadeó seguidamente, pero eludió mi pregunta.
–Se rumorea que James pretende volver con Alice, pero ella no quiere. Al parecer él está dispuesto a perdonar lo que le hizo hace años, pero...
– ¿Que él tiene que perdonar a Alice? –pregunté, atónito.
–Claro, usted no lo sabe... Parece ser que el niño no es hijo de James, y cuando él se enteró del engaño la abandonó y se marchó del pueblo, humillado. Desde entonces, Alice ha conseguido convertirse en la víctima de Holland.
Dejé mi taza de café sobre la mesa con un golpe seco, sin dar crédito a lo que estaba oyendo. No obstante, yo llevaba tres días contados en el pueblo y nadie me aseguraba que la versión de Jessica no era la verdadera, pero... me negaba a creerlo. Después de haber visto el sufrimiento por el que estaban pasando Alice y Matt no estaba dispuesto a creer esa patraña. El dolor que había visto en los ojos de Alice no era fingido, y en ningún momento me había parecido que tuviera ganas de parecer una víctima. Lo que Jessica me estaba contando solo eran rumores y habladurías que lo único que pretendían era hundir todavía más a Alice en la miseria. Y no estaba dispuesto a permitirlo.
–Te equivocas. Nada de lo que estás diciendo es cierto.
El ceño de Jessica se frunció y después apartó su cuerpo de la mesa, como si la hubiera ofendido con mis palabras.
– ¿Y usted cómo lo sabe?
–Por alguna razón que desconozco, soy capaz de sentir empatía por la gente que me rodea, y a pesar de que solo hace tres días que vivo aquí he podido ver por lo que está pasando Alice. James es un desgraciado que lo único que quiere es aprovecharse de la situación, así que me temo que tu informador te ha dado información errónea, Jessica. Aunque quizá simplemente deberías dejar de hablar sobre temas que no te incumben –sin decir nada más me puse en pie consiguiendo que mi silla se tambaleara un poco. –Gracias por el café.
Salí del comedor a paso ligero, sintiéndome de repente enfadado y tremendamente cansado. Sabía que por mucho que intentara relajarme no podría hacerlo, y menos con el café que acababa de tomarme, por lo que subí a mi habitación de nuevo y recogí mi abrigo, dispuesto a salir al frío de la tarde para que se me aclararan un poco las ideas.
Repito lo que dije en el anterior capítulo: ¡Super-Jasper al poder, señoras! Si sabéis dónde puedo adquirir uno como él no dudéis en decírmelo ;) En fin, ya véis que la cosa va lenta pero sin pausa, y me me atrevo a decir que en el próximo capítulo conoceremos al fin su pasado además de saber cómo irá su """primera cita""" con Alice y Matt.
Espero que os haya gustado el capítulo de hoy y que me lo digáis con muchos reviews bonitos, tan bonitos como Jasper, jojojo.
¡Nos leemos la semana que viene! Xo
*Quería responder por aquí al último review que me ha dejado Mad, porque no está registrada y considero que merece una contestación. Me ha pedido que considere la idea de escribir un songfic basado en una canción, y la verdad es que me encantaría hacerlo y espero poder hacerlo dentro de un tiempo, pero ahora mismo no puedo porque estoy metida de cabeza en mi último año de universidad y apenas tengo tiempo ni para respirar. Me encantaría poder escribir más porque aún tengo varias ideas bullendo en mi cabeza y esperando por salir, pero por ahora van a tener que quedarse donde están. De todas formas agradezco mucho tu interés, Mad, y te agradezco infinitamente tu review y que sigas mis historias; realmente lo aprecio mucho :)
