N/A: He estado un poco ocupada con el trabajo, ya saben cómo es D: Pero me di un tiempo para actualizar. Por ahí alguien me pregunto que cada cuando actualizaba, le responderé por acá por si alguien más tiene ésa duda. Realmente no tengo una fecha exacta para actualizar, pero lo regular es de dos a tres semanas. Lo sé, lo sé, es mucho tiempo (?), intentare que no pase de ese lapso.
¡Además! Ya les traigo la imagen de los niños Potter, ya que junto con Scorpius aparecerán mucho en la historia. Solamente tienen que quitar los espacios y colocar el punto.
Teddy, James, Albus y Lily: img534(punto)imageshack(punto)us / img534 / 7242 / teddyjamesalbuslily (punto) jpg
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Serena Princesita Hale, Abytutis, Ishiro Shizuka, AraMalfoyG, SALESIA, Caroone, minako marie, sailor mercuri o neptune, azu23blood, LucyTheMarauder, crazzy76, ValeenG, Angy Malfoy, lis07, Aid4, Jarvia Elipton, Alesz, anges80, sammR, Erminya, patybenededmalfoy, thish, KUBL, Shald120, Maggie Night, CoposdeHielo, Sobeyda S. Dracul.
¡Muchas gracias por sus comentarios!
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Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, sino a la creadora del increíble mundo Potterico, J.K. Rowling.
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.:: 06 ::.
La bruja come niños
A mi querida Molly… gracias por…
El niño rubio bufó, rodó sus ojos mientras daba vuelta a la página de su libro "Profesiones Muggles". Saber a quién, ése tal Arthur Weasley daba las gracias y agradecía a través de las letras, era lo último que le interesaba. Pasó un par de hojas más, hasta que se detuvo a continuar leyendo en una.
Existe un personaje en el mundo muggle. El cartero. Es un mensajero entre un emisario y un receptor cuando se envía, principalmente, documentos escritos y paquetes. Viajan en motocicleta, bicicleta o simplemente caminando grandes distancias para llevar su mensaje…
"Oh. Como las lechuzas. Sólo que ellas vuelan… ¡Ya entiendo!" Retiró nuevamente su vista de la lectura para dirigir sus ojos a Pansy, que continuaba indecisa en que sería lo que pediría. Lleno de curiosidad no pudo evitar que sus ojos se posaran otra vez en aquella mujer. Su largo cabello castaño con rizos manejables y unos ojos marrones que no se despegaban de los niños con los que compartía mesa. Sólo podía contemplarla de perfil, pero eso era suficiente para poder observar su sonrisa. Dientes perfectos y labios rosados.
"¿Su esposo será mago? ¿Le arreglará su dentadura con hechizos, así como mi padre lo hace conmigo?" Scorpius no tardó en darse cuenta de que había dejado abandonado su libro sobre la mesa y colocado su mano sobre su barbilla, inquisitivo. Su curiosidad por los muggles y el mundo no mágico era muy bien conocida, por lo que no toleraba no conocer algo sobre ellos. Vehículos, animales, vida cotidiana y un par de autores e historias y cuentos muggles fueron temas que pasaron por sus manos desde que aprendió leer. Ahora con su más reciente adquisición "Profesiones Muggles" esperaba ampliar su conocimiento. Con sumo cuidado hizo a un lado su libro para dedicarse a observarlos en su hábitat. Una madre muggle con sus hijos en una salida familiar.
Sus ojos no se despegaban de ellos y de la mesa en la que se encontraban sentados. Hace ya unos minutos que había perdido el temor a ser descubierto in fraganti. El más alto de ellos, que seguramente sería el mayor de los cuatro hermanos, tenía unos ojos verdes. Posiblemente idénticos a los de su padre. En cambio su cabello era corto, pero se podían ver sus rizos castaños, justo como los de ella. A su lado, un niño de cabello negro y ojos marón, una sonrisa dibujada en su rostro. Otro niño más con cabello negro, a excepción de que sus ojos eran verdes, también una expresión levemente serie adornaba su rostro. Finalmente, la niña pelirroja con ojos marrones "Hmmm… ¿A quién habrá salido ella? Sus padres tendrán algún pariente pelirrojo tal vez… Sí, debía ser eso."
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Hermione tomó entre sus manos una de las cartas del menú de helados que se encontraban sobre la mesa. Lily imitó a su tía y abrió una, Albus que se encontraba a su lado, se acercó para leer el menú junto con la castaña y su hermana menor. James y Teddy, como siempre, ya llevaban en mente lo que pedirían, por lo que se limitaron a escuchar a Hermione leer el menú a los más pequeños.
—¿Helado de fresas?… —murmuró la castaña leyendo los postres muggles.
—Paso —dijo Albus a su lado.
—Yo también —continuó Lily.
—¿Helado de pistacho?… —el oji-verde negó con la cabeza seguido de la pelirroja.
—¡Yo quiero éste! —pidió Lily mientras tomaba la carta entre sus manos y señalaba con su dedo índice la imagen de su postre deseado.
—¿Hmh?… —Hermione despegó sus ojos de la carta y observó lo señalado por la niña—. Banana Split… —murmuró—. Un postre muy muggle, Lily.
Susan Macmillan, con su rojizo cabello atado en una alta coleta se acercó a la mesa de Hermione Granger y de sus pequeños acompañantes. Sacó una pluma con tinta azul y una libreta muggle con la que tomar el pedido.
—¡Hermione Granger!…
La castaña dirigió sus ojos hacía la mujer pelirroja, Susan, ex Hufflepuff y esposa de Ernie Macmillan.
—Gusto en verlos —saludaba amablemente Susan mientras se acercaba a la mesa de la bruja, atrayendo con sus gritos, las miradas confusas del resto de los clientes—. ¿Qué van a pedir niños?
—Yo quiero… yo quiero… —Lily levantó su mano derecha atrayendo la atención de Susan, quien ya se encontraba lista para escribir en su libreta—. Ba… na… na… na… S… Spli… te
—Banana Split… —murmuró Susan mientras escribía con su bolígrafo muggle—. Muy bien señorita Potter, pronto podrá pronunciarlo perfectamente.
—Su-san —se quejó la niña.
—Ése, junto al helado de vainilla y chocolate, son uno de los postres muggles más preferidos por los clientes —informó Macmillan.
Hermione acarició el cabello pelirrojo de Lily, para después ponerse de pie ante la atenta mirada de los otros tres niños.
—Encárgate, Susan —la castaña le habló a la mujer pelirroja, ésta asintió en respuesta. Hermione contempló a los niños que tenían el ceño fruncido—. Vuelvo en unos minutos, compórtense —esta vez observó directamente al travieso James Potter, quien no tardo mucho para ser también observado por Albus y Teddy.
Mientras Hermione se encaminó al pasillo localizado en la parte trasera de Florean Fortescue, la castaña escuchó a Susan preguntar efusivamente "¿Alguien más quiere Banana Split?". Ellos negaron con la cabeza.
—Yo quiero un helado de vainilla, por favor Susan —pidió Teddy.
Albus colocó su codo sobre la mesa, dejando caer su barbilla sobre la palma de su mano.
—Aún no sé qué pedir… —susurró acongojado.
—Mira, Albus, yo tengo un método muy eficiente —Susan, Teddy, Albus y Lily observaron atentos a James, quien tapo sus ojos con su mano izquierda, a la vez que con el dedo índice de su otra mano lo deslizaba de arriba abajo por los distintos tipos de helados impresos en la carta. Finalmente terminó deteniéndose en uno. James quitó la mano de sus ojos para dirigirlos a donde se localizaba su dedo.
—Ratones de helado… —le informó a Susan. Albus rodó los ojos, en ése instante no le apetecería comer un helado en forma de ratón.
El oji-verde suspiró.
—También dame uno de vainilla, Susan.
—¡Enseguida! —la pelirroja anunció segundos después de terminar de escribir en su libreta muggle y antes de alejarse a preparar los pedidos.
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Scorpius, al mismo tiempo seguía a la castaña con la mirada, la vio sonreír a un joven, para después, juntos perderse por el pasillo. Dirigió de nuevo sus ojos a la mesa, ahí los cuatro niños hacían sus pedidos a la pelirroja. La joven no tardó mucho en alejarse y dejarlos solos, y fue cuando el rubio sonrió. Miró de reojo a la mujer que tenía a su lado, ésta seguía muy debatiente en su decisión de que helado consumiría. El rubio frunció el ceño dudando ¿Qué le diría ahora? Una sonrisa de lado se dibujó en sus labios cuando la respuesta perfecta apareció en su cabeza. Él volteó su cabeza hacía la peli-negra alegremente.
—Voy a hacer amigos —anunció el pequeño Malfoy mientras hacía el ademan de bajarse de la silla.
Pansy, quien seguía con el menú de Postres y Helados cubriendo su rostro, escuchó sus palabras y aún sin verle a la cara asintió con su cabeza.
—Bien.
Scorpius sonrió triunfante. Era una excelente excusa, después de todo, para eso era ése lugar. Para que niños y sus padres pudieran conocerse; y magos, brujas y muggles se llevarán mejor. Claro, acompañando la plática comiendo un delicioso helado. Sus ojos grises localizaron la mesa de donde se había levantado la castaña y a paso lento se dirigió hacía ahí. Al estar parado junto a dicha mesa, movió un poco la silla donde momentos antes había estado sentada la castaña. Con elegancia se sentó y seriamente colocó las manos sobre la mesa. Pudo captar como los cuatro niños frente a él intercambiaron miradas, curiosos. Pero fue el mayor de ellos quien le hizo la pregunta.
—¿Y tú quién eres? —cuestionó con duda el niño castaño, sus ojos verdes lo escudriñaban con la mirada.
—Soy su amo y responderán a mis preguntas.
El mayor intercambio nuevamente miradas con sus hermanos.
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Blaise Zabini irrumpió en su despacho. Draco levantó la vista de la carta que escribía. Hacía ya varios minutos, que por medio de una lechuza de Blaise, le había enviado la carta a Alice. En el preciso instante de la llegada del moreno, Draco terminaba de escribirles a sus padres. Lucius y Narcissa debían estar enterados de los planes de Daphne, quien debería considerarse afortunada de que el patriarca de los Malfoy no tuviera su magia, de lo contrario la ira de Lucius podría acabarla.
—¿Qué significa esto, Blaise? —le cuestionó el rubio, mirando curioso la jaula que traía su amigo y al animal volador de color blanco de pequeñas manchas negras.
Zabini colocó su mano libre justo donde estaba su corazón.
—Oh, Draco… que diría Scorpius si supiera que no eres capaz de reconocer a su lechuza.
Draco apretó la pluma que sujetaba su mano y gruñó. Ésa lechuza tenía dos años de edad, estaba en manos de su hijo hace tan sólo seis meses y la había llamado Hermes en alusión al Dios Mensajero. ¡Él conocía todo sobre ésa lechuza! ¡Él le había regalado la lechuza! El rubio dejó la pluma a un lado del pergamino y señaló al animal.
—Reformulare mi pregunta… ¡¿Qué rayos haces con la lechuza de mi hijo?!
Blaise levantó su mano tratando de calmar a la otra serpiente.
—Cálmate, dragón. Vengo en son de paz —bromeó mientras colocaba la jaula de Hermes sobre el escritorio—. Tus padres son muy especiales cuando están de vacaciones…
Draco hizo un ademan con su mano para que el otro dejara de hablar.
—Entiendo… —cuando sus padres decían sin interrupciones… era sin interrupciones—. Y supongo que no queremos que mi madre mate a tu lechuza antes de entregar el mensaje.
—¡Por supuesto que no queremos! —Blaise bufó molesto—. El hecho de que pueda reemplazarlas no quiere decir que quiera hacerlo. Aunque no lo creas, estoy encariñado con ellas. Ahora… —el moreno se acercó a la jaula y metió uno de sus dedos por una de las rendijas con la intención de acariciar a Hermes. Sin embargo, el animal entró en alerta dispuesto a atacar el dedo de su agresor. Cuando Zabini captó las intenciones del animal, alejó rápidamente su extremidad, maldiciendo por lo bajo a las lechuzas de los Malfoy, que sólo se dejaban acariciar por los Malfoy—. Si el mensaje lo entrega Hermes, será otra cosa. No se negaran la posibilidad de leer un mensaje de parte de su nieto —continuó Zabini nervioso, mientras se frotaba la mano sobre su ropa. Draco sonrió complacido ante la reacción de la lechuza.
Al instante el rubio sacó a la lechuza, enrolló el pergamino y lo ató a una de sus patas. Hermes elevó sus alas y se dirigió hacia la única ventana abierta, se detuvo en el marco de la ventana esperando la orden de su amo. El rubio se acercó a ella y acarició su cabeza.
—A mis padres en nuestra casa en Escocia.
Hermes extendió nuevamente sus alas y se elevó al instante. Draco se alejó de la ventana hasta que la perdió de vista. A sus padres se les había ocurrido descansar en su nueva casa en Escocia muggle.
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Al mismo tiempo que un niño rubio la observaba, Hermone, se alejaba de la sección donde se encontraban localizadas las mesas, sus ojos habían divisado al joven Hufflepuff, Ernie Macmillan. Ella saludo y Ernie le sonrió en respuesta a la vez que, juntos, se adentraban en el pasillo. Al llegar al final, dos pasillos más aparecieron, uno conducía a la derecha y otro a la izquierda. Ambos tomaron el pasillo de la derecha rumbo a la oficina y al estar frente al retrato del mago Florean Fortescue, los dos se detuvieron.
—Buenas tardes, Florean —saludó Hermione al retrato, el mago en la pintura sonrió y lanzó un leve asentimiento de cabeza a modo de saludo para la bruja y su acompañante. La castaña se humedeció sus labios antes de pronunciar la clave—. Crema helada.
Y así, el retrato del mago Florean se movió, permitiendo a Hermione, seguida por Ernie, adentrarse en la pequeña oficina. Los muebles más indispensables adornaban el lugar. Un escritorio de roble con una lámpara encima, una silla de escritorio de color negro y con llantitas en su superficie, un librero con libros mágicos al igual que libros de autores muggles. Las paredes se encontraban pintadas de un amarillo muy claro, casi blanco, que junto con la luz natural que entraba por la ventana lograba iluminar perfectamente el lugar. Para Hermione era un excelente espacio de lectura.
A paso lento se encaminó hacía el escritorio para tomar asiento en una de las dos sillas localizadas frente al mueble, después de la maratónica carrera hacía Florean, en ese momento lo que más le apetecía era sentarse.
—¿Has visto a toda esa gente, Hermione? ¡Las ventas van perfectamente! —Ernie se alejó de la entrada para acercarse al lugar donde se encontraba la castaña—. Ésa idea que tuviste hace años… —murmuró melancólico—. En que los magos y brujas convivieran todos entre sí, sin el prejuicio de la sangre, sin importar su apellido… ésta dando sus frutos. Florean Fortescue es el lugar perfecto, les da la oportunidad a los padres muggles de convivir más con sus hijos, conocer un poco más de nuestro mundo, y no sólo limitarse a acompañarlos una vez al año al callejón Diagon para después decirles adiós y no verlos durante semanas —él la miró a detalle—. Realmente me sorprende que "El Profeta" no esté interesado en saber quién es el rostro tras Florean Fortescue.
—Bueno mi amigo… —Hermione sonrió—. Supongo que es uno de los privilegios de estar bajo la protección del Ministro y del Ministerio de Magia. Además… —dirigió sus ojos al Hufflepuff—. Para muchos, tú y Susan son los dueños.
—Sí —Macmillan hizo un gesto con la mano, restándole importancia al asunto—. Pobres ilusos que no se detienen a preguntar si soy el Jefe.
Hermione sonrió una vez más, las palabras del leal Ernie eran muy ciertas. Las personas que llegaban a Florean Fortescue daban por hecho que él, al igual que su esposa, eran los dueños. La ex Gryffindor aún recordaba como un par de años después de graduarse de Hogwarts, ésa simple pero importante idea inundaba su cabeza. Así que se había puesto manos a la obra. Primeramente la había hablado con el Primer Ministro Kingsley, y cabe mencionar que el mago, al igual que ella, se había mostrado muy entusiasmado con la idea. Después del permiso otorgado por Kinsgley, y con la recompensa que le fue dada después de la derrota de Quien-tú-sabes, compró Florean Fortescue y se dispuso a remodelar el lugar. Había sido en ése momento cuando encontró en un cuarto abandonado el retrato del mago, Florean Fortescue, con un porte elegante, aunque unos años más joven que cuando murió.
Hermione buscó una posición más cómoda en la silla para después cruzar su pierna derecha sobre la izquierda. Cuando unas risas comenzaron a escucharse, Ernie y ella se miraron mientras sonreían. Conocían muy bien aquella risa.
—Parece que tus sobrinos se divierten… —la castaña sólo asintió en respuesta.
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Teddy Remus Lupin paso nervioso su mano por su cabello, sus dedos enredándose en los rizos castaños. Meses atrás había logrado controlar sus habilidades de metamorfomago. Al menos el cambiar el color de su pelo y el color de sus ojos. El visitar Londres muggle era una actividad que se había vuelto muy común en la familia Potter, así que para poder pasar desapercibido para los muggles, había optado por el cabello castaño con ligeros rizos en las puntas, justo como el de la heroína de guerra Hermione Granger, y sus ojos de un color verde, iguales a los del niño que vivió.
El metamorfomago negó con la cabeza ante la actitud de su hermano menor. James Potter golpeaba la mesa con su mano derecha mientras que con la izquierda la mantenía sobre su estómago, además de una sonora risa que atraía las miradas del resto de los curiosos clientes. Scorpius alzó una ceja justo cuando James calmaba un poco su risa.
"¿Y a éste que le pasa?" James seguía observándolo de arriba abajo, su característica sonrisa de diversión dibujada en sus labios. Ropa muggle, pero fina. Una altivez que le hacía levantar su barbilla con orgullo. Claramente decía Soy el Rey y el resto de ustedes mis sirvientes.
El castaño carraspeó atrayendo la atención del rubio.
—¿Y qué preguntas quieres hacer? —le cuestionó el pequeño Lupin.
Scorpius sonrió de lado, había sido tan fácil.
—Su madre es una muggle, ¿Verdad?
—No —los cuatro niños negaron con la cabeza—. Ella es una bruja y nuestro padre un mago —Teddy observó como el rubio asentía.
—¿Pero entonces por que entraron por la entrada muggle? —les siguió cuestionando el rubio, ésta vez sus dedos señalaban hacía el callejón Abbey.
—Es algo que hacemos a menudo…, vivimos en el mundo muggle y Hermione nos trae a comer un helado todos los sábados —anunció Albus.
—¿Hermione? —repitió el rubio—. ¿Por qué llamas a tu madre por su nombre?
El peli-negro de ojos verdes ladeó la cabeza sin comprender.
—¿Madre? —ésta vez el oji-verde apuntó con su dedo al pasillo por el que había desaparecido la castaña—. Hermione no es mi madre. Es nuestra tía… o algo así. Es la mejor amiga de nuestros padres, son como hermanos.
—Una muggle amiga de magos…
El oji-verde negó con su cabeza, el rubio estaba muy equivocado.
—Hermione es hija de muggles, pero también es bruja.
James levantó su vista en cuanto Susan apareció en escena, la plática de su hermano y el extraño comenzaba a aburrirlo. La mujer pelirroja le entregó su Banana Split a Lily, y el helado de Vainilla a Teddy. El de Albus y James flotaban tras ella, y no tardaron en dirigirse hacia la mesa y posarse frente a ellos. Susan colocó sus manos en la cintura.
—¿Quién es su nuevo amigo, niños? —Susan dirigió su atención al rubio—. ¿Quieres pedir algo? —él sólo negó con la cabeza—. Hmh… bien. Si desean algo más, solamente griten mi nombre y estaré aquí enseguida —avisó para después alejarse.
James se encontraba intrigado. "¿Y éste quién es? Con toda la osadía del mundo llega a sentarse y para colmo, ni siquiera se presenta. ¿Cómo debo llamarlo? ¿'Rubito'?" Voltea a observar al otro peli-negro, irritado "¿Y Albus? Haciéndole platica. ¡Felicidades!… ahora son los mejores amigos… ¡Hermano traidor!" Una sonrisa curvó sus labios. "Sí quiere enterarse de todo… ¡Pues que se entere!"
—Por supuesto que también es una bruja —habló por fin James, captando toda la atención del rubio—. ¿Sabes cuantos años tiene? —el rubio negó con la cabeza—. ¿Quieres saberlo? —asintió ocasionando que unos rubios cabellos se movieran por su frente. James abrió sus brazos como si estuviera a punto de dar un abrazo—. ¡Tiene 150 años!
Lily abrió su boca en una perfecta "O", y Albus y Teddy casi se atragantan con su helado.
—¿E-En serio? —el rubio alzó una ceja incrédulo—. Ah… se ve muy joven. ¿Usa pociones o hechizos?
—Nada de eso… —James lo observó directamente a los ojos—. Ella come niños…
—¡James! —gritaron al unísono Teddy y Albus, mientras que el susodicho solo se limitaba a asentir con la cabeza mientras cruzaba sus brazos.
—¿D-De V-Verdad? —tartamudeó nervioso el rubio.
"¡¿Le creyó?!" Albus se vio tentado a gritar.
—Sí. Los roba de sus camas por las noches y después… ¡Auch! —James se llevó su mano a la cabeza ante el golpe que le había dado Teddy—. ¡¿Por qué hiciste eso?!
—¿Y todavía lo preguntas? —el castaño dejo su helado para continuar hablando—. Sí sigues diciendo tantas mentiras te va a crecer la nariz.
—¿Mi nariz? Teddy… eso lo dice mamá para que no digamos mentiras…
—Pues no funciona contigo…
—De hecho es verdad… —el castaño y el peli-negro miraron curiosos a Albus mientras dirigía otra cucharada de helado a su boca—. La nariz y las orejas crecen durante toda nuestra vida…
—¿Qué? —James lo miró sin creerlo, pero inconscientemente se llevó sus dedos a la nariz. No estaba más grande, ¿Verdad?—. ¿Lo dices en serio?
Albus afirmó con su cabeza.
—Te prestare mi libro si quieres.
El rubio bufó e imitó al otro y cruzó sus brazos. "¿Narices… Orejas? ¡Estábamos hablando de la bruja come niños!" Scorpius carraspeó atrayendo de nuevo la atención hacía él.
—¿E-ntonces c-come n-niños?
—¿Tienes miedo? —James atemorizó de nuevo al rubio.
—¿M-miedo? ¿Y-yo? "Tranquilízate Scorpius. ¡Las brujas come niños no existen! ¡Las brujas come niños no existen! Éste niño sólo quiere asustarte" —se acomodó en la silla cuidando no caerse, sus ojos grises se posaron en los marrones del otro, suspiró y respiró con total tranquilidad—. No… por supuesto que no tengo miedo.
—Y no deberías —Lupin revolvió los cabellos del peli-negro—. A mi hermano le gusta mucho inventar historias.
—Ya lo sabía… —dijo el rubio. "Mentiroso" le djio su conciencia.
—Por cierto… —el castaño se colocó una mano en el pecho señalándose—. Me llamo Teddy… —con un movimiento de cabeza señaló al oji-verde y a la pelirroja—. Ellos son Albus y Lily. Y al bromista ya lo conoces… se llama James. ¿Y tú cómo te llamas?
El rubio movió nerviosamente sus piernas.
—Scorpius…
James despegó sus ojos de los ratones de helado y los dirigió hacía el rubio.
—Ya en serio… ¿Cómo te llamas? —y James recibió otro golpe—. ¡Auch! ¡Albus! ¡Tú tienes la mano pesada! ¡Me dejaras el brazo morado!
—Me llamo Scorpius… ése es mi nombre —repitió con un bufido. "¿Qué tiene de malo mi nombre? A mí me gusta mi nombre"
—Es raro… —comentó James y Scorpius frunció el ceño.
—No es raro —interrumpió Albus dejando su cuchara sobre la mesa—. Sólo es poco común —continuó mientras sonreía y dirigía una mirada a los rostros de sus acompañantes en la mesa, para finalmente detenerse en el rubio—. ¿Sabías que Scorpius es el nombre de una constelación? La congelación del escorpión.
—Claro que lo sé —afirmó con orgullo—. Mi familia tiene una larga tradición de colocar nombres de estrellas y constelaciones.
—Otra vez nuestro sabelotodo dando muestra de su inteligencia… —dijo James ocasionando que Albus bajara su mirada sonrojado.
Scorpius sonrió. Albus era inteligente y amable, tal vez una amistad ya estaba en puerta.
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Hermione se puso de pie y se encaminó hacía la puerta, pero Ernie la llamó. La castaña se detuvo y se dispuso a escucharlo. Vio como éste se dirigía al escritorio, abría uno de los cajones y sacaba una pequeña mochila, un conejo blanco de peluche sobresalía de la misma.
—Olvidaste esto.
La joven entreabrió su boca sorprendida. Y apresuró sus pasos para llegar y tomarla.
—La he buscado por todas partes… Y también está el conejo de Lily —metió su mano en el interior, sus ojos se abrieron con extrañeza para después entrecerrarlos y observar acusadoramente al ex Hufflepuff—. ¡Me faltan dulces, Ernie!
—Vaya… —Ernie volteó sus ojos hacía otro lado mientras se rascaba la mejilla nerviosamente—. Me pregunto quién los habrá tomado…
—¡Fuiste tú! —Hermione no dejaba de acusarlo con la mirada—. ¡A mí no me engañas!
Oh, fiel Hufflepuff… siempre leal a tu Jefa.
—Está bien. ¡Juro que sólo tome dos! ¡Lo juro, Hermione! —Ernie levantó la palma de su mano derecha—. Palabra de Hufflepuff.
Hermione metió nuevamente su mano a la mochila y de su interior sacó dos paletas. Una la colocó en el bolsillo de su chaqueta, mientras que a la otra comenzaba a retirarle la envoltura. Con pasos rápidos se puso enfrente de Macmillan, éste por instinto cerró sus ojos. Sabía cómo era Hermione cuando se enfadaba. ¿Le lanzaría un hechizo Engorgio y lo dejaría flotando como globo, o tal vez un Petrificus Totalus dejándolo parecer una estatua?… Aquí Ernie Macmillan, el eterno ladrón de dulces. Abrió sus ojos de nuevo cuando sintió la paleta entrar en su boca.
—Entonces te regalo la tercera… —la castaña se alejó de él y se encamino de nuevo a la salida, seguida por Ernie. El Hufflepuff suspiró aliviado.
Al salir del pasillo pudo observar perfectamente el entorno de Florean Fortescue, su olfato fue invadido por el olor de los helados. Puso sus manos en la cintura y aspiró ansiosamente, sonrió cuando vio en la mesa de sus sobrinos a un niño rubio. Asintió gustosa al ver que ponían el ejemplo, habían hecho un nuevo amigo.
—Señita Hemione… señita Hemione… —la castaña desvió su mirada hasta sus piernas que eran abrazadas por un niño, las liberó y estiró sus brazos hacía ella.
—¿Quieres que te cargue? —el pequeño pelirrojo asintió—. De acuerdo… —Sebastian Macmillan. Cuatro años, hijo de Susan y Ernie, tomo al instante la paleta que se encontraba en el bolsillo de su chaqueta, intentó abrirla por si solo pero pareciera que tuviera un seguro contra niños. Resignado se la ofreció a la castaña, ésta mostró una sonrisa fingida—. ¿Para mí? —se la quitó al pelirrojo de sus manos—. ¡Gracias!
—¡No! —exclamó con preocupación el niño—. No te la comas, ábrela.
Hermione bufó.
—Eres cruel, Sebastian. Solamente vienes cuando tengo dulces —el pelirrojo se acomodó entre los brazos de la castaña permitiéndole usar ambas manos para abrir su anhelada paleta. Cuando Hermione lo logró, la colocó frente al rostro del niño y a él se le ilumino la mirada—. Aquí tienes, Sebastian —el pelirrojo asintió gustoso mientras estiraba ambas manos para alcanzar su paleta.
—¡Sebastian! ¡Esos modales!
El pelirrojo dio un respingo y ocultó su rostro en el cuello de la castaña ante la estrepitosa llegada de su madre. La castaña acarició su espalda tratando de calmarlo.
—Dale las gracias, Sebastian —ordenó la pelirroja. Ya más calmado, el niño abandono el cuello de la castaña y observó la paleta que sostenía su mano. Sebastian estiró nuevamente su brazo en su afán por tomarla.
—Graci…
Pero Hermione la alejó un poco.
—Estoy esperando mi beso, Sebastian… —informó Granger. El pequeño Macmillan suspiró mientras acercaba sus labios a la mejilla de la castaña y depositaba un beso en ella. Hermione aprovechó el momento y sujetó la cabeza del niño impidiéndole moverse y deposito besos en las mejillas del niño.
—¡Hemione! ¡Hemione! —las risas inundaron de nuevo la heladería—. ¡Para! ¡Me haces cosquillas!
La castaña obedeció mientras colocaba de nuevo a Sebastian en el suelo. Su cabello rojizo se encontraba alborotado y leves marcas de labios pintados por un rosa natural se veían en su rostro.
—Ése es mi hijo… —Sebastian ladeó su cabeza confuso ante el comentario de su padre.
—Ernie, limpia su rostro —pidió Susan.
—¿Por qué? Son los primeros besos que le da una niña que no es su mamá. Las llevará con orgullo.
Susan frunció el ceño y Hermione se puso a la altura de Sebastian a la vez que sacaba su varita y aparecía un pañuelo. Guardó nuevamente su varita en su bolsillo del pantalón y observó al pelirrojo.
—Acércate, Sebastian, limpiare tu carita —el pelirrojo asintió mientras se acercaba y sacaba la paleta de su boca para que Hermione deslizara lentamente el pañuelo por sus mejillas—. Listo… —la castaña se puso de pie—. Ahora me voy a mi mesa, los niños deben de estar impacientes.
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Scorpius había levantado la vista en cuanto escuchó las risas, y abrió su boca sorprendido ante la escena.
—¿Lo ves? —James habló mientras señalaba a la castaña que besaba al niño pelirrojo en las mejillas—. Se come a los niños… ¡Auch! ¡Teddy! ¿Quieres dejar de golpearme?
—Cuando dejes de decir mentiras.
—Primero déjame terminar… —el peli-negro carraspeó—. Ella se come a los niños a besos.
Teddy y Albus asintieron. "Eso era cien por ciento verdad". Aunque los únicos que contaban con ése beneficio eran los niños Potter, los gemelos Nott y el niño Macmillan.
Scorpius observó cómo Hermione se acercaba, ya era momento de su retirada.
—¡Espera! —Albus le llamó pero fue en vano. Segundos después llegó a sentarse Hermione.
—¿Y su nuevo amigo? —les cuestionó, y un signo de interrogación se dibujó en sus rostros—. Lo vi a lo lejos.
—Lo espantaste —le respondió Albus.
—¿Yo? —preguntó incrédula—. ¿Pero por qué?
—Porque James le dijo que eras una bruja come niños… —le dijo Lily mientras enterraba su cuchara en su Banana Splite.
Hermione dirigió sus ojos marrones a James, había girado su rostro tan rápido que los rizos sueltos por su espalda habían bailando ante el movimiento.
—¡James Potter!
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Scorpius llegó sano y salvo a su mesa, tomo asiento en su silla y pudo ver que un helado ya lo esperaba. Sus ojos se posaron en la peli-negra y en su helado a medio consumir, sin embargo el suyo estaba como si recién lo hubieran traído. Había escuchado que los helados de Florean Fortescue se encontraban hechizados para que no se derritieran, y ahora podía comprobarlo. Tomo la cuchara entre sus manos y comenzó a comerlo. Pasaron un par de minutos cuando su tía Pansy habló.
—No te muevas de aquí, Scorpius. Voy al tocador.
El rubio asintió mientras continuaba con su tarea. De vez en cuando sus ojos se posaban en la mesa en la que estuvo sentado antes. Sus ojos vieron como la castaña, que junto con Teddy, Albus, James y Lily se ponían de pie y se dirigían hacía la puerta que conducía a la calle Abbey.
Scorpius miró por donde se fue su tía, pero no hubo rastros de que ella volviera pronto. Se mordió su labio inferior sin saber qué hacer. Tenía mucha curiosidad. Quería saber dónde vivía Albus, los dos eran inteligentes y podrían llevarse bien. ¿Podría esperar hasta el siguiente sábado? Sí, dijo que frecuentaba el lugar. ¿Pero sí no venía? No quería perder la oportunidad de hacer un nuevo amigo, tal vez con el tiempo los hermanos de Albus también fueran sus amigos. Teddy le había agradado, James también, siempre y cuando sus mentiras gigantes no fueran para él.
Tomando una decisión abandono su silla y se dirigió también hacía la puerta que conducía a la calle Abbey. La abrió fácilmente, ya estando afuera no hizo caso a los muggles y se dispuso a localizar la cabellera castaña. Sonrió cuando lo hizo y mientras caminaba siguiendo a la bruja, Scorpius comprendió tres cosas.
Primero: Hermione Granger era una bruja y no una muggle.
Segundo: Albus, Teddy, James y Lily eran hijos de unos amigos y no de ella.
Tercero: Hermione era una bruja come niños…, se los comía a besos, pero nada más.
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Hermione y los niños Potter siguen con su salida tía-sobrinos ¿Con qué se topara Scorpius? ¿Lograrán descubrirlo?
¡Un beso y hasta el siguiente capítulo!
