Lo sé, lo sé, tardé más de lo prometido. Pero aquí está el capítulo, donde hay más HHr.


Parte VII

-Necesito más detalles. No quisiste decirme nada la otra noche; de echo, permaneciste callado como una tumba todo el camino a casa... ¿quién es Sirius Black, Harry?- Ron pateó furioso el balde de comida para cerdos, irritado con su amigo.

Arthur Weasley, desde el otro lado del chiquero, le pidió a su hijo menor que se tranquilizase.

Ron bufó frustrado y volvió su atención a Harry, que recogía parsimoniosamente lo tirado por el pelirrojo.

-Aquí no- dijo por fin el forastero, poniéndose de pie-No quiero que nadie escuche.

Ron asintió y minutos después ambos partieron a pie hacia el campo. Se detuvieron bajo la sombra de un árbol. Harry pensaba en cómo le explicaría a Ron todo, sin omitir detalle y sin ser demasiado detallista tampoco. Hubiera preferido guardarse para él lo que estaba a punto de contar, pero las adversas circunstancias que lo llevaron a confirmar sus certeras sospechas, y, sobre todo, su amistad con Ron, eran cosas difíciles de ignorar.

Harry suspiró y tomó aire.

-¿Recuerdas lo que te conté sobre mis padres?- inquirió en voz baja.

-Me dijiste que ellos... estaban muertos.

-Lo están- Harry frunció el entrecejo; nunca le había gustado hablar del tema: había cosas que simplemente no se debían mencionar-Ellos fueron asesinados... por un déspota llamado Tom Riddle.

Ron guardó silencio. Él había escuchado sobre el tal Tom Riddle, y los crímenes que había cometido tomando el poder en varios pueblos y ciudades, pero nunca se imaginó que tuviera alguna relación con Harry.

-No lo sabía- suspiró Ron mirando a Harry con lástima.

-Está bien- lo cortó Harry, desviando la mirada y reconociendo para sí que, a pesar de todo lo hecho, el pesar por no haber crecido con sus padres lo inundaba siempre que su vago recuerdo convocado por otros hacía aparición- No es ilógico tu desconocimiento... después de todo, ellos sólo fueron un par de víctimas más de ese maldito.

-¿Qué tiene que ver Sirius Black en todo esto? Porque ahora que lo pienso, su nombre me suena, y mucho...- Ron se rascó la barbilla, pensativo.

-Sirius Black era mi padrino- soltó Harry, apretando fuertemente los puños.

-----------------------------------------

Hermione no recordaba la última vez que se había sentido así, tan soñadora y liviana como una nube, y tan propensa a los cambios de humor como en esos días. La siempre presente idea de que se acercaba el fatídico día en el que su vida quedaría encadenada a la de un hombre que no amaba la ponía en un estado de nerviosismo y furia que sólo podía evitar pensando, de repente e involuntariamente, en Harry Potter.

Debía admitir, aunque fuera peligroso hacerlo, que la noticia de que el forastero estaba buscando alguien para casarse prácticamente estaba decayendo, dado que el mismo hombre no se ponía a defender su supuesto objetivo. Y sin embargo temía y esperaba casi con vulnerabilidad el momento en que se anunciara el compromiso de Potter con alguna conocida vecina, joven y hermosa. Pero¿qué le importaba a ella aquel asunto? Apenas conocía a Harry, y él no tenía nada que hacer en su vida.

Hermione sacudió la cabeza y gimió cuando sintió que la aguja le pinchaba el dedo. Hacer los labores comunes de las señoritas nunca había sido algo de su agrado; era preferible salir y leer un buen libro, o escuchar las historias que el profesor Flitwick tenía para contarle acerca del extraño profesor Dumbledore y sus viajes por tierras casi imaginarias.

-Visitas, señorita- anunció Winky con su vocecita débil y carente de personalidad.

Hermione suspiró en agradecimiento y se levantó rápidamente, dejando la labor abandonada sin remordimientos a un costado del sillón.

-¡Herrmione! Te ves herrmosa hoy- exclamó Krum sonriente, y se acercó a saludarla.

Hermione contuvo un gesto de desagrado cuando el hombre posó sus labios sobre la mano de ella.

-¿Qué te trae por aquí?- preguntó sin notar la rudeza áspera de su voz.

-Vine a invitarrte a darr un paseo- respondió Krum levantando las cejas ante la brusquedad de ella.

-Lo siento, no puedo- se apresuró a contestar la joven.

-Sí puedes, Hermione- dijo el señor Granger, que en esos momentos entraba en la sala.

-No, no puedo- lo cortó ella apretando los dientes y alzando la barbilla.

Robert abrió la boca para refutar, pero fue interrumpido por Víktor:

-¿Estás enferrma?- preguntó con preocupación.

Hermione quiso contestarle que era su alma la que estaba enferma, no ella, pero nuevamente, cuando vio el cariño que emanaban los ojos de Krum hacia ella tuvo que callar.

-No está enferma. Ve con tu esposo, Hermione- ordenó el señor Granger mirando a su hija con desagrado.

-Yo comprrnderré si no quierres irr a pasearr, Herrmione; podrríamos quedarrnos aquí y...

-No, vamos- contestó ella echándole una mirada desafiante a su padre, y saliendo por la puerta sin esperar a su futuro esposo.

Como cada vez que daban un paseo juntos, el pueblo entero se detenía a felicitarlos, y a insistirles en que adelanten la fecha de la boda. Como cada vez, Hermione sentía ante cada palabra dirigida a ella y Víktor, un abrasador sentimiento de sumisión, que no contribuía a mejorar su decaído estado de ánimo.

Sólo sonreía de vez en cuando al recordar la charla que había tenido con Harry Potter, y la burlona mueca de éste, que aparentemente casi nunca lo abandonaba. Precisamente lo había visto en el pueblo el día anterior, acompañando a Ron, pero no había podido acercarse a hablar con él, como deseaba, ya que se encontraba con su madre. Era siempre preferible guardar las apariencias.

Y gracias al arte de la casualidad, Hermione lo vio, parado contra el frente de una de las casas cercanas a la suya, mirando aburrido el polvo que levantaba el cálido viento de la primavera y cruzado de brazos en una posición descuidada.

No pudo contener una sonrisa, que se derritió en su rostro al escuchar que Krum le decía algo.

Harry bostezó por cuarta vez y giró la cabeza.

-Vaya, vaya... parece que no puedo librarme de ti- murmuró, observando las todavía lejanas figuras de Hermione Granger y Víktor Krum caminando lentamente.

Compuso su característica mueca. La joven misteriosa no se había esfumado de sus pensamientos, y ni siquiera se acordaba de su plan cuando se entretenía pensando en ella.

Le molestó verla acompañada por aquel bruto. Una señorita tan interesante, arruinando su vida casándose con...

Pero Harry sabía que esos pensamientos no llegaban a ninguna parte, y a él le gustaba viajar, así que los dejó de lado sabiendo sin embargo que volverían a llamarlo más tarde.

-¡Víktor!- gritó Dimitrov, un joven corpulento y de aspecto violento que se acercó a la pareja corriendo.

-¿Qué ocurre?- inquirió Krum frunciendo el ceño.

-Te necesitamos en los establos, hay problemas- dijo jadeando el hombre.

-Perro...- Krum observó indeciso a Hermione.

-Está bien, ve, no hay problema- se apresuró a decir ésta.

Víktor sonrió y se despidió de ella, partiendo con Dimitrov al instante. Harry, desde su posición, respiró satisfecho y cuando Víktor y su compañero desaparecieron por la esquina, sus ojos se encontraron con los de Hermione una vez más, ya que la joven había girado rápidamente buscándolo con la mirada.

Harry se acercó a ella con pasos firmes e imperativos, regalándole una sonrisa que, por ésta vez, no era irónica.

-Parece que la casualidad está de nuestro lado, señorita- comentó Harry en voz alta, deteniéndose frente a ella.

-O tal vez sea el destino- rebatió Hermione, sonriente y medio en broma.

-No creo en esas cosas. Sea lo que sea lo que nos haya reunido aquí y ahora, no pienso desaprovecharlo. ¿Me acompañas? Podría resultar mejor compañero que Krum- dijo Harry ofreciéndole un brazo a la joven.

-De eso no tengo dudas- suspiró ella, aferrándose con delicadeza al firme brazo del extranjero, y emprendiendo la marcha sin destino fijo.

Varias personas lo vieron, comentando entre ellas aquel suceso: Hermione Granger y el foráneo, caminando juntos por el pueblo, en una actitud que demostraba que no eran simples desconocidos. Estaba claro que las cosas hacía mucho habían dejado de ser simples.

Pronto se metieron en calles que, hasta ese momento, Harry no había explorado. Se divirtió escuchando los detalles que Hermione le relataba sobre las vidas de las personas que vivían en esas casas, y oyendo sus críticas hacia la monótona rutina que se cernía sobre todos.

-¿Y ya te terminaste ese libro ridículo?- preguntó Harry mirándola de reojo.

-¡Oh, por supuesto!- respondió ella ignorando el comentario de él.

-"¡Oh, por supuesto!" ¿Qué significa eso¿Te estás burlando de mí?- inquirió divertido.

-¿Burlándome de ti? No, yo simplemente estaba... además, no podría...

-¿Y eso por qué?- la interrumpió él.

Hermione detuvo un poco su marcha, reflexionando con la cabeza gacha.

-Porque uno por lo general se burla de lo que no tiene sentido, de lo ridículo, de lo irreal, y tú...- Hermione se detuvo y miró de frente a Harry, estudiándolo- Tú eres bien real, diferente... y extraño.

Hermione observó los ojos verdes de Harry con el ceño fruncido. Veía en ellos algo oscuro y retorcido, oculto como un animal salvaje en medio de un monte pasional. Harry, serio, no despegó la vista de ella.

Finalmente, luego de varios segundos de lo que pareció una mutua contemplación que escondía un desafío, Harry retomó el paseo en silencio.

-Tengo hambre. ¿Te gustaría almorzar conmigo? Sé que es un poco tarde, pero...

-Me encantaría- respondió Hermione rápidamente.

Le preocupaba lo que podría llegar a decir la gente si la veía junto al forastero, pero luego se sintió asqueada de sí misma. Lo que opinaban los pueblerinos sobre ella no debía importarle, y, aunque resultaba maravilloso y ajeno a todo lo sentido desde ese lunes fatal, Hermione admitió que se sentía feliz en compañía de Harry Potter. Parecía un sentimiento nuevo, pero tal vez ese desconocimiento era producido por la prolongada ausencia de esa hermosa sensación de placidez en su vida.

Las Tres Escobas, como venía ocurriendo regularmente, quedó en completo silencio cuando Harry y Hermione entraron en el recinto. El primero gruñó fastidiado, la segunda se esmeró en no cruzarse con la mirada de los pueblerinos reunidos allí.

Se sentaron a la mesa más alejada, y cuando Harry se giró bruscamente observando a los malintencionados espectadores con una mirada feroz, los ruidos volvieron a aparecer.

-Te pido disculpas por el mal momento. No sé qué tengo, si caracoles en la cara o qué, porque cada vez que entro aquí todo se queda en silencio. Dime la verdad¿tengo caracoles?- Harry irguió el cuello, palpándose la cara con gesto desesperado.

Hermione estalló en carcajadas y Harry también rió, deteniéndose de repente ante aquella experiencia: no recordaba la última vez que había reído así, sin apuro y sin compromiso, de una forma más verdadera que la de cualquier otro momento que recordase. Tuvo miedo.

-Parece que esa boca tiene dientes- comentó Hermione burlonamente, disfrutando de haber visto a Harry reír.

El joven se abstuvo de hacer algún comentario e hizo su mueca sarcástica. No debía descuidarla.

-Buenos días, señorita Granger, señor Potter. ¿Dónde está Víktor?- preguntó Madame Rosmerta como quien no quiere la cosa, mirando suspicazmente a la primera.

Hermione sintió que sus mejillas se volvían rojas.

-Víktor tuvo que atender unos asuntos, y me dejó a la señorita a mi cuidado- dijo Harry secamente, intercambiando una breve mirada con Hermione-Ahora bien, yo pediré un plato de ese estofado... ¿Hermione?

-Lo mismo- susurró ésta con la mirada baja.

Harry se quedó mirándola unos segundos, entristecido de repente al notar que los ánimos habían decaído como un ave herida que aterriza para morir.

-Y dos cervezas de esas, de mantequilla- finalizó Harry su pedido.

La mesa se quedó en silencio hasta que llegó la comida. Comenzaron a comer sin decir palabra, hasta que Harry se cansó de la ausencia de ruido.

-Mira, no tienes por qué preocuparte...

-No es eso- lo interrumpió Hermione alzando su rostro rápidamente-Es que detesto cuando hacen eso, meterse en la vida de los demás...

-Lo entiendo- se apresuró a decir su acompañante.

-¿Qué hacías en el pueblo?- preguntó de repente Hermione.

-Estaba con Ron. Tenía que hablar con no sé quién sobre algo de los cerdos- Harry se encogió de hombros.

-¿Por qué esperabas afuera?- volvió a cuestionar ella.

-¿Eres muy curiosa, verdad?- suspiró Harry.

-¿Se nota demasiado?

Ambos sonrieron, olvidándose así de que seguían siendo el centro de atención de todos los presentes.

"Cuando los vi juntos por primera vez, lo supe. Supe que algo estaba surgiendo. Después de todo, nadie puede escaparle a ese sentimiento tan incomprensible" relató con una sonrisa Madame Rosmerta, en uno de esos días que vale la pena recordar.

-De hecho, iba a entrar, pero parece que al dueño de la casa en cuestión no le agradó demasiado la idea. Ron dijo que si yo no lo acompañaba, entonces se iría, pero le dije que no tenía inconveniente...

-No entiendo qué es lo que...- Hermione parecía indignada.

-Siempre pasa lo mismo- dijo Harry.

-¡Entonces dejaste a Ron sólo!- exclamó la joven, tapándose la boca con su mano y mirando horrorizada a Harry.

Éste rió suavemente.

-Bueno, no es para tanto; al fin y al cabo no me necesitaba.

Hermione gruñó no muy convencida. La puerta del bar se abrió dejando entrar a la mujer con cara de sapo que Harry había conocido en su pequeño paseo por el edificio de gobernación.

-¡Dolores! Qué sorpresa verla aquí, a estas horas- en verdad, la expresión de sorpresa de Madame Rosmerta era mayor que la de desagrado al ver a Umbridge.

Ésta intentó sonreír, pero parecía que la falta de costumbre era tal, que en lugar de una sonrisa amable apareció una horrible mueca.

-De hecho, me trae un asunto desagradable, Rosmerta- explicó Umbridge, sabiendo muy bien que todo el bar le prestaba atención y disfrutando de ello-Parece que han desaparecido unos documentos de los Archivos del pueblo. Unos importantes, por cierto. He venido a indagar si alguien sabe algo de todo esto.

Harry se irguió en su silla, sonriendo internamente. Habían notado la ausencia del archivo de Sirius Black mucho antes de lo que él esperaba. Miró a Hermione y sintió que sus músculos se tensaban. La joven lo observaba con el entrecejo fruncido y una mirada analizadora, preguntándole con la mirada a qué se debía la mueca que Harry tenía adornando su rostro.

El joven desvió rápidamente los ojos de los de Hermione, y fue así como su mirada se cruzó con la de Umbridge. Notó, molesto, que la mujer lo observaba mientras indagaba en voz baja a Madame Rosmerta, y que todo el bar tenía los ojos puestos sobre él.

Harry suspiró con hastío y depositó sobre la mesa unas cuantas monedas. Hermione abrió la boca para protestar, pero el joven la agarró rápidamente de la mano y la condujo hacia la salida.

-Un momento, joven. ¿Su nombre es Potter, verdad?- preguntó Umbridge cuando Harry y Hermione pasaron cerca de ella.

-Sí- contestó secamente Harry, deteniéndose un momento y sintiendo que Hermione le apretaba con más fuerza la mano.

-¿Podría hacerle unas preguntas?- Umbridge sonrió mostrando los dientes; parecía un vampiro dispuesto a morder a su presa.

-No, estoy ocupado. Con su permiso- Harry se inclinó brevemente ante Madame Rosmerta y siguió su camino, ignorando la mirada escandalizada de Dolores.

Cuando cerró tras de sí la puerta de Las Tres Escobas logró escuchar el alboroto que se había armado dentro.

-¿Qué fue todo eso?- inquirió Hermione exigiendo una respuesta con su tono de voz.

-Dímelo tú- rebatió Harry molesto.

Caminaron en silencio unas cuantas cuadras; los vecinos que los veían ya no mostraban la sorpresa inicial: parecía que ya todos sabían que esa tarde Hermione Granger y Harry Potter paseaban juntos.

Hermione notaba que el forastero estaba tenso desde hacía varios minutos, y se preguntó si algo tenía que ver son la desaparición de esos documentos. Algo en ella tenía la certeza de que así era, pero por otra parte, tenía miedo de preguntar y quebrar así el hechizo que la envolvía desde que se encontraron ese día.

-Crees que fui yo- dijo Harry cuando ya se acercaban a la casa de los Granger.

Hermione vaciló y redujo su andar.

-Debes considerar que, siendo el único extranjero de los alrededores, y que precisamente estos documentos fueron robados estando tú alojado en el pueblo, es muy sospechoso...

Harry se detuvo y miró fríamente a Hermione. Ésta calló de repente, mirándolo con algo de temor.

-¿Y qué si fui yo?- preguntó Harry en voz baja y áspera.

-Si te descubren, seguramente te juzgarán y...

-No. No eso. ¿Qué opinarías tú de mí, si hubiera sido yo el que los robó?- Harry no tenía la menor certeza de por qué estaba preguntando eso, pero creía importante saber la respuesta.

-Opinaría que tendrías un buen motivo para hacerlo- respondió Hermione, segura.

Harry asintió y emprendieron nuevamente la marcha, hasta llegar frente a la casa de Hermione.

-Adiós- se despidió Harry secamente, confundiendo a la joven.

Todo había estado tan bien hacía unos minutos, cuando despreocupadamente ella se había inclinado por algo que quería y necesitaba. Hermione se sintió vencida ante la posibilidad aterradora de que nada podía salir como ella esperaba.

-¿Nos veremos mañana?- se animó a preguntar, tímidamente.

Harry apretó los labios, convencido de que se estaba comprometiendo demasiado. Pero el plan tenía prioridad sobre todo lo demás.

-No creo. ¿No tienes alguna cita con Krum?- preguntó burlonamente.

Hermione endureció su rostro.

-Ese asunto no es de tu incumbencia. Te pregunté a ti si nos veríamos mañana, no a Krum- soltó, temblando de enojo repentino.

-Ten cuidado- advirtió Harry de repente, acercándose más a ella-Te advertí que tus ojos podían llegar a delatarte, y si miras a otros como me estás mirando a mí ahora, ten por seguro que todos sabrán lo que verdaderamente sientes sobre el compromiso.

Hermione se quedó congelada, como si el invierno hubiera decidido de improvisto esconderse en su cuerpo. Quiso replicar, pero para cuando había escogido las palabras que creía adecuadas, Harry ya había desaparecido calle abajo.

Entró a su casa dando un portazo. Sentía como si hubiera sido sacudida fuertemente, como un junco por el viento.

-¡Aquí estás!- aulló su madre, surgiendo inesperadamente de la cocina- ¡Todo el pueblo lo comenta, Hermione, y me niego a creerlo!

La joven la miró sin entender, hasta que sus ojos se cruzaron con los de Winky, que la miró desconfiada. Hermione suspiró.

-Dime que escuché mal, y que no has estado pavoneándote por ahí con ese forastero- Jane escupió la última palabra con odio.

-Ese forastero tiene nombre: Harry Potter- dijo Hermione dispuesta a entablar una discusión.

-¡Entonces es verdad! No puedo creerlo. Hermione¿en qué estás pensando?- su madre la miró horrorizada.

-En dar un paseo con un amigo de Ron¿es eso pecado?- Hermione se echó sobre el sillón con un suspiro de hastío.

-Ese joven no es buena influencia para ti... corren rumores¿sabes lo que pasó en el edificio de gobernación¡Han desaparecido unos documentos! Creo que no hace falta indagar quién ha sido el responsable, ya todos lo sabemos.

Hermione se pasó una mano temblorosa por el rostro. Quería estar sola.

-Inocente hasta que se demuestra lo contrario- susurró.

-No quiero que te vuelvas a juntar con ese forastero, Hermione. ¿Me estás escuchando? Ni siquiera en La Madriguera. Si te lo cruzas, desaparece del lugar. Te lo digo por tu bien- Jane se acercó a su hija con semblante preocupado.

-Por mi bien... soy yo la que se debe ocupar de mi bien, no otras personas- murmuró Hermione con la vista fija en el piso- Y si decido entablar amistad con Harry Potter, entonces...

-¡No hablarás en serio! Y a días de tu matrimonio con Víktor, no puedo creerlo...- Jane parecía escandalizada.

-No tiene nada que ver una cosa con la otra- exclamó Hermione indignada.

-¿Es esto una especie de venganza por tu compromiso?- preguntó la señora Granger ignorando a su hija.

-¡Por favor!- Hermione se levantó y se dirigió a su cuarto.

Escuchó los gritos de su madre hasta que se quedó dormida.

-----------------------------------------

Harry miraba las estrellas cómodamente echado sobre la hierba. Apretó con más fuerza los papeles que guardaba en el bolsillo de su viejo pantalón. Cada vez que los leía, una nueva determinación se unía a la que ya tenía desde hacía mucho, repitiéndole que su plan era perfecto y correcto.

Pero su convicción estaba siendo desplazada por otro tipo de asuntos, relacionados con Hermione Granger. Sabía que ella había notado que él había sido el secuestrador de los documentos, y esto lo preocupaba demasiado para mantener su mente fría y tranquila, como era usual en él. ¿Tan evidente había sido lo que sus ojos expresaban que Hermione, alguien que apenas lo conocía, se había percatado de la verdad?

Harry escuchó pasos y sintió a Ron sentarse a su lado. Esperó pacientemente, hasta que el pelirrojo estalló.

-¿Me quieres explicar a qué estás jugando? Escuché que pasaste toda la tarde junto a Hermione.

Harry ladeó la cabeza en un gesto que daba a entender que escucharía lo que Ron tenía para decirle, pero que no lo tomaría en serio.

-Ella está comprometida, Harry- sentenció su amigo.

Harry chasqueó la lengua.

-Ese compromiso tiene menos verdad que todas las historias que se dicen de mí- dijo con algo que le pareció amargura-Además, no tengo ese tipo de intenciones.

Ron gruñó, dubitativo.

-Están sospechando de ti. Creen que fuiste tú el que robó el archivo de Black.

-Lo sé. Mejor, eso apura las cosas- Harry se despeinó el pelo, despreocupado.

-Entonces seguirás adelante- confirmó Ron resignado-Ya sabes lo que pienso de todo, y estoy dispuesto a ayudarte.

-¿Pero?

Ron vaciló.

-Ambos sabemos lo que ocurrió la última vez que quisiste hacer justicia, Harry- dijo en voz baja.

Harry sintió que un escalofrío lo recorría, y apretó con más fuerza los papeles ocultos en su bolsillo.

-Eso fue un accidente- musitó- Esta vez es diferente. Yo no cometo los mismo errores.

-Eso espero- suspiró Ron-Porque en este caso, se trata de mi pueblo, de gente que yo conozco.

-Eso no disminuye la culpa...

-Lo sé- lo interrumpió Ron-Sólo te pido que tengas cuidado. Los que habitamos este pueblo parecemos unos idiotas, pero siempre hay un idiota más inteligente que otro. Y no es fácil distinguirlos, hasta que actúan.

-Gracias por la advertencia- dijo Harry sarcástico.


Ahora que ya leyeron el capítulo, necesito saber... ¿les gustó¿Quieren más HHr¡Dejen REVIEWS, por favor!

Por diversos motivos, no pude actualizar cuando lo tenía planeado, y por este breve retraso pido disculpas. Si tienen quejas, no duden en escribirlas.

Hablando de gente que escribe, millones de gracias a los que dejaron reviews en el capítulo anterior: amycvs, Crooshkans, manzanitax, Petakiita, Yedra Phoenix, Atenea, AtRaM Potter, Harmonian, JamNe-HarMione, HHrldg.Black y hermis'lu.

Y quedan perdonados/as los que no me dejaron review en anteriores capítulos ;)

En fin, como parece que a todos les gustó la idea de los spoilers, aquí dejo el que corresponde a la Parte VIII, que, por cierto, tendrá un poco más de ternura:

-No te cases- dijo Harry con voz ronca.

-No es tan simple- musitó Hermione negando con la cabeza.

Harry acercó más su rostro al de ella, hasta que una adecuada dosis de prevención hizo efecto, haciendo que se separara por completo de Hermione y se pusiera de pie, mirando con rencor desde su pasivo lugar lo que podría haber sucedido.

Cortito, pero suficiente, creo yo, para ponerse a pensar, jeje. Ah, y creo que ya dejé bastantes pistas como para que averigüen lo que está tramando Harry, y su relación con nuestro querido Sirius.

Nuevamente pido disculpas por la demora en la actualización.

Besos,

·Towanda·