Disclaimer: No me pertenecen ni la historia, ni los personajes. La historia es de Biianca23 y los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, yo sólo hago la traducción.

Capítulo 7: Manipulada, preocupaciones y miedos

Kagome entró en pánico. No sabía qué hacer. Miró atrás y notó que la ventana estaba abierta de par en par. Podía saltar, pero salir herida y ser perseguida por Inuyasha no era una buena mezcla. Hizo lo primero que siempre hacía cuando Inuyasha la asustaba.

—¡SIÉNTATE! —gritó.

El demonio arqueó su ceja en confusión. Pareció darse cuenta de lo que estaba intentando hacer y sonrió.

Oh, ¿te refieres a este collar? —se lo arrancó y las cuentas cayeron al suelo, esparciéndose alrededor de Kagome.

—Pero, ¿pero cómo? —tartamudeó Kagome.

Este collar era sólo para atar a un medio demonio, no a un demonio completo. No puede hacerme nada.

Dándose cuenta de que seguía en el suelo, se levantó con las piernas temblorosas e intentó retroceder, pero terminó contra la pared. El demonio siguió moviéndose hacia ella.

—Inuyasha, ¿por qué cambiaste? ¡Tienes a tetsusaiga contigo!

He estado despierto dentro de él desde hace algún tiempo. Estaba adormecido, hasta que convencí al medio demonio de que me dejara salir.

—Quieres decir que… ¿Inuyasha te dejó salir? Pero… ¿por qué?

Necesitaba algo —ahora estaba extremadamente cerca de Kagome. Ella podía sentir su respiración en su cuello mientras la olía.

—Qué es este… ¿algo…? —Inuyasha mordisqueó su cuello y subió hasta sus orejas. Puso sus manos alrededor de su cintura y la acercó a él. Kagome se tensó inmediatamente. Él se inclinó y susurró en su oído:

Tú.

Kagome intentó alejarse, pero su agarre era sólido.

—¿Yo? ¿Por qué me quieres a mí? ¿Qué hay de Kikyo?

El demonio continuó con el asalto a su cuello. La miró y se lamió los labios.

¿Esa perra? Puede que el medio demonio la siga amando, pero yo no. Está muerta y es fría y no puedo aparearme con ella —Kagome no pudo evitar sentir la punzada de dolor cuando dijo que el medio demonio seguía amándola. Pensaba que ya lo habría superado. El demonio sintió esto y comenzó a acariciarle el cuello con la nariz—. No te preocupes cariño, el medio demonio también te ama a ti. Es sólo que es demasiado estúpido para admitirlo. Yo no temo enseñarte lo mucho que te amo. Quiero aparearme contigo, pero hay algunas… condiciones que tenemos que ver primero.

Kagome alzó la vista.

—¿Condiciones? —A lo mejor esto puede funcionar. Puedo cooperar con él y luego engañarlo para salir de esto. Kagome olvidaba completamente que el demonio podía leer sus pensamientos. Intenta escapar, ¿no? No voy a dejar que eso pase nunca. Niña estúpida, no sabe en lo que se mete.

Sí, condiciones. Como Kouga. Tú serás mi compañera, y nunca volverás a hablar con él. No quiero que hables nunca con él, o con otro macho. Tú eres mía.

Kagome se enfadó.

—¿Qué? ¡Quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer! Puedo y hablaré con otros machos. ¡Son mis amigos y no voy a dejar de hablar con ellos sólo porque tú estés celoso!

Los ojos del demonio brillaron.

¡PERRA! Me escucharás, y harás lo que te diga.

Comenzó a empujarla cada vez más fuerte contra él. Se olvidó de sus garras y empezó a perforar su ropa y piel.

—¡AU! ¡Inuyasha! ¡Para, por favor! ¡Me haces daño! —el demonio no se detuvo.

Tienes que saber a quién perteneces. Te romperé perra. Nunca pienses que puedes escapar de mí.

Kagome luchó contra él. Sus garras estaban perforando su piel. Gritó.

No podía y no sería su compañera. No de esta forma…

Kagome dejó de luchar y permaneció quieta, estremeciéndose de dolor. Alzó la mirada hacia el demonio y vio que sus ojos eran rojos con una neblina negra a su alrededor. Los ojos de ella se abrieron como platos. Ahora estoy en problemas. Cerró fuertemente los ojos e inclinó su cabeza en derrota.

—De acuerdo. Sé a quién pertenezco… A ti.

El demonio bajó la mirada hacia ella, sorprendido de que se hubiera dado cuenta tan rápido. Pero no era estúpido, sabía que ella estaba planeando algo.

Pero lo que no se esperaba, era que Kagome se estirara y lo besara. Sus ojos se abrieron como platos cuando los labios de Kagome tocaron los suyos. Sus labios eran suaves y esponjosos. Gruñó mientras correspondía al beso.

La deseaba, y la deseaba ahora.

Sus pensamientos se tornaron lujuriosos mientras el beso continuaba. Ahora había tomado el control del beso, y sus lenguas peleaban por el dominio.

Gruñó de placer cuando la lengua de Kagome pasó por sus colmillos. La puso contra la pared, sin importarle si estaba herida o no. Sus manos estaban a ambos lados de la pared, mientras forzaba su lengua por la garganta de ella. Sus ojos se abrieron como platos de repente cuando sintió dolor en sus partes bajas. Se apartó inmediatamente y se dobló de dolor.

Kagome tomó su oportunidad para correr. Corrió por los pasillos mientras oía un fuerte gruñido detrás de ella. No le importó. Siguió corriendo. Bajó las escaleras hacia el salón y se escondió detrás de su sofá. Se sonrojó cuando se dio cuenta de que le había dado su primer beso a Inuyasha. Bueno, al Inuyasha demonio, ¡pero no era nada menos que Inuyasha! Kagome se había puesto nerviosa. ¡Lo había enfadado, lo había puesto celoso, y además de eso lo había puesto cachondo! Muy bien Kagome. Has cavado tu tumba oficialmente.

Yo diría que hiciste más que eso perra —Kagome alzó la vista y tragó saliva al ver a Inuyasha imponente sobre ella. ¡No lo había oído bajar las escaleras! No tuvo tiempo para pensar en su siguiente movimiento ya que la lanzó a través del salón, chocando contra la pared más cercana.

—Ag… —gimió de dolor mientras intentaba moverse. Inuyasha caminó hacia ella y la agarró por el pelo.

Iba a ir despacio contigo perra, pero ya que no pareces entender cómo va a funcionar esto, simplemente tendré que enseñártelo de la forma dura —la arrastró por el pelo por la habitación y la tiró en el sofá más cercano. Se puso sobre ella y comenzó a sentirla por todas partes. Kagome tenía lágrimas deslizándose por sus mejillas. Esto está muy mal. El demonio le desgarró la camiseta y le sonrió—. Esto está muy bien para mí. ¿Tienes idea de cuánto he estado esperando esto?

El medio demonio de su interior le rugió que se detuviera, pero él lo ignoró. Estaba volviendo a tener ese sentimiento, ¿qué era? ¿Culpa? Tenía que hacerlo ahora, o si no no sería capaz de hacerlo más tarde. Kagome intentó luchar contra él cuando empezó a sacarle las bragas. Su cuerpo estaba inerte y no podía moverse. Cerró los ojos y observó sin poder hacer nada mientras él devoraba su cuerpo.

¿Estás lista cariño?

Kagome alzó la mirada mientras él le enseñaba dos dedos y ella se dio cuenta de lo que iba a hacer con ellos.

—N… ¡No! ¡Por favor no! —el demonio no pareció oírla mientras empujaba bruscamente sus dedos dentro de ella. Kagome gritó al sentir un dolor que nunca había sentido antes. Intentó apartarse, pero moverse sólo lo hacía peor.

Deja de luchar cariño. Sólo lo vas a poner peor —el demonio sonrió malvadamente. Mmmm… está tan apretada. No puedo esperar a estar completamente dentro de ella.

Continuó su asalto un poco más, hasta detenerse finalmente y salir de ella. Se movió hacia su pecho y comenzó a succionar bruscamente sus pechos. Kagome intentó apartarle la cara, pero él simplemente clavó sus manos en el sofá. Cuando terminó, se apartó de ella y se rió.

Eso pareció aliviar un poco de mi frustración sexual. ¿Qué hay de ti cariño?

Kagome lo fulminó con la mirada con todo el odio que pudo reunir.

—Yo… nunca… seré tuya…

Ya lo eres. Te he marcado con mi olor y una vez que ponga mi semilla en ti y te dé mi marca de apareamiento, serás oficialmente mía.

Kagome empezó a llorar cuando se dio cuenta de que tenía razón. El demonio volvió a ir hacia ella y le secó las lágrimas.

Deja de llorar cariño. No soy tan malo. Todo lo que tienes que hacer es obedecerme y chingarme cuando te lo ordene —le dirigió una sonrisa malvada.

—No haré nada de eso.

Todavía desobediente por lo que veo. No te preocupes. Lo arreglaré. Tarde o temprano, me estarás rogando por sexo.

—Eso no pasará nunca. Quiero hablar con Inuyasha.

Idiota. Yo soy Inuyasha —Kagome intentó levantarse, pero el dolor en la parte baja de su abdomen fue demasiado para ella.

—Tú no eres Inuyasha. Quiero hablar con el medio demonio. Aquel que nunca me haría daño de ninguna manera —el demonio bufó.

¿Que nunca te haría daño? Te gritaba todo el tiempo, te insultaba y te comparaba con su otra perra. Te ha dejado llorar y sola demasiadas veces como para contarlas. También has salido herida por culpa de él, yo no dejaré que eso ocurra.

Kagome se recostó. Sabía que era verdad.

—¡Él nunca se habría aprovechado de mí de este modo! ¡Nunca me habría asustado tanto, o le habría hecho daño a una de mis mejores amigas!

Si él es tan jodidamente genial, ¿cómo es que nunca intentó detenerme? Todo lo que me dijo fue que tenías que aparearte por voluntad propia, y yo lo acepté, pero cuando estaba jugando con tu mente y haciéndole daño a tu amiga nunca me detuvo. Él estaba demasiado ocupado pensando en chingarte.

Los ojos de Kagome se humedecieron.

—No… no me lo creo. Inuyasha nunca me haría daño de esta manera.

Ese estúpido híbrido no sabía lo que quería. Yo sé que te quiero a ti y salí para tomarte.

—¿Pero por qué yo? Por qué…

Tú eres nuestra compañera. Aquella con la que estamos destinados a estar. El medio demonio acababa de ahuyentarte, así que salí para tomarte… por voluntad propia o no. No perderé a mi compañera porque algún idiota es demasiado estúpido para saber lo que hay que hacer.

Kagome no sabía qué decir.

—Por favor… sólo déjame irme. Estaré de acuerdo con ser tu compañera, pero ahora no. No soy lo suficientemente mayor para hacer todas estas cosas. Todavía tengo que vivir toda mi vida… ¿y qué hay de Naraku?

Inuyasha vio la súplica en sus ojos y casi contempló el dejarla ir. Casi.

Vivirás tu vida, pero la vivirás como mi compañera. Haz lo que sea que tengas que hacer, pero te voy a tomar como mi compañera esta noche. En cuanto a Naraku… él no es asunto mío.

—Pensé que habías dicho que tenía que estar dispuesta a… ¿hacerlo? Y Naraku es el mayor enemigo de Inuyasha. ¡Tiene que matarlo!

El demonio sonrió con suficiencia.

Sé que te entregarás a mí esta noche perra. Sólo digamos… que te animarás. Y el medio demonio ya no está aquí. Yo ocuparé su cuerpo, así que ya no tiene necesidad de ir tras Naraku.

—Pero… tú… ¡tú no puedes hacer esto!

Lo hice y lo haré —miró a Kagome de arriba abajo—. Si yo fuera tú, me limpiaría. No querrás estar sucia para nuestra diversión de esta noche —estaba a punto de irse, cuando Kagome lo detuvo.

—¡Espera! —él giró la cabeza ligeramente—. Dónde… ¿dónde está Eri? —el demonio sonrió.

Oh, ¿tu amiga? No podría decirlo, la verdad.

Kagome intentó incorporarse, ignorando el dolor que estalló desde su abdomen.

—¿Qué le hiciste?

El demonio tenía una mirada de pura diversión en su cara.

¿Te gustaría verla? —los ojos de Kagome se fruncieron en confusión.

Inuyasha chasqueó los dedos y todo lo que se pudo oír fueron pisadas que venían del piso de arriba. Eri… pensó Kagome. Consiguió levantarse mientras esperaba la llegada de su amiga. Kagome cojeó hacia las escaleras cuando vio que Eri bajaba. Eri entró en la luz y caminó hacia Kagome. Kagome se congeló. ¿Eri? ¿Cómo…?

Eri se detuvo delante de ella sin ningún rasguño o corte. Su uniforme estaba perfectamente en orden. Se veía como en cualquier otro día normal.

Inuyasha se puso detrás de ella y envolvió sus brazos a su alrededor.

—Qué… ¿qué estás haciendo? —Kagome estaba indignada por ver a Eri apoyándose contra Inuyasha y reposando su cabeza contra su pecho—. Eri, ¿qué haces? ¿Cómo pudiste hacer esto? —Eri continuó como si nunca hubiera oído a Kagome. Siguió arrimándose a él hasta que ella comenzó a enfadarse. Maldita…

A Inuyasha le hacía mucha gracia. Sabía que su pequeño truco irritaría a su compañera. Le encantaba cómo se veía cuando estaba celosa. Sabía que sentía algo por él y esto sólo probaba completamente su argumento. Lo usaría contra ella y lo usaría bien. Sonrió y enterró su cabeza en el cuello de Eri, disfrutando del enfado de su compañera. Esperaría un poco más, luego le explicaría lo que había hecho. Eso la enfadaría de verdad y disfrutaría al ver su reacción.

Kagome no podía creer esto. ¡Eri estaba con Inuyasha! ¡Cómo se atrevía a hacer esto! Especialmente después de lo que le había dicho. No pudo evitar sentir una punzada de celos cuando vio lo íntimos que eran. ¡Y él dice que es mi compañero! Prácticamente me está engañando delante de mis narices… No es que me importe, ¡pero no puede decirme que no hable con machos cuando él está con esta hembra! Kagome estaba a punto de decirle un poco de lo que pensaba cuando oyó una risa. Se dio cuenta de que venía de Inuyasha. Era una risa profunda, oscura y malvada.

Niña estúpida. No tengo ningún uso para putas humanas como esta —tiró a Eri al suelo y caminó hacia Kagome. Se puso detrás de ella y envolvió sus manos alrededor de su cintura. Kagome se puso tensa y bajó la vista hacia Eri.

—Por qué… ¿por qué no se mueve? —Inuyasha inhaló su dulce aroma y enterró su cabeza en su pelo.

Ve hacia ella y mira —Kagome caminó despacio hacia Eri y vio que sus ojos no mostraban emoción alguna. No miró hacia ella o intentó moverse. Kagome regresó con Inuyasha.

—¿Qué le hiciste?

Éste es uno de mis nuevos poderes. La duplicación.

—Entonces esta cosa… ¿no es realmente Eri?

Inuyasha meneó la cabeza.

No. Para hacer esto, necesito un artículo vital de la persona, como pelo, o un trozo de piel y los proceso en mi mente, haciendo una nueva copia de ellos y haciendo que los demás piensen que son reales. Controlo lo que dicen y lo que hacen. La ilusión sólo puede romperse si alguien quita el artículo vital.

Inuyasha caminó hacia Eri y le sacó un mechón de pelo de su cabeza. De repente, todo su cuerpo se desintegró y todo lo que quedó de ella fueron unos pocos trozos de pelo en la mano de Inuyasha. Kagome inspiró.

—Entonces… todo el tiempo, ¿fue una ilusión? ¿Eri nunca estuvo aquí de verdad? ¿Nunca le hiciste daño realmente? ¿O la hiciste sangrar? ¿O la tiraste por la ventana?

Correcto. Estaba probando mis nuevos poderes, y debo decir, que funcionan excepcionalmente bien —sonrió malvadamente.

Kagome se hundió en el suelo.

—Oh gracias a Dios —comenzó a sollozar—. Pensé… pensé que había muerto —siguió sollozando mientras Inuyasha la observaba. Se sacó un paquete de su manga y lo lanzó en su dirección. Sin otra mirada, desapareció.

Kagome alzó la vista y alcanzó el paquete. Tenía una nota pegada:

"Querida Kagome, te traje esto. No estabas en casa, así que pensé en dejarlos en tu umbral. Bueno, me voy a casa de mi prima. ¡Adiós! XOXO. —Eri."

Kagome abrió el paquete y vio todos los apuntes desde el principio del tema. Suspiró y los volvió a guardar. Ahora no necesitaré estos… no con Inuyasha alrededor de todos modos…

Tienes razón, no los necesitarás. Espero que te limpies y que vayas a tu habitación cuando termines.

—¿Y si no lo hago? —el demonio gruñó.

Serás castigada.

—No puedes castigarme más de lo que ya lo has hecho. ¡Te odio Inuyasha! ¡Sólo déjame sola! —el demonio se rió malvadamente.

Nunca te dejaré sola Kagome… tú eres mía. No puedo esperar a marcarte… oh y cuando nos volvamos a ver, tengo una pequeña sorpresa guardada para ti.

Kagome volvió a empezar a sollozar. ¿Qué voy a hacer ahora?

Kaede corrió a la otra cabaña y levantó inmediatamente a Sango y a Miroku.

Se despertaron de un salto y le preguntaron a Kaede qué pasaba. Ella procedió a relatarles lo que había pasado con Inuyasha. Sus ojos se abrieron como platos.

—¿Inuyasha se fue y no volvió con Kagome? —preguntó Sango.

—Sí. Se fue en el estado de demonio completo. Creo que estaba siendo manipulado por él de algún modo.

Sango puso su mano en puño.

—¡Ese tonto! Es tan fácil de manipular que caerá prácticamente en cualquier trampa diseñada para él.

Miroku tenía una apariencia solemne cuando habló:

—Ya, ya Sango, no debemos apresurarnos en juzgar sus acciones. A lo mejor tenía algún otro motivo para dejar que saliera su lado demoníaco.

—¿Qué otro motivo podría haber? —Sango estaba preocupada. Sabía que Kagome estaba en peligro.

Kaede dijo:

—Creo que el demonio usó la lujuria de Inuyasha por Kagome contra él. Ahora creo que ha caído en su trampa y que no puede volver a salir para proteger a Kagome.

—Tú… tú no piensas que Inuyasha… —Sango no terminó su frase. No pudo. Estaba buscando consuelo tanto de Miroku como de Kaede, pero ambos apartaron la mirada.

—Teniendo en cuenta su estado mental cuando se marchó… es difícil de decir —dijo Miroku.

Sango se levantó.

—¡Tenemos que hacer algo! ¡No podemos quedarnos quietos y dejar que Inuyasha la rompa de esta manera!

Kaede asintió.

—Sí. Estoy de acuerdo con Sango, pero no sé lo que podemos hacer. Estamos atados a este mundo y no podemos pasar al de Kagome.

—¿No hay nada que podamos hacer? —preguntó Sango en vano.

—He oído hablar de hechizos especiales que permiten a la gente entrar en los pensamientos de otros y comunicarse con ellos a través de eso. ¿Conoces alguno Kaede? —dijo Miroku.

Kaede se animó.

—Sí. No son muy fuertes, pero tendrán que servir por ahora. Venid, hay muchos preparativos que hacer antes de que podamos comenzar con el hechizo —y con eso, Kaede abandonó la cabaña.

Miroku miró a Sango y vio que estaba sufriendo por la situación. Él intentó no demostrarlo, pero estaba profundamente preocupado por el bienestar de Kagome y por el estado mental de Inuyasha.

—¿Sango? —ella alzó la vista.

Miroku sonrió cálidamente y se arrodilló a su lado. Sango intentó ocultar su sonrojo, mientras Miroku alcanzaba su mano.

—Te prometo que probaremos todo lo que esté en nuestro poder para intentar contactar con Kagome. Sé que estás preocupada, pero ahora mismo, tenemos que permanecer fuertes por todos.

Sango dirigió su mirada hacia las formas durmientes de Shippo y Kirara. Asintió.

—Tienes razón. Siento emocionarme tanto —sonrió cálidamente—. Ahora… ¡vamos a salvar a Kagome!


Y terminé. El siguiente capítulo también es largo, así que puede que me lleve un tiempo, pero lo veréis sí o sí. Jaja.

Muchas gracias por los reviews, besos y hasta pronto.