Capítulo 7.
Confianza.
Habían pasado unos días desde la improvisada fiesta de cumpleaños de Nicole en Los Cisnes, días en los cuales no se había vuelto a escuchar acerca de la chica.
Sin embargo, dicha fiesta y dicho tour por la hacienda habían hecho que Bella pasara gran parte de los días durmiendo encerrada en su habitación.
Aquel día fue tan solo el comienzo de su regreso; aquel día, en el que visitó a Luke después de que todos se durmieran, empezó de nuevo a surgir la veterinaria y amante de los animales que había guardado en su interior dos años atrás.
Luke era difícil. Había pasado mucho tiempo aislado y sin entrenamiento, Bella era la única que lo manejaba y controlaba en el pasado y ahora estaba bastante oxidada en lo que a entrenamientos y adiestramientos se trataba.
Por eso pasaba gran parte de la mañana durmiendo, ya que había pasado gran parte de las noches volviéndose a ganar la confianza de Luke, su caballo.
Sin que ella lo supiera, Edward la seguía todas y cada una de esas noches, observándola en la distancia cómo intentaba manejar al animal.
No había sido una tarea del todo fácil para él, sobre todo cuando su jefa decidió sacar por primera vez al animal de su espacio habitual; en ese momento estuvo a escasos segundos de intervenir y hacer notoria su presencia, ya fuera para apartar a Bella o para sacar su pistola y sacrificar al animal que parecía indomable.
Luke era muy alto y muy negro, su pelaje no estaba del todo brillante y podía pasar por el caballo de los jinetes de El Señor de los Anillos, sin embargo, Edward no se vio en la necesidad de intervenir, porque a diferencia de él, Bella no se asustó y con un siseo bajito y constante, lo había calmado.
Edward observó encantado como Bella, con voz baja, susurrante y podía jurar, cantante, le murmuraba al caballo intentado calmarlo. No lo había logrado al primer intento, tampoco en el segundo, pero perseveró hasta que poco a poco Luke dejó de mover sus nerviosas patas y aunque aún relinchaba, pero en menos frecuencia, pudo finalmente mantener la calma.
Edward observó por entre los matorrales, que le habían servido de refugio esos días, como Bella sonreía, quedándose asombrado de la tranquilidad que la cara de ella reflejaba cerca del caballo. La había visto con los perros y con los demás pura sangre, era cierto que se notaba que ese era su mundo, por algo había estudiado veterinaria, pero lo que vio fue otra cosa, fue la conexión directa, exclusiva y entregada de dos seres que se conocían y se amaban, pero que necesitaban volver a ganarse la confianza de regreso.
Asombrado y extasiado, observó como Bella abrazaba la cabeza de Luke y palmeaba con cariño su largo hocico, la chica volvió a murmurar palabras que no escuchó por la distancia en la que se encontraban, Bella bajó un poco más su mano y tomó la rienda del hocico, y halándolo con cariño, empezó su camino fuera de las caballerizas con lentitud, Edward se vio en la necesidad de modificar su escondite cuando se fijó que Bella caminaba en su dirección, observando con detalle los movimientos del caballo.
Desde aquel día había sido más cuidadoso buscando un lugar idóneo para no ser visto mientras vigilaba a su protegida, de hecho, hubo un par de días que se le adelantó, escondiéndose en las caballerizas antes de que ella llegara.
Bella hacía esas visitas de noche, para no levantar comentarios incómodos e imprudencias de Khloe o de John; Bella sabía que tenían las mejores intenciones, pero no quería emocionarlos de más, ella misma estaba caminando sobre hielo fino y no quería emocionarlos, para después desistir de nuevo de sus animales.
Pero aunque Bella dormía hasta tarde sin ningún tipo de problema, para Edward no era la misma suerte, porque aunque era cierto que se acostaba igual de tarde que su jefa, ella no tenía idea de que la estaba escoltando hasta esa hora, por lo que no importaba a qué hora se acostara, él debía cumplir su horario, con su jefa dormida o despierta.
Eso lo había hecho un tanto adicto al café de Khloe, que cada vez le gustaba más.
—Pareces cansado muchacho. —Edward le sonrió a Khloe mientras empezaba su segunda taza de café.
—Estoy bien Khloe, solo que no dormí mucho anoche.
Khloe asintió y continuó con sus labores en la cocina, Edward no se apresuró en tener el auto listo ni en la posible presencia de su jefa porque sabía que no iba a bajar temprano, dado que la noche anterior se había quedado hasta más tarde de lo normal con Luke.
—Estoy preparando filet mignon —dijo Khloe como si estuvieran continuando una conversación acerca de la comida, Edward parpadeó expulsando el sueño de su sistema y le prestó la atención debida al ama de llaves.
—Ehhh, ¿no es algo temprano para el almuerzo? —preguntó algo apenado, eran apenas pasadas las diez de la mañana, Khloe le dedicó una sonrisa cómplice al escolta.
—Lo sé, pero es que quiero que todo sea perfecto, Charlie y la pequeña Alice regresan hoy, quiero tenerles un almuerzo perfecto, el padre de mi niña adora mi filet mignon.
Edward sonrió con simpatía, Khloe parecía realmente feliz por la llegada del resto de la familia. Sin embargo él no podía decir lo mismo, le agradaba porque vería a Emmett y tener a su amigo de vuelta era bueno —aunque nunca se lo diría de frente—, también Nicole había preguntado por él cuando la llevó de regreso con Anna, y Edward le dijo que estaba seguro que cuando aterrizara y tuviera tiempo libre iría a visitarla.
Pero por otro lado no le agradaba el hecho de alejarse de la hacienda, la situación con la custodia de Nicole no estaba en su mejor momento, sabía que Jessica Stanley estaba al tanto de su trabajo, porque nada de su vida parecía poder ocultárselo a la trabajadora social, de hecho, llegó a pensar que se aparecería en algún momento en la hacienda, para ver si era cierto lo que había escuchado.
Pero no lo había hecho, si Jessica sabía o no de su trabajo, no había ido a comprobarlo y si ahora decidía hacerlo, de nada serviría, su contrato era hasta que el padre de su jefa llegara. Estaba casi seguro que le pedirían unos días más, dado que Sam y Emmett debían tener unos días libres al llegar a América para que pudieran descansar o pasar rato con sus respectivas familias, pero estaba seguro de que cuando ese par de días pasara, él iba a ser relevado de sus responsabilidades.
A pesar de haberlo aceptado a regañadientes, no le gustaba la idea de perder el trabajo, se había acostumbrado muy rápido a los horarios y a su jefa, por lo que daba nostalgia alejarse de Los Cisnes. En las pocas semanas que llevaba viviendo allí había conocido a muchas personas agradables, haciéndolo sentir como si de verdad fuera su hogar, Khloe era la madre que perdió unos años atrás; Sara, la asustadiza ayudante, siempre tan servicial, pendiente de si él o Bella necesitaban algo, sabía que lo atendía para de alguna manera pagar por su silencio cuando la joven chica se colaba a la habitación de Seth cada dos noches sin que Khloe lo supiera.
Estaban también John y los hombres de la hacienda, todos ellos se habían acostumbrado a su presencia y Edward se había acostumbrado a la de ellos, trabajaban a veces en conjunto con un único fin… el bienestar de Isabella Swan.
Se descubrió respirando profundo, si era cierto que extrañaría a todos en la hacienda era aún más cierto que extrañaría a su jefa, la Weirdo que hablaba sola.
—Hey muchacho, ¿me escuchaste? —Edward sacudió la cabeza regresando a la cocina, Khloe tenía una expresión divertida en el rostro—. Llevo más de diez minutos hablándote y no me prestas atención. —Sus palabras eran de riña, pero su tono era el más dulce de la tierra, Edward se sintió realmente apenado y con una pequeña inclinación de cabeza afrontó su error.
—Lo lamento Khlo, ¿qué me decías?
—Te preguntaba ¿cómo está Nicole? ¿Has hablado con ella?
—Sí —contestó de inmediato—. No deja de preguntarme si la puedo traer de nuevo.
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Bella se despertó con un pequeño sobresalto, respiró corto y profundo y abrió sus ojos para luego cerrarlos de inmediato, la luz que se filtraba por la ventana era vigorosa. Anoche había regresado más tarde de lo normal de los establos, había estado a punto de poder montar a Luke, pero tan solo apunto, porque después de pasearlo y hacer que se acostumbrara a la silla y las riendas, el animal no pudo soportar el peso de un jinete intentando montarlo, Bella había desistido después del quinto intento, eso la hizo regresar entrada la madrugada a la casa, se dio un baño casi dormida y cuando cayó en la cama se olvidó por completo de cerrar las cortinas.
Observó su reloj de la mesa de noche y se fijó que eran las nueve de la mañana, ese día regresaba su familia de Japón, resopló con frustración sobre la almohada, iba a ver de nuevo a Charlotte.
—Pareces molesta por algo, cielo. —Bella separó el rostro de la almohada sonriendo mientras se estiraba de nuevo.
—Molesta, no —respondió a su visitante—. Solo resignada —completó suspirando de nuevo mientras volvía a cerrar los ojos.
Una caricia helada se apoderó de su mejilla, abrió los ojos y le sonrió con ternura.
—Viniste temprano —concordó acomodándose bajo las sábanas—. ¿Algún motivo en especial? —Levantó una de sus cejas sabiendo exactamente el motivo, no en vano habían hablado de él los últimos días.
Nana le sonrió a su nieta. —Quiero ver a Charlie cielo, la última vez que lo intenté no se pudo. —Bella recordó que aquella vez había sido cuando confundió a su nuevo guardaespaldas con un espíritu y Nana se había esfumado antes de poder ver a su hijo.
—Bueno —dijo su nieta apartándose las sábanas—. Hoy lo verás, pero será más tarde Nana, deben estar aún volando —convino luego de observar de nuevo el reloj de su mesa de noche.
—Lo sé cielo, pero siempre es un gusto acompañarte. —Llevaba un par de días haciéndolo, Bella le sonrió de nuevo a su abuela y dándole un beso aéreo en su helada frente se dirigió al baño para lavar sus dientes y peinar su cabello.
— ¿Hoy qué planeas hacer? —Bella contestó con el cepillo en la boca.
—Voy a las caballerizas. —Nana levantó sus cejas y siguió a su nieta al baño.
— ¿De día?
Bella soltó una risa.
—Sí, voy de día, quiero bañar y cepillar a Luke eso es mejor hacerlo de día. Además, prefiero las miradas emocionadas, pero discretas de Khloe y John a tener que soportar el asombro indiscreto de mi hermana y padre si me descubren en esto.
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Cuando bajó las escaleras, era relativamente temprano, por lo menos aún era de mañana, dormiría después, cuando su familia llegara y no hubiera otra opción más que adaptarse a la diferencia de horario.
En ese momento moría por un tazón de Choco pops con leche fría y deseaba poder pedírselo a Khloe. Nana, que había estado con ella esos últimos días, la acompañó escaleras abajo mientras tarareaba la melodía que siempre llevaba entre los labios.
Cuando terminó los escalones, esperó paciente a que su abuela la alcanzara, Nana se había quedado distraída viendo algunas fotos que adornaban la escalera.
— ¿Te gustan? —preguntó Bella caminando sobre sus pasos; Nana sonrió y asintió intentando tocar la imagen de las dos hermanas Swan y su padre.
—Alice es muy bonita —convino en voz baja. Bella sonrió—. Lo es, ya es toda una mujercita, cumplió los diecinueve hace unos meses ya.
Nana, sonrió. —Recuerdo cuando nació, Charlie estaba tan triste.
La sonrisa en los labios de Bella se borró, convirtiéndose en una mueca extrañada.
— ¿Triste? —preguntó incrédula, Charlie adoraba a sus hijas, de eso no había la menor duda y le parecía realmente increíble que estuviera triste en el nacimiento de alguna de ellas. Nana suspiró haciendo que el cristal frente a la foto se empañara por tan solo medio segundo.
—Sí cielo, estaba tan triste y melancólico aquel día. —Bella esperó en silencio a ver si su abuela se explicaba mejor—. Estaba emocionado por su llegada, no me malinterpretes —agregó apresurada—. Pero extrañaba tanto a Renée. Deseaba tanto que la madre de Alice fuera también Renée.
Bella se sintió en shock cuando escuchó el nombre de su madre, recordó vagamente al anciano que había encontrado el día que fue al estadio sola y sintió su corazón acelerarse.
—Nunca me llevé muy bien con Charlotte —continuó Nana sin enterarse de la reacción de su nieta—. Siempre le dije a Charlie que había sido demasiado apresurado en casarse por segunda vez, luego que nació Alice en tan poco tiempo, supe porqué se apresuró tanto.
Bella no escuchaba con la atención debida, su corazón seguía en carrera y su lengua se había trabado, ella era muy chica cuando su padre contrajo segundas nupcias pero no era tonta y supo que Alice había nacido en menos de nueve meses después del matrimonio.
Pero ahora eso no le importaba, Charlotte se había convertido en su madrastra y Alice era su hermanita, lo que la trastocaba era el nombre de Renée, nadie nunca mas la había vuelto a nombrar en casa, por más que preguntaba siempre evadían las respuestas, a medida que los años fueron pasando se dio cuenta de que en efecto, Renée no solo había abandonado a su padre, sino que también la había dejado a ella, por lo que a medida de que fue creciendo, gracias a las distracciones de la escuela y luego de la universidad, había olvidado por completo a su madre para no sentir el dolor de saberse abandonada.
Nunca la pudo llegar a odiar porque los pocos recuerdos que mantenía de ella eran hermosos y llenos de cariño, pero el resentimiento por haberla abandonado nunca se lo quitaría de encima, tenía miedo de abrir aquella caja, de preguntarle a su papá sobre ella o de siquiera buscar por sus propios medios, pero las últimas menciones de su nombre habían mermado los cimientos de su olvido.
—Nana, ¿tú sabes por qué mi madre se fue? —Marie Swan suspiró y negó apenada con la cabeza.
—Ella no se fue, cielo. —Bella frunció si se quiere más el ceño y Nana retrocedió un poco dándose cuenta de que había hablado de más. Bella levantó una de sus manos pidiéndole implícitamente que no la dejara así, que le explicara que quería decir. Hubo un ruido en la planta baja y Bella observó, escaleras abajo, como Sara movía algunas figurillas de cristal mientras limpiaba los muebles de la sala, Bella se giró de nuevo hacia su abuela para descubrir que se había marchado, respiró profundo sintiendo una momentánea aversión por la pobre chica que tan solo hacía su trabajo.
Mientras bajaba la escalera aún sumida en sus pensamientos maquinando las preguntas que le haría a Nana una vez regresara de donde fuera que se había ido, escuchó voces desde la cocina, su escolta hablaba con Khloe, agradeció que estuviera despierto y listo, los planes de bañar y cepillar a Luke pasaron a un segundo plano, al parecer solo los no vivos eran los que manejaban información acerca de su mamá y dado que Nana no había querido decirle nada, iría a ver si conseguía al viejo de la otra vez.
En el camino a la cocina, escuchó como Khloe mencionaba a Nicole y Edward le decía que la chica le gustaría volver a la hacienda.
—Puedes volver a traerla, Cullen —dijo al entrar asombrándolos a ambos. Bella le correspondió la sonrisa a Khloe acercándose a ella dándole un beso en el cabello recogido—. Buenos días Khlo —dijo la chica en voz baja. El ama de llaves le sonrió y, dejando los ingredientes del filet, fue de inmediato a prepararle un poco de Choco pops. Bella sonrió genuinamente al ver sus intenciones.
Edward se colocó de pie desde el momento que había entrado su jefa a la cocina, dejando a un lado su necesario café, Bella volteó a verlo y asintió hacia él. —Buenos días Cullen —dijo educadamente—. Lo que dije acerca de Nicole es cierto, puedes traerla cuando quieras.
Edward le sonrió a su jefa, saludó y contestó su ofrecimiento con una pequeña inclinación de cabeza. —Está estudiando durante el día, ha tenido problemas con matemáticas y debe esforzarse más, no es buena idea premiarla ahora.
Bella asintió mientras le agradecía con una mueca a Khlo por su cereal, pensando que Edward establecía buenos parámetros para la chica. —Bueno —convino luego de su primera probada de cereal—. Úsalo como un incentivo, dile que si sale sobresaliente en matemáticas la podrás traer, de verdad a nadie le importaría su visita, ¿no es cierto Khlo? —El ama de llaves se mostró de acuerdo con su niña y Edward no tuvo más remedio que asentir educadamente a su jefa.
— ¿Filet Mignon? —preguntó cambiando el tema—. Como se nota que Charlie regresa —dijo con una risa, Khloe se encogió de hombros.
—Solo quiero hacerles un gesto por su regreso, los he extrañado. —Bella asintió despacio.
—Yo también.
Edward se sintió un poco incómodo y fuera de lugar, dejando la taza en el lavadero se encaminó a la puerta trasera. —Con permiso señoras —dijo educadamente, Bella levantó la mirada y llamó a medio masticar.
—Edward. —Él se detuvo de inmediato—. Prepara el auto, ¿si? Quiero salir un momento.
Sin hacer preguntas, asintió a la orden y salió rumbo al garaje para llevar el Rand Rover a la puerta.
Bella sabía que Khloe le iba a preguntar a dónde iba, así que antes de que hablara contestó:
—Voy un momento al pueblo, no creo demorarme mucho, estaré antes de que papá llegue, ¿vale?
—Servirá de algo preguntarte ¿qué vas a hacer?
—Puedes preguntar Khlo, pero no voy a contestar.
El ama de llaves suspiró derrotada y empezó a pelar las patatas para el puré que iba a hacer para acompañar los filetes que se estaban macerando en ese momento. Bella terminó su cereal con parsimonia conversando de todo y nada con Khloe, pensando qué iba a hacer en el estadio, cuando intentara hacer contacto con el viejo del otro día.
—Khloe —llamó Bella a los segundos, el ama de llaves dejó momentáneamente su actividad para prestarle atención—. Sé que Charlotte redecoró toda la casa cuando se casó con Charlie, pero ¿sabrás si hay alguna foto de Renée en casa?
Khloe abrió mucho sus ojos por un segundo, asombrada de la pregunta. Bella cerró los ojos un segundo. —No te alteres ¿ok? Solo es una pregunta, no vayas a armar un drama.
Khloe rio. — ¿Un drama? Mi niña, si es lo más normal que preguntes por ella, por Dios, es tu mamá. No sé si habrá alguna foto guardada en las cosas del sótano o el ático, pero buscaré por ti, ¿te parece?
Bella sonrió enormemente y se levantó abrazándola por la espalda mientras el ama de llaves cortaba las patatas en rodajas. —Te quiero mucho, ¿lo sabías? —Khloe palmeó sus manos—. En serio —continuó Bella—. Charlotte es una bruja, pero nunca pudo hacerme nada gracias a ti, tú te convertiste en mi madre luego que Renée se fue, ¿lo sabes, cierto?
Khloe no pudo evitar un sollozo, Bella le quitó el cuchillo de las manos y la abrazó con fuerza. —No llores tontita, sabes que es verdad, yo sé que Renée está en algún lugar y solo ella sabrá por qué me dejó, pero lo único que no puedo reprocharle, es que no me dejó sola, me dejó contigo. Gracias.
Las últimas palabras fueron un susurro, Khloe abrazó más fuerte a Bella y pasaron así algunos minutos, hasta que alguien aclaró su garganta y Bella dirigió la mirada a la puerta.
— ¿Ya está el auto listo? —Era Edward, que tenía cara de vergüenza por haberlas interrumpido, aclaró su garganta antes de poder contestar.
—Ehh, sí, pero no he venido por eso, en…en la puerta hay un hombre que la busca, señorita. Es el comisario Harris, me dijo que necesitaba hablar con usted.
Bella frunció el ceño, no tenía nada que hablar con la policía, sacudió la cabeza y asintió a Edward. —Hazlo pasar al vestíbulo por favor, dile que ya salgo. —Edward inclinó la cabeza y salió dejando solas a las dos féminas.
— ¿Estás bien? —preguntó en un susurro a Khloe, separándola de su pecho, sosteniéndola por las mejillas. El ama de llaves asintió, Bella limpió sus lágrimas y besó su frente—. Voy a ver qué sucede con Stuart. —Y dejándola más tranquila salió a la sala a encontrarse con sus visitas.
Stuart Harris era el comisario de la zona de Dallas donde vivían, era gran amigo de Charlie y Bella lo conocía desde que era muy chica. Era más alto que Charlie y mucho más grueso, su piel era oscura como la noche y contrarrestaba con la blancura de sus dientes, Bella salió a la sala y saludó con educación al comisario.
Luego de compartir un apretón de manos y aceptar una bebida fría que Sara fue a preparar, Bella tomó asiento indicándole a Edward que podía dejarla sola y que una vez terminara de hablar con el comisario, saldrían al pueblo.
Luego del primer sorbo de la limonada Bella empezó. —Usted dirá Stuart, como bien sabes mi padre no se encuentra en la ciudad, así que ¿en qué puedo ayudarlo?
Dejando su bebida en la mesa, entrelazó sus dedos, esperando. Stuart bebió un poco más y luego se pasó un pañuelo por su calva cabeza, se veía incómodo y nervioso.
—Niña. —Bella se aguantó de rodar los ojos, cada vez más gente la llamaba así—. Tú eres amiga de Rosalie Hale y Jacob Black, ¿cierto?
Bella se sentó más derecha, asustada. Miles de pensamientos alertas se formaron en su cerebro, nunca hubiera imaginado que algo pasaba con sus amigos, parpadeó y asintió mientras aclaraba su garganta.
—Lo soy. ¿Pa…pasó algo con ellos?
Stuart Harris respiró profundo, tenía treinta años en servicio y nunca le había sido fácil dar malas noticias, su esposa siempre le decía que debía controlarse, que persiguiendo y encerrando delincuentes era una eminencia, pero cuando debía ser humano y tratar con no delincuentes, era un manojo de nervios.
Por otra parte, Isabella tamborileaba con desespero su pie derecho, sin darse cuenta empezó a tronar sus dedos sin detenerse, cuando los dos nudillos de sus diez dedos dejaron de tronar, sus muñecas y cuello le siguieron.
El afroamericano respiró profundo y volvió a secar su calva cabeza, entrelazando sus dedos comenzó.
—Sé que estuviste en el accidente del estadio. —Bella asintió. Stuart sacudió la cabeza y no pudo evitar preguntar—. ¿Cómo saliste ilesa?
—Mi… —Aclaró su garganta, se sentía momentáneamente nerviosa—. Mi escolta me sacó del lugar, ehhh, el hombre que te abrió la puerta, él…él es mi escolta. —Stuart asintió.
—Fue una real tragedia lo que ocurrió allí. —Bella asintió de nuevo, pero se sentía un poco exasperada, no sabía que quería Stuart con ella y aquel accidente.
—Stuart —llamó intentando que la viera al rostro, el comisario levantó una de sus manos deteniéndola y tomó el resto de limonada que quedaba en su vaso, los cubitos de hielo ya casi derretidos hicieron ruido al chocar contra el vidrio.
—Terminamos de levantar los escombros hace unos días —continuó con voz baja—. Encontramos restos y los mandamos a analizar. —Las palmas de Bella traspiraban y sus oídos zumbaban.
Las palabras del comisario fueron lejanas.
—Realizamos las pruebas. —Bella parpadeaba sin césar—. Lo lamento mucho Bella, no encontramos parientes cercanos. Yo sé que eran amigos por eso vine a avisarte.
Bella se colocó de pie, esto no podía ser cierto, esto no podía estar pasando, respiró profundo sintiendo como su mente trabajaba a mil por hora.
Stuart se colocó de pie también, maldiciendo en su interior por tener que dar estas malas noticias, Bella se sacudió cuando vio la intención del comisario en tocarla.
—No —dijo separándose—. Él no está muerto.
—Bella.
—NO. —Su mente divagaba, sus ojos no estaban llorosos porque sabía que lo que decía el comisario era mentira—. Equivocaron las pruebas —dijo enfocándolo—. Jake no está… ¡No! —gritó y empezó a desesperarse, las palabras se le atropellaban en los labios.
—Niña, por favor, sé que es difícil, pero trata de escucharme ¿ok?
— ¡NO! —volvió a gritar.
Edward, que estaba en la cocina, se puso alerta en lo que escuchó el primer grito. Khloe no lo había escuchado y el escolta no quiso alterarla, se colocó de pie mientras el ama de llaves encendía la estufa a gas con el tac, tac, tac característico de la chispa de la hornilla para encender, Edward se acercó a la puerta.
Un sonoro "¡NO!" retumbó y sin decirle nada a Khloe salió a la sala sin ser invitado, en su cintura reposaba su arma, pero no la sacó, no había amenaza latente, pero necesitaba cerciorarse de que Bella se encontrara bien.
La escena en la sala era un tanto confusa, su jefa estaba de pie con cara incrédula, el comisario tenía las manos arriba, enseñándole sus palmas.
— ¡Edward! —gritó Bella al observarlo, el escolta se acercó con actitud alerta—. Tú lo viste ese día, dile que está equivocado, ¡dile!
— ¿Señorita? —preguntó incrédulo—. No estoy seguro de entenderla.
— ¡Jake! —gritó Bella llevándose las manos al cabello largo, se vio en la necesidad de aclarar su garganta tragando grueso—. Jacob, Jacob Black, el día… —Sentía que no podía respirar—. El día del accidente, del estadio.
Edward asintió despacio, Bella respiró profundo y se dejó caer en el sofá enterrando el rostro entre sus palmas.
— ¡Khloe! —llamó Edward. el ama de llaves al no verlo en la cocina había salido en su búsqueda, al escucharlo apresuró el paso, cuando entró en la sala ahogó un gritito de asombro, Edward le hizo señas, señalando con la cabeza a Bella, Khloe inmediatamente fue hacia su niña, sentándose a su lado, abrazándola por los hombros. Edward vio a la cara consternada del comisario y con un gesto le pidió que lo acompañara.
Salieron bajo el sol inclemente de la mañana, Edward cerró la puerta tras él y le preguntó al comisario que le dijera que estaba pasando.
Al escuchar la noticia, Edward no podía salir de su asombro. —Eso es imposible —dijo sacudiendo la cabeza, Bell…la, la señorita Swan me dijo que lo había visto el día del accidente. —Pasó las manos por la comisura de su boca recordando aquel día, el comisario volvió a pasar el pañuelo por su rostro intentando en vano quitarse el sudor.
—Me temo que no lo es, caballero —dijo Stuart—. Se encontró el cuerpo de Jacob Black bajo los escombros del estadio, yo mismo revisé las pruebas de laboratorio, no hay posibilidad de error.
Edward recordó cuando el toro salió desbocado, como los tres estaban en plena arena, siendo blancos en el camino del salvaje animal. Él estaba pendiente de salvar a Bella, de nadie más. Recordó como el amigo de su jefa salió corriendo en la dirección contraria y luego no supo más de él, hasta que Bella le pidió que por favor fuera a buscarlo, pero no tuvo éxito en aquella búsqueda.
Recordó que Bella le había dicho que Jacob la había encontrado en el estacionamiento, pero si eso era cierto, ¿cómo era que ahora estaba muerto?
—Hemos tratado de comunicarnos con la Srta. Hale —habló el comisario Harris, continuando con la exposición de los hechos que había preparado antes de ir a la hacienda. Edward parpadeó intentando seguirle la corriente—. Pudimos averiguar que salió del pueblo hace algunas semanas, está en Houston, al parecer con su familia. ¿La señorita sabrá algo?
Edward subió sus cejas mientras sacudía la cabeza. —No, no que yo sepa.
—Sé que estas noticias siempre son una patada en las tripas. —Lo banal de la frase sorprendió un poco a Edward—. Pero sé que la niña Bella era amiga de ese chico y de su novia. ¡Diablos! Ellos eran amigos del otro chico también. —Sacudió la cabeza, preocupado—. ¿Cuándo regresa Charlie? —preguntó pensando que la presencia del padre podía ayudar a la chica.
Edward sacudió la cabeza. —Esta tarde. Están volando. —El comisario chasqueó los dientes.
—Yo lo…lo lamento mucho, pero debo marcharme. —Edward asintió—. Ehh… —El escolta lo vio a los ojos—. Dígale a la niña que lo siento mucho. —Y sin esperar respuesta bajó los escalones. Edward se devolvió sobre sus pasos para encontrar sola sentada en el mismo mueble, caminó con cautela hacia ella y se sentó al frente en la mesita de madera del centro.
—Señorita —llamó con voz baja—. ¿Dónde está Khloe?
Bella se separó de sus manos, se notaba que había aguantado las ganas de llorar, respiró profundo pasando sus palmas por sus mejillas intentando despejarse. —Fue a buscarme un té, no sé, algún calmante, ¡no necesito un maldito calmante!
— ¿Qué necesita, señorita? —Bella lo vio con rabia.
— ¡Que dejen de verme así! ¡No estoy loca con un demonio! ¡Y Jacob no está muerto! —Respiró profundo viendo a los ojos injuzgables de Edward, su labio tembló y habló en voz baja—. ¿Tú lo vistes ese día verdad? —suplicó, Edward la vio a los ojos y negó despacio, Bella cerró sus ojos negándose a darse cuenta de la verdad.
—Usted me pidió que lo buscara pero no lo encontré, cuando regresé al auto me dijo que él la había alcanzado en el estacionamiento, pero nunca llegué a verlo… Yo tampoco creo que esté muerto señorita. —Bella alzó su mirada de inmediato. Edward se sentó más en el borde y sintió la necesidad de tomarla de las manos, pero en su defecto entrelazó sus dedos apoyando sus codos en sus rodillas—. Usted me dijo que lo había visto el día que salió sola, ¿recuerda? Cuando la fui a buscar con Nicole.
Bella sintió su labio temblar más, eso solo significaba una cosa y le daba terror aceptarla.
Se puso de pie violentamente y corrió a la puerta de salida, Edward la siguió muy de cerca. —Dame las llaves —dijo extendiendo su mano, dejando claro que se refería a la camioneta. Edward, como siempre, le hizo caso sin preguntar o mediar, metió la mano en su bolsillo y colocó la llave solitaria y negra en su mano, Bella caminó hasta la camioneta subiéndose de inmediato, Edward sin preguntar ni pedir permiso se subió al puesto del copiloto, estaba de servicio y la acompañaría así ella no quisiera, solo que Bella no puso objeción alguna.
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Estacionó donde lo había hecho semanas atrás, Edward se imaginó que irían al estadio, se bajó al momento que Bella lo hizo, no estaba solo, pero en ese momento a la chica no le importaba, necesitaba resolver ese asunto y necesitaba resolverlo ahora.
— ¡JACOB! —gritó llamando la atención de los trabajadores que estaban limpiando los escombros, ya no había personal forense en la zona—. ¡JACOB! —Edward se acercó al jefe de obra y le pidió que por favor dejaran sola a su jefa, el hombre sabiendo de quien se trataba la chica, le indicó a sus hombres que se retiraran.
—POR AMOR A DIOS ¡JAKE! —Bella gritaba sin importarle su entorno, Edward caminaba tras ella pidiéndole a los trabajadores que aún no habían salido, que se retiraran, pero todos eran más curiosos de lo normal.
Bella se estaba dando por vencida, se agachó frente a lo que supuestamente fueron las gradas y se mantuvo ahí con la cabeza sobre sus rodillas.
—Señorita —dijo Edward a los segundos agachándose frente a ella—. Será mejor que nos vayamos, no todos los obreros se marcharon, debemos ser discretos, no puedo protegerla si decide quedarse aquí, por favor. —Bella incorporó un poco el rostro y observó a su escolta, parecía una desquiciada gritando a la nada y él estaba aún ahí, sirviéndole y no juzgándola. Asintió, dándose cuenta de que estaba haciendo el ridículo y aceptó la mano que Edward le extendió para ayudarla a pararse.
Cuando lo tocó, una corriente helada le traspasó la piel. Bella apretó su agarre con fuerza y miedo, Edward se percató de inmediato. — ¿Qué sucede? —preguntó viendo a su alrededor en búsqueda de un posible peligro, Bella veía con ojos abrillantados a su frente, Edward siguió la mirada pero no encontró nada.
Y ahí estaba frente a ella, si se hubiera fijado con anterioridad, se habría dado cuenta que las dos veces que lo vio antes, llevaba la misma ropa que en la competencia, su sombrero parecía intacto, pero ahora se veía algo asustado.
Bella adelantó un paso, sin soltarse de su escolta, sintió su garganta cerrarse y sus ojos al fin llenarse.
Cuando hicieron contacto visual, él pareció entenderlo también.
— ¿Bella?... puedes verme. —Bella cerró sus ojos derrotada y se abrazó al brazo de su escolta, lo que veía era el espíritu de su amigo.
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— ¿Se encuentra bien? —preguntó el único de los obreros que se atrevió a acercárseles. Edward se giró dándole la espalda momentáneamente a Bella para indicarle al trabajador que no necesitaban nada.
Bella estaba sentada en la arena a medio limpiar del estadio, su pantalón lleno de tierra, con piernas cruzadas y con su rostro enterrado nuevamente en sus palmas, Edward vio como la piel de sus brazos se erizaba y como la recorría un ligero temblor. Pareciéndole increíble que pudiera sentir frío bajo el sol que lo quemaba, se quitó la chaqueta y con cuidado se la colocó sobre los hombros, Bella se encogió un poco y asintió agradecida apretando la tela contra su piel, se veía muy dolida, Edward tenía que sacarla de ahí pero no se atrevía a tocarla, podía alterarla y había costado mucho calmarla.
— ¿Señorita? ¿Bella? —Llamó por su nombre, ella negó estremeciéndose—. Tengo que sacarla de aquí, por favor —pidió con voz baja. Vio por encima de su cabeza y aunque se encontraban solos en la arena, los alrededores estaban llenos de los obreros y empezaba a llenarse de curiosos a los que le habían contado del ataque de histeria de la loca Swan.
Bella vio por entre sus palmas sus piernas cruzadas, giró un poco la cabeza a un lado y vio las botas de Jake, gimió llorando bajito de nuevo, alterando a su escolta.
—Bella. —Volvió a encogerse en lo que lo escuchó—. ¿Qué fue lo que pasó?
Bella respiró profundo, por más que se sintiera mal y nunca le gustara aquella locura de ayudarlos a todos, debía ayudarlo a él, era su amigo, el mejor amigo de David.
El recuerdo de David la hizo volver a estremecerse, tenía algunos días que no lo veía, pero no le había prestado atención al detalle porque Nana había tomado su lugar y eso era normal entre ellos tres.
Pero el único que pensaba que podía ayudarla era David, no había nadie más, ¿pero cómo hacía para comunicarle eso a Jake? ¿Cómo lo sacaba de ahí? ¿Cómo?
Levantó poco a poco el rostro, Edward se agachó de inmediato a su nivel, aliviado de que diera indicios de movimiento.
—Por favor —pidió en voz baja—. Déjeme sacarla de aquí. —Bella asintió entrecortadamente. Edward suspiró aliviado y tomándola por los codos la alzó. Bella trastabilló un poco y Edward la sostuvo por la cintura, pegándosela al pecho. Bella observó por encima de su hombro a Jake que la veía con ojos suplicantes, ella se fijó en la presencia de los terceros en la escena y se llenó de vergüenza, la habían visto en su peor faceta, pero no podía preocuparse por eso ahora, parpadeó controlando las ganas de gritar, de llorar y de alterarse y dijo en voz muy bajita: —Estacionamiento, ve a la camioneta por favor.
No sabía si Jacob podía hacer pero no le quedaba otra alternativa, si él no podía encontrarlos en el estacionamiento tendría que volver al estadio cuando no hubiera nadie que pudiera verla.
Afianzó su agarre en el escolta que inmediatamente se puso en marcha, protegiéndola con su cuerpo y sacándola de ahí, los obreros y chismosos abrieron paso para dejarles pasar, ninguno se atrevió a decirles algo o a siquiera reclamarles por haberles hecho parar las actividades, unos sentían pena por la chica trastocada y otros sentían miedo del mal encarado y bastante alto escolta.
— ¿Necesita ayuda para subirse a la camioneta? —Bella parpadeó viendo a su alrededor, no encontró a Jacob por ningún lado, cerró los ojos respirando profundo. Edward tomó eso como una negativa y la alzó por la cintura para poder sentarla, Bella se estremeció sacudiéndose del agarre, Edward inmediatamente retrocedió—. Lo siento —se disculpó. Bella lo vio a los ojos, se veían extraños, preocupados y considerados, sintió entonces sus mejillas arder, llenándose de vergüenza, ¿podía verse más patética con él?
—Lo siento —dijo sin saber muy bien de qué se disculpaba.
Edward exhaló un suspiro. —No tiene nada de que disculparse señorita. ¿Por qué no me dice a donde quiere ir? Puedo llevarla hasta que sienta que pueda regresar a casa.
Tronó sus dedos haciendo que Edward diera un estremecimiento de desagrado. —No sé —empezó—. Se supone que…
Una voz fría los interrumpió, aunque fue ella la única que escuchó.
—Bella. —Volteó de inmediato sintiendo sus ojos volver a llenarse, aún no podía creerlo.
—Jake —dijo sin poder evitarlo—. Lo siento tanto. —Edward volteó hacia donde ella veía y no había nadie, sabía que la chica era excéntrica y a veces hablaba sola, pero de ahí a entablar una conversación con la nada, era algo muy diferente.
—Señorita —llamó—. Ahí no hay nadie. —Bella sintió una lágrima rodar por su mejilla mientras veía a su amigo de frente y sentía el agarre de su escolta en el brazo, era una locura lo que estaba pensando, nunca antes lo había hecho. Su hermana creía que veía los muertos, pero nunca se lo había confirmado, nunca lo haría, no dejaría que su más íntimo y terrible secreto estuviera tan cerca de los oídos maliciosos de Charlotte, su madrastra no dudaría en encerrarla por siempre en una institución médica.
Pero ahora se sentía diferente, no podía perder la oportunidad de intentar hablar con Jake y algo le decía que podía confiar en su discreto escolta.
Dando un paso hacia su amigo, se plantó frente a él sin que Edward la soltara, estaba observando todo con demasiado asombro, no había manera de que pudiera ocultarlo o disimularlo.
—Jake —repitió ella aclarando su garganta—. No sé como puedo ayudarte, pero voy hacerlo. —Edward la observó con asombro, volteando varias veces de ella hacia donde miraba. Bella cerró sus ojos un segundo pidiéndole a Dios que Edward no la juzgara—. Pero no puedo hacerlo aquí, ¿Puedes…Puedes moverte?
Por su parte Jacob estaba en shock, hacía realmente muy poco había entendido que algo no estaba bien con él, sus recuerdos no eran nítidos y en ellos tan solo recordaba haber estado con Bella cuando se desató el desastre con el toro.
Había intentado ayudarla cuando había tenido la crisis nerviosa hacía unas horas, nada había resultado como pensaba, le había gritado a los hombres para que la socorrieran, le había gritado al escolta también, él mismo había intentado acercarse a Bella, pero nunca había podido sostenerla, simplemente su toque se desvanecía cuando se acercaba a ella.
Vio a su amiga temiendo lo peor, sintiendo un peso en su pecho.
— ¡Jake! —Volvió a repetir Bella llamando su atención—. ¿Puedes moverte? ¿Puedes ir a la hacienda?
Sin saber realmente si podía hacerlo o no, asintió despacio, Bella le sonrió tentativamente y volvió a decirle. —Ve a Los Cisnes, encuéntrame en las caballerizas, puedo ayudarte pero no aquí.
— ¿A…Ayudarme? —Bella sintió de nuevo el nudo en su garganta y asintió despacio. Jacob vio la cara estupefacta del escolta a su lado—. ¿Por qué te ve así?
Bella cerró sus ojos exponiéndose a ambos. —Porque no puede verte, solo yo puedo verte y oírte, Jake.
El moreno abrió sus ojos de golpe.
— ¿No? —Bella negó despacio—. Pero… si él no… ¿nadie? —su voz era cada vez mas asustada. Bella volvió a negar en respuesta, esta vez más lágrimas salieron de sus ojos.
— ¿Ya no estoy aquí? —No quería decir la palabra. Bella volvió a tragar.
—Ve a la casa por favor, tan solo ve, te voy a esperar. Ve donde Luke, Jake, tan solo ve.
Se volvió y se encontró de frente con el escolta que no salía de su asombro, Bella sacudió mínimamente la cabeza. —Por favor llévame a casa Edward.
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El camino fue en silencio, Bella tronaba cada vez que podía sus dedos, aunque estos no sonaran tan seguido como ella los apretaba. Edward no se fijó en el sonido porque se sentía demasiado confundido con todo aquello.
—Edward —llamó ella en voz baja—. No me veas como una loca por favor, no…no lo estoy.
—No creo que lo esté señorita, lamento si le hice pensar lo contrario.
—Es complicado, nunca lo he hablado con nadie.
Inmediatamente la interrumpió. —Y no tiene que hacerlo, yo debo trabajar, no preguntar.
Ambos habían perdido la cuenta de cuantas veces Edward había dicho esas mismas palabras, sin embargo las veces anteriores que las dijo, Bella no se había sentido en la necesidad de explicarse, habían sido sobresaltos inesperados o algunas palabras dichas aparentemente al viento, nunca había entablado una conversación con un tercero, que nadie más veía, frente a él.
Cuando el suelo de tierra hizo que fuera evidente la llegada a la hacienda, Bella le indicó que por favor la llevara a las caballerizas directamente, no quería pasar por la casa, ni cambiar la camioneta por el usual jeep que se usaban dentro de las tierras.
Edward estacionó lo más cercano que pudo de los establos y no la ayudó a bajarse porque Bella lo hizo sin esperarlo. Caminando mucho más decidida de lo que parecía en el estadio, Bella entró directo y con voz de mando envió a todos los trabajadores que se mantenían por ahí a que salieran y no regresaran hasta que se les informara. Como ella era la dueña, nadie cuestionó, el par de chicos que estaba alimentando a los caballos dejaron sus implementos huyendo de donde les había indicado la hija del patrón.
Bella respiró con un poco más de calma, le rezaba a Dios para que Jacob pudiera llegar, pensó en llamar a David, pero no estaba segura de que eso funcionara, le dio rabia consigo misma al ver que aunque tenía este don hacía más de dos años, no tenía idea de cómo funcionaba y de cómo utilizarlo.
Mientras pensaba todo aquello y trataba de tranquilizar su respiración, tomó el recipiente con el alimento de los caballos y pasó con paso acompasado a los comideros de cada uno de ellos, colocándoles comida a aquellos que no tenían.
Edward la observó con detenimiento, aún llevaba la chaqueta que le había puesto sobre los hombros en el estadio, le quedaba ridícula y grande, pero eso no le importaba, más allá de saber ¿cómo podía tener frío en ese clima tan caluroso?
Bella levantó el rostro un segundo, tropezándose con los ojos verdes de su escolta, inmediatamente bajó la mirada muerta de vergüenza.
—Lo siento —dijo él en voz baja—. Solo quería saber si necesitaba algo. —Bella negó con la cabeza mientras le colocaba comida a Juanita.
—Me voy a retirar entonces, avíseme si quiere que la venga a buscar una vez… —dudó un segundo—… una vez termine lo que vaya a hacer.
Bella respiró profundo, sintió que todo en su interior le gritaba que no lo hiciera, pero ignoró sus instintos y soltó de inmediato.
—Veo gente muerta, Edward.
El escolta dejó caer las llaves de su mano, sus ojos se abrieron de par en par, sus palabras se atascaron en su garganta.
Bella hizo un esfuerzo sobrehumano para ignorar su reacción y dejando el recipiente de comida en el suelo, acarició a Juanita con delicadeza, la yegua relinchó agradecida de su alimento.
—Cuando me ves hablando sola, en realidad no lo estoy. Con frecuencia veo a mi abuela Marie, Nana, como la llamaba de pequeña. El día que me llevaste a la farmacia y grité sin razón aparente, fue porque vi a un hombre que se fijó que solamente yo podía verlo, la familia que visitamos después era su familia, intenté ayudarlos con un seguro que les habían dejado.
No quiso mencionar a David, era demasiado personal y su historia era nada más de ellos dos.
Respiró profundo y sin levantar la mirada continuó: —El día del accidente vi a Jacob cuando ya estaba en el auto, por eso pensé que el comisario se equivocaba, no sé…no sé cómo manejar esto, soy…soy muy inexperta.
—No estoy loca —dijo con desespero sin voltearse aún, tomó de nuevo el recipiente de comida y se acercó al espacio de Luke, su caballo estaba alejado de la reja y ni siquiera cuando vio que de ella se trataba se acercó—. Solo no sé cómo controlarlo, no puedo aparentar no ver a alguien que nadie más ve, por eso me la paso encerrada, no salgo casi nunca de casa, simplemente no puedo.
Haciéndole soniditos a Luke, logró que el animal apenas se acercara a comer, acarició un poco su pelaje recordando que debía bañarlo y cepillarlo para hacerlo brillar de nuevo.
—Por Dios, di algo —pidió aún acariciando a Luke. Levantó la mirada al no obtener ninguna respuesta y al verlo asintió, soltó de nuevo el recipiente y dejó a Luke, que volvió a esconderse al no sentir la caricia de su dueña, Bella cerró los puños sintiendo una rabia insospechada rugir por salir de su pecho.
—Parece que me equivoqué contigo también, o quizás la equivocada soy yo, quizás sí estoy loca.
Edward parpadeó observándola y sintiendo la hiel en sus palabras, aclaró su garganta lo que hizo que ella se alterara más.
— ¡Perfecto! Mírame como un terrible adefesio, ¡aquí estoy! —Alzó sus manos—. ¡El freak del circo! ¡La chica endemoniada que ve espíritus! —La chaqueta cayó en el suelo dejándola en franela y jeans únicamente.
Edward adelantó un paso y dijo entre dientes apretados:
— ¡Quieres, por el amor de Dios, calmarte! —La educación fue olvidada, el trato de "señorita" pasó a un segundo plano. Bella estaba tan alterada que Edward no sabía qué contestarle sin faltarle el respeto.
— ¡No me calmo nada! —gritó Bella—. Fui una idiota en confiar en ti, no eres nada a como creí.
—Yo no he dicho nada de lo que crees que pienso. —Su voz fue suave, baja, pero se le notaba que no le creía ni media palabra—. Pero no puedes pedirme que te crea. No creo que estés loca. —Alzó sus manos al ver su reacción—. Simplemente esas cosas no pasan.
Bella sintió sus ojos escocer, su impulso había fallado, su genial y discreto escolta se había convertido en un fiasco, haciéndole ver que el miedo que siempre tuvo de contar su verdad era totalmente justificado, por supuesto que no le creía, nadie lo haría.
Lágrimas ácidas bajaron por su rostro. Sintiéndose traicionada, cerró los puños con fuerza y mencionó muy despacio y sin meditarlo la única defensa a su favor que encontró en su sistema, algo que pudiera defenderla de la mirada de lástima que observaba con tanta rabia de su escolta.
— ¿Quién es Andrea, Edward?
Las palabras de su protegida le cayeron como un balde de agua fría, sus manos traspiraron.
— ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dó…dónde?
Bella lo vio a los ojos.
— ¿Cómo puedo saber de ella si nunca la habías nombrado?
—Me estás jodiendo. —No había cabida para los modales y la educación, simplemente no existía ese espacio.
— ¿Quién es Andrea? —volvió a preguntar sin poder contenerse.
—No me jodas.
—La escuché la noche que me quedé en tu casa, ¿ahora crees que en verdad estoy loca? ¿Crees que es imposible de creer?
Edward se sostuvo de sus rodillas, Bella continuó sin verlo. —No sé quién es, no tengo idea, escuché su nombre en un susurro, después solo me decía palabras.
—Detente.
—Solo tres palabras.
— ¡Has silencio! —El grito fue potente y fuerte. Bella dio un respingo cerrando la boca, observó a Edward y su expresión la hizo sentir terrible, sacudió la cabeza.
—No me jodas tú —dijo en voz baja—. Y no te atrevas a mirarme como si fuera un maldito fenómeno, vivo con esto a diario, sin saber quién demonios es la gente que veo y fui lo suficientemente estúpida para creer que podía confiar en ti.
—Bella.
Edward sintió esta vez el escalofrío, Bella inmediatamente se giró enfrentando a Jacob.
A pesar de no saber como manejar el asunto, se sintió aliviada de no tener que ver la cara estupefacta de Edward. Se lamentó enormemente de haber abierto la boca, si bien no sabía manejar su don, era inaceptable que le soltara todo aquello a su escolta sin esperar reacción alguna, por lo que temblando como una barajita de los nervios y sintiéndose una cobarde por no enfrentar sus consecuencias, caminó hasta Jacob haciendo el mejor esfuerzo en no prestarle atención a Edward que parecía aún intentando recuperar el aliento.
