Roxas siempre se había considerado a si mismo una persona que adoraba a sus amigos, que daría la vida por ellos y que seguramente se aventuraría en cualquier odisea alocada que pudiese ocurrírsele a cualquiera de ellos, como en aquella película de comedia donde un grupo de amigos celebraban la despedida de soltero de uno de ellos en las mismísimas Vegas. Si, Roxas se consideraba esa clase de persona, que casi vivía por y para sus amigos, en las cosas buenas, muy buenas e insuperables como en las malas, muy malas y apocalípticas, por considerarlos lo más cercano que tenía a una familia. Sin embargo, había momentos en la vida diaria del rubio que era mejor no molestarlo con cosas que no tenían que ver directamente con él, y en aquel momento esa era una de esas veces.
Roxas pudo jurar que aquella noche, luego del incidente acarreado en la bolera, había dormido mejor que en toda su maldita vida. Para Roxas, y como para la mayoría de las personas, dormir suponía cerrar los ojos y desconectar el cerebro de la realidad para adentrarse en el mundo onírico que bien podías recordar o no al despertar dependiendo del impacto causado y que tan espabilada podría estar la conciencia dentro de aquel mundo alborotado y sin sentido pero a tus ojos totalmente coherente. Sin embargo, Roxas tenía un ligero matiz, y es que cada vez que se quedaba dormido siempre lo hacía con la sensación de que algo le pesaba el cerebro, el estomago y el pecho, como si no pudiera descansar del todo bien debido a que en esos lugares se habían instalado decenas de piedrecitas que rodaban, chocaban y se pinchaban en la carne con cada movimiento él hacia al dormir. Era algo que le pasaba desde niño y era algo que conformaba parte de lo que era su vida normal, por tanto nunca se sintió en la necesidad ni en la premura de recurrir a especialistas para que supieran decirle que hacer para dejar de sentirlo, estaba acostumbrado y tranquilo por ello no le molestaba, pese a las constantes insistencias de sus amigos porque se lo planteara, preocupados que aquel hecho pudiera tener algo que ver con algún trauma infantil acarreado por su vida anterior a ingresar en el orfanato. Roxas nunca les hizo caso en ese aspecto, las revisiones médicas que tuvo todos los años tanto en la primaria como la secundaria baja le aseguraban que era un chico completamente sano tanto de cuerpo como de mente.
Pero anoche justamente, por primera vez en su vida, había experimentado otro tipo de descanso que jamás había sentido; Un descanso completamente pleno, sin ninguna clase de perturbación o molestias que pudiera haberle ocasionado la sensación de presión o malestar con el que se despertaba todas las mañanas. Sin embargo, aquel acontecimiento tan insólito y disfrutable no pudo gozarlo todo cuanto hubiera deseado, apenas estaba siendo consciente en su cama de lo sosegado que estaba y dispuesto a continuar en aquel estado cuando de pronto ya tenía a Naminé abriendo la puerta de su habitación haciendo escándalo para apremiarlo a que se levantase. Aquella lianta rubia se había colado una vez más por el balcón para acceder a su piso y había ido a despertarlo de aquellas maneras ¿Y para qué? Para que fuera acompañarla al instituto para ir a recoger y poner en orden algunos papeles que necesitaba para matricularse en el nuevo instituto donde haría la secundaria alta.
Roxas en ese momento juró que iba a mandar al demonio la amistad y mataría a Naminé de la forma más lenta y dolorosa que se le ocurriera.
-¿Me quieres explicar, Naminé, por qué diablos me has tenido que sacar a patadas de la cama para que viniera acompañarte a buscar unos papeles que bien podrías haber ido con los demás mientras que ya dije que iba a dejar los estudios?
-Porque los demás se adelantaron muy temprano esta mañana para poner en orden los papeles, yo mientras tanto tuve que hacer unos recados.- mintió ella con la barbilla en alto y los brazos tras la espalda mientras era seguida por su amigo.
Naminé se regañó a si misma por estar todo el rato mintiéndoles a sus amigos. Si no había ido con Hayner, Olette y Pence a por los papeles fue porque ella había ocupado parte de su mañana haciendo uso de sus amistades y contactos para que le dieran permisos para tener acceso a ciertos lugares del instituto para obtener información. Anoche cuando se aseguró que Olette dormía se escabulló al baño a llamar por teléfono a Rinto, el muchacho la había dejado intrigada con aquella charla que según él debían tener. Su sorpresa fue mayúscula al comprobar que al igual que el resto de sus compañeros de instituto Rinto, y de paso su novia y sus amigos, recordaban todos haber visto a Sora convivir con ellos desde que eran pequeños y que siempre había estado con ellos como parte del grupo de amigos.
-Pero eso que dices no tiene ningún sentido, Rinto-kun-replicó Naminé en voz baja para no despertar a nadie.-Sora nunca ha ido al colegio con nosotros, nunca ha sido amigo nuestro. La primera vez que le hemos visto ha sido el día del festival escolar.
-Ya, eso es justo lo que Roxas me ha dicho y también me dijo que diríais cualquiera de vosotros.-susurró con un tono de voz exasperado, como si estuviera sufriendo algún tipo de dolor de cabeza.-Mira, Naminé, no entiendo nada de lo que está pasando aquí. Da igual que intente recordar algo distinto, en mi cabeza, en mis recuerdos Sora siempre ha estado con vosotros. En competiciones, en la hora del almuerzo de los recreos, haciendo deporte, deberes, estresándose por alguna mala nota, de excursión, nadando en la playa, y siempre ha estado con vosotros, sin embargo, desde que hablé con Roxas y me hizo pensar en la competición de Struggle del año pasado…es como si todo en mi cabeza se mezclara y nada tuviera sentido ¡¿Qué diablos es todo esto, Naminé?!-exclamó alterado el muchacho no entendiendo que eran todos esos recuerdos que tenían sentido y a la vez no.
-Rinto-kun…-murmuró Naminé preocupada por el chico.-¿Se lo has contado a Nana-chan?
-¡Ni en broma! ¡Pensaría que estoy loco!-se apresuró de decir.-Hasta yo estoy dudando de mi propia cordura…
-Escucha, Rinto-kun, nosotros tampoco sabemos que está pasando. Sora apareció de repente y desde entonces no ha dejado de perseguir a Roxas de una u otra manera. Pero que de repente todos penséis y recordéis cosas que nunca han sucedido es algo que no sabemos por qué pasa ni si se puede solucionar.
Naminé escuchó un resoplido de hastío al otro lado del teléfono, se imaginaba que el pobre muchacho estaba tan confundido y tan desconcertado como lo estaba ella y sus amigos por lo que decidió mantenerse en silencio a la espera a que él le preguntase algo más.
-Vale…¿Y qué podemos hacer…?-preguntó a continuación.
-Más bien…¿Qué puedes decirme tú de Sora?-preguntó Naminé y al escuchar un sonido por parte del otro que le indicaba que no entendía su pregunta aclaró;-Para mí, y los otros Sora es un completo desconocido, pero tú que tienes recuerdos de él de hace muchos años tienes que saber algo de él. No sé, de dónde es, dónde vive, cuál es su apellido, quiénes son sus padres algo que pueda decirnos quién es…
Naminé se quedó en silencio a la espera de que Rinto respondiera, pero se sorprendió al ver que no estaba recibiendo contestación alguna, de hecho si no fuera por los leves ruidos de fondo que podía escuchar habría jurado que la comunicación se había cortado. Esperó un poco más pensando que el chico necesitaría hacer memoria para darle esos datos, sin embargo por más que esperó las respuestas no le llegaban, ya nerviosa y con el entrecejo fruncido intentó saber que era lo que estaba ocurriendo al otro lado de la línea.
-¿Rinto-kun…?
-No lo sé.-escucharlo de nuevo hizo que Naminé sintiera un alivio inmediato pero al mismo tiempo al atenazó un sobresalto.–Estoy intentando recordarlo, pensar en ello, pero no me viene nada a la cabeza. Es Sora. Siempre ha sido Sora, no sé nada sobre su vida fuera del instituto, tampoco recuerdo que nadie le haya llamado por el apellido…
-¿Ni siquiera en clase?-cuestionó sorprendida.-¡Es imposible que en la secundaria baja los profesores le llamasen por el nombre de pila! ¡Eso no lo hacen con ningún alumno!
-.¡Lo sé, Naminé, sólo te digo lo que recuerdo, y lo que recuerdo es que todo el mundo siempre le ha llamado Sora, desde el colegio!
-Vale, vale…-claudicó la rubia viendo que aquello iba a ser mucho más complicado de lo que pensaba ¿Cómo rayos en un centro de educación nipón hubiera un alumno al que todo el mundo, incluidos los profesores, se le dirigiera siempre y únicamente por el nombre de pila? Era una falta de modales y corrección imposible de pasar por alto-¿No puedes decirme entonces nada sobre él…?
-No…no recuerdo que nunca nadie viniera a recogerlo del colegio cuando era un niño o si tomaba el bus escolar para volver a casa, sólo que cuando salíamos de clase se marchaba con vosotros. No sé quiénes pueden ser sus padres…tampoco sé donde vive o si tiene más amigos fuera de instituto…Sora es como Roxas en ese sentido.
-¿Cómo Roxas?-preguntó extrañada la rubia.
-Un raro en lo que a relacionarse con los demás y en lo que a su pasado se refiere.-respondió pasándose la mano por su pelirroja cabellera con frustración.-Ya sabes, Roxas es amigable pero nunca sale ni se junta con nadie más que no seas tú y vuestro grupo de amigos. Sora anda por una rama parecida, habla con todo el mundo, participa en cualquier competición, almuerza con cualquiera que se le acerque a su lado, es agradable y una muy grata compañía…pero nunca va él por su pie a relacionarse con otros, siempre son los demás los que tienen que acercase a él si quieren saber qué tal le va o algo así. Es más social que Roxas, eso no hay duda pero…
-¿Pero…?
-Sora nunca va con nadie por su cuenta, y cuando lo hace si o si tiene que estar Roxas involucrado, de una forma u otra. Aunque todos pensamos que siempre tenía eso que ver con que Sora buscaba algo más que amistad con Roxas.
Aquella información era algo que Naminé se esperaba de oír, pero escucharlo de la boca de Rinto le hizo sentir un escalofrío en la espina dorsal ¡Aquello era una completa locura!
-Vale, esto ya no se puede seguir tolerando…-siseó Naminé-Hay que encontrar respuestas de Sora ¡Ya!
-¿Y qué piensas hacer al respecto?-cuestionó Rinto.
-Escucha Rinto, cuando cuelgue el teléfono llamaré algunos amigos que tengo en el consejo estudiantil…ellos podrán ayudarnos…
Y así comenzó a trazar la rubia sus propios planes intentando averiguar algo que tuviera sentido en todo lo que estaba pasando. Ya no es sólo que un chico estuviera acosando a uno de sus mejores amigos, era que todo el mundo parecía haber sufrido un lavado de cerebro que les provocaba tener pensamientos y recuerdos totalmente falsos ¿eso como era posible? No quiso hacer saber a sus amigos lo que planeaba hacer, estaba segura que Sora iba a seguir rondándole a Roxas y si él quería ser partícipe de su plan aquel chico enloquecido iba a acabar enterándose tarde o temprano. No, lo mejor era hacer las cosas por su cuenta y averiguar lo que pudiera, si algo había aprendido de ser la hija de una reportera y de un redactor jefe de un periódico londinense era la importancia de la información y de los pequeños detalles para hallar la solución a cualquier enigma.
La rubia despertó de sus cavilaciones en cuanto escuchó a su amigo gruñir como si fuera una fiera hambrienta y malhumorada en el interior de una jaula.
-Vamos, Roxas, deja de gruñir como si fueras un ogro ¿tanto suplicio supone para ti acompañarme?-cuestionó la chica mirándolo mal.
-Estaba durmiendo y vienes tú y me tienes que despertar de esas formas ¿cómo quieres que no me enfade?-cuestionó enfurruñado el rubio rascándose tras la nuca.
-Creo que dormir nunca ha sido uno de tus pasatiempos favoritos.-replicó ella, sabedora de los malestares que siempre tenía Roxas cuando dormía.
-Ya. Pues lo creas o no, estaba durmiendo genial, y para una vez que lo consigo…
-¿En serio?-cuestionó la rubia prestándole atención ante aquel dato insólito.
-¡Roxas!-exclamó una voz en la lejanía.
Ambos se quedaron rígidos al escuchar esa voz que, para su lamento, ya estaban familiarizados con ella. Dirigieron sus ojos de forma pausada y robótica hacia las puertas del instituto, el cual no se percataron de que habían llegado, y se encontraron con un muy sonriente Sora que se acercaba a ellos con su característica aura infantil y feliz, mientras era observado por el grupo de Nana y los suyos, que al parecen estaban charlando de algunas cosas.
-¡Ohayo!-saludó con efusividad hacia el rubio ignorando olímpicamente a Naminé-¡Te veo con mucha mejor cara! ¿Ya estás mejor? ¡Menudo susto nos diste ayer!
-¿Y de quién es la culpa que me haya sentido mal…?-cuestionó Roxas mirándolo con un deje de rencor ¿cómo podía tener tanta cara de mostrarse así luego de lo que había pasado?
-¿Y quién fue el cabezón que se empeñó en demostrarme que no tenia control sobre él como para ignorar mi recomendación de que se fuera a casa porque estaba para el arrastre?-contraatacó Sora volviendo hacer aparecer aquel aire de vacilón que tanto le gustaba mostrarle al rubio. Aquella burla hizo que los nervios de Roxas se crisparan e hizo ademan de abalanzarse sobre él a darle de golpes.
-Roxas, quieto, no…-le detuvo la rubia sosteniéndole por la cintura.
-Eso, Roxas, estate quieto, no queremos llamar la atención ¿no?-cuestionó sonriente.
-¿Hasta cuando piensas seguir con todo esto...?-siseó Roxas con enfado contenido haciendo acopio de todo su autocontrol para no partirle la cara a ese engreído.
Pero Sora sólo siguió sonriéndole de forma amigable, como si siguiera dándole los buenos días y estuvieran teniendo una agradable conversación poniéndose al día de lo que habían hecho el fin de semana.
-Me alegro de verte con energía. Es estupendo que al fin hayas conseguido dormir bien ¿eh?-comentó como si nada el castaño.
-¿Al fin….? ¿Y tú cómo sabes…?-se extrañó Roxas sintiendo que había mas información escondida tras esa frase que la que dejaba caer.
-No eres el único que tiene algunos problemas cuando se duerme-lo dijo en un susurro mientras lo miraba con aquellos intensos ojos mostrando su brillante color azul claro, tan intenso que Roxas sintió la tentación de dar un paso atrás para alejarse de él.
-¡Suficiente!-exclamó Naminé rodeando el brazo de Roxas con los suyos para arrastrarlo con ella.-Deja en paz a Roxas, Sora, te estás pasando mucho con él.-y sin esperar a que le contestara con alguna borderia o amenaza, Naminé se apresuró en caminar al interior del instituto arrastrando a Roxas con ella.
Sora no les quitó la vista de encima si no hasta que los vio reunirse con el grupito de Nana y los observaba hablar con ellos.
-De verdad que me alegro mucho, Roxas, y gracias a ti por primera vez yo también he podido dormir mejor que nunca.-susurró el castaño sin dejar de mirar con un semblante tranquilo al lugar donde estaba el rubio. A continuación, sintiendo los brazos un poco entumecidos, los alzó hacia el cielo y se estiró poniendo una graciosa mueca para luego dejar salir un suspiro de satisfacción.
Entonces, cuando abrió los ojos un detalle que había en el cielo captó su total atención.
-Sora, todos nos vamos adentro ¿te vienes?-preguntó en la lejanía Nana al verlo que de pronto se había quedado absorto.
-Adelantaos.-indicó sin dejar de mirar aquel extraño fenómeno que le era tan familiar.-Debo ir a un sitio, enseguida vuelvo.
-¿Eh? ¡Sora!-llamó Nana viendo como el castaño se lanzaba a la carrera para ir a perderse en algún lugar-¿Qué bicho le ha picado?
Sora, por su lado, se metió sin pensárselo demasiado en varias callejones húmedos y malolientes, lugares que de normal frecuentan gente con malas pulgas que se esconden entre las sombras buscando esconderse del mundo o, por el contrario, emboscar a cualquier transeúnte incauto para robarle sus objetos de valor. No le preocupaban, si saliera alguien con malas intenciones, Sora estaba totalmente convencido de que podría reducirlo sin pestañear no había nadie en ese mundo que pudiera vencerle en una pelea. Haciendo gala de unos movimientos y una agilidad mayores que las que había estado mostrando en público, el castaño se subió a unos cubos de basura para poder alcanzar una tubería y trepar por ella a unas velocidades que sólo serian propias de un primate. No le preocupó el peligro de caerse y abrirse la cabeza, como tampoco mostraba miedo a las alturas ni tampoco parecía preocuparle que alguien pudiera verle y llamar a emergencias para que lo rescatara. No. Él siguió subiendo, rápido y sin dudar, hasta que llegó a lo más alto del edificio, donde de un sólo salto cayó de pie sobre las baldosas.
En aquellas alturas y con una buena visión de la ciudad, con la sensación del viento soplando con gentileza y poniendo en movimientos los picudos cabellos del ojiazul, se encaminó con lentitud por aquella azotea buscando aquello que había visto. No tuvo que buscar demasiado, pues cuando alzó la vista de nuevo hacia el cielo encontró aquello que había divisado a ras del suelo.
Justo ante él, mirándolo desde las alturas y que descendía lentamente hacia su posición, se encontraba una especie de muñeco de peluche con una forma que recordaba a un cerdito bípedo y que, además, tenía alitas de murciélago que eran ridículamente pequeñas a comparación de su cuerpo rechoncho e impensables de usar para alzar el vuelo, y una especie de pompón anaranjado que se mantenía unido a su cabeza a través de un hilo o una especie de alambre. Sora parpadeó al verlo, terminando de reconocer lo que ya había pensado antes.
-Mogu.-pronunció Sora cruzándose de brazos, no sintiéndose para nada impresionado de ver a tal extraña criatura rondando por ahí, pero si escamado de ver una cosa que llevaba entre lo que eran sus patitas. Una llama, viva y ardiente que flambeaba tranquila entre las manos de aquel peluche porcino-¿Qué es lo que estás haciendo aquí?
El peluche no dijo una sola palabra, tampoco se mostró ninguna alteración en su solemne rostro que mantenía ojos cerrados de forma permanente pero a modo de respuesta, movió una de sus patitas haciendo que una parte de la llama se moviera con ella, como si estuviera maleándola cual arcilla. Extendió la pata hacia delante y la llama, por si sola, hizo una ruta de fuego y calor comenzando a rodear el cuerpo del ojiazul, Sora cerró los ojos sintiendo aquel calor inofensivo envolverle poco a poco. El fuego siguió subiendo, rodeándole lentamente hasta que finalmente se detuvo a la altura del corazón, donde sin señal alguna se adentro en su interior.
Sora abrió los ojos en cuanto el fuego entró en su pecho en su totalidad y, rozando la zona con los dedos, miró al muñeco con una expresión preocupación.
-¿Volver?-cuestionó con un tono de protesta en su voz-Todavía no puedo regresar a casa, aún no he conseguido lo que he venido hacer aquí.
El peluche no dijo nada, pero volvió a tender la llama hacia el castaño y, igual que antes, el fuego envolvió su cuerpo reptando por él como una planta trepadora hasta volver a colarse en el interior de su pecho. Esta vez, Sora dejo escapar un suspiro en cuanto una nueva información llevo a través de aquel pequeño fragmento de fuego.
-"Rápido."-musitó con los ojos entrecerrados y la mano convertida en un puño sobre su pecho.-"No queda tiempo"-el peluche se quedó mirándolo, esperando alguna reacción por su parte.-¿No puedo estar aquí unos días más?-con una lentitud que a Sora se le hizo eterna, aquel ser negó con la cabeza-Tiene que ser hoy ¿verdad?-musitó viendo que esta vez el cerdito asentía. Sora maldijo para sí mismo, aquello trastocaba sus planes por completo-Maldita sea, esto no está saliendo como quería…
Mientras tanto, en el interior del instituto había bastante revuelo, más del que Roxas se hubiera esperado. Allá por donde mirase podía a ver a todos los alumnos correteando de aquí para allá, algunos con mucha prisa y otros haciendo el tonto por los pasillos, escuchaba los murmullos preocupados de unos y las risas de otros; incluso podía apreciar que algunos estaban del todos despreocupados como para poner a golpearse de forma amistosa sin importar que estuvieran haciendo tapón en medio del pasillo. Desde luego, aunque Roxas se sentía enfadado cuando se topaban con esa última situación, poco tenía que decir al respecto, de no sentirse tan irritado por su mal despertar y Hayner estuviera cerca, lo más seguro es que en esos momentos estaría haciendo exactamente lo mismo que esos muchachos.
-Parece que se han puesto todos de acuerdo para venir a formalizar los papeles…-comentó Roxas mirando a todos lados viendo algunas expresiones de alguno de sus compañeros que se encontraban apurados y con bastantes nervios.
-Es un trámite importante, Roxas, luego de poner en orden todo, dejaremos de ser oficialmente alumnos de este instituto y muchos de los que están aquí probablemente no puedan volver a verse, o al menos, tardarán mucho en volver a encontrarse-comentó Naminé de forma distraída mientras andaba toqueteando las teclas táctiles de su móvil, al parecer hablando con alguna de sus amigas.
Al escucharla, Roxas se puso más serio sintiéndose enfadado con ella pero arrepintiéndose de su sentir casi al instante. Si había algo que Roxas odiara más que nada era hablar del futuro porque si había algo que le aterrorizaba de todas las formas posibles eran los cambios; pensar en el futuro, en su futura vida adulta, le hacía pensar que posiblemente sus amigos no iban a estar tan presentes en ella como lo habían estado hasta ahora. Habían crecido todos juntos, fueron juntos al mismo colegio y al mismo instituto, jugaron siempre por el mismo parque y por las mismas calles. En verano todos iban a la heladería favorita de Olette porque allí servían una variedad de helados deliciosos donde se hartaban a comer; todas las navidades se pasaban el día en un parque de atracciones ambulante donde se montaban en varias atracciones y juegos de puntería antes de ir todos a una cena familiar; En San Valentín, Olette y Naminé se esforzaban por prepararles chocolates y bombones a todos y ellos, en el Día Blanco, les devolvían en buen gesto con algún obsequio que a las chicas les gustase; También hacían fiestas, salidas y comidas especiales durante los cumpleaños de cada uno, incluso se divertían haciendo yincanas. Y cosas del estilo podía seguir recitando hasta la saciedad, como si fueran una formula matemática; no existía el grupo de amigos si uno sólo se encontraba ausente.
Toda la vida de Roxas giraba en torno a sus amigos; para él, su vida carecía de sentido si ellos no estaban presentes. Se había acostumbrado demasiado a ellos, había acaparado siempre el tiempo con ellos, se había aislado del mundo para sólo estar con ellos y no era capaz de concebir una vida futura sin ellos. No era algo sano y Roxas lo sabía, lo había hablado con ellos hace tiempo, incluso tuvo varias consultas con un psicólogo infantil cuando estuvo viviendo en el orfanato cuyo diagnostico sólo pudo esclarecerle que tenia semejante dependencia emocional hacia sus amigos porque buscaba llenar un vacío existencial por la ausencia de familiares. Roxas no sabía que pensar al respecto pero tampoco lo pensó demasiado en su momento ni a futuro. En aquel entonces se sentía cómodo y feliz porque ahí los tenía, a sus amigos, pero empezó a desarrollar un pánico casi obsesivo hacia el futuro porque a medida que crecía iba comprendido que cuando fuera adulto de un modo u otro la relación con sus amigos iba a tener que cambiar. No necesariamente que su amistad fuera a terminarse o que fuera a perjudicarse pero sí que ya no sería lo que Roxas estaba tan acostumbrado a que fuera; una amistad donde todos eran como una familia, donde todos eran la prioridad de todos y nada más importaba.
Pero Roxas tuvo que contemplar la idea de que las vidas de sus amigos eran individuales e independientes entre ellos por muy unidos que estuvieran. Todos tenían un objetivo en la vida, todos estaban interesados en hacer algo en concreto, ninguno iba a estudiar la misma carrera universitaria que los otros, no iban a trabajar en las mismas cosas, no se moverían por los mismos ambientes, conocerían a más gente nueva que seguramente los demás no llegarían a conocer nunca, se enamorarían de personas distintas; por tanto todos tendrían vidas diferentes y su amistad, aunque perdurase, ya no iba a ser lo prioritario entre ellos.
Y aquello era algo que Roxas le aterraba más que a nada. Porque veía ante sus ojos como comenzaba la cuenta atrás de lo inevitable, que llegaría un momento en que vería a sus amigos teniendo una vida distinta a la suya tan distinta que no tuviera nada que ver con la que podrían llevar ellos y se imaginaba así mismo alzando la mano intentando alcanzarlos pero sintiéndolos más lejos que nunca a pesar de tenerlos al alcance de sus dedos.
-Oh, mira Roxas, ahí están los demás-señaló con voz alegre Naminé sin percatarse de los pensamientos que en esos momentos habían estado atormentando a su amigo, al menos, no lo había notado hasta que se giró a mirarlo y vio una sombría mirada en su expresión que enseguida despertó su preocupación-¿Roxas? ¿Estás bien?
Escuchar la voz de su amiga hizo a Roxas dar un pequeño respingo como si le hubieran vuelto a dar un brusco despertar.
-¿Ah? Si, si, perdona, es que tengo tanto sueño que me ido por un momento.-se excusó el rubio con una sonrisa avergonzada al mismo tiempo que se rascaba la nuca.
Pero Naminé, que lo conocía demasiado bien no se lo creyó, tal era su evidente desconfianza que su sola expresión había advertido a Roxas que su excusa no había dado resultado. La rubia dio un rápido repaso a lo que habían estado diciendo durante el trayecto para que produjeran aquel cambió de estado de su buen amigo y, como era de esperar, asoció que su cambio debía de venir del último comentario que ella misma había dicho. Pensando sus propias palabras recobró conciencia lo que Roxas pudo haber entendido de ello…
-¿De nuevo pensando que te vamos abandonar?-preguntó Naminé con el ceño fruncido y poniendo sus manos en las caderas haciendo que a Roxas se le erizara el vello a saberse descubierto.-Roxas, te lo hemos dichos muchas veces, que nos hagamos mayores no va hacer que dejemos de ser amigos.
Pero Roxas, que nunca terminaba de creerse del todo esas palabras dichas por cualquiera de sus amigos, la escrutó con su mirada que Naminé pudo interpretar que era una mezcla de inseguridad y nostalgia que le hacía encogerse el corazón.
-No tengo miedo de eso, Naminé, tengo miedo a que todo cambie demasiado.-confesó Roxas llegando incluso sintiéndose avergonzado de confesar algo así de nuevo.- Sé que ahora mismo, en este instante puedes jurarme cientos de veces que nada va a cambiar y que todos seguiremos amigos, incluso los demás pueden hacerme la misma promesa otras cientos de veces. Pero si hay alguien que sabe emplear la lógica y que es realista esa eres tú, Naminé ¿de verdad puedes volver hacerme este mismo juramento dentro de cinco o diez años?-la rubia quiso poder responderle pero la profunda incertidumbre que se hallaba en la mirada de su amigo la hizo encogerse en el sitio sintiéndose incapaz de encontrar las palabras adecuadas que pudieran despejar esas emociones de los ojos del rubio-Hemos aprendido que nada es para siempre, que las personas siempre están en constante cambio a lo largo de su vida. Una persona no tiene los mismos pensamientos, las mismas prioridades ni las mismas opiniones de niño que de adulto. Hemos aprendido que tenemos que pensar en nuestras vidas y lo que queremos en ellas; que es lo prioritario y que puede esperar…y me aterra pensar que llegará un momento en que cada uno de nosotros piense que los demás pueden esperar y den prioridad otros asuntos que no tienen nada que ver con los otros, y que ese "pueden esperar" se vaya alargando y alargando cada vez más hasta que nos acostumbremos a que los amigos pueden estar siempre ahí esperándonos cuando estemos desocupados pero que son lo secundario frente a lo que tenemos que priorizar en el día a día …¿puedes jurarme que eso no va a ocurrirnos?
Naminé, de nuevo, no se sintió capacitada de poder revocar sus palabras y decir algo que le brindara seguridad más que una promesa que no estaba segura de poder cumplir ¿Quién sabe qué sería de ella y sus amigos dentro de cinco o diez años? Roxas podía tener razón y que durante ese tiempo su relación cambiase, ya fuera para bien o para mal, y Naminé no se sentía convencida de prometerle nada en esos momento, a sus jóvenes e inexpertos dieciséis años en referente a lo que sería con treinta años…Para cualquier adolescente, el futuro era algo incierto, algo que debían explorar, algo que comenzar a vivir; podía causar entusiasmo, podía causar una incertidumbre aterradora, podía causar expectación. En fin, podía causar muchas cosas en cualquier chiquillo, pero Roxas era como un eterno niño solitario que deseaba poder detener de forma permanente el tiempo para estancarse en el mismo punto donde está convencido que su vida era plena y feliz. Naminé no le creía en absoluto. Roxas estaba tan aterrado de su propio futuro que no deseaba ningún cambio en su vida ya fuera para mejor o para peor. No quería experiencias de ningún tipo. No quería viajar. No tenía ninguna ambición. No había nada que le entusiasmase hacer cuando fuera mayor. Nunca se planteó hacer una carrera universitaria o al menos si había algo que le interesase estudiar. Tampoco mostraba ambición por tener un tipo de trabajo que le motivara a mejorar de forma personal. Tampoco había mencionado nunca la posibilidad de formar una familia propia cuando había carecido de una en su niñez. Ni siquiera tuvo ni contempló la idea de poder tener pareja.
Era como si Roxas viviera sólo por vivir, y esa vida consistía en estar sólo deseando que el tiempo se parase y viviendo en una constante vorágine de miedo e incertidumbre a sentirse desplazado en la vida de sus amigos, porque el rubio era completamente incapaz de forjar y hacer crecer otras relaciones personales que no fueran ellos.
-Roxas, lo siento, no sé qué decirte…-murmuró Naminé sintiéndose compungida al verse en esa situación donde no podía brindarle paz a su buen amigo.
-Lo sé, no te preocupes, ya me he acostumbrado a tener que lidiar conmigo mismo con esta clase de pensamientos. Ya sabes cómo soy-sonrió a pesar de todo intentando quitarle la tensión al asunto al ver la expresión de apuro de su amiga. Así que queriendo dar por zanjado el tema dijo bromeando;-¡Venga, vamos con los demás! Hayner tiene cara de no entender nada de lo que pone en sus papeles ¿vamos a ver si podemos hacer de traductores como nuestro fiel San Google?
Roxas no esperó a que su amiga le contestara y fue a trote hacia donde estaban los demás mientras Naminé lo contemplaba con preocupación. Con esta conversación, los ojos de la rubia viajaron donde su amiga Olette que de forma sorpresiva había sido abrazada por detrás por Roxas y la hizo girar sobre si misma entre risas. Empezaba a entender porque Olette estaba tan empeñada de hacer que Roxas se hiciera amigo del chiflado de Sora, era precisamente por esto.
La excesiva dependencia emocional de Roxas hacia ellos, el terror hacia los cambios y su incapacidad de establecer nuevas relaciones era un tema que había preocupado al grupo de amigos desde hacia al menos tres años cuando comenzaron a ser conscientes que tenían que comenzar a decidir qué era lo que querían hacer a futuro y les llamó la atención que Roxas rechazara cualquier idea que tuviera que ver con el futuro o, sin ir más lejos, el rechazo a conocer gente nueva. Olette por ello estaba obcecada en que Roxas aceptara a Sora como amigo y se mostraba ciega a las rarezas del castaño; Sora era probablemente de las escasas personas, sino el único, que tenía la suficiente paciencia y que era lo suficientemente pesado como para insistir e insistir pese a las borderias de Roxas para echarlo de su lado. Olette lo que quería era que Roxas supiera dar una oportunidad a gente fuera del grupo de amigos, fuera de la zona de confort de Roxas para que así fuera progresando de forma personal.
Y eso era un hecho, hasta Olette pensaba, o al menos lo pensaba de forma inconsciente, que era probable que su amistad pudiera sufrir cambios a medida que fueran hacerse mayores y quería asegurarse que, pasara lo que pasara, Roxas iba a poder apoyarse en otras personas. Estuvieran ellos a su lado o no.
-Pero hasta Olette se está pasando demasiado-suspiró con resignación Naminé al ver a su amiga reír alegremente con Roxas y los demás.-Entiendo lo que pretende hacer, pero que obvie tanto el comportamiento de Sora es demasiado excesivo.
Entonces en ese momento, sus ojos se cruzaron con los de Rinto, que pasaba por su lado junto a su novia y sus amigos para reunirse con otros chicos que se encontraban más adelante. El pelirrojo, con las manos en el interior de sus bolsillos y una cansada expresión en su rostro se quedó parado en el sitio para mirarla, hecho que hizo que Nana se detuviera abruptamente al sentir el parón mientras ella estaba agarrada de su brazo.
-¿Rinto? ¿Pasa algo?-se interesó Nana viendo la expresión de su chico al mirar a Naminé-¿Os pasa algo a vosotros dos?
-Perdona, Nana, pero hay una cosa de la que debo hablar con Naminé ¿te importaría esperarme junto a los demás?-le sonrió como pudo el pelirrojo ante su novia que, preocupada, asintió soltándose de su brazo.
-Si te enteras de algo, cuéntamelo-le cuchicheó la multicolor a Naminé por lo bajo cuando pasó por su lado. Rinto llevaba comportándose extraño desde la bolera y por alguna razón, el pelirrojo no había querido contarle que era lo que pasaba, y que ahora quisiera conversar con Naminé se le hacía sospechoso; Sobre todo porque Rinto había estado comportándose raro justo desde que tuvo esa conversación a solas con Roxas antes de entrar en la bolera ¿qué era lo que le habría dicho a su chico?
Naminé sin decir nada le asintió con la cabeza y, conforme con su respuesta, Nana caminó para dirigiéndose hacia donde estaba el resto del grupo y así interesarse por el estado de Roxas. Aunque imaginaba que todo estaba bien al ver la clara mejoría del rubio al verlo bromear y jugar con Olette.
La rubia, ya sintiéndose más confiada al ver alejarse a la multicolor, dirigió su mirada a los cansados ojos del pelirrojo que dejaba bastante claro que no había pasado buena noche. Lucía confuso y cansado y Naminé podía imaginarse que algo tenía que ver la conversación que tuvo con Roxas y con ella el día anterior.
-¿Cómo te encuentras?-se interesó por él apenada por su estado.
Rinto dio un resoplido de hastío.
-¿Cómo te parece a ti que estoy?-siseó enfadado el pelirrojo.-Lo siento, pero comprende que no ande con buen humor.
-Me hago cargo.-asintió Naminé sin reprocharle nada de su comportamiento a su compañero-¿Aún quieres ayudarme? Si no quieres puedes regresar con los demás, no me importa hacerlo sola.
Rinto parpadeó un par de veces sin variar su mirar, pero al final dio un suspiro y, rascándose la cabeza con leve exasperación miró a Naminé.
-No, prefiero acompañarte, a pesar de lo que pueda decir tengo claro que no quiero quedarme con esta duda…-dijo convencido de lo que decía. Naminé asintió conforme y comenzó a caminar por el lado opuesto hacia las escaleras.
Vigiló que los demás estuvieran lo suficientemente ocupados como para que no se percatasen que se marchaba con Rinto. Ambos debían dirigirse hacia la planta baja del instituto donde se encontraba el aula que servía de lugar de reunión para los del Consejo Estudiantil, luego de hablar con Rinto la otra noche había llamado a varias de sus amigas que formaban parte del consejo para pedirles algunos favores y que le facilitasen el acceso a las carpetas de los expedientes escolares del instituto. Si había algo que tenía que contener por ley información sobre Sora eso era su expediente escolar…
Aunque Naminé era consciente que aquello que iban a hacer rallaba lo ilegal y que había tenido que rogar de rodillas porque sus amigas del consejo la ayudaran a tener acceso a los expedientes cuando recibió la primera negativa de ellas; ninguna quería meterse en un lio semejante. Pero el efecto de Sora era como poco curioso pero al mismo tiempo efectivo, cuando Naminé ya estaba desesperada intentando convencerlas de que la ayudaran tuvo que rendirse a la presión que ejercían sobre ellas y les tuvo que contar que era lo que había estado sucediendo con Sora. El resultado fue sorprendente para Naminé, aunque quizá era algo que debería haberse esperado; al igual que había pasado con Rinto, las chicas con las que había hablado se mostraron desconcertadas y muy confusas al darse cuenta que la versión que les contaba con respecto al popular y querido Sora no coincidía con nada de lo que ellas podían recordar, menos aún cuando rememoraban los acontecimientos del festival del año pasado.
Ese desde luego fue el camino más fácil pero Naminé y Rinto eran conscientes que hacerles usar la memoria las chicas había causado que se encendiera la mecha y que era cuestión de minutos que el desconcierto se extendiera como la pólvora entre el resto de alumnos y profesores y faltaría tiempo a que todo comenzase a liarse…
Así que debían darse prisa antes de que se extendiera el chisme y se provocara la hecatombe.
-Exactamente ¿Qué estamos buscando?-cuestionó Rinto mientras se dirigían a la sala de reuniones del Consejo.
-El expediente escolar de Sora, ficha médica, sus calificaciones de este año…cualquier cosa que nos confirme algo de su presencia en el instituto-indicó Naminé abriendo la puerta del aula del consejo-Debemos darnos prisa, en cuanto todo el mundo se dé cuenta que algo raro pasa con Sora estoy segura que él comenzará hacer de las suyas.
-O…oye…pero ¿estás segura que puede hacer algo? Es decir ¡Estamos hablando de Sora! ¡Del bueno de Sora!-dijo Rinto entrando por la puerta detrás de ella.
-Rinto-lo llamó girándose para mirarlo con su expresión serena-Olvídate de todos esos recuerdos que tienes con respecto a él; Son todos falsos. Todos y cada uno de ellos. Tú mismo has podido comprobarlo al recordar el festival del año pasado.
-Pero…es que es demasiado difícil de creer. Puedo creerme que alguien se haga pasar por un alumno, que haya casos de acoso entre dos compañeros, que haya un mentiroso compulsivo pero…¡joder, Naminé! ¿Cómo se puede creer que un chaval pueda meternos estos recuerdos en la cabeza? ¡No tiene maldito sentido! Y no entiendo porque todos nosotros tenemos esos recuerdos mientras que tú y tus amigos no los tenéis.-dijo Rinto desesperado frotándose su cabellera con exasperación.
-Mira, no tengo ni idea de por qué está pasando eso. Tampoco sé porque nosotros no recordamos nada de eso y los demás sí. Sólo puedo decirte que estoy convencida de que es cosa de Sora y es porque quiere algo de Roxas aunque no sé exactamente qué es lo que quiere…
-¿De verdad quieres que te explique qué es lo que quiere?-preguntó sarcástico Rinto como si no se creyese de verdad que Naminé no supiera de las intenciones del castaño.
-¡No seas tonto!-exclamó ella sacudiendo la cabeza queriendo eliminar las imágenes que se habían formado en su mente ante la insinuación del pelirrojo.-Mira, he podido comprobar que Sora tiene mucha fuerza. Si de verdad las cosas fueran por el camino que están diciendo no necesitaría hacer lo que quiera que os haya hecho para lavaros el cerebro…haciéndolo a lo bruto habría conseguido lo que quería mucho antes y sin llamar tanto la atención.
-No estoy convencido de ello, habiéndonos lavado la cabeza también conseguía pasar desapercibido al hacernos confiar en él ¿no te parece?
Naminé supo que tenía razón de decir aquella posibilidad pero todo era tan extraño y tan enmarañado como para que las razones que podían mover a Sora de hacer lo que hace fueran tan simples como Rinto lo pintaba.
-Vamos a comenzar a buscar-insistió Naminé sin querer seguir perdiendo el tiempo en esa conversación y entrando al interior de la sala, que convenientemente se encontraba vacía.-Es cuestión de tiempo que se corra la voz, las chicas ya habrán publicado cosas por las redes sociales así que no tenemos mucho tiempo.
-Entiendo…-susurró entrando tras ella.-Se me hace extraño que este vacío a estas horas…
-Mis amigas se han hecho cargo para mantener al resto del consejo y los profesores lejos de aquí, aunque no te relajes demasiado, no van a poder contenerlos durante mucho rato-indicó mientras se sentaba frente al ordenador que se encontraba en un rincón del aula. Conforme lo hizo sacó una pequeña llave su bolsillo y se la lanzó hacia el pelirrojo-Toma, ocúpate de remover los ficheros a ver si encuentras algo relacionado con Sora.
-¿Y qué busco exactamente si se supone que todo debería estar informatizado?-cuestionó Rinto.
-Los ordenadores pueden hackearse así que no confío del todo en que los archivos digitales puedan contarnos todo lo que necesitamos puedo imaginar que Sora puede haber manipulado algo. Los profesores de todos modos siempre guardan en los ficheros papeles con las fichas de los alumnos. Busca lo que te he dicho, los papeles de la matricula, la ficha médica, sus calificaciones del último trimestre…yo haré lo mismo en el ordenador, a ver si tenemos suerte.
-Está bien…-asintió el pelirrojo yendo a ponerse a buscar por su lado, sin dejar de pensar que toda aquella extraña situación que rayaba lo paranormal era un absurdo como una casa de grande.
Mientras tanto, en mitad de los pasillos del instituto rodeados de una aglomeración de gente que no paraban de corretear, chillar y empujarse por ahí, Roxas se encontraba mirando algunos papeles de Hayner. El pobre acababa de recibir algunos papeles con una explicación técnica que no podía comprender y, antes de tener que pasar por la vergonzosa humillación de llamar a su señora madre para que lo ayudara, prefirió ver a ver si alguno de sus amigos queridos y adorados podía echarle una mano y ahorrarle el mal trago.
Por suerte, ahí estaba su fiel compañero de piso que había aparecido como caído del cielo para poder ayudarlo. Hayner lo había dejado durmiendo por la mañana pensando que aún necesitaba terminar de restablecerse luego de todo el cansancio que llevaba acumulando desde hace unos días, pero verlo aparecer por ahí, más fresco que una lechuga, le quitó todo susto que había podido tener el día anterior, así que…¿por qué no sacar provecho de la cabecita, ya sana, de su buen amigo del alma?
-¡Te he dicho que no! ¡Búscalo por San Google, señor y salvador de los vagos y perezosos!-exclamó Roxas hastiado intentando quitarse de encima a una lapa de nombre Hayner que se le había subido encima como si fuera un koala ante su negativa de ayudarlo.
-¡Se supone que somos amigos del alma! ¡¿Cómo narices tienes la cara de abandonarme ante el peligro?!
-¡¿De qué peligro me estás hablando?! ¡Yo tampoco entiendo una sola palabra de lo que pone en esos papeles ¡¿Cómo esperas que te ayude?! ¡Llama a tu madre de una vez o vete a buscar a un profesor, maldita sea!
-¡Ni harto de vino!-exclamó Hayner rechazando por completo la idea de llamar a su madre.-¡¿Acaso ya no recuerdas como se las gasta mi madre?! ¡Si se me ocurre llamarla capaz es de presentarse aquí y hacerme quedar como un idiota delante de todos!
-¡¿Y se puede saber por qué tengo que pagarlo yo?!-protestó Roxas aún intentando sacarse a su amigo de encima.
Olette, encantada de ver esa aura relajada entre sus amigos se dedicó a reírse del asunto junto a Pence, pero su diversión fue interrumpida en cuanto escuchó cuchicheos inentendibles cerca de ellos. Al mirar tras ella pudo apreciar a Nana, Shinobu y Touya hablando entre ellos como también pudo notas las miradas que echaban hacia su dirección y no precisamente de buen rollo. La castaña sonrió apenada y los saludó con la mano y un asentimiento con la cabeza, a lo que fue correspondida con una sonrisa circunstancial por su parte, salvo de Shinobu, que respondió al gesto con la mano sin maldad alguna. Desde luego, después del encontronazo del otro día las cosas habían estado caldeadas, sobre todo entre Hayner y Nana que por poco se peleaban en mitad de la casa de los rubios, ambos eran orgullosos y tendían demasiado a hacerse los dignos esperando a que fuera el otro quien cediera. Olette imaginó que el mal rollo entre ellos duraría una temporada…
Estuvo un rato mirando al grupito en cuestión hasta que sus ojos captaron a una persona que atrajo su interés. A lo lejos, casi a la otra punta del pasillo podía visualizar a Sora que caminaba con lentitud a lo que parecía ser su dirección. Contenta de verlo, Olette se fue a trote hacia su dirección y, esquivando a varios de sus compañeros y, con toda la confianza que sólo ella podía desprender se plantó frente a Sora recibiéndolo con una grata sonrisa.
-¡Hola, Sora ¿cómo estás?!-saludó entusiasmada de verlo.
-Buenos días a ti también. Que energía desde tan temprano, Olette-le sonrió Sora con su habitual buen humor.
-¿Tú estás bien?-se apresuró a preguntar haciendo que el moreno le viera parpadeante.-Ayer…te fuiste de repente sin avisar.
-Ah, es que pensé que no era buena idea quedarme-sonrió como si estuviera avergonzado de que Olette hubiera reparado en ese detalle.-Hayner parecía bastante enfadado y sinceramente no quería quedarme para que se acordara de que quería darme una paliza.
-No hablo de eso, Sora, hablo de si tú te encuentras bien.-insistió Olette acercándose más aún a Sora para mirarlo a los ojos mientras que el aludido, sorprendido por su repentina cercanía volvió a parpadear confuso.-A mi no me engañas, sé que te sentiste fatal cuando dejaste que Hayner se llevara a Roxas. Puede que creas que nadie se fijó en ti, pero yo sí que lo hice.
Sorprendido porque ella se hubiera fijado en él en ese momento, Sora sólo pudo sonreírle con gratitud al mismo tiempo que dejaba salir una risa apenada, como si de nuevo le avergonzase sentirse descubierto.
-Vaya, parece que mi capacidad para pasar desapercibido se está empezando a oxidar si ya no soy capaz de disimular en condiciones…-comentó medio riendo el castaño.
-Sora…por un momento estuviste muy hundido…-murmuró Olette-Mira, no soy como mis amigos, yo siempre he estado dispuesta a darte un voto de confianza porque me parece que de verdad quieres acercarte a Roxas con la mejor de las intenciones por eso me gustaría saber qué es lo que pasó para que acabara llegando a casa en ese estado.
Sora se quedó mirando el rostro de Olette por unos segundos, como si la estuviera evaluando para saber cuánto de lo que ella decía era verdadero y cuanto había de interés. Tras un escaneo rápido, sólo pudo encogerse de hombros mientras volvía a sonreírle con afabilidad ante su preocupación por él.
-Que Roxas es un cabezón, ni más ni menos, Olette. Esta tan empeñado en demostrarme que no estoy por encima de él que se ha descuidado a si mismo…
-Ya…es tal como dijo Nana…-murmuró Olette echando un vistazo a su rubio amigo, el cual seguía peleándose con Hayner para quitárselo de encima, el cual esta vez se le había agarrado a la pierna.
Sora siguió la trayectoria de los ojos de Olette y se permitió a si mismo contemplar a Roxas con expresión sosegada y una pizca de anhelo. Quería quedarse con esa imagen dentro de sus retinas, ansiando acapararla dentro de su mente porque estaba convencido que iba a tardar bastante tiempo en volver a ver al rubio con aquella expresión risueña.
-Parece que Roxas está mucho mejor.-comentó Sora sin poder evitar que un ligero titubeo atenazara su voz.
-Nada que una buena noche de descanso no pueda arreglar…-aseguró Olette mirando a Sora por el rabillo del ojo, y al ver que se disponía a avanzar, consciente de que tenía toda la intención de acercarse a sus amigos, se apresuró en cortarle el paso.-Sora, por favor, sólo te pido que no provoques mas malos entendidos. Si quieres que Roxas te dé una oportunidad no permitas que se siga llevando una mala imagen de ti o nunca podrás ser su amigo.
Sora se quedó observando el rostro suplicante de la castaña y con una sonrisa su mano morena cayó sobre la cabeza de la sorprendida Olette para revolverle los cabellos de manera afectuosa.
-Eres una buena chica, Olette.-sonrió amigable Sora antes de volver a caminar pasando por su lado.-Pero tranquila, a partir de ahora dejaré de causar problemas a tus amigos…
-¿Sora…?-susurró Olette al verle alejarse con paso lento pero seguro hacia el lugar que estaban sus amigos pero dentro de sí supo que algo no estaba bien. Notaba a Sora compungido, sentía una pena apenas perceptible pero presente tras esa sonrisa que había estado intentando mantener ante ella…
Aquello, por alguna razón, la hizo temblar.
-¡Venga, Hayner, déjalo ya!-protestó Roxas sacudiéndose el pie tratando que su lapa particular se soltara de una maldita vez.
-¡No pienso soltarte hasta que me ayudes con estos dichosos papeles!-exclamó Hayner con dignidad agarrándose como un necio a él.
-¡Que te he dicho que si tú no los entiendes, yo menos, pesado! ¡Haz el favor de llamar a tu madre, ya estás quedándote en ridículo frente a todos tú solo!
-Roxas.-se escuchó la voz de Sora justo a espaldas del rubio.
Roxas igual que si tuviera un resorte, se apartó enseguida de la procedencia de esa voz de un solo salto antes de voltearse y encararlo.
-¡¿Tú de nuevo?!-exclamó Roxas a la defensiva.
-¡Eeeeh! ¡¿Qué narices haces aquí?!-exclamó enfadado Hayner levantándose de un salto de donde estaba para enfrentar a Sora y en posición de colocar a Roxas tras él si fuera necesario.
Pero como de costumbre, Sora ignoró olímpicamente a Hayner y su actitud mientras sus ojos, ahora tranquilos y serenos, se clavaron en los expectantes de Roxas, el cual ya se esperaba alguna burla o ataque verbal en su contra.
-Voy a contártelo.-dijo Sora con una sonrisa.
-¿Perdona…?-cuestionó Roxas confuso arqueando una ceja en desconfianza.
-Quieres saber quién soy y de dónde vengo ¿verdad?-preguntó a su vez el moreno alzando la mano hacia Roxas en un claro acto que demostraba que quería que la tomara.-Pues si quieres saberlo, ven conmigo.
En ese mismo instante, ajenos al momento de tensión que se había generado hace apenas unos instantes, Rinto y Naminé se encontraban enfrascados entre papeles y varias ventanas del ordenador abiertas y revisadas casi al mismo tiempo. Lo que estaban viendo entre todos los papeles y archivos informáticos no cabía dentro de lo habrían esperado.
-Esto tiene que ser una maldita broma…-siseó Rinto enfadado sintiéndose estafado y engañado.-¡Una maldita broma de mal gusto!
-Tiene gracia, pero yo sí que me esperaba algo parecido.-gruñó la rubia por lo bajo mientras metía por una entrada usb su pendrive para ir colocando ahí dentro los archivos relevantes.
-¡Maldita sea!-exclamó Rinto golpeando el suelo con su puño-¡Nos ha tomado el pelo a todo! ¡A todos y cada uno de nosotros!
-Eso es algo que ya sospechábamos…-murmuró Naminé girando la silla para mirarlo mientras se completaba el traspase.-Pero lo que seguimos sin saber es como lo ha hecho. ¿Cómo ha podido implantar recuerdos falsos a todo el mundo en un instante? Él dijo que practicaba magia desde niño, si eso es verdad ¿acaso ha hecho una especie de hipnosis?
-¡¿Acaso importa eso?!-se levantó el pelirrojo del sitio para encararla pero al ver como lo miraba se ofuscó y sacudiendo la cabeza prosiguió-Joder, Naminé, lo sé, sé que ese es un dato importante pero…¡maldita sea, entiéndeme! Acabo de verificar que un tío del que conozco de toda la vida resulta ser un extraño ¿cómo crees que me siento? ¿Cómo crees que sienta saber que alguien que ha compartido clases, almuerzos, competiciones y celebraciones resulta que nunca ha existido y que todo eso es mentira?
-Este no es el momento de perder los nervios, Rinto.-se levantó la rubia del sitio para tomar al pelirrojo de los hombros y zarandearlo para que de esa forma restaurara la calma.-Si, él es un mentiroso, un impostor y todo lo que tú quieras pero está tras un compañero nuestro que sí que es muy real, que sí que ha estado ahí siempre, y que sí que puede hacerle daño.
Consciente de que Naminé tenía razón, Rinto apretó tanto los ojos como los dientes con rabia intentando recuperar el control sobre sí mismo. Respiró profundamente un par de veces y el rostro de Nana cruzó por su cabeza, encontrando en su imagen la calma que tanto le costaba recuperar. Sin embargo, cayendo en la cuenta de algo importante, abrió los ojos con mesura y se enfocó en la rubia frente a él.
-¡Nana!-exclamó espantado.-¡Naminé! He dejado a Nana y a los otros con Roxas y los demás…¡¿y si Sora hace alguna tontería?! ¡Cómo se le ocurra ponerle la mano encima a mi novia le voy a…!
-Relájate.-volvió a zarandearlo.-Sora tiene muy bien aprendido su papel a representar ante los demás; hacerle ver a todos que es un chico bueno, divertido y popular. No se le ocurrirá hacer nada que llame la atención de mala manera ante los demás.
Encontrándole la razón en ese punto, Rinto se permitió dar un suspiro de alivio.
-¿Y qué hacemos ahora entonces?-preguntó entonces sintiéndose menos tenso ante aquella reflexión.
-Hacer lo que Sora no se espera; Exponerlo.-indicó volviendo a sentarse en el ordenador y metiéndose en algunas páginas y escribiendo algo en ellas.
-¿Exponerlo?-cuestionó acercándose a ella para ver que estaba haciendo.-¿Crees que es una buena idea?
-Sora cree que puede actuar a sus anchas porque ninguno nos atrevíamos hacer público las cosas raras que ha hecho; no teníamos ninguna prueba que lo demostrara. Teníamos nosotros todas las papeletas para que nos tomaran por locos y fuéramos nosotros los malos.
-Pero si lo exponemos ¿No se volverá agresivo? ¿Y si hace daño a alguien…?-preguntó preocupado mirando el semblante de Naminé que al escucharlo dejó de teclear.
-No lo sé…-admitió ella mirándolo a los ojos.-No te voy a mentir, Rinto. No sé que puede salir de todo esto pero no tenemos muchas más opciones. Sora tiene el control de la situación porque todo el mundo piensa bien de él y nadie cree que pueda ser alguien malo. Tiene el control y está confiado por ello. Exponerlo ante todo el mundo le hará perder ese control que tiene y se quedará expuesto, y puede reaccionar de dos maneras; como un animal acorralado que atacará con todo lo que tiene para salir librado. O bien que esto lo vea venir y tenga un plan alternativo.
-Y debo inclinarme a pensar en la primera opción ¿verdad…?-murmuró Rinto.
-Esa sería la opción más valida…pero tratándose de Sora, con lo listo que es, puede salir el tiro por cualquier lado.-dijo la rubia terminando de teclear para empezar a cerrar las páginas y poder retirar el pendrive del conector.-Vamos arriba, tengo que ir donde Roxas.
Está bien. Roxas sabía que los últimos acontecimientos de su vida no habían sido precisamente los más normales del mundo. Y desde luego este caso tampoco era una excepción. La mano tendida frente a él, en una petición silenciosa a que la tomara para ser guiado hacia las respuestas de tantas preguntas que tenia, lo esperaba a que él accediera. Roxas miró al responsable de sus quebraderos de cabeza en los últimos tiempos con toda la desconfianza que podía demostrar en esos momentos y, sin dudarlo, lo miró a los ojos sin tomar la mano ajena.
-Yo contigo no voy a ningún sitio.-sentenció Roxas haciendo que su receptor parpadeara unos segundos como si su respuesta le hubiera confundido.
-¡Por supuesto que no vas a ir a ningún lado con él!-intervino Hayner colocándose justo frente a Roxas para cortar contacto visual entre ambos oji-azules.-Después de todas las movidas que nos has hecho pasar estás tú listo si te crees que voy a dejarte a solas con Roxas.
-Hayner, por favor, no te cebes con él-rogó Pence sintiéndose intimidado por el aura de tensión que empezaba a tener toda esta situación.-Sora ha venido de buen rollo, no hace ninguna falta que empieces a meterte con él.
-¡Maldita sea, Pence! ¡Ya está bien de defenderle, caray!-gritó Hayner encarándose con su amigo azabache ya harto de que defendiera al enemigo.
-¿Ya no quieres saber nada de mí, Roxas?-cuestionó Sora ladeando la cabeza como si de verdad estuviera confundido y, como de costumbre, ignorando al rubio mas alto.-No hay quien te entienda. Desde que nos hemos visto no has parado de insistirme en que te cuente sobre mí y, ahora que tienes la oportunidad de saberlo todo ¿te niegas? Eres muy raro…
-Aún quiero respuestas pero no me fio de ti en absoluto.-dijo Roxas asomándose desde la espalda de Hayner el cual no parecía tener ninguna intención de moverse del sitio.-Lo que sea que tengas que contarme hazlo aquí y delante de mis amigos.
-Lo siento pero eso no puedo hacerlo.-negó con la cabeza Sora.-Si hay alguien a quien quiero contarle sobre mi es a ti, Roxas, tus amiguitos me dan lo mismo.
-¡Encima!-exclamó ofendido Hayner alzando el brazo para darle un puñetazo.
-Piensa bien que es lo que vas hacer, Hayner.-advirtió Sora mirándolo con una seriedad que hizo que el rubio se quedara paralizado de la tensión.-Te he demostrado lo fuerte y rápido que soy, sabes que antes de que bajes ese puño yo ya te habré noqueado y sinceramente preferiría ahorrarme una escenita frente a todo el mundo.
Hayner, sintiendo todo el peso de aquella mirada, le tembló puño y supo que no tenía ninguna posibilidad en una pelea frente a ese tipo. Roxas, dándose cuenta de la situación, decidió intervenir.
-¡¿Ya estás amenazando otra vez?!-intervino Roxas usando su brazo a modo de barrera para impedir cualquier acercamiento entre su amigo y aquel loco.
-No le he amenazado; le he advertido.-corrigió Sora-Yo no empiezo las peleas, Roxas, pero si tu amiguito insiste en querer golpearme ¿qué quieres que haga? ¿Qué me deje? Lo siento, eso no va conmigo. Si me pone la mano encima, se la devolveré.
-Chicos, creo que no hace ninguna falta que nadie pegue a nadie ¿entendido?-intervino Pence viendo que aquello empezaba a ir demasiado lejos.-En serio, si hay alguna amenaza o amago de golpear yo mismo avisaré a los profesores ¿de acuerdo? Basta de malos rollos.
-¡Díselo a él!-protestó Hayner.
-Os lo digo a todos-exclamó el azabache.-Nada de violencia aquí dentro, luego, si tantas ganas tenéis de zurraros lo hacéis en la calle como hacen los macarras pero aquí dentro no. No es momento ni lugar.
Con el ambiente caldeado, cada uno de los presentes guardó unos segundos de silencio dedicándose a mirar a los ojos a los otros mientras reunían de nuevo la calma perdida.
-Tienes dos opciones-habló Sora rompiendo el silencio haciendo que Roxas lo mirara de nuevo.-Puedes elegir no venir conmigo, quedarte para ti todas esas preguntas que tanto te atormentan sobre mi y seguir soportando mi supuesto acoso porque, eso sí, pienso seguir persiguiéndote hasta conseguir lo que quiero-aclaró ganándose una mirada molesta por parte de los otros-…o puedes venir conmigo, decirte todo lo que quieras saber y entonces ya luego tomas tú tu propia decisión. No es mal trato ¿no te parece?
Roxas, de nuevo, lo miró con desconfianza. Desde luego, el trato de Sora no era malo del todo pero no dejaba espacio a muchas opciones, si elegía no ir con él entonces se pasaría atormentándolo por hasta saber cuánto tiempo como había estado haciendo hasta ahora; lo cual no era precisamente una opción atractiva ni muy válida pero sólo dejaba la opción de ceder ante él y acompañarlo a un lugar alejado, donde seguramente sus amigos no pudieran verlo ni oírlo, y estaba convencido de que aquella opción tampoco era buena idea. No sabía cuanta verdad ni cuanta trampa había dentro del trato que Sora le proponía, y estar fuera del alcance de sus amigos para que pudieran ayudarlo en caso de apuro no le hacía ninguna gracia.
-Esto no me huele nada bien…-murmuró Roxas.
-¡Pues no aceptes!-gruñó Hayner desde atrás con Pence sosteniéndolo de uno de los brazos para que no hiciera ninguna tontería-Y si tienes que aceptar que sea con nuestras condiciones; que aquí el que nos lo ha hecho pasar mal ha sido él ¡No tenemos porque seguir sus normas!
Hayner tenía razón, pero a Roxas le daba que Sora tenía otros planes.
-¿Por qué no quieres que mis amigos estén presentes?-preguntó mirando a los ojos al moreno.
-Porque sólo me interesa hablar contigo, Roxas, como te he dicho, tus amigos me dan lo mismo, por eso no me interesa contarles mi vida personal a ellos.
-¿No se te ha ocurrido pensar que quizás cuando tú me lo cuentes vaya a contárselo a ellos?-cuestionó intentando hacerse el arrogante, aunque sin poder salirse mucho con la suya, estaba ante alguien el cual uno no podía hacerse el chulo.-Yo no tengo secretos con ninguno de ellos.
-Y no dudo de ello…-asintió Sora sintiendo admiración por aquella muestra de confianza hacia los demás.-Pero a mí, a quien me interesa hacerle saber es a ti, Roxas, si luego quieres contárselo a tus amigos es cosa tuya.
-No lo entiendo...¿por qué ahora? ¿Por qué no cuanto te lo pregunté las otras veces?-cuestionó queriendo aclarar algo de toda esa confusión que tenia encima.
-Si quieres saberlo…ya sabes lo que tienes que hacer-le guiñó un ojo Sora volviendo a tender la mano hacia él para que la tomara.-Ven conmigo.
Roxas se quedó mirando la mano tendida de nuevo y dudó otra vez. Quería respuestas, quería saber qué es lo que les estaba ocurriendo a sus compañeros. Miró a Pence, a Hayner y a Olette, que se mantenía al margen de aquella confrontación sin intervenir ni opinar al respecto. Pence, en cambio, asintió animándolo a que acompañara al castaño a donde fuera para así aclarar cualquier malentendido mientras que Hayner, completamente en contra, miraba al moreno con rencor y trataba de sacudir la cabeza negándose a tan absurda idea.
Viendo como estaban las cosas y sintiéndose el centro de todas las miradas del instituto, Roxas cedió a la presión y alzó la mano para llevarla a tomar la de Sora, el cual lo esperaba con una sonrisa y unos ojos cada vez más brillantes.
-¡ALTO! ¡ESAS MANOS QUIETAS!-gritó a todo pulmón una voz femenina que dejó congelados en el sitio a todos los presentes, provocando que las manos de ambos oji-azules nunca llegaran a rozarse.
-¿Naminé?-preguntó sorprendido Roxas volteando a ver como si amiga corría hacia él seguida de un muy cabreado Rinto.
-¡Tsk!-chasqueó la lengua Sora con frustración ante la interrupción y al ver que la mano de Roxas se apartaba de la suya ante el sobresalto. Cuando alzó la mirada y conectó con la expresión de la rubia que se acercaba a trote supo que la cosa no iba a ir bien y, sin estar dispuesto a desperdiciar la oportunidad que aquélla le había arruinado, se apresuró en atrapar la muñeca del rubio entre sus dedos.
-¡¿Eh?! ¡¿Qué crees que estás haciendo?!-exclamó Roxas sorprendido por el aprisionamiento pero lejos de ser respondido sólo pudo sentir un tirón que le obligaba a ir tras el moreno en cuanto este tomó la dirección contraria para alejarse del lugar.-¡Oye! ¡¿Estás sordo?! ¡Suéltame ahora mismo!
-¡¿Eh?! ¿Qué es lo que está pasando?!-preguntó Nana sorprendida al ver el panorama y sentir como su novio llegaba junto a ella para obligarla apartarse de la escena.-¿Rinto? ¿Qué es lo que sucede?
-Mantente apartada de todo esto, Nana; Touya, haz lo mismo con Shinobu-advirtió el pelirrojo a su amigo azabache, el cual, preso de la confusión obedeció sin entender nada colocando a su asustada novia a su espalda.
-¡Eh! ¡Sora ¿Qué estás haciendo?!-gritó Olette sin entender nada de lo que estaba pasando ¿Por qué Sora estaba llevándose de esa forma a Roxas? ¿Por qué parecía que estuviera huyendo?
Enfurecido porque no estuviera haciéndole caso, Roxas clavó sus pies en el suelo para evitar seguir siendo arrastrado y, en cuanto vio que Sora se desequilibraba un poco por su frenada, aprovechó la oportunidad para pegar un tirón y así liberarse del agarre. Y lo consiguió. Su fuerza tuvo el suficiente efecto como para que su muñeca se escurriera de entre los dedos del moreno, mas sin embargo, poco le duró su libertad cuando Sora, en una rápida reacción, se apresuró en volver apresarlo de la muñeca y obligarlo de nuevo a caminar tras él a pasos apresurados.
-¡Hayner, Pence, pararle!-gritó Naminé desde lejos todavía corriendo hacia ellos.-¡No dejéis que se lleve a Roxas!
Pence, paralizado, miró a su amiga y a esos dos que se alejaban casi al trote y no supo qué hacer mientras que Hayner, que no necesitaba que se lo dijeran dos veces, salió a la carrera tras el moreno que iba avanzado a través de las zancadas sin dejar de tirar tras de sí al rubio. Al llegar donde ellos tomó a Roxas de la otra muñeca y dio un fuerte tirón hacia atrás provocando un abrupto parón en la huida del moreno que casi los hace caer a los tres al suelo.
-¡¿A dónde te creías que ibas con Roxas, jodido lunático?!-rugió Hayner.
-Hayner-gruñó Sora enfurecido sin tomarse la menor molestia de ocultar su enfado contra el rubio más alto.-Deja de meter las narices en todos lados.
-¡Quítame las manos de encima!-exigió Roxas impulsándose hacia atrás logrando de esa manera que el moreno finalmente lo soltara y, viendo las intenciones de Sora por volver atraparlo, se apresuró en retroceder varios pasos hacia atrás junto a su amigo sin perder de vista cualquier cosa que fuera hacer el moreno.
-Uf, ha ido por los pelos-jadeó aliviada Naminé deteniéndose al fin al ver a Roxas a buen recaudo.
-¡Naminé ¿Qué es lo que está pasando aquí?!-exigió saber Olette acercándose a su amiga.
-Sora se ha enfadado ¿Qué es lo que ha pasado ahora? Hasta hace un momento estaba bien-dijo extrañado Pence viendo la mirada enfurecida que Sora le dedicaba a Hayner.
Naminé, dispuesta acabar con toda aquella pantomima del chico bueno que se traía Sora entre manos, adelantó un paso para abrazar a Roxas por uno de sus brazos señalando al moreno con el dedo y, alzando la voz para que todos la oyeran dijo;
-¡Escuchadme todos! ¡Este chico de aquí es un maldito impostor!
Los murmullos y cuchicheos no tardaron en escucharse por todo el pasillo del instituto.
-¿Un impostor?-cuestionó uno de los presentes.
-¿Qué quiere decir con eso?-dijo otro ladeando la cabeza sin entender.
-Puede que sea alguna clase de broma…
-¡No es ninguna broma, chicos! ¡Sora es un impostor!-volvió a gritar la rubia señalando de nueva cuenta a Sora, el cual esta vez dirigía su seria mirada a ella.-Escuchadme, este chico, Sora, no es quien dice ser. La verdad es que en realidad nadie de los que estamos aquí sabe quién es.
-¿Pero que está diciendo?
-¡Oh, vamos ¿Qué es lo que se ha tomado esta?!
-Había oído que su relación con Sora se había deteriorado en los últimos tiempos pero ¿esto?
-¡Escuchadme! ¡Lo que dice Naminé es verdad!-intervino Rinto para defender a la rubia.-Yo, al igual que todos vosotros veo a Sora y se me ocurren mil y una ocasiones en los que le he visto y he tratado con él pero es todo una mentira ¡este chico no ha existido en nuestras vidas hasta hace unos días!
-Rinto pero ¿qué estás diciendo?-exclamó sorprendida Nana mientras nuevos murmullos de desconcierto inundaban la estancia.
-Tío ¿te has vuelto loco?-cuestionó Touya incrédulo por la acusación tan grave de su mejor amigo.-¿Sabes lo que estás diciendo?
-No sabéis tú bien, Touya, como me gustaría estar equivocado. Pero las pruebas hablan por sí solas.
-¿Pruebas? ¿De qué pruebas estás hablando?-quiso saber el azabache.
-Según todos, Sora ha estado en este instituto todo el tiempo ¿verdad? Es más, los que han ido a la primaria conmigo y mis amigos también le recordaran de esa época ¿cierto?-cuestionó Naminé mirando alrededor suyo recibiendo unos cuantos asentimientos con la cabeza y varios "sies" generales.-¡Pues es todo mentira! ¡Sora jamás ha venido al colegio con nosotros y nunca ha pisado este instituto hasta el día del festival escolar!
-Naminé, creo que ya te estás pasando ¿no te parece?-quiso intervenir Nana en defensa de Sora.-Y Rinto ¿cómo te prestas a algo así? Eres el primero en reprochar esta conducta hacia Sora. Todos aquí sabemos que a Sora le gusta Roxas y que lleva mucho tiempo detrás de él pero desde que empezó a dejarlo claro le habéis estado tratando como si tuviera la peste ¿pero qué clase de amigos sois?
-¡Nana, por favor, no lo entiendes!-exclamó Rinto tomándola del brazo para que no se pusiera demasiado efusiva, la conocía y sabia que si ella creía que se cometía una injusticia delante de su cara sacaría uñas y dientes para defender al perjudicado que, en este caso, era Sora.
-Chicos, todo esto es un error-dijo Pence sintiéndose agobiado ante las miradas de todos, aquello no pintaba bien.-Es cierto que la relación con Sora no es la mejor que hemos estado llevando pero Naminé está en lo cierto; Sora nunca ha estado con nosotros en la escuela primaria y no le conocíamos hasta hace algunos días. Los que estabais diciendo que era amigo nuestro fuisteis vosotros ¿a que si, Olette?
La aludida, confundida por todo lo que estaba ocurriendo, dirigió su mirada hacia Sora buscando alguna forma de que le asegurara que aquello no era algo importante, que todo aquello no estaba pasando con la gravedad con la que la estaban pintando Naminé y Rinto. Pero Sora no se dignó a mirarla, estaba demasiado atento a lo que estaba diciendo Naminé y a matarla con la mirada como para prestarle atención a ella.
-S…si…es cierto…-asintió ella haciendo que una nueva serie de murmullos y comentarios fluyeran alrededor, se sintió mal por todo lo que estaba sucediendo pero también sabía que aquello no era otra cosa que la verdad. Sora podía caerle bien pero cierto era que no tuvieron ninguna clase de relación con él hasta hace unos pocos días y que tampoco podía explicar porque sus compañeros sí que podían recordarlo como si hubiera estado siempre por ahí.
-Escuchadme, sólo tenéis que recordar los resultados de Struggle del festival del año pasado.-alzó Naminé la voz para que de nuevo todos se centraran en lo que ella decía-¿A que todos recordáis que fue Sora quien lo gano?
Otro gran coro general de "sies" inundó la sala.
-¡Y una mierda!-rugió Hayner ante todos sobresaltados por su abrupta intervención.-¡El Struggle del año pasado lo gané yo! ¡Roxas se resbaló justo al final y yo lo golpeé mientras estaba en el suelo!
-¡Eso es cierto!-dijo Roxas.-De hecho, Hayner tiene todavía en casa la cinta y el diploma con su nombre que le dio la Kaichou de ese entonces.
-Pero eso es una locura ¡todos vimos que fue Sora quien te venció, Roxas!-insistió uno de los chavales que se encontraba entre la multitud.
-¿En serio? ¿Estáis todos totalmente seguros?-cuestionó Naminé ganándose una dubitativa mirada general, y por primera vez, la gente parecía no estar muy segura de que responder.
-El año pasado…-volvió a intervenir Rinto dejando tras de sí a su novia, que no dejaba de mirarlo incrédula.-…no teníamos el panel de jugadores que hemos tenido este año. En aquel entonces teníamos que anotar a mano el nombre todos los participantes e ir escribiendo o tachando quienes ganaban y quienes iban quedando eliminados de la competición. El año pasado los encargados de eso fuimos Shinobu y yo y…maldita sea…yo al igual que vosotros sigo recordando, incluso ahora, que fue Sora el que venció a Roxas en la competición pero también recuerdo bien que era lo que estaba anotando en ese momento ¡y puedo aseguraros que en esa lista no aparecía el nombre de Sora! Y tampoco puedo recordar que Hayner hubiera sido eliminado del juego. Es como si de pronto todo fuera un revoltijo sin sentido donde nada coincide.
-Shinobu ¿eso es cierto?-preguntó Touya a su novia que se mantenía escondida tras él.
La tímida muchacha, se puso nerviosa ante la mirada de su chico y la expectación de los demás y apartó la mirada. Mas sin embargo, cuando su cabeza se puso a rememorar aquella tarde que se la había pasado junto a Rinto enfrascada en papeles y papeles de apuntes del evento del Struggle sintió una fuerte descarga eléctrica dentro de su cabeza al darse cuenta que los recuerdos que tenia de lo que había apuntado en esos papeles no concordaban con lo que ella recordaba del evento en sí.
-C…Creo…-titubeó temblorosa ante la intensidad de aquella descarga en su cabeza.
-¿Shinobu…?-murmuró Touya preocupado al verla sostenerse la cabeza con una de sus manos.
-C…Creo que Rinto-kun…tiene razón…ahora que lo ha mencionado yo tampoco recuerdo que en las listas apareciera el nombre de Sora ni tampoco que Hayner hubiera sido eliminado del juego…
Entonces, como si se hubiera tratado de una señal, los móviles de todos los que se encontraban presentes comenzaron a sonar con sus diferentes politonos anunciándoles a sus propietarios que habían recibido un mensaje.
-Hemos estado hace un momento en el aula del Consejo Estudiantil y hemos tenido que estar husmeando en los archivos del instituto para encontrar algún dato que nos dijera que de verdad Sora ha estado siempre estudiando aquí ¿y a que no lo adivináis?-siseó Naminé evitando mirar la intimidadora mirada del castaño.-¡No hay nada! No hay ni un sólo dato que diga ni siquiera la identidad de Sora.
-Pero…¿y todas estas fotos?-preguntó una del grupo de alumnos viendo que ella y todos los demás habían recibido un archivo de imágenes cuyo contenido eran fotografías del propio instituto de hacia un año.
-Son las fotos del festival del año pasado y de las excursiones que hemos realizado con el instituto, algunas son oficiales de la web del instituto y otras son las que subisteis algunos de vosotros a internet. Os las hemos hecho llegar a través de las redes sociales con el ordenador de la sala del Consejo.-anunció Rinto por su lado.-En todas las fotos aparecen en algún momento Hayner y Roxas en sus competiciones y algunas peleas ¿alguno es capaz de ver a Sora presente en alguna de ellas, aunque fuera de fondo o entre el público?
Movidos por lo extraño y misterioso que todo sonaba, todos comenzaron a revisar dichas fotos una por una, incluso algunos, más escépticos decidieron revisar los que ellos mismos subieron a las redes sociales en su momento para evitar que fueran engañados con algún fotomontaje. El desconcierto general comenzó a retumbar por las paredes del pasillo cuando poco a poco todos comenzaron a lanzar miradas de susto en dirección a Sora mientras cientos de recuerdos confusos y revueltos comenzaban aparecer por sus cabezas. Sora, el chico que siempre estaba sonriendo y divirtiéndose con todo el mundo, que siempre bromeaba y que siempre perseguía a Roxas con pretensiones románticas y desvergonzadas, de repente era un completo extraño.
Sora, se quedó mirando por el rabillo del ojo a su alrededor, dándose cuenta que los que se encontraban cerca de él comenzaron a retroceder con expresión de susto y desconcierto en una clara reacción de protegerse de algo que resultaba ser una amenaza. Los comentarios y cuchicheos no se hicieron esperar, hablándose con ademanes nerviosos entre ellos mientras seguían mirando sus teléfonos no dando crédito a lo que estaban viendo, incluso alguno comenzando a comentar cosas por redes sociales.
-Me parece que te han pillado, amigo-se burló Roxas sintiéndose por primera vez vencedor en aquel pulso contra Sora, el cual lo miró con gesto de hastío.
-Ya deja todo el teatro, Sora, te hemos atrapado-exclamó Naminé.
-Veamos cuanto tardan los profesores en dar parte de todo esto…-comentó divertido Hayner al ver por el rabillo del ojo como algunos profesores intentaban hacerse paso entre tanto gentío para averiguar de primera mano lo que pasaba, mientras que algunos alumnos ya comenzaban a hacer algunas llamadas para extender el chisme.
Sora observó todo a su alrededor viendo como toda su pantomima caía al suelo igual que un telón de teatro y, rindiéndose ante la realidad, dio un suspiro de cansancio y dirigió su mirada directamente a los ojos de Roxas.
-Lo he intentado, Roxas, créeme que lo he intentado.-susurró con un tono de voz que Roxas pudo interpretar como pena.-Pero tus amigos se han entrometido demasiado.
En ese momento Sora alzó el brazo hacia atrás y, de la nada, una llave gigante apareció como por arte de magia siendo empuñada en su mano como si de una espada se tratase. Un grito ahogado en general se hizo notar ante semejante fenómeno, pero no se demoró ni medio segundo cuando alguien gritó espantado y todos los presentes comenzaron a retroceder asustados de Sora, incluso algunos comenzaron a dar empujones para alejarse todo lo posible del escenario.
-¡¿Pero cómo demonios…?!-exclamó Roxas sorprendido.
-¡¿Cómo ha hecho eso?!-gritó Hayner igual de pasmado que su amigo.
-¡Maldita sea! ¡Chicos, salid todos de aquí!-gritó Naminé terminado de hacer que cundiera el pánico y todos comenzaran a correr despavoridos.
-¡Sora!-exclamó Olette asustada.-¡¿Qué estás haciendo..?!
-Todo se ha torcido demasiado, sabía que no podía ser buena idea apresurar las cosas, ni tampoco tenía que haber sido tan amable contigo, Roxas.-susurró Sora apoyando la cabeza de la llave en el suelo sin dar mayor importancia a los que chillaban y corrían a su alrededor mientras seguía mirando a Roxas como si estuviera alguna anécdota que le causaba pena.
-¿Amable conmigo…? ¿Qué estás diciendo ahora…?-preguntó asustado el rubio retrocediendo un paso ante lo amenazador que se veía el moreno con aquel trasto a pesar de que su apariencia infantil debería incitar a la risa.
-Roxas, vamos, tenemos que irnos-exclamó Hayner tomando del hombro a su amigo para hacerlo correr.
-Lo siento, pero no puedo permitir eso.-volvió a susurrar Sora dando dos golpecitos en el suelo con aquella llave gigante.-Morfeo.
Entonces se oyó en mitad de aquel grito, un muchacho que justo estaba empezando a huir por el lado de ambos rubios cayó como peso muerto y el impacto contra suelo causó una pequeña vibración sobre los pies de ambos.
-¡¿Pero qu…?!-exclamó otro que no pudo acabar la frase cuando de pronto puso los ojos en blanco y cayó también al suelo.
Espantado, Roxas observo a su alrededor como uno a uno y sin ninguna pausa todos los que se encontraban presentes iban cayendo desplomados por el suelo haciendo un desagradable ruido al chocar contra las baldosas, algunos llegaban a sostenerse en las barandillas que limitaban los pisos antes de caer desmayados, otros intentaban resistirse a cerrar los ojos y lograban arrastrarse por el suelo intentando huir para al final sucumbir al sueño y caer sobre el resto de cuerpos desplomados.
-E…Esta volviendo a pasar…-susurró Roxas con los ojos desorbitados viendo con horror como todos y cada uno de sus compañeros caían al suelo.
-Roxas…-escuchó la voz susurrante de Hayner a su espalda. El ojiazul se apresuró el voltear y vio a su amigo arrodillado en el suelo sosteniéndole de la muñeca al mismo tiempo que luchaba por mantener los ojos abiertos.
-¡Hayner!-exclamó Roxas colocándose a su altura-¡No te duermas, Hayner, no te duermas! ¡Chicos!-voceó al ver a Naminé estamparse contra el suelo como si fuera un saco de patatas.
-S…Sora…¿p…por…qué…?-murmuró con visión borrosa Olette antes de caer de forma definitiva vencida por un incontrolable sensación de querer dormir.
-Roxas…sal de aquí…-siseó Hayner con voz quedada, como si no pudiera ser capaz de mantenerse despierto.
-¡¿Tú estás tonto?! ¡¿Cómo voy a dejaros aquí?!
-Lárgate…maldito…idiota…-ordenó el rubio más alto terminando por caer preso del sueño ante un asustado Roxas que se apresuró en atraparlo para evitar que se diera contra el suelo.
Y con Hayner, un sepulcral silencio se abrió paso entre toda aquella escena de cuerpos tendidos por el suelo, algunos apoyados donde las taquillas, otros colgando de las barandillas y otros sentados u arrodillados en las escaleras. Ya no se oían los pasos de nadie al correr, no se oían gritos, no se oían cosas cayendo al suelo…sólo un terrorífico silencio evidenciando a Roxas lo solo que se había quedado en un instante.
-¡Hayner! ¡Hayner, maldición, despierta!-lo sacudió intentando despertarlo ¿Por qué narices aquello volvía a pasar? ¿Y por qué en esta ocasión él no se veía afectado?
-No sirve de nada que le grites, Roxas, no puede oírte.-escuchó la voz de Sora justo a su espalda. Roxas se volteo a mirar, espantándose al ver que Sora se había acercado a su posición aún empuñando aquella llave gigante pero por lo menos no parecía apuntarle con ella.
-¿Q…qué es lo que has hecho?-cuestionó con voz temblorosa temiéndose lo peor.
-No tengas miedo. No les he hecho daño; sólo están dormidos y en un rato se despertarán-aclaró Sora manteniendo un semblante tranquilo en lo que se acercaba un par de pasos más hacia donde estaba Roxas.
-¡No te acerques, maldito monstruo!-gruñó Roxas.
-¿Monstruo, yo?-cuestionó dolido el moreno observando a Roxas con una apenada expresión.-No soy ningún monstruo, yo no he hecho daño a nadie.
-¡Jodido monstruo!-rugió Roxas fuera de sus casillas mientras le temblaba los puños de rabia, impotencia y puro miedo.
-Roxas, lo entiendo, de verdad que lo entiendo. Estás asustado. Nada de lo que he hecho y dicho puede entenderse a tus ojos, pero te aseguro que cuanto te lo explique lo verás todo claro. Pero para eso necesito que vengas conmigo-insistió Sora intentando volver acercarse pero Roxas, en un estado de tensión total, retrocedió un paso con la mala suerte de que su pie tropezó con uno de los cuerpos de sus compañeros que le hizo caer sentado en el suelo.
-¡Te he dicho que no te me acerques!-gritó el rubio intentando seguir retrocediendo aún estando en el suelo.
-Te lo juro, Roxas, no hay ninguna razón por la que tengas que tenerme miedo. No voy hacerte ningún daño; es más, ni se me ocurriría hacerte daño-volvió a insistir Sora cada vez más agobiado de ver al rubio intentado retroceder y escapar de él. Desde luego, aquello se le había ido mucho de las manos.-Por favor, es de vital importancia que me acompañes. Si lo haces lo entenderás todo, de verdad.
Pero cuando volvió a dirigir su mano hacia él, Roxas no necesitó más para que sus instintos de supervivencia actuarán sobre él haciéndole dar un manotazo para evitar ser tocado por la mano ajena y, dando traspiés, consiguió volver a ponerse en pie y salir corriendo por los pasillos saltando y esquivando a todos sus compañeros que se encontraban desparramados por el suelo, dejando tras él a un paralizado Sora que se había quedado mirando como huía con su dolorida mano alzada a un lado, donde le había llevado el manotazo anterior.
-¡Aaaaarh, no me lo puedo creer!-lloriqueó Sora tapándose el rostro con ambas manos ante semejante situación como si quisiera echarse a llorar.-En cuanto regrese, el rey va a tener unas palabritas conmigo.
La cosa se había torcido demasiado y nada estaba saliendo como había planeado, pero aquello era ahora lo que menos le importaba; Si se le ocurría perder a Roxas de vista entonces sí que todo habría sido en vano, de ninguna manera podía permitir que se saliera del recinto escolar y diera la voz de alarma, si eso ocurría entonces le sería mucho más complicado el volver acercarse a él. Por lo que, alzando de nuevo su llave gigante, la golpeó con suavidad contra el suelo;
-¡Obsides praeberet! -susurró con calma y, al acto seguido, pudo sentir ante la fluidez de sus palabras al pronunciarse como de inmediato todas las puertas y ventanas del recinto escolar echaban la llave de la nada. Con ello había sellado todas las salidas por donde podría escapar el rubio-Esto también me parece una pésima idea, pero no puedo dejarle escapar-suspiró alzando la llave para apuntar justo al frente-¡Adeat!
Entonces, de la punta de la llave, salieron disparadas tres esferas luminosas que se chocaban torpemente entre ellas y rebotaban hacia todos lados. Una a una a las tres esferas comenzaron a salirles unos cuerpecitos incorpóreos, con brazos y piernas acabados en punta, mientras chocaban y rebotaban entre ellos escuchándose quejas infantiles que parecía provenir de los mismos. De un momento a otros les salieron pequeños ojos blancos que se miraban entre ellos molestos y doloridos. Incluso, cuando consiguieron detenerse de tanto choque uno de ellos comenzó a regañar a otro, que lloriqueaba a sus pies como si estuviera pidiéndole perdón. Era como ver a un trío de niños pequeños peleando por tonterías.
-¿Kyu?-dijeron ellos con un sonido como si fuera una clase de animalillo pequeño o de un cachorro.
-Escuchadme-se acercó Sora a ellos que, al oírle, dirigieron toda su atención hacia él.-Encontrar a Roxas pero no se os ocurra hacerle ningún daño ¿me habéis oído? Le quiero intacto.
-¡Kyu! ¡KYU!
Las tres criaturas, que parecía ser que no poseían ninguna clase de vocalización más allá del que mostraban, asintieron ante las órdenes y, rápidos y raudos, fueron cada uno en dirección a los distintos pasillos que poseía el instituto para ir en busca de su objetivo, dejando a Sora justo atrás de ellos.
-Voy a tener que dar taaaaaaantas explicaciones…-gimió Sora antes de ponerse en marcha hacia donde había corrido Roxas, esperaba que sus criaturas pudieran dar con él antes de que hiciera alguna tontería.
-Mierda! ¡Maldita sea! ¡Joder!-exclamó Roxas presa del pánico mientras corría y corría por los pasillos al mismo tiempo que intentaba esquivar los cuerpos de sus compañeros que, desgraciadamente, no siempre lo conseguía. Había demasiados y él estaba tan asustado que no podía fijarse bien por donde pisaba ocasionando varios tropiezos que le hacían volver a caer al suelo y teniendo que hacer gala de su agilidad para levantarse con rapidez; no podía permitirse el lujo de quedarse tendido en el suelo. Debía salir cuanto antes del instituto y pedir ayuda, aunque lo tomasen por un loco, necesitaba llamar la atención de alguien para al menos ganar tiempo y que todos pudieran despertar de ese extraño sueño inducido.
Creyó haberse salvado en cuanto vio justo al final del pasillo la salida hacia las escaleras de incendio brilló ante sus ojos como nunca antes lo había hecho, y Roxas no podía estar más contento de verlo. En sus prisas, volvió a tropezar con los cuerpos de sus compañeros, incluso estuvo a punto de darse con la puerta en la cara de no ser que pudo frenar en seco cuando dejó caer todo su peso en las manos al apoyarse éstas en perilla. El ruido de su cuerpo impactando contra la puerta fue desagradable pero tampoco le importó demasiado cuando pudo apreciar con espanto que a pesar de estar empujando hacia abajo la perilla la puerta no hacia el menor amago de abrirse. Intentó empujar la puerta y tirar de ella y quiso morirse cuando supo que la puerta estaba cerrada ¡¿Quién narices manda a cerrar una puerta de emergencias?! ¡Vaya asco de puerta de emergencias que no se puede abrir cuando hay una emergencia!
-¿Kyu?-escuchó un sonidito de cachorro justo a su espalda.
Roxas parpadeó al escuchar aquel sonido, se quedó quieto unos segundos esperando que aquello que había escuchado no fuera más que producto de su imaginación, eso le habría gustado, que aquel sonido no fuera real pero también era cierto que no podía quedarse mirando hacia una puerta cerrada todo el día. Tenía que voltearse en algún momento y buscar otra salida donde poder escapar y para eso debía enfrentar lo que sea que sabía que se encontraba a su espalda. Lentamente, fue girando su cabeza hacia la dirección donde había escuchando aquel sonido y se quedó con cara de póquer al ver a una criatura flotante, incorpórea y cabezona levitando ante él.
-Kyu-ladeó aquella criaturita la cabeza hacia un lado mirándolo con inocente curiosidad.
Ambos se quedaron mirándose mutuamente, como si estuvieran analizándose el uno a otro aunque Roxas tenía un tic en una ceja mientras luchaba contra su propia mente que analizaba a toda velocidad la probabilidades que había de que pudiera aparecerse una criatura como esa en ese lugar y en esos tiempos. Con lentitud, Roxas fue alzando la mano y señaló con el dedo a la criatura sin poder cambiar su semblante y tampoco sin poder evitar preguntar:
-¿Eres…un peluche?-cuestionó a la criatura.
-¡¿KYU?!
Pero la criatura no pareció sentarle nada bien su comentario, su curiosa mirada cambió abruptamente a una de disgusto devastador y a continuación sus ojos se cargaron de lagrimas para echándose a llorar. Roxas, que no perdía de vista lo que ese ser estaba haciendo, observó con una indescriptible expresión, como la criatura iba cayendo al suelo como si de una pluma se tratara y acababa tumbado en el suelo con dos ríos de lágrimas empapando las baldosas.
-¿Va en serio? ¿Un peluche puede sufrir traumas…?-cuestionó con una gotita tras su cabeza mirando a la penosa criatura que lloriqueaba en el suelo como si se fuera acabar el mundo.
-Kyuuuuuuuuu-lloriqueó la pobre entidad que parecía haberse quedado traumatizada de por vida.
-Vaya por dios, parece que todavía son susceptibles algunas cosas. Tal vez no ha sido buena idea convocarlos.-la voz de Sora alertó de inmediato a Roxas volviendo al mismo estado de tensión que había tenido antes, que fue en aumento cuando vio al moreno aparecer por una esquina.
La entidad, aun llorosa en el suelo, miró al moreno con sus blancos ojos completamente anegados en lágrimas. Era como ver a un niño pequeño que se ha caído mientras jugaba y pedía a su madre que lo ayudase. El moreno, dio un suspiro de vergüenza ajena y se tomó la molestia de cargar en uno de sus brazos a la criaturita, que se aferró a él con fuerza mientras seguía lloriqueando sobre su pecho buscando su arropo.
-P…pero…¿Qué es esa cosa?-siseó Roxas al mismo tiempo que sentía que le explotaba el cerebro.
-Son espíritus de la naturaleza-explicó avergonzado Sora viendo como Roxas le miraba incrédulo porque se tomase aquello como algo normal.-Ya…ya sabes…espíritus de la naturaleza…estos son espíritus del aire…ems…¡ah! Creo que en este lugar lo llamáis shikigami ¿verdad? Pues es algo parecido, lo que pasa es que yo aún no sé invocarlos como es debido y muchas veces me salen como si fueran bebés, por eso les afecta tanto un simple comentario…aún tengo que practicarlo más…
-Esto no puede ser real…-dijo Roxas-¡Me estoy volviendo loco!
-¡Que no!-negó Sora intentado que Roxas se quedara con él y no perdiera la razón en un ataque de histeria.-Roxas no estás enloqueciendo ¡Lo que hago y estas criaturas es muy real! ¡Si me dejaras explicarte…!
-¡AAAAARG!-gritó Roxas echándose a la carrera por un pasillo que se encontraba a su derecha y llevaba justo a la zona de la biblioteca.
Sora y el espíritu se quedaron mirando como huía el despavorido rubio y le perdieron de vista en cuanto abrió de un empujón las dos puertas de la biblioteca. El moreno dio un suspiro de resignación y miró a su pequeño amiguito, que seguía acomodado en su brazo.
-Eso no ha sido muy sutil por tu parte ¿sabes?
-Kyu….-se apenó el pequeño espíritu bajando la cabeza ante el reproche.
Roxas entró como un loco al interior de la biblioteca, siendo este el único sitio cercano donde se le había ocurrido ir para poder escapar de Sora, pero conforme las puertas se cerraron detrás de él supo que había cometido un grave error. La biblioteca no tenía más salida que la puerta por la que acababa de entrar y, dado que la persona de la que estaba huyendo seguramente tardaría pocos segundos en presentarse por esa puerta, dar la vuelta y salir de nuevo no era una buena opción si no quería encontrárselo de bruces.
-¡Las ventanas!-exclamó Roxas al percatarse de las aludidas cuando un ligero rayo de sol le deslumbró. Sin perder tiempo, corrió hacia ellas e intentó abrirla tirando de ellas y empujándolas tal y como había hecho antes con la puerta de emergencia pero, como no, también estaba cerrada.-¡maldita sea! ¡¿Cómo ha podido dejarme encerrado?!
-¿Kyu…?
Al escuchar de nuevo aquel sonido de cachorro, Roxas pegó un grito de sobresalto y, de la misma impresión, cayó sentado en el suelo. Dolorido, el rubio se sobó la zona lumbar intentando mitigar el dolor que aquel porrazo había supuesto para su espalda por segunda vez, pero tuvo que detener su acción cuando le invadió la sensación de que algo o alguien estaba mirándolo fijamente. Al atreverse a alzar la mirada frunció el ceño al ver a otras dos de esas criaturas flotantes que lo miraban desde lo alto ¿por dónde habían aparecido?
-¡No me puedo creer que hasta unos malditos fantasmas tengan que venir a incordiarme! ¡Ni hablar! ¡Ya estoy harto de todo esto!-bramó ya enfurecido del todo y, para que engañarnos, superado completamente. Ver de nuevo a otros fantasmas vigilándole para que Sora le atrapara fue la gota que colmó el vaso a toda esa situación de tensión, agobio, miedo, confusión e incertidumbre que había estado dándose de forma recurrente desde que el castaño apareció en su vida.
Dejándose llevar por una rabia descomunal, Roxas dio rienda suelta a su agresividad acumulada por tantos días tomando lo primo que estaba al alcance de su mano, en este caso una silla, y arrojarla con brutalidad hacia las dos pobres criaturas que, asustadas por la inesperada reacción, levitaron cada una a una parte de la habitación haciendo que la silla se estrellase directamente contra el cristal de la ventana.
El ruido del cristal quebrándose ante el golpe fue todo lo que necesitó Roxas para volver a espabilarse y cobrar conciencia de que había encontrado una salida.
-¿Cómo no se me había ocurrido?-sonrió sin poder evitarlo corriendo hacia el hueco de la ventana rota.
-¡KYU!-chillaron ambas entidades apresurándose en ir donde el rubio y dar tirones de su ropa y de su hombro para impedir que saliera por aquel hueco.-¡Kyu! ¡Kyu! ¡Kyu! ¡Kyuuuuu!
-¡Que pesados sois! ¡Dejadme en paz!-gruñó Roxas quitándose al que se encontraba tirando de su hombro de un manotazo.
-¡¿Roxas?!-exclamó en ese momento Sora que entraba apurado, el rubio de la silla al chocar contra la ventana había siendo tan escandaloso que el castaño temió que Roxas hubiera tenido un accidente en medio de su ataque de histeria. Respiró aliviado al comprobar que el rubio parecía estar perfectamente bien aunque también se le hacia una escena la mas de divertida ver al chico peleándose contra los espíritus para que le dejaran salir.
Pero definitivamente que Roxas se hubiera hecho una vía de escape no era en absoluto una buena noticia.
-¡Hielo!-exclamó Sora apuntando con su llave hacia la ventana rota.
Sorprendido por la aparición de una corriente gélida que le atravesó casi por completo, Roxas no pudo evitar cerrar los ojos a la vez que los espíritus se apartaban veloces de la trayectoria de ese viento helado. El rubio tembló sintiendo que por un instante se le había congelado hasta los huesos e iba a quedarse estático en el sitio igual que esos personajes de dibujos animados que se quedan como estatuas al quedar congelados.
Cuando abrió los ojos, se encontró ante él que la ventana había sido cubierta por una gruesa capa de hielo.
-¿Pero qué…?-se cuestionó sorprendido tocando con sus dedos y comprobar que efectivamente aquello era hielo. Además un hielo grueso y endurecido que sería imposible de quebrar con una silla como lo había hecho con el cristal antes. Al sentir que el ambiente permanecía gélido, miró hacia un lado y el otro viendo con espanto que todas las ventanas habían sido cubiertas por hielo. No tenía ninguna escapatoria.
-Roxas por favor, esto está yendo demasiado lejos y al final vas acabar haciéndote daño-le advirtió Sora desde su espalda. Sobresaltado, Roxas lo encaró pegando su espalda al hielo, cosa que internamente se arrepintió al sentir el frio abrasador atenazándole los músculos y huesos de su espalda pero no pudo quejarse por ello cuando vio que Sora estaba apuntándole con aquella llave justo a su rostro.
-¿Q…Qué me vas hacer…?-siseó temblando de susto e impotencia el rubio, se sentía igual que si estuviera apuntándole con una pistola.
-Estás demasiado nervioso como para dialogar contigo, Roxas, por eso creo que es mejor que te haga dormir a ti también.
-¡NO! ¡No te atrevas!-se alteró Roxas clavando sus dedos en la capa de hielo que se encontraba tras él.
-No es doloroso, ya pudiste comprobarlo la otra vez en la fiesta de pijamas.-dijo Sora provocando un gruñido en el rubio al tener confirmado su responsabilidad de aquella vez.
-Así que lo de esa vez también fue cosa tuya…-gruñó el rubio.
-Te haré dormir durante un rato. Cuando despiertes podremos hablar con calma y te explicaré todo lo que quieras saber, te lo prometo…
Roxas miró con aterrada expresión la cabeza de la llave que apuntaba directamente hacia él, quedarse dormido a merced de aquel loco fue demasiada tensión para su mente que ya de por si se encontraba fuera de sí. No podía permitir que lo secuestrase o que le hiciera algo mientras estaba inconsciente.
Con esa desquiciante y aterradora imagen, Roxas pegó un nuevo grito que hizo que incluso Sora diera un bote en el sitio del sobresalto, momento que fue más que suficiente para que el rubio se abalanzase sobre él poseído por un nuevo arranque de furia que su propio instinto impulsó para sobrevivir a la amenaza que tenía delante. Sora, que le pilló desprevenido aquella acción, se quedó congelado y no pudo detener el golpe que recibió en la boca del estomago ante el fuerte placaje propinado por el rubio.
La falta de resistencia por parte de Sora, provocó que el impulso del golpe fuera inesperado para ambos provocando que salieran disparados y de paso que ambos se golpearan contra las estanterías de la biblioteca haciendo que éstas perdieran el equilibrio de sí mismas y se balancearan ligeramente. Roxas, sin prestar atención a lo que ocurría con ese detalle, se levantó del suelo y se apresuró en acercarse al aturdido Sora para darle una patada aquella llave gigante dejándola fuera del alcance del moreno.
-Veamos si sabes defenderte tan bien sin tu llave maldita-siseó Roxas antes de lanzarse a propinarle un puñetazo al moreno.
Sora, que se encontraba sentado en el suelo y desconcertado de verse lejos de su arma, consiguió reponerse rápido de la impresión y esta vez conseguir consiguió esquivar el ataque del rubio al hacerse a un lado provocando en su lugar que Roxas atizara los nudillos contra la madera de las estanterías. Sora se estremeció al escuchar el sonido del golpe con plena conciencia que aquello por fuerza tenía que haber dejado al rubio tiritando del dolor pero observó pasmado como, a pesar de su expresión dolorida, Roxas aún le lanzaba una mirada iracunda sin prestar ninguna atención al dolor, dispuesto a continuar intentando golpearle.
Sabedor de que aquello iba acabar mucho peor si no le ponía freno, el moreno se apresuró en apresar a Roxas por la espalda y, con una barrida de pies, lo hizo caer pesadamente boca bajo contra el suelo y retenerlo ahí.
Roxas se quejó ante el nuevo impacto pero, al igual que lo haría un animal, comenzó a gruñir furioso y a retorcerse buscando liberarse.
-¡Es suficiente, Roxas! ¡Estate quieto!-le ordenó el moreno ejerciendo presión con su antebrazo y sosteniendo con sus manos el brazo de Roxas contra su espalda para mantenerlo inmovilizado.
La furia y la inútil lucha que ejercía Roxas para liberarse rápidamente iban dejándolo sin fuerzas para continuar con ello. Cuando quiso darse cuenta, se encontraba jadeando y exhausto sin poder hacer ningún otro movimiento, encontrándose tremendamente incómodo al respirar con esa fuerza contra el frio suelo y el peso de Sora sobre su espalda.
Al notarlo ya cansado y sin fuerzas, Sora se apresuró en tomarle la mano con la que había golpeado la estantería notándola húmeda por la sangre y rasposa por la piel dañada y cuando ejerció presión sobre cada uno de los nudillos provocó que gruñidos y algún grito se le escapara de los labios al rubio.
-Mierda, creo que te has roto la mano…-murmuró Sora al sentir con los dedos el anormal estado en los huesos de los nudillos ajenos.-¿Cómo se te ha ocurrido? Al final has acabado haciéndote daño a ti mismo. Voy a tener que llevarte a que te lo curen.
Enfadado por aquella actitud tan cínica a sus ojos, Roxas sintió que su furia combativa regresaba a su cuerpo, y con fuerza apoyó su mano libre contra el suelo ante la mirada desconcertada de Sora.
-¡Cierra…la….BOCA!-rugió Roxas tomando tal impulso con una fuerza que desconocía hasta él que consiguió levantarse aún con Sora sobre él que, sorprendido se aferró a los hombros ajenos para evitar caerse hacia atrás.
Pero Roxas, viéndose venir aquella acción, tomó de las muñecas a Sora obligándole a rodearle el cuello y, tal cual, tomó un nuevo impulso hacia atrás para estampar la espalda y cabeza de Sora contra la estantería.
Sora no pudo evitar que un gruñido de dolor saliera de entre sus dientes ante el golpe y Roxas, deseando hacerle todo el daño posible y que gritara por ello, repitió la acción varias veces frustrándose al encontrar que Sora sólo reprimía los gritos de dolor que sin duda debía estar sintiendo ante esa seguidilla de golpes, uno tras otro. Si alguno de los dos hubiera estado más consciente de su entorno, se habrían dado cuenta que aquella acción tan agresiva contra una estantería que no se encontraba atornillada en el suelo no podía traer nada bueno, pero ninguno pudo percatarse del constante balanceo de la estantería sino hasta que ambos se percataron que ésta ya no pudo contener mas el equilibrio y empezó a cernirse sobre ellos, que observaban el hecho por el rabillo del ojo.
Roxas, aún cegado por la furia y sin haber terminado de registrar el peligro, cuando sintió que Sora se aflojaba de él ante el dolor, se llevó sus manos sobre su espalda y consiguió tomar a Sora de la ropa de sus hombros y, sin ningún cuidado, lo lanzó por encima de su cabeza hacia el otro lado de la biblioteca.
Lo siguiente que Roxas pudo ver es que la enorme estantería llena de libros se cernió sobre él, luego un tremendo dolor y un estruendoso ruido. La fuerza del impacto con el peso de la estantería lo hizo caer obligatoriamente contra el suelo estampándose la cabeza contra éste pudiendo sentir como su cerebro y su visión recibirán una desagradable vibración que le hizo perder por completo la noción de lo que había pasado hace unos segundos. El agudo dolor no se hizo esperar y atacó a la parte trasera de sus ojos extendiéndose como una placa por todo su sistema craneal, tan intenso que Roxas tuvo la sensación de que las tripas se le revolvían haciéndole sentir la necesidad de vomitar.
Pitándole los oídos y con la visión borrosa a causa de una nebulosa roja lo último que fue capaz de captar antes de apagarse por completo fue un grito inentendible de alguien más de la habitación.
Entonces Roxas se dejó hundir en la oscuridad.
CONTINUARÁ.
Obsides praeberet: Del latín "Confinar" o "Encerrar"
Adeat: Del latín "Aparecer" (se supone)
Shikigami; No confundir con Shinigami. Shinigami representa a los dioses o espíritus de la muerte, Shikigami representa a los espíritus de la naturaleza en Japón (tierra, fuego, agua madera y metal en Japón) cuyo trato es con los onmyoji un tipo de sacerdote japonés.
Después de casi un año he regresado con un nuevo capítulo, mas motivada que nunca ¿Por qué ahora? Más bien preguntar ¿y por qué no? Me volví a relajar con el subir capítulos porque vi el fandom tan muerto y con tantísima inactividad que no vi razón alguna de apresurarme en subir un capitulo nuevo, sobretodo porque el anterior sólo recibí un solo review y aquello me desmotivó bastante el seguir escribiendo al respecto por todo el trabajo que me costó hacerlo T.T. Pero al final lo hago porque, lo creáis o no, esta historia es lo que da sentido a muchas de las otras que tengo y para terminar de dársela debe ser terminada si o si, así que me resulta complicada el obviarla XD
Quiero avisar que cuando suba este capítulo seguramente ya estaré poniéndome en marcha con el siguiente (ando motivada de la vida, si ¿Qué pasa?), así que si lo queréis pronto petarme el botón de like! (Chao, es de review! De reviewww que esto no es You tube) y decirme cosas bonitas para que suba capítulos lo antes posible y de paso intentar darle un nuevo soplo de aire fresco a este fandom que vale mucho la pena hacerlo.
Ahora contestaré al review del capítulo anterior.
Hisaki Raiden: No, amiga, no es impresión tuya. Antes tenía la obcecada idea de que los capítulos que escribía no debían pasar de las veintidós páginas o de las diez mil palabras pero desde que deseché esa idea empecé a capítulos más largos y más completos de lo que tenía antes, vamos, que cambié la forma de escribir (espero que para bien). En realidad quería dar ese último capítulo de transición para comenzar ya a meter de lleno en lo que de verdad interesaba que era que Sora moviera ficha de una vez por todas con Roxas, a partir del siguiente se verá parte del pasado de Roxas y se comenzaran a dar respuestas de todo lo que gira en torno a él mismo, en Sora y lo que relaciona a ambos ¿te sigue interesando saberlo? :3
