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"¿Lo dijiste? Te quiero, no quiero vivir una vida sin ti… Tú cambiaste mi vida… ¿Lo dijiste? Gracias, perdón, te perdono, hola, adiós… ¿Lo dijiste?... Mira a tu alrededor, tal vez todo se haya ido mañana"
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-¿Dónde estabas?- Luna se sobresaltó al escuchar una voz en la oscuridad de la habitación. Cerró sus ojos con dolor, ¿Por qué entre todas las personas, tenía que ser él?. Se giro para enfrentarlo.
-Salí a tomar aire… fue demasiado para mí que hablaran de herir al hijo de una de nuestras amigas como si hablaran del clima- trató de esconder las cosas en su manos pero ya habían sido vistas.
-¿Saliste a tomar aire con la capa y el mapa?- preguntó sin poder evitar la pizca de sarcasmo en su voz –Preguntaré de nuevo Luna… ¿Dónde estabas?-
La mujer rehuyó su mirada, jamás podría mentirle a su novio viéndolo a los ojos –Salí a tomar aire- insistió tercamente guardando las cosas que tomó prestadas.
-Merlín Luna…. ¿Qué hiciste?- Neville Longbottom tenía su cabeza entre sus manos con la mirada baja.
La mujer se volteó rudamente -¡No hice nada malo!- reclamó dolida.
El hombre se levantó de la cama visiblemente alterado pero no se atrevió a elevar la voz -¡La buscaste!- acusó furioso sin necesidad de preguntar. –A nuestras espaldas…- caminaba por la habitación como animal enjaulado. Se detuvo y la miró –A mis espaldas- murmuro dolido.
-Neville… por favor recapacita…- intentó acercarse a él pero enseguida su mano fue apartada con rechazo –No vayas a hacer esto- pidió tratando una vez más de hacerlo recapacitar. –H-He… he visto al niño…- confesó bajo. Enseguida el hombre le prestó atención de nuevo. –Es muy pequeño aun y ella… ella va a darle un beso de buenas noches antes de dormir, en la frente y…-
-¡¿Te metiste en la casa de Voldemort?!- no pudo evitarlo, el grito salió solo sin ser consciente realmente de lo que aquello traería.
Luna retrocedió asustada viendo hacia la puerta. Sabía que habían oído, era imposible que no escucharan a Neville cuando en el pasillo dormían unas 10 personas como podían acomodarse. Ellos tenían esa habitación porque Neville de cierta manera era como un líder, quien guiaba los ataques. El espacio para ellos había sido la manera de demostrar que lo respetaban y le daban una posición de mando por encima de los demás
Los golpes en la puerta no se hicieron esperar. Era cuestión de segundos antes de que la derrumbaran para interrogar a Luna por aquel arrebato sin permiso o consulta. Podía mentir, podía intentar decir que ella había ido sola para intentar sacar al niño y que más nadie saliera herido en enfrentamientos pero sabía que no le creerían, su novia ya había fijado una postura ante eso más temprano delante de todos. Si se quedaban, la iban a tachar de traidora pero si se iba, si la ayudaba a escaparse, la iban a perseguir como tal. Antes de que pudiera seguir pensando en una alternativa, la puerta cedió dejando pasar a dos magos mayores.
-Señorita Lovegood, si es tan amable de acompañarnos…- los dos tenían las varitas en mano y afuera de la habitación se podía apreciar a varias personas susurrando y mirándola con desprecio o incredulidad en el caso de Seamus Finnigan.
-Esperen, Luna no haría nada para dañarnos, han entendido mal, ella…- trató Neville interponiéndose entre los magos y su novia.
-Deja que ella entonces nos lo diga muchacho- El hermano de quien una vez fuera su director, apareció detrás de los magos con una mirada desafiante que invitaba a impedir que se la llevaran.
-Está bien Neville, está bien…. No he hecho nada malo- repitió de nuevo para ellos o ella misma, no lo sabía. Se le acercaron para escoltarla fuera de la habitación, la iban a interrogar hasta sacarle como pudo entrar y salir, cuantos guardias había visto, todo tipo de información que los ayudara ahora a ellos a entrar. Mordió su labio, no diría nada, no los ayudaría a entrar.
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-Buenos días- Hermione entraba al cuarto de su hijo apenas el sol saliendo. Enseguida Draco, Blaise y Theo la miraron. Ellos no solían dormir mucho y ella no preguntaba el porqué pero lo intuía. –Les debo una disculpa- tenía que aprovechar que Tom había salido con Severus hace unos instantes por la recluta de mas mortifagos. Otra guerra se avecinaba y ella desgraciadamente también presenciaría esta.
-Ahórratela- soltó el rubio levantándose para salir de la habitación.
-Draco…- Blaise Zabini no tenía que decir más nada para que su amigo entendiera que era suficiente con lo de ayer.
-No debes disculparte por algo que no sientes. No cambiaras de opinión- Theo jugaba con fuego en su mano, lo prendía y lo apagaba. Era algo que lo calmaba, ver las llamas consumirse lo ayudaba a ordenar sus ideas. Hoy empezaban a patrullar de nuevo, una vez más portarían la máscara.
-Es cierto, no voy a dejar que les pase nada a ellos, los voy a proteger…- El rubio bufo y Blaise apartó su mirada dolido –Pero tampoco dejaré que nada les suceda a ustedes- los tres la miraron –Son mi familia y la de mi hijo, los amo con cada parte de mi ser de la misma manera que amé a Harry y a Ron…- las lagrimas fueron inevitables como cada vez que mencionaba a los chicos dorados –cuando me los arrebataron, cuando los apartaron de mi tan cruelmente negándome el derecho de acompañarlos, de irme con ellos, creí, juré y pensé que mas nunca en la vida tendría la bendición de conocer a almas iguales de maravillosas por las que daría la vida pero llegaste tu Theo…- su mirada se posó en el azabache –Tú me devolviste la esperanza con la vida, con el mundo y con las personas, tú me hiciste creer que algo bueno vendría con lo malo y luego apareció el eterno hurón oxigenado de Slytherin, Draco Malfoy- ahora veía al rubio –mi némesis, mi dolor de cabeza por años, mi enemigo jurado en el colegio, tú me restaste a levantarme, a volver a tener un fuego abrazador en mis venas, a luchar por volver a ser yo y lo lograste, lo lograste el día que me devolviste mi varita luego de quitársela a Greyback para mi, te ganaste mi cariño, mi perdón, mi aceptación y mi admiración y cuando llegó Blaise…- se acercaba al moreno con paso vacilante –Tu lograste sacarme la primera risa en año y medio, una sincera, una feliz... y mi corazón se llenó de nuevo, no reemplazando gente si no haciéndoles compañía –tomó la mano de Blaise y luego la de Draco mientras se acercaba a Theo con los dos –ustedes son mi familia y la familia jamás se abandona- finalizó echándose a llorar en silencio sin querer despertar a su hijo.
-Deja de llorar por Salazar, me incomoda- murmuro el rubio devolviéndole el apretón de manos –Ya Granger, te perdono la irritable costumbre de querer ser heroína de todos-
Blaise la abrazó soltando un suspiro –Diablos, empezaba a creer que íbamos a tener que disculparnos nosotros- escuchó a la bruja reír y el también rio más relajado –Aun tengo la chispa ¿eh?-
-Jamás las has perdido Blaise- aseguró ella ahora viendo a Theo.
El mago la miro unos segundos y luego volvió su mirada al pequeño en la cama ajeno a todo. –Se nos hará tarde, debemos alistarnos para salir a Alemania en media hora- agarró su saco y sus cosas y caminó a la puerta ignorando la mirada triste de la castaña. No podía, no podía simplemente reírse y abrazarla como si no le hubiese dolido.
-Theo…- llamó la bruja intentando detenerlo.
-Luego- la cortó saliendo de la habitación.
-Déjalo Mimi, el vendrá a ti cuando esté listo- la consoló el moreno. –Bueno, debemos irnos, primer día de trabajo, un crucius por cada minuto tarde- trató de bromear pero la bruja les miró apenada porque aquello no era en broma.
-Van a estar bien, se los prometo- les aseguró la mujer viéndolos acomodarse un poco. Ella se iba asegurar de que nadie les tocara un solo cabello a esos tres.
-¿Quién cuidara ahora a Cygnus?- quiso saber Draco antes de irse.
Hermione apretó los puños cambiando su cara a una de malestar –Dolohov y Macnair…-
Draco y Theo se miraron compartiendo aquel desagrado ante la información. –Mantén distancia- advirtió Blaise besando su mejilla para irse.
-Nos vemos en la noche- se despidió Draco dejándola solo con el pequeño.
Hermione se encontró sola deseando que Theo realmente la disculpara pronto. Caminó a la cama con una pequeña sonrisa –A levantarse bebé- besó la frente de su hijo haciéndolo abrir los ojos –Tienes lección con Lucius hoy-
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-¿Qué has averiguado Severus?- en un pueblo cerca de unas montañas, el mago oscuro se encontraba acompañado de su siempre guarda hombre lobo, Greyback, algunos carroñeros y su leal mano derecha, Severus Snape.
-El ataque al ministerio vino desde adentro mi Lord, comenzó en el piso de aplicación de la ley mágica- reveló el sirviente mientras se acercaban a una plaza donde estarían los hijos de las familias mestizas que ofrecían su lealtad a ellos.
-¿Me estás diciendo, que esas ratas no solo irrumpieron en la casa de Lucius como si no fuera una de las mas resguardadas, si no que se adentraron en el ministerio de magia, donde si mal no recuerdo, hay mortifagos vigilando?- su tono de voz era tranquilo pero todos sabían que una mala respuesta o la falta de una y allí Snape sufriría bajo su varita.
-Parece que encuentran la manera de entrar sin ser detectados mi Lord-
-Y… Qué estamos esperando para averiguar esa manera Severus?- Nagini siseaba arrastrándose por las piernas de su amo. El Lord solo la llevaba a los sitios donde quería imponer su poder, de resto la mantenía a salvo, alejada.
-Tengo a varios de mis mejores rastreros en eso mi señor- Intervino Greyback bajando la cabeza.
-Quiero resultados pronto- advirtió deteniéndose en lo alto de la colina. Allí podía ver ya a sus nuevas y jóvenes filas. –Quiero al joven Theodore en eso ahora mismo Severus-
-Nott tenía la misión de ir a Alemania a resguardar el objeto mi Lord- Theodore tenía un nuevo escuadrón del cual era líder, tenía bajo su mando a Draco y Blaise también. Hoy irían en su primera misión en años a un pueblo cerca de la capital Alemana a cuidar del horrocrux oculto en aquellas tierras.
-Confió en que las señoritas Greengrass tendrán más habilidades que sentarse en mi mesa a comer mí comida diariamente-Necesitaba al muchacho de Argustus averiguándole aquello, el maldito hombre le resultaba irritante últimamente pero era bueno en lo que hacía.
-Por supuesto mi Lord, serán informadas ahora mismo- mejor para él que sus pupilos se mantuvieran cerca, así podría estar atento a cualquier cosa.
-Ahora, bajemos a darles la bienvenido a los nuevos aliados- Puso su mejor sonrisa de autosuficiencia y camino con porte aristocrático a un lado de su fiel amiga.
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-Por favor Luna, solo debes decir los puntos débiles de seguridad y la ubicación exacta- La viuda de Tonks no sabía ya cuantas veces había pedido aquello en las horas que llevaba allí encerrada con la pequeña rubia.
-No puedo…- Luna apretaba el dobladillo de su blusa con fuerza, incapaz de mirar a aquella mujer que era como una madre para todos allí.
La hermana de Bellatrix suspiro cansada mirando hacia atrás, Horace Slughorn le devolvía la mirada preocupado.
-Querida, esto que estás haciendo será tomado como traición. Recapacita, ya te han dicho que nadie tocará a la señorita Granger y yo te estoy prometiendo que haré todo lo posible por mantener al niño a salvo- prometió el ex profesor de pociones y jefe de la casa de las serpientes.
-Con todo el respeto que le tengo y se merece profesor, su palabra no servirá de mucho cuando tengan al hijo de Hermione en sus manos- no era tonta, muchos allí querían hacerle daño al pequeño que a sus ojos era inocente de todo aquello. Creían que con herirlo, le devolverían una porción de dolor al señor oscuro.
-Luna…- trató de intentar Andrómeda una vez más pero fue silenciada por un mago de cabellos grises que se levantaba de su asiento.
-Suficiente, no dirá nada- era evidente el fastidio en su voz. Cinco horas tratando de sacarle algo y solo recibían lagrimeos y "no" como respuesta. –Andrómeda, ve por Macmillan- pidió frotando su rostro con cansancio.
Luna levantó la cabeza alarmada, "no" pensó desesperada. Si lo traían a él, no iba a poder resistirse, iban a saberlo todo. Tomó de la mano a la mujer que se estaba levantando en un intento de retenerla –Por la memoria de Tonks y el profesor Remus….- pidió con voz ahogada entre lagrimas.
La mujer la miro con pena antes de negar suavemente –Por ellos es que estoy aquí- y salió de la habitación en busca del joven.
-Lamento mucho tener que llegar a esto señorita Lovegood pero no nos deja otra opción- el mago de nombre Willis se paró a un lado de la puerta esperando unos minutos antes de que tocaran de nuevo. –Adelante- se hizo a un lado para dejar pasar a la mujer mayor y a un joven castaño que miraba todo confundido. –La señorita se ha negado, a pesar de nuestros intentos, en decirnos algo de verdadera importancia como lo es la ubicación del mago oscuro, por lo cual, me veo en la penosa necesidad de pedirle que use legeremancia en ella-
El hufflepuff abrió los ojos asombrado -¿S-Señor?- titubeó preguntando. Buscó a la rubia que le miraba suplicante, cualquiera entendería que no quería en absoluto que buscara en su mente –Debo preguntar si Luna está de acuerdo en que…-
-Es una orden Macmillan-cortó seco.
-Entrar en su mente sin permiso es peligroso y yo podría…- el muchacho estaba tratando de negarse, no quería hacer aquello.
-Te mandé a llamar porque eres el mejor en legeremancia, no le harás nada- con su mano lo apuró a hacerlo de una vez. El joven asintió no muy seguro aun.
Ernie Macmillan se sentó frente a una Luna Lovegood más que nerviosa. Le envió una mirada de disculpa cuando un carraspeo lo obligó a comenzar. La mente de la mujer se estaba resistiendo a la intromisión lo más que podía pero como bien había dicho el mago canoso, él era muy bueno en el arte de conocer cada detalle de la mente. Unos segundos más bastaron para encontrarse con la imagen de un Draco Malfoy mucho más adulto y dos Slytherin que recordaba vagamente a su lado en el colegio. Luego apareció el mismísimo señor oscuro, Hermione Granger, un abrazo, un niño durmiendo, la rubia revelándole que irían por él y un adiós muy emotivo con la promesa de volverse a ver. Salió de su cabeza respirando agitado por la fuerza que hacia la bruja en sacarlo. -¿Qué hiciste?...- susurro para ella sin poder creerlo aun.
-¿Y bien?- preguntó Willis al ver que volvía en sí.
-Ernie… ¡No lo digas! Los van a lastimar- la rubia fue detenida por su ex profesor que trataba de calmarla.
-Y-Yo… yo…- el hombre no sabía qué hacer o decir. Luna era su amiga, era amiga de todos. No había convivido mucho con Hermione Granger pero Cedric fue su mejor amigo y Potter había intentado salvarle la vida, lo había traído de regreso arriesgando la suya y él estaba en deuda por eso. Granger era la mejor amiga de Potter, la única conexión con el niño que vivió que aun estaba viva y esa deuda debería ser saldada.
-¿Debo entender ese titubeo como que también se niega a compartir la información?-Willis Trapp se estaba cansando ya de aquella insolencia.
El castaño lo miró un segundo antes de mirar a Luna y susurrar un "lo siento". –Necesito pergamino y pluma señor- Si, Potter había tratado de salvarle la vida a Cedric Diggory pero Voldemort había acabado con ella.
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-… y ese sería el contrahechizo Cygnus-un rubio de coleta baja se encontraba en una sala que servía de entrenamiento para el joven heredero y a veces, para su madre. Tenía ya dos horas allí con el joven Lord enseñándole hechizos de magia oscura y sus contras como reemplazo temporal de Severus.
-Entiendo abuelo Lucius, no parece tan difícil- decía el hijo de Hermione mientras imitaba el movimiento de varita que segundos antes realizó el rubio.
-Nada con practica es difícil de realizar- compartió el mayor recibiendo un asentimiento de cabeza por el niño –Descansemos unos minutos, tu madre parece querer que nos tomemos esas bebidas que trajo hace una hora- la vida era tan impredecible que aquella niña compañera de su hijo, a la que tantas veces llamó sangre sucia y menosprecio, ahora era como una hija para él y su esposa.
-Me alegra que se dieran cuenta que estaba aquí- la castaña los recibía con una sonrisa a pesar del cariñoso "regaño".
-Lo siento querida, es necesario abarcar un tomo diario- se disculpó el mayor dándole el motivo de su tardía aparición pues Cygnus trajo consigo los tres tomos que su padre le había dejado y eso sería lo que el rubio tendría que enseñarle esos tres días que Severus estaría ocupado reclutando y formando nuevos mortios.
Hermione torció el gesto –Quisiera leer esos libros yo también, solo para asegurarme de que no sobrepasen los límites para Cygnus-
-Madre…- Cygnus rodó los ojos por la actitud sobreprotectora –Padre lo ha ordenado-
-Y está bien cariño, no lo he impedido, solo quiero saber que hechizos hay allí- dijo cruzándose de brazos –Y yo también tengo autoridad contigo pequeño, que no se te olvide. ¿Narcissa, Lucius?-
El rubio dejó de sonreír por el pequeño intercambio de madre e hijo y se apresuró a responder –En casa, está bastante histérica por la remodelación, agradezco mucho que se me asignara ser el suplente de Severus por estos días- y vaya que lo hacía, la mujer estaba de un humor insoportable desde que vio su sala destruida.
La castaña trató de no reír –Me lo puedo imaginar-
-¿Lo triste que sería la vida sin tenerme Mimi?- Blaise Zabini hacia su gran entrada con una sonrisa galante y más atrás venia un Draco rodando los ojos.
-Por supuesto Blaisy, ¿de qué mas podría hablar si no sería de ti?- A ella le encantaba esa actitud coqueta y galante del moreno, solía divertirle verlo intentar con las chicas que pasaban vagamente por la mansión a veces.
-De nada más interesante- dijo guiñándole un ojo –Lucius, peque- saludó para sentarse y servirse un poco del jugo que estaba sobre la mesa improvisada de la bruja.
-Pensé que tenían una misión que duraría todo el día. Apenas son pasadas las cuatro- dijo el rubio mayor viendo llegar a su hijo y su ahijado.
-Theo fue reasignado y nos enviaron a la mansión- el rubio menor se encogió de hombros al ver la duda en la expresión de la bruja. –Ni idea de donde está-
-Teddy sigue siendo el favorito…- negó con la cabeza el moreno de forma teatral –No es que me queje, carajo, mejor estar aquí bebiendo esta limonada que allá afuera, todos andan jodidamente tensos-
Hermione apartó la mirada al escuchar aquello, se sentía horrible saber que Theo podría estar haciendo algo peligroso por su culpa.
-Hierba mala nunca muere Granger- Draco por supuesto se había dado cuenta de la reacción que tuvieron las palabras de su amigo en la bruja. Subió sus pies a la mesa y sonrió presumido –Mira que lo han intentado y sigo aquí-
La castaña le sonrió negando divertida pero agradeciéndole aquello.
-Padrino, ¿te quedarás a ayudar al abuelo Lucius?- Cygnus de verdad, de verdad, quería que los dos rubios hicieran alguna demostración duelista de magia oscura sin contenerse, es algo que deseaba desde hace mucho.
-Bueno, no tengo nada que hacer. Astoria está de misión y diablos, no pienso aparecerme por la casa mientras madre este arreglando todo- un escalofrío lo recorrió al recordar el genio de aquella mujer por los cuadros dañados.
-Dímelo a mí- murmuro Lucius desganado.
-¡Deberíamos ir a los jardines y tener un pequeño duelo tu y yo Dragón! ¿Qué dices compañero?- exclamó Zabini emocionado levantándose de golpe.
El príncipe de Slytherin lo miró un momento -¿No te cansas de comer tierra Zabini?- preguntó burlón haciéndole referencia a que perdería.
-¿No te cansas de creerte invencible dentro de ese pequeño cerebro tuyo Malfoy?- escuchó a la bruja reír –Debería de ser un duelo de tres, el primero en desarmar a dos de nosotros, gana- oh si, Mimi iba a participar también.
-Estoy embarazada Blaisy- canturreó la mujer divertida.
-No te haremos daño- aseguró Draco levantándose entusiasmado por la idea. La verdad, Hermione y Blaise eran excelentes magos, hacia mucho que no se debatía con varitas así.
-No soy yo la que me preocupa, son mis hormonas y mi nulo control de impulsos. Me da miedo hacerles daño- picó con una sonrisa de lado.
-Oh pequeña bruja, acabas de tocar mi vena competitiva- era oficial, los arrastraría a los jardines, se dijo el moreno italiano.
Lucius suspiro junto con el pequeño a su lado –Parece que terminaremos luego Cygnus-
-Solo si terminan hoy abuelo- su madre era casi tan competitiva como sus tíos, aquello podría durar horas antes de que alguno perdiera.
Los tres pupilos de Severus Snape se miraron con la chispa retadora en los ojos y se encaminaron a los jardines seguidos del rubio mayor que negaba divertido por el comportamiento infantil de aquellos tres y de un pequeño Cygnus resignado a mirar un duelo que duraría toda la tarde y noche.
-Nada de eso, terminen ustedes primero con ese tomo. Nos sentaremos a esperarlos- hizo sentar de nuevo a los recién llegados y enfocó su atención en el moreno –Tú Zabini, me contaras mientras tanto que son esos rumores que he estado escuchando de ti y la queridísima cuñada de nuestro rubio aquí presente-
El italiano tragó grueso. Rayos, malditos chismosos –Solo la acompañé a tomar un trago en la biblioteca Mimi- Hermione les tenia rotundamente prohibido a Theo ya él acercársele a la bruja oxigenada, como le decía.
-¿Sabes Blaise?- comenzó la mujer con voz dulce haciendo que el hombre temiera un arranque de reclamos –Hay hechizos que me enseño el profesor que jamás he practicado por su nivel de complejidad y alcance de daño… Creo que hoy es el día-
-¡Solo fue un trago!-
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-Aun con la información que consiguió Ernie, no fue para nada fácil entrar- Seamus Finnigan y Hannah Abbott se encontraban escondidos en la parte posterior de la mansión, justo detrás de los jardines.
-Hay asquerosos mortifagos por todas partes- la rubia claramente los despreciaba. –Haz silencio unos minutos-
Pasaron unos dos minutos cuando el mago volvió a hablar -¿Crees que Cormac ya lo haya dejado?- preguntó el aficionado a la pirotecnia harto de aquel silencio.
-No lo sé Finnigan, no lo podemos ver- ironizó la mujer hastiada de tanta habladuría cuando deberían de estar atentos a cualquier movimiento.
-Aun no puedo creer que Luna hiciera eso- cuando Willis los reunió para ir a aquella misión diciéndoles que ya tenían las coordenadas gracias a la señorita Lovegood, él realmente pensó que era una jodida broma pero vio la mirada apenada de su ex compañero de casa y supo que no era mentira, Luna había ido a buscarla y no presentía que para ayudarlos a ellos.
Luego de que Ernie diera las coordenadas exactas y los puntos bajos en los perímetros de seguridad de la mansión, Seamus, Hannah, Cormac, Neville y Willis, se trasladaron a un punto cercano para llevar a cabo la extracción del pequeño hijo de voldemort. El plan era sencillo pero efectivo. Mclaggen entraría usando la capa, tal cual hizo Luna la noche anterior, llevaría con él un translador, ubicaría a el niño, lo tomaría y se desaparecerían al refugio. Hannah y Seamus vigilarían todo desde donde había menos guardias, los jardines. Neville y Willis tendrían el mapa y le avisarían a Cormac de quien estaba en su camino. No podía fallar.
-Mira, hay movimiento- dijo la mujer alertando a el hombre.
Seamus Finnigan se quedó callado al instante de ver a un grupo de personas aparecer en los jardines y una lagrima rodó por su mejilla –Es ella…- diablos, Neville lo había dicho pero verla, verla era muy diferente a imaginarlo.
-Claro que es ella Finnigan, ahora abre bien los ojos, veo a Malfoy padre e hijo, el niño debe ser el hijo de Hermione y el moreno no sé quien es- Estaba impresionada, aquel pequeño era idéntico a el mago tenebroso pero en versión pequeña. Aquello le dio fuerzas para seguir con el plan.
-Blaise Zabini, Slytherin…- si le había impresionado ver a Hermione viva, verla con un pequeño niño eran otros niveles. Se le veía tan feliz. Bajo su mirada dudando ¿estaban ellos en lo correcto?. No tuvo tiempo de seguir pensando cuando escucharon la voz desganada de Neville.
-Prepárense, aquí vamos- Conocía a su amigo, él también estaba dudando.
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-Theo va a lamentar tanto perderse esto- les comentó el moreno al rubio y a la castaña. Luego de que Cygnus y Lucius terminaran con aquel entrenamiento, se encaminaron como niños pequeños en navidad a los terrenos de la mansión. Se podía sentir el aire competitivo entre ellos.
-Mamá no hagas mucho escándalo, podrían decirle a padre y sabes cómo se pondrá- recomendó la mini copia de Tom Riddle acomodándose en el césped.
-Tonterías cariño, no tendré que hacer mucho para dejarlos fuera- le restó importancia la mujer riendo por la mirada escéptica de ambos hombres -¿Qué es eso que tienes allí?- de repente, se percató de que justo detrás de su hijo había una copa de plata. Se acercó para ver mejor pero Draco y Blaise ya tenían arraigada la costumbre de estar en segundos al lado de su hijo al mas mínimo detalle –Esto no estaba aquí cuando pasamos-
-Parece una copa….- Draco había sacado su varita y Blaise ya miraba al objeto con desconfianza. Ya no eran la guarda del pequeño pero seguían atentos a todo. Eso les hacía preguntarse… ¿Dónde rayos estaban Dolohov y Macnair?.
-¿Ahora jugaran con la grama niños?- Lucius se había acomodado ya en la sombra algo alejado, leyendo el segundo tomo que debía explicarle a Cygnus.
-No parece de la casa madre…- Cygnus estaba estirando su mano para tocarla cuando su madre a cuatro pasos delante de él, gritó.
-¡NO LA TOQUES!- y entonces todo pasó en cámara lenta. Cygnus casi la rozó cuando Cormac apareció de la nada debajo de la capa de invisibilidad a solo un paso del niño. Lo tomó de la mano con fuerza y al mismo tiempo tomó la copa. La reacción en los hombres fue instantánea, al segundo de que el gryffindor tomara al niño, Draco se lanzó hacia él tomando su pierna, a su vez, Blaise sujetaba al rubio de su saco. Cuando Lucius parpadeó y Dolohov y Macnair llegaban lanzando hechizos, los dos magos y el hijo de Lord Voldemort, habían desaparecido.
-¡CYGNUUUS!- el grito desesperado de Hermione al lanzarse a la grama donde segundos antes había estado su hijo, hizo eco en toda la casa.
Lucius llegó apurado a su lado tratando de levantarla pero ella negó llorando aterrada.
-¡Devuélvanmelo!- volvió a gritar sintiendo que su pecho comenzaba a doler, su cabeza se sentía mareada, iba a vomitar –Devuélvanme a mi niño…- sollozó arrodillada abrazándose a sí misma.
-¡Malditos inservibles!- bramó el rubio mayor furico contra los dos que se suponían cuidaban al niño. No solo se había llevado a quien consideraba su nieto, si no que a su hijo e ahijado también. –Par de imbéciles, disfrutaré su miseria- arremangó su camisa y dejó ver la marca para terror de los otros dos. Al tocarla con su varita el ambiente se cargó de un aire pesado y al instante apareció Severus, seguido de Theodore y el Lord.
-¿Lucius?...- se atrevió a preguntar Severus pero se calló al instante de ver a su señor. Tenía su mirada fija en algo, o alguien en la grama, la persona estaba hecha un ovillo y sollozaba.. ¡Granger!.
-¿Qué pasó?- preguntó despacio el señor oscuro acercándose a su mujer –He preguntado… ¡¿Qué DIABLOS PASÓ?!- todos se sobresaltaron, excepto Theodore, él estaba ocupado buscando con la mirada a el pequeño hijo de Hermione, tenía que estar allí.
-M-Mi señor… perdónenos, salió de la nada, nos acercamos tan rápido como pudimos pero no… n-no pu.. pudimos- tartamudeaba temblando asustado Macnair.
-¿Hermione?- El Lord había llegado hasta ella levantándola un poco del suelo y tomarla en sus brazos. Al instante la mujer se aferro a él desesperada.
-Devuélvanmelo… devuélvanmelo….- seguía murmurando la mujer ahogada en su propio llanto.
-Se llevaron a Cygnus mi Lord- reveló Lucius nervioso también –Draco y Blaise intentaron detener al sujeto pero solo lograron desaparecer junto con su hijo. Asumo que usaron un translador-
Theodore sintió que el mundo se detuvo unos segundos. No, no, no, ellos no. La maldita resistencia, tenían que ser ellos, se habían atrevido a hacer lo que la Lunática les advirtió la noche anterior, tan pronto, tan rápido. Apretó los puños colérico, se las iban a pagar, si les tocaban un solo cabello, uno solo….
La cara de Lord Voldemort solo prometía una cosa, sangre. Tomó a su mujer cargada delante de la atenta y tensa mirada de todos. Nadie se atrevía a mover un solo musculo.
-S-Sus… ordenes mi señor?- preguntó Macnair aventurado. Dolohov se mantenía callado con la cabeza gacha, no era estúpido.
-¡Avada Kedavra!- y nadie vio venir aquel rayo verde que acabó con la vida de el hombre que había preguntado. -¡Dolohov!- llamó siseante, Nagini enseguida se apareció a sus pies –Te he perdonado la vida asqueroso gusano inútil… tienen 5 minutos para juntar a mis mejores mortifagos aquí o siguen sus vidas - la mujer en sus brazos pareció reaccionar.
-Yo iré con ellos- dijo decidida tratando de que la pusiera en el suelo.
-Te quedaras aquí-ordenó aferrando su agarre –Vas a calmarte y te llevaré arriba-
-¡No puedes…- intentó pelear pataleando para que la bajara, ella era la madre del pequeño.
-Voy a traerlo…- le dijo al momento haciéndola parar –Voy a traer de regreso a nuestro hijo- prometió mirándola.
-Si le hacen algo…- dijo la castaña gimoteando.
-Los asesinaré, a cada uno, a todos, a quien sea… nadie va a tocarlo- volvió a decirle logrando que asintiera dejando de forcejear.
-Draco y Blaise lo mantendrán a salvo mientras damos con ellos mi Lady, ellos lo cuidaran- Theo odiaba no poder acercársele y consolarla, compartir la preocupación juntos pero él haría algo mejor, él buscaría a las malditas ratas que osaron llevarse a su familia.
-¿Qué esperan escorias? Muévanse- ordenó el Lord alejándose con su mujer para que descansara custodiada.
Theodore, Lucius y Severus tocaron sus marcas al mismo tiempo llamando a los mortios bajo su cargo. Cinco segundos pasaron antes de que los jardines de la mansión estuvieran llenos de hombres y mujeres encapuchados de negro arrodillados, esperando órdenes.
Todos miraron a Severus, era quien daba las órdenes a falta del señor tenebroso.
-Los rebeldes nos han estado dando dolores de cabeza poco significantes desde hace unos meses, alimañas que se esconden sin dar la cara, que atacan en las sombras sin dejarse ver, hasta hoy, eran ratas que serian exterminadas a su debido tiempo pero ellos mismos acaban de tentar a la suerte- los murmullos en acuerdo no tardaron en escucharse, así como la creciente duda de para que eran llamados –Osaron irrumpir de nuevo en otra de nuestras casas, en la del mismísimo Lord, se han llevado a el joven amo y dos de nuestros hermanos, su insolencia debe ser castigada-
-Registraremos cada rincón, cada alcantarilla, cada casa o cuchitril de Londres- siguió Theo al ver la mirada de su profesor en él –Querían la guerra… la acaban de empezar- todos estallaron con gritos de guerra -¡Cazadores, conmigo!- elevó su voz para ser escuchado. De las filas se disperso un grupo de unos 15 reagrupándose a un lado, frente a él.
-¡Rastreadores, a mi mando!- ordenó Snape recibiendo el mismo acto.
-¡Carroñeros, preparados!- dijo Lucius imponiendo el mando. Él lideraría aquel batallón junto con Dolohov.
Los tres capitanes se dieron una mirada significativa al acomodarse sus mascaras plateadas deseándose éxito y pidiendo extremo cuidado, luego miraron al frente, el cielo comenzaba a ponerse oscuro y nublado. Aquello era…
-AHHHHH- gritó Lord Voldemort apuntando su varita al cielo enfurecido. La calavera con la serpiente apareció imponente y aterradora como todos recordaban -¡Vayan por ellos!- y todos sus seguidores desaparecieron en su humo negruzco.
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-¡Suéltalo imbécil!- gritó Draco Malfoy forcejeando con el gryffindor para quitarle a Cygnus.
-Suéltalo tú maldito mortifago- devolvió el hombre.
Blaise Zabini se había dado un buen golpe al caer perdiendo el agarre que mantenía en Draco.
-Parece que trajiste a mas invitados Cormac- los tres se voltearon al escuchar aquella voz y los dos mortios junto con el niño fueron conscientes de que estaban jodidos. Los rodeaban unas 20 personas con las varitas apuntándolos.
-Tocaron al niño al momento que active el translador Dumbledore- murmuró enojado Mclaggen levantándose y dejando ir al niño con Malfoy quien enseguida lo puso en el medio de Zabini y él.
-Vaya, me sorprenden, han evolucionado, ahora secuestran niños- escupió sarcástico el rubio.
-Que ironía viniendo de ti Malfoy- devolvió un hombre de unos 29 o 30 años. El rubio lo reconoció como un Ravenclaw que iba dos años más arriba que él.
-Aun no tocamos ese fondo- Zabini se recuperaba del mareo que le provocó el golpe en la cabeza y levantaba su varita desafiante.
Cygnus miraba el intercambio consternado, no tenía su varita y claramente esa gente no los quería allí, al menos no a sus tíos y eso lo hizo sentir ansiedad. Quería irse.
-Mantén la calma Cygnus- murmuró Draco bajo solo para ser escuchado por él.
-Nadie te hará nada- prometió Blaise decidido.
-¿Draco?- una voz femenina se escuchó en la multitud abriéndose paso. Una mujer mayor, de porte elegante, apareció mirando incrédula al rubio.
El rubio la miró un momento. ¿Quién era esa mujer que se parecía, perturbadoramente, tanto a su difunta y loca tía?.
-Mantente atrás Andrómeda- le ordenó Aberforth a la mujer.
Draco abrió los ojos sorprendido, era su jodida tía, la que estaba en el otro bando. Sin embargo no bajó su varita, mantuvo la guardia alta.
-Bueno, he escuchado de ti…- comentó el Malfoy hacia la mujer –La desgracia de la familia. Aunque creo que Sirius Black te quitó ese puesto luego-
-Cuidado con lo que sale de tu asquerosa boca Malfoy- advirtió Neville llegando con los demás en escoba. Miro al niño, diablos, era demasiado parecido a el mago oscuro. –Ustedes no estaban invitados pero bienvenidos sean a la resistencia- recibió burlon.
-Gracias por la bienvenida Lobobottom pero no nos podemos quedar- dijo Blaise tomando a el niño. Cygnus debía cargar aquel medallón que les comentó Hermione una vez y de ser así, la mujer lo sentiría, solo debían tener unos segundos para que el niño se concentrara.
-No irán a ninguna parte mortifagos, el niño se quedara aquí y ustedes serán ejecutados como pago de sus injurias- dictó el mago de nombre Willis apuntándolos con su varita.
-Quiero ver que intenten eso- retó el rubio con una sonrisa de lado. Estaban rodeados, y si, los superaban en número pero no permitiría que tocaran a Cygnus o a Blaise.
-¡Confrigo!- conjuró Cormac y la batalla comenzó. Rayos iban y venían mientras Cygnus se escudaba en el suelo con sus manos.
-¡Protego! ¡Depulso!- Blaise era hábil, muy buen duelista, el cubría la parte de atrás mientras que Draco se debatía con los de adelante. –Cygnus, el medallón- apuró el moreno. Una cosa es que fueran buenos y otra que pudieran con 10 cada uno mientras trataban de proteger que ningún hechizo golpeara al niño.
Draco repelía los mas que podía, concentrándose solo en eso, en repeler hechizos, no atacar. Para su sorpresa, nadie allí estaba jugando, les estaban dando con todo tal como les había contado Theo. Ni siquiera parecían detenerse en lanzar hechizos cercanos a Cygnus, lo querían lastimar de verdad.
El niño asintió entre asustado y concentrado sosteniendo el medallón en su mano pero sintió algo en su mejilla que ardió demasiado y no pudo concentrarse en el rostro de su madre. Tocó la zona y miro que sangre cubría sus dedos, lo habían herido.
-¡Malditos!- aquello fue todo para que Draco Malfoy se perdiera lanzando maldiciones oscuras contra ellos.
-¡Están locos, es un niño!- acusó Zabini como si aquello no fuera obvio aun para ellos.
-¡Es un bastardo del demonio, merece morir como su padre y la perra traicionera de su madre!- una mujer gritó aquello haciendo que el niño se tapara los oídos negando asustado.
-¡Crucius!- gritaron Blaise y Draco al mismo tiempo hacia la mujer logrando darle por estar desprevenida soltando insultos contra el niño. Cayó retorciéndose de dolor mientras gritaba en el suelo.
Aprovecharon el alboroto causado por la mujer y Blaise tomó a Cygnus cargado corriendo hacia adelante seguido de su amigo que cubría sus espaldas –Bombarda máxima- apuntó a las personas que estaban delante de ellos mandándolos expulsados a unos metros pero cediéndoles el paso libre para seguir corriendo. –Sé que es difícil concentrarte cuando estamos corriendo por nuestras vidas Cyg pero inténtalo de nuevo, hay que llevarte con tu madre-
-Expelliarmus, bombarda, infire, glacius- El rubio Malfoy intentaba darles con todo para que nos los alcanzaran lo suficiente. Tenía que darle tiempo a Cygnus de llamar a Hermione.
-¡No van a escapar Malfoy!- gritó Neville adelantándose más que los demás, corriendo sorprendentemente rápido.
-Draco, los perderemos en las montañas, están cerca, podemos hacerlo- animó el moreno mientras corría mas rápido. El rubio ahora estaba a su lado pero cuidándole las espaldas a su amigo que aun corría con el niño en brazos.
-Me van a pagar el arruinar estos zapatos en la tierra- murmuro de mal humor el mago rubio lanzando mas hechizos hacia atrás. Longbottom venia demasiado cerca para su gusto –Apresúrate Blaise, nos van a alcanzar- apuró comenzando a sentirse nervioso. Siguió corriendo lo más rápido que podía, ya veía las montañas, solo debía llegar, crear algún campo y perderlos. Se apresuró un poco alejándose unos metros de Blaise y Cygnus pero protegiéndolos aun desviando los hechizos de Longbottom volteando cada segundo.
-Ya casi Cyg, ya casi- le susurro al niño Zabini.
-No puedo, no puedo visualizar su rostro- dijo comenzando a llorar el niño. Aquel ajetreo de gritos, hechizos y carrera, lo tenía demasiado asustado como para poder concentrarse en la magia de su madre.
-Tranquilo, está bien, te estamos cuidando- dijo el moreno apretando su agarre para transmitirle más seguridad.
-Intenta llamarlo Blaise- pidió el rubio pues eso tenía rato haciendo, desde que comenzaron a correr como locos y aun no aparecía nadie.
-¿Crees que no lo he intentado ya? Es la misma mierda que en tu casa, no se puede-
-¿Qué crees que sea?- preguntó el rubio sin tener idea de que lo que hacían para bloquear sus llamados.
-Deben de tener rodeado este maldito lugar con magia-concluyó el moreno, pues era exactamente la misma situación que en Malfoy Manor. Vio a su amigo adelantarse un poco más y comenzar a murmurar runas en lo que parecía una cueva, estaba cubriendo el lugar para ellos. Solo un poco más. De repente un hechizo le dio, unas ramas salieron de la tierra sosteniendo su pie derecho haciéndolo caer y soltar a Cygnus quien rodó lejos de el por unos metros.
Draco escuchó el gritó de Blaise y se volteó alarmado. Lo vio tirado en el suelo gimiendo de dolor pero tratando de alcanzar su varita a tan solo un metro de él. Cygnus estaba tirado justo delante del italiano sosteniendo su brazo que parecía sangrar.
-¡Levántate Blaise!- urgió Malfoy comenzando a correr de regreso por ellos.
-¡Me rompí el pie!- gritó desesperado pues las ramas comenzaban a subir por sus piernas impidiéndole levantarse del suelo. -¡Cygnus! Levántate y corre hacia Draco ¡YA!-
El niño lo miró indeciso, no quería dejarlo pero los hombres se estaban acercando a ellos y tenía miedo. Mucho miedo. Tomó el medallón de nuevo con ambas manos.
-Flashback-
-¿Y qué es lo que hace mami?- tenía 5 años, era el día en el que los cumplía y estaba muy curioso con el regalo de cumpleaños que le entregaba su madre en ese momento. Un bonito medallón.
-Veras bebé, he puesto parte de mi magia en él para cuidarte siempre. Si lo tomas y deseas con todas tus fuerzas estar conmigo, el medallón cumplirá tu deseo- reveló la mujer peinando sus cabellos con amor.
-¿Y si estoy lejos de ti?- preguntó temeroso de que de esa manera no funcionara.
-Ninguna distancia puede contra el amor puro y sincero Cygnus, esa es la magia mas poderosa- dijo la madre besando sus mejillas haciéndolo refunfuñar apenado. La bruja rió enternecida –Vamos príncipe, hay que arreglarte para tu fiesta-
-Endflashback-
-¡Cygnus a mí, ahora!- ordenó Draco corriendo hacia él, no estaban muy lejos pero carajo, había corrido tanto ya que su cuerpo le estaba reclamando haciéndolo más lento.
El niño apretó mas fuerte el medallón llamando a su madre y de pronto un brillo comenzó a rodearlo para sorpresa de todos.
-Bruja astuta… no es un amuleto, es un transportador mágico- Blaise no pudo evitarlo, una carcajada salió de sus labios, feliz. Irían a casa. –¡Apresúrate Draco, nos vamos!- trató de levantarse forzando las raíces pero estas no hacían más que apretarlo con mayor fuerza. Eran como el lazo del diablo.
-¡No, no lo harán!- Neville ya casi llegaba a el niño, ya casi. Saltó el cuerpo de Zabini como si de un obstáculo de pista se tratara y justo cuando estaba por tocarlo, el moreno actuó.
-Oh si, si lo harán… ¡Expulso!-Blaise Zabini había levantado su varita con la única mano libre que aun no era apresada.
Neville Longbottom esperó el hechizo cerrando los ojos pero no sintió el empujón que lo mandaría a los aires. Cuando volvió a mirar, era el niño quien salía disparado hacia Malfoy.
Zabini miro como su mejor amigo atrapaba a su pequeño sobrino en el aire y la luz comenzaba a rodearlos a ambos ahora. Él rubio buscó desesperado su mirada y él le sonrió –Largo de aquí-
-¡AVADA KEDAVRA!- grito una voz masculina bastante molesta.
Lo último que Draco Malfoy vio antes de desaparecer con Cygnus en sus brazos fue como un rayo verde alcanzaba a su amigo en el suelo. Un hombre canoso bajaba su varita mirándolos con la promesa de que se volverían a encontrar.
-¡BLAISEEE!-
Y todo se volvió negro.
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Hola a todos de nuevo! Muchísimas gracias por sus review, de verdad me llenan y motivan lo suficiente para continuar esta historia. Si, acabo de matar a Zabini pero esta era una historia de drama y es lo que habrá. Espero no me odien por eso porque de verdad traté de despedirlo como lo merecía. La resistencia no desaprovechara ninguna oportunidad y hasta se irá contra los suyos con tal de tener en sus manos a el pequeño Cyg. Que miedo no? Pobre Luna, ahora es prisionera de su propio bando. Los invito a seguir esta historia que poco a poco se ha ido desarrollando hasta empezar a tomar forma. SALUDOS.
