Séptima parte
Al llegar al departamento, fue parecido a la primera vez que se vieron. Yuuri fue el que tomó las riendas de todo y Viktor dejó que lo hiciera, pese a que habían quedado en que él guiaba. De cierta manera, no quería provocar que Yuuri se arrepintiera en algún momento de lo que estaba por ocurrir.
Esta vez, Yuuri estaba mucho más relajado que la vez anterior, aunque también parecía mucho más decidido. Hubo tiempo de que ambos se tocaran a su antojo, sin aquel frenesí que antes había dominado al japonés. Yuuri, al igual que él, parecía querer tocar toda la piel expuesta que pudiera.
Pronto Viktor se encontró con las manos sobre las caderas regordetas del japonés y pudo notar nuevamente la textura de aquellas marcas rojizas que solían aparecer por sus aparentes cambios bruscos de peso.
Apretó con ganas esa porción de carne y a cambio recibió una mordida juguetona en el hombro, junto a un leve agarrón de trasero, lo cual lo hizo reír.
―Deja de molestarme por mi peso.
―¿Molestarte? Eres hermoso en cada una de tus facetas, Yuuri, sobre todo con unos kilos de más.
Yuuri se apartó y Viktor pudo verlo a los ojos. No supo cómo interpretar aquella mirada.
Yuuri solía ser un completo misterio para él, pero pese a ello, pudo sentir que había algo que había cambiado. Y no se refería solo al hecho de que el japonés se estaba comportando mucho más gentil que lo usual, sino que era algo más profundo.
Y aquello lo asustaba.
―Ven, vamos a mi habitación.
Y Viktor lo siguió de manera automática.
Mientras ambos quitaban las prendas del cuerpo del otro, Viktor pensó que tenía miedo. Estaba aterrado porque esa noche se había dado cuenta que también sus propios sentimientos habían cambiado, hasta en un punto en que ya no había salida.
Y aquello terminaría esa noche.
Yuuri estaba haciendo todo eso para que él lo dejara de molestar. Ni siquiera había dejado que él se esforzara en una cita que, según su criterio, podría ser considerada una de las más cortas de la historia. Lo había invitado a su casa con el único pretexto de ponerle punto final a todo aquello por medio del sexo.
Eso habría estado bien para él meses antes, cuando solo había querido rememorar una excelente sesión de sexo y nada más, pero ahora despedirse así le parecía algo tan frío que solo el tener que llegar a eso lo abrumaba.
Yuuri se detuvo al no sentirlo cooperativo y buscó su mirada.
―¿Está todo bien? ―Yuuri parecía extrañado―. ¿No era esto lo que querías?
«Pero no así».
En vez de decir aquello sonrió.
―Es que pensé que Yuuri me dejaría guiar esta noche.
Ante esas palabras Yuuri se apartó un poco más. Lucía avergonzado.
―Lo siento, Viktor, pero no creo que pueda cumplir eso. ―Esbozó una sonrisa enigmática y se acercó nuevamente, esta vez poniendo sus labios a la altura de su oído―. La verdad es que no hallo la hora de poder hundirme en ti.
Y bueno, aquello fue todo. En cuestión de segundos Viktor olvidó todos sus lamentos internos, para centrarse en aquel enigmático hombre, al que tuvo bajo él en un solo movimiento.
Yuuri abrió los ojos más de lo normal, sorprendido ante su brusca acción.
―¿V-viktor?
Viktor se acercó a Yuuri y soltó una risa ahogada cerca de su oído. Su sonrisa aumentó cuando vio que aquella acción había provocado que algunos vellos se erizaran.
―Tranquilo, Yuuri ―susurró en su oído, y gozó de la reacción que tuvo en el cuerpo de su amante―, te dejaré tomar el control cuando llegue el momento.
Y se dedicó a desnudar el cuerpo ajeno, a la vez que aprovechaba de tocar toda aquella piel que quedaba a su disposición.
Sentía su pene duro como una roca. Definitivamente quería meterlo en alguna parte, o al menos encontrar un alivio; pero no, Yuuri quería el control en aquella oportunidad, y él, con tal de tener Yuuri un poco más, era capaz de ceder ante aquello.
Sintió una mano tocarlo por sobre la ropa, y luego sintió como esta misma se colaba hasta posarse sobre sus genitales.
Miró a Yuuri aliviado y con agradecimiento, y no dudó en quitarse el pantalón para darle un mejor acceso.
Notó el también notorio bulto en Yuuri y decidió devolverle el favor.
Pero tocarlo con las manos no era suficiente, al menos no para él, y por dios que quería saber la reacción de Yuuri ante lo que quería hacer.
―¡¿V-viktor?!
Si hubiese podido, Viktor habría sonreído.
Sintió una mano sobre su cabeza y cómo esta intentaba detener sus movimientos.
Suspiró y su boca abandonó lo que estaba haciendo.
―Relájate, Yuuri. ―Y lo miró.
Yuuri tenía el rostro congestionado y boqueaba como pez fuera del agua.
Al mirarse, Viktor le guiñó el ojo, lo que hizo que Yuuri hiciera un sonido de resignación.
―Ay, estás loco.
Pues sí lo estaba. Eso no lo discutía.
Volvió a meter el pene de Yuuri en su boca, sonriendo ante su jadeo enloquecido.
Pocas veces había hecho una felación antes, por lo que la textura del glande y el leve regusto salado del líquido preseminal le resultaba algo extraño, mas no desagradable.
Podía sentir las venas hinchadas con su lengua, y cómo el pene de Yuuri parecía aumentar su tamaño a momentos.
Volvió a sentir una mano sobre su cabeza, pero esta vez para tomar un poco de sus cabellos y así guiar los movimientos a su gusto.
Sin tener el control, sentía el pene entrar más profundo en su boca, hasta que el glande comenzó a tocar repetidamente la parte posterior de su garganta, lo cual activó su reflejo nauseoso.
Aguantó las arcadas lo más que pudo, hasta que Yuuri, en una acción digna de mejor autocontrol, detuvo sus movimientos y sacó el miembro de su boca.
No tuvo tiempo ni de tomar aire cuando sintió su espalda sobre el colchón y a Yuuri sobre él. Pronto estuvo desnudo y sintió a Yuuri tocar su región perianal.
Como la primera vez, Viktor se alarmó al sentirlo merodear por la zona.
―Em…, ¿Yuuri?
Escuchó una maldición en japonés y luego vio cómo Yuuri se levantaba de la cama y buscaba algo en su mesa de noche. Segundos después le mostraba un paquete de aluminio y un frasco con lubricante.
―Aquí están ―dijo―. Con esto será mucho más fácil.
Viktor asintió, aliviado de cierta forma, y luego sintió cómo Yuuri le aplicaba una generosa porción de lubricante. Esta vez el japonés parecía saber mucho cómo proceder y sus movimientos eran mucho más seguros.
Pronto el mismo Viktor se escuchó pidiendo que aquellos dedos fueran reemplazados por algo más grueso, de una manera que no se reconocía.
Y Yuuri no se hizo de rogar.
Aunque, si debía ser sincero, a Viktor se le hizo eterno el tiempo que tardó en ponerse el condón, tan eterno que decidió volver a tomar el control.
Yuuri lo miró con una ceja alzada cuando se vio debajo de él.
―¿Qué haces?
Viktor sonrió.
―Disfruta de la vista.
Y sin avisar se auto penetró.
E inmediatamente se arrepintió, porque sí que dolió. Pero estaba tan impaciente, que estaba seguro de que no habría servido de otra manera.
Se aguantó la blasfemia que tenía atorada en la garganta y elevó sus caderas para luego descender. Esta vez aparte del dolor sintió una placentera sensación, sobre todo porque por la posición sentía a Yuuri completamente adentro.
Al tercer movimiento ya un sonido ahogado salió de su garganta y sin poder evitarlo, echó la cabeza hacia atrás.
Sintió las manos de Yuuri sobre sus caderas y el ritmo de las embestidas aumentó, sin dejarle tiempo para recuperarse. Pronto se vio hecho un manojo de sensaciones, murmurando por más y sin poder controlar sus gemidos.
¡Era mucho mejor de lo que recordaba!
Intentó mantenerse todo lo que pudo arriba, pero Yuuri no le daba tregua y en algún momento tuvo que admitir que se estaba quedando sin fuerzas.
Cuando su espalda volvió a tocar el colchón, Yuuri rio jadeante junto a su cuello.
―¿Ya te cansaste, Viktor?
―No soy yo el que se ha detenido ―contestó él a su vez.
Yuuri buscó su mirada, y sonrió mientras presionaba su frente con la suya.
―No debiste decir eso.
«WOW»
Y luego lo penetró de una sola estocada.
Viktor abrió los ojos más de lo normal, sorprendido ante su ritmo, que no le daba tregua alguna. ¿Es que ese hombre no se cansaba?
Desde ahí que no hubo escapatoria. Si antes había sido difícil seguirle el ritmo, ahora los movimientos se Yuuri eran demenciales. Pero Viktor no quería que se detuviera, aunque sintiera que su cuerpo no resistiría mucho más.
Porque quería más, mucho más.
Así que no pudo evitar que sus manos buscaran su propio falo para encontrar más pronto la cúspide de su propio placer.
Yuuri al parecer notó aquello y lo reemplazó en la labor.
Viktor echó la cabeza hacia atrás y arqueó la espalda. Tener a Yuuri penetrándolo sin piedad alguna y que imprimiera el mismo ritmo sobre su pene, era demasiado para él.
En cierto momento, incluso Yuuri, el incansable Yuuri, abandonó su postura más erguida y no pudo evitar caer sobre Viktor, mientras las embestidas disminuían en intensidad.
Fue ahí que él aprovechó de aferrarse al cuerpo del japonés y sus labios buscaron los contrarios para besarlos, un poco temeroso, acostumbrado ya al rechazo.
Pero Yuuri correspondió y luego, cuando le beso finalizó, apoyó la frente contra la suya y Viktor se perdió en aquellos orbes que lo miraban fijamente.
¿Qué había cambiado? No pudo evitar preguntárselo. Todo era tan diferente a como todo había empezado, que se sentía abrumado, sobre todo luego de todo el rechazo de las veces anteriores.
―¿Qué sucede? ―cuestionó Yuuri, probablemente al notarlo un poco ido.
Viktor soltó una risa divertida, de modo que le quitó todo el peso a la situación y relegó sus propios pensamientos al olvido.
―¿Al fin te cansaste? ―cuestionó jadeante.
Yuuri volteó los ojos ante su tomada de pelo.
―Espera y verás ―murmuró, y Viktor volvió a reír.
Los gemidos y movimientos comenzaron a aumentar, hasta que Viktor sintió que su orgasmo estaba cerca. Su cuerpo comenzó a tensarse y aquello Yuuri lo notó.
Dos estocadas más fueron suficientes para que Yuuri lo alcanzara de igual forma. Emitió un sonido gutural y cayó como peso muerto sobre el cuerpo de su acompañante.
Luego solo se oían jadeos mientras dos cuerpos sudorosos intentaban recuperarse de la experiencia anterior.
Viktor aún se aferraba a Yuuri cuando este hizo el amago de separarse, al tiempo que se disculpaba por seguramente estarlo aplastando. Tuvo que morderse la lengua antes de decir que gustoso sería aplastado por él, y solo lo liberó. Ya libre, Yuuri salió de su interior y se dirigió al baño, seguramente para botar el condón.
Y Viktor volvió a la realidad. Suspiró sin saber qué demonios hacer.
Ya todo había acabado.
¿Debería marcharse y dar todo aquello por finalizado? Probablemente Yuuri así lo esperaba.
Pero intentar mover su cuerpo fue inútil. Se quedó tendido en la cama cuan largo era, sin poder moverse siquiera un centímetro. Sentía su cadera destrozada, pero sabía que podría repetir mil veces más si es que era necesario.
Yuuri llegó a los minutos con unas toallas de papel y, sin que Viktor lo pidiera, comenzó a limpiar los restos de semen que habían quedado sobre su abdomen.
―Lamento haber sido tan brusco ―dijo con una timidez que a Viktor le pareció adorable―. Suelo perder el control en estas situaciones.
Y si por Viktor fuera, Yuuri podía perder el control todas las malditas veces que quisiera.
―No te preocupes, Yuuri. Me agrada que me dejes sin poder caminar.
El rostro del japonés tomó el color del carmín y lo miró sorprendido.
―¡Viktor!
Y él rio ante su cara completamente avergonzada, intentando olvidarse de lo que venía a continuación, aunque también sabía que aquello era inevitable.
Pero Yuuri no dijo nada más.
Solo frunció el ceño ante su tomada de pelo y continuó limpiándolo, hasta que consideró que su trabajo estaba hecho. Luego se puso unos boxers y se metió a la cama, sin dirigir una sola mirada en su dirección.
Viktor no lo podía creer.
¿No lo botaría inmediatamente?
Y esperó a que lo echara, pero a cambio solo recibió una respiración acompasada.
Quizás, pensó aún tendido en la cama, Yuuri esperaba que él se marchara por cuenta propia, que se sobreentendía que aquello era el fin y que las palabras sobraban.
Pero Viktor decidió fingir demencia.
En vez de comenzar a recoger sus cosas, se acomodó debajo de las mantas y tiró un poco de ellas para no quedar completamente destapado.
Ya el único sonido que emitía Yuuri era un pequeño ronquido y Viktor pensó que no le molestaría dormir con ese sonido de fondo por el resto de su vida. No le molestaría seguir viendo a Yuuri todos los días.
Suspiró.
Estaba jodidamente enamorado de un hombre que solo lo quería lejos.
―Soy un idiota.
Y sí que lo era.
.
A la mañana siguiente lo primero que sintió fue que estrechaba algo cálido contra sí.
Abrió los ojos y se encontró con una cabellera negra, perteneciente a un japonés que dormía sin notar la cercanía del cuerpo ajeno.
Viktor aguantó las ganas de reír al darse cuenta de que ni en sueños era capaz de dejar a Yuuri en paz. Inconscientemente lo había buscado durante la noche para aferrarse a él.
Estaba jodido, demasiado para su propio bien.
Debería marcharse, ¿no? Quizás debería hacerlo antes de que Yuuri despertara y lo viera así de cerca.
Pero no quería.
Prefería que el mismo Yuuri lo sacara, aunque aquello hiciera todo más amargo.
Apretó más a Yuuri contra sí, y se dio cuenta que su miembro parecía feliz de estar entre aquellas nalgas regordetas.
Se mordió el labio inferior, tratando de contener el impulso que tenía de mover su cadera para conseguir mayor fricción. No quería, de forma alguna, provocar un rechazo mayor hacia su persona de parte de Yuuri; era algo a lo que no estaba dispuesto. Así que se quedó ahí, con su pene erecto rozando la tela del bóxer de Yuuri, mientras se intentaba distraer con el aroma que desprendía su cuello.
Tan solo quería alargar esos momentos antes del despertar del otro hombre.
Pero finalmente Yuuri despertó.
Ocurrió mientras Viktor mantenía su nariz presionada en su cuello, en una forma de intentar llenar su ser de su esencia. En esa posición, era imposible fingir estar durmiendo, así que solo se quedó ahí cuando Yuuri se dio la vuelta para mirarlo.
Quedaron a pocos centímetros de distancia. Tan cerca que, si Viktor quisiera besarlo, nada se lo impediría. Y así lo hizo. Si iba a ser la última vez que lo vería, se llevaría un buen recuerdo.
Pero Yuuri nuevamente lo sorprendió, le correspondió e incluso fue él el que lo tomó del pelo para profundizar el contacto.
Pronto el ambiente se comenzó a caldear nuevamente, y esta vez Viktor no tuvo problemas en mover su cadera contra Yuuri, en una forma de mostrar aquella zona que necesitaba urgente atención.
Y Yuuri entendió a la perfección, pues su mano comenzó a subir y bajar a lo largo de su longitud.
Sin hablarse siquiera, Viktor comenzó a bajar la ropa interior del japonés y sus manos a merodear cerca de su esfínter anal.
Yuuri rompió el beso para mirarlo, probablemente sorprendido ante su acción, y porque sabía lo que aquello significaba; Viktor quería invertir los papeles.
―Es lo justo, ¿no? ―cuestionó Viktor, quien además sentía la imperiosa necesidad de devolverle a Yuuri todo lo gozado durante la noche anterior.
Yuuri abrió la boca, y luego la volvió a cerrar.
―Nunca me han…
―Lo sé. ―Se había dado cuenta la primera vez que habían estado juntos. Tal parecía que las experiencias homosexuales de Yuuri se limitaban solo a él―. Seré gentil. ―Algo que Yuuri no había sido la noche anterior, aunque él no había querido que lo fuera.
Diez minutos después, y contrario a todo pronóstico, Viktor tenía el trasero de Yuuri frente a él, mientras este ocultaba la cara contra la almohada, avergonzado, pero dispuesto a lo que estaba por venir.
Mientras lo preparaba con lubricante, Viktor no pudo evitar pensar que hasta el culo lo tenía lindo. O bien era su enamoramiento el que lo hacía ver todo bajo un nuevo lente.
Suspiró cuando intentó introducir un dedo y obtuvo resistencia de parte de Yuuri.
―Yuuri, intenta relajarte.
―¡Eso estoy haciendo! ―contestó el otro exasperado, en una forma que solo logró enternecerlo―. Pero disculpa si nunca me habían metido algo por el culo.
―Pero si es como ca…
―Mejor cállate ―pidió el otro al darse cuenta de a qué se iba a referir.
―Entonces piensa en agujeros negros, o ¡qué se yo!, en algo que logre relajarte. No quiero hacerte daño.
Pero el que más resultaría dañado en todo eso era él mismo.
Lo supo cuando en medio de aquella extraña conversación llegó una mujer morena a la habitación.
Lo supo cuando reconoció a esa mujer como la amable chica que le había ayudado días antes junto a Javier.
Lo supo cuando la vio taparse la boca con ambas manos mientras las lágrimas caían sin control por sus mejillas.
Y lo supo cuando pudo ver el dolor de la traición en aquellos ojos de tan exótico color.
Porque lo suyo con Yuuri nunca había tenido razón de ser, y ahora lo sabía.
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Notas de autora:
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¡Chan! Espero sus comentarios.
Si quieren unirse a los grupos pueden mandarme un MP para pedirme los links.
¡Nos leemos pronto!
