Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer yo soy dueña del resto de la trama y me divierto haciéndolos sufrir como villana de telenovela barata, separándolos, juntándolos, haciendo que se insulten, que se reconcilien…en fin, haciendo que hagan lo que a mí se me dé la gana xD

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7. Conocernos sin saber…

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Lunes por la mañana.

El autobús seguía su ritmo de todos los días, a una velocidad de sesenta kilómetros como mucho, pero Bella lo sentía como a doscientos. O al menos eso era de lo que estaba convencida. Su estómago revuelto no podía ser causa de que esa tarde, trabajaría por primera vez con Edward Masen. Su nuevo… jefe.

Oh cielos… ¿Cómo reaccionaría después de que ella le colgara días atrás? Seguramente no iba a ser nada amigable… El estómago se le revolvió más.

De repente, algo horrible cruzó su mente.

No iba a ver a Carlisle ningún otro día de su vida.

No iba a oír la música clásica salir hasta su despacho directo del de Carlisle.

No iba a escucharlo reír a carcajadas ni a decirle "¡Ven Bella, ven!" para mostrarle algún correo gracioso que alguien le había enviado.

No iba a verlo recibir llamadas de Esme o de Alice y que sus ojos azules se iluminaran como árbol de Navidad.

No iba a aparecer por la noche en su oficina haciendo oídos sordos a cada excusa que ella pusiera para no abusar de su hospitalidad y que él la arrastrara a la casa Cullen para una gran cena.

No iba a… nada. Nunca más iba a crear otro recuerdo con Carlisle en la oficina.

Él había llenado en gran parte el enorme hueco que Charlie había dejado tras su muerte… claro que no fue intencional…

-¿Bella? ¿No bajas aquí?

Eric, el conductor del autobús, ya la conocía porque ella tomaba este todos los días a la misma hora, y él tenía sus turnos en esta ruta tres días a la semana.

-¿Qué?

-Platt Companies. Estamos a punto de llegar.

-Claro. Gracias—se puso de pie tomando su bolso. Nos vemos el miércoles, Eric.

-Hasta entonces.

Bajó con cuidado, pensando en que, aunque ya estaba acostumbrada a usar tacones, nunca estaba de más usar la precaución cuando los tenía puestos.

El día estaba soleado. Solo eran las dos, o poco antes de las dos.

No seas cobarde, Isabella Swan, pensó, este solo es el comienzo de tres largos meses trabajando juntos. Platt Companies es lo único que importa.

Se dio unas palmaditas en la espalda mentales e ingresó.

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Edward estaba que se subía por las paredes. ¿Dónde estaba Isabella Swan?

Su reloj decía dos y cinco. Y para colmo, su secretaria, o la secretaria de Carlisle, mejor dicho, no se había presentado.

Nadie en la empresa se veía muy dispuesto a dirigirle la palabra. ¿Sabrían del intenso odio de Carlisle y él? Quién sabe. A lo mejor, la pequeña princesa de los Cullen se había dedicado a repartir flores llenas de mala reputación en los días anteriores.

Bueno, tal vez—y solo tal vez—se estuviera excediendo con Isabella. Es decir, su horario empezaba a las dos. ¡Pero una persona responsable llegaba a tiempo!

Gruñó e intentó concentrarse en las notas de Carlisle que eran lo que de verdad importaba en ese entonces. ¿Lo malo? ¡Tenía una letra espantosa!

Si alguien en la universidad hubiera juzgado el destino de Carlisle por su letra, seguro que habría dicho que iba para doctor.

"…muestra que se… reu… re… requiere… un… pescado… pescado… ¡préstamo!"—bueno, la palabra no era para nada parecida. Eso solo era una muestra de lo horrible de la letra…"y que debemos poner los… ¿Calzones en la azotea?"

Edward sacudió la cabeza. ¿A quién demonios se le ocurriría colgar ropa interior en la azotea?

Mientras gruñía, un rápido reflejo castaño rojizo pasó de extremo a extremo de su puerta.

-¿Isabella?—dijo.

Bella se detuvo a un centímetro de la salvación; la puerta de su despacho.

Claro que no iba a poder huir del "grandioso" Edward Masen.

Regresó con pasos lentos, y se asomó por la puerta.

-Buenas tardes, señor Masen.

Él le achicó los ojos.

-Buenas tardes, señorita Swan… No se… estaba pensando… ¿Por casualidad, no cree usted que está llegando tarde?

¡Tarde! Bella no pudo evitar una exclamación de sorpresa. Miró su reloj de pulsera; dos minutos pasadas las dos.

-Disculpe, pero en mi opinión, dos minutos tarde, no es un gran retraso.

-Todos debemos ser puntuales.

-Ya lo sé—contestó irritada. Él lucía tan arrogante. Y ella sabía de qué iba todo esto—Me quedaré tres horas extras, si eso te complace—el tono irónico era su especialidad.

Por supuesto que a él no le gustó.

-Oh sí. Esa es una maravillosa idea. ¿Por qué no te quedas a acampar? Podría conseguir unas esposas y asegurarte al escritorio.

-¿Por qué siempre estás peleando conmigo? ¿Es por lo de la llamada? De acuerdo, lamento haberte colgado, pero no lamento mis palabras.

-¡Ni siquiera estábamos hablando de eso!

-¡No me grites!

-¡No te estoy gritando!

-¡Seguro que parece que tus venas van a estallar de la felicidad!

-¡Tú, pequeña…!

-¡Wow, wow! Parece que llego justo a tiempo antes de que se descuarticen como en esas competencias de caníbales.

Emmett, el abogado, entró en el despacho sonriendo. Los miró a ambos, como midiendo sus emociones.

A Bella se le bajó el coraje primero.

-Hola Emmett—le sonrió.

-Mi querida Isabella. ¿Cómo estás? ¿Qué tal el colegio?—la besó en ambas mejillas.

-Increíble. Se siente muy bien saber que en tres meses, lo habré conseguido.

-Y yo estoy orgulloso. Aún recuerdo cuando eras un pequeño renacuajo que gritaba por aquí y por allá "¡Quiero dirigir Platt Companies! Pero primero, ¡leche con chocolate!"

Se carcajearon juntos y Edward se irritó aún más. Ya sabía que ambos estaban del bando contrario al suyo, pero, ¿tenían que venir y demostrárselo? El que el abogado demostrara tanta familiaridad con Isabella lo molestaba de sobremanera. Pero era una estupidez pensar así.

¿Por qué Isabella no podía sonreírle solo por dos segundos?

¿Por qué no podía ser mansa y tranquila con él, de la misma manera que lo era con el abogado?

Porque estaba claro que ella lo veía como el enemigo. Ellos debían ser como enemigos. Isabella era completamente fiel a la familia Cullen, y él los despreciaba.

Claro que había alternativas…

Podía hacer una pequeña tregua, llevarse bien con la chica, y de esa manera, conocer algunos de los movimientos de Alice y Esme Cullen. Porque si de algo estaba seguro, era de que la chica Cullen no lo dejaría en paz, y menos por quedarse—aunque fuera por muy poco tiempo—con su adorada empresa.

Sonrió. Esa era una solución muy práctica.

El abogado e Isabella ni siquiera habían notado que él se había sumido en sus pensamientos, trazando planes. Carraspeó.

-No quiero molestarlos, pero hay mucho trabajo pendiente, y me gustaría seguir con él.

Bella sintió algo parecido a la desconfianza. De la nada, el tono de Edward era muy agradable.

-Claro que si Edward—le dijo Emmett—Vengo a ver si hay algún inconveniente con su trabajo juntos. Ya ambos aceptaron las condiciones del testamento, dudo mucho que quieran cambiar ahora, pero podemos hacer planes alternativos, como cambiar horarios…

¡Construir algo parecido al muro de Berlín para que no se vieran nunca jamás! Bella habría besado a Emmett por tener una idea tan grandiosa.

-Suenan bien tus sugerencias. Pero creo que Isabella y yo somos adultos civilizados y podemos aprender a llevarnos bien. ¿No es así?

La boca de Bella se abrió a más no poder. ¿Acaso estaba jugando? ¡Cuando Emmett entró, casi se arrancaban las cabezas con las manos!

-¿Estás seguro Edward? No es por nada, pero creo que mi aparición evitó algún tipo de asesinato…-hasta Emmett lucía inseguro.

-Oh, solo estábamos jugando. No pasa nada. Estoy más que dispuesto a llevar las cosas en paz, por el bien de… Platt Companies, claro.

Había algo, algo en su sonrisa que hacía que a Bella le subiera un escalofrío por toda la columna. Y no era por ser guapo.

-Si eso es lo que crees, a mi me parece perfecto. ¿Tú qué piensas, Bella?

Ella estaba a punto de contestar que le valía un reverendo pepino lo que él quisiera. Que no lo quería ni a cien kilómetros a la redonda, pero en el último segundo, captó el reto en sus ojos. Fue un destello pequeñísimo, pero por supuesto que ella lo vio.

Edward la estaba probando. Seguro la creía cobarde. Pero ya le demostraría lo que era meterse con alguien como ella.

-No Emmett, en absoluto—su sonrisa era resplandeciente—Si el señor Edward quiere que trabajemos juntos, yo estoy bien con ello.

Emmett se veía más confundido aún.

-Está bien… estas decisiones me ahorran horas de discusiones… Pero de todos modos pasaré por aquí, para estar… seguro de que se están llevando… bien.

-No habrá problemas, te lo aseguro—afirmó Bella.

-Si, ninguno en absoluto.

Emmett no era tonto. Podía ver que entre esos dos, se había extendido una especie de duelo. Sería interesante ver quién ganaba al final, pero lo mejor, serían las competencias. Con suerte podría ver algunas…

-Ahora me marcho—declaró—Tengo que ir a ver a Alice. Una chica loca la quiere demandar por unos asuntos de desfile de modas.

-¿Puedes mandarle saludos?—preguntó Bella. Edward deseó mandarle una caja llena de culebras junto con esos saludos.

-Seguro. ¿Nos veremos mañana en la noche en la mansión Cullen?

Ella asintió.

-Te acompaño. ¿Desea algo más, Edward?

-Puedes hablarme de tú, Isabella, como desde esa vez en la cafetería…-Edward no supo porqué lo hizo, pero sintió la necesidad de remarcar que él también tenía familiaridad con la chica—Y no, no necesito nada… Bueno, sí. Necesito que me pases todas estas notas a máquina, porque a decir verdad, la letra de Carlisle es… eh… bueno, no es legible. ¿Y podrías decirme por qué no tengo secretaria?

-Ah, la señora Cope. Un par de días antes de que Carlisle muriera…-¿Le sería siempre tan difícil decir eso?—Ella pidió vacaciones. Debería regresar la semana que viene, pero puedo conseguirte otra.

-Si no es mucha molestia. Eso es todo, gracias.

Bella no pudo evitar notar que su tono arrogante aún estaba ahí, pero ella estaba decidida a saber que tramaba.

-Bien. Andando, Emmett.

Salieron hablando de cosas que Edward desconocía, y cuando cerraron la puerta, se sintió solo.

El despacho le resultaba opresor; sentía que las fotos de la familia Cullen que estaban repartidas por todas las paredes y los muebles, lo vigilaban.

No podía trabajar así.

Esas fotos se tenían que ir a la de ya… y quizá otras cosas más.

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Rosalie llevaba esperando cerca de media hora en esa sala de espera tan lujosa.

No se podía quejar de la atención. Le ofrecieron café, aperitivos y sus revistas de moda venían de todas partes del mundo.

Para ella, eso quería decir que estaba haciendo lo correcto. No perdía nada intentando con la agencia más popular de New York. Sabía que su dueña tenía a las modelos más hermosas y además, tenía su propia línea de ropa, zapatos y accesorios. Rosalie opinaba que eran impresionantes.

La recepcionista contestaba llamadas con una facilidad y rapidez increíble. Mujeres hermosas pasaban por todos lados y además, podía oír retazos de conversaciones donde las personas más influyentes y exitosas del mundo de la moda estaban involucradas.

La sensación de euforia y entusiasmo la invadió. Se sentía correcto. Ahora solo esperaba que la persona más importante pensara que ella podría encajar ahí.

-¡Hola a todo el mundo!

Todas las miradas se dirigieron al enorme hombre que acababa de entrar en el edificio. De inmediato, grititos de emoción y espejos para arreglarse el cabello y el maquillaje aparecieron.

Él comenzó a caminar por hacia el mostrador, saludando, haciendo guiños y sonriendo. Rosalie pensó que solo le faltaba hacer saludos como los de la realeza.

No era que no supiera apreciar la belleza, claro que no. Él era muy guapo. Mediría como uno noventa, o más, tenía ojos azul imposible, como azul eléctrico, un perfil Griego, nariz perfecta, cuerpo musculoso y cabello negro, un poco rizado. Pero todo eso se podía ir directo al escusado con una actitud prepotente…

-Preciosa Jessica, ¿Cómo has estado?

La recepcionista casi sufre un colapso… pero se recuperó bastante rápido… demostró que el contestar teléfonos no era lo único que hacía rápido. También podía desabrochar dos botones de la parte superior de su blusa, subir cinco centímetros su falda y enrollar su cabello para lucir "sexy". En menos de dos segundos. Seguro era un récord.

Ella contestó tan bajo que Rosalie no pudo escuchar.

Dos minutos después, la recepcionista corrió a buscar algo que el musculoso pidió.

Y pareció reparar en ella…

-¡Hola! ¿Es tu primera vez por aquí? No recuerdo haberte visto antes. Eres bastante… notable.

En su pausa, recorrió todo su cuerpo, y ella se intentó convencer que su estremecimiento era de asco. Giró la cara y se negó a contestar.

-Eres muy tímida, ¿No? No te preocupes, las chicas de aquí no necesitan hablar nunca.

¿Era una forma sutil de llamarla rubia boba sin cerebro?

El señor soy-un-musculitos-que-creo-que-lo-se-todo-y-las-traigo-muertas-a-todas iba a aprender que ella no era estúpida, y menos se quedaba callada ante las provocaciones.

Se puso de pie lentamente, con una sonrisa letal. Edward y Jasper temían a muerte esa sonrisa.

-¿De verdad? ¿No utilizamos el cerebro? ¿Para nada?

Obviamente él no estaba poniendo mucha atención a sus ojos y su sonrisa, porque no captó el peligro que ella desprendía.

-Ahá…

Y entonces sucedió; él levantó la mirada y lo sintió. No era tan tonto como se pensaría. Sabía que ella era peligrosa.

-Bueno—se apresuró a añadir—No es que dejen botado su cerebro para siempre siempre, pueden usarlo a veces, pero es decir… ¿Qué tanta ciencia requiere ponerte ropa excéntrica y caminar por una pasarela?—la mirada de Rosalie se volvió aún más peligrosa—Aunque hay que considerar esos tacones que les ponen. Podrían matarse… ¡Puede ser considerado un trabajo extremo! ¿Qué son los bomberos y los alpinistas comparados con ustedes?

Sonrió, como si hubiera dicho algo muy inteligente.

-¿Dime algo…?

-Emmett, me llamo Emmett.

-Emmett—concedió ella-¿Vienes muy seguido por aquí?

Ella estaba segura de que el grandote pensó que había olvidado la conversación anterior y decidido empezar el ligue.

-Oh, sí, sí. Muy seguido. Es un buen lugar.

Para conocer rubias sin cerebro, fue la frase implícita en su respuesta.

-Perfecto. No creo que valga la pena venir a trabajar a un lugar como este si abundan los tipos groseros y…

-¿Rosalie Hale?—se escuchó detrás de ellos una voz cantarina.

La aludida se giró, de la puerta que ella había esperado que se abriera hace más de media hora, apareció una mujer pequeña, con cabello corto y negro como la tinta, perfil ideal y muchas curvas a pesar de su estatura. Ella era muy hermosa. No la belleza clásica, una mejor, de las que no veías muy a menudo. Era como esas hadas de los libros de niños. Pero lo que más le llamó la atención, fueron esos ojos verde esmeralda. Tan parecidos a los de alguien que ella conocía…

-¡Emmett!—gritó la ninfa. También tenía una voz muy potente.

Corrió hasta el grandote y prácticamente se trepó en él.

Ellos se decían cosas entre risas y Rosalie vio la oportunidad perfecta para escapar.

-¡La chica guapa escapa!—escuchó a Emmett decir.

-¿Tú eres Rosalie Hale?—dijo la pequeña.

Rosalie no tuvo más que girarse. Era un alivio que la tía Elizabeth hubiera decidido que no la acompañaría al final.

-Si. Mucho gusto.

La morena le sonrió, se le acercó con una especie de paso/salto y le extendió una mano.

-Yo soy Alice Brandon, y en un examen rápido, puedo decir que eres perfecta para ser modelo.

-¿En serio? ¿Tú crees que yo…?

-¡Sin dudas! Tienes un cuerpo de ensueño. No es por ser presumida, pero varios de mis diseños se te verían increíbles.

Se rieron. Rosalie se sintió muy a gusto. Alice Brandon era increíblemente amable.

-Podemos pasar a mi oficina, los tres, ¿Les parece?—Emmett asintió divertido y Rosalie no tuvo más que asentir.

Se acomodaron en tres sillas bastante cómodas.

-Rosalie, querida, ¿Te molesta que Emmett y yo hablemos acerca de unos asuntos legales? Solo serán unos minutos.

-No, en absoluto.

-Gracias. De acuerdo, Emmett. Esto es lo que pasa; la maldita de Tanya Denali quiere demandarme por más de dos millones de dólares porque en la última pasarela de mis propios diseños, acudió más gente de la pensada. Ya teníamos firmado un contrato y todo, y ella lo firmó, aún con la cláusula de que la paga no podía ser modificada. Probablemente la tonta solo pensó en proteger sus intereses si todo salía mal.

-Sabes que ella también te tiene envidia, Alice. Hace unos años, intentó lanzar una línea de ropa, pero fue pésima, hasta para mí. No creo que haya mujer en el planeta que quiera usar una blusa que combina el Animal Print con rayas y bolitas de colores fosforescentes.

-¡La vi! Santo cielo, era más que horrenda. En fin, no quiero que me perjudique, Emmett.

-Y no lo hará. Firmó un contrato.

-Gracias. Estaba casi segura, pero de todos modos, ella me está estresando. Es un enorme dolor en el trasero, y no me creía que iba a empezar acciones legales si no se callaba de una vez.

-No hay nada de qué preocuparse.

-No se qué haría sin ti… Eso es todo. Lamento mucho la interrupción Rosalie, pero esa chica es un gran fastidio. Ni siquiera es tan hermosa, su padre tiene una gran fortuna, y su mamá tiene una serie de gimnasios que estoy casi segura que es el nombre que ella utiliza para "hospital de liposucción".

-He escuchado de ella. No tiene muy buena fama.

-Además mis diseños le quedaban horrible. No tenía porte, ni lo necesario en muchas partes para rellenarlo.

Se rieron. Emmett las miró confundido.

-Oh, no te preocupes, Emmett—le dijo Rosalie—son chistes de "gente hueca de la moda" que seguro tu nunca entenderías.

Cuando giró a mirar a Alice, ella la miraba de forma extraña. Estaba a punto de disculparse por su intervención mientras sentía sus mejillas arder.

-Oh no, Rosalie, ni se te ocurra retractarte. ¡Me agradas! Creí que nadie, aparte de mí pondría a Emmett en su lugar algún día.

-Pero si entendí el chiste…-susurró Emmett, y Rosalie y Alice estallaron en carcajadas.

El sonido del celular de la rubia interrumpió las burlas sobre Emmett.

Era Jasper.

-Perdonen—susurró antes de pararse a contestar—Hola, hermanito.

-Hola Rose. ¿Aún en la entrevista?

-Si, no creo que tarde mucho en terminar, y después tomaré un taxi a casa.

-¿No estás con tía Elizabeth?

-No, ella se sintió mal de última hora. Fue muy extraño a decir verdad.

-Creo que tiene que ver con Edward.

-Igual yo, pero bueno… ¿deseabas algo?

-Solo quería saber dónde estabas. Según me indicaron algunas personas de la oficina, el edificio de Masen Enterprise está bastante cerca de esa agencia de moda. ¿Te paso a recoger?

-¡Seguro! ¿Nos vemos en la entrada principal en cinco minutos?

-Claro que sí. Hasta entonces.

-Adieu.

Rosalie colgó, y se giró para ver a sus nuevos conocidos platicando como amigos de toda la vida. Se veía que ellos se llevaban muy bien, como hermanos.

-Lamento la interrupción, era mi hermano. Pasará por mí.

-Eso es lindo—dijo Alice—Creo que ya dije muchas veces que me pareces perfecta, y si tu quieres trabajar conmigo, para mí sería un honor.

-¡Claro que acepto! El honor sería todo mío, Alice.

-Muchas gracias. ¿Te parece venir mañana alrededor de las cuatro para firmar el contrato?

-Perfecto.

-Todo acordado entonces. Me tengo que marchar ahora. Mamá y yo quedamos en ir de compras. Tal vez quieras acompañarme Emmett, para decirle específicamente que quieres de cenar mañana.

-Mi estómago ruge de solo recordar la última maravillosa cena de comida mexicana—Emmett se palmeó el bien torneado abdomen. La mirada de Rosalie no pude evitar descender hacía ese sitio, y a Alice no le pasó por alto.

-Entonces ven y díselo. Podrías cargar las compras también. ¿Traes tu auto?

-No, está en el taller. No puedo creer que mi hermosa Hummer tuviera ese horrible rayón.

Mientras Alice tomaba su bolso, le rodó los ojos.

-No era más que excremento de insecto, exagerado…

Rosalie salió de la oficina, entre risas, y la pelea siguió incluso cuando los tres tomaron el ascensor y esperaron pacientemente a que Jasper llegara. No demoró más de dos minutos.

Bajó del Mercedes que había alquilado, luciendo completamente elegante.

Por primera vez en su vida, Alice Cullen se quedó sin respiración. Como Alice Brandon, su nombre en la vida profesional, estaba acostumbrada a ver muchísimos chicos guapos, y no le impresionaba ya casi nada. Pero ese chico… era la perfección masculina.

Cuerpo digno de la envidia de un modelo, y enfundado en un traje, que, si su ojo para la moda no fallaba—claro que no—era un Chanel. Lo que más le gustó, fueron sus ojos azules, como los de su hermana, y su cabello rubio suave que pedía ser acariciado a kilómetros.

-Hola a todos—le oyó decir con una voz atractivamente masculina—Uhm… soy Jasper Hale. ¿Estás lista, Rose?

-Si, seguro. Deja te presento. Estos son Emmett y Alice, la chica que muy amablemente me acaba de ofrecer un trabajo.

Jasper le extendió la mano a Emmett, pero cuando giró para ver a Alice, se quedó muy quieto.

Rosalie se extrañó un poco, pero cuando miró a Alice verlo de la misma manera, entendió completamente lo que pasaba.

Ahí había una especie de crush.

Sonrió. La verdad, eran adorables.

-Yo… yo soy Alice. Trabajo en la moda, tengo veinticinco años, mi coche es un Porsche 911 Turbo amarillo pollo…

-Yo soy Jasper… hermano de Rosalie.

Se extendieron la mano por fin.

-Mucho gusto, Jasper-hermano-de-Rosalie.

-El gusto es mío, Alice-dueña-del-Porsche-Amarillo-Pollo.

Se sonrieron como babosos, y Rosalie no pudo voltear a ver si era la única que notaba esa corriente extraña entre los dos. Claro que no. Emmett también lo había visto, y ella podía vislumbrar en sus ojos las mil y una formas con las que la molestaría por ello.

No le quitaría tiempo de diversión.

-Muy bien, entonces nos vemos mañana, Alice.

Alice parpadeó como confundida.

-¿Qué? Ah, sí. Mañana… Nos vemos… Jasper—dijo lo último como si le doliera, y su hermano no lo hizo mucho mejor al murmurar unas vagas palabras.

Rosalie le puso la mano en el hombro y lo condujo a la puerta del conductor después de despedirse de Emmett con la mano.

Jasper no escuchó ni una sola palabra de lo que su hermana dijo de camino a casa. Estaba sumergido en el recuerdo de unos ojos verdes. El verde más precioso del mundo… pero para nada desconocido.

¡Hola bonitas! ¿Cómo han estado? Yo aquí, pasando de unos exámenes no muy fáciles… en fiiiiiin, ¿Qué les pareció el capítulo? Al fin vemos un poco más. No tanto Edward & Bella, pero sí de los otros rubros y si leyeron bien, es muuuuuy importante lo que pasó para nuestra parejita principal.

Gracias por sus reviews, favoritos y alertas, saben que animan a continuar.

Les mando un besote del tamaño del universo y me regreso a leer "Sinsajo" recientemente, muuuuuy traumada con The Hunger Games, Peeta y Josh Hutcherson xD ahahahahahahaha.

Cuídense! Espero que nos leamos muy pronto (L)