Disclaimer: Los personajes de Naruto y la historia Corazón Salvaje no me pertenecen sino al Mangaka japonés Masashi Kishimoto y a la escritora mexicana Caridad Bravo Adams. Este fic es hecho con fines recreativos no pretendo buscar ningún tipo de remuneración o reconocimiento, simplemente lo comparto con ustedes porque realmente me gusta la historia y los personajes de Naruto.


¡Holaaaa meus amores! Reportándome de nuevo, aprovechando porque uno nunca sabe cuándo vuelve a actualizar… Naaah no creo que los abandone de forma tan cruel. Por cierto este es el final de la primera parte, a partir del próximo cap hay nuevo rumbo, Hinata entra a formar directamente parte de la vida de Sasuke, esto se pondrá que arde… veamos lo que ocurre, mientras a disfrutar del capítulo.

La historia tendrá tres partes como la trilogía original, "Sasuke y Sakura", "Hinata" (Viene siendo el libro de Mónica) y la última el desenlace y final "Sasuke no Akuma" (Viene siendo el libro de Juan del Diablo versión Sasuke)

Realmente espero que sea de su agrado. Ya sin más que añadir, los dejo con la lectura. Disfrútenla, nos leemos al final.


FINAL PRIMERA PARTE

SASUKE Y SAKURA


Capítulo 6

Bajo los árboles, Sasuke ha estado a punto de tropezar con Hinata, y un momento la mira como si despertara, como si volviese a la realidad desde un torbellino de pesadilla, y es tan terrible la expresión de su rostro que Hinata tiembla como si se asomara a un abismo.

—Sasuke, ¿qué ha pasado?

—Todavía no ha pasado nada, Santa Hinata. Cálmese… —aconseja Sasuke conteniéndose a duras penas y con una vibración de ironía en la voz.

—Estoy perfectamente calmada, pero si pudiera usted verse la cara…

— ¿Qué pasa con mi cara? No es tan bella ni tan sugerente como la de Naruto, ¿verdad?

— ¿Por qué habla siempre en esa forma abominable? Lo hace usted difícil, Sasuke no Kami

— ¿Por qué no cambia ese estúpido mote?

—Suena un poco menos mal que el que usted se complace en ostentar… empiezo a creer que con menos razón de la que pretende.

— ¿De verdad? ¿Qué la hace pensar eso?

— ¿No cree que la historia de Karin puede ser bastante? Esa niña le adora, Sasuke. Dice que es usted el hombre más bueno del mundo…

— ¿Y ella qué sabe? —refuta Sasuke riendo amargamente.

— ¿Qué le pasa? ¿Por qué se ríe así?

—Es mi forma de hacerlo. Me rió de usted y de todos los prudentes, como debe reírse el diablo. ¡Qué maravillosa hipocresía! Usted no quiere sino disimular, tapar, echar tierra sobre la podredumbre, envolver en trapos la llaga…

—Sasuke, por Dios… —protesta Hinata conteniendo apenas su inflamada ira—. ¡Usted…!

—Yo, ¿qué? Acabe… sea franca, diga la verdad… insúlteme… si es lo que está deseando. Mientras junta las manos, mientras me mira con cara de cordera, mientras me dice con su dulce vocecita que no soy tan malo, lo que está deseando es que uno de estos rayos me fulmine… Bien, pues dígalo claro, y en paz…

—Yo no le deseo mal ni a usted ni a nadie… A usted menos que a nadie.

— ¿Y eso por qué? ¿Porque se lo ordena su moral cristiana? ¡Maravilloso!

—Maravilloso, sí, aunque usted pretende burlarse. Porque nunca me dijeron palabras más sublimes en el idioma humano, que aquéllas de Jesús: «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os persiguen y os maltratan, rogad a Dios por los que os atormentan».

— ¡Fantástico! —trata de reír Sasuke furioso—. No pensé reírme, Santa Hinata, pero usted tiene el don de provocarme… «Amad a vuestros enemigos». ¿Se practica esa máxima en sociedad? ¿Quién la practica? ¡Ah!, sí, ya sé: el inefable Naruto…

— ¡Le prohíbo burlarse de él!

— ¡Caramba! ¡Y con cuánta energía! ¿Por qué lo defiende tanto? Se lo he preguntado ya varias veces, pero no se ha dignado contestar. ¿Por qué, Santa Hinata? ¿Hay también algún precepto de la moral cristiana que ordene dar la vida por un cuñado?

— ¡Basta! ¡Es usted un canalla, un bárbaro!

— ¡Qué pronto cambia usted de opinión! Era el hombre más bueno del mundo, y de repente soy un canalla, un bárbaro, un salvaje, una fiera, un demonio… Sasuke no Akuma. Eso me gusta oírle decir. Dígalo muchas veces, porque a ratos me parece que lo estoy olvidando, y no quiero olvidarlo. Ayúdeme con su odio y con su desprecio. Los necesito, son como un revulsivo, como el hierro candente que se aplica a la mordedura venenosa de un reptil…

— ¿Qué se propone entonces? —se desespera Hinata, visiblemente desconcertada—. ¿Qué va a hacer? ¿Piensa aún realizar la infamia de que me habló antes?

— ¿Llevarme a Sakura? Le advierto que es lo único que ella desea.

—No puede ser… ¡Está mintiendo!

—Vaya a preguntárselo a su hermana, aunque a usted, probablemente, no va a decirle la verdad. Le dirá que yo la persigo, que la amenazo… no que ahora mendiga lo que despreció, que al fin y al cabo prefiere a Sasuke no Akuma

— ¡Ella no puede sentir ni decir eso! ¡Sería tan baja, tan despreciable…!

—Como yo mismo… repítalo, ya lo dijo una vez: que la despreciaba por ser capaz de amarme. Pues despréciela, siga despreciándola con toda su alma, porque es a mí al que ella quiere, es conmigo, y no con el caballero Uchiha, con quien desea estar… Es traidora, ambiciosa y malvada, pero es una mujer de carne y hueso, no como usted, de pasta celestial… Es usted impecable e intocable; pero con toda su pureza, me temo que ha puesto los ojos donde no debe, donde no se lo permite su moral cristiana…

— ¡Basta… cállese! ¡De mí no tiene usted que decir nada! ¡Canalla!

— ¡Quieta! —Ordena Sasuke, sujetándola con firmeza—. No se atreva a abofetearme. De caballero no tengo más que la ropa. Iba usted a pasarlo muy mal…

—Todo es en usted abuso y dureza. ¡Oh, déjeme!

—Por supuesto… dejarla… No me interesan sus sentimientos. Allá Naruto si tiene la suerte de que usted le quiera. Sólo le señalo su tejado de vidrio para que no tire piedras al de los demás, y para que no se interponga en mi camino.

— ¡No seguirá por él! Voy a impedir por todos los medios que logre usted lo que se propone. ¡Voy a luchar con todas las armas!

—Tenga cuidado no se vuelvan contra su Naruto…

— ¡No es mi Naruto ni lo será nunca! —Exclama Hinata en franca desesperación—. Pero usted no hará lo que se propone, no se llevará a Sakura de esta casa, ¡porque antes soy capaz de matarlo!

Sasuke que ha vuelto a tomarle las manos sujetándolas fuerte entre las suyas duras y anchas, y un instante la mira sintiéndola por primera vez mujer junto a él, mientras algo parecido a una sonrisa se asoma a sus labios cuando recalca:

—De modo que es cierto: quiere usted a Naruto… Y por él es capaz hasta de amenazarme de muerte. No la creía capaz de tanto. Tiene usted temple hasta para matar con estas manos blancas y suaves, que tienen uñas como garras, según veo. ¿Sabe que de pronto me resulta usted interesante? No hay duda de que también es bella. Sobre todo, como está ahora, forcejeando como una gata salvaje, perdido totalmente el aire de monja… ¡Ay, fiera!

Sasuke la ha soltado. Hinata ha clavado fieramente los dientes en su mano, y ahora huye mientras él, sorprendido, se restaña la sangre, y comenta burlón:

— ¡Demonios con la santa!

—Hinata, hija, ¿qué tienes? ¿Qué te pasa? ¿Estás cansada?

—Sí, madre, muy cansada…

Con esfuerzo, Hinata se ha puesto de pie dulcemente ayudada por las manos temblorosas de su madre. Están en su alcoba y la señora Hyūga acaba de encontrarla de rodillas, juntas las manos, hundido el rostro entre los brazos, como desmayada sobre el lecho. Lleva ahí mucho, rato, desde que llegara del campo tras su encuentro con Sasuke, y hay una oleada de rubor en sus mejillas cuando la mirada de su madre se clava en ella interrogante. Su cabeza se inclina con la horrible impresión de que la acusación de Sasuke ha dejado sobre ella una huella visible… Sí, tiembla, se estremece, agoniza pensando que los ojos de aquel hombre han penetrado hasta el fondo de su alma, que está frente a él como desnuda, que acaso también esté como desnuda frente a los demás, y cree ver un reproche hasta en aquellos ojos cansados, nublados por las lágrimas, los ojos de su madre que la miran con pena, al quejarse:

—No sabes lo que me atormenta que tengas que sufrir así por tu hermana, tú que podrías ser feliz en el camino que elegiste, tú que conoces las pasiones… Acaso hice mal en rogarte que defendieras a tu hermana…

—No hiciste mal… Sólo pienso que ella no desea ser defendida.

— ¿Te lo dijo tu hermana? ¿Le hablaste?

—No; hablé con él, con Sasuke no Akuma, que no renuncia a lo que llama su desquite, su venganza… Que asegura que es a él, sólo a él a quien Sakura quiere; que rudamente me ordena apañarme de su camino… Y a veces pienso que ese hombre tuvo razón al insultarme…

— ¿Pero te ha insultado?

—Es como un tigre en celo. La quiere… la quiere, siente que las circunstancias lo acorralan y como un tigre se defiende a zarpazos. Mas no es eso, madre, no es temor lo que me inspira. Es… qué sé yo… qué sé yo…

—Pero tú estabas decidida, firme. ¿Qué ha podido decirte para cambiarte así? ¿Qué amenaza ha podido formular?

—No fue una amenaza, fue sólo una horrible verdad.

— ¿Y qué pudo hallar él contra ti? Tú tienes toda la fuerza, toda la autoridad moral necesaria… Tu conducta, tu dignidad, tu pureza…

—Mi pureza… —repite Hinata con amargura.

— ¿Por qué lo dices de ese modo, hija? ¡Me alarmas!

—No, madre, no te alarmes… Es puro mi cuerpo. Fui hasta hoy, a costa de todo, por caminos de pureza y de dignidad; pero a veces un sentimiento nace y es como una planta venenosa cuyas raíces se nos clavan adentro pudriéndonos el alma. A veces pienso que deberíamos huir, irnos lejos, buscar, como soñé un día, la paz… ¡la paz para mi alma en el fondo de un claustro o de una tumba!

— ¿Qué dices? ¿Por qué hablas de ese modo?

—No debo hablar así, es verdad. No debo hablarte a ti de este modo… Pero ese hombre…

— ¿Qué pasa con ese hombre? Es un malvado, ¿verdad? Un malvado empeñado en traernos la desgracia…

—A veces ni siquiera me parece un malvado. Pienso que sufre, que ha sufrido en su vida tanto, tanto, que voluntariamente mató en su alma la compasión y la piedad. Pienso que ama a Sakura, ¡y cómo la ama! De otro modo, pero tanto como Naruto. ¿Qué hay en ella, qué, hay en su alma o en su carne que así se apodera del corazón de los hombres?

— ¡Pero todo eso no es más que una desgracia! ¿No lo ves, hija? Ella es sólo una esclava de sus pasiones, de sus locuras. Si ahora la abandonas, si la dejas faltar a sus deberes, ¿quién sabe hasta dónde rodará? A mí no me escucha; yo no tengo palabras con qué sujetarla. ¡No la dejes cometer una locura; luego serán inútiles sus lágrimas…! Hija, hija, en ti confío… Confío en que tú, por amor de hermana…

— ¿Y si no fuese sólo por amor de hermana? —Le ataja Hinata—. ¿Si fuese otro amor el que me empujara?

Hinata ha afrontado temblando la mirada de su madre. Es como si se enfrentara a su propia conciencia, como si mostrara con horror esa herida que sangra oculta en el fondo de su alma, esa herida que Sasuke ha descubierto, desarmándola al descubrirla, crucificándola en la más terrible de las dudas. Pero tras un largo silencio, suena, húmeda de lágrimas, la voz maternal:

—Si un amor desdichado te ha hecho tan generosa, hija mía, si por él has aceptado todos los sacrificios y sólo luchas por verle feliz, renunciando tú a todo, ¡que Dios te bendiga por la nobleza de tu alma! Que Dios te bendiga, hija, porque a todos nos salvas al salvar la felicidad de Naruto: porque la salvas a ella, loca y ciega; porque me salvas a mí, que no podría resistir un golpe semejante… porque salvas el limpio nombre de tu padre…

Hinata se ha alzado como si repentinamente la tormenta de su alma se serenara, como si una nueva luz le alumbrase el oscuro sendero, como si una fuerza nueva la sostuviera, dándole su alma la facultad de aceptar todos los sacrificios, de asimilar todos los dolores, de afrontar todas las tempestades. Luego, junta las manos y cae de nuevo de rodillas, ante cuyo gesto Mebuki indaga:

—Hija, ¿qué haces?

—Le doy gradas a Dios, madre. Con lágrimas le pedía que me iluminara y él me envió tus palabras. Desesperada le pedí que me mostrara el sendero y por tu voz me lo ha mostrado. Ahora ya sé lo único que importa y no volveré a vacilar… ¡No volveré a dudar!


Con paso lento, sobre los senderos mojados, Sasuke ha vuelto a la casa. Ha esquivado las escalinatas de piedra que dan a las anchas galerías, ha esperado que nadie lo observe y ha penetrado por la estrecha puertecilla del muro, cruzando los patios interiores, solitarios, apenas alumbrados por el pálido fulgor de una media luna que asoma entre las nubes desgarradas.

Con extraña precisión recuerda los detalles de aquella casa apenas entrevista, y, como una flecha que diese en el blanco, se detiene junto a las ventanas entornadas de aquellas lujosas habitaciones del ala izquierda, preparadas para cuatro semanas de felicidad: el departamento nupcial de Sakura y Naruto.

— ¿A quién esperabas, Sakura? —pregunta Sasuke destilando amargo sarcasmo.

— ¿A quién si no a ti puedo yo esperar?

—No lo sé, no conozco a los hacendados vecinos a Mangekyō…

— ¡Basta! —Chilla Sakura iracunda—. ¿Hasta cuándo he de soportar tus insultos?

— ¡Hasta que yo me canse de insultarte! ¡Hasta que me sacie de decirte quién eres, hasta que te satures del odio y del desprecio que para ti guardo!

—Por odio y por desprecio, ya te hubieras marchado. Hay algo más que te sujeta, que te amarga, que te acerca a mí, aunque no quieras confesarlo. Hay algo que te hace desesperadamente mío, como hay algo que me hace a mí desesperadamente tuya. Sí, Sasuke, tuya… aunque, como dijiste antes, no quieres volver ni a mirarme a la cara. ¿Por qué no lo haces? ¿Por qué vuelves a buscarme a pesar tuyo?

—Supongo que un hombre es menos que un perro cuando una pasión lo hace su esclavo —se lamenta Sasuke mordiendo con rabia la confesión.

Ha dado un paso hacia Sakura, acercándose más, pero ella retrocede, mira a uno y a otro lado, espía en las sombras, pone atento el oído, y al fin toma a Sasuke del brazo, obligándole a alejarse unos pasos, mientras indica:

—Ven, estamos en muy mal lugar… Naruto fue a acompañar al notario hasta el cuarto de doña Samui, pero puede regresar, puede volver, y no debe encontrarnos hablando. Hay en él algo extraño. No sé si sospecha o si presiente, pero hay que tener prudencia, Sasuke. Mucha prudencia, mucho tacto, mucha calma… Hay que tener paciencia, Sasuke…

—Paciencia, ¿para qué?

—Para esperar… —Y con pasión suplicante, Sakura exclama—: Sasuke… Sasuke… Es inútil engañamos. Me quieres, Sasuke, me quieres. Tu ira, tus injurias, tu rudeza, tu crueldad no significan más que una cosa: todavía me amas. Puedes insultarme, maldecirme, golpearme; puedes pensar que sólo deseas mi muerte, pero en el fondo no es verdad… En el fondo, Sasuke, vida mía, ¡tú me amas!

Lentamente le ha ido empujando hasta el extremo del largo corredor, le ha hecho descender los cuatro escalones que separan la abierta galería de los anchos arriates, ocultándole tras la espesa enredadera. Está tan cerca, tanto, que su aliento de fuego, como una llamarada de pasión y locura, pasa sobre el rostro de Sasuke enardeciéndole, embriagándole… Y hay en su voz una mezcla de ruego y de orden, al decir:

—Sí, Sakura, te quiero. ¡Eres mía, mía, y mía aunque sea en el fondo del infierno! ¡Te quiero! Deberías estar muerta, debería haberte matado yo con estas manos, pero te quiero y te beso maldiciéndote, y deberías temblar porque cada minuto, al estrecharte, siento también el impulso de apretar más y más, hasta tronchar tu vida, para que no me mires con esos ojos que se me clavan como puñales, para que no me hables con esa voz que me penetra poco a poco, enloqueciéndome y envenenándome… Porque cuando te siento mía, aquí, a mi lado, como estás ahora, no soy un hombre, soy una fiera. Una fiera capaz de todas las infamias… Vámonos… en seguida, ahora mismo, en este instante. ¡Vámonos lejos!

— ¿Pero estás loco?

—Claro que estoy loco. Sólo estando loco podría volver a estrecharte en mis brazos; sólo loco, demente, borracho, soy capaz de confesar que te quiero… ¡Vámonos!

—Espera un poco, Sasuke, espera —suplica Sakura en voz baja y angustiada, pues ha llegado a sus oídos el rumor de pasos que se acercan—. ¿Oyes…? ¡Es Naruto! ¡Por Dios, calla un momento! ¡Calla!

Le ha echado los brazos al cuello, obligándole a inclinarse, ocultándose en la tupida enredadera de madreselvas, conteniendo el aliento, mientras llegan a ellos, claras y distintas, las voces de Hinata y Naruto junto con el estampido de un trueno que acompaña al viento y a la lluvia que se han desencadenado de repente.

—Ya está aquí la tormenta otra vez, Hinata.

—Sí, Naruto; pero no importa…

— ¿Cómo no ha de importar? No puedo permitir que vuelvas a salir con este tiempo. Me ocuparé personalmente de esos traslados. Es preciso hacerlos, pero también es preciso que tú descanses… Muy pronto estarán las cosas de otra manera, con Akimichi y con Sasuke…

— ¿Insistes en dejar a Sasuke en la casa?

—No va a quedar precisamente en la casa, pero si al cuidado de la hacienda. ¿Qué pasa? ¿También tú le tienes mala voluntad? Pensé que eran amigos…

—No somos, enemigos, pero… —balbucea tímidamente Hinata, haciendo un esfuerzo.

—Pues con eso es bastante. Por fortuna, mamá recibió bien a Akimichi, aunque tampoco éste se halla de mi parte con respecto a Sasuke…

—Entonces, Naruto, ¿por qué…?

—No sigas, Hinata, te lo ruego. No me preguntes nada. Hay una sola respuesta que puedo darte: Sasuke vendrá a esta casa porque es justo. Si eso no conveniente, el tiempo lo dirá. Tú fuiste hija ejemplar y no creo que te sea difícil comprender el respeto que siento hacia la postrera voluntad de mi padre. Sasuke puede ser díscolo, ingrato, hasta malvado. No importa. Mi padre quiso que le tuviera junto a mí, que le tratara como a un hermano…

— ¡Pero es absurdo…!

—No es absurdo. Contra todo lo que ustedes opinen, yo creo en Sasuke, tengo fe en la nobleza de su alma, porque tengo fe en el corazón humano. Hay algo que me dice que Sasuke es bueno. Sobre todo, que es leal, que es sincero, que es franco. No está amasado con pasta de traidores. Basta mirarlo a la cara para comprenderlo. Sasuke no es una fiera, como mi madre y los demás se empeñan en creer. Es honrado y, si algún día tiene que herirme, lo hará frente a frente, cara a cara. En eso, estoy seguro de no equivocarme.

— ¿Entonces…?

—Entonces, nada. Confía en mí, sé lo que hago. Estás rendida y agotada. Anda Hinata, ve a descansar…

—En este momento no podría dormir…

—Entonces, para no retrasarme más, ¿podrías hacerme un favor?

—Los que quieras.

—Entra a esa alcoba y explícale a tu hermana que tengo que marcharme sólo por un par de horas. Temo que si soy yo quien le hable, volvamos a discutir, y por hoy tuvimos ya bastante…

— ¿Tuvieron un disgusto? —pregunta alarmada Hinata.

—Vamos a dejarlo en desavenencia. Por fortuna, todo quedó bien, hicimos plenamente las paces, pero estas cosas siempre dejan asperezas y no quisiera volver a empezar. Adoro a tu hermana y creo en ella… quiero creer en ella antes que en nadie… Necesito la fe que me inspira, para poder vivir y respirar…

— ¡Qué amargas son tus palabras, Naruto! Parecen dictadas por la más completa desilusión.

— ¡Qué disparate! Empecé por decirte que amo a tu hermana. La quiero tanto, tanto, que no podría vivir sin ella.

— ¿Quieres decir que la amas por encima de todo, que pase lo que pase estás dispuesto…?

—No sé hasta dónde llega tu imaginación en ese pase lo que pase —la interrumpe Naruto con grave gesto—. Perdóname si contesto a algo que ni remotamente soñaste pensar, pero deseo contestarlo: Si Sakura fuese indigna, lo que quedaría de ella y de mí, lo que quedaría de esta casa no vale la pena de mencionarse… Bueno, pero estamos hablando tonterías, perdiendo un tiempo precioso y ofendiendo con pensamientos absurdos a la más digna y adorable de las mujeres, que es tu hermana, sin agraviar lo presente, como dicen los campesinos. —Y con forzada jovialidad, suplica—: Ve junto a ella y acompáñala. Regresaré muy pronto. Hasta la vuelta, mi querida Hinata.

A la luz de un relámpago mira Sakura con angustia aquel rostro de Sasuke, duro y amargo. Aún resuenan en el ancho pasillo las pisadas de Naruto alejándose, aún la sombra de Hinata no ha desaparecido en la entornada puerta de aquella habitación vacía. Junto al banco de piedra, al amparo de la espesa enredadera de madreselvas que los cubriese, sintiendo golpear los hilos de la lluvia helada sobre las mejillas ardientes, tiembla pensando cómo han podido llegar hasta él las palabras escuchadas, cuánto perdió en la ganada batalla. Sasuke, largo rato inmóvil, parece despertar bruscamente, oprimiendo su brazo con aquella ruda mano de marinero, que es como una tenaza, y ordena imperativo:

— ¡Vámonos en el acto! Tenías miedo de tropezar con Naruto, y ahora ni ese miedo hay.

—Pero Hinata está ahí, en mi cuarto —señala Sakura en voz baja—. Me buscará, me esperará un momento; luego saldrá a registrar la casa y dará la voz de alarma antes que hayamos podido alejamos. No podemos irnos ahora, ni veo tampoco la necesidad.

— ¿Que no ves la necesidad? —pregunta Sasuke con indignada sorpresa.

—Escúchame, Sasuke. Si fueras capaz de oírme tranquilo un momento, te diría: ¿Por qué huir dando un escándalo, si estamos juntos, si hay mil medios de…?

— ¡Calla! ¡Calla! No me propongas esa bajeza, esa suciedad, porque creo que entonces sí soy capaz de matarte. Dijiste que me querías, me hiciste confesar que yo también te amaba… ¡Ahora vendrás conmigo pase lo que pase!

De un brusco tirón, Sasuke ha obligado a Sakura, sacándola del escondite bajo la tupida enredadera de madreselvas donde largo rato han aguardado juntos, mirando muy de cerca, con furia contenida, el rostro de mejillas ardientes que no logran enfriar las heladas gotas de la lluvia. Rudo, salvaje, con un amor que parece odio, la estrecha entre sus brazos poderosos, haciéndola crujir…

— ¡Sasuke… me ahogas…!

—Eso es lo que quisiera: matarte. Pero se me niegan las manos a apretar tu cuello… y tengo miedo, ¿sabes? Sí. Miedo de clavarte más todavía dentro de mí si es que te mato. Miedo de que tu imagen me persiga, de que me obsesionen tu voz, tus ojos y tu boca cuando ya no estés viva. Miedo de que me enloquezca el ansia de volver a verte y a oírte, cuando te haya matado…

La ha rechazado con brusquedad y da unos pasos hasta el centro del patio, indiferente a la lluvia que sobre él se arremolina, al viento que ahora empuja de nuevo las nubes, desgarrándolas para dejar asomarse, entre sus jirones, las estrellas. Mirando a todos lados, temblando por los ojos que puedan acecharla, Sakura llega hasta él en una súplica:

—Sasuke… escúchame… Me iré contigo, te juro que me iré contigo… Pero no en este instante, Sasuke. Me iré contigo al fin del mundo, a donde quieras llevarme. Te lo he dicho y te lo he jurado. Te lo juro de nuevo, pero ten un poco de calma. Quiero tu amor, quiero vivir para tu amor, no correr a encontrar la muerte…

— ¡Nadie va a matarte si estás a mi lado! ¡Nadie llegará a ti mientras yo tenga aliento!

—Tú serás el primero que caigas, Sasuke. Y entonces, ¿qué sería de mí?

— ¿Qué sería de ti? ¡También puedes morir en este instante!

—No. Tú no vas a matarme sabiendo que te amo. Tendrías que estar loco y no lo estás, Sasuke. Estás herido, resentido, celoso dudando de mi amor, complaciéndote en negar cada una de mis palabras, pero sin poder hacerlo porque tu propio corazón las afirma, porque hay cosas que no se fingen, y yo no podría acercarme a ti, ni estar en tus brazos, ni besarte como lo hago, si no te amara. Piensa un instante, Sasuke, piénsalo. Ya oíste a Naruto… está sobre aviso…

— ¡Que lo esté… que lo esté más! Si es lo único que estoy deseando… ¡Quiero que lo sepa, decírselo, gritárselo!

—Nos matará a los dos. Todo está de su parte: las leyes, las costumbres, la razón y el derecho. Estamos entre cientos de gentes que serán enemigos mortales, jauría de perros feroces para darnos caza. No, Sasuke, no, tú no puedes arrojarme así a las fieras. Antes que eso prefiero que de verdad seas tú quien me mates… y no quiero morir. ¿Por qué delito voy a morir? ¿Qué hice yo más que amarte, quererte porque me salió del corazón este amor? Y eres tú mismo el que me condena a muerte, ¿te das cuenta? Pero ¿por qué me miras de ese modo? ¿Me desprecias, Sasuke?

—Sí, Sakura, te desprecio.

—No me despreciarás cuando todo lo haya arreglado yo para huir sin peligro.

— ¡Qué repugnante y qué mezquino sería huir sin peligro! Hay que huir ahora, jugándomelo todo, arriesgándolo todo, teniendo que luchar para defenderte, con las uñas y las zarpas, como una fiera. Huir ahora, entre todos los peligros, entre todas las desventajas, puedo hacerlo, quiero hacerlo. Pero luego, cuando lo hayas preparado para que todo sea una burla, ¡qué bajeza, Sakura, qué bajeza tan grande! Sin embargo, lo haré, esperaré… pero no a que tú lo prepares, sino a prepararlo yo a mi manera.

— ¿Qué dices, Sasuke?

—Te pondré a salvo, no correrá peligro tu preciosa existencia, no arriesgarás nada para huir con Sasuke no Akuma. Te lo prometo… Para ti todo van a ser seguridades. Borraré el rastro y seré yo solo el que le haga frente a Naruto…

— ¡No, Sasuke, no! ¡Así no…!

—Así será. Me lo has prometido, me has dado tu palabra, me lo has jurado. ¡Basta ya de prometer en vano y de jurar en falso! Habrá que aguardar, pero no será mucho tiempo. Habrá que seguir disimulando… A ti no te costará gran trabajo y yo también estoy aprendiendo a hacerlo. Soy tu discípulo aventajado. Yo también seré traidor por un rato, seré cobarde, vil y embustero, y aprenderé a mentir sonriendo, y aceptaré el pan y la sal bajo el techo donde afilo el puñal con que herir por la espalda. Sí, Sakura, esperaré… esperaremos… Vas ganando, vas triunfando… Al fin y al cabo, ¿qué más da? Déjame darles la razón a todos: a doña Samui, a Shin, al viejo notario que tiembla nada más con mirarme… Déjame darle la razón a Hinata Hyūga. Al fin y al cabo, ¿qué más da?

— ¡Por Dios, Sasuke, calla! —suplica Sakura repentinamente asustada—. Es Hinata… mírala… nos ha visto, nos está mirando… ¡Vete, Sasuke, vete…! Por Dios, escóndete, aléjate… Yo le diré que no era contigo con quien hablaba. Pero ahora vete, vete…

Sasuke se ha alejado, altivo y altanero, sin bajar la cabeza, sin ocultarse, y Sakura retrocede de espaldas hasta quedar de nuevo junto a la enredadera de madreselvas. Ahí se detiene como para tomar aliento y marcha luego, con lento paso de angustia, hacia aquella puerta entornada a la que Hinata se agarra porque el espanto la ha hecho tambalearse, porque se doblan sus rodillas y una frialdad de hielo, en lugar de sangre, parece correr por sus venas. Y con voz ahogada, reprocha:

—Estabas con él, ya lo vi…

— ¿Con él? ¿Quién es él?

— ¡Basta de farsas; guarda esos esfuerzos para los otros y úsalos, Sakura! Usa también la discreción y la prudencia, si no quieres que Naruto acabe de comprender lo que te pasa.

—No entiendo nada de lo que dices…

— ¿Cómo pudiste llegar a ser tan cínica?

—Por favor, basta… ¿Es que se han propuesto todos insultarme?

— ¿Quiénes son todos? Naruto y ese hombre, ¿verdad? Sobre todo, ese hombre que te mira como a la última de las mujerzuelas. Si le oyeras hablar de ti, si le oyeras expresarse con un desprecio tan hondo, tan brutal, que al ofenderte ofende a todas las mujeres…

— ¡Calla! —la interrumpe Sakura hondamente disgustada.

—Supongo que frente a él no tienes más recurso que bajar la cabeza, que le has dado tú el vergonzoso derecho de tratarte cómo te trata…

—A él le he dado lo que me ha dado la gana, pero a ti no te doy el derecho de intervenir en mis asuntos, el de meterte en mis cosas, el de hablar cuando nadie te ha preguntado… ¿Qué sabes tú de la vida ni de nada?

—A mí me tocará preguntarte: ¿Qué sabes tú de honradez y de vergüenza? ¿Qué sabes de horror y de asco, si ni asco ni horror te da llegar hasta la última de las infamias?

— ¡Hinata, que se me está acabando la paciencia!

—Y a mí… a mí… ¿hasta cuándo piensas que va a durarme?

—Por mí puedes hacer lo que quieras —invita Sakura en tono desafiante—. Aunque, desde luego, no harás nada, no irás a ninguna parte, porque no hay nada que puedas hacer. Mejor dicho, sí hay: volverte a tu convento, que es la única actitud razonable que puedes tomar y si no quieres ya ser monja, vete a tu casa de Uzushiogakure, que es donde debes estar. Vete y llévate a mamá; ¡vete y déjame en paz, porque aquí no haces falta!

—Me iré con una sola condición: que hagas marcharse a Sasuke. Si él se va de veras, si se aleja del Remolino, yo… yo…

— ¿Te irías si yo te diera mi palabra de que Sasuke se va?

—Me iría después de haberlo visto marchar. Te conozco, Sakura, te conozco demasiado bien, supongo que por desgracia para ambas.

—Pues si me conoces, sabrás que yo no renuncio a nada jamás, que no renuncio ni al placer ni a la riqueza, teniendo ambas cosas en la mano.

— ¿Qué pretendes…?

—Lo que pretendo está muy claro, y por qué medios he de lograrlo es cuenta mía. Por tu bien te aconsejo que te vayas, por tu bien exclusivamente, Hinata. No quiero ir contra ti, no quiero destrozarte a ti de paso, pero como enemiga leal te advierto, te he advertido ya cien veces, y ésta es la última, Hinata… ¡apártate de mi camino, porque a la hora de la verdad no veré nada, no miraré nada!

—Tu camino no es el que supones y es por tu bien que quiero cerrarte el paso.

—Basta, Hinata, mi vida entera me la estoy jugando a una carta. La batalla es tan dura que me va en ella hasta la vida. No quieras interponerte, porque serás tú la primera víctima…

—Óyeme, Sakura… he querido apartarte, he querido dejarte… en un momento he pensado que acaso tienes razón, que tu vida es tuya, que tuyos son también esos hombres que por amor se te han entregado… He querido renunciar a todo y apañarme de todo, hasta del derecho de defender a Naruto contra tu maldad; he querido apartarme y alguien me ha suplicado llorando que no lo haga. ¿Sabes quién? ¡Nuestra madre! Nuestra pobre madre, a quien nada te has preocupado de ocultar, que vive en la zozobra horrible de lo que puedas hacer, de lo que pueda ocurrirte… Nuestra pobre madre cuyos últimos días amargarías con una infamia, cuyas canas quieres manchar con un escándalo, con una acción indigna… No sólo por mí, no sólo por Naruto, por ella también te ruego, Sakura… —Hinata se interrumpe de pronto, y exclama sorprendida—: ¡Oh, Naruto…!

—Sí, soy yo —confirma éste acercándose—. ¿Pero qué pasa, Hinata?

—Nada… hablábamos. ¿Cómo has vuelto tan pronto?

—Por una feliz casualidad. Acababan de ensillarme el caballo cuando vi a Sasuke. Se me ocurrió pedirle que tomara mi lugar y aceptó de buen grado. Encantado y sorprendido le di amplios poderes y acaba de salir para su primera comisión como jefe general de los trabajadores de la hacienda. ¿No fue magnífico? ¿No te alegras que haya regresado casi inmediatamente, Sakura?

— ¡Claro! Me alegro de todo: de tu regreso, de la buena disposición de Sasuke, y no tengo que lamentar más que una cosa: la determinación que tiene Hinata de dejarnos…

— ¿Dejarnos…? —se sorprende Naruto.

—Por eso precisamente discutíamos. Hinata se ha empeñado en volver a Uzushiogakure llevándose a mamá. Dice que para una luna de miel hay demasiada gente en esta casa, y se nos va, Naruto, se nos va…

Con sonrisa diabólica, Sakura se ha vuelto hacia su hermana que un instante queda desconcertada con la sorpresa de aquel cinismo, de aquella audacia inesperada. Va a protestar, va a alzar la voz con la violencia de quien no puede contenerse más, pero sus ojos tropiezan con los de Naruto a los que asoma una expresión de disgusto y fastidio. Para él no es más que una intrusa, impertinente y caprichosa; pero aquella expresión sólo dura un instante, cambia en seguida en el noble rostro varonil, encendiéndose con un cálido gesto de bondad humana que llega hasta el fondo del corazón de Hinata cuando explica con suavidad:

—Ese punto lo hemos discutido ya varias veces. Pensé que estaba totalmente arreglado. Desde luego, no tengo derecho a retenerte por la fuerza si quieres marcharte, Hinata. Te he rogado, te he suplicado, con franqueza de hermanos te he dicho hasta los móviles egoístas que me impulsan a rogarte que nos acompañes. Si de todos modos quieres irte, ¿qué puedo ya alegar? Sólo puedo pedirte que me perdones… Viniste a descansar y te he cargado de trabajo. Buscabas tranquilidad y arrojé sobre ti el fardo de mis preocupaciones más pesadas. Pero puedo jurarte que no pensaba seguir abusando… Ya ves que inmediatamente he incorporado a Sasuke en mis proyectos, y…

—No sigas, Naruto —interrumpe Hinata profundamente dolorida.

—Haz lo que quieras, Hinata. Si consientes en quedarte unos días más, te prometo dejar que en verdad descanses. Y, de todas maneras, perdóname… ¿Vamos, Sakura?

— ¡Un momento, Naruto! No puedo dejar que te retires con esa impresión… —empieza a decir Hinata; más Sakura interviene con hipócrita ternura:

—Pero, querida…

— ¡Es a Naruto a quien hablo! —Corta Hinata con determinación—. Sakura ha interpretado mal mis palabras. Me quedaré todo el tiempo que juzgue puedes necesitarme, Naruto…

—Ahora soy yo quien dice: No es eso, Hinata. Tu ayuda es preciosa, pero…

—La pobre Hinata está rendida —continúa Sakura—. Tan nerviosa, tan cansada, que apenas sabe ni lo que dice. Yo sí creo que hemos abusado de su bondad.

— ¿Quieres callarte, Sakura? —ordena Hinata sin poderse contener. Y con firmeza, asegura—: Me quedaré, Naruto. ¡Me quedaré, aunque me echen!

— ¿Pero quién te está echando? Esto es jugar a los despropósitos… Tú sola hablaste de marcharte, Hinata. Digo, me imagino que fuiste tú sola, por lo que dice tu hermana…

—Naturalmente —se apresura a confirmar Sakura—. ¿Qué más quiero yo que tenerlas aquí? Y digo tenerlas, porque has de saber que Hinata ha cambiado de idea. Ya no quiere volver al convento, sino a casa, llevándose a mamá. Parece ser que nuestra futura religiosa cuelga los hábitos y probablemente busca con quién casarse…

— ¿Quieres callarte ya? —grita Hinata con irá incontenible.

—Perdóname —se disculpa Sakura con burlona y mala intención—. Puede que me haya equivocado… Me pareció entender algo así como que ahora te movías a impulsos de un amor humano…

— ¡Cállate, Sakura! —repite Hinata fuera de sí.

—Naturalmente… cállate —interviene Naruto en dulce tono suave—. ¿No ves que la disgustas? Y tú, Hinata, tampoco lo tomes de ese modo. No creo que el asunto tenga nada de particular, pues nunca me pareció lógico que encerraras en un claustro tu juventud y tu belleza, a menos que una verdadera vocación te arrastrara a ello. Si comprendes a tiempo que te has equivocado, nada más lógico y humano que rectificar… pero sin disgustarte. No creo que haya en Sakura la menor intención de causarte un disgusto. Es sólo traviesa y burlona, como tú bien lo sabes. Si alguien podría sentirse resentido soy yo por tu falta de confianza. ¡Me hubiera gustado tanto que me hablaras de tus sentimientos y de tus dudas, como a un verdadero hermano! ¿O acaso no he sabido serlo para ti? —Le ha tomado la mano, aquella mano blanca que tiembla entre las suyas, y sonríe mirando al fondo de las pupilas que huyen de él como si temieran gritarle lo que con ansia el alma calla—. Las confidencias no se fuerzan, Hinata, pero quisiera que supieras, que tuvieras siempre presente, que soy tu mejor amigo, que en mí siempre puedes confiar…

—Así lo creo, Naruto. Yo también soy y seré para ti, la mejor amiga.

—Lo creo, lo creí siempre. Pero ¿por qué lloras al afirmarlo? ¿Es sólo que estás nerviosa, como dice Sakura?

—Pues claro. Entre sus nervios y sus complicaciones sentimentales… —se burla Sakura con mordacidad.

—No la molestes, Sakura. Y tú, Hinata, no le hagas caso. ¿Es cierto que estás enamorada? ¿No me puedes decir a mí el nombre del dichoso mortal? Te advierto que tendrá que ser muy bueno para merecerte, para que yo lo juzgue digno de ti, y perdóname la petulancia de hermano mayor, para que yo le permita recibir el tesoro que tú representas. —La ha besado en la frente, aquella frente blanca como de mármol, bajo la que giran los pensamientos como un torbellino de locura, y de pronto se alarma—: Estás helada, Hinata, ¿qué te pasa? ¿Te sientes mal? —Sakura ha dado rienda suelta a una risita mordaz y burlona, y Naruto, sereno pero disgustado, la reconviene—: ¿Qué pasa, Sakura?

—Perdóname… no pasa nada. Pero ustedes dos me hacen muchísima gracia, no puedo remediarlo. Son maravillosos, perfectos… y graciosísimos, además…

—No veo la gracia; pero, después de todo, con reír no creo que le haga daño a nadie —acepta Naruto resignado. Y afectuoso y grave, saluda—: Buenas noches, Hinata, confío en que un buen sueño te hará sentirte mejor. Hasta mañana…

—Hasta mañana —corresponde Hinata con un hilo de voz, viendo alejarse a los esposos y enfureciéndose ante la risa otra vez burlona de Sakura.

— ¿De qué te ríes Sakura? —pregunta Naruto algo molesto.

—De nada… Más vale que me ría y no que lo tome por lo trágico.

— ¿El qué vas a tomar por lo trágico?

—Bueno… todo lo que pasa: las actitudes gratuitamente agresivas de mi hermana, tu ataque de sentimentalismo fraternal, tu afán de ocuparte de todo el mundo… y lo poquísimo que te ocupas de mí, al tener que ocuparte de todos los demás.

— ¿Celosa? —sonríe Naruto cariñoso y halagado.

— ¡Oh, no! ¿Por qué? No hay motivo; es decir, creo yo que no hay motivo. Pero hay que ver lo que quieres a Hinata…

—Es nuestra hermana. Además, me preocupa… No está bien, la noto pálida, delgada, como atormentada por algo que guarda celosamente.

—Es natural… está enamorada. Se le ve a la legua.

— ¿Pero de quién puede estarlo? Francamente, yo no acierto.

—De cualquiera —elude Sakura en tono impregnado de frivolidad—. A lo mejor de Sasuke no Akuma

— ¿Cómo? ¿Qué? —exclama Naruto sorprendidísimo.

—Digo yo… Sasuke no Akuma es un hombre como los demás. Es todo un buen mozo, y ahora, con el nuevo empleo que le has dado, hasta un buen partido. Hinata no es ambiciosa…

— ¡Es absurdo, descabellado! Ni en broma debes…

—Has tomado en serio el papel de hermano mayor con ella —ríe Sakura, divertida—. No te disgustes, hombre, que estoy jugando. Al fin y al cabo, no es un imposible, y tendría gracia… Argumento para una novela por entregas: «La monja y el pirata»…


—Kin, ¿qué haces?

—Nada, tío, tomo notas…

Una mueca amarga que quiere ser una sonrisa, ha sido la respuesta de Kin, mientras ajusta mejor el pañuelo de colorines alrededor de su oscura cabeza de cabellos largos y lacios. Sin el menor ruido ha surgido de la espesa sombra de los arcos del segundo patio, y los ojos duros e inquisidores de Shin la miran imperiosos, mientras ella encoge los delgados hombros…

— ¿De qué tomas nota, Kin?

—De todo lo que pasa…

—No pasa nada, sino que me han aplastado y pisoteado —se queja Shin en voz baja, pero con gran rencor—. Mas no van a quedarse así las cosas. Yo tengo que desquitarme, tengo que tomar venganza. Ya verán si hace falta o no Shin el día que amanezcan incendiados los cañaverales, o si vuela un petardo la represa del río, o si…

—No hables necedades, tío Shin. Esas cosas no se dicen. Si acaso, se hacen…

— ¡No puedo aguantar lo que me pasa! ¡No puedo seguir aquí como el último sirviente, mientras ese pordiosero, mientras ese malnacido de Sasuke no Akuma…!

—Baja la voz, tío, que no te oigan. Naruto y su digna esposa acaban de entrar en el cuarto. Ahora la tendrá entre sus brazos, la besará con ansia, ¡y le dará el corazón y el alma entera a esa malvada!

— ¿Malvada? ¿Por qué es malvada? ¿Tuvo ella la culpa de algo? ¿Por qué no me hablas claro a mí? ¿Qué es lo que ocultas? ¿Qué es lo que sabes?

—Sé una cosa que va alegrarte mucho, tío Shin. ¡Muy pronto va acabarse Sasuke no Akuma!

— ¿Quieres hablarme claro? —Apremia Shin mirándola con sus duros ojos inquisidores—. ¿Por qué va a acabarse Sasuke no Akuma?

—Porque pica demasiado alto. En esta casa van a pasar muchas cosas. Si yo fuera tú, tío Shin, mejor esperaba. Ya vendrá el río revuelto, y a río revuelto, ganancia de pescadores.

— ¿De dónde sacas tú…?

—Ayer fui hasta allá arriba, hasta lo más alto del desfiladero, y vi al viejo Orochimaru. Le di unas monedas para que mirara el porvenir de los Uchiha…

—Tú nunca creíste en esas cosas, Kin. Son patrañas, embustes para engañar a esas bestias que llevan la superstición en la masa de la sangre. No te crié yo para que creyeras esas cosas… Pero ¿qué te dijo Orochimaru?

—Abrió una gallina negra, le miró las entrañas y me dijo que hay dos hombres con sangre Uchiha en las venas: uno legítimo, otro bastardo.

— ¡Calla, baja la voz! ¿Estás loca? —Se alarma Shin lleno de estupor—. ¿Eso dijo Orochimaru? ¡Deslenguado… atreverse a eso! ¿Tú ves? ¿Tú ves? Si yo aún mandara, lo haría moler a palos por hablar sin respeto de los amos… del señor… el señor don Fugaku Uchiha… ¡Mentirosa!

—No te sofoques tanto. Hace quince años que está muerto, enterrado —explica Kin destilando sutil ironía—. Estamos solos, tío Shin, y ahora ya sé que es verdad, totalmente verdad. No fui a ver a Orochimaru, no me dijo nada…

— ¿Eh? Pero ¿qué te propones?

—Tener la seguridad de algo que siempre he sospechado: Sasuke no Akuma es hermano del amo Naruto, pero ninguno de los dos lo sabe…

—El perro bastardo, no creo que lo ignore. Era bien crecido ya la noche en que murió Danzō Shimura, cuando él llevó aquella carta…

— ¿Quiere contarme la historia completa, tío Shin?

— ¡No! Olvida lo que has oído. ¿Para qué me hiciste hablar? Perdí un momento los estribos, pero si repites una sola palabra de lo que has escuchado…

—Ya sé tu amenaza: me harás moler a palos —se burla Kin—. ¿De qué te ha servido cuanto has hecho? ¿Qué has sacado con ser para ellos como un perro? Nada, ¿verdad? Los miraste como si fueran de otra pasta, como a dioses, como a hijos del sol… y no es verdad: son como los demás… Como los demás, se les puede odiar o amar. El amo Naruto no es más que un hombre, y cualquier hombre puede sentirse un día tan desdichado que acepte el consuelo donde lo encuentre… hasta en brazos de la hija de una esclava.

—Kin, ¿qué es lo que estás pensando? ¿Qué es lo que te atreves a desear?

—Lo mismo que tú, pero de otra manera. Tú quieres mandar en Mangekyō, y yo también. ¿Por qué no?

—No quiero entenderte…

—Aunque quisieras no me entenderías, pero sí me entiendes cuando te digo: aguarda, aguarda, no tendrás que aguardar demasiado. Pronto vendrán las aguas revueltas. Ni tú ni yo seremos culpables, pero bien podemos recoger lo que la tormenta eche a la playa.

El sonido estridente de una campanilla llega hasta ellos, y es Shin quien comenta:

—Llama la señora…

—Sí, y es a ti, pues han sido dos campanillazos. Anda, nunca te llamó de otra manera, ni cuando eras administrador de Mangekyō. Por algo es el ama, tu ama…

—Y tuya también. No creo que a la señora te atrevas a negarla. Se lo debes todo, comiste desde niña el pan de su mano… Bueno, tenemos que seguir hablando, ¿eh, Kin? Tienes que decirme las cosas más claras. No estoy dispuesto a… —Su explicación es interrumpida por otros dos fuertes y sonoros campanillazos, y concluye—: ¡Esta misma noche tenemos que hablar!

Se ha ido con paso rápido tras mirarla con inquietud, y Kin contempla sus manos blancas de criolla y finas, sus brazos de mestiza en los que se le marcan las venas azules, y con desprecio infinito vuelve la cabeza hacia el lugar por donde Shin se marchara, murmurando con rabia concentrada:

—No es la sangre… ¡es el alma lo que se tiene esclava!

—Karin, ¿hasta cuándo vas a estar detrás de Santa Hinata?

—Ahora ella no está, patrón, pero me dejó cuidando. Cuando ella no está, yo soy la que manda…

Con fuerte mano ha contenido Sasuke al brioso caballo que monta en este instante, un soberbio animal blanco como la nieve, con preciosos arneses de cuero, uno de aquellos dos caballos exactamente iguales que Samui regalara a su hijo y a su nuera en los primeros días de su noviazgo. Inquieto, nervioso, acaso extrañando el mayor peso y la mayor rudeza del jinete que lo monta, parece dispuesto a encabritarse, cuando Sasuke extiende la mano a Karin y ordena:

— ¡Anda, ven conmigo! Dame la mano y salta. ¿Qué pasa? ¿No quieres venir?

—Sí, mi amo. Espérese un momentito… un momentito nada más. Voy a avisarle al negro Darui, que es el que cuida aquí cuando ni la señorita Hinata ni yo estamos. Un momentito nada más… ¡Darui! ¡Darui!

Apretando los dientes, Sasuke ha dominado a la vez su impaciencia y la inquietud nerviosa del caballo. Se encuentra a la entrada del valle chico, donde una vez tropezara con Hinata, muy cerca de donde, a toda prisa, se han levantado los nuevos barracones para alojar a los enfermos. Ahora han cesado por completo la lluvia y el viento y está espléndida la noche tropical bañada por la luna, adornada de enormes luceros claros…

—Ya está. Hay cuatro enfermos que se encuentran mejor, y cuando la luna se ponga en la punta del cerro hay que darles a los demás la cucharada —explica Karin.

—Sube al anca del caballo y agárrate bien, no vayas a matarte.

— ¿A dónde vamos, mi amo?

—Ya lo verás…

Sasuke ha fustigado los ijares del brioso corcel y éste arranca en un galope veloz. Durante un buen rato, el caballo va tragando leguas de camino sin que ninguno de los dos jinetes diga una sola palabra, hasta que, de pronto. Karin exclama sorprendida:

— ¡El mar, patrón…!

—Sí, Karin, el mar. Bájate, que el resto es a pie como hemos de andarlo —indica Sasuke apeándose—. Amarra el caballo a las ramas de ese árbol. No tengas miedo, no te hará nada.

—Hemos corrido, patrón, estamos en el Kēpu Akuma… la muchacha ha obedecido a Sasuke, echando pie a tierra, y luego le sigue por el estrecho camino abierto a pico entre los ásperos acantilados, hasta asomarse al negro peñón que le dio nombre. Es alto como un faro, sombrío como una cárcel, húmedo y negro como una vieja fortaleza. En la cima, las ruinas desmanteladas de la pobre cabaña que viera nacer a Sasuke, que viera morir a Mikoto Shimura y arrastrar su miseria al esposo que le dio su nombre… Cuántos recuerdos parecen agolparse de repente en la mente de aquel hombre moreno y alto, que alza la frente como desafiando a los elementos, mientras la muchachuela de cabellos escarlata extiende la mano hacia el mar y señala sin poder disimular su disgusto:

—Ahí está el Luzbel, patrón. ¿Volvemos a embarcarnos? ¿Nos vamos lejos? ¿No volvemos a Mangekyō?

—Ya veo que lo sentirías mucho si no volviésemos.

—Sí, patrón, por… por… Bueno, usted dijo que no había más ama nueva…

—Lo dije porque así lo pensaba, pero si habrá ama nueva, Karin. No embarcaremos esta noche, pero todo tiene que estar preparado, porque será muy pronto. Y nos iremos lejos, hacia otras tierras, hacia otros mares… Mira todo esto, Karin, míralo para no olvidarlo, porque acaso no volvamos jamás.

Con repentina emoción, Sasuke ha apoyado la mano en el hombro de Karin, señalando después cuanto la vista abarca: la playuela desierta, las montañas lejanas, las enormes rocas oscuras amontonadas sobre la costa como cuerpos de gigantes venados, el Kēpu Akuma, y el mar, eternamente inquieto, que estrella contra él la furia de sus aguas. Todo aquel panorama bello y terrible, soberbio y sombrío, del que es como una síntesis su alma ardiente y apasionada, su corazón salvaje, su vida inquieta, que a si misma se consume como el leño que arde en la hoguera crepitante de aquella isla de pasiones, y vuelve a repetir:

—Acaso no volvamos más, o por lo menos en muchos años…

— ¿Cuando usted sea viejo, patrón?

—No creo vivir para tanto, pues no envejecen las tormentas y yo, al fin y al cabo, no soy otra cosa más que eso: una tormenta, un vendaval que pasa rompiendo y arrasando. Eso soy, eso quiso mi destino que fuese. Un día soñé otra cosa, Karin, pero fue sólo un sueño. No se alzará una casa sobre estos peñascos, nadie hará un jardín en el Kēpu Akuma… Nadie podría hacerlo… Fue locura… Aquél es mi mundo… Ese barco, el Luzbel, la goleta pirata más audaz que cruzó los mares… Pero no te asustes, tonta, no pongas esa cara de espanto. Siempre hay alguien para quienes los malos somos buenos. A ti no te haré ningún daño…

—A ella tampoco va a hacerle daño, ¿verdad, patrón?

— ¿A ella? ¿A qué ella?

—A la señorita Hinata, patrón…

— ¡Ah, Santa Hinata! No creo que le guste mucho lo que vamos a hacer, pero es igual. Olvídala, Karin… Nadie le hace más daño a los que somos desdichados, a los que nacimos para ser irremisiblemente desdichados, que los que pretenden volvemos buenos y blancos. Deja a tu Santa Hinata… El mundo es duro, cruel y malo… Tienes que hacerte fuerte, insensible, egoísta, capaz de luchar y de vencer pisoteando al que se atraviese en tu camino. Sólo así podrás sobrevivir; sólo así pude yo llegar a hombre… Pero ¡caramba!, se hace tarde. Vamos…

—Lo siento mucho, Hinata. Parece ser que Sasuke no se preocupó demasiado de cumplir mis encargos. De cualquier modo, todo salió correctamente. Tienes tan bien organizadas a las cuadrillas que te ayudan en el cuidado de los enfermos, que las cosas se hicieron en forma normal aun sin que nadie las vigilase.

— ¿Pero no le diste a ese hombre tu propio caballo? ¿No le dijiste…?

—Cuanto había que decirle, sí. Pero ¿qué quieres? O no me entendió o no quiso entenderme. De momento no creo que podamos exigirle demasiado…

Naruto Uchiha ha fruncido levemente el ceño frente al único punto de la conducta de Sasuke que no logra disculpar en forma plena. Está muy cerca de las cuadras, bajo el sol de una mañana espléndida que contrasta con la pasada noche tormentosa. Pálida y recatada, con su eterno traje negro, habla Hinata sin mirarlo, como si temiese la luz investigadora de aquellos ojos tan caros para ella. Y hay en Naruto un gesto comprensivo, indulgente y lleno de curiosidad a la vez, cuando observa:

—Te levantaste muy temprano, Hinata. Según me dijeron, casi al amanecer…

—En el convento adquirí la costumbre de ver salir el sol. Eso no significa para mí ningún sacrificio, al contrario.

—Y pusiste en orden todo lo que ayer no quedó correcto.

—No hice sino volver a hacerme cargo de mis obligaciones. Anoche las abandoné, pero…

—Las abandonaste en mis manos y yo fui lo bastante débil o lo bastante indolente para no cumplirlas personalmente. Confié en Sasuke más de lo que debía…

—Eso es lo que no me atreví a preguntarte. ¿No te parece que confías en Sasuke más de lo que debes?

—De momento las cosas parecen darte la razón, pero ya veremos. De cualquier modo, supongo que tú conoces mejor a Sasuke que nadie…

— ¿Por qué he de conocerlo? —se extraña Hinata sin alcanzar el sentido de las palabras de Naruto.

—Bueno, he dicho: supongo. Si no es así no tomes a mal mi afirmación. ¿Vienes para casa? ¿No quieres que desayunemos en familia?

—Gracias, Naruto, pero para mí es casi mediodía. Desayuné temprano y ahora tengo mucho que hacer. Voy a ver a mis enfermos. Vete, Naruto, seguramente doña Samui y Sakura te esperan.

—No tendré tanta suerte. Con Sakura ya sabes que no se puede contar hasta más tarde, y mamá todavía se hace servir en sus habitaciones. La familia de que te hablaba son el bueno de Akimichi y nuestro terrible Sasuke no Akuma… Bueno, ya sé que tú le llamas Sasuke no Kami y que él se enfurece cuando le aplicas ese nombre. Es un verdadero gato montés, pero ya lo amansaremos. Confío en ti para eso.

— ¿Por qué en mí? —se sorprende otra vez Hinata.

—Porque eres muy comprensiva y bondadosa, y eso es lo que necesita un hombre como él… Claro está, que siempre que tú quieras ayudarlo, pues yo no te lo impongo. ¡Oh, no me mires tan seria! Y no te alarmes, no quiero ser indiscreto. Respeto tu silencio. Hasta pronto, Hinata, te iré a buscar luego por allá.

— ¿Cómo? ¿Levantada ya? ¡Qué buena sorpresa, Sakura!

—Como tú no te quedas conmigo, no tengo más remedio que seguirte. ¿Dónde están los demás?

Sakura ha recorrido el amplísimo comedor con su mirada impaciente, mientras Naruto se inclina tomando su mano, sonriéndole muy cerca, agradecido y encantado de aquella aparición que, sin embargo, nada tiene que ver con él.

— ¿Cómo cumplió tus encargos anoche Sasuke no Akuma?

—Desastrosamente… no se ocupó de ellos.

— ¡Oh, por Dios! Entonces, habrán tenido ustedes una discusión…

—No lo he visto a él, pero tampoco pienso tenerla. Sé que el secreto de tener es no pedir demasiado… Pero, mira, ahí viene. Voy a dejarte con él mientras me acerco al despacho a rescatar a Akimichi. Puedes hacer que vayan sirviendo el desayuno, porque en seguida estaremos de vuelta.

Lentamente, clavados los ojos en ella, Sasuke va acercándose a Sakura. La ha visto desde lejos, ha retrasado el paso a propósito, dando tiempo a que se aleje Naruto. Lo ha visto sonreír, inclinarse, estrechar su mano, besarla, irse después, y se aprietan, sus duras mandíbulas conteniendo la oleada amarga de rencor y de celos que sube hasta sus labios, que escapa por sus ojos en una llamarada oscura, cuando le dice a Sakura:

—Veo que saboreas la luna de miel. ¡Qué tiernamente te saluda tu galante marido! Parecéis hechos el uno para el otro. Todo es exactamente igual en ustedes: consideración, finura, educación, nombre ilustre…

— ¡Basta, Sasuke! ¿Es que no comprendes…?

—Pero, a pesar de todo eso, vendrás conmigo. Dejarás esta casa de marcos dorados, de espejos, de cortinajes y alfombras, para encerrarte entre las cuatro tablas de mi cabina del Luzbel. Todo está dispuesto; esta noche escaparemos.

— ¿Pero estás loco?

—No habrá peligro para ti, estarás absoluta y totalmente a salvo. No tienes ya el pretexto del miedo. Huiremos con todas las seguridades, nos iremos muy lejos… Vilmente, ruinmente, cobardemente le arrancaré a Naruto su esposa, ¡que nunca debió ser suya! Ya sé que no es culpable… ¡Oh, si lo fuera… que voluptuosidad, que placer haberte arrancado de sus brazos, llevándome su vida también! Te esperaré esta noche a las doce, detrás de la iglesia, con dos caballos ensillados.

— ¡Es demasiado pronto, Sasuke! —protesta Sakura luchando asustada entre su deseo pasional y la preocupación de perder el bienestar tan astuta e hipócritamente conseguido.

—Ya hemos tardado más de la cuenta y no quiero volver a verte junto a él, ¿oíste? No quiero, porque no estoy seguro de poder contenerme. Estoy haciendo las cosas como tú quieres, estoy plegándome a tus caprichos como un esclavo. No intentes fallarme, Sakura, no vayas a fallarme, porque no te lo voy a perdonar, ¿entiendes?

— ¡Calla, por Dios! —suplica Sakura angustiada al ver que Naruto se aproxima a ellos.

—No hubo forma —explica Naruto con indiferencia—. Akimichi dice que ya desayunó y está totalmente hundido entre libros y papeles. En cuanto a Hinata, tomó también el camino de sus enfermos. Estaremos solos los tres. Ordena que sirvan querida…

Llegan dos sirvientes impecablemente vestidos de blanco, cubriendo de manjares deliciosos la suntuosa mesa. Todo en ella está preparado con el más exquisito esmero, todo en ella causa un placer estético sólo con mirarlo: la fina cristalería, las bandejas de plata, los fruteros que desbordan de los mejores ejemplares de frutas cultivadas en aquellas fértiles tierras, las tazas de porcelana, los bordados manteles…

Sakura ha hecho un esfuerzo para sonreír, ha aceptado el asiento que Naruto le ofrece. A su derecha, Sasuke, sombrío y silencioso; a su izquierda, Naruto, una falsa sonrisa mundana en los labios, una mirada inquisidora e inquieta en las claras pupilas…

—Doña Samui… ¡Pero qué sorpresa!

—He querido hablar a solas con usted, Akimichi, sin llamar la atención haciéndole ir a mi habitación, sin enviar recados con los sirvientes… ¿Cómo se siente de nuevo en este despacho?

— ¿Cómo he de sentirme? Muy bien, y muy agradecido…

—No tiene por qué; al contrario. Fui injusta al prescindir de sus excelentes servicios y quiero que sepa que muchas veces pensé en usted con remordimiento y con pena. Pero la muerte de Fugaku me trastornó de tal manera, tuve tanto miedo por Naruto, tal espanto por lo que el porvenir podía traerle, que no hubo medida que me pareciera poca para defender a mi hijo.

—Yo hubiera deseado ayudarla siempre en esa tarea…

—Lo sé Akimichi, ahora lo sé. Me ofusqué de momento… Sus simpatías de usted por… —Ha callado un momento, evitando el nombre que aborrece, pero al fin éste sale de sus labios—: Sasuke no Akuma

—Sasuke… Vamos a llamarle Sasuke, simplemente. No hace mucho le propuse llamarse Sasuke Akimichi…

— ¿Cómo? ¿Usted? ¿Es posible? ¿Sería usted capaz…? —se sorprende gratamente Samui.

—Quise hacerlo, pero él lo rechazó en forma rotunda. No creo que acepte ya nada de lo que se le ofrezca…

—Sin embargo, está en esta casa, junto a mi hijo… junto a mi hijo, empeñado en hacer de él un hermano, en la situación en que más temí verlo. Supongo que dispuesto a aprovecharse de la bondad de Naruto, de su generosidad, de su nobleza, en una forma que no puede ser, Akimichi. ¡No puede ser!

—Creo que la estancia de Sasuke en esta casa será muy breve.

—Yo temo lo contrario, Akimichi. Naruto no lo dejará irse. Ya sé que usted ha tratado de convencerlo, sé que, contra todo lo que temía, está usted de mi parte, pero sé también que sus buenos consejos no han sido escuchados por mi hijo.

—Sasuke había cambiado mucho últimamente, venía dispuesto a ser otro hombre, pero… —duda un instante, y prosigue—: Pisó una mala hierba, le sopló un mal viento; hay seres a los que se diría que el destino arrastra, criaturas que nacen con mala suerte… Sasuke es de ésas…

—Las culpas de los padres caen sobre los hijos, Akimichi.

—Ya lo sé. Por desgracia, es algo que se cumple inexorablemente la mayor parte de las veces. Sasuke pagó las culpas de su madre.

— ¡Las de su madre, que fue una ramera! —Salta Samui con rencor, pero calmándose repentinamente, continúa—: Y las de su padre también. Bien sé que usted lo sabe todo, Akimichi, y por estar segura de que lo sabía todo le guardé rencor injustamente, me volví contra usted en vez de buscar su amistad y su apoyo. Fue un grave error. Ahora lo comprendo, y busqué la ocasión de hablarle a solas para pedirle que me perdonara, que me ayudara, porque aquel peligro que quise destruir se alza ahora contra mi hijo, más terrible, más fuerte… Y ahora no tengo la autoridad ni el poder para defenderlo a pesar de sí mismo como la tuve cuando era un muchacho. Ahora no me queda sino ese triste recurso de las madres viejas, que son las lágrimas y los consejos… Los consejos que ya no se escuchan. Sin embargo, tengo que hacer algo. Ayúdeme, Akimichi.

—Ojalá pudiera… —titubea Akimichi—. Considero que las cosas marchan ya por caminos fuera de nuestro control y que sería tan difícil cambiarlas como reprimir los elementos. Debería tratar de tranquilizar sus temores, pero prefiero hablarle con toda franqueza. Creo que Sasuke y Naruto no han nacido para entenderse… al menos, ahora de pronto. Tal vez si desde niños se hubieran criado como… como hermanos… Perdóneme que use una frase que bien comprendo que la hiere, pero es la exacta. Entonces hubiera sido posible que las cosas fuesen de otro modo; mas ahora, ahora no está en nuestras manos el cambiarlas. El choque surgirá de un modo o de otro…

—Y eso es lo que temo… El choque surgirá… y no es mi Naruto el más fuerte. ¿Ve usted por qué temblaba? ¿Por qué temía que ese muchacho, cual una sombra fatídica, se acercara a él?

—La vida tiene emboscadas terribles. Acaso debieran saber que son hermanos… Es muy probable que Sasuke lo sepa… Se crió de otro modo, y además, es mayor…

—No es mayor. Tienen la misma edad, y ésa es una de mis más grandes amarguras. Mi hijo y ese Sasuke nacieron al mismo tiempo. De mis amantes brazos de esposa enamorada iba Fugaku a los de esa mujer… ¡Traidor! ¡Canalla! Y ella… ella… ¡Maldita sea ella!

—Cálmese, doña Samui, nada logra con remover tan amargos recuerdos. Hay cosas más graves… De momento, no tengo sino sospechas, temores imprecisos. —Duda Akimichi un instante, pero decidiéndose al fin, apunta—: ¿Confía usted en mí, doña Samui? ¿Me autoriza para hacer cualquier cosa que estime conveniente para conjurar el peligro que amenaza a esta casa?

—Amenaza, ¿verdad? ¡No es mi imaginación, no son mis nervios!

—Por desgracia, no. Yo creo, como usted, que es indispensable alejar de aquí a Sasuke. Deme carta blanca para tratar de hacerlo por las buenas, concediendo generosamente cuanto pueda dársele, que puede ser mucho ya que, según estoy comprobando, la fortuna de los Uchiha se ha duplicado en estos últimos quince años…

— ¿Espera usted comprarlo? Hágalo, Akimichi, dele el dinero que quiera, el que pida. No importa que sea una fortuna… ¡Pero que se vaya, que se aleje de mi hijo para siempre!

— ¡Karin… Karin…!

Hinata no ha tomado, como dijera, el camino de los barracones de los enfermos. Ha guiado el cochecillo que ha de llevarla hasta ellos, dejándolo junto a una de las veredas laterales de la casa y luego se ha asomado a la galería anexa a las habitaciones de los huéspedes, buscando ansiosamente, hasta que la grácil figurilla de cabeza escarlata, acercándose a ella y ofreciéndose:

—Aquí estoy, señorita Hinata, ¿qué quiere usted?

—Ven conmigo…

Casi bruscamente la ha tomado de la mano, llevándola con ella. Con esfuerzo contiene su ansia de preguntar y, como siempre, mil sentimientos diversos luchan entrelazándose en su alma atormentada. Aquella muchachuela puede serle preciosa, puede delatar ingenuamente los sin duda tenebrosos planes de Sasuke no Akuma. ¿Pero no es al mismo tiempo su protegida, su pequeña amiga? ¿No sería horrendo si la ira de Sasuke se volviera contra la niña? Su mano blanca y nerviosa acaricia la corta cabellera y baja la vista cuando los ojos llenos de gratitud de la muchachuela se vuelven a ella, y exclama:

— ¡Qué buena es usted, señorita Hinata!

— ¿Te parezco buena, Karin? ¿Crees tú que soy buena? Si yo te preguntara una cosa, ¿me contestarías francamente? ¿Me dirías la verdad? ¿Toda la verdad de lo que supieras?

—No siendo lo que el patrón me mandó callar, yo se lo digo todo a usted.

—Comprendo. No voy a preguntarte nada que no puedas contestarme, pero hay algo que sí puedes decirme. ¿Dónde fuiste ayer, Karin?

—Es de lo que no puedo decirle, señorita, porque…

—Porque yo le mandé callar —interrumpe Sasuke acercándose sorpresivamente, y haciendo que Hinata, asustada lance un:

— ¡Sasuke!

— ¿Para esto ganó usted su confianza? ¿Para esto le demostró piedad y afecto? El mundo no cambia, Santa Hinata, es igual en las tabernas que en los palacios. ¡Hasta una sonrisa tiene su precio!

La voz se ha apagado en los labios de Hinata, violentamente sorprendida por la brusca presencia de Sasuke, que echa a un lado a la muchacha para enfrentarse con ella, encendidas de cólera las pupilas, desafiante el gesto altanero… Al fin, con esfuerzo, Hinata logra responder:

— ¿Qué es lo que usted cree? ¿Qué es lo que piensa? Interpreta mal mis intenciones…

—Sus intenciones las conozco perfectamente… Ven conmigo, Karin, a nadie le importa dónde hayas ido, a nadie tienes que responderle… Vamos, ven…

—Un momento, Sasuke…

— ¿Un momento para qué? ¡No tengo tiempo para escuchar sus ruegos! Ni los de usted ni los de nadie… Ahí viene otro de los que gustan, como usted, arreglar las vidas ajenas y predicar en el desierto —apunta Sasuke, al observar que Akimichi se dirige hacia donde ellos se encuentran. Y al tiempo que se aleja, afirma—: ¡Tampoco tengo tiempo que perder con él!

— ¡Sasuke… Sasuke…! —llama el viejo notario. Y al vislumbrar a Hinata, se disculpa—: ¡Ah!, señorita Hyūga, dispénseme… Creí que Sasuke estaba aquí…

—Estaba aquí hasta este momento. Huyó al oírlo a usted. Me dijo que no tenía tiempo que perder ni con usted ni conmigo.

—Pues sentiré en el alma molestarlo, si es que le molesto, pero tengo absoluta necesidad de hablarle y de verle… Con permiso de usted…

Hinata ha quedado sola, baja la cabeza, demasiado angustiada para poder pensar, demasiado inquieta para permanecer inmóvil. Siente como una ofensa las palabras de Sasuke, su mirada de profundo desprecio, pero algo más fuerte que todo ello se alza en su pecho. Le importa demasiado lo que aquellos, dos hombres puedan hablar, es demasiado intenso su sufrimiento para que no lo olvide todo, y como una autómata marcha tras ellos…

— ¡Sasuke…! Sasuke, ¿quieres oírme un momento?

Akimichi ha alcanzado a Sasuke muy cerca del apartado edificio donde se hallan las caballerizas y las cocheras. Y frente al noble rostro del viejo, a quien le ligan los únicos recuerdos buenos de su infancia, el patrón del Luzbel se detiene, y cruzando los brazos aguarda las palabras que salen de labios del notario, sorprendidas y trémulas:

—En verdad, Sasuke, no sé qué te propones. Tienes todo el aspecto de un demente; rehúyes cruzar una palabra y dar una explicación; ofendes a la señorita Hyūga que, según creo, nada te ha hecho, sin miramiento de ninguna especie… Si no fuera porque comprendo bien lo que estás sufriendo, sería cosa de volverte la espalda y de rogarle a Naruto que te enviara a Uzushiogakure con la prohibición de volver a pisar sus tierras.

—Hágalo, si quiere… Si quiere y si puede… Aunque no creo que valga la pena que se moleste. Muy pronto estaré lejos de todo esto. ¿No es eso lo que todos quieren? Pues voy a complacerlos… Me iré, me iré definitivamente…

— ¿Puedo saber a qué se debe un cambio tan repentino de opinión?

—No creo que le interese ni poco ni mucho, Akimichi. Estorbo y me voy, eso es todo.

—Sasuke, contigo no sabe uno cómo hacerse entender —confiesa Akimichi en tono de suave amabilidad—. Te pedí que te fueras, es cierto. Te pedí en todos los tonos que volvieras a Uzushiogakure, pero no en esa forma ni, de esa manera. Tu lugar no está en esta casa…

—Ya lo sé —confirma Sasuke con sarcasmo—. Mi lugar está en el mar y a él me vuelvo.

— ¿Es eso de veras? ¿Vas a volver a navegar? Si es para bien de todos…

— ¿Qué importa el bien de todos? A usted, como a Hinata Hyūga, no hay más que un bien que le interesa: el de Naruto —asegura Sasuke con despecho; y destilando una mala y oculta intención, prosigue—: No sé hasta qué punto mi viaje será para mal o para bien de ese hombre privilegiado. Por supuesto, él lo tomará a mal, pero es para bien… Naturalmente que es para bien…

—No entiendo una sola palabra…

—Ni quiero que entienda, Akimichi, basta con que se alegre. ¿Para qué corría usted detrás de mí? Seguramente para rogarme una vez más que me fuera.

—No, Sasuke. Quería darte cuenta de una conversación muy importante que he tenido con doña Samui hace apenas un par de horas. Una conversación sobre tu porvenir y tu persona… Mi querido Sasuke, las gentes cometen errores, son intransigentes y crueles, pero a veces se arrepienten y lloran sus equivocaciones y tratan de enmendar sus errores. Si quisieras oírme con calma te sorprendería saber que Dios ha tocado el corazón de doña Samui.

— ¿Sorprenderme? No, Akimichi, nada en el mundo puede ya sorprenderme. Sin oírle a usted, podría saber lo que le ha dicho doña Samui, lo que viene usted a decirme como la noticia más grata y sorprendente de la tierra, y, sin embargo, es lo que estoy esperando desde que llegué. ¿Quiere ver cómo acierto? Se lo diré en una sola frase: la señora Uchiha me ofrece dinero…

— ¿Cómo? —se sobresalta Akimichi, en verdad estupefacto.

—Mucho dinero para que me aleje. Le estorba el fantasma que represento. Soy, junto a su hijo, como una sombra mala… Pagaría a precio de oro por verme desaparecer, ella que me negó el último rincón de esta casa, ella a quien le dolía hasta el pedazo de pan que me arrojara el que quizá tenía el deber de dármelo todo, ella que no tuvo ni una migaja de piedad para el muchacho abandonado y huérfano… Seguramente, ella pondrá ahora una fortuna en mis manos con tal de que me aleje, con tal de no tener que soportar mi presencia… Y usted es su mensajero…

—No son así las cosas, Sasuke. Óyeme…

— ¿Para qué? ¿Para que las envuelva usted en palabras menos crudas? El resultado será el mismo. Y no me quejo, vale la pena haberme hecho odioso y temible para ver cambiar de ese modo a las gentes. He adivinado exactamente lo que venía usted a decirme, ¿verdad? Pues bien, dígale a doña Samui que no se apene. Voy a irme muy pronto sin que ella ni nadie me tengan que pagar por eso. En la suntuosa morada de los Uchiha no hay más que una joya que me interesa, y ésa sí me la llevo.

— ¡Sasuke…! ¿Qué estás diciendo? ¿Qué pretendes hacer?

—Nada más que irme. Tranquilice a doña Samui y tranquilice también a la señorita Hyūga. Despídame de Naruto, dígale que le devuelvo su empleo… no me interesa. Si nota la falta de su caballo predilecto, que no se preocupe, pues lo tomo sólo a modo de préstamo. Ya se lo enviaré o lo dejaré que vuelva solo… Hasta la vista, Akimichi…

Se ha alejado, hundiéndose en la cercana arboleda, pero el viejo Akimichi no le sigue esta vez. Queda plantado mirándolo alejarse, consternado por lo que presiente, confuso y dudoso como no lo estuvo jamás en su larga vida…

—Señor… Señor… ¿Pero qué es esto? —clama perturbado. Y de pronto, se sorprende—: ¡Señorita Hyūga…!

—Lo he escuchado todo, Akimichi. Seguí detrás de usted. Dispénseme, pero me interesaba demasiado lo que Sasuke iba a decirle, lo que iba a responderle…

—Si lo oyó todo, no tengo nada que añadir, excepto que, al fin y al cabo, más vale que Sasuke se embarque de nuevo. Después de todo, tiene razón en muchas cosas y adivinó totalmente lo que doña Samui quería de él: que se fuera. Si he de serle franco, me apena muchísimo que se vaya así, que desaparezca como huyendo. Ya lo hizo una vez… —Hace una pausa e indaga—: ¿En qué piensa usted, hija mía? ¿Por qué no dice nada? ¿Por qué me mira de esa manera?

—Por nada, Akimichi —responde Hinata con un hilo de voz—. No me pregunte… Déjeme… Supongo que lo que pienso son locuras…

—A mí también se me pasan locuras por la cabeza. ¿Quiere decirme las suyas?

Los pálidos labios de Hinata han temblado como si fuesen a dejar escapar el terrible secreto que la atormenta. Hay algo en el noble rostro de Akimichi que le inspira confianza, algo que le impulsa a hablarle francamente, pero la expresión del notario cambia de repente. Conteniendo de golpe la confesión, Hinata vuelve la cabeza para enfrentarse con el hombre que, sin ruido, acaba de llegar hasta ellos, y exclama:

— ¡Naruto…!

— ¿Todavía aquí, Hinata? Pensé que ya estarías en el otro valle. Hace más de dos horas que me hablaste de ir junto a tus enfermos. ¿Qué pasó? ¿Tuviste algún inconveniente con el carruaje, o te llegó alguna mala noticia?

—Ninguna de las dos cosas, Naruto, retrasé el viaje porque no me encontraba bien. Ahora mismo se lo estaba diciendo al señor Akimichi.

—En efecto, no tienes buena cara. Insisto en que te has fatigado más de la cuenta estos días. Aunque no quieras, también a ti va a verte el médico, y mientras viene aceptarás mi receta personal: descanso… Por las que llamas tus obligaciones, no te preocupes. Tomaré tu lugar, esta vez personalmente. Pasaré el día en el otro valle…

— ¡No, Naruto, por Dios, no te vayas! No te alejes de la casa, no te separes de Sakura… Te lo ruego, te lo suplico, Naruto. Compláceme una vez…

Casi desesperadamente ha suplicado Hinata, mientras Naruto la mira, primero con sorpresa, luego con una especie de preocupación honda y grave…

— ¿Qué pasa, Hinata? ¿Qué es lo que temes?

—No es que tema nada. Es que no vale la pena. Yo me siento mejor, ya tengo el cochecito dispuesto para ir hasta el otro lado…

—Descansa hoy, Hinata, estás demasiado nerviosa. Creo que hasta tienes fiebre. —Ha tomado su mano, pero ella la retira bruscamente y retrocede palideciendo, por lo que Naruto, extrañado, inquiere—: ¿Por qué es ese miedo? ¿Qué piensas que puede ocurrir en esta casa si yo me alejo?

—Nada, Naruto, desde luego. Pero…

—Entonces, vete a descansar. Es un ruego, pero tendrá que ser una orden si no lo escuchas. Una orden de hermano mayor… Te enviaré al médico y atenderemos a tu salud, que es más preciosa que la de nadie. No protestes, porque es inútil. Haré que te atiendan aunque tú no quieras. —Y alzando algo la voz, llama—: Anko… llegas a tiempo… acompaña a la señorita Hinata hasta su alcoba y adviértele a doña Mebuki que no se encuentra bien. Anda…

Chōza Akimichi ha hecho un esfuerzo para sonreír cuando los ojos de Naruto, tras ver alejarse a Hinata acompañada por la doncella, se vuelven a él fijándose en su rostro pálido y tenso, y comenta:

—Me parece usted tan nervioso como mi cuñada Hinata. ¿Tanto les ha turbado a los dos la conversación con Sasuke?

— ¿Cómo? —se sobresalta el notario.

—Fue larga y violenta… Desde lejos observé los ademanes de ambos y vi que Hinata les escuchaba sin ser vista por ustedes. Una indiscreción bastante rara en una mujer como ella…

—Bueno… hay ocasiones en la vida en que… en que todos hacemos cosas incorrectas…

—Generalmente, cuando las cosas importan demasiado, y salta a la vista que a Hinata le importa muchísimo todo lo que se refiere a Sasuke…

—Bueno, es natural —contesta Akimichi en forma evasiva—, la señorita Hyūga forma parte de esta familia, de esta casa, y no puede ser indiferente a las cosas de alguien que, queramos o no, nos preocupa a todos…

—Nos preocupa a todos, aunque de manera diferente. Comprendo que le preocupe a usted, que tiene que compartir con él sus tareas; a mí, empeñado en el milagro de encauzarle… Pero ¿qué motivo personal puede tener ella?

—No creo que sea nada personal —rehúsa vivamente Akimichi.

— ¿Pues de quién? Cuando me acerqué tuve la impresión de haber cortado una confidencia. Tanto usted como ella se turbaron al verme. Ella iba a hablarle a usted de algo importante, quizá íntimo…

—Bueno… tal vez… En último caso, es lógico que mis años le inspiren más confianza que tus veintiséis años.

—Hinata y yo somos amigos desde niños, estamos ahora ligados por un parentesco que tendría que acercarnos más, y a usted acaba de conocerle. ¿O era amigo antes de ella? ¿Conocía a Hinata? ¿Conocía a las Hyūga?

—A Hinata no la había visto nunca, pero… —se interrumpe Akimichi dubitativo.

— ¿A Hinata no? ¿Conocía usted a Sakura? ¿Por qué vacila en responderme?

—No es que vacile, hijo, es que trataba de recordar. Yo fui un buen amigo del padre de ellas, conocía de vista a doña Mebuki… a ellas, naturalmente, las vi de pequeñas. En Uzushiogakure nos conocemos todos. No sé lo que Sakura te habrá dicho.

—Y quiere saberlo para no dejarla mal, ¿verdad?

— ¡Hijo, por Dios, qué idea! Me estás sometiendo a un verdadero interrogatorio y no te queda nada bien la actitud de juez…

—Cálmese, no estoy acusándolo. Estaba sólo tratando de comprender qué pasa. Sakura me ha contado que una vez estuvo en su casa para ver si usted le daba la razón de cierta goleta a cuyos tripulantes había encargado unos regalos para mí. ¿Es eso cierto?

—Bueno, sí… claro… Ella le había encargado a Sasuke…

— ¿A Sasuke? ¿Fue la goleta de Sasuke? ¿Fue Sasuke el patrón de goleta que no cumplió el encargo de Sakura?

—Bueno… la verdad es que yo apenas recuerdo…

—Recuerda usted perfectamente, y si no recordara no tendría nada de particular. Pero sí hay algo muy extraño: que después de todo eso, Sakura y Sasuke no se conocieran. Hinata dijo haberlo visto antes, y Sakura, no. ¿Por qué?

—Bueno, hijo, me estás volviendo loco…

—Es cierto. Y no es a usted a quien tengo que hacer esas preguntas, ¿verdad?, sino a mi esposa. Ella es la que tiene que responderme.

—No, por Dios, no vayas a hacer un lío con todo esto. Mi cabeza anda mal, no sé ni lo que me digo algunas veces. Lo que Sakura te haya dicho, será la verdad. Yo, por mi parte…

—No tenga miedo. Por fortuna, no soy un hombre celoso. Quiero decir, que no entiendo el amor ni la confianza a medias. O creo rotundamente, o rotundamente no creo. Confío en mi esposa. Si no confiara en ella, mi resolución sería definitiva… Pero ¿a qué hablar de eso? Además, no se trataba de Sakura, sino de Hinata. Trataba de comprenderla para ayudarla, pero es difícil comprender a las mujeres.

—Ahora sí has dicho una verdad como un templo. Las mujeres son como mariposas inquietas y hay que perdonarles sus caprichos y sus nervios en gracia a que son lo mejor del mundo, lo único que nos embellece la vida. ¿No lo crees?

—Hasta ahora lo he creído así. Pero no tengo ese concepto frívolo de la mujer. No creo que sean en realidad tan diferentes a nosotros. En general, las estimo más que usted y también les exijo más. Creo que son vaso sagrado, ya que Dios hizo de ellas el molde de lo humano. También creo que la mujer más hermosa puede hacerse reo de muerte si comete una infamia. Creo que el hombre halla en ella su desgracia o su muerte, y en la que hace su esposa lo deposita todo: honor y nombre… con todos los deberes y con todos los derechos, especialmente el de pedirle cuentas muy estrechas por lo que hace de ese honor y de ese nombre… Pero cambiemos el tema. Usted y yo tenemos demasiado que hacer…

— ¿Tú y yo?

—Por supuesto. Vamos juntos un rato al despacho. Creo que ha llegado el momento de anudar el pasado con el presente. Me fui niño y vuelvo hombre. Para regular mi conducta futura hay cosas del pasado que necesito saber, y cosas del porvenir que quiero resolver desde ahora. Quiero que me refiera usted algunas viejas historias… Las de mi padre la primera… Venga…

Fin de la primera parte, a partir de ahora comienza la segunda titulada «HINATA».


N/A: ¿Y qué les pareció meus amores? Se vienen cambios drásticos en las vidas de nuestros protagonistas. Este capítulo es corto en comparación a los anteriores, el próximo retomará el largo de los anteriores. Hinata siente cosas por Sasuke que no puede explicar, Sasuke por primera vez la ve como una mujer, con toda esa fiereza que oculta tras esa imagen de mujer dócil y sufrida. Sakura con sus locuras, como dije antes, ella quiere el amor y la pasión que Sasuke le ofrece, pero sin dejar el dinero y la posición que le da ser la esposa de Naruto. Kin, enamorada del amo… Orochimaru hizo acto de presencia como un viejo brujo xD. Y finalmente Naruto empezará a indagar sobre los verdaderos orígenes de Sasuke.

Esto apenas está comenzando.


RESPONDIENDO REVIEWS:

NanoUchiha: ¡Hola! Todo genial, qué bien volver a leerte por aquí, ya extrañaba tu comentario. Jajajaja a veces también me provoca golpear a Hinata por pecar de buena, pero luego recuerdo que gracias a eso se acerca a Sasuki y se me pasa xD. No importa cuánto tardes en volver a leer la historia, lo realmente importante es que siempre vuelvas por estos lares. Guao, me dejas impresionada con eso de tu trabajo, debes amar tu trabajo, solo personas con una vocación nata son capaces de sacrificar tanto, todo sea por contribuir con el granito de arena para la educación de las futuras generaciones, con lo primordial que es la educación. Eso dice mucho de ti, sin conocerte te admiro. Gracias por compartir un pedacito de ti y por leer esta historia, un beso grande. ¡Saludos!

CherryMarce: Kyyyyaaa! (Grita como fangirl), ya Sasuke no ve a nuestra Hinata como monja sino como una mujer, y de las bravas. Jajajaja y ella no se queda atrás, en él ve una bondad más allá de su rudeza… Ya se viene la parte dos… ansiosa por comenzarla. Nos leemos pronto, ¡Saludos!

Hime-23: Olá! Que bom que gostou, Hinata tem um dom para apaziguar o Sasuke, mas como você diz, ele continua sendo prisioneiro da sua paixão, o amor-ódio que sente por Sakura pode fazê-lo fazer coisas muito erradas como fugir, e não vê que Sakura simplesmente tenta que todo salga certo para ela, sem importar-se pelos sentimentos dos demais. Hinata tem um caminho muito difícil para ganhar o Sasuke. Pronto continuamos com a segunda parte. Um beijo lindona!

Soo Hyun Yuki: Hola de nuevo Merche (Tengo una amiga a la que le llamo así, no me mates xD). Jajajaja sí te entiendo, aunque por una parte es bueno eso de las palabras raras, aprendemos nuevas formas de decirlas xD. Y lo de Karin, sí, fue una ternura total, quise darle protagonismo, me parece un buen personaje, muy leal y creo que quedó perfecta en ese personaje, me acordé de aquella chiquilla que Sasuke salvó del oso en los exámenes chunin y me decidí por ella, créeme tenía una lucha interna entre ella y Juugo, pero como dije antes, el team Taka estará en la tripulación del Luzbel y no tenía lugar para la chica del equipo, así que se ganó el de asistente. Un abrazo virtual para ti también. Nos leemos pronto, ¡Saludos!

Guest (¿Serás mi inspiradora?): ¡Holaa! Gracias a ti por leer esta historia, Y sí, tienes razón, la telenovela y los libros difieren en ciertos puntos, aunque lo importante, la esencia de la trama está que está intacta, no sé si me entiendas. A mi parecer la telenovela está más adornada, ya sabes más drama, más personajes y más enredos, pero vamos, es lo más normal en este género, puesto si fuese fiel a los libros en menos de diez capítulos se acaban la historia. No puedo negar que me encanta la telenovela porque realmente es única sin punto en comparación con otra producción que se haya hecho, pero tengo un pequeño defecto, soy una devora libros, y bueno, me pasó como con Canción de Hielo y Fuego, primero me apasioné por la serie y luego de leer los libros no pude verla con el mismo amor del principio, ¿Pero, por qué? Eso es fácil de responder, quedo enamorada de las letras.

Con respecto a lo del libro de Mónica, sí también tengo que darte la razón de que les falta más salseo romanticón y ya tenía pensado meterle una que otra cosilla por allí de romance, (Lo sé, no tengo remedio con las cursiladas). Y lo de desconfiados y orgullosos, pues óyeme eso no lo abandonan en ningún lado, ay pero así es el amor, a veces nos privamos de los momentos maravillosos por ese pequeño defecto de la naturaleza humana.

Es bueno saber que nuestro fandom es grande, nuestra Hime y los Uchihas, serían parejas perfectas en el canon… bueno yo ya te dejo, porque creo que me extendí demasiado xD. Jajaja espero leerte pronto y que te guste cómo se van encaminando las cosas con estos dos. Un beso y abrazo, ¡Saludos!

Bugs Bonny: He leído nick's raros, pero el tuyo me trajo de vuelta unas grandes risas al recordar a ese pequeño bribón xD. Naaaah mentira yo lo amo con todo mi corazón. Uff y qué bueno que aclaré lo de las parejas, así vienen hasta aquí los que amamos a esta parejita, jajaja SasuHina es paz, SasuHina es amor, SasuHina es vida. Con lo de la adaptación sí te entiendo me he leído unas en las que he acabado leyendo el libro original. Y eso de que no parece adaptado, bueno es que soy muy cuidadosa con los detalles, y tengo un pequeño problema que roza en lo obsesivo, soy muy perfeccionista… a veces hasta yo misma me doy miedo de lo meticulosa que llego a ser en ciertos aspectos. Es bueno saber que tiene algo de sentido en torno a los personajes de Naruto. Espero leerte de nuevo por aquí, un beso, ¡Saludos!


Y bien, hasta aquí llegamos hoy, creo que me extendí un montón respondiendo los reviews, pero así como ustedes tienen tiempo de leer lo que subo y dejar un comentario, a mí no me cuesta nada responder a cada uno. Gracias por estar allí, motivan a seguir subiendo esta historia. Los quiero mucho, nos leemos en una próxima oportunidad. Besitos, se me cuidan.

Sayonara!

Lis