Disclaimer: Los personajes mencionados a lo largo de la historia son de S. Meyer, la historia y la personalidad de ellos es mía.
...
El misterio de Forks
...
Capítulo beteado por Sol Onuma, Beta de Élite Fanfiction.
( www facebook com/ groups/ elite. Fanfiction )
...
Capítulo 7.
Suspiré y corté la comunicación, no me atrevía. Era cobarde.
—Tienes que hacerlo —susurró con voz entrecortada Alice.
Negué apretando mis labios.
—No puedo, Alice. Ellos se preocuparán y vendrán, no quiero arriesgarlos a entrar a este pueblo. No quiero más muertes.
Ambas nos abrazamos, tratando de reconfortarnos, aunque dolor era lo único que sentíamos. Era un dolor en el pecho que no se iba con nada, solamente se iría... si encontrábamos viva a nuestra amiga, algo imposible.
—Me siento tan desesperada —murmuró, se apartó de mi lado y puso sus manos en su cabeza—. Yo sabía que una de nosotras iba a morir, ¡y fue Rose! —Lloró desconsoladamente.
—Por favor, cálmate —le supliqué mientras trataba de calmarme también yo. Mis nervios se estaban esparciendo a través de todo mi cuerpo.
Eran las dos de la madrugada, no habíamos podido pegar ni un ojo desde que Emmett se fue llorando y soltando maldiciones por la calle. Desde que nos habían dado la noticia, lágrimas era lo que más adornaban nuestro rostro.
Era algo completamente extraordinario cómo se podía odiar tan rápido a alguien que no se conocía. Ahora entendía perfectamente ese sentimiento, nunca lo había experimentado y daría todo por jamás haberlo sentido. Rose… Mi amiga. Mi mejor amiga. Mi hermana.
—Ella no está muerta... —expresé a mí misma, tratando de convencerme mientras más lágrimas caían—. Me niego a creerlo.
Alice permaneció callada antes de sentarse en el sillón, mirando hacia la ventana y frunció el ceño. La ignoré y caminé hacia la puerta para salir, me sentía asfixiada y aunque sabía que estaba arriesgando mi seguridad, ya no me importaba. No me importaba ser atacada por esa maldita bestia que le arrebató la vida a mi mejor amiga.
Comencé a caminar por la calle sin saber bien a dónde me dirigía, simplemente no me interesaba. El dolor era insoportable, necesitaba espacio... Necesitaba alejarme de esa casa... De Alice. De todo.
Un sollozo se escapó de mi garganta y vi una banca cerca, así que me acerqué rápidamente hacia ella y me senté allí. Me costaba respirar así que tomé aire varias veces, tanto por la nariz como por la boca.
—¿Por qué? —le pregunté a la nada y lloré de nuevo.
Transcurrió el tiempo y cuando comencé a ver el cielo cambiar, me puse de pie para dirigirme a mi hogar. Tenía comezón en mi cuello, señal clara de que alguien me observaba y eso me hacía sentir insegura, más aún cuando estaba oscuro.
Mientras caminaba apresurada, escuché fuertes quejidos. Instintivamente, dirigí mi mirada hacia el callejón de mi lado. Grité con todas mis fuerzas; pues a allí se hallaba el cuerpo de un hombre degollado y tras él la sombra de otro, completamente vestido de negro en una postura amenazante.
—¡Ah! —grité aterrada y con el corazón martillándome en las costillas.
El aire me faltaba y en un segundo todo comenzó a transformarse en puntos negros, que después me mandaron a la completa oscuridad; quedando tirada cerca de un cuerpo degollado y del cazador.
.
.
.
Abrí los ojos y rápidamente los volví a cerrar. Las luces, de donde fuese que estaba, me cegaron por un momento. Intenté volver abrirlos y con dificultad miré a mi alrededor, llegando a la conclusión de que me encontraba en un hospital.
¿Había sobrevivido? El cazador no me había matado, ¿por qué no lo hizo?
Pasaron alrededor de cinco minutos cuando la puerta se abrió dejando ver a Alec con una media sonrisa acercarse a mí.
—¿Cómo te sientes?
—Muy... confundida y aterrorizada —le respondí en un susurro.
—Y tienes que declarar aún. —Me miró con pena.
—Me lo esperaba. —Suspiré y le di una mirada penetrante—. ¿No lo encontraron?
—Lo único que sé, es que fue un milagro que te salvaras, te encontraron después de una hora de inconsciencia. —Hizo una mueca—. Los policías se encuentran muy intrigados por ello.
Yo también lo estaba. Es decir, estuve una hora a merced del cazador y no me había hecho daño alguno.
—Y el que te conozca. —Escuché decir a Alec y lo observé confusa.
—¿Qué dijiste?
—Que tal vez el asesino te conoce, por eso no te hizo daño. —Suspiró.
—Pe—Pero él nos hizo una advertencia cuando nos quisimos ir —tartamudeé.
—Entonces no sé qué decir. —Se encogió de hombros y alguien tocó la puerta—. Pase.
Por la puerta entró el mismísimo Edward Cullen, quien mostraba un rostro preocupado y que después se tensó un poco al ver a Alec. Lo ignoró y caminó hacia mí, besando suavemente mi mejilla.
—Bella, qué susto. —Negó con su cabeza—. Fui a buscarte por la mañana, pues me quedé preocupado por lo de ayer con la policía y cuando llegué, Alice estaba histérica diciendo que habías muerto. —Su rostro lució perturbado ante la idea—. Creí morir cuando lo dijo, así que hice que se tranquilizara y nos vinimos para acá.
—Gracias por preocuparte, de verdad. —Sonreí.
Alec carraspeó.
—Bueno, creo que yo debo irme. —Lo miré y me sonrió—. Espero mejores, Bella. Vendré a verte pronto y... es bueno verte de nuevo, Edward.
—Igualmente —le contestó cortésmente.
Alec salió de la habitación, dejándonos solos. Edward se volteó a mirarme y me regaló una hermosa sonrisa.
—No vuelvas a salir tan tarde, Bella. Puede ser peligroso y no quiero que te pase nada.
—Te prometo que no lo volveré hacer, simplemente me sentía asfixiada —le conté y sentí las lágrimas formarse en mis ojos al recordar a mi amiga.
—¿Qué sucede, Bella? —preguntó.
Tomé aire dispuesta a contarle, Edward era completamente de mi confianza.
—En—Encontraron una mano y... por la pulsera que había en ella, es de—de Rosalie.
Edward abrió los ojos, sorprendido.
—Lo siento mucho.
—Yo también. —Y las lágrimas comenzaron a caer, así que rápidamente las quité y traté de recuperarme antes de mirar a Edward—. ¿Quién es el chico al que mató? Porque yo... recuerdo eso.
La mirada de Edward se perdió por un momento antes de responder.
—Un chico que, por lo que se sabe, se llama Emmett.
Emmett.
Emmett estaba muerto.
No lo podía creer, hacía poco estuvo en la puerta de mi casa llorando por Rosalie y después lo encontraron muerto, como mi amiga. Ambos estaban muertos porque intentaron descubrir al cazador.
—¿Tú viste algo, Bella?
—Solo vi cómo el cuerpo de Emmett convulsionaba, el asesino iba completamente de negro y solo vi su silueta. Nada más.
—Eso no será de ayuda para la policía. —Negó con su cabeza, supongo que también estaba frustrado.
Me sentía derrotada. Si tan solo hubiese soportado más, podría haberme acercado lo suficiente como para ver algo que lo caracterizara como único para que lo agarraran. Pero no, me desmayé demasiado pronto, no soporté nada.
La puerta, por tercera vez en la mañana, se abrió dejando ver a mi amiga Alice, seguida de los mismos dos oficiales de ayer. Mi amiga brincó a abrazarme, lastimándome un poco el brazo que sentía muy adolorido.
—¡Pensé que también habías muerto! —Me abrazó con más fuerza—. No vuelvas a salir como lo hiciste.
—Te lo prometo.
—Señorita Swan, ya nos hemos presentado antes y estamos seguros que sabe a qué hemos venido. —Asentí hacia el oficial Smith—. Bien, si nos permiten nos gustaría hablar a solas con ella.
Tanto Alice como Edward, salieron de la habitación dejándome sola con los dos oficiales. Uno de ellos tomó asiento en la silla que se encontraba al lado de la cama y el otro permaneció parado. Me preparé mentalmente para recordar todo.
—Bien, señorita. ¿Qué hacía a esas horas fuera de su casa?
—No podía a dormir y me sentía asfixiada por la noticia que ustedes nos habían dado, así que decidí, impulsivamente, salir afuera para despejarme.
El oficial de pie, anotaba todo lo que dije de manera rápida.
—¿Cómo es que usted se encontraba en ese callejón? —Fruncí el ceño.
—¿Qué? Yo no entré en ningún momento al callejón. Iba pasando por la calle cuando escuché a alguien quejarse de dolor y volteé hacia el callejón y fue cuando vi a un hombre siendo degollado y a otro detrás de él. En ningún momento entré.
Ambos se miraron y el oficial Smith me preguntó:
—¿Está completamente segura, señorita?
—Por supuesto.
—Bien, pues a usted se la encontró dentro del callejón a un lado del cadáver.
La piel se me erizó completamente al darme cuenta que había sido tocada por ese animal cuando me dejó en el callejón. ¿Por qué no me mató entonces? Tuvo muchas oportunidades de hacerlo y sin embargo no lo hizo. ¿Por qué yo no?
—¿Vio algo en particular con el asesino?
Negué con mi cabeza, saliendo de mi estupor.
—Solamente que iba completamente vestido de negro y su complexión era delgada y alta.
—No sirve de mucho, pero algo es algo. —Se acercaron a mí y ambos me dieron la mano—. Esperamos su pronta recuperación, además de agradecerle su información. Cuídese.
—Gracias.
—Con su permiso. —Ambos salieron por la puerta, mientras yo me quedé mirando hacia la pared imaginando la escena de cómo seguramente me arrastró hacia el callejón.
Deseaba irme a mi casa. Con mis padres y mi hermana, no quería escuchar ni saber algo más de Forks.
.
.
.
—Te lo prometo. —Puse mis ojos en blanco, pues Edward me repetía a cada rato que me cuidara.
—No pongas tus ojos en blanco, lo digo en serio.
—Yo también. —Reí y él me siguió.
No sé cómo se dio, pero de la nada ambos nos encontrábamos acercándonos cada vez más hasta rozar nuestras narices y nuestros alientos se mezclaban. Cuando nuestras bocas chocaron, sentí... algo, pero no sabía exactamente qué. Sus labios se sentían bien contra los míos y en poco tiempo, ya lo estaba empujando contra el sillón quedando sobre él.
—Bella, ¿estás segura? ¿En un sillón? —Rió aún con sus labios en los míos.
Por primera vez, de verdad tenía muchas ganas de hacerlo. No era virgen, pero después de un año lo necesitaba.
—Sí, solo antes de que Alice llegue.
Rió un poco y dándome la vuelta, quedé en el suelo y volvió a besarme con dureza.
.
.
.
Me senté a un lado de Alice a desayunar una vez que pude levantarme. Había estado en una montaña rusa de emociones. Mi mejor amiga estaba muerta, había presenciado la muerte de Emmett y vi la figura del cazador, además de haber follado con mi vecino como una zorra.
¿Qué demonios me había pasado?
Quería creer que lo último se debió a que quería olvidar los acontecimientos vividos, aunque aún no me atrevía a ver la cara de Alice.
Miré a mi amiga antes de hablar.
—Tuve relaciones con Edward.
—¿Qué?
—Sí, me acosté con Edward. —Cerré los ojos y sentí su mirada en mí—. No me arrepiento, pero siento que no fue en el momento... correcto. —Suspiré—. Es decir, Rose acaba de... morir y yo...
Sentí la mano de Alice encima de la mía antes de que le diera un suave apretón.
—No tienes por qué ponerte así, ya pasó y... Solo no pienses en ello. —Sonrió a medias—. Si sucedió eso, fue por algo.
Quería dejar de pensar en ello, pero simplemente no podía. Me sentía como una perra o como la típica chica que con sexo olvidaba sus penas.
—Solo déjalo. —Repitió Alice y suspiré, volviendo a mi desayuno.
Al terminar ya no sabía ni qué hacer, de nuevo la casa parecía que me estaba asfixiando, al igual que este pueblo.
—Alice, saldré a caminar un momento —anuncié.
—Olvídalo, hace menos de veinticuatro horas te encontraste a nada de morir por "salir". —Se puso de pie y me miró de manera reprobatoria—. Mejor quédate aquí por el resto del día, por favor. No quiero que algo te pase. —Suspiré profundamente.
—Alice, siento que la casa me está asfixiando, justo como ayer, necesito salir.
—¡Bien! —exclamó y levantó sus brazos—. Pues yo te acompañaré entonces.
Me daba igual si me acompañaba o no mientras saliéramos de aquí. Simplemente me limité a encogerme de hombros antes de caminar hacia la puerta, sintiéndola atrás de mí.
—¿A dónde iremos? —inquirió y simplemente me encogí de hombros de nuevo.
—A donde sea.
—¿Y si vamos a la tienda de Sue? Hace semanas que no la vemos. —Sonrió—. Además, ella me agrada y debe sentirse devastada con lo de Emmett, ya sabes, ella lo conocía bien.
Asentí y comenzamos a dirigirnos hacia la tienda. En el camino, mucha gente nos miraba mal. Sentía... rechazo de parte de ellos, aunque algunos nos miraban con lástima. Era odioso.
Llegamos al negocio y allí estaba Sue en el mostrador, haciendo anotaciones. En cuanto nos notó, nos brindó una sonrisa.
—Hola, niñas.
—Hola, Sue. ¿Cómo estás? —Se acercó Alice a ella mientras yo comencé a caminar por la tienda observando por si algo me llamaba la atención.
—Pues... Bien, un poco triste por lo de Emmett y por lo de su amiga. —Escuché la respuesta de Sue.
Le di una mirada.
—¿Como lo sabes? El oficial dijo que eso no sería informado hasta que se descubriera si era de ella.
—Yo lo sé todo, niña —respondió oscuramente y me volví en busca de algo que llamara mi atención, definitivamente, Sue era más extraña que hace dos semanas.
Los estantes tenían muchas cosas, pero ninguna me interesaba. Comencé a pasar hasta llegar a la sección de lectura y aún estaba allí ese espantoso libro llamado "Como cazar una oveja".
Miré a mi alrededor, tomé el libro y lo metí dentro de mi abrigo, antes de comenzar a tomar cualquier cosa de lo que había alrededor para comprarlo, no quería que esto se viera sospechoso. Además, le iba a robar un libro a Sue, algo de lo que me avergonzaría pronto.
—¿Podría cobrarme? —Interrumpí la charla que tenía con mi amiga, dándole una sonrisa forzada.
—Claro, niña.
Comenzó a cobrar y cuando pagué, lo único que quería era volver a casa para poder hojear ese libro que había llamado demasiado mi atención.
Tras darle miradas nada discretas a Alice para que nos fuéramos, por fin se apiadó de mí y salimos de la tienda rápidamente. Presentía que Sue estaba al tanto de mi robo debido a sus miradas, pero traté de ignorarla.
—Fuiste grosera con Sue, tu incomodidad era tan obvia. —Puso sus ojos en blanco.
—Alice, encontré un libro y necesito leerlo urgente.
Se detuvo y me miró.
—No vi que pagaras un libro, Bella.
—Lo robé. —Me sonrojé y me miró con la boca abierta—. No es un libro del que me sienta orgullosa de leer.
—¿Cuál es? —Se me acercó y saqué el libro de mi abrigo, escuchándola jadear—. ¡Un libro infantil! La señora Coppe tiene uno de ellos; cuando le pregunté dijo que uno le desapareció. Solo hay dos de estos libros. —Fruncí el ceño.
—No es un libro infantil, Alice, hojéalo.
Ella lo hizo y su pérdida de color fue obvia, a pesar del frío que nos rodeaba.
—Toma, no quiero ver más. —Suspiró y se abrochó aún más su suéter.
Cuando ya por fin llegamos a nuestra pequeña casa, miré hacia la de Edward, instintivamente. Por supuesto, Edward no se veía porque debía estar dando clases, pero quien sí salía de allí era Carlisle, su padre. No salía de la puerta, sino de la parte trasera de la casa, cubierto de lodo.
—¿Qué mierda? —susurré para mí y vi de soslayo que mi amiga entraba a casa.
El señor Cullen me vio y me sonrió, comenzando a acercarse con decisión hacia mí, provocando tensión en toda mi columna vertebral.
—Buenos días, señorita Swan. —Sonrió.
—Buenos días, señor Cullen. —Silencio incomodo que el rompió.
—Me gustaría preguntarle algo. —Asentí y lo miré, viendo cómo sonreía—. ¿Ha visto algo extraño por parte de Edward?
—No... Bueno, solamente que no habla con nadie, excepto conmigo, además de que en La Push no es muy bienvenido —le conté y rápidamente me sentí culpable por hablar esto de Edward, no debía.
—Isabella, ¿Edward te ha tratado mal?
Negué con la cabeza con rapidez.
—Él es muy caballero y amable conmigo. Hay ocasiones que es cortante, pero nunca es grosero o agresivo.
—Muchas gracias por responder esto, Isabella. —Sonrió—. No tiene idea de lo mucho que me ha ayudado.
—¿Me puede ahora usted responder algo?
—Supongo que es lo justo. —Sonrió.
—¿Por qué Edward huyó de Chicago? —Vi cómo se tensó un poco y su sonrisa vaciló, pero no me arrepentí de preguntar. Si quería saber la respuesta solo él lo haría, dudaba que Edward lo hiciera.
—Todas las desgracias de Edward son debidos a su madre y... en cierta manera, a mí también. —Suspiró—. Huyó cuando pasó el asesinato de su madre. Fue algo devastador.
Sin decir más y justo como su hijo siempre lo hacía, comenzó a alejarse de mí a paso rápido y seguro, pero no dejando de ver a su alrededor; mientras yo estaba hecha bolas debido a tanta información.
Se escuchó un ruido sordo dentro de la casa y supe que Alice estaba comenzando a cocinar, así que me apresuré a entrar yendo directamente hacia mi habitación para ver ese libro.
—¡Maldita sea! —susurré con dolor pues me había lastimado mi dedo con la cama.
Suspiré y tomé el maldito libro, antes de tirarme en la cama, abriendo en la primera hoja. En esta posaba la imagen de una oveja colgada de un árbol, en la segunda, un hombre abriéndole su estómago.
Fruncí el ceño y miré la siguiente hoja: una oveja... Encimada fuertemente y el cazador justo frente a sus ojos.
Todos los cabos se ataron y supe que de aquí el cazador había sacado todas las ideas para matar a sus víctimas. Y si solo había dos libros como estos, entonces el cazador era cliente de Sue.
Y sentía que estaba cerca del asesino.
.
.
.
¿Hola? Si, bueno, estuve desaparecido, pero he vuelto y ya esta este es el ultimo capítulo sin saber de la identidad del cazador, próximo: LA VERDAD.
¿Que les pareció el capítulo? Espero me dejen sus rr me son de motivación :D
Gracias a Sol, por ayudarme a revisar y corregir este capítulo. Y ya saben cuentan con el grupo de facebook (link directo en mi perfil).
Hasta la próxima semana.
