7. Un poco de esperanza.

Tres…

Dos…

Uno...

Inspiro con brusquedad antes de que sus ojos dorados se abrieran. Sesshomaru no sabía exactamente qué pasaba, pero sabía que no era bueno, su corazón latía con fuerza y solo tardo una milésima de segundo en levantarse y acercarse hasta la ventana para entender de ese modo que era lo que sucedía.

Un taxi aguardaba estacionado frente a la casa y Kagome caminaba justo hacia él.

No hubo tiempo para reaccionar. Tomo el pantalón negro que había dejado acomodado en una silla rosa, perteneciente a Kikyo, y abrió la puerta. Nada importaba si ella se iba, así que no le preocupo que Naomi pudiera salir y verlo en ropa interior, cambiándose mientras iba detrás de su hija.

La puerta de calle se abrió y vio como Kagome entraba por ella a paso apresurado llevando un sobre en sus manos, lo deposito en la mesa del recibidor, y ese fue todo el tiempo que necesito para darle alcance antes de que volviera a escapar.

— ¿Puedo saber a dónde vas?—

Kagome reprimió un grito, su cuerpo tembló de susto y giró para encontrar a Sesshomaru detrás de ella.

— ¿Acostumbras a asustar a las personas de esa manera?— Llevo una mano a su pecho para intentar calmar los latidos de su corazón y miro hacia la escalera para verificar que su madre no despertaba. —Te recomiendo que no se lo hagas a mi madre o lograras que termine hospitalizada.

— No me has respondido.— Sesshomaru dio unos pasos al frente, acorralándola entre la mesa y él.

Kagome intentó retroceder ante aquella mirada penetrante y dorada, pero no había escapatoria

— ¿A dónde vas?

— Estas asustándome. — rio de forma nerviosa, tratando de evitar que él se diera cuenta de su confusión ante aquel comportamiento.

Sesshomaru se acerco mas, parecía querer pegar su cuerpo junto al de Kagome, la cual estaba más que desconcertada de la cercanía. Él no la toco, ni siquiera sus alientos chocaron, no hubo miradas de deseo; solo levanto una mano, tomo con rapidez las llaves y el bolso que se encontraban justo detrás de ella, y con la ventaja de ser mas rápido, salió con paso apresurado de la casa cerrando la puerta en el acto.

Le importo un bledo salir a la calle sin una camisa y que las mujeres recatadas que lo vieron con su torso desnudo se giraran a observarlo. Solo le interesaba salir y deshacerse del taxista que tocaba su desesperante claxon.

— ¡¿Qué estás haciendo?!— grito ella cuando él volvió. Sus ojos se abrieron con fuerza y llevo su pequeña mano hasta su frente. — ¡¿Qué demonios te sucede?! —

No quiso gritarle pero no pudo evitarlo. Sesshomaru volvía descalzo, sin su camisa y con una especie de media sonrisa demoniaca en su boca. Una pequeña parte de su mente le dijo que debía tener cuidado, el resto solo quería gritarle por lo que acababa de hacerle a sus planes.

— Le pague al hombre por haberse tomado la molestia de haber venir a buscarte.— Dijo, tan sereno y natural como quien está acostumbrado a hacer y dar órdenes sin que nadie lo contradiga en nada.

— ¡Imbécil!—

— No sabía que supieras decir insultos. — Comentó sin inmutarse. — ¿Crees que si le dices esas cosas a las monjas te aceptaran? ¿Crees que te llamaran "Hermana"?—

Kagome irritada apretó los puños, negó con la cabeza, y se giro para ignorarlo. Ella quiso mandarlo al diablo, mas no lo hizo. Se dirigió directamente al teléfono. Pediría un taxi.

— No quería despedirme de mi madre. Me costó cada fibra de mi cuerpo poder irme de esta forma, y tú, así sin más, me detienes y obstruyes mi camino. — Dijo apretando el auricular del teléfono. Sesshomaru la miro mientras ella apretaba los botones del teléfono con tanta fuerza que parecía que lo hacía con todo su puño. – ¡No puedo creer que me hayas hecho esto!— el enfado seguía presente en su vos.

El quiso decir algo, pero las palabras no eran su fuerte.

— Buenos días, podría mandar un taxi a la direcc…— Pero su ex cuñado se lo quito con facilidad y colgó. — ¡No puedo creer que me estés haciendo esto! ¡Se supone que somos amigos!—

Aquellas palabras le dolieron en el pecho. – No vas a irte. No quieres hacerlo. — sus palabras eran firmes.

— No voy a quedarme aquí. — Kagome lamento que su voz saliera tan baja y quebrada. Ésta era la mejor solución, lo sabía, irse para poder superarlo todo. Si seguía ahí se perdería, no podría mirar a los ojos a su propia hermana sabiendo que pensaba en su esposo noche y día.

Se giro para que él no viese su debilidad.

— ¿Por qué no?— Sesshomaru la saco de sus pensamientos. La giro con delicadeza y acaricio su mejilla.

— ¿No lo entiendes?— Sesshomaru negó con la cabeza —Ya no hay nada para mí en este lugar. — Una lagrima bajo por su mejilla y el la retiro con su pulgar. Kagome se sorprendió, Sesshomaru podía ser todo menos cariñoso. Sólo había conocido a una novia suya, pero jamás lo vio ni siquiera tomarla de la mano, y ahora ahí estaba, secando sus lágrimas, impidiendo que ella se fuera "¿Por qué?" Se pregunto, al mismo tiempo que alzaba la mirada para encontrarse con sus ojos.

Tan idénticos a los de…

— ¿Que es todo este alboroto?— Dijo su madre desde las escaleras. Ambos se apartaron disimuladamente. Naomi se arrepintió de haber aparecido, su hija estaba ruborizada, y no quería mirar directamente los ojos de su invitado porque podía jurar que se habían vuelto rojos de ira.

— Nada madre. — Dijo Kagome. —Es muy temprano. Iré a mi habitación. — Miró a Sesshomaru, luego a su madre y subió con rapidez las escaleras.

Naomi se quedo mirando la espalda de su hija, y cuando esta desapareció se giro. — ¿Qué sucedió?—

Sesshomaru contemplo la delgada espalda de Kagome mientras subía las escaleras. —Acabo de impedir que su hija se fuera. Sí no me cree la carta de despedida esta sobre la mesa. —

Un sobre blanco con su nombre escrito aguardaba por ella.

Y con esas palabras se fue. Estaba molesto, había estado a punto de demostrarle cuanto le importaba a Kagome, y su tonta madre había tenido que llegar a arruinarlo todo.

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Kagome apoyo su cabeza en la ventana de su habitación. No supo cuanto tiempo paso ahí. Su mente trabajaba buscando una solución a su problema. Su madre que había decidido no apoyarla en este paso tan importante, y como si fuera poco había invitado a alguien para que se sumara a su locura.

No podía quejarse mucho de él. Normalmente su comportamiento era serio, reservado, amable (o al menos con ella), y un confiable guardián de secretos. Sabía que Sesshomaru lo hacía por ayudar, pero aun así…era un poco extraño. Antes de que su madre los interrumpiera podía jurar que él pensaba besarla, pero eso solo eran sus ideas. Ella no era para nada el tipo de mujer en la que él se fijaría.

Ellos dos eran solo amigos, e incluso menos que eso, solo dos personas que se caían bien y que habían tenido conocidos en común.

Debería pedirle disculpas, no recordaba cuando había sido la última vez que había gritado a alguien, ni siquiera estaba segura de si alguna vez había gritado.

— Aunque, si lo pienso mejor, es él quien debería disculpase conmigo. — susurro molesta. Él era el causante de que ella estuviera quemando su cerebro con alguna escapatoria rápida.

El reflejo de un auto le confirmo la hora.

— Ya es mediodía. —

Miro por la ventana como Inuyasha bajaba del auto y caminaba directo hacia la puerta. Cuando llego a las escaleras se detuvo y volvió para ayudar a Kikyo a bajar del auto. El había prometido llevarla, y sabia que él haría lo que ella quisiera."Solo por culpa, nada más"

Salió de su habitación, solo para toparse con Sesshomaru, quien estaba apoyado en el marco de su puerta, esperándola.

— Déjame adivinar ¿Han venido por ti?— Dijo, su mirada apuntaba hacia sus pies cuando hablo, pero luego la dirigio hacia ella. Su mirada dura, casi crítica la incomodo.

— Por favor, no quiero discutir contigo. — pidió frotándose la sien con fastidio. Seguía enfadada, y verlo con esa mirada superior tan solo unas horas después de lo que había pasado, no le agradaba para nada. —Solo prométeme que cuidaras a mi madre. —

Era lo único que ella necesitaba escuchar para estar tranquila.

— No—

Ni siquiera pensó, solo lo dijo.

— Por favor, Sesshomaru. —

— No vas a irte Kagome. —

— Por favor. —

Sesshomaru respiro profundamente, conto hasta diez y con la voz más cálida que pudo hallar, dijo — Date un tiempo, reflexiona sobre esta absurda idea. — Kagome comenzó a mover su cabeza de modo negativo. —Te invito a cenar, una cena de amigos, Sango estará ahí con su esposo, podemos ir a la playa o quizás…— Nada funcionaba cada propuesta era negada y estaba llevándolo hasta el límite de su paciencia, volvió a contar, necesitaba estar calmado. —Podemos ir al cine, programar todo el mes… ¡Deja de negar cada maldita propuesta!—

Kagome se detuvo al escuchar la dureza de su voz, no había hablado fuerte, pero su cuerpo reacciono como si hubiese sido así.

Él no tenía paciencia con nadie, y solo había soportado que ella decidiera arruinar su vida por todo lo que sentía por ella.

Ofendida, lo miro con molestia — ¡No vuelvas hablarme así!— no permitiría que nadie le levantara la voz. Sus dientes estaban apretados conteniéndose a sí misma, para no explotar.

—No vuelvas a llamarme imbécil. —

— ¡Jamás he llamado así a nadie!— él levanto una de sus cejas, y Kagome se ruborizo al darse cuenta de que tenía razón, ella lo había insultado en cuando descubrió que había echado a su taxi. —Lo siento. — Susurro.

Sesshomaru le dio una ligera sonrisa. —Como sea, tu hermana esta aquí, tan feliz e hipócrita como siempre. —

Los ojos azules de Kagome lo miraron con advertencia — ¡Te prohíbo hablar así de ella!—

— En cuanto logres abrir tus ojos me darás la razón…otra vez. — se dio la vuelta. Deseaba bajar a saludar a su querido hermano, y deleitarse al ver su rostro cuando viera que estaba hospedándose ahí.

— No sé cómo lo logras. —

El se detuvo, no volvió a mirarla, solo giro solo un poco su cabeza para darle a entender que la escuchaba.

Kagome continúo. —Solo llevas horas aquí y ya has logrado que te insulte, te grite y hasta te cierre la puerta en la cara. —

Él se volvió completamente para mirarla. Confundido.

— No me has cerra…— La puerta se cerro de golpe y el quiso reír. Había caído como un imbécil.

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— Hola madre. — Dijo Kikyo en cuanto entro.

Naomi la miro, su pequeña se veía tan frágil que no pudo reprimir un suspiro. Kikyo era su princesa, mientras que Kagome era su bebe, ambas habían sido tan unidas, y se pregunto una vez más que había hecho mal para que todo terminara así. Se dijo a si misma que la culpa era de Inuyasha, el era hombre y como todos los hombres su cerebro no estaba ahí arriba. "Si" se dijo, "la culpa es solo de él." Pero… Kikyo había traicionado a su hermana, al parecer su hija debía de tener algo de hombre ya que tampoco había pensado con su cerebro.

— Hola Kikyo. Creí que ya estarían camino a Hawái, ¿no era ese el regalo de tu madre Inuyasha?—

El nombrado enrojeció, avergonzado.

— No, Izayoi nos regalo algo muy diferente. — Respondió Kikyo. Recordando la licuadora antigua que le regalo su suegra, con una nota escrita por su propia mano con las instrucciones. "Luego de colocar lo que quieras procesar, coloca la tapa y aprieta el botón", un insulto muy sutil, era evidente que estaba llamándola idiota.

Naomi sintió como su sangre se helaba, Izayoi había dicho que ese sería el regalo de bodas, claro que en ese entonces la novia era su hija menor, pero no se imagino que cambiaria todo a último momento.

— ¡Oh lo siento! En ese caso escuche mal. Pasen tomen asiento ¿desean tomar algo?— Si a los recién casados les pareció extraño la actitud y esa sonrisa que apareció en su rostro no dijeron nada.

— Un té. — Hablo Kikyo, Inuyasha iba a contestar pero su amable suegra no le dio tiempo.

— Perfecto voy por el. — Y se fue directo en la cocina a preparar algo para su princesa. Deseando poder envenenar aunque sea con una pequeña gota el agua que le llevaría a su "querido" nuevo hijo.

La pareja quedo sola en la sala, ambos se miraron.

— ¿Qué le sucede?—Susurraron los dos.

— Buenas tardes. — La voz potente de Sesshomaru pareció retumbar en toda la casa. El bajaba las escaleras con la elegancia que lo caracterizaba. Vistiendo unos pantalones de jean azul oscuro, una remera blanca y sobre esta una camisa vaquera.

Inuyasha apretó los puños, que su hermano estuviera vestido así era exactamente lo mismo a que si estuviera en piyamas, el solo vestía informal en su hogar.

— ¡¿Qué demonios estás haciendo aquí, y así vestido?!— La furia se notaba en sus ojos, se puso en pie con rapidez y se acerco a su hermano mayor amenazadoramente. Sesshomaru se detuvo justo en el último escalón, y con suma tranquilidad coloco sus pulgares en sus vaqueros.

"Pase la noche cerca de Kagome" quiso decir, solo por el placer de ver a Inuyasha retorciéndose de envidia…no lo hizo. No rebajaría a Kagome a una cualquiera, o a un objeto, un trofeo, ella no se merecía eso solo por venganza hacia un idiota.

— Pase la noche en la antigua habitación de tu esposa.— Fue en cambio lo que dijo. El resultado fue casi el mismo, los ojos de su hermano se abrieron y sus manos se apretaron aun con mas fuerza. Sus puños irian directo a su rostro, Sesshomaru sabia leerlo con facilidad,Inuyasha era tan predecible.

Naomi ajena a todo se acerco y lo tomo del brazo. –Sesshomaru, querido. Toma asiento.— Sus ojos se iluminaron con malicia y solo por eso reprimió el impulso de querer sacar su mano de su brazo. –Tu hermano es realmente encantador Inuyasha, un joven inteligente y muy conversador.—Dijo con toda seguridad mientras miraba a la pareja de recién casados frente a ellos.

— ¿Conversador?— murmuro molesto Inuyasha. "Querido." Esa palabra dolia, asi era como ella solía llamarlo a él.

— Madre…— Dijo Kikyo. —Creí que no dejabas que ningún hombre pasara la noche en esta casa.

Naomi se quedo callada solo un segundo. Esa era una puñalada directo en la espalda de parte de su hija. —Cambie de opinión cariño. Tu ya te has casado y tu hermana piensa dejarme muy pronto.— Naomi sintió como su ojo izquierdo se movía, un pequeño tic que sufría cada vez que estaba bajo presión…y cuando mentía.

Kikyo observaba cada detalle en silencio y supo, de algún modo,que algo descubriria la verdad, debía averiguar a fondo cual era el saber que planeaba su madre.

No le agradaba nada que un hombre como Sesshomaru estuviese cerca de su hermana.

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— Bien, Kagome…— Se dijo. —Solo debes bajar con tu maleta, decir adiós y correr hacia el auto, solo eso.

Cuantas más veces se repetía el plan, más tonto le parecía. Ella era adulta maldita sea, tenía derecho de hacer lo que quisiera con su vida, aunque se estuviera condenando a sí misma. Tomó una última bocanada de aire limpio y salió de su habitación.

Extrañaría la casa, habían muchos recuerdos ahí, extrañaría a su madre, a Sango, extrañaría esa vida. La escalera apareció y sin saber porque dejo su maleta a un lado y bajo por ellas. El silencio reino en la casa mientras la miraban bajar.

— ¡Buenas tardes!— Dijo.

Sonriéndole a su hermana. Ignorando la mirada de idiota que le dirigía Inuyasha.

— ¡Buenas tardes, cariño!– Dijo su madre y se apresuro a su encuentro, la tomo de la mano y la arrastro, literalmente, hasta el sofá donde Sesshomaru se encontraba. Un silencio incomodo se instalo en la sala, Naomi miro a todos con una sonrisa forzada, Kikyo tomaba la mano de Inuyasha y luego lo soltaba, para segundos después volver a tomarla y repetir la escena, el rostro de Inuyasha estaba de color rojo, y Kagome no supo descifrar si era porque en la sala hacia demasiado calor, por la incomodidad del momento o por algún motivo que ella desconocía completamente, Sesshomaru, en cambio era fácil de leer, el simplemente estaba aburrido, recostado completamente en el sofá, con su brazo apoyado en el apoyabrazos y concentrado en una revista de peinados de novias que Kagome reconocía muy bien.

—¿Qué los trae aquí? – Naomi miro a la pareja de recién casados y añadió —¿Has olvidado algo Kikyo, creí que te habías llevado todo?—

—Hemos venido por Kagome, ella nos pidió que la lleváramos al convento.— Kagome sintió como su sangre se helaba, ella no le había pedido que la llevaran, ellos se habían ofrecido a hacerlo. Abrió su boca para aclara la situación cuando el hombre a su derecha respondió por ella.

—Bueno, si solo han venido por eso, pueden retirarse, Kagome va a tomarse unos días y no se irá a ningún lado— Luego de esas palabras, solo una cosa la obligo a mantener la serenidad, el bebe que estaba en el vientre de su hermana, su cuerpo experimento una serie de sensaciones, que comparadas con el momento en que cerró su puerta en la cara de Sesshomaru significaron nada, ella quería explotar, tomar el pequeño almohadón que se encontraba detrás de su madre y golpearlo con él en plena cara, incluso fantaseo con la idea de golpearlo con su propia madre, a ver si de esa forma los dos entraban en razón y dejaban de meterse en su espantosa vida.

"El bebe Kagome, él bebe" volvió a decirse.

En algún momento del día luego del almuerzo o antes o después ¿quién sabe? Kikyo e Inuyasha se marcharon, Kagome se encerró en su habitación y no salió si no entrada la noche. Sesshomaru caminaba de un lado a otro con su celular pegado a su oído, mientras que su madre cantaba en la cocina, la sorpresa de escuchar su voz fue impactante, su madre llevaba años sin cantar, algo que a ella la fascinaba, que lo hacía constantemente, pero que de un día para otro había dejado de hacerlo cuando ella tenía once años, cuando su tía Ann habían fallecido, sin embargo ahí estaba, su voz retumbaba en toda la casa, una voz que ya no era tan limpia como cuando era joven, pero que aun así era hermosa, su madre estaba feliz.

—Al fin apareces— Fue Sesshomaru quien dijo esas palabras, sus ojos parecían sonreír y Kagome se pregunto ¿quién demonios era ese hombre y donde estaba su ex cuñado?—

—Sí,— respondió, aun molesta porque él se haya tomado de contestar por ella. –Necesitaba pensar un poco, sobre qué hacer con mi vida—

— ¿Y has tomado una decisión?— Kagome asintió con su cabeza.

—Sí. Lo del convento fue una decisión apresurada—"y desesperada" añadió para sus adentros— así que, me tomare unos días para pensarlo mejor.—

—Me alegro de oírlo, ya que he estado haciendo planes.— Fue un solo instante, pero Kagome podía jurar que ese movimiento extraño que Sesshomaru hacía con sus pulgares significaban nerviosismo —Sango y Miroku nos han invitado este sábado a festejar su casi tres meses de matrimonio—

"Genial, con demasiado esfuerzo apenas podía respirar y ahora debía asistir feliz a una fiesta"

—Bien— Su madre apareció, con su delantal rosado y el rostro de color rojo, dando la apariencia de haber estado corriendo una maratón y no de haber preparado una simple cena. Quizás eso era culpa suya, y que amaba cocinar y desde que habían aprendido no habían dejado que nadie se acercara a su cocina.

Estar en medio de un tornado, que cayera un rayo justo en medio de su cabeza, ser golpeado por un luchador de kick boxing o un boxeador profesional o los dos juntos. Lo que fuera, cualquiera de esas opciones habría sido menos doloroso que lo sentía en ese mismo instante. Kagome no se marcharía, algo que lo alegraba y lo aterraba al mismo tiempo, lo alegraba, porque podría verla, perder su vista en su cuerpo, inundarse en su perfume natural de mujer, ahogarse en su dulce voz. Y lo aterraba la simple y sola idea de saber que alguien podría conquistarla, y darle todo lo que ella se merecía, todo lo que él no podía darle, lo aterraba saber que un hombre dormía cerca de su habitación, le aterraba que ella pudiera olvidarlo.

—Siempre voy a amarte Kagome— susurro. Inuyasha llevaba todo el resto del día sentado en la silla del pequeño bar que había en su pequeño hogar. El único movimiento que había en la sala era solo su mano cada vez que tomaba la botella de licor para servirse y cuando lo llevaba este a su boca. Kikyo habían desistido de sacarlo de ahí cuando comprendió que su esposo quería embriagarse. Gruño de dolor, ella ni siquiera lo había mirado, en ningún maldito momento, había estado en silencio, y hasta había permitido que su hermano tomara su mano, y como si eso fuera poco, se había retirado de la mesa y no se había despedido. Dejándolo confundido y con ganas de un simple y casto beso en la mejilla.

"Esta olvidándote idiota, ella esta olvidándote"

Eran las cuatro de la madrugada cuando decidió ir a su cama, su esposa seguramente estaría dormida, su segundo día de casado había sido exactamente idéntico al primero, su noche de bodas lo había pasado bebiendo y se había retirado a su cama a la misma hora. Si seguía a este paso terminaría convirtiéndose en un alcohólico, Si con eso tan solo pudiera olvidarla, le daría la bienvenida a esa adicción.

Estaba en medio de un mar de color negro, de algún modo había caído y nadie se había dado cuenta de eso, podía sentir el agua fría en su cuerpo, y sus pies buscaron desesperados algo donde poder apoyarse, porque en ese momento, Kagome se había dado cuenta que ella no sabía nadar.

—Ayuda— Grito, cuando vio como el pequeño barco de color rojo del cual habia caido se alejaba, y volvió a gritar, esta vez con todas sus fuerzas. Solo logro que más agua sucia entrara en su boca y fuera directo a sus pulmones, algo paso cerca de su pie y una serpiente fue lo primero en lo que pensó Kagome, había serpientes y ella se ahogaba. Sus manos buscaban desesperadas algo de donde aferrarse pero no habia nada, su vida se acabaria. Pudo ver a lo lejos una canoa blanca, y a pesar de su desesperación por tomar aire distinguió una pequeña media luna de color violeta en su costado. Su cuerpo comenzó a agotarse, no supo cuanto tiempo llevaba así, luchando por su vida, horas, quizás minutos, su corta vida pasaba frente a sus ojos, su cuerpo estaba agotado, sus piernas dejaron de moverse al igual que sus brazos, sintió como esas serpientes se enredaban en sus piernas y llevaban su cuerpo hacia abajo…ella se rindió,ya nada podia hacer para sobrevivir. Pensó en las personas que amaba y rezo internamente una plegaria para que ellos pudieran superar su temprana muerte. Su última gota de aire salió de sus labios, y entonces una mano tomo la de ella y tiro con fuerzas hacia arriba. La Luz la cegó, ella tosió para eliminar de su organismo esa agua negra, sucia, y lo vio, su salvador era nada más y nada menos que el.

—Sesshomaru— susurro.

Kagome abrió sus ojos y respiro con fuerza, había estado conteniendo la respiración debido a ese extraño sueño. Apoyo su mano en su frente y seco su sudor frio.

— ¿Qué demonios fue ese sueño?— miro su reloj despertador, marcaba las cinco de la madrugada y volvió a acostarse para conciliar nuevamente el sueño. No pudo, su mente dio vueltas una y otra vez sobre ese extraño sueño, Sesshomaru era su salvador, recordó la luz que lo rodeaba, y como incluso hasta el agua parecía limpiarse.

Sus ojos comenzaron a cerrarse, sintió sus parpados caer, su mente volvió al sueño.

— ¿Has venido a salvarme?— fue lo que dijo antes de caer dormida.