Disclaimer: Evangelion no me pertenece, vamos, si lo hiciera no estaría escribiendo esta historia. O quizás sí.

"HECATOMBE"

Aleksast, 2014

Como si la escena no fuera lo suficientemente surrealista, en ese momento al cruzar la calle cruzaron un portal dimensional que los llevó tanto al escritor como a Sophie a una habitación de cuatro paredes hechas de vidrio, iluminada a penas, donde se podía ver claramente que alrededor sólo había máquinas enormes funcionando y con sus ventiladores a todo lo que daban.

No había puerta ni forma de salir de esa caja de cristal, y al ver que estaban atrapados el hombre se sentó en el suelo a pensar un plan. ¿Ponerse a golpear las paredes para romperlas? No, eso no funcionaría, eran vidrios de alto blindaje y sería imposible traspasarlos o hacerles un rasguño.

Sophie por otra parte empezó a tantear las cuatro paredes en busca de alguna ranura o fisura que pudiese permitirles la salida, sin éxito, hasta que reparó en el hecho de que, en esa caja de cristal, no había techo en sí, más bien parecía ser una fosa de un piso superior, entonces ambos acordaron en que ella saliera primero y averiguara algo al respecto de su ubicación.

Lo que vio la asombró, contra las sospechas de que el autor intelectual de su reclusión y de la total hecatombe que estaba ocurriendo era Shinji. Era ni más ni menos que Yui Ikari, la madre de Shinji, quien portaba unas gafas parecidas a las de cíclope de X-Men, manejando una computadora que tenía una especie de piedra brillante.

Sin dar tiempo a nada más, el piso de la caja de cristal, que en realidad era una plataforma móvil, se elevó permitiéndole a Aleksast poder ver con asombro que su secuestradora era una persona muy diferente a quien pensaba.

– Yui-sama, pero ¿Qué hace usted aquí? –

– He conseguido volver a la vida para matar a mi marido, naturalmente – dijo en un tono que hacía que eso se escuchara más macabro de lo que en realidad era, momento, que una mujer venga del más allá a vengarse de lo que fuere, privándote de la vida de paso, era muy macabro – y a usted, estoy haciéndole pagar todas sus tropelías contra la moral y las buenas costumbres.

– ¿Mis tropelías? ¿Me está castigando porque escribo lo que me venga en gana con su hijo como protagonista? Me va a disculpar, pero hay más de un centenar de tipos como yo escribiendo acerca de su hijo, no obstante… –

– Silencio – y una fuerte bofetada al escritor hizo que éste escupiera un poco de sangre y saliva – mi hijo es un buen samaritano y jamás andaría cometiendo adulterio o cualquier otra conducta inmoral.

¡Dios! me caía bien muerta, si fuera estadounidense, esta señora sería férrea defensora del Tea Party – pensaba mientras se quejaba del dolor – pues de cualquier atropello me disculpo, pero ni Shinji es un santo del todo, ni yo un cretino pervertido que lo usa con fines de torturarlo.

– Una palabra más y los clones se encargarán de castigarte hasta que no puedas escribir más – el puño cerrado era amenaza de que la mujer no se andaba con rodeos ni alardeaba porque sí.

– Bueno, si esto se va a volver un caso de moral, quiero ser enjuiciado debidamente, ante un tribunal como… um… sí, vayamos a tiempos del medioevo, que me juzgue el tribunal del santo oficio, yo mismo me voy a defender ¿le parece? – él propuso la oferta con la habilidad que un buen libanés te regatea el precio de alguna baratija – De algo debe servir haber estudiado el corpus iuris canonici y las resoluciones de los concilios papales – pensó, aunque realmente Yui tenía armas como para invalidar cualquier acto de defensa legal.

– ¿Un juicio? Me parece sensato, con esta piedra puedo hacer aparecer cualquier personaje o remontarnos a otro lugar, en otro tiempo… iremos a Salem, Massachussets, 1693 – y justo cuando esperaba ser enjuiciado por el tribunal del santo oficio, acabaría en un tribunal popular contra la práctica de brujería.

Sin más, la sala completa se convirtió en un cadalso rodeado del populacho conformado por muchas personas enfurecidas, sin saber la causa exacta de lo que ahí se estaba juzgando, sólo con la consigna de que el fulano que estaba como acusado era brujo e hijo del diablo, hereje, judío (en ese tiempo ser judío era considerado un crimen para la gente de Nueva Inglaterra) o peor, un perro musulmán que venía a predicar las falsedades de Alá y Mahoma. Lo cierto era que, como en tiempos del coliseo romano donde el vulgo no se saciaba hasta ver sangre y violencia a pedir de boca, en este momento Aleksast tenía seguro que no iba a tenerla fácil.

– Oh rayos… debí haber estudiado una maestría en derecho anglosajón antiguo – el joven escritor maldecía su suerte, estaba a nada de ser condenado a la pira, pero algo debía ocurrírsele en el proceso.

– Alessandro Lucarelli, conocido popularmente como Aleksast, se te condena de actos de brujería, perversión, actividad inmoral, sacrilegio, promoción de relaciones indecorosas entre menores, exhibicionismo y conducta errática por no respetar los buenos valores morales de la sociedad internacional, ¿Cómo te declaras? – Yui se veía casi como hombre bajo esa toga, y esa era la idea, porque una mujer no podría oficial un juicio de brujería so pena de acabar peor que el inculpado.

– Inocente… y bajo los términos de la Carta Magna del Reino Unido de la Gran Bretaña promulgada por su majestad el Rey John Lackland, así como la Bill of Rights que recientemente el parlamento aprobó, convoco al habeas corpus y exijo mi derecho a la libertad puesto que esta detención es a todas luces arbitraria – el inculpado sintió un algo dentro, como un impulso que lo condujo a hablar con seguridad a la congregación de masas populares – Siempre quise decir esto, ¡lástima que vivo en otros tiempos! – pensó, y prosiguió con su defensa – señalo a su señoría de practicar brujería y de querer actuar como varón, cuando es una mujer que no tiene derecho a oficiar juicio alguno. ¡Dios la perdone!

En ese momento, y sin la piedra dimensional, el pueblo se volcó en la jueza, quien se sorprendió del curso que estaban tomando las cosas, nada favorable para su causa.

– Y ahora… ¿Cómo saldremos de aquí? – preguntó Sophie discretamente, mientras ambos se alejaban cautelosamente de la masa enardecida que estaba a punto de linchar a la hereje – ¿Y la piedra?

– Al parecer fue reubicada en el inter que cambiamos de época y ubicación… necesitamos ganar tiempo, antes de que nuestra forma de vestir levante sospechas de que somos gente incorrecta aquí – sugirió la mujer, mientras veía de vez en vez cómo la asesina del comandante Ikari estaba siendo lapidada.

– Me parece que todo esto es una ilusión manejada desde la piedra, hasta que Yui-sama perdió el control de la misma… creo estar en lo cierto cuando digo que seguimos en NERV, en otro punto… pero en el mismo lugar… sólo debemos ver dónde acaba esta ilusión – explicó el chico, apresurando el paso, casi llegando a las últimas casas del pueblo cuando de repente del suelo salió el EVA 02 – Oh rayos… ¡¿Ahora qué?!

– Vine a salvarte – se escuchó por megáfono la voz felina del humano convertido en gato – ya encontramos la forma de volver las cosas a la normalidad… suban – y sin pensárselo, tanto la espía como el escritor montaron en la mano del EVA rojo y se metieron en la capsula de inserción, lo que provocó que, al cerrarse esta, el enorme mecha se tambaleara por la distorsión de frecuencias cerebrales al haber más de un individuo en el mismo.

– ¿Asuka? ¿Rei? – preguntó el mexicano, sorprendido de ver también a Kaworu y a los tres pequeños ahí también.

– Baka, considéralo mi perdón… este gato no sabía cómo mover esta cosa y también vine para disculparme por llamarte pervertido –

– Aw – el hombre se enterneció – eres una niña buena, digo, una mujer buena, Asuka – y sin pensarlo la abrazó cariñosamente, lo que tomó desprevenida a la alemana.