Hola! Les traigo un nuevo capitulo de esta historia… Esta es una adaptación de una novela de Gardwood Julie…

LOS PERSONAJES DE ESTA HISTORIA NO ME PERTENECEN (AUNQUE YA LO QUISIERA) SON PROPIEDAD DE CLAMP, Y LA HISTORIA COMO DIJE ESTA BASADA EN UNA NOVELA DE GARWOOD JULIE.

CON LOS CREDITOS YA DICHOS… LEAN Y DISFRUTEEEN!

PD: esta historia contendrá lemon más adelante, así que los menores de edad que decidan leer es bajo su responsabilidad yo cumplo con avisar…


CAPITULO 7

Sakura sabía que iba a vomitar. La maldad que había irradiado esa mujer bastó para congelar todo el cuarto.

Shaoran entró a la alcoba, aproximadamente veinte minutos después. No estaba seguro respecto de cómo encontraría a Sakura. O bien, estaría profundamente dormida, como un ángel; o por el contrario, estaría caminando de aquí para allá, como un felino enjaulado, pensando en las más agrias opiniones para compartir con él.

Sólo una cosa era segura: la pondría a raya lo antes posible. También era cierto que, como Shaoran nunca había estado casado antes, no tenía ni la más remota idea de cómo hacían un hombre y una mujer para vivir juntos en armonía. Pero ella tampoco había estado casada antes. Además, las leyes conyugales sajonas eran idénticas a las normandas, pues era la Iglesia la que las dictaba. El esposo era el amo y señor de su casa, mientras que la esposa era simplemente su esclava.

Sakura tenía todo patas arriba en su cabeza, Shaoran sonrió. No sería fácil para ella aceptar todos los cambios que él pretendía implantar. ¡Ah! y otra cosa más era segura: sería Sakura quien debiera adaptarse a la nueva situación; no él.

Pero en cuanto entró en la habitación, Shaoran desechó la intención de sermonear a su esposa. Sakura no estaba en condiciones de escuchar nada. Estaba arrodillada en el suelo, doblada en dos frente a una palangana, vomitando.

Vaya recibimiento, pensó Shaoran. Ya había escuchado por ahí que to das las esposas se ponían bastante nerviosas en su noche de bodas, pero la reacción de Sakura estaba extralimitándose. ¿Tenía tanto miedo por tener que acostarse con él que se había puesto enferma?

La posibilidad no le pareció correcta. Suspiró profundamente y se dirigió hacia donde estaba el recipiente con agua. Sumergió en ella un paño y luego se acercó a Sakura.

La muchacha estaba sentada sobre los talones, tratando de regularizar su respiración, cuando Shaoran la levantó en brazos y se sentó en la cama. Ella terminó sobre su regazo.

En cuanto la tocó, empezó a llorar. Shaoran mantuvo el paño mojado sobre su frente.

-Deja de llorar -le ordenó- y dime qué te duele.

A Sakura no le agradó en lo más mínimo el tono de voz que empleó.

-No me duele nada-mintió.

-De acuerdo -aceptó él-. Entonces dime por qué estás llorando.

Pero entonces le pareció demasiado razonable.

-No fue mi intención elogiarte como lo he hecho -declaró. Se quitó el paño y se volvió hacia él para que pudiera ver su expresión ceñuda-. No te atrevas a creer ni una sola palabra de todas las cosas que he dicho sobre ti.

Shaoran asintió, sólo para tranquilizarla.

-¿Y cuándo has dicho todas esas cosas que se supone que no debo creer?

-Anoche -le contestó-. Cuando el barón Tsukishiro se puso insoportablemente arrogante.

Shaoran recordó el episodio y sonrió, pero Sakura estaba demasiado preocupada como para prestar atención a eso. Las últimas horas la habían agotado. Se dejó caer en brazos de su esposo y cerró los ojos. En el fondo de su corazón se dio cuenta de que quería que él la tocase, que le brindara su apoyo. Ese deseo no tenía ningún sentido, pero no estaba de humor para ponerse a analizar la situación.

-¿Shaoran?

-¿Sí?

-¿Me odias?

-No.

-¿Te enfadaste mucho cuando te escogí a ti como esposo?

-¿Y tú qué crees?

-Que sí -murmuró-. Ahora no puedes volver a Normandía.

-No, no puedo.

-¿Eso te molesta?

Shaoran volvió a sonreír. Apoyó el mentón sobre la cabeza de ella. Sakura parecía preocupada.

-No.

-Bueno, ¿por qué no?

Su suspiro fue prolongado.

-¿Quieres reñir?

-No -contestó-. Deberías volver a Normandía. ¿Allí hay alguna dama en especial que esté esperándote?

-Es un poco tarde para preocuparse por esa posibilidad, ¿no crees? Otra vez, los ojos de Sakura se llenaron de lágrimas. -Sólo no consideré la posibilidad -se quejó-. Oh, Dios, he arruinado tu vida, ¿no?

Ella estrechó con fuerza entre sus brazos.

-No, no has arruinado mi vida -le contestó-. No he dejado ninguna mujer en Normandía.

Ella descansó contra su cuerpo. Shaoran pensó que era por el alivio que sintió al escuchar la noticia.

-Por supuesto que allí tengo familia. Mi padre ha muerto, pero mi madre aún vive y está muy atareada con mis hermanas y sus nietos.

-¿Alguna vez conoceré a tu familia?

-Tal vez.

Shaoran se convenció de que ya había logrado calmarla lo suficiente como para preguntarle por qué había estado llorando. Iba a cambiar de tema, cuando ella, de pronto, susurró:

-Debes volver a Normandía, Shaoran. Aunque sólo sea para visitar por largo tiempo a tu familia.

La urgencia de sus palabras no pasó inadvertida para Shaoran.

-¿Y por qué?

-Porque estarás seguro allí.

-Estoy seguro aquí.

Sakura decidió usar otra táctica.

-Me gustaría marcharme de este lugar lo antes posible, esposo. ¿Podríamos irnos ahora mismo? La luna está lo suficientemente clara como para que podamos ver el camino.

En su voz se oyó una nota de desesperación. Shaoran le levantó el mentón con la mano para verle la expresión. Una sola mirada le bastó para darse cuenta de que estaba aterrada.

-¿Qué ha pasado? -preguntó.

-Nada -exclamó ella-. Sólo quiero irme ahora.

Ella le apartó la mano del mentón y volvió a ocultar el rostro en el cuello de él.

-¿Sakura? ¿Estás tan preocupada por el hecho de que yo vaya a tocarte que te has puesto enferma?

-¿De qué estás hablando, Shaoran? ¿Acaso no estás tocándome ahora?

-No me refería a eso -le dijo-. Cuando me acueste contigo...

Shaoran nunca pudo terminar, pues ella levantó abruptamente la cabeza. Santo Dios. Ni siquiera había pensado en eso. Shaoran era la persona ideal para añadir una preocupación más a su larga lista.

-No puedes pretender eso de mí -vociferó-. Ni siquiera he tenido tiempo para pensar en esa posibilidad. No, no puedes esperar...

-Sí, lo espero -la interrumpió.

Sakura le miró a los ojos. Evidentemente, Shaoran tenía intenciones de cumplir con su palabra. La joven se puso pálida y el corazón le latió a toda prisa. Sakura rompió en llanto nuevamente.

Shaoran controló su exasperación. Decidió que no debió haber mencionado el tema. Cuando llegara el momento de tener relaciones sexuales con ella, las tendría; pero no le daría la oportunidad de que se muriera de miedo por eso.

- Sakura, ¿tienes confianza en mí?

Ni siquiera tuvo que pensarlo.

-Sí.

-¿Y no me temes?

-No.

-Bien -murmuró-. Entonces dime por qué estás tan abatida.

-Me duelen terriblemente las manos y los brazos -murmuró-. Todas las preocupaciones que dan vueltas por mi cabeza están volviéndome loca, Shaoran. No estoy en condiciones como para que te permita tocarme.

-¿Para qué me permitas? -Pareció más sorprendido que enojado por la pobre elección de términos que Sakura hizo.

-Ya sabes a que me refiero -le gritó-. ¿Acaso no tienes compasión? Shaoran se encogió de hombros. Sakura supuso que no la tenía.

Si no hubiera estado tan ocupada tratando de encontrar la manera de salvar la vida de ese hombre, seguramente se le habría ocurrido algún plan para evitar que reclamara sus derechos maritales.

Volvió a apoyarse contra él.

-No te odio, Shaoran. Pero por momentos, me desagradas.

Shaoran la estrechó con fuerza. Pasaron unos largos minutos en silencio. Esperaba que ella se tranquilizara. Mientras tanto, pensaba en lo suave que era, en lo femenina que le resultaba su fragancia y en lo mucho que le agradaba abrazarla.

En cambio, Sakura pensaba en la expresión maligna de la mujer al transmitirle el mensaje.

Shaoran la sintió estremecerse. La apretó con más fuerza. La luz de la vela Parpadeó, atrayendo su atención. Fue entonces cuando vio la daga sobre la mesa y frunció el entrecejo. La noche anterior había dado órdenes precisas de que retiraran toda arma que se encontrase en el recinto. Aunque no tenía dudas de que por la personalidad que tenía Sakura sería incapaz de matar ni a una mosca, también sabía que por intentar escaparse, podría llegar a hacer mucho daño.

Entonces sonrió. Pensó que si tenía las agallas de herir a uno de sus soldados, de inmediato se disculparía con él, compungida.

La mujer seguía siendo un enigma para él, pero por fin comenzaba a entender ciertos arrebatos.

-¿Sakura? ¿Todavía quieres huir?

-Ahora soy una mujer casada.

-¿Y? -insistió Shaoran, al ver que no continuaba.

Ella suspiró. Si yo escapara, tú tendrías que venir conmigo. Sakura acababa de darse cuenta de lo absurdo de su comentario cuando él le preguntó:

-¿De dónde salió esa daga?

Sakura se puso tensa.

-No lo sé.

-Sí, lo sabes -la contradijo-. No me mientas, Sakura.

Se quedó callada durante un largo rato.

-Es una larga historia -murmuró finalmente-. Seguramente no querrás escucharla ahora.

-Sí, quiero escucharla ahora.

-Me la ha dado una anciana.

-¿Cuándo?

-Esta noche. No quiero hablar de eso -gritó-. Sólo quiero que me lleves lejos de aquí esta misma noche. Por favor, Shaoran.

Shaoran se comportó como si no hubiera escuchado las súplicas.

-¿Por qué te ha dado esa daga?

Sakura tendría que revelarle toda la verdad. El no aceptaría menos. Además, pensó que necesitaba de la ayuda de Shaoran en ese tema tan preocupante y era vital para él que ella le aterrara.

-Me dijo que tengo que matarte con esa daga.

Sakura se quedó esperando un rato largo, a que él reaccionara ante la noticia, pero luego se dio cuenta de que él no diría ni una sola palabra. ¿Le habría creído?

-No estoy bromeando -murmuró-. De verdad se me ordenó matarte.

-¿Cómo? -preguntó, con una voz incrédula-. Si ni siquiera puedes sostener la daga en tus manos.

-Yo mencioné ese problema a la mensajera -dijo-. Y ella me indicó que yo debía hallar la manera de hacerlo. Cuanto más dudas de mi palabra, Shaoran, más me convenzo de que no habría sido tan difícil lograrlo.

- Sakura, no podrías matarme.

Shaoran parecía muy contento con esa conclusión. Con dulzura, le apartó el cabello de la sien. Pareció una caricia de un esposo que amaba a su esposa.

Dios, qué cansada estaba. Seguramente, ésa era la razón por la que los ojos volvieron a llenársele de lágrimas.

-Justo cuando comenzaba a pensar que la guerra por fin había terminado y que todos podríamos vivir juntos y en paz, tenía que suceder todo esto.

-La guerra ha terminado -dijo-. Estás preocupándote por nada.

-No me crees, ¿verdad?

- Yo no he dicho eso.

-No hay necesidad -gritó-. Ya tengo la prueba, esposo.

-¿Te refieres a la daga?

-No - contestó ella-. Mi prueba llegará al amanecer. Tres hombres vendrán hasta aquí. Si para entonces no te he matado, nos matarán a los dos. En ese momento, te darás cuenta de que no te he mentido.

Shaoran bajó la cabeza y le besó la ceja.

-Estás diciéndome toda la verdad, ¿no es así?

-¿Cómo puedes creer que yo inventaría una historia tan cruel?

Se apartó de su hombro para poder dirigirle una mirada tan punzante como la daga. Sakura estaba sorprendida por lo furioso que estaba Shaoran, porque su voz había sido muy suave cuando le habló. Inmediatamente, dejó de fruncir el entrecejo y asintió con la cabeza, satisfecha. Ya era hora de que ese hombre asumiera una actitud correcta.

Dios, qué alivio sentía. El enfado de Shaoran realmente la reconfortó. El sabría qué hacer. Se haría cargo de esa amenaza. Se acurrucó contra él y bostezó de un modo muy poco femenino.

-¿Ahora entiendes por qué pensé que teníamos que marchamos esta misma noche?

- Sakura, quiero que empieces por el principio -le ordenó cuéntame exactamente qué sucedió.

Sakura no discutió. Terminada la explicación, Shaoran le apretaba la cintura con el brazo. Además, tenía la expresión tan ceñuda como la del mismo demonio. La cicatriz de la mejilla se le había puesto más blanca que nunca. Parecía un guerrero, aunque no llevara el atuendo de guerra.

La muchacha experimentó el más extraño de los sentimientos. Para ser totalmente franca, debía admitir que Shaoran le brindaba una gran seguridad. ¿Cuánto hacía que no se sentía así? Sakura no lo recordaba.

Ni siquiera pensaba en irse. Shaoran la protegería a cualquier precio.

-¿Qué vas a hacer? -le preguntó.

-Yo me haré cargo, Sakura.

Ella asintió.

-Ponte de pie y permíteme que te ayude a quitarte la ropa -le dijo él.

-¿Por qué?

Shaoran ignoró la sorpresa de su voz.

-Para que puedas irte a dormir, esposa. Esperaré a que se curen tus manos para tener relaciones contigo.

-Gracias.

-Rayos, no tienes por qué sentirte tan aliviada.

Por el tono de su voz, Sakura se dio cuenta de que le había ofendido.

Supuso que le había herido en su orgullo. Se puso de pie y le miró.

- Shaoran, el primer momento entre marido y mujer debería ser especial, ¿no?

Estaba ruborizándose como una virgen. Tampoco podía mirarle a los ojos, pues tenía la vista fija en el suelo. Shaoran no pudo evitar burlarse de ella, sólo un poco.

-Pero ya has estado casada antes, ¿no? También has tenido un hijo. ¿O ya has olvidado a Toma?

-Por supuesto que no he olvidado a Toma -respondió ella de inmediato-. Justamente, estaba tratando de explicar que, con o sin experiencia, el primer momento entre nosotros debería ser...

-¿Especial? -terminó él, al ver que ella no continuaba.

Sakura asintió.

-Preferiría no tener que preocuparme de que alguien te ponga una daga entre los omóplatos, mientras tú estés preocupado en... otras cosas.

Shaoran le desabrochó el cinturón, lo arrojó a un lado y se puso de pie. Trató de no pensar en lo que estaba haciendo, mientras le quitaba el manto por la cabeza. Siguió el mismo procedimiento con el resto de las prendas, a excepción de una camisola, que era tan delgada como el aire.

Se produjo un pesado silencio entre ellos. Sakura estaba tan tiesa como una estatua. Pero no se sentía así. Shaoran ya estaba arrepintiéndose de la promesa que le había hecho respecto de no tener relaciones hasta que se curase.

-No has mencionado tus omóplatos - comentó Shaoran, en un intento por eliminar la tensión que comenzaba a apoderarse de él-. Bien podrías ser la primera en sentir la hoja del arma enemiga. -Su voz le pareció muy dura.

Sakura estaba parada frente a él, con los dedos de los pies encogi dos y la cabeza bien gacha. Dios, era aún mucho más bella sin ropa. Tenía unas piernas increíblemente largas. Su piel se le antojó muy tersa y, a la luz de las velas, le pareció una diosa de oro, de épocas mágicas.

El provocativo escote de la camisola dejaba muy poco para la imaginación de Shaoran. La prominencia de los senos, que resaltaba el bordado del género, le comprimía el pecho.

Sí, era hermosa. Y le pertenecía.

-No permitirías que nadie me hiciera daño.

-¿Qué has dicho?

-Que no permitirías que nadie me hiciera daño.

Debió recurrir a toda su disciplina para concentrarse en la conversación.

-No, no lo permitiría.

-¿Por qué estás frunciendo el entrecejo? ¿Estás enfadado conmigo? El meneó la cabeza y casi rió. La pobre inocente no tenía ni idea de lo que estaba pensando su lujurioso esposo. Respiró profundamente y la acostó en la cama. La cubrió con las mantas y se volvió en dirección a la puerta.

-¿Sakura? -gritó, por encima del hombro.

-¿Sí?

-Cuando lleguemos a mi fortaleza -dijo, enfatizando el posesivo-, no permitiré más mentiras. Desde el momento en que nos instalemos allí, siempre me dirás la verdad.

-¿Estás pensando que te he mentido con respecto a la mujer que me ordenó matarte?

-No -le contestó. Se volvió y la miró - Estoy hablando de las otras mentiras que me has contado. En cuanto lleguemos a Rosewood, terminarán. Prométemelo.

Sakura no quería prometerle nada.

-¿A qué mentiras te refieres? -agregó, tratando de determinar a qué se refería exactamente.

-No es necesario que te lo explique -le respondió - Sólo quiero tu promesa, Sakura. -Había un brillo especial en sus ojos, mientras aguardaba a que ella le dijera lo que deseaba.

- Shaoran, comprende esto -murmuró - Haré lo que sea con tal de proteger a Toma y a Touya. Esa es la promesa que te hago ahora.

-¿Y los proteges mintiéndome?

-En el pasado, cuando yo...

-Estoy hablando del futuro -la interrumpió-. A partir del momento en que lleguemos a Rosewood -agregó- no habrá más mentiras.

Sakura respiró profundamente.

-De acuerdo -murmuró-. Te prometo que no habrá más mentiras.

Shaoran se volvió y se dirigió nuevamente hacia la puerta. Ya había eliminado a su esposa de sus pensamientos. Había mucho que hacer antes del amanecer. Ya tenía la mano en el cerrojo cuando Sakura le llamó.

- Shaoran, mi padre siempre daba a mi madre un beso de buenas noches. Era una tradición familiar.

Shaoran regresó junto a ella.

-¿Y?

-También es una tradición sajona. -Pasó otro minuto.- Sólo me preguntaba si los normandos también tendrían la misma tradición.

Sakura trataba de aparentar indiferencia.

Shaoran ni contestó.

-Las tradiciones deben respetarse, Shaoran, especialmente, en épocas turbulentas.

-¿Por qué?

Era evidente que Shaoran no entendía nada. No se daba cuenta de que ella pretendía que la besara.

-Para que no caigan en el olvido.

-¿Sakura? ¿Quieres que te bese?

Vaya sutileza, pensó ella.

-Sí.

En cuanto le vio avanzar hacia ella, cerró los ojos. Shaoran se sentó en un lado de la cama. Se agachó y le besó la ceja. Ella le dio las gracias. Luego le besó la nariz. Sakura volvió a agradecérselo.

Tenía el rostro colorado, como si hubiera estado expuesta al sol. Shaoran sabía que se sentía avergonzada, aunque no tenía ni la menor idea de cuál sería la razón. Estaba demasiado contento de que ella hubiera deseado sus caricias.

-Las tradiciones son mu-muy importantes para mí-mí –balbuceó Sakura -. Ahora que eres mi esposo, también deben serio para ti.

Esa frase le dio un respiro.

-¿De verdad?

-Sí -contestó ella. Abrió los ojos para mirarle-. No es que deseara que me besaras. Sólo que...

Sakura tuvo que dejar de explicarle cuando él posó su boca sobre la de ella. Shaoran le robó por completo la concentración. Tenía una boca tan maravillosamente cálida. Jugueteó con su cabello, para mantenerla cautiva, aunque en realidad, no fue necesario. Sakura no quería moverse. El beso fue tierno, para nada exigente. La dejó sin aliento. Y anhelando más.

Shaoran se retiró apenas.

-Abre la boca, Sakura -murmuró. Sakura casi ni tuvo tiempo de acceder a su petición, pues la boca de su esposo volvió a apoderarse de la de ella. Pero en esa ocasión, sintió entrar su lengua, que la saboreaba, la acariciaba, la enloquecía.

Shaoran la mantuvo muy quieta mientras su boca descendía sobre la de ella, una y otra vez. La sintió temblar y pensó que tal vez estaría aterrándola. Sakura era tan cándida.

Entonces, la muchacha le tocó la lengua con la suya y emitió un débil chasquido. Shaoran advirtió que su respuesta era apasionada. Azorado, estuvo a punto de perder los estribos en ese preciso instante.

Shaoran se obligó a apartarse de ella. Su sonrisa delató una gran ternura al comprobar los resultados de sus caricias. Sakura tenía los labios muy sonrojados e hinchados. Su expresión era de total asombro.

Shaoran le acarició el labio inferior con el pulgar.

-No creo que mi padre haya besado a mi madre de ese modo alguna vez -murmuró.

Había un brillo especial en sus ojos. Shaoran se dio cuenta de que ella estaba bromeando. Él le respondió del mismo modo.

-¿Con todos esos hijos? Yo creo que sí.

Se agachó y la besó otra vez, aunque rápidamente, sin pasión. Sakura no pudo disimular su desazón cuando él se puso de pie.

-Ahora duérmete, Sakura -le ordenó-. La tradición se ha respetado.

Sakura no le dio las gracias. Pero suspiró. Estaba dormida profundamente cuando Shaoran llegó a la puerta.

Dos soldados nuevos vinieron a remplazar a los que habían estado apostados en la puerta del cuarto. Los cuatro eran caballeros muy hábiles, bajo las órdenes del barón Li. Uno de los soldados traía una jarra con el somnífero que el barón Samuel había enviado para Sakura. Shaoran le ordenó que lo tirara. Después indicó a otro de los guardias que informara a Yue que tenía deseos de hablar con él.

El subcomandante llegó en cuestión de minutos. Shaoran todavía no había autorizado a los soldados que abandonaran su puesto de guardia. Se apoyó contra la puerta y rápidamente explicó la situación. Cuando terminó, dio las órdenes oportunas.

Por orden de Shaoran, el jefe de la guardia del rey debía ser alertado sin demora sobre la posible amenaza. Además, se triplicarían los guardias nocturnos y se llevaría a cabo una minuciosa inspección en todo el castillo, pues la mujer que había ordenado a Sakura matar a Shaoran, aún podría estar allí. Shaoran quería encontrarla.

-¿Y qué hay de los hombres que vendrán al amanecer, para desafiarle? -preguntó Yue, cuando Shaoran terminó de dar todas las órdenes.

-Yo me haré cargo de esa posibilidad -respondió el barón-. Sin embargo, creo que es casi imposible que se presenten. Han usado a esa anciana para pasar el mensaje a Sakura y ahora la dejarán sola, para que sufra las consecuencias. Sería muy peligroso para ellos tratar de secuestrar a cualquiera de nosotros. -Exhaló un prolongado suspiro.- Dios, ojalá esté equivocado. Cómo me gustaría que lo intentaran, pues de ese modo, tendría la oportunidad de matar a esos bastardos. Han asustado a mi esposa.

Yue se dio cuenta de que su barón estaba mucho más irritado por el hecho de que habían intimidado a Sakura que por la posibilidad de que alguien tratara de matarle. Según el vasallo, era una actitud muy sugestiva.

Después de hacer las reverencias correspondientes, Yue y los demás súbditos se retiraron a cumplir con sus obligaciones. Shaoran se quedó allí, protegiendo la puerta con la espalda, hasta que dos de ellos volvieron. Entró nuevamente a la habitación cuando estuvo convencido de que el pasillo estaba nuevamente custodiado por sus hombres de confianza.

Menos de una hora después, se oyó que llamaban a la puerta. Shaoran la abrió antes de que Yue dejara caer su brazo al costado.

El vasallo se hizo a un lado, para que Shaoran pudiera reunirse con él en el corredor.

-Hemos encontrado a la anciana -anunció en voz baja-. Está muerta. Tiene el cuello roto. Alguien arrojó su cuerpo detrás de unas maderas. ¿Quiere que reunamos a todos los sajones para interrogados?

Shaoran meneó la cabeza.

-Los barones sajones que han jurado lealtad a William se sentirían insultados por nuestra desconfianza. Por supuesto que eso no le importaría a nuestro rey, pero tampoco nos serviría para nuestros propósitos. Si hay algún sajón traidor aliado a los rebeldes seguramente no nos dará ninguna respuesta. Tendremos que hallar otro medio para desenmascarar a ese bastardo.

Yue asintió.

-Hay mucha gente aquí, barón -dijo-. Hay muchos a quienes yo no conozco. Con esta multitud, nos resultará muy difícil encontrar al culpable.

-Rayos, cómo me gustaría poder tenderle una trampa ahora mismo, para que caiga y así terminar con todo esto de una vez.

-¿Una trampa en la que usted sería el cebo? -preguntó Yue -. Sería terriblemente difícil controlar el resultado, milord.

Shaoran se encogió de hombros.

-Podría lograrse -contravino Shaoran-. Sin embargo, no correré el riesgo. La seguridad de Sakura es lo primero. Una vez que me asegure de que nadie puede llegar hasta ella, puedo concentrar toda mi atención en encontrar al bastardo que está detrás de este maldito plan. Esto no ha terminado, Yue. Volverán a intentarlo. Estoy seguro.

-¿Cuándo desea partir?

-Mañana, alrededor del mediodía- contestó Shaoran-. Hablaré con William por la mañana.

Shaoran pidió a su vasallo que se retirase y regresó al cuarto. Sakura estaba profundamente dormida. Las negras ojeras de su rostro eran aún notorias. Shaoran deseó haber podido estar unos días más en Londres, para que recuperara sus fuerzas.

Pero no había tiempo. Shaoran no descansaría hasta que ella estuviera a salvo. Sin embargo, su dulce esposa no parecía preocupada. De lo contrario, no habría podido descansar con tanta paz.

La tapó mejor con las mantas. Las esposas eran un trastorno, decidió. Si un hombre quería a su esposa, su enemigo podía usarla para extorsionarle. En efecto, podían usar a Sakura como arma para destruirle.

Si ese hombre quería a su esposa, repitió mentalmente. Shaoran estaba desesperado por llevar a Sakura de regreso a Rosewood, donde estaría segura. Meneó la cabeza. La evidencia no podía negarse. ¿Cómo había podido pasar? ¿Y tan rápido? Pensó en aquella semana infernal, en la que ella le había enloquecido, mientras se dirigían a Londres. Volvió a menear la cabeza y después sonrió. No entendía cómo ni por qué había sucedido. Sólo una cosa era segura: la quería.


Continuará….

Bueno aquí tienen otro capítulo…. Espero que lo hayan disfrutado y acuérdense de dejar sus comentarios abajo!

matta nee