Capítulo 7: Aprendiendo a ser humano
Había pasado cuatro días desde que Bill apareció. Dipper pasaba las tardes enteras con él, enseñándole a ser humano mientras le contaba algunas cosas de su vida, que el demonio ya sabía. O se desahogaba con él.
Resultaba bastante irónico hablar de sentimientos con un demonio que los desconocía completamente. Bill conocía el sentimiento en sí, pero nunca los había experimentado, por lo que no podía diferenciar una emoción de otra.
Esa tarde se hallaban en el bosque. Dipper le estaba enseñando a Bill a andar en bicicleta. Quería que disfrute de todos los placeres mundanos que podía.
Dipper lo empujaba para darle impulso y luego gritaba instrucciones mientras veía a Bill caer de costado, una y otra vez.
-¡Vamos Bill! Tienes que pedalear rápido y dirigir con el manubrio!- Gritó Dipper.
Bill estaba intentando hacer lo que decía, pero falló, cayendo al suelo todas las veces.-Esto es inútil. No puedo. ¿A quién le resulta divertido esto?- Preguntó disgustado, maldiciendo al humano que inventó este artefacto.
-Vamos, es cosa de práctica. Una vez que domines la técnica, será pan comido.-lo alentó el joven castaño.
-Está bien. Pero sólo una vez más.- dijo subiéndose al objeto. Cuando Dipper lo empujo, empezó a pedalear con todo lo que sus piernas podían. Cerró los ojos preparado para la caída, sin embargo esta nunca llegó.
-¡Eso es Bill, sigue así!- gritó Dipper con evidente orgullo, corriendo tras él.
Bill iba lo más rápido que sus piernas le daban, mientras Dipper lo seguía de cerca.
En una de las vueltas que dio, la rueda resbaló por el húmedo suelo del bosque, haciendo que Bill se estrellará contra un árbol.
Varias hojas cayeron sobre él y la bicicleta, cubriéndolos. Dipper corrió hasta él, para ver si se había hecho daño.
Sin embargo, al acercarse lo encontró en el suelo riendo a carcajadas, sosteniendo su estómago.
-Esta sensación…es… es tan extraña. No puedo…no puedo… parar. Estos es…espasmos hacen que mi panza… duela- dijo intentando hablar. Lo que hacía que la situación fuera más hilarante, a ojos de Dipper.
-Es una risa, sabelotodo.- respondió él, entre risas.
Cuando por fin se calmaron. Dipper miró a Bill a los ojos. Se veían brillantes y felices. Su sonrisa estaba deslumbrante y sus mejillas seguían coloradas de las carcajadas.
Se veía tan feliz. Tan lleno de vida. Tan… hermoso.
Escuchó el crujido de una rama, detrás de ellos. Hizo una seña, avisando al demonio para que siga hablando mientras rodeaban el arbusto de donde vino el ruido.
-Fue divertido Pino, no pensé que lo fuera.- dijo el demonio sincero, rodeando el arbusto por un lado, mientras el chico se coloca en el otro.
Dipper hizo un conteo con los dedos. Al contar tres, ambos saltaron sobre el arbusto, cayendo sobre un bulto rosa.
-¡Auh! ¡Dipper, quítate, pesas mucho!- gritó su hermana, empujándolo.
Dipper se levantó, moviendo a Bill a un costado, mientras fulminaba a su gemela con la mirada. –Mabel ¿qué rayos haces espiándome?- dijo enojado.
-Sólo quería ver que tramabas. Llevabas raro varios días. Pensé que ibas tras una aventura, quería saber por qué no me habías invitado.- le respondió con un puchero. –Vaya, hola, tú debes ser el nuevo amigo de Dipper, ¿no?-dijo ella tendiéndole una mano.
Bill estiró la suya.
Sin embargo, lo tomó desprevenido encontrarse en el suelo, con las manos de ella sobre su cuello, estrangulándolo.
La oyó gritar indicaciones a su hermano, mientras él intentaba sin éxito que el aire llegara a sus pulmones.
