Capítulo 6
Una Nueva Amistad. El Malvado Milleniummon. Parte 1.
¿Has soñado alguna vez?
No hablo del tipo de sueños que tienes mientras duermes sobre reprobar el próximo examen de matemáticas o llegar tarde a una entrevista de trabajo o incluso ganar la lotería. No. Hablo de cuando estás a mitad de una aburrida clase en la escuela, y miras por la ventana, pero en realidad no ves nada. Solo quieres desaparecer. Desaparecer de tu rutinaria y monótona vida. Escapar. Ir a algún lugar donde puedas vivir una gran aventura. Para unos pocos esto se pudo lograr. En el Digimundo.
En el Digimundo todo es posible. Los sueños más salvajes y extraños pueden llegar a volverse realidad. Vivir aventuras, hacer amigos, descubrirte a ti mismo, pelear feroces batallas. Muchas cosas.
Pero para un pequeño rubio de ojos azules todo esto había dejado de ser un sueño hacía mucho tiempo y se había vuelto una cruel realidad. Desde la mesa de una estrecha y excéntrica cocina, sentando en el piso con profunda concentración mostrándose en su cara estaba Tk Takaishi. Su cabello dorado le llegaba ya a los hombros, pues no se lo había cortado desde que había llegado por primera vez al mundo digital. Vestía su típico GI verde de cinturón negro como todos los días. Tenía ya once años. Había habitado en el Digimundo durante tres años, viviendo grandes aventuras, pero también sufriendo grandes pérdidas. Había perdido a su familia, pues no sabía cuando los volvería a ver. Su hermano aún lo visitaba en sueños en alguna que otra ocasión, dándole palabras alentadoras y de alivio. Su Maestro se había vuelto ultimadamente muy solemne, y no se le veía durante días, y cuando se le llegaba a ver, se encerraba en su alcoba a dormir. Patamon seguía igual que siempre fiel y tierno, parecía que los años no pasaban por él. Liollmon se había convertido en un gran amigo, se llevaba de maravilla con Patamon y hacían todo juntos, a pesar de no ser su digimon camarada lo apreciaba mucho y hablaba con el sobre como era el mundo de los humanos, pues Liollmon no lo conocía, el pequeño león lo miraba con fascinación mientras escuchaba sus relatos, que cada vez se hacían más pobres, porque ya no hallaba que contar sobre su mundo.
Sobre la mesa se encontraba una hoja de papel con una inscripción en ella. La profecía. La leyenda que algún día se cumpliría, la cual dictaba su vida y le daba un papel activo en un evento por realizarse que tendría gran importancia en el destino del mundo digital y el mundo real.
El niño miraba concentrado el pergamino tratando de descifrar su contenido, pero era inútil, las oraciones tenían miles de significados posibles, de los cuales no decidía cual pudiese ser el verdadero. Resopló con frustración y se paró de su asiento, caminando hasta la ventana. La noche estrellada estaba hermosa. Aquellas estrellas le recordaban muchas cosas que había vivido hacía tan solo tres años, a lado de sus amigos y sus compañeros digimon. Suspiró tratando de olvidar memorias dolorosas, pero sus intentos fueron en vano, pues la interrupción fue creada por un digimon novato que entraba corriendo en la cocina.
-¡Hola Tk! ¿No deberías estar durmiendo ya?- preguntó Liollmon con una sonrisa.
-Tú eres el que debería estar durmiendo, yo me encuentro perfectamente bien.- dijo cruzándose de brazos sin poder contener un bostezo.
Liollmon se río por lo bajo y comenzó a correr en círculos alrededor del niño. Takeru lo observaba pero su mente se encontraba en otro lado. Ni siquiera estaba conciente de ello hasta que Liollmon le saltó a la cara y con una sonrisa de dientes filosos dijo:
-Tengo hambre Tk, hazme un sándwich.- Takeru se retiró el digimon del rostro y a regañadientes fue hasta la estufa, dispuesto a alimentar al digimon león.
Cuando terminó, se volvió a darle la comida ya servida a Liollmon, pero este se hallaba ya placidamente dormido sobre la mesa. Tk suspiró con cansancio y se fue hasta su cuarto dispuesto a pasar una noche de curador sueño. Comiéndose en el camino el sándwich de Liollmon.
Tks POV
/Todo esta oscuro. Oscuro como si me hubiese quedado ciego. El corazón me palpitaba a mil por hora, y la respiración se me entrecortaba, algo raro ocurría. Aún entre tanta negrura, pude distinguir algo. Una sombra. Una sombra negra se avecinaba hacia donde yo estaba. Corría tan rápido que apenas podía verla. Escuche su malévola risa en mi oreja y caí al suelo del susto. Solo que no pegue contra el piso, seguí cayendo y cayendo, no supe por cuanto tiempo, pero cuando me di cuenta estaba en un lugar totalmente diferente.
El pasto era verde y el cielo azul, estaba en la ciudad del inicio.
Confundido mire a mi alrededor. Los digimon bebé jugaban a lo lejos unos con otros, todos brincando llenos de felicidad. La paz reinaba.
De repente, sentí que alguien me jalaba el pantalón desde el tobillo. Mire para abajo, un contento Elecmon me sonreía. Estaba seguro que era el mismo Elecmon que yo conocía, pero… parecía que se había encogido.
-¡Hola Tk! ¿Has venido por él?- preguntó mirándome a los ojos.
"¿Él?"
Por alguna extraña razón no pude responder, era como si mi garganta estuviese permanentemente cerrada por algo que hubiese comido.
-Llegas justo a tiempo, esta listo para irse.- Elecmon comenzó a alejarse e hizo señas para que lo siguiera, pero no pude mover las piernas, y Elecmon se alejaba cada vez más.
-¿Qué pasa Tk? Se que no tienes muchas ganas de verlo, pero es tu responsabilidad ¿Tu lo mataste recuerdas?- Elecmon se volteó a verme, con la mirada tranquila. Casi me caigo de rodillas al oír sus palabras… ¿Matar? ¿Yo?
El ambiente desapareció de nuevo, ahora me encontraba en un cuarto. En una casa. En el mundo de los humanos. Estaba parado frente al espejo. Pero no era yo. Yo soy un niño. Lo que vi en el espejo fue un hombre. Mire a mi alrededor. Parecía que un terremoto había pasado por aquél cuarto, todo estaba revuelto, y con las cosas más extrañas. Había flores y velas regadas por toda la cama. ¿Acaso alguien había muerto?
Se oyó un sonido seco. Alguien tocaba la puerta de madera. Ahora me podía mover. Sigilosamente abrí el portal, y entró un tipo de cabellos largos y castaños al cuarto. Ni siquiera se volteó a verme, como si estuviese en su casa.
-¿Qué demonios estás haciendo encerrado aquí Tk?- el tipo se me miró y sus ojos canela se me hicieron demasiado conocidos.
-Y…yo- casi no podía hablar y el mencionado me veía amenazadoramente.
-¿No te estarás arrepintiendo verdad?- preguntó el castaño, arrastrando cada palabra como si le doliera, pero si no respondía algo pronto al que le dolería algo sería a mi.
-…- ninguna palabra salió de mi boca, intente aclararla pero no pude, olvidándome de las palabras no pude más que negar con la cabeza, aunque no sabía de que rayos me estaba hablando.
-Muy bien, más te vale. Quiero hablar mañana contigo sobre lo que estás a punto de hacer. Arrepentirse en este tipo de situaciones es comprensible, pero no para ti, y mucho menos si estamos hablando de…-
-¡Tk!- un grito ensordecedor me despertó de mi profundo sueño. El más extraño que había tenido en mucho tiempo, debo decir. Suspiré y abrí los ojos. Enfrente de mi estaba Patamon mirandome preocupado.
-Tk, ya es tarde, el Maestro se ha enfadado de estarte esperando y ha regresado a dormir. Dice que si no te importa el entrenamiento que sigas durmiendo, y dejes al Digimundo en total destrucción.-
¿Qué puedo decir? El comentario me deprimió, pero sabía que tenía que hacer algo. Me pare de golpe de la cama y corrí al baño. Esta mañana entrenaría solo. Por mi irresponsabilidad, mi Maestro se había quedado esperándome, yo sabía que era mi obligación levantarme en las mañanas. Pero ese sueño me había confundido. Ignorando pensamientos relacionados me lavé la cara a conciencia y me miré en el espejo. Aún era un niño. Me faltaba mucho para ser hombre.
-Tk, apresúrate.- oí la voz de Patamon afuera del cuarto.- El Maestro dice que debe hablar contigo.-
Salí corriendo del baño usando aún mi GI sucio. Al llegar al pasillo Youta me esperaba. Por alguna razón, estaba irreconocible. Usaba la misma ropa que siempre, pero su expresión no era la misma. Tenía el entrecejo fruncido y la nariz arrugada. Apretaba los dientes mostrando sus colmillos. Traía el cabello sucio y revuelto. Y sus brillantes ojos dorados se veían amarillos, sin brillo.
-Debemos hablar, ahora.- pronunció mirandome directamente a los ojos. Sin decir otra palabra se dirigió a la cocina y se sentó frente a la mesa. Preocupado, lo seguí y me senté frente a él.
-¿Qué ocurre?- pregunté un poco temeroso. Nunca había visto a mi Maestro en ese estado. Y debo admitir que tenía un poco de miedo.
El Maestro relajó sus facciones un poco y suspiró.
-Perdona si te he asustado, pero me encuentro muy cansado.- dijo mirando a sus manos.
Lo mire fijamente un poco confundido. ¿No estaba enfadado por mi falta de responsabilidad? Me dirigió la mirada, y no pude ver enojo en ella, más bien desgaste.
-Tengo algo que decirte.- menciono sosteniéndome la mirada. –Es de suma importancia, y es la razón por la cuál mi actitud de los últimos días no ha sido la misma.-
Nos quedamos en silencio durante un corto tiempo. Parecía que Youta no sabía de donde empezar. Su frente se veía sudada y sus labios partidos y secos. Con un largo respiro comenzó su relato.
-Hace dos meses, pude resolver la primera parte de la profecía.-
Me quedé impactado. Lo que había tratado de hacer estos últimos días, Youta ya lo había hecho.
Cuando el primero de los resucitados haga su aparición,
El híbrido escogido por los mismos dioses,
Deberá mostrar su luz dorada,
En orden de iluminar a los caídos.
Recitó el Maestro monótonamente, como si ya lo hubiese hecho miles de veces.
-Lo que acabas de oír significa, que un niño de los infectados por Nueve Negros haría su aparición, esto quiere decir que la maldad que existe dentro de él despertara de una manera brusca. Este hecho desencadena la demás profecía. Si se detiene esto, se retrasa lo que esta por suceder. Tu aún no estas listo como para enfrentarte a algo así. Tuve que hacer algo para retrasar los eventos.-
Contuve la respiración por un momento. Mi Maestro había encontrado al primer resucitado.
-El primer resucitado es de tu misma edad, es un varón. Es silencioso, pero amable y bueno. Esa es su cualidad más destacada. La bondad. Pero como en todo debe existir un equilibrio también tiene un defecto muy grande. La tiranía. Ambos son contrarios. Que es lo que debe existir en cierto equilibrio para que el balance exista y no vayan a haber ningún tipo de percances en el desarrollo de una persona. Pero en un tiempo, cuando la semilla oscura que crece dentro de él comience a brotar… la tiranía reducirá a la bondad, y un desastre ocurrirá. Como ya dije este hecho marcará el inicio del resto de la profecía. Por lo tanto mi deber era retrasar estos eventos, como te he dicho ya no estás listo, necesitamos más tiempo.-
-¿Q…qué hiciste?- pregunté con voz temblorosa, sabía que mi Maestro había hecho algo serio, que no necesariamente iba a ser para bien.
-Tuve que hacer un sacrificio. Hice un trato con los dioses. Di la mitad de los años que me quedan por vivir a cambio de un día en el mundo de los humanos. –
Me quede perplejo. ¿No que la puerta estaba cerrada? ¿Significaba esto que mi Maestro moriría pronto?
-Pero… ¿Y la puerta?- pregunté dudoso.
-No fui directamente al mundo de los humanos, digamos que hice una escala.-
Nos quedamos en un silencio incomodo de nuevo, mi Maestro había tomado una decisión muy riesgosa, pues ahora podría morir en cualquier momento, después de todo ¿Quién sabe en cuantos años morirá?
-Pase por el océano de la oscuridad. Un lugar horrible, no te recomiendo que lo visites. Ahí fui gravemente herido, tuve una pelea con alguien con el que no debí pelear. Estaba débil por la energía que me había llevado hacer el trato con los dioses, y este tipo me pegó una terrible paliza, pero logré escapara y llegué al mundo de los hombres. -
Una punzada de celos y envidia me dio en el corazón. Sabía que mi Maestro había sufrido mucho para que la excepción de su viaje ocurriera, pero no podía evitar sentirme celoso. Yo también quería ir al mundo de los humanos.
-Busqué la casa del niño. Era de noche. Estaba dormido. Entré por la ventana. Y… se podría decir que lo maté.-
Ahogue un grito. ¡¿Qué había hecho que?!
-Bueno no lo maté exactamente. Más bien… lo induje a un sueño profundo que durará lo suficiente como para darnos suficiente tiempo para terminar con tu preparación.-
-¿No está… entonces muerto?- pregunté con un poco de miedo.
-No. Despertará. Un día no muy lejano. No te preocupes por eso.- dijo tratando de tranquilizarme.
-Pero no lo entiendo Maestro. Usted estuvo absente mucho más que solo un día.- al terminar de hablar me arrepentí de haberlo hecho. Había furia en su rostro.
-Lo que hice en ese tiempo de ausencia no es de tu incumbencia, y más vale que ni preguntes.- contestó levantándose de su asiento.- Me voy a dormir. Tengo que recobrar energías. – y sin mas se fue, dejándome solo con mis pensamientos.
Después de un rato salí afuera de la casa. Necesitaba pensar. Era de mañana aún y el viento soplaba deliciosamente sobre mi nuca. Respiré el limpio aire que me rodeaba profundamente. Mientras disfrutaba el ambiente, pude sentir que alguien me observaba.
-Sal de tu escondite, ya se que estás ahí- dije tranquilo sin voltear a ninguna parte.
Un leoncito salió de entre la maleza y brincó a mi regazo.
-¡Cielos Tk! ¡Si que eres bueno!- me dijo Liollmon saltando de un lado a otro con energía.
-¿Dónde está Patamon, Liollmon?- pregunté ignorando el halago del digimon.
-El muy perezoso fue a dormir. Dijo que tu querrías estar solo.-
-Pues estaba en lo correcto, ¿Podrías retirarte un rato y dejarme a solas Liollmon?- pregunté sutilmente.
-¡Claro Tk! ¡Por ti cualquier cosa!- el digimon se alejó corriendo, internándose en el verde bosque en búsqueda de aventura. Mire como su silueta se perdía entre los arbustos por unos segundos. Entonces regresé a lo que pensaba. Mis recuerdos. Últimamente había estado muy nostálgico, y no podía evitar pensar en mis amigos, quizás demasiado. Me acosté en el verde césped mirando las nubes y comencé a pensar. Pensar en mi destino. En un enemigo que desconocía.
"Debemos acabar con el enemigo"
No pude dejar de soltar una leve risilla al pensar en esa frase. Tai la había dicho en varias ocasiones. Hacía ya un tiempo. Si tan solo fuese tan simple como el niño del valor lo había dicho una vez. Yo ni siquiera sabía quien era mi enemigo. Ni cuán fuerte era. Envidiaba el valor de Tai, y dudaba poseer tanta valentía como él, a pesar de poder manipular el poder del valor. Tai siempre había sido como otro hermano para mí. Era un buen tipo, y creo que confiaba más en mi para cuidarme solo que Matt. Nunca creí poder llegar a ser tan fuerte como él. Apreté los dientes. Pero a pesar de todo eso, debía luchar y ganar, porque de otro modo… no sabía lo que pudiese pasar con los mundos. Me preocupaba este hecho, por lo mismo no podía dejar que ocurriera. Arrugué la frente. Mis amigos. Ellos habían arriesgado todo con tal de defender al Digimundo, y por consiguiente al mundo de los humanos. No podía dejar que su esfuerzo hubiese sido en vano. Debía de dar yo, todo lo que tenía. Por mis amigos. Llegaría un momento en que yo tendría que defenderlos, y acepté ese pensamiento como verdad. Yo los protegería. Cuando lo hiciese, yo realmente dejaría de ser el niño al que todos protegen para ser alguien que pudiese proteger a alguien más.
Recordé a mi hermano. Sus profundos ojos dirigiéndome la mirada. Tratando de decirme que todo estaría bien. Apreté los puños, realmente quería volver a ver a Matt pronto, poder hablar con él, confiarle mi secreto, y esperar que aunque no fuese mi hermano por completo, el me siguiese queriendo como siempre. Siempre preocupándose por mi, tratando de verme lo más seguido posible. Hacer cosas que no le gustan, simplemente por tratar de estar conmigo. Después de todo somos hermanos. Me pregunté como seguiría. ¿Traería el cabello en el mismo estilo? ¿Se lo dejaría más largo? ¿Se raparía? Reí un poco ante la imagen de un Matt calvo en mi cabeza. Dudaba que fuese capaz de hacer algo así. Me pregunté entonces si Matt se reuniría con los demás seguido. Si se podrían ver, o se cambiarían de escuelas y perderían el contacto unos con otros. Eso me preocupó un poco. Matt necesitaba de sus amigos para salir adelante, sabía yo que no encontrarme probablemente le había dolido mucho y este hecho no sería fácil de superar. Dejar a tu hermano en otro mundo donde puede morir en cinco minutos. El pensamiento me deprimió un poco, pero decidí dejar de pensar en Matt, pues el pensar en el por un rato siempre me entristecía.
Mis cavilaciones brincaron a mi madre. No recordaba ya mucho de ella, pero si el cariño sincero que sentía por ella. La extrañaba como a nadie más. Su risa y sus besos me llenaban el alma de júbilo y amor. Amor. Reí al pensar en Sora y darme cuenta cuán difícil era para mí relacionar el amor con Sora. Quizás porque yo todavía era un niño e ignoraba muchas cosas. Jamás me daba cuenta de nada. Lo único que sabía era que Sora era la más madura de todos. Me atreví a pensar que más que el Superior Joe. Siempre que Tai se encontraba ante una decisión muy difícil, Sora venía al rescate, interviniendo de manera que nuestro líder tomase la resolución correcta. A pesar de ser una niña, Sora había sido la mejor amiga de Tai antes de que Matt entrase en escena. Ahora Matt y Tai eran los mejores amigos. Dejando a Sora siendo… ¿la mejor amiga-niña de Tai? El pensamiento me confundió así que dejé de atormentarme con ello.
Pensé en como sería si yo estuviese en casa. ¿Sería un héroe declarado? ¿Harían una estatua enorme a mi honor por haber salvado el mundo junto con mis amigos? No, lo más probable es que hubiese regresado a mi vida normal. Viviría con mi madre, vería la televisión todos los días e iría a la escuela primaria, a quinto grado. Se me revolvió el estomago. Algo que no extrañaba definitivamente era la escuela. Estar sentado en un escritorio, escribiendo lo que el maestro dictase, escondiendo barras de chocolate debajo de la mesa, mirando por la ventana contemplando el cielo cuando me aburriese. Sacudí la cabeza. No. Lo que yo quería era aventura, jamás podría volver a mi vida normal. Yo quería viajar y conocer lugares, hacer amigos y estar siempre al borde del peligro. Mi pequeño discurso mental me hizo reír. Si yo regresase a la escuela lo más probable es que reprobase todos los exámenes. Sobretodo en matemáticas. Entonces tendría que llamar a Izzi para que me ayudara. El buen Izzi probablemente me ignoraría porque estaría muy ocupado analizando datos en su computadora. Entonces le preguntaría ¿Izzi porque repruebo tantos exámenes? Y el me respondería: déjame buscar una respuesta lógica para eso.
Suspiré un poco molesto. El solo pensar en la escuela me daba malestar estomacal. No era una de mis materias de reflexión favoritas. Entonces pensé en mí. De un niño llorón había pasado a ser un niño… ¿no-llorón? No sabía muy bien como catalogarme, pero estaba seguro de algo. No era tan llorón como lo había sido Mimi. Mimi era la niña más delicada del grupo. No soportaba muy bien la rudeza del mundo digital. Al menos no en un principio. Con el tiempo maduro, y a pesar de seguir siendo la niña de personalidad más dulce que yo hubiese alguna vez conocido, había crecido bastante. Siempre sería igual de vanidosa y femenina, pero ahora era mucho más comprensiva, amigable, y se podría decir que valiente. Ya no era egoísta como en un principio y no se desesperaba con tanta facilidad. Estaba seguro de que Mimi sería una gran madre.
Pensando en que Mimi se había vuelto valiente llegué a pensar también en el superior Joe. El también se había vuelto valiente. En el comienzo era más miedoso aun que yo, sin embargo llegó un punto en el que él me protegió, cumpliendo lo prometido con mi madre. El y Sora eran los más maduros del grupo. Siempre se preparaba para lo peor, siendo alguien muy precavido, y siempre cuidaba del bienestar de todo el grupo. Era muy responsable y buen amigo. Estaba seguro de que algún día, Joe se convertiría en uno de los mejores médicos del Japón. O quizás del mundo. Sonreí pensando en la transformación de un niño que en sus inicios fue torpe e indeciso a un doctor muy profesional y maduro. Me imaginé que estaría haciendo Joe en esos momentos. Probablemente estudiando, atareado hasta el tope.
Me di cuenta que solo me había faltado reflexionar sobre Kari. La había dejado al último. Mi mejor amiga. Bien dicen que lo mejor es para el final. Me reí nerviosamente ante esa frase. Había muchísimas cosas buenas sobre Kari. Era paciente y sabia, podría ser una excelente maestra en un futuro. También era decidida y aventurera, podía realizar mi misión con más facilidad que yo. Me sonroje ante eso. Yo aun era muy débil. Debía de volverme más fuerte. Si yo estuviese en el mundo real yo y Kari estaríamos en el mismo grado, quizás en el mismo salón de clases. Estaríamos todo el día juntos, pues seguiríamos siendo mejores amigos. Entonces mi mente se paró en seco. ¿Y si Kari ya me había reemplazado con otro chico? O peor aún ¿Con una chica? ¿Dónde quedaba yo? Sentí un agujero en el estomago al pensar de esa manera. Sacudí esos pensamientos de mi mente. Me negaba a creer que fuese cierto. Estaba seguro que Kari me tenía presente, y aun me consideraba como su mejor amigo. Ojala ella y yo pudiésemos vernos algún día no muy lejano de nuevo. Retomaría mi promesa con Tai y me encargaría de defenderla de todo lo que viniese. De cuidarla y escucharla cuando lo necesitase. Nadie podría entonces lastimar a Kari. El enemigo regresó a mi cabeza. ¿Y si..? No. Cerré los ojos con fuerza. Mientras yo estuviese en pie, absolutamente nadie podría herir a Kari, yo me haría cargo de eso. Por que si algo le pasase a Kari… yo no me lo perdonaría. Después de todo ella era mi mejor amiga.
Sentí algo húmedo correr por mi mejilla. Me limpié con una mano. ¿Estaba lloviendo? No. Era una lágrima. Me senté de golpe y me miré las manos. ¿Por qué estaba llorando? Extrañaba a mis amigos. Los extrañaba demasiado. Entonces me arrodillé.
"¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que los vea nuevamente"
Las lágrimas comenzaron a correr con más velocidad por mi rostro y no pude más que taparme la cara. Entonces rogué por lluvia. Para que nadie se diera cuenta de que estaba llorando.
Normal POV
Un hito histórico es un evento que ocurre solo una vez. Es único e irrepetible. Este evento marca el inicio de una nueva era. Nada será como antes. Su definición en el diccionario aparece como un aacontecimiento muy importante y significativo en el desarrollo de un proceso o en la vida de una persona. Un hito en la vida de Tk ocurrió en un día como todos.
El clima estaba fresco y el cielo despejado. La noche anterior había llovido. El ambiente estaba húmedo lo que hacía un recorrido por el bosque de lo más delicioso. Takeru corría por la espesura en su GI verde como todas las mañanas. Se sentía muy bien pues el clima era muy agradable y había despertado con mucha energía. Después de correr tendría un combate de práctica con el Maestro y eso era algo que el esperaba con gran impaciencia.
"Que bonito día. Normalmente esta muy soleado en el Digimundo, pero a mi me gusta mucho la lluvia"
En el placer que sentía Tk cerró los ojos y sonrío con alegría. Nunca debes cerrar los ojos mientras corres. Takeru chocó contra algo. Algo que no se esperaba el golpe. Ambos cuerpos cayeron de sentón en la suave tierra mañanera de la arboleda. Tk se sobó el trasero y miro a quien había tirado.
Un muchacho de cabellos castaños y ojos azules como el mar lo miraba con anhelo. El chiquillo se paró rápidamente y no dejaba de mirarlo, había felicidad en su semblante. Vestía un pantalón cargo caki que se doblaba por la bastilla con un cinturón blanco y muñequeras también blancas, también una playera morada con cuello blanco que tenía estampada una estrella roja a la altura del corazón. Takeru lo miraba sorprendido ¿Que rayos hacía un humano en el Digimundo? ¿No estaba cerrada la puerta? ¿Este chico había vendido su alma a algún ente como su Maestro para poder acceder al mundo digital?
-¡Otra persona! ¡No sabes cuanto he buscado por otra persona!- exclamó el desconocido con emoción.
-Uhhh…- a Tk no se le ocurría que decir, esta totalmente desfasado.
-¿Qué ocurre? ¿Eres mudo? No creo que un mudo me pueda ser de mucha ayuda.- dijo el niño deprimiéndose.
-No estoy mudo.- pudo apenas pronunciar el rubio
-¡Ah! ¡Que bien! Verás, estoy perdido, no se que rayos a ocurrido. Hace unas pocas horas estaba en mi casa, en Kyushu. Estaba en la computadora en el mensajero instantáneo, conversando con varias personas y de repente, así como por arte de magia, un extraño artefacto apareció en mi escritorio, lo toqué pues soy muy curioso, y aparecí aquí. Al principio creí que era un sueño, pero hace rato subí a un árbol y me caí, me dolió un poco, y en los sueños no duelen ese tipo de incidentes. He estado merodeando desde entonces en este bosque, pero no había visto a nadie. ¿Me podrías decir como regresar a casa? Ya tengo hambre, y no he hecho la tarea.- dijo el muchacho riendo, al parecer creía que se veía un poco estupido. Y la verdad era que así era.
-Uhh…- realmente Tk se había quedado sin palabras. Para empezar ¿Cómo rayos le decía que no había manera de volver a su casa?
-¡Mira niño ya me estás desesperando! ¡¿Eres retrasado o que?!- dijo furioso y desesperado el muchacho.
-¡No soy ningún retrasado!- exclamó enojado y olvidando sus preocupaciones el rubio.
-¡Ah!¡Ya veo! ¡¿Buscas pelea entonces?!- preguntó el castaño poniéndose en posición.
-No, yo no quiero pelear, yo…- dijo Tk reaccionando a tiempo.
-¿¡Entonces eras una gallina verdad!?- preguntó de nuevo el desconocido burlándose de Takeru.
-¡Cállate! ¡No soy ninguna gallina! Pero esto con violencia no se resuelve.- anotó Tk mirándolo lo más sereno que pudo.
-¿¡Piensas que te creeré!? ¡Lo más probable es que te hayas hecho del miedo!- dijo el recién llegado mirando a Tk con mofa.
Takeru se empezaba a poner rojo de furia, pero sabía que tenía que resistir la tentación de partirle la cara al muchacho frente a él. Suspiró y se cruzó de brazos, rechazando espiritualmente el reto del castaño.
-¡Te pusiste rojo! ¿Acaso te gusto?- preguntó el extranjero desatornillándose de la risa.
"Toda mi paciencia a la basura"
De un salto, Tk se lanzó en contra del chiquillo dispuesto a darle una buena paliza. El muchacho no se lo esperaba, retrocediendo un poco y tropezando con una piedra, cayendo en su trasero, sin poder hacer nada por el ataque de Takeru. Tk estaba preparado para lanzarle una patada en la cara al que se había burlado de él, pero algo lo detuvo. Una mano le había detenido la pierna en el aire. Tk iba a caer hacía atrás con la cara, pero metió rápidamente las manos y ganó impulso para hacer un brinco hacía atrás, quedando en pie.
Subió la mirada con la posición de pelea ya lista, para ver quien era su agresor. Se asombró al ver que su Maestro estaba parado frente a él. Lo miraba serio. Le dio una mano al niño que estaba sentado en el piso, y este mudo la tomó.
-Muchas gracias, no estaba preparado para l ataque de este tramposo. Ahora ¿Usted me podría….?- comenzó el jovencito, pero fue ignorado por Youta, quien caminó directamente a donde estaba Tk.
-No pelees con alguien que no se puede defender.- resonó la voz de Youta en el boscaje.
Tk se le quedó viendo y bajó la mirada, asintiendo con la cabeza. Ambos se quedaron en silencio por unos segundos hasta que fueron interrumpidos por alguien.
-¿Qué rayos pasa aquí? ¡No me ignoren! ¡Y claro que me podía defender, soy mucho más fuerte de lo que creen!- comenzó acercándose orgulloso el muchacho.
Youta y Tk lo miraron confundidos. ¿Quién era este sujeto?
-¿Me pueden decir ya como rayos regreso a mi casa?- preguntó de nuevo suspirando, tratando de no exasperarse.
-No puedes. Ya no estas en el mundo de los humanos. Al parecer la puerta se ha abierto, porque se te necesita aquí en el Digimundo, pero solo por unos momentos, se ha vuelto a cerrar, y no se abrirá en un tiempo.- dijo muy tranquilo Youta. Tk lo miraba escandalizado, pensadaza que su Maestro no había tenido mucho tacto, al contarle de esa manera al chico lo que ocurría.
El chico en mención los miraba como si estuviesen locos.
-Es muy malo fumar hierba ¿Saben?- dijo confundido el castaño.
-¡No estamos drogados! ¡Lo que ha dicho mi Maestro es verdad!- dijo el rubio impaciente.
-Claro, claro… creo que mejor me voy.- mencionó el recién llegado dándose la vuelta.
-Detenlo Tk, y tráelo a casa. Morirá más rápido de lo que dices digimon si no hacemos algo.- dijo tranquilo el Maestro volteándose caminando de regreso a su hogar.
Tk miró a Youta por un segundo y luego regresó su mirada al otro niño. Este seguía caminando murmurando cosas sobre psicópatas y cosas por el estilo. A Takeru no le costó llegar hasta donde estaba el otro, y le apretó el cuello. El muchacho cayó inconciente al piso. Takeru suspiró y lo cargó en su hombro. Con más velocidad corrió regresando a casa. Quería saber que misterio encerraba todo eso.
Takeru y Youta estaban sentados en dos sillas a un lado de la cama. Ambos tenían los brazos cruzados, los ojos cerrados, y expresiones de alta concentración. En la cama estaba acostado el chico que habían encontrado en el bosque. Estaba desmayado. Tk se había encargado de ellos, cuando trató de alejarse de ellos tachándolos de locos o drogadictos.
Esperaban que el susodicho despertase, para tratar de explicarle mejor las cosas, pues el tipo parecía ser bastante necio y Tk dudaba que la explicación que había dado Youta fuera suficiente. Entonces oyeron un gruñido. Los dos abrieron los ojos y miraron el cuerpo en la cama. El niño se empezaba a retorcer y a estirar, como si estuviese despertando de un profundo sueño. El muchacho se incorporo en la cama y abrió los ojos. Volteó a ver a los que lo estaban viendo y se sintió mareado.
-..¿Q…Qué paso? ¿Dónde estoy?- preguntó confundido.
-Tk, mi alumno a mi lado, provocó un desmayo en ti, de esa manera te pudimos traer a mi casa, para explicarte con detalle la situación.- dijo Youta con mucha calma. Tk lo miró horrorizado. ¿Por qué tenía que haberle dicho que había sido él el que causó el desmayo del recién llegado?
-¡Así que fuiste tu desgraciado! ¡Ya verás!- gritó tratando de pararse en la cama, dispuesto a pelear con Takeru.
-¡Basta!- exclamó Youta mirándolo a los ojos. Al parecer el castaño se sintió intimidado y se sentó en la cama, esperando oír algo más del joven Maestro. Takeru solo observaba todo asombrado.
-Déjame intentarlo de nuevo… Tu vienes del mundo de los humanos, por alguna razón la puerta que divide a los mundos se abrió exclusivamente solo para ti y has llegado hasta el Digimundo, no hay manera por el momento de regresar, porque la puerta se encuentra cerrada ahora.- dijo Youta dejando a los otros dos mirándolo, por razones personales, como si hubiese perdido la cabeza.
-¡Ya me dijiste una locura igual antes de desmayarme! ¿Por qué te creería en esta ocasión?- preguntó enojado el niño.
De repente, la puerta del cuarto se abrió. Patamon entró cargando una bandeja de sándwiches que olían bastante bien. Liollmon lo venía siguiendo, empujando una garrafa de agua con la cabeza.
El muchacho que acababa de llegar se quedó sin palabras.
-Olvide mencionar que el Digimundo es habitado por criaturas poderosas que son capaces de evolucionar a corto plazo llamadas Digimon, en este mundo no habitan humanos.- dijo Youta aclarando la situación.
-En…Entonces…uste…ustedes no son humanos.- dijo el muchacho comenzando a creer la historia de Youta.
-¡Si somos!- exclamó Tk.- Pero somos los únicos.- término sintiéndose un poco triste por la verdad de su aclaración.
El muchacho se quedó mirando a los hombres sorprendido. Y sin avisar salió corriendo del cuarto.
-¡Espera…!- gritó Tk.
-Síguelo de cerca, asegúrate que no le pase nada.- dijo Youta sin mirar a Tk dirigiéndose al baño.
Takeru no tuvo que buscar mucho. Cerca de la casa del Maestro, sentando en una colina, se encontraba el visitante. Abrazaba sus piernas con fuerza y se veía muy preocupado. Takeru podía jurar que el muchacho había llorado.
-¿Por qué tuviste que salir corriendo así? Algo te puede ocurrir. No tienes un digimon que te acompañe para defenderte.- dijo Tk sentándose a su lado.
El muchacho no respondió. Se quedó callado por unos minutos. Takeru los respetó y guardó silencio.
-Yo… no se que haré… ¿Qué se supone que hago aquí? N…no entiendo.- murmuró el chico al cabo de un tiempo.
Tk lo miró.
-Normalmente los que llegan a este mundo, lo primero que encuentran es su digimon acompañante. Y un digivice. Pero al parecer tú eres diferente.- dijo Tk mirando al horizonte.
-¿D…digivice?- preguntó el joven.
-Si, es un aparato que permite la digievolución en el digimon acompañante del humano.- dijo Tk pacientemente.
El castaño buscó en el bolsillo de su pantalón, y lo que sacó dejó a Takeru apantallado. Un digivice idéntico al que Takeru poseía yacía en la mano del niño.
-Este fue el aparato que apareció en mi habitación. Al tocarlo aparecí aquí ¿Es esto un digivice?- dijo el recién llegado observando el artefacto en sus manos.
Takeru estaba asombrado ¿Esto significaba que este chico era…. Un niño elegido? ¿Pero…entonces? ¿Dónde estaba su digimon camarada?
Entonces Tk se dio cuenta de las implicaciones. Sonrió lentamente cuando se dio cuenta de que otro muchacho elegido había llegado al Digimundo con un destino específico para el que cumplir. Con mucha paciencia comenzó a narrar toda su historia al nuevo niño destinado. Desde el campamento de verano y sus amigos hasta el descubrimiento de que era un hibrido y sus magníficos poderes. El receptor lo escucha con atención, interrumpiendo de repente para hacer una pregunta, la cuál era contestada por el rubio con una sonrisa. Los niños elegidos se concentraron mucho en la plática, que no se dieron cuenta como el día pasó y oscureció.
-Cielos ya ha oscurecido.- dijo el castaño.
-Así es.- comentó Tk.
-He decidido quedarme a cumplir mi destino en este mundo, pero para ello necesitaré de tu ayuda, no creó encontrar a mi digimon acompañante por mi cuenta, prométeme que me ayudaras.-
-Lo prometo, juntos encontraremos a tu camarada, y cumplirás tu misión, sea la que sea.- Ambos sonrieron.
-Por cierto, aún no me dices tu nombre.- comentó el nuevo elegido.
-¡Es cierto! Bueno, mi nombre es Takeru Takaishi, pero mis amigos me llaman Tk. ¿Y tú?-
-Mi nombre… Akiyama., Ryo Akiyama.-
Los días pasaron y una relación de amistad se comenzó a formar entre Tk y Ryo. Tk se despertaba siempre más temprano porque era el que tenía la obligación de entrenar. Mientras que Ryo (que dormía en el suelo a lado de la cama de Tk) se levantaba siempre mucho más tarde. Después de desayunar ambos salían a recorrer los alrededores, pues Ryo tenía muchas ganas de explorar al menos un poco el Digimundo. El bosque era su lugar favorito y muchas veces llevaban comida en sus exploraciones, que a veces tomaban todo el día. En algunas ocasiones, mientras el Maestro y Tk tenían combates de práctica, Ryo les observaba, tratando de copiar algunas de las técnicas que usaban. Nunca podía lograrlo, pues a pesar de ser un chico muy atlético (quizás más que Tai) no tenía la suficiente condición necesaria como para realizar los movimientos que a Takeru le parecían bastante sencillos. En la cena se la pasaban bromeando entre ellos, mientras que el Maestro y Patamon les observaban curiosos, Liollmon no porque era muy despistado y nunca se daba cuenta de nada, pues habían formado un lazo poderoso en muy poco tiempo. Usualmente salían a nadar en el riachuelo más cercano, empapándose de la cabeza a los pies, pero divirtiéndose como en pocas ocasiones. Les gustaba acostarse hasta muy tarde hablando sobre cualquier cosa, por más insignificante que fuese. Era bastante obvio que se habían vuelto mejores amigos en solo dos meses. Pero el día en que la misión de Ryo en el mundo digital se reveló llegó al medio año de su estancia en la casa de Youta. Y llegó como no se lo esperaban. Tocando la puerta.
Tk y Ryo estaban hablando sobre como había sido su vida escolar en el mundo de los humanos cuando todo ocurrió.
-Yo la verdad no soy un alumno muy destacado, me gusta mucho jugar fútbol, mi padre dice que algún día obtendré una beca deportiva a una enorme universidad debido a mi gran talento para el deporte.- dijo Ryo sonriendo.
-¿En serio? Yo siempre fui un alumno promedio. Calificaciones promedio. Amigos promedio. Todo promedio. Pero eso si, siempre fui muy patoso para el deporte.- comentó Tk
-¡Pero que dices! ¡Eres muy bueno peleando! Lo que pasa es que no has tratado de hacer ningún tipo de deporte desde que estas aquí ¿O no es cierto?- mencionó Ryo alarmado.
-Bueno, ahora que lo dices….- comenzó a reflexionar Takeru. Pero sus cavilaciones fueron interrumpidas por alguien que tocaba la puerta. Un ruido seco en el viejo roble. Ambos miraron a la puerta. Nadie jamás los visitaba.
Youta se paró desde su asiento en la cocina y se dirigió a abrir el portal. Ryo y Tk se acercaron a oír que ocurría.
-Disculpe, ¿Se encuentra aquí un niño llamado Ryo?- se oyó una voz que interrogaba al Maestro. Ambos muchachos se miraron sorprendidos al escuchar el nombre del castaño. Youta se hizo a un lado y le hizo una seña al visitante para que pasara al recinto. Por la puerta entró un dinosaurio amarillo con grandes ojos verdes. Tenía una cola no muy larga y grandes garras en manos y piernas. Era Agumon.
El pequeño reptil miró hacía todos lados. Tk se había quedado paralizado en su lugar. Cuando los ojos de ambos conectaron, el desastre dio inicio.
-¡Ahhhhh!-
-¿Pueden decirme que esta pasando aquí?- preguntó Ryo desesperado por saber que ocurría.
Agumon había sido invitado a la mesa de Youta y todos lo miraban atónitos, esperando alguna explicación por parte del dinosaurio. Este parecía estar molesto, y evitaba la mirada del rubio, y cuando la cruzaban, Agumon hacía un sonido gutural que los demás interpretaban como ira. Tenía los brazos cruzados y el cejo fruncido. Nadie habló por unos minutos, hasta que el dinosaurio que no parecía aguantar más se descruzó de brazos, volteó a ver a Tk y le gritó con enojo.
-¡No sabes por todo lo que he pasado para buscarte! ¿Qué ocurrió contigo? ¡Tai estaba muy preocupado por ti! El me encargó mucho que cuidará de ti, pero ni siquiera pude encontrarte, no sabes lo mal que me llegué a sentir, le fallé a Tai. ¡Todo por tu culpa!- Agumon se veía muy diferente al torpe y amigable digimon que Tk conocía, el ojiazul lo miraba asombrado, pues no se esperaba esa reacción del buen Agumon. Se sintió un poco triste de que Agumon se sintiese tan enojado y deprimido, pero Takeru sabía que él no tenía la culpa, así que se decidió a responderle al dinosaurio con firmeza.
-Lamento que te hayas sentido de esa manera Agumon, pero no puedo permitir que me hables de esa forma. Yo no tengo culpa de lo que ocurrió. Fue algo fuera de mi control. La razón principal por la que te sientes así es porque extrañas a Tai. No te desquites conmigo, por favor.-
Agumon miro un poco más sereno al piso. Su amigo Tai. Su camarada. Se sentía impotente y dolido por todo lo ocurrido, pero ya no había más que hacer. Tk tenía razón. Echaba demasiado de menos al Tai. Los ojos verdes de Agumon se comenzaron a ver vidriosos, y sin advertencia comenzó a llorar, armando tremendo berrinche que todos se quedaron asombrados, tratando de encontrar una manera que el digimon se sintiese mejor, pues sospechaban que si continuaba llorando, terminaría inundando la cocina de Youta.
Patamon se acercó volando a el, y le dio unas cuantas palmaditas en la espalda al dinosaurio.
-Tranquilo Agumon, Tai te pidió que protegieras a Tk ¿No es cierto? Tk no te ha necesitado, el se puede cuidar solo, y sino pudiese yo aquí estoy para ello.- dijo Patamon tratando de tranquilizar a su viejo amigo.
Agumon respondió con sollozos que no se entendían muy bien, por lo que nadie los tomaba en cuenta. ´
-Lo mejor es que pares Agumon. Así resolveremos esto civilizadamente. Hablando.- trató Takeru pero fue ignorado por el digimon amarillo.
-¡Si no dejas de llorar en este instante tu tendrás que trapear mi cocina novato tonto!- gritó Youta, pero la amenaza no sirvió de mucho.
Liollmon solo observaba a Agumon como si fuese algo muy interesante. Lo rodeaba tratando de ver si le dolía algo, pues era un digimon muy joven y no entendía muy bien la situación.
Ryo, en cambio, ya se estaba hartando de la situación. No entendía mucho de lo que ocurría, pero sabía a la perfección que aquél digimon amarillo le estaba rompiendo los nervios a martillazos. Así que decidió a parar todo de golpe.
-¡Cállate!- gritó el castaño, causando un efecto total de pausa en todos los que estaban en el lugar. Los humanos y digimon se le quedaron viendo por unos segundos hasta que Agumon habló.
-Discúlpame, es que tengo mucha hambre.- río rascándose la nuca.
La quijada de todos, a excepción de Liollmon que ahora comprendía todo a la perfección, se encontraba en el piso.
-Así...así que todo fue por que tenía hambre.- dijo Tk con cara de sorpresa no grata.
-¡Maldito tacaño!- le gritó Ryo a Youta.- todo ha sido por tu culpa, no le has ofrecido nada al pobre Agumon.-
Youta no pudo más que suspirar e ir por un poco de comida para el hambriento digimon.
Humanos y digimon miraban a Agumon con atención, mientras este devoraba con ferocidad la gran cantidad de comida que el Maestro le había dado, principalmente un delicioso y caliente pan que le hacía cosquillas en el estomago. El digimon dinosaurio parecía un pozo sin fondo, pues su velocidad de engullimiento no bajaba ni por un segundo.
De repente Agumon paró de comer. No porque ya no tuviese hambre, sino porque ya no quedaba más comida. Con un suspiró se acarició el vientre satisfecho.
-¡Cielos! ¡Estuvo delicioso! ¡Muchas gracias!- exclamó el dinosaurio sonriendo con alegría.
-Es un avorazado, se ha acabado todo lo que había.- murmuró Patamon con una sonrisa nerviosa.
-Vaya que esta hambriento…- dijo Tk para si.
-Bueno, ahora ¿Podrías decirnos a que has venido aquí?- preguntó serio Youta.
-¡Es cierto!- exclamó Agumon.- ¿Tú eres Ryo Akiyama verdad?- preguntó el de los ojos verdes al castaño.
-Uh… si ese soy yo.- dijo Ryo nervioso, poniéndole toda su atención a Agumon.
-¡Entonces he hecho mi trabajo bien!- sonrió Agumon- Ryo, debes venir conmigo.
-¿Qué ocurre Agumon?-preguntó Tk- ¿Por qué Ryo debe ir contigo?
-Ryo tiene una misión, y yo seré su compañero digimon.- dijo Agumon pacientemente.
-¿Qué dices? Pero, tú eres el compañero de Tai.- mencionó Tk confundido.
-Mi misión es ser el compañero de Ryo mientras cumple con su destino, Tai es mi niño elegido para siempre… pero Ryo me necesitará por ahora. El verdadero camarada de Ryo no puede ser localizado en estos momentos, por razones fuera de mi comprensión, por eso he sido elegido yo para ayudar a Ryo.- explicó el digimon a su amigo Tk.
-Pero eso significa que un nuevo mal se ha revelado ¿Verdad Agumon?- preguntó Patamon
-Así es Patamon, me han dicho que dos digimon heridos, un Mugendramon y un Chimeramon se han fusionado en uno solo. Formando un poderoso Millenniumon. Es un digimon extremadamente fuerte y malvado, y quiere destruir el equilibrio del Digimundo, como es un ignorante y no sabe como hacerlo se la ha pasado causando destrozos e hiriendo a otros digimon, busca la manera de entrar al mundo de los humanos, pero al no conocerla se la ha pasado tratando de encontrar a Gennai, este no se ha aparecido en bastante tiempo. Ryo ha sido elegido junto conmigo para derrotar a este digimon.- relató Agumon.
-Pero… si es así ¿Porque no hemos escuchado nada de el?-preguntó Tk curioso.
-Bueno, porque este digimon se encuentra en otro continente.-
-¿En otro continente dices?- preguntó Youta prestando atención a las palabras del digimon.
-Si, en el continente WWW.-
Todos se comenzaron a reflexionar por unos minutos sobre lo que el digimon de Tai (que por ahora también era de Ryo) había narrado. Al parecer en ese lejano continente se estaba librando una horrible batalla, pues el tal Millenniumon era muy poderoso y si seguía así terminaría destrozando a toda la fauna del lugar.
-¡Muy bien!- exclamó Ryo, interrumpiendo las cavilaciones de los demás.- ¡Iré contigo Agumon, y cumpliré mi destino!
-¡Qué valiente eres Ryo!- exclamó Agumon con admiración.
-¿Eso crees?- río Ryo alagado.
-Bien, entonces debemos irnos.- dijo Tk
-¿De que hablas Tk?- preguntó Ryo confundido.
-Yo se que esta es tu misión Ryo, pero algo me dice que debo ir contigo y ayudarte a cumplir tu misión, yo y Patamon iremos contigo y nos aseguraremos de que todo salga bien.- pronunció Tk con seriedad.
-Lo que pasa es que me aprecias mucho y no quieres que me pase nada verdad.- dijo Ryo riendo alegremente.
Takeru se sonrojo con sus palabras pero igual se río con el. Youta solo los observó con curiosidad. Patamon bostezó y luego sonrió. Liollmon los miraba confundido y Agumon sonreía con orgullo. Era el inicio de una nueva aventura.
