Información General:
Los personajes de Candy pertenecen a sus creadores Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente. Los dibujos fueron dibujados por mí, pero los creadores de estos personajes son Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente.
La historia que se presenta sucede después de que Candy descubriera que su padre adoptivo es Albert, su amigo el vagabundo. Todo se ha escrito sin fines de lucro, solo para entretenimiento, y lo que se presenta son simplemente ideas de una servidora, y ha sido escrito para celebrar el cumpleaños del gatito, Archie.
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La Carta
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Capítulo VI: La Presentación
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Dos almas esa noche en la mansión no pudieron dormir, cada uno en su propio mundo recordaba lo que habían vivido intensamente en la obscuridad de un balcón y en una habitación: unos besos ardientes y apasionados que les robaron el alma a ambos.
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Las horas de esa larga noche pasaron lentamente para una llorona Candy quien recostada en su cómoda cama seguía en silencio repitiendo una y otra vez los apasionados besos recibidos de esa noche en su atormentada mente.
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¿Por qué me besaste Archie? – pensaba mientras sollozaba silenciosamente al mismo tiempo que se llevaba sus largos dedos a su boca. Aún sentía el calor de los labios de Archie sobre ella y su cuerpo seguía sintiendo el calor de sus fuertes manos sobre ella. Todo había sido una locura, un desliz que la estaba trastornado.
—Dios, ¿Cómo se atrevió hacer eso? ¿Qué tal si la tía Elroy nos hubiera encontrado? —, se llevó las manos a boca asustada. — ¿Y si su padre descubría algo de lo hicieron? No lo mata a él, y después a ti por descarada Candy.
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— Archie –, murmuró levemente. Era ya de madrugada y aun no podía dormir se paró descalza de la cama y se acercó a una de las enormes ventanas para abrirla y dejar que entrara el aire frio, pronto amanecería.
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Se sentó en el suelo, abrazo sus rodillas y se quedó mirando al cielo estrellado de esa noche mientras las lágrimas fluían sin descanso sobre su bello rostro. Cerró sus bellas esmeraldas e imaginó el rostro de ese descarado coqueto besándola una y otra vez. Ese era el problema que no podía olvidar y para ser sincera con ella misma, ella no quería olvidar lo vivido. Su cuerpo y corazón le estaban gritando que ansiaban más caricias de él y eso era lo que la tenía aterrada. Había salido con su amiga, por Dios. Bueno, no se mentía, ellos siempre fueron amigos, fue Annie la que se obsesionó y ella contribuyó en esa obsesión obligándolo a estar cerca de ella. Sí ella y sus estúpidas ideas. Ahora la sola idea de que él besara a otra de la misma manera que lo hizo con ella la tenía histérica. ¿Y si ya lo había hecho el pulpo de Jessica?
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— No Candy, no seas tonta, no lo ha hecho, recuerda que ella no sabe…ella misma te lo dijo. Sí, ella no sabe lo que es estar en sus brazos —, suspiró como tonta, — si supiera que es…que es maravilloso, no Candy, estás loca; él es tu primo, tu primo mételo en la cabezota.
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Ya no quería pensar, cada vez que lo había, un cosquilleo en su cuerpo la invadía, y sólo quería repetir todas esas locuras que habían hecho con él en el balcón y en la obscuridad de su habitación. Cerró los ojos con frustración, no entendía cómo quería más besos de él, si no olvidaba que todos esos días la coqueta de Jessica había estado pegada como sanguijuela todo el tiempo con ese coqueto. ¿Qué diablos había hecho para merecer el castigo de tener a esa zanahoria con patas en su casa y en su fiesta? Sonrió con picardía, por lo menos ya le había puesto las cartas sobre la mesa a la pelirroja, no dejaría que comprometiera a Archie por gusto, aunque estuviera celosa con ese descarado, Archie era importante para ella, y no dejaría que nadie lo lastimara mucho menos el pulpo de Jessica.
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Suspiró con desgano, volteó a ver el cielo, el astro rey no tardaría en aparecer, y ella sin poder dormir. La tía abuela la retaría por no dormir bien, cerró las ventanas con desgano. Lo más seguro es que tenía unas ojeras de mapache a esa hora por la desvelada, y con la lloradera deben estar super hinchados. Rio con burla, no si hoy si la había hecho en grande, hoy que tenía que lucir como una princesa, según la tía Elroy y ella con sus tonterías. Se llevó sus manos a sus bellas esmeraldas para limpiarse las lágrimas, ya no quería llorar, ya estaba bien de lamentar lo que había pasado la noche anterior. Ese descarado coqueto la había dejado como si nada después de llevarla al cielo, y después…se fue, no ella ya no lloraría por él. Arrastró su cuerpo a la cama, aunque no quería dormir, cerraría sus ojos, con suerte y podría dormía un rato para reducir esas ojeras de mapache, suspiró cansada, muy cansada de todo.
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Esa madrugada otra alma enamorada sufría insomnio en la inmensa mansión y por la misma razón que la joven de ojos verdes. Vistiendo una bata de seda color negra, un joven de mirada intensa está sumido en un mundo de caos. Con ambas manos sobre su cuello, Archie sonreía maliciosamente mientras miraba a la nada, ella había respondido a sus besos. La sintió vibrar de emoción, pudo sentir el fuego que emanaba de ella, era fuego puro. Era verdad que después miró el rechazo y confusión en sus verdes ojos, pero ella le permitió besarla, al menos había esperanza. Era el hombre más feliz del mundo, había besado al amor de su vida, y ¡que besos le había dado! Dios ahora si podía morir tranquilo, sonrió mientras recordaba los besos que le había robado a su Gatita. ¿Por qué demonios había corrido? ¿Por qué la había dejado así, sin hablar con ella?
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Suspiró y rió cínicamente, claro que él lo sabía, ya no quería sufrir por ella. Además, le había jurado no volver a molestarla y el muy idiota lo había hecho de nuevo.
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— No Candy ya no te voy a rogar nunca más, eso se acabó. Tengo que largarme a Boston y no regresar nunca más. Molesto se levantó y se acercó a la puerta de cristal de su balcón y la abrió de par en par para ver la noche. La noche era fresca, y a un lado de la puerta estaba el telescopio que su querido hermano comprara años atrás sobre una de las mesas. Lo extrañaba tanto, se sentó, acomodó el instrumento, después de calibrarlo, empezó a mirar a través del lente del telescopio, no tenía sueño y necesitaba distraerse. De repente, miró una estrella fugaz en el firmamento, se retiró del telescopio para seguir observándola.
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— Candy —, musitó levemente. Aun recordaba como su hermano y él pedían deseos cuando veían una. Que risa, que él recordara nada de lo que él pidió se cumplió. Con tristeza reconoció que su Gatita nunca sería de él. Sí, eso era, después de la presentación hablaría con Albert, ya no quería estar cerca de ella, tal vez Albert podría mandarlo a trabajar lejos, muy lejos de Candy. Era lo mejor para ella y para él. Ella estaba llorando por el imbécil inglés y él como un idiota la había besado, ¡era un soberano estúpido! Nuevamente estaba rogando por su amor, por unas migajas de amor, y él ya no estaba dispuesto a volver a caer en ese juego nunca más. – Nunca más Candy, nunca más-, musitó con firmeza. Se quedó un rato más mirando el cielo estrellado
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La gran noche de la celebración llegó después de meses de preparación. Toda la casa era un caos desde que amaneció, decenas de personas corrían de un lado a otro decorando el gran salón para la gran noche de la presentación de la hija del patriarca. Mientras unos embellecían la mansión, decenas de empleadas se dedicaban a embellecer a la joven heredera, mientras los dos gallardos herederos también se dedicaban a arreglarse.
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Albert sonreía alegre, esa noche sería la clave, había estado observando a ese par, y lo que había visto la noche anterior en el balcón le indica que todo estaba saliendo como él quería; este par no tardaría en darse cuenta de que estaban enamorados el uno del otro.
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Archie estaba tan celoso del pasado que no se daba cuenta del amor de Candy hacia él, Candy por otra parte estaba tan temerosa de aceptar su amor por las culpas que sentía que no se atrevía a decirlo y por los enormes celos que la joven Sanders había despertado en ella, pero él movería las piezas de ajedrez. Este par necesitaba un empujoncito; o varios empujoncitos, y él se los daría con gusto a ese par de necios ciegos.
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Candy era una y otra vez era halagada esa noche por lo hermosa que había quedado después del trabajo de un ejército de empleadas. La hermosa jovencita lucía un vestido dorado con un provocativo escote que le quedaba perfecto a su esbelta figura, Candy estaba sorprendida por el vestido que le escogieron, era un poco revelador, pero elegante. Su cabello iba suelto con una pequeña corona que la hacía lucir como princesa, Albert estaba orgulloso de su hermosa hija adoptiva, cuando la vio, le recordó tanto a su querida Rose, unas lágrimas traicionaron al guapo patriarca que disimuladamente la tía Elroy le quitó al darle un beso, ambos habían sentido lo mismo cuando la miraron. Sonrieron con complicidad, al imaginarse la cara de Archie, lo más seguro es que su pobre sobrino sufriría un paro cardiaco cuando la viera, no solo por lo hermosa que estaba esa noche sino por los celos que le provocaría al pobre de Archie, esa noche prometía mucha diversión para los patriarcas del clan.
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— Lista pequeña.
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Ella asintió con una hermosa sonrisa, estaba confiada, no sabía cómo, pero la joven encargada de arreglarla le había desaparecido las ojeras de mapache que tenía. Hicieron un milagro con su arreglo, ni ella misma se reconocía.
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— Sí Alb…digo papa, estoy lista.
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Albert y Elroy sonrieron, Elroy se adelantó para esperarlos y comenzar la ceremonia de presentación.
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Abajo Archie los esperaba, no sabía ni qué vestido usaría. Siempre participaba en su arreglo, pero esta vez se mantuvo lejos de todo. Cerca de él, los hermanos Sanders lo acompañaban. Elroy le hizo una señal y él se acercó, ya era la hora. De mal humor Jessica lo vio alejarse, no le hacía gracia ver al guapo joven lejos de él. Pero se sabía hermosa, y estaba segura de que esa noche él se le declararía, esos coqueteos que habían compartido lo indicaban. Una sonrisa de autosuficiencia aprecio en su bello rostro. La noche apenas comenzaba y ella sentía que el joven Cornwell ya le pertenecía.
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Albert la llevaba orgulloso del brazo, todos los ojos de los invitados estaban atentos a la llegada de la heredera y del patriarca, Archie nervioso junto a su tía los esperaba; había pasado una pésima noche, pero lucia gallardo para ella. A lo lejos Jessica lo miraba coqueta, su hermano le llamó la atención, estaba siendo demasiado obvia, pero Archie ni por enterado se dio de los coqueteos de la pelirroja, su visión y mente estaban fijos en otro lugar. Su cabeza estaba llena de una sirena rubia que lo tenía encantado, había probado las mieles de sus labios la noche anterior y si antes estaba loco por ella, ahora no solo respiraba por ella, su cuerpo entero clamaba por ella. Estaba metido en un lío tremendo. No sabía que iba hacer para sacársela de su corazón, ella no lo quería; ella solo quería al infeliz inglés.
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De pronto la música se detuvo, las luces se dirigieron a las escaleras y lentamente padre e hija bajaron de ellas, el corazón de Archie latía desbocadamente, un codazo discreto por parte de su tía Elroy le hizo cerrar su boca.
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— Cierra la boca hijo —, murmuró a su oído. El joven de mirada ambarina trago secó y solo asintió apenado con su tía. No podía evitarlo, ella estaba espléndida, Dios ahora sí estaba en serios problemas.
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¿Cómo diablos le iban hacer para esta inmune a su hechizo, él era un simple mortal, y ella una Diosa inalcanzable? La pareja de rubios con paso firme llegó junto a ellos, Candy sonrió levemente al verlos, su corazón brincó de alegría al ver a su tormento, por lo menos el pulpo de Jessica no estaba cerca de él en este momento. Respiró con alivio, siguió las indicaciones de su familia. La fiesta de presentación comenzaba.
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Un silencio absoluto reinó en el salón, Albert junto a Elroy hizo la presentación de su hija; mientras Archie a lado de ellos rumiaba su suerte. Ahora la jauría de lobos se lanzaría hacia su Gatita, si antes traía locos a varios, con lo bella que lucía esa noche, no tenía idea de cuantos más tarados tendría que protegerla. Tendría que trabajar de chaperón toda la noche, solo así se sentiría seguro que ella estaría protegida de esa jauría que estaba en el gran salón. Ese era su papel, protegerla como el último paladín que tenía, como su simple primo que era, frunció el ceño molesto al ver la cara de los demás jóvenes ahí reunidos, todos estaban deslumbrados por ella.
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Después de la presentación, Albert la dirigió al centro de la pista, la primera pieza sería bailada solamente por padre e hija, ambos reían y bailan alegremente al compás del vals escogido para esa noche. Al terminar, Albert llevó a la adorada rubia donde estaban Elroy y Archie. Albert moría de la risa al ver la cara de bobo que tenía Archie por Candy y se la entregó al joven paladín, era su turno de llevarla a la pista.
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Tanto Archie como Candy temblaron al tocarse, imágenes de sus apasionados besos vinieron a sus mentes, y sus cuerpos reaccionaron a ello. Archie tragó seco tenía que controlarse y pensar en hielo o duchas frías sino quería pasar el bochorno de su vida. Ella lo miraba embelesada, al comenzar a bailar el vals juntos, todo despareció al su alrededor, nadie existía solo ellos dos, se miraban con amor, deseo y pasión. Elroy, Albert y George se miraron con complicidad quienes los conocieran sabían que ese par estaban enamorados por sus intensas miradas.
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A lo lejos unos ojos azules los miraban con rabia, era Annie Britter, no lo podía creer. ¡Candy y Archie estaban enamorados! Ahora lo entendía todo, por eso Archie la había botado y ella no le había ayudado cuando fue a rogar por su ayuda.
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Apretó los puños con rabia, sus ojos destellaron fuego y veneno, hubiera querido matarla en ese preciso momento. Candy siempre había tenido lo que ella tanto ambicionaba y sin esfuerzo, su madre al mirar su cara la apretó y le susurró al oído.
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— Compórtate, solo estás haciendo el ridículo; lo has perdido —, ella volteó a verla con rabia, pero se encontró con los ojos de su madre y su padre que le indicaban calma y prudencia.
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Habían sido invitados por Elroy, pero advertidos que no querían escándalos; simplemente lo habían hecho para callar rumores. Para toda la sociedad americana, Annie, Candy y Archie habían sido solo amigos, eso era lo que ellos los Britter tenían que decir si alguien llegaba a preguntar; la morena solo había sido una amiga de ellos. Y no metían, al final del día, Annie Britter fue una simple amiga de la pareja, nunca fue nada importante para Archie. Fue siempre la amiga de Candy, la chica que Archie tuvo que soportar porque Candy se lo pidió. La rabia y envidia la corroía, nunca podía competir con Candy.
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Ahora lo entendía todo, los Andrew estaban arreglando una boda entre los herederos, volteó a la pista y los miro nuevamente; se veían enamorados, y ella era simplemente una amiga. Elroy Andrew había sido clara con sus padres, ella había escuchado parte de la conversación oculta en las sombras. Solo escuchó la última parte de la conversación, pero no en ese momento no entendió lo que había escuchado ya que llegó al final de una reunión que tuvieron y que mantuvieron en secreto. Ahora con ese baile entre ellos, entendía todo. Quería largarse, pero la mano fuerte y segura de su padre la detuvo, tenía que comportarse, su mirada se lo ordenó, y ella de mala gana tuvo que tragarse su orgullo y aceptarlo.
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No solo ella moría de celos esa noche, unos ojos verde azul turbulentos como un mar embravecido por un huracán miraba de lejos a la pareja con demasiado interés. Él hubiera querido deshacer a golpes al odioso "Elegante" y llevarse de inmediato a su "Tarzán Pecosa." Terry había sido invitado por Albert cuando Terry lo contactó dos semanas atrás después de haber roto su compromiso con Susana; el joven inglés buscaba reconciliarse con Candy.
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Albert le aseguró que tendría su oportunidad de hablar con ella en la fiesta, él estaba feliz porque pensaba que con un tronar de dedos llegaría y Candy saltaría feliz de la vida y se lanzaría a sus brazos pérdida de amor por él.
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Sin embargo, después de observar con cuidado a esa pareja, algo le indicaba que había algo extraño en lo que miraba en la pista de baile, Candy y el maldito entrometido "Elegante" se veían demasiado contentos, parecían, parecían que estaban…enamorados. No, eso no podía ser, Candy no podía amar a nadie más que a él. Rechinó los dientes de coraje, tendría que esperar para bailar con ella y si era preciso raptarla y llevársela; lo que no sabía era que Albert tenía guardias en la mansión dentro y fuera y jamás permitiría que alguien le hiciera daño a Candy así fuera el mismísimo rey de Inglaterra.
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El vals llegó a su fin y ellos aún seguían abrazados hasta que los aplausos los trajeron de regreso al mundo de los hombres, ella se ruborizó, pero fue controlada por Archie quien conservó la calma y elegantemente salió del problema llevándola con la abuela. Ansiaba pedirle otra pieza, pero el entrometido de Ralph le pidió la pieza que ella le prometiera a regañadientes días atrás, antes de que Archie pudiera hacerlo. Con fingida sonrisa Candy aceptó la petición de Ralph y todas las parejas comenzaron a bailar alrededor de la rubia.
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Mientras bailaba con Ralph, Candy seguía en el limbo pensando en su paladín, su cuerpo entero pedía a gritos la cercanía de Archie. Se estaba volviendo loca y estaba asustada por esa extraña necesidad por su joven primo. Ralph platicaba y platicaba de diferentes temas, pero solo lograba monosílabos de una joven con una sonrisa ausente. Dos pares de ojos la seguían atentos, unos colores ámbar, y otros azules verdes, ambos celosos y furiosos porque alguien la tenía en sus brazos. Jessica se acercó al joven Andrew, quería que Archie la invitara a bailar, pero él la ignoró completamente, sus ojos solo seguían a la pareja. Afortunadamente otro valiente que pasaba por ahí le evitó la vergüenza de estar parada causando lastima y la invitó a bailar; así lo dejo en paz al menos por esa pieza.
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Cuando terminó el baile antes de que otro se la ganara, Archie la tomó rápidamente del talle y se la llevó a bailar, su mente le decía que no, pero su corazón ganó. Dieron varios giros y poco a poco la fue llevando al balcón más solitario que ambos conocían como la palma de su mano, tenía que hablar con ella y prevenirla de la "jauría" que estaría encima de ella según él. Él cómo su paladín que era, la cuidaría, pero él como caballero que era, la quería prevenir.
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Nada perdía con darle uno que otro consejo para quitarse la jauría de encima, algo normal que cualquier primo haría por su querida prima.
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La luna llena iluminaba la noche, Archie lentamente la llevó de la mano a una esquina del balcón y la metió por una puerta secreta a una pequeña sala que Stear, Anthony y él usaran para esconderse de sus profesores, la puerta secreta solo la conocían ellos tres, la tía abuela y George, y ahora compartía con ella ese secreto. Candy sintió un poco de miedo al principio y se abrazó desesperada a Archie, todo estaba a obscuras.
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— ¿Aquí no hay fantasmas Archie?
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Él casi se carcajeó por la pregunta inocente de ella, si hubiera recordado que Candy le tenía miedo a "los fantasmas de la mansión," la habría traído antes para que lo abrazara de esa manera.
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— No Gatita, no hay fantasmas —, le susurró en el oído, tan cerca que causó es escalofríos en su columna vertebral. La pegó más a su atlético cuerpo según él para protegerla. — Ven solo déjate guiar por mí, aquí tengo unos fósforos y una vela —, ella no dijo nada, solo se dejó guiar por él, estaba aturdida por su cercanía. La dejo un momento y en poco tiempo el guapo joven encontró lo que buscaba, la obscura sala se iluminó levemente con una solitaria vela, el lugar era acogedor. Había varios sillones, una pequeña chimenea y un pequeño librero, Candy inspeccionó todo en silencio, él no le perdía pista, la amaba tanto. Ella al sentir la intensa mirada, volteó nerviosa y tímidamente preguntó.
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— Es muy bonito este lugar Archie, ¿dónde estamos?
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Él recorrió con su mirada ambarina el lugar, metió sus manos a su saco y con melancolía contestó.
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— Era un lugar secreto que usábamos Candy cuando éramos niños. Nunca te lo enseñamos porque no hubo tiempo. Hoy en día lo uso cuando quiero estar solo, solo ellos — calló mirando al suelo, pero inmediatamente la miró sonriente a los ojos. — …también George y la abuela lo conocen y ahora tú. La mirada de Archie era tan intensa, que cohibida preguntó.
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— ¿De que querías hablar conmigo Archie?
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Archie no decía nada, sólo la miraba de arriba abajo, se veía hermosa con la luz tenue, hipnotizado por su belleza se fue acercando hacia ella, sus ojos brillaban intensamente, Candy tragó en seco, se veía endiabladamente atractivo, un rubor intenso cubrió su cara. Sin darse cuenta retrocedió al verlo acercarse con esa fiera mirada hacia ella, estaba cargada de deseo, su cuerpo chocó contra una pared. Él sonrió, la tenía en el lugar deseado, Candy esperaba que él dijera algo. Archie se acercó más a ella, él estaba fascinado con su nerviosismo.
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—¿Q.…que quieres decirme Archie? – preguntó temblando, nunca lo había visto así, estaba un poco atemorizada con su intensa mirada.
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Archie no dijo, solamente la tomó de la barbilla y antes de que volviera a decir algo, la tomó en sus brazos y la besó desesperadamente. Después de la sorpresa, ella solo se dejó llevar por sus deseos nuevamente y correspondió torpemente a cada una de las demandas del joven Cornwell Andrew, él sonreía por esa inocencia que aún tenía. Ambo habían deseado esos besos a gritos desde que empezara el baile. Habían soñado uno con el otro y ahora estaban tratando de apagar esa sed que quemaba sus entrañas.
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Sin que ellos se dieran cuenta alguien los había estado observando todo el vals y se dio cuenta cuando en un giro, Archie la sacó al balcón. Terry celoso los siguió y salió al balcón tras de ellos, pero no los encontró.
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— ¿Dónde estás Pecosa?
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Tan sólo de imaginarme a la pareja solos en la oscuridad juntos, enfureció. Eso no podía estar pasando. Ella era de él. Buscó con la mirada a la pareja sin éxito, tal vez se equivocó de balcón, dio vuelta y siguió su búsqueda en otro lugar.
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Lejos estaba de imaginar que Archie había escondido demasiado bien a su tesoro rubio, tras de una puerta secreta, no en balde era su mansión. Ahí en las sombras dentro de una sala secreta, ambos se devoraban a besos, su testigo y cómplice de esa noche, era la semioscuridad de esa sala antigua que fuera un lugar de escape para los jóvenes Andrews en su infancia.
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Aturdido por el deseo que hervía en sus venas, sin dejar de besarla, poco a poco la fue llevando a un sofá en medio de suspiros y gemidos, ambos estaban envueltos en un torbellino de pasión sin retorno. Dejó su boca un momento para cubrir su cara con leves besos mientras sus manos acariciaban su cuerpo con ternura, comenzó a besar su cuello lentamente, ella vibró de emoción ante esta nueva caricia, pero antes de que él joven siguiera besando más al sur de su cuello, Candy recuperó la cordura.
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— Arc…Archie, nos van…nos van a buscar, por favor para, para—, murmuró desesperada, temblando en sus brazos mientras él seguía devorando su níveo cuello.
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Archie aturdido por el deseó y sus súplicas, detuvo su ataque amoroso; puso su frente sobre ella, respirando con dificultad, trató de recuperar la poca cordura que tenía en ese momento. Le indicó que sí con un movimiento en medio de su agitado respirar. Ella tenía razón, él estaba perdiendo la cabeza por Candy en ese lugar, era mejor marcharse de ahí. Si no lo hacían en ese momento, terminaría haciéndole el amor en ese instante, era una locura. Ambos más calmados se levantaron del sofá, él la tomó de la mano e intento de salir de ahí junto con ella, pero ella lo detuvo.
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— Espera, espera déjame quitarte…el, el lápiz labial…yo
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Al principio no entendió, pero al mirar la cara de ella, sin lápiz labial y con los labios hinchados de los besos, entendió y sonrió coquetamente. Ella estaba más roja que un tomate. Candy tenía razón no podían regresar así, y saco un pañuelo, para limpiar primero su rostro y asegurarse que lucía hermosa, y ella hizo lo mismo con él, ambos sonrían rojos de pena, pero embebecidos de amor uno del otro. Al terminar, Archie musitó.
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— Candy tenemos que hablar.
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— Sí pero no en este momento, será después de la fiesta.
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Él asintió, no porque estuviera de acuerdo sino porque si seguían un minuto más en ese lugar, él cometería una tontería con ella, sólo dejó que ella se aplicará un poco de su lápiz labial, y rezaron para que nadie se diera cuenta de lo que habían hecho. Con cuidado salieron de ese lugar que había sido testigo de su encuentro.
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Sin que nadie se diera cuenta se incorporaron al vals como si no hubieran desaparecido, Terry los miró enfurecido, había salido a buscarlos en diferentes balcones, pero no los había encontrado, pero ahora ella estaba ahí y no se le escaparía.
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Ellos ya estaban bailando un cuarto vals sin darse cuenta por el tiempo que habían perdido en el balcón; sabiendo que la música terminaría, Archie le dijo al oído.
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— Por favor cuídate.
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Ella no entendió, pero asintió para darle paz, se veía radiante.
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La llevó con su tía quien los miraba inquisidoramente, era vieja pero no ciega. Ya tenía mucho rato buscándolo entre las parejas y nada. De repente se le vino a la mente la sala secreta, no era imposible. Archie no podía, ¿o sí? Pero no podía preguntarles enfrente de todos, ya después lo haría junto con William quien también se había dado cuenta de su desaparición.
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Elroy volteó a verlo, pensó que estaría molesto, pero su rostro estaba un poco pálido y atento a otro lugar, ella volteó a esa dirección mientras Archie y Candy continuaban a su lado en la luna. De pronto descubrió el origen de su mirada, sonrió burlonamente, esto apenas comenzaba para ese par.
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Archie y Candy seguían devorándose con la mirada, de repente se escuchó una voz conocida que, a ambos, les heló la sangre.
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— Candy, ¿me podrías conceder esta pieza? Por favor.
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Ambos voltearon y se quedaron sorprendidos, era Terry Grandchester.
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Continuará
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Nota: Lápiz labial.
Se dice que en el año 3500 antes de Cristo las mujeres usaban un tipo de mezcla para colorear los labios hecho por plomo. Después en Grecia, en el año 1000 antes de Cristo, solo las prostitutas debían llevar un tipo de lápiz labial para distinguir a las mujeres de buena familia y a las que no lo eran. Los hacían usando algas marinas, flores, bayas, ocre rojo, estiércol de cocodrilo, bayas machacadas y varias resinas. Así el uso de mezclas para los labios vario a través de los años. Los ingredientes cambiaron drásticamente en 1850 y se dejó de usar el plomo y bermellón ya que eran peligrosos para la salud. En 1884, se creó la primera barra para los labios y fue presentada por perfumistas en Paris en papel seda y fue elaborado con sebo de ciervo, aceite de ricino y cera de abejas. En 1915, los tubos de lápiz labial se comercializaron por Rossetti, y en 1920 el lápiz labial giratorio se comenzó a usar.
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Les invito a leer mis otras historias:
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"Stear: Reflexión Al Amor Perdido." Es una mini historia de dos capítulos escrita para celebrar su cumpleaños.
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"Bajo La Luz De La Luna." Mi primera historia en fancfiction, es un Anthonyfic.
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"Una Nueva Oportunidad." En un Albertfic escrita para celebrar su cumpleaños.
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A todas las personas que han dejado mensajes, y a las que solo me hacen el favor de leer estas historias de forma anónima. Muchísimas gracias por apoyar estas historias, se los agradezco infinitamente.
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Agradecimientos
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Primeramente, quiero pedir una disculpa por haber tardado tanto en actualizar, me enfermé, tuve unos problemas familiares y también las musas andaban en huelga.
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Gracias todas personas que me regalaron comentarios en el capítulo anterior, a todas las que han agregado mi historia a su lista de favorita y a su lista de alertas, a todas las que han agregado mi nombre en la lista de autores favoritos y a su lista de alertas, y a todas aquellas que me han leído en forma anónima en el pasado capítulo. Si alguien se me paso, de antemano les pido una disculpa. Le doy las gracias en especial a mi amiga Maravilla 121 quien siempre me hace el favor de leer mi borrador, gracias amiga es un apoyo enorme, y a Luz quien también siempre me hace el favor de decirme si hay errores en el capítulo. Gracias.
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Divette56: Gracias por poner mi historia en tu lista de alerta.
Liliana81: Gracias por poner mi historia en la lista de alerta
Crazzy76: Muchas gracias amiga, y si son un par de tontos, jajajajaja, más ciegos que un topo. Espero que sigas disfrutando la historia. Gracias por tu apoyo.
Maravilla121: Gracias amiga por todo tu apoyo y por revisar mi borrador como siempre, es una ayuda enorme.
Sandy Sanchez: Jajajajaja, me encanta tu sentido del humor, adoro a este Albert y me da gusto que lo estés disfrutando. Gracias por tu apoyo.
Luz: Gracias amiga como siempre por toda tu ayuda, corregí todo lo que me recomendaste, muchísimas gracias por toda tu ayuda. Yo por más que trató se me van muchísimos horrores. En cuanto a la historia, si amiga ese par están ciegos y aparte son celosos, gracias por tu apoyo.
Pelusa778: Si amiga, lo use, gracias, te voy a agarrar la palabra y si no lo uso en esta las usare en otras. Gracias por tu apoyo.
Pinwy Love: Que bueno que estas disfrutando la historia y si son un par de orgulloso, celosos y ciegos, pero bueno hay que ponerle pimienta a la historia. Gracias por tu apoyo.
Kamanance: Si amiga esta es uy miedosa y celosísima, eso si se cree Sherlock Holmes. Muchas gracias por tu apoyo.
Tiza20: Gracias por poner mi historia en tu lista de favoritas, por poner mi nombre en tu lista de autores favoritos y por seguir la historia, gracias.
Guest 1: Désolé de n'avoir jamais eu l'intention d'offenser qui que ce soit, je suis catholique et si j'utilise la parole de Dieu quelque part dans l'histoire, cela ne devait jamais offenser. Je suis mexicaine et parfois vous vous exprimez comme ça et ce n'est pas offenser. Je suis désolé que cela vous dérange. Merci pour ton message.
Guest 2: Que lindo mensaje, muchas gracias. Tarde, pero segura, disculpa la tardanza.
Loreley Ardlay: Jajajajaja, me mataste de la risa amiga, y sí amiga tienes razón Candy tiene que agarrar el toro por los cuernos, pero ya ves como es Candy, complica todo solita. Gracias por tu apoyo.
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Gracias querido lectores por su apoyo
Cuídense
