Hola Niñas!
He aquí un nuevo capítulo de esta historia entre este parcito. Queria aprovechar y agradecer los comentarios, de verdad son un muy buen aliciente para quien escribe. Así que no sea tímida, y déjeme su parecer, si?.
Besotes a todas y mil gracias nuevamente! =)
-Señor, averigüé lo que me pidió- dijo Sam, entrando a mi despacho
-Habla-
-Aquí tiene todos los datos de la señora Swan. Su dirección, la dirección de su trabajo, sus teléfonos, incluso su horario de trabajo. No fue difícil de encontrar. Ella es una abogada conocida allí- le dijo, extendiéndole los documentos a Edward, quien los revisó con calma, y con algo de satisfacción. Y es que lo que había quedado pendiente con Bella lo acabaría, pues él no era de las personas que dejara "asuntos inconclusos".
-Gracias Sam. Pídele por favor a mi secretaria que cancele mis reuniones de este lunes, y hazte cargo de la reunión con los constructores-
-Como diga señor, ¿algo más?-
-Sí, una cosa: deja de llamarme señor. Sam, nos conocemos desde la infancia, fuimos juntos a la universidad, no soy mi padre para que me trates con tanta ceremonia-
-Eres el jefe a cargo, no puedo tutearte como cuando estudiábamos-
-Sí puedes, acabas de hacerlo Sam. Somos amigos-
-Eres mi jefe-
-No lo soy. Somos compañeros de trabajo, eres mi mano derecha, no soy tu patrón, ¿me oyes?-
-Está bien. Ahora que entramos en confianza, dime que te traes con la señora Swan...-
-¿Con Renée? Sam, por favor. Ok, admito que se mantiene perfectamente bien para su edad, pero no es mi tipo-
-Entonces es la chica, ¿no?-
-Lo es. Digamos que dejé con ella algo pendiente. Debo hablar con ella...-
-Oye, se ve una chica sensible, no la hagas sufrir. Conozco tu fama, además, tienes a Victoria a tus pies-
-Sam, sermones no por favor. ¿O acaso también tienes algo con Bella?-
-Muy gracioso "jefe". Ahora me voy. Llega una comitiva japonesa, y debo recibirlo, ¿Por qué supongo que tú no lo harás, no?-
-Delego en tus hombros tan honrosa responsabilidad con los hermanos nipones, Sam-
-Como digas- dijo Sam, saliendo de la oficina. Edward volvió a contemplar los papeles con la información que le había traído. "Bien Edward, qué harás"... se decía, evaluando la posibilidad de esperar a ir hasta Forks hasta el lunes como inicialmente lo pensó, o largarse ya mismo. Y es que para el lunes faltaban tres días, demasiado. Finalmente lo decidió: se iba a Forks esa misma tarde, y pasaría allí el fin de semana. Levantó el auricular, y le pidió a su secretaria que le reservara una habitación en el mejor hotel de Forks. Además le pidió que cancelara las citas de hoy, además de las del lunes. Su secretaria obedeció al instante. Enseguida subió hasta su recamara, y recogió algo de ropa para meterla en una valija pequeña. En eso estaba cuando tres golpes en su puerta lo interrumpieron.
-Cuando desperté ya no estabas- le dijo Victoria, entrando a su cuarto, y besándolo, sin darle tiempo de reacción.
-Tenía pendientes temprano. Ahora se presentó un imprevisto que debo resolver, así que no estaré aquí el fin de semana-
-Pues te acompaño-
-No Victoria, es un asunto privado. Ahora te dejo que debo partir. Fue un gusto verte- le dijo, tomando la maleta que acababa de cerrar, para enseguida salir del cuarto
-¡¿Te vas así, sin más? Pensé que lo de anoche...-
-Pensé que me conocías Victoria. Fue una muy pero muy buena noche, pero nada más-
-Si gustas puedo esperarte para que repitamos la velada- le dijo acariciando sensualmente el pecho de Edward
-Quizás Victoria, quizás- le dijo, y salió raudo rumbo a su carro.
Bella se sentía en paz y refugiada en su cuarto. Atrás habían quedado esos extraños días en Seattle en donde había conocido a... él. De seguro nunca volvería a verlo, así que se relajó, encendiendo la radio de su cuarto, y escuchando a todo volumen su disco de Radiohead que tanto la relajaba. Se ubicó frente al ordenador, y navegó en internet durante un buen rato. Sintió su teléfono móvil sonar, así que bajó el volumen, vio el visualizador, esbozó una sonrisa, y contestó:
-¿Jake?-
-Bella, por qué no me dijiste que habías vuelto-
-Llegamos anoche, muy tarde. Mamá está en su oficina, tenía mucho trabajo pendiente. Yo estoy revisando algunas cosas en internet-
-Entonces no estas ocupada. Bella, debo hablar contigo. Voy ahora hasta tu casa, ¿si?-
-Te espero Jake- dijo ella. Pasados veinte minutos, el carro de Jacob aparcó afuera de la casa de Bella.
-¡Jacob!- le dijo, echándose a sus brazos
-Bella, mi Bella. Me alegro que hayas regresado- dijo él, estrechándola en sus brazos
-Dime, que es lo que tenías que hablar conmigo-
-Este, verás: hablé con mi padre y acepté ir a la universidad de Boston. Este fin de semana debo viajar hasta allá para arreglar unos asuntos, y quería ver si querías acompañarme-
-Oh, vaya...- dijo ella, nerviosa. Y es que no sabía que responderle. Un viaje a solas con Jake podía sé el detonante de muchas cosas... la piel se le puso de gallina, e intentó tranquilizarse y buscar una respuesta apropiada
-Bella, si no quieres, o no puedes, dímelo. Es solo un fin de semana. Sólo pensé que podíamos aprovecharlo para estar tú y yo juntos-
-Jake, acabo de regresar, también tengo pendientes aquí y debo ocuparme de mi estadía en Seattle, ya va llegando el tiempo de partir, y hay cosas que no...-
-Entiendo Bella. Y sobre lo que te pedí que pensaras, ¿tú ya sacaste alguna conclusión?-
-Jacob, no he pensado en nada aun, pero no apresuremos las cosas, ¿si?, dejemos que simplemente sucedan. Sabes que te quiero...-
-Ya sé, y tú sabes que me gustaría que eso sea suficiente para que me dijeras que sí...- dijo con su tono de voz algo triste. Ella lo notó, y se acercó a él para abrazarlo. Jacob encantado respondió al abrazo.
-Ok, sólo venía a eso, ya está anocheciendo y debo preparar mi maleta. El vuelo sale mañana temprano, pero te llamaré en cuanto llegue, ¿sí?-
-Esperaré por tu llamada- aceptó Bella, poniéndose ambos de pie para salir. Una vez en la entrada de la casa, Jacob se acercó a Bella, rodeándola por la cintura:
-Bella, estaré lejos el fin de semana. Este, ¿crees que me puedas dar un beso de buena suerte?- preguntó tiernamente. Ella sólo sonrió
-Sí Jake. Bésame- le pidió, y él de inmediato posó sus labios sobre los de Bella, besándola tiernamente por varios minutos.
Desde una esquina, y dentro de un auto aguardando en la oscuridad, Edward observó la escena, y desconociendo el motivo, aferró violentamente sus manos sobre el manubrio, mientras que sintió que su cuerpo se tensaba de rabia. "Seguramente ese muchacho ha sido el único que la ha besado. Pero que no se preocupe, que ya sabrá que tal son mis besos, y podrá comprar quien es más diestro en el arte del ósculo. Si ese, o yo", concluyó Edward.
Bella entró a su casa con una sensación extraña. No sabía si había sido la pericia de Jacob de besarla así, o qué. No le dio mayor importancia, y marchó de regreso a su cuarto. A mitad de la escalera se devolvió, pues la puerta volvió a sonar. "Jacob", pensó ella de inmediato:
-¡Qué has olvidado, Jac...- dijo, abriendo la puerta, pero dejó la frase hasta la mitad, pues se quedó inmóvil ante la imponente y desconcertante imagen masculina que estaba en el umbral de su puerta
-Sorpresa- dijo Edward afirmándose contra el marco –Me sentí un poco ofendido de que te vinieras sin despedirte. Debo enterarme si los pasajeros del hotel se van por problemas con el personal o algo así... ¿Puedo pasar?- preguntó, ante lo que Bella solo atinó a mover la cabeza afirmativamente, pues la sorpresa no la dejaba hablar. Él entró y observó la acogedora y muy bien decorada casa. Pequeña, pero con estilo.
-Es bonita tu casa. Supongo que tu madre no está, ¿no?- preguntó él, y ella negó con el movimiento de su cabeza.
-Y dime, el chico que se acaba de ir ¿es tu novio, o algo así?-
-¿Qué haces aquí?¿Cómo supiste donde vivía?- preguntó ella, despabilándose.
-Te lo dije, me ofendió que salieras sin despedirte, tan de prisa, como si estuvieses arrancando de algo... o de alguien-
-¡No arrancaba de nadie! Sólo tenía apuro por volver, pues mamá y yo tenemos cosas pendientes aquí-
-Claro, claro. Pero no me respondiste la pregunta sobre el chico que salía de tu casa...-
-¡No tengo que responderte nada, eres un desconocido...!-
-¡Basta de decir que soy un desconocido! Bella, dime de una vez por qué te escapas así de mí- dijo él, comenzando a perder la paciencia con ella. Rara vez se iba con rodeos, pero claro, con ella era la excepción.
-¿Tan importante te crees, que piensas que me estoy arrancando de ti? ¡No tengo por qué arrancarme, no tengo por qué responder a todo lo que me preguntas, no tengo por qué darte explicaciones de mis actos. Tú eres un desconocido para mí!- soltó Bella furiosa, y es que acababa de decidir que no se dejaría intimidar por ese hombre.
-Eres realmente tozuda. Pensé que lo de la cena nos había acercado, o por lo menos pensaba que ya no me considerabas un desconocido-
-Esa cena fue solo eso, una cena...-
-Pero aquí estoy yo, siguiéndote para entender qué pasa por tu cabecita, qué es lo que tienes en contra mío...-
-¿Quieres saberlo? Pues si piensas que soy una tímida y tonta muchachita, estás equivocado. Sé distinguir cuando un hombre quiere sincera amistad o sólo una muchacha para pasar el rato, y tú no coincides en el prototipo de hombre que calce para la primera opción. No me interesas, así que regresa a tu hotel con tu novia, y déjame en paz- le espetó ahora sí furiosa. Y fue peor cuando vio la cara de entretención de Edward, que la miraba con una sonrisa, divertidísimo.
-¿Se trata de eso, se trata de lo que viste anoche en el elevador?-
-No me interesa lo que hagas con tu vida. De veras, no quiero que seas ni mi amigo ni mi enemigo...-
-Me encantas, Bella- intervino Edward, realmente fascinado –Y es que nunca una mujer me había hablado con ese tipo de pasión como tú lo acabas de hacer...- y eso era cierto. Ninguna mujer, nunca, lo había enfrentado así.
-¡¿Estás sordo? ¡¿Tienes problemas de comprensión? ¿A caso lo comprenderías mejor en alemán? Pues presta atención: Ich bin nicht interessiert! (N.A: "No me interesas" en idioma alemán).- le espetó ella, haciendo uso de su escaso conocimiento del idioma alemán. Y es que de pequeña, su madre la amenazaba con clases de ballet y ella para evitar pasar vergüenzas innecesarias en esas clases, prefería tomar cursos de idiomas.
-Me encantas...- repetía Edward como hipnotizado, quién se sentía absolutamente seducido por la chica -¿Tendría algún problema con tu novio si te besara?- le dijo, comenzado a acercarse a ella.
-¡Aléjate! ¡Y sí, claro que tendrías problemas! ¡él es muy celoso, y violento! ¿Y olvidas a tu novia?-
-Victoria no es mi novia. No tengo novia, te lo dije hace días-
-Pues la colorina parecía tu novia-
-Pues no- dijo tranquilamente, sin perder el tono sensual que llevaba usando.
-Oye, de veras, aléjate. Idiomas no es lo único que he aprendido. Me sé defender...-
-Estoy ansioso por ver eso también...- dijo ahora, muy cerca de ella
-Mamá... mamá está por llegar-
-Seguro estará feliz de verme- le hablaba sin apartar su mirada sensual de ella. Y eso comenzó a hacer efecto sobre Bella, quien comenzó a temblar, perdiendo la rudeza y determinación con que había tratado a Edward.
-Voy a gritar- susurró
-Otra cosa que ansío es oírte gritar- dijo, comenzando a llevar sus manos hasta la cintura de la chica, que temblaba y sentía que su mente y raciocinio se tornada brumosa, sin dar espacio a pensar en cómo zafarse de las manos de Edward, que ahora ya la tenían totalmente ceñida a él, y es que sentía su cuerpo pegado al de ella. Aunque ni siquiera se atrevía a tocarlo, manteniendo las brazos alzados. No sabía que le pasaba.
-Basta... Edward... por favor...-
-Me gusta como se oye mi nombre en tus labios- dijo él, susurrando con sus labios cerca de los de ella.
-De veras... si no me sueltas...-
-¿Si no te suelto qué?- dijo él, deteniéndose unos milímetros de sus labios para provocarla. Ella, en un arranque de cordura, decidida lo pateó en una canilla con fuerza, haciendo que Edward la soltara. Ella aprovechó de correr hasta la puerta y abrirla:
-¡Vete Edward! Y deja ya de molestarme-
-¡Maldita sea, eres una bestia!- dijo, volteándose hasta ella, molesto no. estaba realmente furioso.
-Sí, lo soy. ¡Ahora vete!-
-Escúchame niñita: esta patada me la cobraré...-
-¡¿Ahora me amenazas con que me golpearás?-
-¡Oh, santo Dios. Estas loca, nunca golpearía a una mujer. Y cuando hablaba de cobrarme, no pensaba precisamente en violencia!-
-Ok, vale. Ahora vete a tu hotel, que tu novia te espera-
-Cuando sea, y como sea te domaré, pequeña gatita montesa..- dijo, pasando por su lado, y saliendo aireado de la casa de Bella.
"¿Gatita montesa?¿me dijo gatita montesa? ¡Y ese qué se cree para llamarme así, eh? ¡Maldito engreído!- dijo, subiendo a su cuarto con un humor de los mil demonios.
