Lα ηιñα dε mιs σנσѕ: Revelación
Por Tokio Cristal
NOTA DE AUTOR, POR FAVOR LEER:
No he podido actualizar por asuntos personales de fuerza muy mayor.
Edité los capítulos anteriores porque había muchísimos errores. Fueron hechos a las apuradas y hubo cosas horrorosas que arreglar. Los invito a pasar por los anteriores capítulos para guiarse mejor, además de que hace año y medio que no actualizo y así se guían en el hilo de la historia. Sé que los he mareado con algunas cosas que no aclaré, o con diálogos de los personajes redactados a medio camino, esas son las cosas que están corregidas, pero las situaciones que han transcurrido a lo largo de la historia siguen siendo las mismas.
Muchas gracias por los reviews, los favoritos, las alertas, tanto en esta historia como la historia anterior. Gracias por el apoyo y espero que sea de su agrado. Cualquier consulta no duden enviármela.
En este capítulo no aparece Mina Aino ni Seiya Kou. He decidido centrarme más en la nueva relación de Darien con Serena.
ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN
Esta historia se ubica CRONOLÓGICAMENTE, un año con algunos meses después de los sucesos ocurridos en "La Niña de Mis Ojos"
La edad de Darien es de 29 años, y la edad de Serena en los primeros cuatro capítulos es de 17 años, en el quinto capítulo ya tiene 18 años.
El guión corto (-) son notas, el guión largo (—), como saben, son los diálogos.
ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN
CAPÍTULO VII: Relación complicada
SERENA POV
Desde hace un par de semanas estamos saliendo otra vez. ¿Otra vez? Es raro catalogarlo como "otra vez" porque en realidad jamás terminamos nuestra relación de modo oficial. Es más, sólo tuvimos un lapso de distanciamiento entre los dos, porque Darien terminó perdiendo su memoria.
¿Está bien que yo esté de novia con él? No lo sé, pero cuando uno ama de verdad a una persona hasta en la enfermedad lo acompaña. Y hay algo que jamás voy a admitir en voz alta y es que sinceramente mis esperanzas también se están esfumando a medida que marchan las agujas del reloj...
Entré al hospital, después de todo hoy me invitó a comer a su casa, y no tardé mucho en localizarlo. Lo ví a treinta metros de mí, en un rincón, charlando muy animadamente con Unazuki, la hermana de Mauricio. Interiormente sobrevuelan aquellos nervios que siempre tengo al verlo. Son nervios por lo desconocido, como si cada vez que lo veo es como si lo estuviera viendo por primera vez. Después de todo, hoy en día, más allá de nuestro noviazgo, somos dos completos desconocidos...
Darien extendió su brazo izquierdo y descansó su mano contra la pared en la que está apoyada la espalda de Unazuki. Observé con los ojos penetrantes toda la figura masculina. Cabello negro. Ojos azules. 1,88 de altura. Delgado. Atractivo. Se inclina levemente hacia ella y le dice algo. La chica se cohíbe sonriendo tímidamente. Fruncí el ceño con fuerza.
¿Qué diablos está haciendo Darien?
Caminé hasta ellos.
Él se percató enseguida de mi presencia.
—Serena… —susurró con sorpresa.
—Darien —susurré con reproche.
Unazuki me observó con sorpresa.
—Oh, pero si es tu prima —agregó.
Mi espalda se crispó y mis labios se abrieron levemente. Creo que si en ese momento alguien hubiera encendido a mis alrededores un fósforo, habría explotado por los aires el hospital.
—No soy su prima —susurré entre dientes, cuando recuperé la compostura—, soy su novia...
Los ojos de ella se abrieron con sorpresa y miró hacia mi novio, como no comprendiendo el asunto.
—Darien, la primera vez que la vi dijiste que era tu prima.
Él rió con nerviosismo y pasó su brazo por detrás de su nuca. Mi ceja se movió nerviosa.
—Es que en esos tiempos nos estábamos conociendo con Serena.
Los labios de Unazuki titubearon.
—¡Pe... pero —exclamó señalandome— ella es tan sólo una niña!, ¡no aparenta más de quince años y lleva un uniforme escolar!
Creo que me están por crecer músculos de la furia que se está acumulando en mi interior.
—No, no —negó Darien moviendo frenéticamente sus manos frente a su rostro—, te equivocas Unazuki, Serena tiene veinte años.
—¡Tengo dieciocho —grité ya sin poder contenerme—, los cumplí hace tres semanas, y llevo el uniforme escolar porque es mi ultimo año de preparatoria!, ¡DARIEN NO MIENTAS!
Darien se tensó como un soldado a punto de ser acribillado en un batallón. Se acercó lentamente hasta mi cuerpo, que estaba rígido como un gato a punto de atacar, y pasó uno de sus brazos sobre mis hombros, virándome hacia la salida y haciéndome caminar.
Con una tímida sonrisa, alzó su mano en son de despedida, mientras yo observaba a Unazorry con deseos de mujer asesina.
Salimos del hospital y caminamos directo al estacionamiento.
—Eso fue vergonzoso Serena.
—Estabas coqueteando con ella.
—No es verdad.
Paré mis pasos y respiré hondamente.
—¿De qué hablaban con Unazuki?
—Hay un chico en el laboratorio que está loco por ella. Sólo le di un consejo de amigo.
Mi ceja se movió nerviosa y puse mis manos en jarra sobre mis caderas.
—Ah, ¿sí?, ¿qué tipo de consejo?
Darien rió.
—¿Acaso estás celosa?
—No, sólo quería saber...
—Está bien.
Él puso sus manos dentro de su túnica de médico y continuo caminando hacia su auto. Apreté mis puños con fuerza e intenté contar hasta diez…
…uno… dos… tres… ¡DIEZ!
—¡Cuando te digo que sólo lo quería saber, es porque me lo tienes que decir de todas formas! —grité casi echando fuego por la boca.
Paró sus pasos y me miró con las cejas alzadas.
—En apariencia te ves tierna pero tu actitud es la de un ogro —dijo riendo. Creo que me estoy poniendo verde como Hulk—. Le dije que le dé una oportunidad al muchacho del laboratorio, sólo eso.
—¿Y eso es un consejo?
—Sí, lo es. Y si no me crees pues eso ya es tu problema —repuso molesto mientras presionaba el botón de la alarma.
Abrió la puerta del acompañante y esperó a que yo entre. Lo hice. Cerró la puerta y se subió por el lado del chófer.
—Bien, iremos hasta mi casa.
No le respondí.
Me puso el cinturón de seguridad y luego se lo colocó a él.
—No soy una niña, sé ponerme el cinto sola —musité con la boca como un pato y el ceño arrugado.
—Sí, lo sé, pero si descruzaras en algún momento tus brazos tal vez podrías hacer algunas cosas por ti misma.
—No voy a descruzar mis brazos porque estoy molesta contigo.
No respondió. Encendió el automóvil y comenzó marchar por la carretera principal.
El silencio se retornó incomodo.
Puse la radio…
… "e intentado encontrarte en otras personas. No es igual, no es lo mismo, nos separa un abismo…"
Cambié de emisora…
…. "fuiste matando mis pasiones, tachando mis canciones, me tenías pisoteado, estaba desahuciado…"
Cambié otra vez.
… "si diez años después te vuelvo a encontrar en algún lugar, no te olvides que soy distinto que aquel pero casi igual…"
Mis cejas se fruncieron y comencé a cambiar nerviosamente de estaciones.
… "algo quieres esconder que no sé que es y ya me hace daño…"
… "vuelve, que la vida se me va…"
… "te lloré todo un río…"
… "si tu credulidad se deterioro en algún lugar, no te olvides que sólo soy testigo casual de tu soledad…"
… "contéstame, aunque duela dime porque ya no te brillan las pupilas cuando me miras…"
No se porque. Pero las letras de estas canciones me suenan a indirectas. Es como si algo sobrenatural estuviera jugando conmigo. Suspiré con fuerza.
Paré en una estación en la que no estaba pasando música.
… "acaba de llegar la estación de música cristiana… Oh, Reino de Dios…"
—Saca eso Serena si no deseas que abra la puerta del chófer y me tiré rodando hacia la carretera —susurró irónicamente Darien.
Cambié por última vez de emisora.
… "lo robo con una mano, lo robo que yo lo vi, cho chorro robo el taxi, cho cho chorro robo el taxi…"
Arranqué la radio, abrí el compartimiento y la tiré ahí adentro. No dijimos nada. De repente Darien encendió el señalero y se fue arrinconando hacia la vereda. Dobló dentro de un camino de tierra en medio de un bosque. Lo miré sin entender y luego observé hacia mis espaldas como íbamos perdiendo de vista la autopista principal. Finalmente dobló en una curva y apagó el auto.
Estamos solos y rodeados únicamente por árboles.
Darien puso sus manos encima de su falda y me miró de arriba abajo con expresión aburrida. Mis mejillas se encendieron y sentí un calor inmenso subir por todo mi cuerpo.
—Escúchame —pidió suavemente—, de verdad no estaba coqueteando con Unazuki…
Repentinamente me sentí avergonzada por mi actitud anterior. Es verdad. Es tanto el miedo que tengo de desconocerlo que ya no confío en Darien… Shields. Y es que es así. La confianza es un tema que tenemos que trabajar en nuestra relación.
Acomodó el espejo retrovisor, cosa de que pudiera ver sólo su reflejo. Se arregló algunos mechones desprolijos de su cabello y continúo diciendo:
—Se supone que tú eres la única persona realmente familiarizada con el pasado que no recuerdo.
—¿Por eso estás conmigo?
Movió sus hombros y puso su brazo encima del volante, mientras miraba hacia la nada.
—No lo sé…
Mi corazón se detuvo por un instante y, sin pensarlo, acerqué mi mano hacia su mejilla. Él viró su rostro hacia mí. Y todo sucedió rápido. Tan rápido que me tomó por sorpresa.
Me besó con intensidad mientras mi espalda chocó contra la puerta del acompañante. Casi la mitad de su cuerpo estaba encima de mí. Envolví mis brazos por encima de sus hombros. Sus labios se sienten diferentes, aunque su fisonomía sea la misma. Son como besar algo que no conozco. Algo que él no reconoce. Falta esa sensación en el pecho. Esa pequeña opresión de felicidad o de amor. Sólo hay pasión desmedida…
Siento sus manos tocar mis caderas.
Sé que le gusto.
Y mucho.
Pero eso no es suficiente.
Yo quiero ser la excepción a la regla, esa excepción que era importante para mi Darien, esa excepción que me hacía sentir única, que me hacía sentir que él era el único, pero no lo encuentro, no lo hallo por ningún lado. ¿Dónde está eso?, ¿qué era lo que hacía tan especial nuestra relación?
Sus manos se cuelan por debajo de mi buzo, rozando mi piel caliente. Suspiré cuando sus labios se trasladaron de mi quijada hasta mi cuello y de reojo vi su abultado pantalón. Siento aflorar los nervios… ¡nervios!
Lo empujo por inercia separándolo abruptamente de mi cuerpo.
—Está bien —musitó con las mejillas ardiendo y mirando hacia cualquier lado menos a mí—, perdón si te he incomodado.
—No es eso —titubeé con la respiración agitada, intentando recuperar la compostura.
Darien no dijo nada más. Apoyó su codo contra el apoyabrazos de la puerta del conductor y descansó su dedo pulgar contra sus labios, mirando pensativo hacia las afueras. Lo analicé. Es hermoso. Con sus cabellos despeinados y las mejillas enrojecidas. Es mi Darien, físicamente lo es. Pero sólo veo el envase, no la persona que está dentro. Su pecho se alzó en un sentido suspiró y miró hacia el frente mientras encendía el auto. Sacó el freno de mano, puso primera en la caja de cambios y apretó el acelerador.
A lo largo del camino no volvimos a hablar sobre el tema.
Llegamos hasta la mansión. Las enormes rejas se abrieron, dando paso a un cuidado y lujoso jardín. Manejó hasta la entrada, bajó sin decir nada y luego me abrió la puerta del acompañante. Después de todo su caballerosidad no ha cambiado con el tiempo.
Le entregó las llaves del auto al chófer particular de Armando.
—Guárdalo en el garaje —le dijo.
El hombre simplemente asintió y se fue con el auto.
—Vamos Serena.
Lo seguí. Saludé con la misma torpeza de siempre a los sirvientes. Después de todo, tanto lujo me sofoca y todavía me sorprende. Fuimos hasta el comedor, donde se encontraba Armando leyendo entretenido un diario mientras tomaba una taza de café. Apartó sus ojos de la lectura y nos miró.
—Oh, ma petit Serena… —murmuró para luego sonreír con su perfecta hilera de dientes—, hace tres días que no venías a visitarme. Por un segundo temí de que me hubieses abandonado pequeña...
Darien frunció el ceño.
—Serena no viene a visitarte a ti —enfatizó con cara seria y luego se fue hacia la cocina.
—Que cara… —comentó Armando con los ojos entrecerrados—, ¿qué le ha pasado?, ¿por qué está así?
—Por nada… —respondí sentándome tímidamente a un costado de la mesa.
Armando parpadeó con rapidez e ingenuidad.
—¿Por qué te sientas tan lejos de mí? Siéntate más cerca.
—Acá estoy cómoda.
—¿Piensas que Darien se va a molestar? —negué rápidamente con la cabeza—, no te preocupes. Últimamente está muy irritado... se enoja por cualquier cosa.
Tomó un sorbo de su café y retomó su lectura en el diario. De repente, lo escuché suspirar largamente. Un suspiro que -si no fuera porque sé que Armando no es un hombre muy sentimental- se escuchó como la de un hombre enamorado.
—Estás muy linda hoy… —musitó más como para si mismo que para mí.
Me ruboricé y él, como si se hubiera percatado de lo que dijo, acomodó su garganta levantando el diario, cosa de que yo no le vea el rostro.
No entendí su reacción. Pero tampoco quiero indagar en eso.
Darien regresó al comedor. Sus manos sostenían una bandeja con encima una taza de chocolate y pastelitos. La dejo a lado mió.
—Come, se que te gustan —me dijo con una sonrisa amable, luego miró hacia Armando y su rostro volvió a retornarse amargo.
Desde que estoy con Darien, he subido de peso. Él se ha tomado la molestia de empezar a alimentarme como si fuera un pavo para el día de acción de gracias. Antes estaba muy flaca. Demasiado, debo admitirlo, pero ya he regresado a mi peso normal.
—¿Tú no comerás? —le pregunté.
—Yo beberé.
Darien había tomado esa nueva costumbre. Jamás he visto a mi novio borracho, pero sí lo he visto tomar alcohol inclusive en horas tempranas de la mañana,. Lo hace cuando está muy frustrado. Son pequeños detalles que he aprendido a medida que conozco "nueva" personalidad de Darien. Nunca me dice que es lo que le molesta. No habla mucho sobre sus sentimientos. No tiene esa confianza conmigo.
—Oh, frère, no es hora de beber, son las seis de la tarde —opinó Armando.
—Tú cállate.
—Darien, no bebas, mejor come algo… —le pedí con la voz dulce.
Me miró pero no dijo nada. Simplemente fue hacia el bar y se trajo una copa con vino. Suspiré sosteniendo uno de los pastelitos y comiendo un bocado de manera desinteresada. Creo que me estoy comenzando a deprimir y necesitó azúcar en mi sangre.
—Bien, ya que estamos los tres juntos, es la primera vez que tenemos un invitado para cenar —dijo Armando con alegría—, nunca te has quedado hasta tan tarde en la mansión, Serena, así que dime, ¿qué te apetece cenar?
—¡PIFZZAH! —respondí de inmediato con seriedad sin dejar de masticar mi pastel de chocolate.
Armando parpadeó sorprendido.
—¿Pizza? —cuestionó pasmado como si no me entendiera.
Darien casi vuelca su vino mientras intentaba esconder su risa.
Los miré confundida mientras estampaba otro pedazo de torta dentro de mi boca.
—¡Sí! —asentí con la boca llena de chocolate—, ¡que ricos son estos pastelitos Darien!, ¿te molestaría prestarme un bol para llevarle algunos a mi mamá?
Entonces nuestras miradas se cruzaron y pude ver una pizca de reconocimiento en su mirada, como si mi antiguo Darien estuviera ahí detrás. Me sonrió levemente con ternura y mi corazón se detuvo.
—Darien… —suspiré con el pecho oprimido— te quiero… —susurré como un secreto, deseando que el Darien que yo amaba, el que estaba bien oculto en su interior, me escuchara.
Él apartó su mirada de mí y bebió un poco de su copa con vino. El ambiente se volvió tenso inmediatamente. Armando, viendo la situación, buscó hacer algún comentario gracioso que nos hiciera reír, pero mi corazón ya para entonces se había roto como un cristal lanzado fuertemente contra el suelo…
—Bueno entonces le diré a mis cocineros que hagan pizza… —agregó el chico rubio.
—Mejor pidamos delivery —sugerí.
—¿Delivery? Jamás he pedido un delivery de una pizzería.
Darien suspiró.
—Armando es muy quisquilloso respecto a la comida. Él sólo come cosas con un gusto muy refinado… —comentó.
—Pero la pizza es la séptima maravilla del mundo dentro de la cocina… —enfanticé con el rostro serio.
Armando sonrió ampliamente.
—Pediremos pizza entonces.
Y así fue como Armando llamó al delivery y pidió quince pizzetas, de sabores diferentes. A las ocho de la noche ya estábamos comiendo. Nunca en mi vida había visto tanta pizza junta. Y comí tanto en la cena que creo que Darien va a tener que llevarme rodando hasta mi casa.
Después de terminar de comer nos tomamos un descanso en la sala de juegos. Mientras Armando y yo jugábamos a las cartas del UNO, sentados sobre la alfombra, Darien se mantenía en el sillón leyendo un libro sobre Física y no sé que más cuestiones. No le pregunté porque sé que no lo voy a entender cuando intenté explicármelo. Además, son temas muy aburridos para mí. Por otra parte, debo admitir que desde que estoy de novia, la relación con mi cuñado es fantástica. Nos llevamos demasiado bien y coincidimos en varias cosas. Armando, a pesar de su edad y de ser mayor que Darien, es mucho más jovial y aniñado.
—¡UNO!, ¡te gané otra vez! —gritó Armando alzando sus manos vacías frente a mi rostro.
Miré mis manos casi con una bajara casi completa de cartas. La verdad soy pésima para jugar a este juego.
—¿Y ahora qué quieres hacer?
Alcé mi vista hacia el reloj de pie.
—En realidad creo que ya es hora de irme —dije mirando hacia Darien.
Él bajo la mirada del libro y apoyó el dorso de su mano contra su mejilla, observándome de modo aburrido.
—¿Irte? No tienes porque irte —indicó extrañado Armando, apoyando levemente su mano sobre mi mano. Pude escuchar un sonido de hojas siendo apretadas—, puedes quedarte si quieres. Si Darien no te deja, yo te doy permiso. Mi mansión es muy grande —agregó coqueto guiñándome un ojo—, además puedes elegir la habitación que más sea de tu agrado.
Repentinamente me sentí como en el cuento de la Bella y la Bestia. En una mansión encantada, junto a un príncipe solitario, que jamás salio de los alrededores de su castillo. Eso era él, Armando. Un ángel precioso -no una bestía fea- perdido entre tanta ostentación. Al principio cuando lo conocí fue como un ogro arrogante pero luego con el tiempo vi otro lado más positivo de su personalidad.
—Bueno —acepté moviendo mis hombros—, me quedaré entonces…
—… en mi habitación —agregó Darien levantándose del sillón y extendiendo una mano hacia mí, como indicándome que ya era hora de levantarme del suelo e irme con él.
Armando sostuvo más mi mano.
—Ella se quedara en la habitación que quiera.
—Contigo en los alrededores por supuesto que no.
Podía sentir las chispas salir de los ojos de ambos hermanos. Al ver mi nula reacción, Darien me rodeó y se inclinó sobre donde estaban las manos de Armando y la mía juntas. Apartó la mano de su hermano y sostuvo la mía, obligándome a pararme.
—Buenas noches Armando —dijo Darien sin dejar de sostener mi mano y comenzando a arrastrarme hacia el corredor.
Armando sostuvo la muñeca de mi mano libre haciéndonos parar nuestro trayecto. Mi novio se viró furioso sobre sus pasos y enfrentó su rostro contra el de su hermano. En ese momento deseé ser como Alicia en el país de las maravillas, para así convertirme en pequeña y desaparecer de allí.
—Suéltala.
Armando lo ignoró plenamente y dirigiéndose hacia mí, me pidió con el temple tranquilo:
—Serena, quédate un rato más conmigo.
Mis labios titubearon al ver su suave mirada, pero antes de que pudiera decir algo, Darien me interrumpió.
—¡Elle est ma fiancée!
—Je sais.
—Assez du flirt.
—Je ne suis pas fliter.
—¡Je vais battre!
Armando levantó una ceja irónico. Darien lo miró con decisión. Me puse en medio de los dos intuyendo a lo que se referían.
—No se peleen, son dos hombres grandes, por favor.
Después de un intercambio de miradas furiosas, el mayor de los dos simplemente asintió.
—Está bien, petit Serena —levantó mi mano y besó mi dorso—. Buenas noches.
Y sin decir más, con pasos elegantes se retiró de la sala. La amargura estaba completamente reflejada en el rostro de mi Darien.
—¡Oye Darien no tienes porque ser así con tu hermano!
Él no respondió. Puso sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón y comenzó a caminar. Lo seguí hasta su habitación. La verdad que no es la primera vez que veo su dormitorio por dentro, pero si es la primera vez que me voy a quedar allí. Y estar en este lugar me genera la misma sensación que aquella vez cuando fui por primera vez a su apartamento, antes de que él perdiera su memoria y antes de que nosotros nos convirtiéramos en pareja. Me refiero a aquellos primeros tiempos en donde nos estábamos "conociendo."
Lo sentí a mis espaldas y mi piel se erizó como un cordero a punto de ser devorado por un león. ¡Oh, bueno! Creo que hoy tal vez nos "re-conoceremos" otra vez…
—Deberías llamar a tus padres y avisarles que no regresaras hoy a tu casa —susurró con la voz aterciopelada cerca de mi oído.
Sentí como si una corriente eléctrica hubiera viajado por todo mi cuerpo. Saqué mi celular de mi bolsillo y dizque hacia mi casa. Como supuse atendió mi madre. Le expliqué que me iba a quedar a dormir en la casa de mi novio. Está vez decidí no mentirle, después de todo ya tengo dieciocho años. Además, mi madre sabe que estoy en pareja pero no sabe que es mi ex profesor de biología. Mi padre es otro tema. No creo que se lo cuente, o tal vez sí lo haga pero dentro de veinte o treinta años…
Mi madre me pidió que me cuide y que le dejara un número de teléfono para poder comunicarse por cualquier cosa. Vi por el rabillo del ojo a Darien.
—Dale el número de la mansión...
Le dicté el número a mi madre. Ella me preguntó dónde quedaba la casa de mi novio. Entonces volví a mirar a Darien. Él suspiro largamente. No sé porque estoy esperando su aprobación para todo. Bueno, en realidad sí lo sé: nuestra relación comenzó como un secreto y jamás hemos hablado de comentárselo a mis padres.
—Dame el teléfono —me pidió amablemente.
Mi rostro se puso de todos colores. Jamás en mi vida le expliqué al Darien amnésico que él ya conoce a mi madre y que nosotros habíamos sido profesor y alumna. Es decir, creo que lo sabe, pero nunca lo hablamos profundamente.
Al ver mi nula reacción me arrebató calmadamente el teléfono de mis manos y comenzó a hablar:
—Hola, ¿señora Tsukino? Mucho gusto, quien habla con usted es Darien Shields, el novio de su hija. Si tiene una hoja de papel y un lapicero a mano le pasaré todos los datos que solicite. No se preocupe, su hija está en buenas manos, y protegida de cualquier riesgo. No sólo la protejo yo, sino también unas rejas de tres metros de altura y guardias de seguridad altamente entrenados… ¡ah!, y no piense que me estoy refiriendo a una prisión —indicó con la voz aterciopelada mientras se largaba a reír con actuada simpatía—, ah… claro… sí… sí, lo sé, sé que todavía es pequeña… sí… sí… lo entiendo… sí… sí… sé cómo es… sí… sí… no se preocupe… ajám… eh, no… claro… es así…
Los primeros cinco minutos estuve con los nervios a flor de piel. A los diez minutos hice algo que nunca creí hacer: saqué un libro de la estantería de Darien y me lancé encima de su cama a leer. A los veinte minutos ya me había copado con la historia del libro. A los treinta minutos iba por la página 23 de mi lectura. Y a los treinta y tres minutos Darien cortó el teléfono. Me arrodille sobre el colchón mirando ingenuamente a mi novio y esperando que me dijera lo que le dijo mi madre.
—Serena —me nombró con seriedad, mis hombros se tensaron como un soldado—, Ikuko dice que antes de ir a dormir no te olvides de cepillar tus dientes…
Mis mejillas se inflaron.
—No soy un bebe.
—Claro que no —negó con una sonrisa y apoyó las manos sobre el colchón, inclinándose hacia mí—, sólo eres mi pequeña Serena —susurró besando amorosamente mi mejilla.
Moví incomodada mi hombro. Él se alejó.
—Que yo sea casi doce años menor que tú no te da el derecho de tratarme como una niña… —refunfuñé con los ojos entrecerrados—, y oye —susurré casi a modo de secreto mirando hacia cualquier otro lado menos a él—, ¿por casualidad no tienes un cepillo de dientes sin usar?
—Claro, en los estantes del baño encontraras uno. Allí también tienes toallas por si te quieres bañar. Yo también lo haré.
Sonrió ampliamente.
—Eres un pervertido.
—No dije que me iba a bañar contigo. Lo haré en otro de los baños de la mansión. ¿O acaso quieres que te haga compañía, pequeña Serena?
Negué rápidamente con la cabeza aunque sentí un calor raro en mis zonas más intimas.
—Bien —indicó caminando hacia una habitación que supongo debe ser su ropería. De allí salió con ropa colgando sobre su hombro izquierdo.
Lanzó encima de la cama un pantalón de algodón azul y una remera blanca y suelta.
—Ahí tienes tu pijama. Me voy a bañar. Dentro de treinta minutos regreso.
Luego, sin decir más nada, salió de la habitación.
¡Ay, dios, dios, dios!
Agarré la ropa que me dejó y fui corriendo directo hacia el baño. Podía sentir los latidos de mi corazón golpear insistentemente en mis oídos. Estoy muy acalorada, ¡necesito un abanico gigante!,- o tal vez otras cosas gigantes- y tengo la garganta seca. Apoyé mi mano contra mi pecho... boom, boom, boom...¡Ah, mi corazón explotara en cualquier momento dentro de mi cuerpo! Espero que no sea ahora porque... ¡No lo puedo creer!, ¡ya tendré sexo con Darien! Lo sé. Lo intuyo. Después de su arrebató adentro del auto seguro él va a querer acostarse conmigo. Lo vi. Vi su entrepierna cuando estuvimos adentro del auto. Le gusto. Sé que le gusto. Le atraigo físicamente. Creo que su cuerpo, sí, su cuerpo me reconoce, me recuerda. Hay algo en su cuerpo que sabe quien soy yo. Lo sé. Sé que es así.
Me cepillé los dientes. Lavé mi figura con ricas fragancias. Mi cabello lo dejé limpio y sedoso. Rápido sequé mi cuerpo. Ya habían pasado más de treinta minutos. Me puse el pijama y me miré en el espejo de cuerpo completo del baño. La remera me quedaba unos tres talles más grandes y el pantalón lo tuve que remangar porque quedaba arrastrando en mis pies. Bueno, en realidad no es una vestimenta sexy pero creo que eso es lo de menos. Depende de la actitud de cada persona.
Opté por dejar mi cabello suelto y, de ese modo, salí del baño.
Me detuve pasmada a medio camino.
—¿Qué haces? —cuestioné con los ojos abiertos como platos.
Darien, quien ya había regresado al cuarto luego de bañarse, se hallaba acomodando una cucheta en el suelo.
—Tú dormirás en mi cama y yo dormiré en el suelo.
Sacó una almohada de la cama matrimonial de dos plazas y la tiró al piso. No dije nada. Caminé como un soldado hasta la cama y me senté sobre el colchón con mi espalda sobre el espaldar y las piernas estiradas, en perfecto ángulo de noventa grados. Así me quede tiesa. Dura como una roca. Darien se acostó sobre la cucheta en el suelo.
—Buenas noches, que sueñes con los angelitos —se despidió.
Y apagó la luz.
¿Qué... diablos?
Me quedé sentada en la cama…
… como una estúpida…
… mirando hacia la nada…
… esperando que él reaccionara…
… pero no sucedió nada…
… y así estuve durante cinco minutos…
… como una estatua.
Bien.
Esto no está funcionando como pensé.
—Darien, si quieres puedes dormir conmigo —sugerí despacito avergonzada.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque no… —respondió cortante.
Respiré hondo un par de veces y apreté mis puños. Intenté mover mis piernas pero estaban tiesas por los nervios. Volví a respirar está vez más profundo y me armé de valor. Ya tengo un plan nuevo. Me moví encima del colchón hasta la orilla donde estaba Darien y susurré suavemente su nombre. Entre la oscuridad vi su cabeza virarse hacia mi y moví mi mano para tocar su rostro, pero hice mal los cálculos y me caí como estúpida encima de él, golpeando mi frente contra su frente.
—¡Auch, Serena! —se quejó.
—¡Perdón! —exclamé avergonzada con una lágrima cayendo por el dolor de cabeza repentino. ´
Creo que me partí el cráneo…
Darien se largo a reír mientras se sobaba su adolorida frente. Lo miré. Nos miramos, y él acunó mi rostro entre sus manos. Acercó sus labios a los míos y me besó castamente con amor. Mi corazón dio un vuelco. Lo sentí. Sentí por primera vez a mi Darien. Lo reconocí. El hombre que me amaba estaba ahí, a pesar de su perdida de memoria….
Una lágrima pasajera bajó por mi mejilla y rodeé mis brazos detrás de su espalda. Profundizamos el beso. El cuerpo de Darien reaccionó rápido y en un ágil movimiento me dejó debajo de él. Con pequeños besos viajó de mis labios a mi mejilla, descendiendo por mi pera hasta mi cuello y clavícula. Su tacto era tan dulce y tierno contra mi piel. Era perfecto. Besó otra vez reiteradamente mis labios, y así abrí las piernas, invitándolo a acomodarse entre ellas. No dudo un segundo y lo hizo. Podía sentir a través de la tela de nuestros pantalones su dureza rozando mi intimidad. Suspiré con fuerza empujando levemente mis caderas contra las de él, y comenzamos un lento roce apasionado. Me besó con mucha más pasión y sus manos se colaron por debajo de mi remera, acariciando con suavidad mis caderas hasta rozar con sus dedos mis pechos. Reí con picardia. No tengo pudor, porque nuestros cuerpos reaccionan y actúan como si ya se conocieran. Yo nací para estar con él y él nació para estar conmigo. Fuimos creados en el mismo molde, por eso nuestros cuerpos se complementan tan bien.
Darien levantó mi remera y comenzó besar con ternura mi vientre.
Suspiré.
—Darien, ¿me recuerdas?... —pregunté con la respiración agitada.
—Parte de mi te recuerda… —admitió mientras con sus labios acariciaba mi cuello—. Tus ojos… tus labios… tu piel… —admitió con la voz aterciopelada—, y eso es porque te deseo… —susurró contra mi oído.
Mis ojos se abrieron de golpe y mi respiración se acortó. Ya había escuchado esas palabras de parte de la boca de otro hombre, y en una situación casi parecida pero para nada igual a esta. Situación que intenté bloquear y omitir de mi mente.
Y así fue como escuché una voz en mi cabeza. La voz de la conciencia.
"Yo nunca le fui infiel…"
Mientes.
"Nunca tuve nada con Seiya Kou…"
Es mentira.
"Fue sólo un accidente… una pequeña debilidad, un desliz… en la noche…"
Sí, fue un error.
Lo que niegas te somete… y yo lo he estado negando desde hace meses, muchos meses. Él sabía que yo tenía novio. Seiya lo sabía. No lo engañé. No le fui infiel. Sólo… sólo fue un error. Y ese error le costó la memoria a Darien.
—No quiero hacerlo.
Darien se detuvo.
—¿Qué?
—No tengo ganas.
Se apartó de mí sin cuestionarme. Respiró hondo y se levantó del suelo comenzando a caminar.
—¿A dónde vas?
—Voy a tomar una ducha fría —respondió con tono aburrido.
—¿Por qué?
—Asuntos de hombre…
No le respondí, viendo la puerta cerrarse detrás de él. Me levanté y me acosté en la cama grande, tapándome hasta la cabeza.
Y lloré.
¿El problema es él o soy yo?
TRADUCCIÓN
—¡Elle est ma fiancée!
—Je sais.
—Assez du flirt.
—Je ne suis pas fliter.
—¡Je vais battre!
—Ella es mi novia.
—Lo sé.
—Suficiente coqueteo.
—No estoy coqueteando.
—Voy a pelear…
