CAPITULO 6

EDWARD

Si Isabella va a quedarse enojada, bien. Que así sea. Pero si anoche es alguna indicación, nosotros aún tenemos química. Con mis dedos enterrados profundamente dentro de ella, ella se cayó en pedazos, arañando el saco de mi traje, devorando mi boca, jadeando por aire. Ella puede fingir que no está afectada todo lo que quiera, pero sé la verdad.

Y ella todavía está aquí, compartiendo nuestro apartamento. Ella no se ha presentado para el divorcio o comenzó buscando un nuevo lugar o algo así. Así que tengo que creer, muy en el fondo, todavía tiene sentimientos por mí. Su padre tenía razón, madurando, estábamos tan en sincronización, justo allí uno para el otro a través de cada antes y después. Concedido, estoy durmiendo en el sofá, pero al menos ella no se ha ido.

Solo voy a tener que encontrar una manera de hacerla creer en esos sentimientos, mostrarle que pertenecemos juntos. Convencerla de que el feliz-para-siempre que ella siempre quiso no es solo una fantasía, es algo que podemos tener juntos, de verdad. Pero se ha vuelto evidente que voy a tener que pelear sucio. Y por eso he alistado la ayuda de nuestros amigos. Esto va a llevar un pueblo.

—¿Dónde está Isabella hoy? —pregunta Tanya, examinando nuestro apartamento vacío mientras ella entra.

—En el spa. —Yo la acompaño hacia el comedor donde tengo todo instalado. Le reservé a Isabella todo el día de hoy, facial europeo, masaje con piedras calientes, manicura, pedicura y algo que llaman explosión, que me dice que es para su cabello—. Tenemos al menos cuatro horas —agrego.

Isabella piensa que la cita es solo mi último intento de pedir disculpas por todo, pero realmente, es porque la necesitaba fuera de la casa así puedo sostener esta sesión de lluvia de ideas.

Tanya asiente con la cabeza.

—Yo ayudaré de la forma que pueda.

La valoro como si la viera por primera vez. Sus traviesos ojos verdes tiene una chispa en ellos y su expresión es abierta y curiosa.

—¿Por qué el cambio de actitud? —pregunto. Una vez ella me dijo que no era Equipo Edward después de todo.

Tanya se sienta en uno de los taburetes de la barra de desayuno.

—Porque. —Mueve su largo cabello castaño sobre uno de sus hombros—. He visto lo bien que pueden estar juntos. En un par de meses, fuiste la causa de tantos cambios positivos en ella. Trabajó menos, se rio más. No era simplemente todo acerca de la rutina.

Asiento, poniendo atención a cada palabra.

—Ella tuvo placer en su vida, también, algo que pone una sonrisa en su rostro y ese algo eras .

Una mueca petulante se repliega sobre mi boca.

—Yo no podía estar más de acuerdo.

—Pero —Frunce sus labios como si saboreara un limón—, la jodiste completamente.

Mi sonrisa se desvanece en nada.

—Lo hice.

—Épicamente. Como, completamente lo jodiste más allá de lo que es normal.

Bien, Jesús, lo entiendo. La interrumpo antes de que ella pueda frotar más sal a la herida.

—Y por eso los he invitado aquí hoy. Comenzaremos tan pronto como James llegue aquí.

El timbre suena, señalando su llegada.

—Hablando del diablo —murmuro y me dirijo al intercomunicador timbrando para que entre.

James sonríe y palmea su mano en mi hombre cuando llega.

—¿Listo para conseguirá tu chica de regreso?

—Infierno, sí.

Mi postura se relaja, y lo dirijo al comedor. Contar con el apoyo de mi mejor amigo significa todo para mí y me da un poco de esperanza de que tal vez esto es posible. James siempre ha sido la voz de la razón, después de todo. Si él cree en mí, tal vez yo realmente puedo sacar esto adelante.

Le hago un gesto a James que tome asiento. Lo hace, al lado de Tanya en el mostrador. Me miran con expresiones recelosas. Estoy al lado del caballete con un nuevo rotafolio y marcadores, lo he comprado para la ocasión. La mesa del comedor está salpicada de cartulina, notas y marcadores adicionales. Solo espero que podamos resolver un plan realizable hoy. Nunca en mi vida he querido algo tan mal como quiero arreglar mi relación con Isabella. Para volver al lugar feliz que solíamos estar.

Al crecer, siempre envidié lo que tenían mis padres. Sin duda, llevo años jugando en el campo y disfrutando de las conquistas sin sentido, pero siempre he sabido en el fondo que tenía el tipo de una sola mujer y con la que eventualmente me gustaría sentar cabeza. Para lograr ese tipo de familiaridad cómoda que viene con la monogamia y el compromiso. Y ahora, justo cuando he conseguido una probada de lo bueno que puede ser, ha sido salvajemente arrancado lejos de mí por mis propias acciones estúpidas.

Despejando mi garganta.

—Primero, gracias a ambos por estar aquí hoy. Significa mucho.

James asiente con la cabeza para que prosiga. Tanya parece un poco escéptica, pero permanece tranquila, esperando a que continúe.

—Como Tanya señaló previamente, sí, lo he jodido completamente. Y no pretendo hacer ninguna excusa para mi comportamiento. Solo quiero decirles que era un hombre desesperado, al final de mi cuerda. Y que amo a Isabella… y probablemente siempre lo he hecho.

La expresión de Tanya se suaviza y se inclina hacia atrás en su asiento, colocando sus manos en su regazo.

—Los he traído ambos aquí hoy para ayudarme a crear una estrategia para recuperar a mi esposa —repito las palabras que practiqué en la ducha esta mañana, pausando para escribir Operación: conseguir a Isabella de regreso en el papel de rotafolio pegada en el caballete.

Escucho a Tanya reír y echo un vistazo a mi público cautivo. James está mirando hacia mí, su boca abierta como si hubiera perdido mi maldita mente.

—¿Qué? —pregunto, sintiéndome a la defensiva. Yo apenas he comenzado y están riéndose de mí detrás de sus manos como niños.

—Isabella te ha contagiado. —Se ríe Tanya—. El viejo Edward habría improvisado.

Considero sus palabras por un momento. Solo cuando abro mi boca para preguntar si eso es una cosa terrible, James interrumpe.

—Y el viejo Edward habría tenido pizza y cerveza.

Ante eso, Tanya reacciona.

—Oh, pizza suena genial. No he tenido el almuerzo todavía.

Agarro mi celular de mi bolsillo y lo tiro a James.

—Muy bien, ordena pizza. Y hay cerveza en la nevera. Pero vamos a trabajar sobre esto, y van a ayudarme a resolverlo.

Tanya me aplaude mientras que James presiona el celular en su oreja para ordenar dos pizzas grandes.

Han pasado cinco minutos y mi reunión de estrategia ya está jodidamente arruinada.

...

Platos de papel con cortezas de pizza contaminan la mesa, junto con unas cuantas botellas medio vacías de cerveza. La cartulina que compré se ha convertido en un caos de garabatos, después de que James reto a Tanya en un juego de ahorcado y luego tres en raya.

El caballete tiene un gran dibujo de un pene, que Tanya me aseguró con una expresión sobria que era la clave para conseguir a Isabella de regreso. Ahora, se están riendo y agregando palabras como vulva y escroto en el desorden.

Quiero golpearlos a ambos.

Sus sugerencias eran tontas e inútiles. Esta tarde ha sido una enorme pérdida de tiempo y ahora solamente tengo una hora antes de que Isabella llegue a casa.

—Bien, esto es suficiente. —Agarro los marcadores de sus manos—. Si no van a tomar esto en serio, entonces váyanse. Ambos.

Tanya se levanta en sus pies y bosteza.

—Suena bien para mí. Me voy a casa… necesito una siesta.

James me da palmaditas en la espalda, en simpatía o burlándose de mis esfuerzos de hoy, no estoy seguro.

—Vas a pensar en algo, amigo. Lo sé.

—Gracias —respondo, no convencido.

Los acompaño a la puerta y sistemáticamente hago mi camino a través del apartamento, enrollo los papeles usados y recojo los marcadores. Los restos de nuestra comida en la basura y luego colapso en nuestra cama, agarro su almohada y me aferro a ella, su olor a mi alrededor. Miro sin comprender hacia el techo.

Miro hacia el reloj. Ahora tengo cuarenta minutos antes de que pueda esperar a Isabella en casa y todavía no tengo idea qué voy a decirle cuando llegue aquí. ¿Cómo diablos voy a convencerla sobre nosotros? Días y no he llegado con mierda.

Me levanto en mis pies otra vez, comienzo a caminar de un lado a otro de la habitación. Cuando veo la caja lacada negra que se encuentra encima de mi aparador, me detengo y voy hacia ella. Acunando la caja en mis manos, me siento nuevamente en la cama. A menudo no tomo viajes a mi memoria, solo manteniendo los recuerdos en mi casa suele ser suficiente. Pero hoy, necesito alguna orientación.

Saco cada artículo, sujetándolo e inspeccionándolo antes de bajar uno por uno en la cama junto a mí. Uno de los medallones de mi madre. Un separador de cuero de su romance favorito. El distintivo que mi padre recibió de la bolsa de valores de Nueva York el día que su compañía salió pública. Un portavasos manchado de agua del restaurante de mariscos donde él se propuso a mamá. Una pulsera de amistad que Isabella me dio en sexto grado, de hilo trenzado deshilachado y sin brillo. Sonrió y lo pongo al lado cuando miró a través del resto de los tesoros que consideré apropiado guardar.

Después de inspeccionar todos los diferentes símbolos pequeños que tienen significado en mi vida, llego a la última cosa, enterrado en el fondo de la caja. El cuadrado doblado del periódico que contiene el obituario de mi madre.

Solo la sensación del suave, desgastado papel en mis manos hace que el vello de mi nuca se levante. ¿Qué pensaría ella de mí?

Me veo obligado a hacer un balance profundo de mi vida. La he desentrañado al punto que apenas puedo reconocerla. ¿Dónde voy mal? He puesto cosas triviales que no importa antes del amor. Si la empresa va abajo… ¿y qué? ¿Tenemos que buscar nuevos puestos de trabajo? Enorme jodido problema.

Por supuesto, no quiero perder la empresa y ver a mis amigos y empleados luchar por reconstruir sus vidas nuevamente. Pero tan lejos como va mi vida, mi matrimonio es mucho más importante que el nombre de la empresa impreso en mi recibo de sueldo. Para salvar esos puestos de trabajo, para salvarme de la vergüenza, puse todo por encima de mi esposa. Si Isabella me otorga una segunda oportunidad, no lo haré eso otra vez.

Desdoblo el periódico, delicado con la edad y contemplo las palabras que he leído muchas veces antes:

Esmerald Emerson Cullen fue tomada de este mundo demasiado pronto. Teniendo que mudarse a los Estados Unidos cuando era adolescente, ella asistió más adelante a la Universidad Smith y luego se casó con Carlisle Cullen de Briar Grove, Nueva York. Ella es sobrevivida por su esposo y un brillante, cariñoso y curioso hijo; Edward. Ella creía firmemente que su hijo fue su mayor logro y criarlo fue el mayor placer de su vida.

Seguro como el infierno, mamá sabía la importancia del amor y la familia. Ella estaría probablemente tan decepcionada de mí ahora.

Crece el nudo en mi garganta, y fuerzo una respiración profunda en mis pulmones. No lloré por el deceso de mi madre en muchos años, pero algo acerca de su pérdida se siente más fresco que nunca. Tal vez es porque he destruido lo único bueno en mi vida, y por no tenerla aquí dando consejos o acariciando mi cabeza o abrazándome cerca.

—Lo siento, mamá —murmuro—. Arreglaré esto de alguna manera. Te haré orgullosa. Lo prometo.