¡Buenas noches lectores!
Lo sé, demasiado tiempo sin actualizar. Pero vengo a recompensarlos, lo juro. Si hace rato leyeron el cap. 6 de esta historia, les recomiendo que regresen a la última escena y la relean para que no estén tan perdidos. Por otro lado, después de este capítulo solo queda uno para terminar la historia. Esta vez, prometo no demorarme tanto para actualizar. Nos leemos abajo. Gracias a todos por retomar esto conmigo.
72 HORAS
CAPÍTULO VII: BAJO PRESIÓN: EL SEXTO DÍA.
"Así que si ella está en algún lugar cerno a mí, pido a Dios que ella me escuche, no hay nadie más que me haya podido hacer sentir tan vivo. Yo esperaba que ella nunca me dejara, por favor, Dios, debes creerme, he buscado en todo el universo y me hallé a mí mismo dentro de sus ojos..." -Axl Rose - This I Love.
La conversación, el escenario, el mensaje… nada había sido una metáfora, una señal o algo imaginario. El sueño había sido completamente real, lo sabía. El corazón de Richard estaba acelerado, sentía la espalda y las piernas empapadas y fuera cual fuera el lugar en el que estuviese, estaba completamente oscuro. En su cabeza una idea no se conectaba con la otra y la única imagen clara que tenía era la de Rachel parcialmente sumergida en el agua y con un semblante tan serio, que al chico aún le generaba incomodidad recordarlo. Respiró profundo y como pudo se sentó. Puso las palmas de las manos en el piso para apoyarse, al hacerlo se percató de que las mismas quedaban cubiertas por agua. Sus pensamientos se detuvieron. Por fin, poco a poco, fue recordando lo que había pasado, en dónde y por qué estaba donde estaba. Volvió a analizar lo que sus manos palpaban: era agua. Las levantó de golpe, como si de repente se hubiera quemado y buscara alejarse de lo que le hacía daño. La parte posterior de su toda su ropa e incluso la parte de atrás de su cabeza, estaban empapadas. Su corazón se detuvo por un segundo. -¡Rachel!- pensó asustado. No estaba seguro de si seguía en el sótano… a lo mejor Slade lo había dejado inconsciente y ahora los tenía en su poder. No había luz en el lugar y él definitivamente había dejado una luz prendida cuando entraron al sótano. Pero seguía en el piso, de eso también estaba seguro y rogó que ese piso, fuera el mismo del lugar en donde estaban él y la hechicera antes de que él se desmayara. Con más miedo del que recordaba haber sentido en mucho tiempo, empezó a buscar con las manos en la oscuridad, el cuerpo de la chica. Lo encontró tan rápido como movió las manos medio metro. Le tocó el rostro con cuidado, sus ojos seguían cerrados y al bajar las manos hasta su pecho sintió también el movimiento producido por su respiración. El chico respiró aliviado. Rachel también estaba empapada. Rápidamente, Dick se hizo detrás de ella, la levantó ligeramente y apoyó la espalda de la chica contra sus piernas. La rodeó con su brazo para que el cuerpo, aún inconsciente de ella no se resbalara y con la otra manó empezó a buscar una linterna en su cinturón. Tenía que averiguar qué había pasado.
Starfire tenía la suficiente fuerza como para resistir más de tres horas bajo el agua sin debilitarse considerablemente. Ello le permitió ayudar dentro del túnel más de las tres horas en las que inicialmente había planeado estar. Además de ello, logró darse cuenta de que no solo las detonaciones controladas con dinamita podían ir abriendo camino hasta la cabina subterránea, sino que ella, con sus poderes, también podía ayudar. Permaneció toda la noche allá metida, lanzando starbolts con la fuerza necesaria para ir removiendo tierra. Eran casi las doce del día cuando Cyborg la obligó a salir para que pudiera descasar un poco.
-Star, llevas allá casi 12 horas, y además gracias a ti vamos a poder llegar antes de lo que pensamos. Deja que los chicos continúen con la dinamita… no creo que nos tome más de seis horas terminar con esto. – Cyborg lucía cansado y así mismo sonaba su voz. Sin embargo, el medio robot seguía tan atento y preocupado por sus compañeros como siempre. Se sentaron en el muelle con Starfire, y se quedaron en silencio unos segundos observando su torre completamente cubierta por las cortinas metálicas, impenetrable.
-¿crees que sigan vivos? – Preguntó Starfire con una voz tan seria como forzada por el cansancio. Cyborg lo meditó unos segundos.
-Tienen que estarlo…
-¿Y si no? – Cyborg no respondió. – Cy… hoy es el sexto día.
-Lo sé.
-Si ella ya hubiera despertado, ya habrían salido de allá. Ella puede teletransportarse… ya hubiera salido de la torre, con Robin.
- Tal vez al despertar no tenía la suficiente fuerza para usar sus poderes, y por eso siguen esperándonos adentro.
- O tal vez están muertos… o a punto de morir.
- ¡Starfire! – Cyborg elevó la voz, enojado, al pronunciar el nombre de su amiga. – Es francamente insoportable que seas tú la que me esté diciendo esto… sé que la situación no es reconfortante, pero estamos haciendo lo que podemos y me parece que estás subestimando demasiado a Rachel y a Dick. Ellos no son idiotas, están en su propia casa, no se van a dejar matar tan fácilmente.
- ¿Fácilmente? ¡Llevan allá encerrados casi tres días con un mercenario que ha buscado matarlos por años! ¡Rachel está inconsciente y ni siquiera estamos seguros de que pueda regresar! ¿en serio crees que los estoy subestimando? ¿crees que decirte esto es fácil? … Definitivamente esta incertidumbre tampoco se deja 'matar tan fácilmente'. – Starfire también levantó la voz al responderle. Cuando terminó abrazó sus piernas contra su pecho y agachó la cabeza tratando de no romper a llorar. Cyborg se quedó mirándola un rato. Por momentos, la respiración entrecortada provocada por las lágrimas, la hacían temblar ligeramente. La tomó del hombro y la trajo contra sí para abrazarla.
- Ey… Star – Dijo casi en un susurro. – Siento haberte gritado. Es solo que necesito que permanezcas fuerte. Tú, Chico Bestia y yo, tenemos que estarlo. Ellos siguen vivos, yo lo sé. Y están esperándonos, y nosotros los vamos a sacar de allá, sanos y salvos.
- Te quiero creer, en serio deseo hacerlo. Si otras fueran las circunstancias, te juro que lo haría, pero… dime la verdad Cyborg, ¿tú crees que Rachel ya haya regresado? – Cyborg movió de lado a lado la cabeza, con lentitud, un par de veces.
- Francamente no sé Star… no tengo la menor idea. Pero confío en que si no, pronto lo hará.
- Cy… hoy es el sexto día – repitió la alienígena con la voz quebrada. - ¿Vamos a alcanzar a entrar antes de que se cumpla el plazo para que Rachel despierte?
- No Starfire, Ella tiene que despertar antes de las cinco de la tarde para que… para que las cosas no se compliquen más. Llegar hasta la cabina nos va a tomar, por lo menos, otras seis horas. – El corazón de Victor rompía cada vez más a medida que veía como Starfire también iba decayendo. – Pero tranquila Star, cuando entremos los vamos a sacar, y ambos van a estar bien. – Eso último lo dijo no solo para tranquilizar a su amiga, sino también para darse esperanzas a sí mismo. Cyborg sabía perfectamente que ni Rachel ni Dick se rendirían tan fácil… y él tampoco. Se quedó sentado al lado de Starfire un rato mamás hasta que ella se calmara, luego volvió a ingresar al agua y nadó hasta donde sus amigos seguían con la misión.
Con ayuda de la luz que le brindaba la linterna, Robin se aseguró de seguir en el sótano con Rachel y de ser las únicas personas allí abajo. Entendía que llevaban escapando de Slade mucho tiempo y que la debilidad de su cuerpo empezaba a notarse. Sumado a ello, el shock de haberse dado cuenta que la única salida posible de esa cárcel estaba tan sellada como el resto de ella, fue lo que le hizo perder el conocimiento. Lo que no entendía era por qué respirar se le hacía tan difícil y mucho menos por qué había agua en el piso. Seguía arrodillado, con la hechicera recostada sobre sus piernas. Miraba hacia abajo y se daba cuenta de que el nivel del agua iba subiendo, lentamente. -¿De dónde está saliendo toda esta agua? - Pensó, pero por más que intentaba razonar no conseguía la respuesta. Se quedó unos minutos más mirando el agua, hasta que decidió que ya no tenía nada que hacer allí. Estaba por levantar a Raven en brazos, cuando un sonido fuerte pero muy lejano, provocó ondas en la superficie del agua. Robin pudo verlas por la luz de la linterna, que también apuntaba al piso. Se quedó quieto. Las ondas poco a poco se fueron esfumando hasta que el agua recuperó su quietud. Pero eso no lo había imaginado, y el ruido por lejano y sordo que pareciera, tampoco. Volvió a mirar a su alrededor, si algo hubiera caído o alguien hubiera caminado cerca de ellos, el sonido tendría que haber sido más claro. Seguían solos y nada se había movido. Fuera lo que fuera, tenía que venir de afuera. Volvió a ponerse en alerta al pensar que podía ser una trampa de Slade. Una vez más percibió el sonido, como de un estallido, y en el agua volvieron a formarse ondas. Definitivamente había algo estallando debajo de ellos. -Tal vez este era el plan de Slade, él sabía que yo iba a venir a buscar la cabina y nos puso una trampa…- El pensamiento del petirrojo solo le sirvió para terminar de decidir que tenían que salir de allí cuanto antes, solo rogaba porque la puerta no estuviera boqueada. Levantó a Rachel una vez más, ella seguía inconsciente. Se puso de pie y esperó un momento para que su cuerpo reaccionara. Se sintió un poco mareado, pero sujetó a Raven con más fuerza y empezó a caminar. Al llegar a la puerta entendió que el agua estaba saliendo por la ranura que formaba el espacio entre la puerta y el piso, el espacio era muy pequeño, por lo que la cantidad de agua que se filtraba también era mínima, sin embargo, poco a poco el agua había logrado llenar por lo menos cuatro centímetros de altura del sótano completo, lo que significaba que la puerta realmente estaba conteniendo una cantidad de agua mucho mayor. Además, entendió por qué no podía respirar bien, era la presión del agua lo que le estaba robando el oxígeno; ello solo indicó con más exactitud que tenía que haber mucha agua tras la puerta. Robin se quedó analizando lo que estaba pasando. De repente recordó el ruido que había escuchado mientras bajaba las escaleras. Efectivamente era agua, solo que no solo una llave abierta como él había pensado. Se mordió el labio inferior, dudando de si abrir la puerta o no… no sabía que tanta agua había afuera. No sabía si era la suficiente para ahogarlos o si le daría tiempo de subir las escaleras hasta quien sabe qué piso. Mucho menos sabía de dónde estaba saliendo toda el agua. Seguía meditando la situación hasta que el ruido de las explosiones subterráneas volvió a despabilarlo. Temiendo lo que esas explosiones pudiesen ser, decidió hacer el intento de subir. Ahora el problema era Rachel. Él podía contener la respiración si el agua lo cubría, pero Rachel estaba privada de cualquier acción más allá de respirar. El chico maravilla sacó de su cinturón un pequeño respirador con oxígeno que tenía para emergencias, se lo colocó en la boca y en la nariz a Raven. Se quitó el saco que traía puesto y rasgó una tira de tela, luego la envolvió sobre el respirador, cubriendo la mitad del rostro de la chica y lo amarró tras su nuca. Era algo improvisado, pero le iba a permitir seguir respirando a ella en caso de que el agua no los dejara. Robin rogó que el agua no fuese a ser suficiente para ahogarlos, y que ninguna de las puertas fuese a estar sellada, o simplemente ese sería su fin. Su esperanza residía en que era ridículo que toda la torre estuviera inundada, en algún momento iban a tener que llegar a un piso libre de agua, o al menos eso esperaba. Se paró frente a la puerta con la hechicera en brazos, respiró profundo, se agarró fuerte del marco de metal y accionó el botón que abría la puerta. La fuerza con la que el agua entró al sótano, casi tumba al chico más de una vez, pero luego de unos segundos que se hicieron eternos, la intensidad, y la cantidad de agua empezó a disminuir. Ahora estaban completamente empapados, pero el chico pudo empezar a caminar hacia adelante hasta llegar a las escaleras del segundo piso. Si la primera puerta estaba abierta, era probable que las otras también lo estuvieran. Avanzó sin duda alguna. Al llegar a la puerta del segundo piso, el agua le daba en las rodillas. Si en el tercer piso estaba contenida la misma cantidad de agua, tendría que avanzar con rapidez, pues eso significaba que de piso en piso el nivel iría subiendo. Esta vez se quedó detrás del marco y una vez más abrió la puerta. El agua entró con ferocidad. Cuando el chico se dio cuenta que la fuerza bajaba, empezó a avanzar hacia las escaleras en busca del tercer piso. Continuó así hasta las escaleras del quinto. Para este momento el acróbata se sentía realmente exhausto, los brazos empezaban a flaquearle y cada vez se hacía más difícil caminar entre al agua que ya le daba en la cintura. Sentía las piernas muy frías y seguía mareado, pero tenía que continuar. Además se dio cuenta de que cada vez que subía un piso, le era más fácil respirar. Eso significaba menos cantidad de agua sobre ellos, por lo que estaba convencido de que seguiría subiendo hasta que el agua ya no les alcanzara más. Abrió la puerta del quinto piso y una vez más el agua intentó echarlo para atrás, de nuevo esperó y cuando se sintió capaz empezó a caminar hacia adelante. Definitivamente estaba siendo más difícil. Cuando llegó a la puerta del sexto piso apenas si sentía las piernas, lo cual, junto al peso de Raven, le dificultaba mantenerse en pie, pero lo que más preocupó al chico es que el agua empezaba a alcanzar a Rachel y si seguían como iban en un par de pisos más la iba a cubrir a ella y finalmente a él. Como pudo se recostó un momento contra la pared. Lo que le animaba era que el aire parecía empezar a entrar en sus pulmones sin problema alguno. Se quedó meditando una vez más ¿de dónde viene toda esta agua? Estaba analizando posibilidad por posibilidad hasta que por fin lo entendió: el agua era la de los contenedores del acueducto que estaban en el penúltimo piso de la torre. Slade realmente quería ahogarlos o por lo menos acorralarlos, y con ayuda del sistema de cuarentena, la torre entera se había convertido en un contenedor gigante. Esos contenedores tenían una conexión directa con las reservas de agua del acueducto de la ciudad, si el mercenario quería inundar la torre por completo, podía lograrlo. Posiblemente, Slade se encontraba en ese mismo piso esperando que ellos llegaran hasta allí huyendo del agua, y eso era justo lo que estaba sucediendo. El nivel del agua seguía ascendiendo, Robin volvió a colocarse tras el marco de metal y abrió la puerta. Esta vez la fuerza pareció no disminuir, en cambio el agua sí se iba acercando a sus rostros con una velocidad alarmante. El chico soltó las piernas de Rachel y la sostuvo con un solo brazo abrazándola del tórax. Con la otra mano, empezó a ayudarse para poder avanzar. Tenían el agua al cuello y ya le era prácticamente imposible caminar. Desesperado, abrazó a Rachel con fuerza e hizo presión sobre la pequeña válvula de oxígeno que sostenía en su boca con ayuda de la tela. Rezó para que Rachel no fuera a tragar agua, tomó todo el aire que pudo y se sumergió. Esperó unos segundos y puso la otra mano sobre el pecho de la chica, ella seguía respirando. Cuando se dio cuenta de que el agua había inundado por completo el sexto piso, empezó a nadar. Era ridículo pensar que estaba nadando a través de lo que hace un par de días era el vestíbulo de su propia casa. Le resultaba incómodo impulsarse con una sola mano, mientras con la otra sostenía a la hechicera, pero el hecho de patalear con las piernas, le ayudaba mucho aparte de que fue un alivio volverlas a mover libremente. Él siempre había sido bueno para resistir bajo el agua, pero su fatiga no le ayudaba. Se dio cuenta de que estaba llegando a la puerta del séptimo piso y rogó por sentir que el agua disminuía y contra todo pronóstico así fue. Al lograr pasar la puerta y empezar a subir, una vez más se vio obligado a tener las piernas contra el piso y empezar a caminar. A mitad de las escaleras, pudo sacar su rostro y el de Rachel del agua. Respiró con más alivio que nunca antes en su vida. De ahí para arriba las puertas no estaban cerradas, por lo que el agua no estaba contenida sino que fluía libremente desde el penúltimo piso. Siguió caminando hasta llegar a la sala principal, en el octavo piso. Allí rápidamente colocó a la chica sobre el sofá y desató la tela para quitar el respirador. Raven no había tomado una sola gota de agua y el oxígeno había sido suficiente para que siguiera respirando. Robin no pudo evitar sonreír y abrazarla. Muerto del cansancio decidió acostarse en el sofá junto a ella un momento mientras recuperaba el aliento. Seguía escuchando cómo el agua seguía corriendo por los pasillos e inundando la torre, pero ésta aún no llegaba hasta donde ellos estaban. Podía recuperarse allí un momento. Le dolían las piernas y estaba completamente helado. Tocó la piel de Rachel que, supuso que gracias a sus poderes, no se encontraba tan fría como la de él. Le preocupó que pudiese darle hipotermia y aunque a ella por su poder curativo se le retrasaran las consecuencias, no era inmune de que la temperatura del agua la afectara. Sabía que tenía que buscar ropa seca y cambiarla por las empapadas prendas que ambos tenían, pero necesitaba descansar, por lo menos un par de minutos. Se quedó acostado abrazando a la chica, sin pensar nada en concreto. Quería tener la mente en blando, necesitaba que su cabeza se relajara, porque sabía que lo que venía no iba a ser fácil. Cayó en cuenta de una idea que en otras circunstancias le habría parecido una locura, pero se puso de pie y buscó la botella de whisky que estaba guardada en la cocina. Al caminar hasta allí notó que el agua ya había empezado a humedecer la superficie del octavo piso. Suspiró con fuerza y abrió la botella. Miró a Rachel y estirando la mano que sostenía el whisky dijo en voz alta ¡A tú salúd! Y empezó a beber directamente de la botella. Se bebió casi la mitad del contenido y cuando paró empezó a sentir un calor agradable en todo su cuerpo. Recordó a Charles John Joughin, el panadero que iba a bordo del Titanic y que sobrevivió por haber ingerido una buena cantidad de alcohol mientras el barco se hundía, al quedar flotando en el agua, helada, el alcohol había servido como anticongelante y lo había mantenido vivo hasta que uno de los botes salvavidas lo encontró. Ahora él mismo entendía cómo había sucedido. Dick no podía simplemente emborracharse y sentarse a esperar que lo rescataran. Tenía que continuar, pero consideró que media botella de whisky de una sola pasada, había sido una buena idea. Bebió unos tragos más y dejó la botella en la barra. En esa misma barra donde días antes había estado sentado, tomando café con Rachel, conversando sobre la película que ella lo había invitado a ver. El chico volvió a sonreír y caminó, trémulo pero reconfortado, hasta el sofá y se volvió a acostar al lado de su chica. La tenía abrazada y le acariciaba la mejilla cuando un recuerdo involuntario nublo su mente. Pensó en el sueño que había tenido mientras aún estaba en el sótano. Recordó como ella, sin remordimientos, le pedía que la abandonara y luchara 'por la única vida que aún podía salvar', la de él. Su sensación de pasividad fue desapareciendo poco a poco. Dejó de acariciar a la chica. Cayó en cuenta que se había olvidado por completo del tiempo que tenía Rachel para reaccionar. Hizo cálculos y con un poco de duda se dio cuenta de que ese debía ser el tercer día que llevaban allí encerrados, es decir el sexto día que Raven llevaba inconsciente. Tensionado, buscó con la mirada el reloj colgado en la pared de la cocina. Eran las tres de la tarde y según recordaba Rachel tendría que recobrar la conciencia a las cinco. De nuevo pensó en lo que ella le había dicho en el sueño 'cuando vine aquí sabía perfectamente que no iba a poder regresar. Necesito destruir a Trigon y para hacerlo necesito destruirme a mí también…' Richard sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas. Tenía rabia con Raven por haberle mentido, rabia con él por haberle permitido hacer lo que hizo, rabia con Slade por hacerles lo que les hacía, rabia con sus amigos por no haberle ayudado esta vez, cuando más les necesitaba. Sentía rabia y sentía desesperación… frustración por la manera en que la vida se había encargado, paso a paso de ponerlo donde estaba. Ya no tenía fuerzas, iba a ser asesinado en su propia casa, junto a la mujer que amaba y no iba a poder hacer nada para evitarlo, su peor enemigo iba a tener finalmente el placer de destruirlo junto con aquello por lo que alguna vez había caminado hasta el infierno para encontrar . Pero lo que más lo rompía, lo que más lo destruía, era lo que ella le había dicho, la decisión que ella había tomado, sin él, de 'salvarle la vida' en un acto suicida, sin tener en cuenta que ella también era su vida.Se levantó un poco con ayuda del brazo y echó parte de su cuerpo sobre el de ella, con una mano la cogió con fuerza de la nuca y le levantó la cabeza unos centímetros hasta chocar sus frentes, una con la otra e hizo fuerza, mucha fuerza para que sus rostros quedaran lo más cerca posible. Las lágrimas de rabia que caían de los ojos cerrados de Dick, resbalaron por las mejillas de Raven. Sus labios estaban muy cerca, incluso los de él podían rozar la comisura de los de ella. – Debería dejarte aquí Rachel Roth. Debería dejar que te ahogaras aquí, porque eso fue lo que tú decidiste. Morirte. Debería dejar que murieras aquí, porque según tú, he estado cargando con un cadáver todo este tiempo. – Hizo una pausa desesperada para tomar aire- Pero no puedo… ni quiero hacerlo. Porque no te creo, porque no creo que estés muerta, porque no creo que no vayas a poder regresar, porque te exijo que regreses, porque no te convertiste en mi novia, en la mujer que amo, para luego morirte. No te voy a dejar aquí, porque de nuevo, y aunque es injusto conmigo, voy a tener esperanzas por los dos, y voy a pelear hasta el final. No te prometo ganar, esta vez la fe no me está alcanzando para tanto… - Abrió los ojos para mirar los parpados cerrados de ella – pero te juro que voy a luchar hasta el último instante… y te pido, por favor, que tú hagas lo mismo.- Cuando terminó de hablarle, finalmente unió sus labios con un beso desesperado. Seguía teniéndola agarrada de la nuca y sabía que la estaba lastimando. Pero no le importaba, la seguía besando con tanta desesperación como había sentido alguna vez en su vida, porque era eso lo que sentía. La misma desesperación que sintió cuando vio a sus padres morir frente a sus ojos, la misma incertidumbre, la misma rabia. La besó con cólera, con dolor, con pasión, porque así era el amor. Así había sido su historia desde el principio y lo sería hasta el final. Se levantó una vez más, la cargó en sus brazos y caminó hasta su habitación. El agua ya le daba a los tobillos y él estaba harto de sentir el agua empapando su cuerpo. Entró en la habitación de ella, ya no le importaba hacer ruido, sabía en dónde estaba Slade y también sabía que no se iba a mover de allí, que allí los había estado esperando como él mismo esperó muchas noches de vigilancia a que el mercenario apareciera, y ya pronto se iba a dar ese anhelado encuentro para los dos. Cambió la ropa de Rachel por ropa seca y la dejó acostada sobre su cama. Luego fue a la habitación de él, también se puso ropa seca: un jean y una camisa negra. Se colocó lo tenis que Alfred le había regalado en su último cumpleaños y el reloj de pulsera que le había dado Bruce el mismo día. Buscó en el escritorio una foto de sus hermanos, una de los titanes y una que guardaba de Rachel, besó las fotografías, una por una y se las guardó en el bolsillo del pantalón. Volvió a la habitación de Rachel y se sentó a su lado, una vez más le acarició la mejilla y la besó, ahora con más ternura pero no con menos rabia. Miró el reloj de mesa de Rachel, eran las cuatro y cuarto de la tarde. Levantó a la chica en brazos por última vez y empezó a caminar lentamente y con la frente en alto por el pasillo. Tres pisos más arriba, le esperaba la muerte.
Bien… ahora que han llegado hasta aquí, díganme si todo este tiempo de espera ha valido la pena.
Quiero agradecer infinitamente a todxs lxs lectorxs que han continuado pendientes de la historia, y a aquellos que han dejado sus comentarios. ¡Me fascina leerlos! Sus opiniones, sus pensamientos, sus risas y hasta sus mentadas de madre. No duden en seguirlo haciendo. Nos vemos en unos días en el último capítulo de 72Horas. Hasta entonces…
Pdta. El caso de Charles John Joughin, panadero sobreviviente del Titanic, es un caso real. Pueden checarlo si les apetece. La historia de él es bastante interesnate… Sin nada más que añadir.
¡Buenas noches lectores!
