Los personajes no me pertenecen. Le pertenecen al gran autor, Akira Toriyama.
Capítulo 7
"Descubriendo la verdad"
Año 761 "Pasado"
El planeta a abordar cada vez estaba más cerca, alrededor del astro se encontraba tres satélites en órbita acompañándolo en la traslación. No se podía percibir ninguna luz solar, suponiendo que cada vez estaban más lejos de la galaxia del norte… su galaxia. No tenía noción del tiempo, lo único que sabía era que durante todo el viaje había estado profundamente dormido gracias al gas que se esparció dentro de la nave. Trunks trató de estirar su cuerpo, pero el reducido espacio no se lo permitía. Soltó un profundo suspiro a la vez que, con una mano, se removía sus cabellos hacia atrás como señal de desesperación. Recargó su cabeza en el suave respaldo del asiento, maldiciendo por lo bajo su mala suerte. Era evidente que al ver a su padre, otra vez, le embargó una indescriptible alegría, irradiando infinitas emociones; evitó no hacerse muchas ilusiones, él sabía que ese Vegeta era muy diferente al que había conocido: Un asesino a sangre fría, un ser sin pudor, sin corazón, sin alma. No, no había comparación. Cavilando lo último, el corazón de Trunks retumbó producto del dolor y una descomunal decepción. En esos instantes, se encontraba en una nave rumbo a una posible purga, y lo peor de todo era que su hermana también se vería implicada en tal acción monstruosa. No podía permitirlo, Bra no mataría. La única forma de poder evitarlo era que Vegeta no estuviera vigilándolos, para así también poder llevar a cabo su plan. Fue una suerte que Raspberry le explicara cómo se cambiaban las coordenadas, esa respuesta le resultó muy inesperada tomando en cuenta la ingeniosa pregunta que le hizo; si le hubiera preguntado directamente como se cambiaban las coordenadas hubiera resultado muy sospechoso. Además, Raspberry no resultó ser un sujeto muy listo al no recordar que Trunks ya sabía cómo manejar las cápsulas de ataque. Levemente adormilado, estiró su cuello para poder asomarse y ver detrás del vidrio rojo; dos de las naves estaban al frente de la suya, supuso que eran las de Nappa y Vegeta. Un leve escalofrío le recorrió por todo su cuerpo al no tener a su vista la nave de Bra, se concentró en percibir el ki de ella, topándose con la incertidumbre de que no podía sentirlo. El fuerte impulso de llamarla por medio del scouter no se hizo esperar, sabiendo que sería en vano llevar a cabo dicha acción. Su hermana tenía estrictamente prohibido hablar frente a los demás, pero si lo hacía en esos instantes, tanto Nappa y su padre se darían cuenta de la verdadera identidad de Bra. No tenía más remedio que esperar el momento de abordar, y eso solo sería en unos cuantos minutos. Con muchos problemas en mente, Trunks también se tomaba el tiempo para buscar a esas dos energías poderosas; para alivio suyo, aún no las sentía. En ese aspecto, Freezer no era ningún inconveniente para él, ningún integrante de la familia Cold lo era; Vegeta tal vez, considerando en que tenía que trabajar bajo el mando del saiyajin ocultando su verdadera identidad. No la tenía demasiado fácil, la presencia de su padre era un aporte de suma importancia en el resto de la historia ya escrita, tanto en su futuro como en el de Bra; así que uno de sus misiones era proteger la vida de Vegeta. La superficie roja del planeta cada vez estaba más cerca, Trunks sudaba frío, tenía la intuición de que era perseguido por esos demonios: Towa y Miira. Meditando sus opciones, no tenía otra alternativa. Él se quedaría en el "O.I.C" para combatir contra la pareja, y Bra huiría a la tierra junto con Vegeta y Nappa, así la historia seguiría su curso. Era lo mejor, pero por el momento no se preocuparía por Towa y Miira. Su última esperanza era la cápsula que había guardado a las espaldas de Bra. Llevó sus dedos a la altura de su corazón, rozando su armadura con los guantes, adivinando la exacta localización de la cápsula; se sentía excesivamente pesada considerando que era algo valioso, un objeto muy sagrado. Indudablemente nunca creyó que terminaría por utilizarla. Repentinamente el mando de control activó la alarma de descenso, las luces comenzaron a parpadear a la vez que la nave aumentaba la velocidad. Trunks sintió el fuerte impacto que provocó el brusco aterrizaje. Según la computadora, el lugar donde se encontraba era un planeta llamado: "Daroyar"; cuyos habitantes dimanaban una energía muy por debajo de los 2,000 u. La abertura se abrió automáticamente, permitiendo que Trunks contemplara un cielo verdoso lleno de estrellas y una superficie agrietada. No había rocas ni montañas, todo el terreno estaba plano; y en cuanto a la gravedad, no se sentía tan pesada. El clima era frío, considerando que no había soles alrededor del planeta, solo los tres satélites que lo adornaban. Sintiéndose nervioso, Trunks salió de la nave buscando disimuladamente a su hermana; soltó un suspiro de alivio cuando la encontró. Caminó en dirección a ella, posicionándose a su lado. Miró al frente y se cruzó con los fríos ojos de su padre, desvió su mirar un poco nervioso, y contempló a Nappa. Éste solo los miraba con evidente desagrado combinado con una molesta sonrisa de burla. Observando a Vegeta de soslayo, Trunks incitó a Bra a que caminaran hacia donde estaban los saiyajins. Frente a frente, los hermanos esperaron las órdenes del príncipe. Hubo un largo silencio lúgubre, Trunks tenía el fuerte impulso de hablar, pero estaría arriesgándose a hacer enojar a su padre; así que optó por esperar. Lo escuchó gruñir, para luego contemplarlo en como encendía el scouter; lo imitó, en cuanto lo hizo el aparato tintineó junto con un flecha amarilla que apuntaba al frente.
—Están esparcidos en dos grupos—Anunció Vegeta a la vez que giraba su rostro a la dirección que le indicaba el scouter—. Lo saben.
—No es una sorpresa, Vegeta— Escupió Nappa con amargura—. Esos ladrones nos han estado esperando por días. No entiendo como ellos pudieron aniquilar al escuadrón de Bloschephy. ¡Son tan débiles!
—Se lo merecían— Dijo Vegeta con temple.
A Trunks le dio un escalofrío al ver una sonrisa siniestra dibujada en el rostro del príncipe; se tranquilizó para después restándole importancia recordándose una y otra vez que clase de hombre era Vegeta en esa época. Seguía contemplándolo, sintiéndose totalmente excluido; aun contra eso, preferiría seguir siendo ignorado por su padre. Por lo que Trunks pudo deducir, Vegeta parecía no tener la intención de dirigirse a ellos; no lo tomó tan apecho, considerando que era lo mejor.
En cuanto a Bra, no le gustaba ser ignorada por el príncipe. Anhelaba más que nada quitarse el casco y hacerse ver por ese joven y apuesto Vegeta para bombardearlo de infinitas preguntas; ese era el motivo principal por el cual había pedido su deseo y al haber usado la máquina del tiempo. No quería regresar a su época sin antes entablar una charla con la contraparte joven de su padre. Recordando la escena de la sala donde encontró a un moribundo Vegeta, Bra ocultó sus brazos detrás de su espalda. Disimuladamente, sin que nadie se diera cuenta, trató de quitarse los rastros de sangre impregnados en sus guantes; dejó de hacerlo cuando Vegeta y Nappa se acercaron a ella. El saiyajin calvo habló usando un tono de voz burlona y alelada.
—Ustedes dos se encargarán con los del sur—Espetó; el alivio llegó para Trunks al escuchar las indicaciones de Nappa—. No tendrán ningún problema en aniquilar a unos pocos saqueadores— Añadió con escepticismo.
Un pequeño rayo de ilusión surcó directamente en el pecho del viajero del tiempo.
— ¿Saqueadores? — Preguntó un Trunks relajado, mirando alternativamente a ambos saiyajins—, ¿O sea qué son malos?
Nappa echó la cabeza hacia atrás soltando una estridente carcajada— ¿Malos? —Se mofó mirando a Trunks con altanería—. ¡Ey, Vegeta! ¿Escuchaste? El chico se quiere creer héroe.
—Déjalo creer eso, Nappa— Dijo Vegeta con la altivez que empleaba cuando quería infligir miedo—. Si considerándose un héroe puede hacer un buen trabajo, entonces que así sea.
Trunks puso mala cara, pero no articuló queja alguna. Posteriormente, un exceso de polvo se levantó del suelo provocando que Trunks se cubriera los ojos con ambos brazos; alzó un poco su vista para ver dos ráfagas de ki que se alejaban hasta desaparecer en dirección al norte. Los nervios y la ansiedad desaparecieron por completo, después de tanta intriga podía sentir una profunda paz. No tenía que perder más el tiempo ¡Era su oportunidad! Antes de emprender vuelo, apagó su scouter para decirle a Bra que debían ir al sur. Trunks no tenía más remedio que obedecer la orden, dicha por Nappa, pero impuesta por Vegeta. Para alivio suyo la misión solo era exterminar a alienígenas malignos, y no asesinar a nativos inocentes, esto último no lo hubiera soportado; de solo pensarlo al verse cometer una atrocidad así se le revolvía el estomago. Meneó diligentemente la cabeza como queriendo despejar su mente de esas ideas, se elevó y se dirigió hacia donde podía sentir las débiles presencias. Trunks volaba a una pausada velocidad, con Bra a su lado; evitando que su ki aumentara lo suficiente para no ser descubierto.
En menos de 20 minutos, los hermanos descendieron a unos cuantos kilómetros donde se podían sentir las energías. No había cambio alguno en el panorama, todo seguía igual de desolado. Bra, en cuanto pisó tierra, se quitó el casco con desespero junto con el scouter (no sin antes apagarlo), para luego lanzarlos al suelo. Se quitó uno de sus guantes para revisar que las semillas del ermitaño estuvieran en buenas condiciones, una vez que revisó que todo estaba en orden caminó hacia donde estaba Trunks, quién estaba haciendo un revisión panorámica.
— ¿Cuánto crees que haya durado el viaje hasta este planeta? —Le preguntó a Trunks sacándolo de sus cavilaciones.
—No lo sé—Respondió con sinceridad, encogiéndose de hombros.
Bra frunció el ceño mientras cruzaba sus brazos a la altura de su pecho, adoptando la típica pose de su padre. Clavó su vista en dirección al sur, percibiendo las energías; podía sentirlos demasiado cerca.
—Es por allá— Señaló Bra, mirando a lo lejos una gran extensión de tierra seca.
—Siento muy pocas presencias.
—Son malos… ¿Verdad? —Preguntó esperanzada.
—Hay mucha energía maligna.
—No tanta como la de papá— Susurró con tristeza.
Trunks la miró para luego tomarla por los hombros quedando frente a ella. Se dio cuenta en como su hermanita reprimía esa lágrimas que desesperadamente exigían salir. El corazón se le encogió al verla en ese estado de aflicción. Llevaba solo unos días de conocerla, así que no tenía la más remota idea en cómo ayudarla, reconfortarla, tranquilizarla con unas simples palabras de apoyo. Nunca se vio en una situación parecida, lo único que se le ocurría hacer era abrazarla, y lo hizo. La acercó a su pecho y la estrechó entre sus brazos; se sintió enternecido al ser correspondido.
—Bra—La llamó sin dejar de abrazarla —, ¿Qué hiciste? ¿Por qué la sangre en tu traje?
—Freezer lo golpeó—Respondió la niña, separándose de él sin deshacer el abrazo para poder verlo a los ojos —. Nuestro papi estaba sangrando… él… ellos…—Calló, suspiró y continuó—. ¿A qué se dedican Freezer y sus hombres? ¿Viajar en planetas y matar a los malos?
Trunks se quedó sin una respuesta, no podía decirle la verdad, eso la lastimaría. Le acarició la coronilla y con voz cariñosa le preguntó:
— ¿Has estado leyendo el diario de mi madre?
Bra puso mala cara ante tal pregunta.
—Me salté algunas partes—Respondió de mala gana—. Mamá se la pasó escribiendo pestes sobre papá.
Al hacer mención de Vegeta, ocasionó que Trunks recordara el posible motivo del porqué Bra había salido de la celda sin avisar.
—Bra, escúchame, nadie debe ver tu rostro—Le advirtió seriamente—. Mucho menos nuestro padre, él no tiene que saber que somos sus hijos ¿De acuerdo?
Bra asintió sin protestar, se separó de su hermano fulminándolo con la mirada.
—Tengo mucha hambre, Trunks—Le dijo groseramente, como si él tuviera la culpa de su reciente apetito.
Trunks sonrió ante el puchero de Bra, comprensible esa actitud en una niña de tan solo 10 años de edad. Comprobando que no había ninguna presencia cerca de ellos, consideró en aprovechar ese momento en el cual estaban solos sin que nadie los molestara; además, él también tenía muchísima hambre.
—No hay nadie cerca— Le anunció; sacó el pequeño estuche oculto dentro de su armadura, lo abrió para tomar la cápsula de los suministros de comida para luego ser lanzada al suelo—. Adelante, Bra.
El denso humo de disipó en segundos. Bra se acercó a un frigorífico para sacar algunas fresas— ¡Rico! —Exclamó al probar dicha fruta —. ¡Oye!, ¿No vas a comer?
—Sí, pero antes quiero modificar…
Trunks se agachó al suelo para recoger el scouter de su hermana, se puso de pie y volvió a checar su estuche para escoger la cápsula donde estaban sus herramientas. Era su momento para modificar los scouters. Se sentó en el suelo, un poco alejado de Bra, concentrándose en su labor.
— ¿Qué haces? —Preguntó la niña masticando un trozo de chocolate al acercarse a su hermano.
Trunks levantó la cabeza para mirarla. Rió por lo bajo al verla con bigotes de chocolate—. Espera.
Bra se encogió de hombros, siguió con su tarea en seguir comiendo—En este frigorífico están las carnes, ¿Verdad?—Se preguntó ella misma mientras abría la nevera—. Comeré esto y… esto— Decía entre risas, tomando un poco de todo para saciar su apetito saiyajin.
—Creo que ya quedó—Susurró Trunks. Tomó su scouter y se lo colocó en su oreja, lo accionó para comprobar si el aparato ya estaba modificado; y en efecto, lo había logrado.
—Cuando regresemos me daré una ducha—Le dijo Bra a su hermano al acercarle un plato lleno de frutas, verduras y carnes frías.
Trunks le sonrió en agradecimiento, comió apresuradamente sin importarle los buenos modales; Bra, risueña, solo lo contemplaba.
La tranquilidad no les duró mucho. Ambos hermanos se pusieron de pie al sentir energías que se acercaban a ellos, a una velocidad asombrosa.
—Se están acercando.
—Son muchos…— Susurró Bra, sus ojos se abrieron como platos y su mandíbula se desencajó al sentir un exceso de ki maligno.
—No tengas miedo, Bra— La tranquilizó Trunks.
— ¡Yo no tengo miedo! —Exclamó la niña muy ofendida.
Trunks la miró con evidente nostalgia, se recordó a sí mismo, le acarició la mejilla dedicándole la más tierna de las sonrisas. Era obvio que su hermana tenía ese instinto de pelea herencia de saiyajin, pero él no iba a permitir que ella se manchara las manos de sangre.
—Me encargaré de ellos, ¿De acuerdo?
Se notaba el nerviosismo de Bra, nunca había estado en una pelea de verdad, todo era un estricto, pero muy bien cuidado entrenamiento con Vegeta. Con el orgullo herido de no poder pelear junto con su hermano, retrocedió unos pasos para alejarse del campo de batalla.
— ¿Y tu espada? —Gritó a lo lejos, ocultándose de los nativos asesinos.
—No la necesito—Sonrió Trunks arrogantemente.
—Esas cucarachas resultaron ser muy eficientes— Gruñó Vegeta mirando el horizonte. Estaba de pie, rodeado de cadáveres, analizando con su scouter el nivel de pelea de sus nuevos "hombres".
Nappa, a su lado, miraba absorto los números de la pantalla de su propio scouter—No puedo creer que me superen en poder— Espetó furioso, rechinando los dientes y apretando los puños a causa de una reciente humillación.
—No lloriquees, Nappa ¿Qué te parece si les damos la bienvenida? —Habló el príncipe sonriendo con malicia.
—Eso no me divertirá—Afirmó rabioso —. A ti te tocará la mejor parte—Terminó quejándose.
Nappa percibió un destello rojo en los oscuros ojos de Vegeta, cuya expresión reflejó terror bajo esa sonrisa disfrazada de pura maldad.
A pesar de ver una batalla demasiado sangrienta, Bra sintió mucha admiración hacia su hermano; había sido testigo de una pelea épica y digna.
—Toma tu scouter, Bra. Cambié la escritura a nuestro idioma, así podrás entenderle—Le dijo Trunks, sacándola de sus pensamientos.
—Genial.
—También podrás… —Calló al percatarse de dos presencias que se avecinaban—. ¡Bra, rápido! ¡Ponte el casco! Nuestro padre y Nappa se acercan.
La niña obedeció enseguida, se puso su casco no sin antes colocarse el scouter. Levantó su mirada al cielo percibiendo las ráfagas de ki de los saiyajins.
El primero que aterrizó fue Vegeta, seguido de Nappa; con una fiereza en sus semblantes era difícil discernir si estaban molestos, o solo serios.
— ¿Se divirtieron? —Preguntó el príncipe empleando un tono muy divertido.
Trunks captó el sarcasmo de su padre, decidió no tomar muy a pecho la indirecta y optó en responderle respetuosamente.
—Terminamos el trabajo tal y como lo ordenó, señor.
Vegeta gruñó, se cruzó de brazos y se dirigió a su compañero saiyajin— Nappa, ve y encárgate de lo demás.
—Como tú digas, Vegeta.
Nappa volteó a ver a los hermanos dedicándoles una risa lúgubre y se marchó.
Ahora sí solos, con Vegeta. Los nervios en Trunks se disiparon como torbellinos descontrolados, incapaces de detenerse. Mientras que en Bra, una alegría inexplicable estaba emergiendo dentro de sus entrañas; esperando impaciente a volver a escuchar a su joven padre.
Vegeta solo los escudriñaba, uno por uno, analizando cada detalle esencial; sonriendo para sus adentros.
—Ignoro en como engañaron a Freezer… —Dijo Vegeta mientras caminaba de un lado a otro sin dejar de mirarlos—… y en cómo lo convencieron para que los integrara a su armada intergaláctica—Trunks detectó peligro en ese tono, aparentemente, tranquilo—. Pero entiendan esto: están frente al príncipe de todos los saiyajins y, mientras estén trabajando en mi escuadrón será a mí a quien tienen que dar lealtad. ¿Comprendieron?
—Sí, señor—Respondió el muchacho, sosteniéndole valientemente la mirada a su padre.
Esos segundos de tensión parecieron eternos. Vegeta los atisbó una vez más, para luego dar media vuelta y alejarse—. Vámonos— Ordenó y emprendió vuelo.
¿Eso era todo? Su padre los dejaría ir ¿Así? ¿Sin más? Trunks se esperaba una golpiza a modo de bienvenida o un interminable interrogatorio, o por lo menos un largo sermón de orgullo y fuerza; pero no. Era demasiado lindo para ser verdad: estaban salvados.
Ambos hermanos se elevaron y volaron en silencio hacia las naves, con Vegeta al frente. Cuando llegaron, se encontraron con Nappa, quién los esperaba. Cada quién se dirigió a su nave sin articular palabra alguna.
Trunks revisó el panorama para percatarse que todo estuviera en orden, tal y como lo recordaba. Avistó a su hermana, estaba lista para irse de allí. Divisó una vez más y se percató de algo inusual: se le hizo un poco extraño que debajo de la nave de Bra la tierra estuviese, levemente, removida. Quiso revisar más al fondo el cráter, pero la nave de su hermana ya estaba ascendiendo en esos instantes. Con la duda agobiándolo, se apresuró a marcharse cuanto antes.
...
La abertura se cerró frente a ella teniendo a sus ojos el vidrio rojizo. Decidió no quitarse el casco por seguridad, ya que eso evitaría que el gas sedante hiciera su función en ella; por ahora se conformaría con el escaso oxigeno dentro de su casco. Las luces volvieron a parpadear, sintiendo a su vez que la nave ascendía hasta que por fin pudo ver por completo el planeta "Daroyar"; el panorama era alumbrante. Escuchó de nuevo la voz computarizada: — "Estado de animación suspendida: activándose"—. El gas comenzó a esparcirse por toda la cabina deslizándose hasta en todos los rincones más ocultos; su casco no fue la excepción. La niña hizo su mayor esfuerzo por no inhalarlo, pero le era imposible: necesitaba respirar… y lo hizo.
Trunks sintió una profunda alegría cuando aterrizó en la base. Después de todo, las cosas estaban saliendo muy bien a pesar de que él y Bra seguían atrapados en esa línea temporal. Bajó de la nave y lo primero que hizo fue buscar a esas dos presencias poderosas; suspiró aliviado al no sentirlas… todavía. Volteó a su lado y se percató que su hermana y la nave de ella no estaban por ninguna parte. Invadido entre la desesperación y la preocupación comenzó a examinar el cielo, cavilando que tal vez la nave solo se estuviera retrasando. No había indicio de nada. Trató de encontrar el ki de la pequeña Bra, pero era en vano: no podía sentirlo.
— ¿Se te perdió algo, muchacho? — Preguntó una voz indiferente, no obstante con evidente sarcasmo.
Trunks respingó, apenas se había percatado de la presencia de Nappa. Éste estaba de pie con los brazos cruzados, cerca de la entrada principal. Trunks lo ignoró y continuó en su labor de búsqueda. Entonces lo advirtió, tampoco estaba su padre ¡En ninguna parte! Comprendió entonces que había caído en una trampa, un engaño.
"La tierra removida debajo de la nave de Bra" Pensó con el pánico extendiéndose por todo su cuerpo.
¡¿Cómo pudo ser tan descuidado?! Su hermana estaba con Vegeta, sola y desprotegida ¡Eso era lo más probable! Furioso y fuera de sí, arremetió contra Nappa. Lo empujó con brusquedad hacia atrás ocasionando grietas en lo ancho de la pared.
— ¡Nappa! ¡¿Por qué Goten y Vegeta no llegaron con nosotros?! —Rugió Trunks con ímpetu—. ¡Responde!
Nappa hizo una mueca de dolor producto de una fuerza descontrolada, su semblante delató miedo ante los ojos enfurecidos de Trunks. No conocía muy bien al muchacho, (salvo lo que le habían dicho el inútil de Raspberry y el afeminado de Zarbon), no obstante pudo detectar peligro de muerte en aquel tono exasperado. La primera impresión que tuvo de él fue una debilidad tan sentimentalista: Patético. Estaba al tanto de que su poder de pelea no era nada comparado con el de Trunks; sin embargo estaba 100% seguro de que iba a salir vivo de esa situación. Los saiyajins tenían una envidiable intuición que les permitía saber, previamente, las intenciones de los demás; en ese caso Trunks, quien a pesar de estar firmemente molesto no transmitía ese deleite y esa esencia asesina.
—Fueron órdenes de Vegeta—Contestó el saiyajin con tranquilidad, luego sus labios se curvaron para formar una sonrisa burlesca y malvada—. A él no puedes ocultarle nada.
— ¿Qué quieres decir con eso? ¡¿A dónde enviaste la nave de Goten?!
Nappa no se inmutó, comenzó a carcajearse ante la rabiosa mirada de Trunks. El saiyajin parecía un completo maniático, riéndose desmesuradamente, regocijándose por la desesperación del viajero del tiempo.
— ¡Crees que te lo voy a decir, estúpido! —Espetó sin dejar de reírse.
Bra sentía que se asfixiaba, no sabía si aguantaría por mucho tiempo. Al salir de la nave, la gravedad del ambiente provocó que su cuerpo colapsara contra el suelo. Tuvo que elevar un poco su ki para poder mantenerse de pie. El oxigeno era muy escaso, sumándole a un clima sumamente caluroso; gracias a eso le era imposible respirar bien, tomando en cuenta que aún tenía el casco puesto. Le tomó unos minutos en percatarse del lugar en donde se encontraba. No era la base, eso era obvio. A diferencia del planeta "Daroyar", el panorama que tenía frente a sus ojos era hermoso. Había grandes montañas parecidas a las de la tierra; el cielo era obscuro lleno de estrellas y con una luna rojiza en fase cuarto creciente. Un interminable pánico invadió a la pequeña Bra, no concebía lógica ante su situación; su único consuelo era la bella vista. Débil y asustada trató de regresar a su nave, necesitaba aire, ya no aguantaba más. Trataba de recordar si por accidente había alterado el mando de control cambiando las coordenadas. No podía equivocarse, estaba segura que no lo había hecho. Dejó de pensar, al hacer ese pequeño esfuerzo de memorizar, la cabeza comenzaba a dolerle. Estaba a punto de llegar a su nave cuando escuchó una voz detrás de ella.
— ¿Ya te vas? Pero si acabamos de llegar.
Pensó que estaba sola ¿Cómo pudo ser tan estúpida para no percatarse del ki de su padre? Con lentitud se dio media vuelta para encararlo. Supuso que si Vegeta estaba allí, entonces Nappa y Trunks también deberían estar por esos rumbos. Trató de localizar el ki de su hermano, pero nada. ¡No podía sentir el ki de nadie! Solo estaba ella y su padre… solos… en ese lugar hermoso. Sin darse cuenta de nada, cayó al suelo provocado por un fuerte golpe en sus costillas; sintió en cómo se escapaba el aire de sus pulmones. Llevó sus manos en el pecho tratando de apaciguar el insoportable dolor. Haciendo el mayor esfuerzo por no gritar, escuchó la rotura de su pierna; estaba siendo arrastrada por Vegeta como si fuera una muñeca de trapo. Bra, con lágrimas en los ojos, vio como la alejaban de su nave… su salida. El caliente y empedrado suelo la herían, provocándole quemaduras y raspaduras en su cuerpo. No sabía qué hacer, el tormento por el cual estaba pasando no la dejaba reflexionar, concentrarse, pensar en algún modo de escapar. Otro crujido. No lo soportó más, un grito ensordecedor se expandió por todo el lugar, haciendo eco contra las montañas. Para alivio suyo, todo se detuvo. Sintió sus piernas libres de ese brusco agarre.
— ¿Acaso creíste que no me iba a dar cuenta que fuiste tú, quién salvó mi vida? —Le preguntó Vegeta mirándola con profundo asco y odio—. Quítate el casco.
Después de la paliza que recibió de Freezer, Vegeta aumentó considerablemente su poder al recibir esa medicina milagrosa por parte de la criatura; de solo recordar ese momento le resultaba repulsivo, deshonroso, se sentía totalmente humillado. Sus deseos de sangre aumentaron al ver a su víctima en el suelo, retorciéndose de dolor. Caminó alrededor de su hija, deleitándose con ese exquisito olor a miedo.
—No juegues con mi paciencia—Le dijo plácidamente—. Quítate el casco.
Bra se quedó quieta en su lugar, no tenía opción. Observó a Vegeta detenerse, frente a ella. Sus ojos se abrieron como platos viendo con horror a su padre, quién comenzó a crear una esfera de energía; el poder creado era suficiente para matarla. Su corazón estaba hecho pedazos, no vislumbró misericordia en esos ojos negros, solo había una eminente determinación de matar.
— ¡No!, ¡Por favor! — Susurró Bra derrotada.
Vegeta mostró un sutil asombro al escuchar esa voz. Sus sospechas resultaron ser ciertas, sin embargo no pudo evitar sorprenderse ante el reciente descubrimiento. Cambiando su semblante a su gesto inicial y con la esfera de energía en la palma de su mano, presenciaba la revelación de una inesperada identidad.
En esos instantes se escuchó el casco caer, dando a conocer a una criatura de envidiable belleza. La sola presencia de la niña le había provocado cierta paz, y eso solo lo cabreó más. En esos momentos que tenía a su vista ese angelical rostro, toda su realidad desapareció en tan solo unos segundos, el tiempo necesario para que él cavilara lo ocurrido.
Los ojos azules se volvieron a encontrar con los ojos negros, desatándose un torbellino de emociones desenfrenadas. Vegeta se encontraba deseoso, poseído por esa insaciable y despiadada determinación que lo irrumpía antes de matar.
Hola ñ.ñ Perdón por ausentarme en la actualización, pero necesitaba escribir este capítulo con suma inspiración que por mala suerte llegó tarde; en verdad me disculpo. Hice un dibujo representando la última parte del cap, lo subí en mi página de facebook, allí podrán verlo ;)
Un capitulo muy difícil de escribir, pero quedé satisfecha con el resultado. Espero de todo corazón que lo hayan disfrutado. Yo sigo con la emoción a su límite y es que la serie "Dragón Ball Súper", me hizo feliz ayer y hoy ¡Amé el capitulo! Hasta ahorita es mi favorito, pero bueno, eso es aparte.
Agradezco de todo corazón sus hermosos reviews ¡100 en total! También a los nuevos seguidores y favoritos. Los quiero :3
Besos y abrazos
Mackenzie Monyer
03/04/16
