-Duérmete nena, duérmete ya, que viene el coco y te llevará…-se escuchaba una suave voz que cantaba. María abrió los ojos y vio a Antonio cantándole suavemente mientras acariciaba sus cabellos. El cariño de la voz española le daba paz- duérmete nena, duérmete ya…- de pronto, la voz comenzó a volverse más suave como si España se alejara lentamente. María se asustó y trató de seguirlo, pero el ibérico se alejaba más y más hasta desaparecer junto con su voz.

Entonces una nueva voz llegó a los oídos de la joven. Era muy suave pero se volvía cada vez más fuerte, como si alguien estuviera acercándose.

-Twinkle, twinkle, Little star. How I wonder what you are…-era la voz de Arthur. Pronto vio al inglés acercarse lentamente cantando una canción de cuna. Lo había escuchado cantarle esa canción a Alfred- Up above the world so high… -el rubio de ojos verdes le acarició el cabello con una suave sonrisa- like a diamond in the sky…

Arthur le extendió la mano para que la acompañara. María tomó su mano indecisa y no pudo evitar mirar el punto en el que el español había desaparecido. Lo extrañaba.

María despertó de su sueño cuando una voz invadió el interior del avión donde viajaba. Se estiró y miró por la ventana mientras la voz del copiloto les indicaba que estaban a punto de aterrizar en Italia. A su lado se encontraba Alfred que estaba profundamente dormido. Se veía tan raro sin lentes, bajito y delgado. Era como ver a Arthur con un mechón de cabello que sobresalía de su cabeza.

-Hey Alfred, wake up…-murmuró ella agitando su brazo. El estadounidense se despertó y la miró antes de estirarse.

-¿Ya llegamos?-preguntó él frotándose los ojos. La chica asintió y volvió a mirar por la ventana, podía ver el coliseo a lo lejos. Era la primera vez que asistía a una de las reuniones del G8, bueno, G9 gracias a su presencia. Era la única chica en el grupo.

A los pocos minutos, el avión aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Roma. María y Alfred bajaron del avión y tomaron un taxi rumbo al lugar de reunión. La joven miraba por la ventana las calles italianas preguntándose como iban a reaccionar todos pues era la primera vez que se encontraba con los europeos.

Llegaron al edificio donde se encontraban todos los demás. Afuera, Feli recibía a todos con una amplia sonrisa, como buen anfitrión.

-Buongiorno, Maria-dijo el menor de los italianos con una amplia sonrisa. La chica agradeció internamente que alguien la llamara por su nombre normal y se alegraba de que sus relaciones con el castaño no hubieran cambiado en nada.

-Hello, Feli…-lo saludó con una amplia sonrisa antes de que el estadounidense la jalara al interior. Ella le dedicó una mirada molesta pero se dejó llevar a la sala de reunión.

-Iré por café, sigue este pasillo y llegarás a la sala de conferencias-le indicó Alfred antes de ir a la cafetería del edificio. María siguió caminando cuando vio a dos castaños acercarse. Eran Antonio y Lovino. La joven estuvo a punto de correr para lanzarse a los brazos del ibérico como solía hacerlo cuando al español se le cayeron un par de papeles al suelo.

La chica se apresuró a ayudarlo a recogerlos y entonces su mirada chocó contra la mirada del español. Un escalofrío la recorrió y una tristeza se alojó en su pecho cuando se dio cuenta que esos ojos esmeralda no la miraban con cariño y afecto. Eran fríos e indiferentes.

-Gracias, Mary…-agradeció con cortesía pero siguió platicando con el italiano sureño una vez que terminó de recogerlo todo-Entonces te decía Lovi, son cosas que no entenderías estas cosas, son solo entre mis niños y yo…

Ambos castaños se alejaron y la chica solo los vio irse sintiendo un gran vacío en su interior. España nunca la había mirado así… jamás… Lo extrañaba, extrañaba sus abrazos, extrañaba como tocaba la guitarra para ella, extrañaba cuando le preparaba churros con chocolate… realmente lo echaba de menos…

María suspiró y vio a Alfred acercarse quien inmediatamente notó que algo estaba mal. La joven estaba de pie en el pasillo al borde de las lágrimas.

-Mary? What's wrong?-preguntó preocupado buscando su mirada- ¿Carriedo te dijo algo malo? –ella negó con la cabeza tratando de evitar llorar. Era muy doloroso. En ese momento ambos sintieron un escalofrío y Alfred rodeó la cintura de la chica protectoramente.

-Privet, gemelos amerika-dijo una voz. María levantó la mirada y vio a Iván quien les sonreía amenazadoramente- Juntitos como siempre… espero que hoy no haya problemas, da?

-Pues nosotros no tendremos problemas contigo si no nos molestas-gruñó Alfred encarándolo cosa bastante impresionante porque al tener la misma estatura que Arthur, era bastante más bajo que el soviético. La chica no le tenía miedo al ruso y de hecho disfrutaba estar con él pero su aura agresiva no indicaba nada bueno. Esa tensión en el aire le trajo recuerdos…

-Privet, Mary-dijo la voz de Iván pero se escuchaba más amenazadora que de costumbre- ¿Dónde está Alfred? Es raro que te deje sola, no se despega de ti ni por un segundo…

El soviético se acercó a ella y estuvo a punto de tocar su cabello cuando escucharon como se cargaba un arma. Por el rabillo del ojo pudo ver a Estados Unidos apuntarle directo a la cabeza.

-No te atrevas a tocarla o te vuelo la cabeza, Soviet Union…-gruñó acercándose lentamente. María quería intervenir. Odiaba cuando los demás y sobre todo cuando Alfred se metía en sus asuntos por lo que lo miró molesto.

-No te preocupes, Alfred-dijo ella fríamente y miró al ojivioleta que la miró con cierta sorpresa- ¿Qué pasa Iván?

-¿Por qué tanta amabilidad, amerikana?-preguntó el soviético desconfiado- ¿Me estás engañando? No fuiste muy amable en estos últimos días cuando ustedes querían imponerme su capitalismo- la chica un escalofrío, Iván no sentía cariño por ella, definitivamente no- ¡Me engañas!

Un dolor apareció cuando la Unión Soviética la sujetó por los brazos. El fuerte agarre la tomó por sorpresa y la hizo soltar un quejido. Alfred no dudó en amenazarlo furioso y preocupado.

María regresó al presente llevando las manos a sus brazos y sintió un leve dolor en el lugar donde el ruso le había apretado. Posiblemente incluso le había dejado las marcas de sus dedos. No podía confiar más en Iván porque ella también había participado en la guerra fría.

Rusia los fulminó a ambos por un momento sin dejar de sonreír y se fue a la sala de conferencias principal. Los ojos azules de Alfred lo siguieron hasta que se perdió y entonces relajó la posición liberando a la joven del abrazo protector

-Odio cuando se da sus aires del dueño del mundo-gruñó el estadounidense dándole un trago a su café. Había estado apretando la taza con tanta fuerza que María se sorprendió de que ésta no hubiera estallado en mil pedazos- Vamos, la conferencia ya va a empezar…

Mientras el ojiazul se alejaba, ella lo siguió con la mirada. No sabía que Iván y Alfred se levaban tan mal. ¿Cuántos amigos había perdido por participar en todas las guerras como Estados Unidos?


Gracias por leer y por sus comentarios

Flannya: Siempre tan intuitiva, efectivamente, Arthur mimaba más a María porque el cargo de conciencia está muy canijo jeje

Mary: SHHHHHHH! No cuentes el climax de la historia jeje y si, si hay anime.

Forpeil: Me alegra ver que has estado leyendo mis otros fics, gracias por tu comentario.

Yo merita: Gracias por el aporte

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