Nota del autor:

Están cerca de iniciarse los diálogos. Ya vieron lo que sucedió en Hůrdal, con las declaraciones de Iván Márquez. Solo queda esperar lo que sucederá en estos nuevos diálogos, y lo que se pueda desarrollar en cuanto al primer punto que corresponde a la "política agraria".

Ha habido últimamente especulaciones con respecto a este proceso de paz, en especial por lo de las "comisiones técnicas", y el asunto de que si es una "desmovilización" o una "dejación de armas". Las noticias han indicado que los procesos propiamente dichos iniciarán no el 15 como habían dicho los observadores cubanos y noruegos en Hůrdal, sino cuatro días después, el 19 de noviembre. Este retraso se debe, según ambas partes a "problemas logísticos". El mismo retraso se evidencio en la reunión que llevó a lo que se está llamando como declaración de Hůrdal, pronunciamiento hecho en la localidad homónima y que se ha citado y en capítulos anteriores. Vamos a ver que se me ocurre para rellenar este tramo de días, y aunque seguiremos con la misma línea narrativa, pondré paulatinamente algo de Col/Ven (en su versión yaoi, que tanto gusta por ahí) que no es precisamente una relación sacada de los cabellos sino algo patente y existente dado los lazos de hermandad y vecindad que tienen los dos países. Este capitulo y los dos subsecuentes serán un breve interludio que hará transición a los siguientes capítulos, que tratarán sobre las negociaciones propiamente dichas, en cada uno de los puntos planteados por las partes negociadoras, y que obviamente se actualizará a medida que se den los diálogos. Solo concluiré esta historia cuando las negociaciones hayan terminado definitivamente, por lo que el final de esta historia dependerá propiamente del final del proceso. Puede ser exitoso, puede ser un fracaso, solo el tiempo dirá como terminaré este fic, que creo que va para largo.

Más sin embargo tengo que entrarles a explicar algo relacionado con uno de los países observadores: Chile.

Chile sufrió una de las dictaduras más tiránicas de América latina: la de Alfonso Pinochet. Después del sangriento golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, Pinochet hizo una estricta cacería de brujas, acabando con toda la oposición política, destruyendo el patrimonio cultural chileno de forma sistemática, persiguiendo a los políticos de oposición tanto del ala socialista, como de la disidencia cristiano demócrata (ejemplo de esto es la extraña muerte de Eduardo Frei, ex presidente chileno y uno de los más fieros opositores de Pinochet durante el inicio de la dictadura). Así mismo, fue uno de los impulsores de la economía chilena, haciendo concesiones mineras de forma indiscriminada a consorcios mineros ingleses, además de hacer una suerte de contrarreforma social, acabando de tajo los logros conseguidos por Allende durante su corto mandato. Aun a pesar de todo, tuvo un fuerte respaldo entre las clases más acomodadas, el ejercito, los grandes empresarios y la iglesia católica chilena, los cuales lo sostuvieron en el poder hasta 1990, cuando los partidos de oposición, unidos en la "concertación nacional por la democracia" logran ganar el referendo de 1989, a pesar de que Pinochet pensaba volver a declara nulos los resultados en un nuevo golpe de estado. Pinochet entonces tuvo que resignar todos sus poderes en Patricio Aylwin en 1990, el cual consiguió hacer una transición a la democracia exitosa para el país austral.

Nuevo capítulo, misma historia. Disfruten de la lectura.

Capítulo 6: al son de un bolero, y unos tragos de ron para el olvido.

La Habana, al día siguiente…

Los días pasaban con lentitud en la ciudad caribeña. Era ya de por si agobiante el soporífero calor que siempre rodeaba la mañana caribeña, en especial rondando las 8:00 de la mañana. Juan, con sus hábitos naturalmente madrugadores se levanta con algo de pereza a las seis, su reloj interno obviamente lo obligaba a levantarse a esas horas, llueva, truene o relampaguee. Aunque obviamente habían días en los que simplemente se tendía a dormir por horas y horas… e incluso había pasado tres días enteros dormido.

Se levantó con sumo cuidado, procurando no despertar a José, quien estaba a su lado, profundamente dormido. Después de haberse levantado de la cama, se dispuso a buscar algo con que taparse, debido a que en medio de la noche había tirado sus boxers en medio de aquel fragor pasional que surgió tan de repente. Sentía un punzón extraño de culpabilidad al haber tenido que utilizar a su hermano como una suerte de "paño de lágrimas". Era a fin de cuentas incorrecto en todo el sentido de la palabra. Pero que podía hacer… a pesar de todos los conflictos, encuentros, desencuentros, incidentes, peleas, agresiones... el siempre estaría allí. No era como Francis o Alfred, que aunque eran sus amigos más cercanos tanto en lo personal como en lo económico y lo político, siempre eran distantes, lejanos. No, José Francisco Páez Montenegro, la república de Venezuela, o mejor dicho, la "república Bolivariana de Venezuela" siempre estaría a su lado apoyándolo en todo momento, siendo su aliciente, su apoyo, su sostén más cercano. El siempre estaría allí. Él era su hermano. O su amante. O lo que fuera.

Se dirigió entonces a la cocina, e inevitablemente tenía que pasar por la sala. Suponía entonces que Carlos aun estaría dormido en su cuarto del segundo piso, aunque los ronquidos no se sentían en absoluto. Salió entonces así, con una sabana enrollada a la cadera, obviamente con las vendas de los brazos y el pecho aun enrolladas a su lacerado, pero bien tonificado cuerpo. No había notado al cubano, que estaba vestido con una camiseta blanca sin mangas, una pantaloneta color azul claro, leyendo el diario GRANMA como si nada, mientras que en la mesita de la sala había una taza humeante de café.

—¿pasaste bien la noche, Juan Pablo? —le dijo socarrón el cubano sin ni siquiera quitar su mirada del periódico.

—eeeeehh… puedo explicar… no fue mi intención…

El colombiano de cabello negro azabache y ojos verde esmeralda estaba entonces rojo como un tomate, evadiendo la mirada de vergüenza. El cubano simplemente bajó el periódico, mientras sonreía de forma algo maliciosa.

—no tienes que explicarme nada, ¿porqué tantos nervios?. —luego agregó— además, creo que necesitabas desestresarte un poco.

—si, creo que tienes razón.

Esos últimos días lo habían puesto de un estrés y un genio bastante irascible: los problemas con la nueva reforma tributaria que causaron un profundo malestar, el paro judicial que prácticamente dejaba a la deriva cientos de miles de casos, y que para más inri parecía no tener alguna solución, las cada vez más acidas criticas de diferentes sectores en contra del proceso. Eso, agregado a que en próximas semanas su presidente iniciaría una gira por varios países de Europa, en medio de una situación coyuntural bastante delicada en Suramérica, y en especial entre Colombia y Venezuela.

—¿hay café?

—si. —le respondió Cuba práctico— preparé algo de café para el desayuno. Si deseas puedes servirte.

—no creo que tenga ganas de café por hoy —afirmó Colombia.

Se dirigió de nuevo a su cuarto, sacó unas pastillas de chocolate. Pidió permiso a Carlos para usar algo de leche de su nevera, obvio que se lo concedió. Calentó entonces la misma en la hornilla de la estufa, le echó una fracción de la pastilla, lo batió con presteza, teniendo cuidado de que no se regara. Con posterioridad tomó un pocillo y se sirvió el espumoso chocolate, dejándolo en reposo por unos minutos. Ya con la taza en la mano, se dirigió hacia la sala, sentándose en la poltrona en donde estaba Carlos sentado, leyendo tranquilamente el periódico.

—deberías vestirte. —le dijo Carlos a Juan Pablo— ¿o es que cogiste las mañas de Francis?

—primero es el desayuno. —le respondió este ultimo al chico de rastas recogidas en una coleta— y Francis es un buen amigo, pero eso no le quita lo pervertido, aunque eso sí, yo no he cogido sus mañas.

—bueno, si tu lo dices…

Se tomó entonces el chocolate. José se despertó y se puso entonces una pantaloneta verde que tenía a la mano. Se dirigió a la cocina en búsqueda de desayuno, y al pasar por la sala vio a Carlos y a Juan, el uno tomando como si nada chocolate, con apenas una sábana enrollada a su cadera, mientras el otro estaba vestido de forma un poco más decorosa, y leía tranquilamente la prensa.

—buenos días —respondieron los dos, sentados ambos en la poltrona (aunque salvando una prudente distancia).

José los miró a ambos perplejo. Asintió al saludo.

—¿pasaste bien la noche? —le dijo entonces Venezuela a Colombia.

—si, puede decirse que la pasé de maravilla. —respondió Colombia alegre.

Todos habían visto de nuevo la lozanía y felicidad del colombiano. Había recuperado ese brillo vivaz y alegre de épocas pasadas. Aquella alegría inherente y natural que le caracterizaba, aquel muchacho fiestero y alegre que podía sacar toda suertes de recursos ingeniosos para poder facilitarse la vida. No era aquel chico triste y melancólico que había visto en Hůrdal días atrás, de pensamientos tristes y moral destrozada.

Alguien toca a la puerta. Juan Pablo se levanta por reflejo, mas sin embargo Carlos lo ataja.

—lo mejor es que yo atienda la puerta —le dijo el cubano— no vaya a ser que se te caiga la sabana por abrirla, la brisa mañanera suele ser muy fuerte por esta zona.

Se dirige entonces hacia la puerta y abre. Y obviamente encuentra a la puerta a un chileno de aspecto algo amargado, vestido con una camisa de algodón sencilla, pantalones de mezclilla color caoba, mocasines color vino, y con una cara de notorio malgenio.

—no saben todo lo que tuve que pasar para llegar aquí. —espetó rudamente el chileno, tirando la maleta al piso.

Cuba sonrió. Chile por su parte entró con algo de agotamiento, musitando toda suerte de quejas por lo duro del viaje, la incomodidad de la clase turista, de sus propios problemas internos, del insoportable vecino pervertido que vivía al lado, en fin. Al entrar a la sala, Colombia se levanta del sofá, sosteniéndose con una mano la sábana que ya quería caerse.

—me alegra mucho que estés aquí Manuel —exclamó el colombiano alegremente— ven y dame un abrazo!

El chileno se alejó con algo de cautela, diciéndole con creciente irritación.

—vístete primero, pervertido infeliz!

—vamos… un abracito no le hace daño a nadie —se acercó, lo abrazó y lo estrujó con fuerza, y para más inri la sábana que cubría las regiones vitales del colombiano de ojos color verde esmeralda y cabello negro azabache se cae, dejando al descubierto muchas cosas que no se pueden mencionar por respeto a la decencia.

—Juan… se te cayó la sabana. —Le dijo José a su hermano al oído de forma sutil.

—mierda.

Soltó al chileno, el cual quedó aturdido con los "abrazos de oso" que suele dar el colombiano, agregado al vergonzoso incidente que dejó a este ultimo al desnudo.

—maldición, ponte algo decente de por dios —exclamó entonces Chile evadiendo la mirada—bastante tengo con un culiao pervertido nudista para aguantarme otro!

Juan se enrolló de nuevo la sabana, y rápidamente obedeció. Sabía que había sucedido, no había que ser un genio para deducir porqué Juan Pablo Márquez Botero estaba tan feliz de la vida, a pesar de que el chisme de que este había entrado en una profunda depresión se había regado por toda américa latina.

—¿y alguien sabe que le picó a Juan? —preguntó Manuel, recién llegado, y ya sentado en una de las poltronas de la sala.

—mmm… no sé… —dijo Carlos—aunque creo que José tiene mucho que ver.

Unos cuantos minutos después…

Se sirvieron el desayuno en el jardín de la casa de Carlos, el cual estaba bien cuidado con esmero. Aparte de las flores ornamentales y una pequeña fuente, en el jardín había también una huerta pequeña que le servía de sustento al cubano de rastas oscuras recogidas en una coleta. A la sombra de un espléndido naranjo que también estaba en el jardín y del cual pendía de una de sus ramas un rústico columpio, había una mesa y unas bancas de piedra. Carlos, con ayuda de Juan y José sirvieron el desayuno en el exterior, en medio de la agradable mañana habanera.

Y en medio de platos de huevos fritos, jugo de naranja, chocolate espumoso y fragante, y obviamente pan casero recién horneado, empiezan a desayunar, y a discutir sobre los recientes acontecimientos que habían llevado a Juan a ese punto.

—entonces dime, ¿Qué ha pasado mientras no estaba en mi lugar?. —inquirió entonces Chile, bebiendo un sorbo de la taza de chocolate.

—bien —inició entonces Venezuela con tono práctico— como creo y supongo que sabes Carlos, Juan y Lukas Bönndevik estuvieron en conversaciones exploratorias con representantes tanto del gobierno como de las FARC acá en La Habana.

—entonces, ¿Cómo entraste tu? —inquirió Chile de nuevo.

—José entró por voluntad política del secretariado de las FARC —cortó entonces Colombia serio. —ellos pidieron la presencia de alguien de confianza del gobierno de Chávez, aunque al final decidieron que el mismo José viniera.

—ya veo —exclamó el chileno serio. —pero por lo que dijeron en Hůrdal, no veo que hayan muchos puntos en común entre esa guerrilla y tu gobierno.

Un silencio bastante tenso se sentía en aquel jardín. La agradable mañana que empezaba se veía ensombrecida por la negra sombra de aquellas palabras en Hůrdal hacía ya mas de un mes. "La paz no implica el silencio de los fusiles". La frase entonces volvía de nuevo a su mente.

—lo que dijeron en Hůrdal los negociadores no es relevante ahora. —cortó de tajo el colombiano— de hecho, lo de Hůrdal no revistió de gran importancia estratégica para los diálogos.

—Perdón entonces, pero es que no he estado al tanto de las noticias.

Era algo raro. No se había hablado de otra cosa alrededor del mundo que de los nuevos diálogos de paz que se empezaban a gestar en La habana, y del alto secretismo con el que se estaba manejando. Y solo en Hůrdal se había conocido el alcance total de aquellos diálogos previos.

—pero sin embargo, ¿Qué es lo que está haciendo Lukas Bönndevik en los acuerdos?

—Luke es un garante neutral —respondió entonces Colombia— no va ni con derecha ni con izquierda. Además él ya tiene experiencia con todo este meollo.

—además, creo que es el único garante europeo[1] que existe en el proceso en este momento —intervino Cuba tomando un sorbo de jugo de naranja.

—y entonces, ¿Cuál es mi papel?

—el mismo en el que Carlos, Luke y José están interviniendo: tienes que servir de garante en el proceso —luego agregó— en cada punto de negociación tendré que necesitar de la ayuda de cada uno de ustedes. Por lo pronto Carlos podría ayudarme con lo de política agraria. Podría explicarte todo lo del proceso que estoy haciendo con lo de la restitución de tierras, ver que podemos corregir y así analizar la propuesta que podríamos presentar.

—me parece prudente —exclamó el cubano

—Lukas perfectamente puede ayudarnos en lo concerniente a la participación política de las FARC. Va a ser algo que no me agrade de a mucho, pero es necesario.

—y entonces ¿en donde está el? —inquirió el chileno.

—El no desea perder el tiempo en estos preliminares —dice Carlos— vendrá el 15 con los representantes de su gobierno, a empezar con la veeduría del proceso.

—el otro punto será sobre el narcotráfico. —siguió el colombiano— ahí José juega un papel clave… —luego se dirigió hacia el pelirrojo de ojos miel— como tu eres un amigo muy cercano de Rodrigo Granda e Iván Márquez, necesito que me apoyes para que me digan cual es la verdadera dimensión de los cultivos ilícitos que ellos tienen.

—son amigos de Chávez, no son los míos —cortó el venezolano serio.

—discúlpame. —prosiguió entonces el colombiano—pero sin embargo, no me trago el cuento de que son simplemente "veedores", o que tienen cultivos de arracachas, maíz, frijol y café en la montaña… se lo podrá creer el idiota de Sören, pero yo no me como ese cuento más.

Se notaba una feroz capacidad de decisión en el colombiano. Una voluntad de hierro dispuesta a acabar el crónico conflicto que lo aquejaba de una vez por todas. No se levantaría de la mesa de negociaciones hasta que pudiera conseguir lo que esperaba: la terminación unilateral del conflicto, y la dejación de las armas.

—pero te repito, ¿en que voy yo con este paseo?

—ya voy para allá Manuel. —posteriormente siguió, después de tomar un largo trago de jugo— el tercer punto trata sobre la reparación de las victimas. Tu jugarás un papel muy importante allí Manuel. Y no me agrada decirte esto, pero sé que tu me puedes ayudar a conseguir esclarecer la verdad con todo lo que ha pasado, precisamente por lo que viviste con…

—NO NOMBRES A ESE MALDITO EN MI PRESENCIA! —gritó iracundo el chileno— NO NOMBRES A ESE BASTARDO HIJO DE PUTA QUE TANTO DAÑO ME HIZO A MI Y A MI GENTE[2]!

Manuel se había levantado rojo escarlata de la ira. No quería simplemente recordar los casi 20 años de gobierno tiránico y cruel, al mando de un gobierno represor, asesino y despiadado. Un gobierno que lo hizo retroceder en todos los aspectos, que lo llevó a una era de ostracismo, de oscuras tinieblas, en las cuales Arthur Kirkland era el único aliciente tanto político como moral en medio de la turbia oscuridad de la dictadura.

—perdón, pero lo que hiciste con la comisión de la verdad me pareció un punto válido para que nos colabores con…

—no sabes lo que he vivido Juan —le contestó sombrío el chileno— recuerdo mucho esos años en los que tu te regodeabas frente a nosotros junto con José, alardeando de ser la "ultima democracia de américa latina"[3], el "ultimo país libre" mientras el hijo de puta de Alfonso lo único que hacia era venderme como una vulgar ramera a norteamericanos e ingleses. No sabes cuantas personas tuve que matar con mis propias manos, porque el hijo de puta ese me obligaba, diciendo que "tenia que defender al estado y la fe cristiana", ¿sabes porqué no le dirijo al maldito de Gabriel la palabra desde hace treinta años atrás?, EL HIJO DE PUTA SIEMPRE SACABA LAS GANANCIAS MAS GORDAS MIENTRAS NOS HUNDIAMOS EN LA MISERIA DE UNA MALDITA DICTADURA[4]…

—no estamos hablando de Gabriel ni de la iglesia… ellos no van a interferir esta vez Manuel.

—NO ME IMPORTA, MALDITA SEA! —gritó el chileno más fuerte— si quieres te ayudo, si, pero no me nombres a ese hijo de puta en la cara.

Otra vez silencio. Los pájaros cantaban alrededor del jardín, después de que Manuel reaccionara de forma tan histérica y descontrolada.

—¿podrías seguir?... —inquirió José.

—si conseguimos éxito con todo esto, podemos firmar todos el "acuerdo para la terminación del conflicto". No tendrán más alternativa que firmar, pues no pienso ordenar el cese al fuego hasta que no haya un consenso y no firmemos.

—¿todavía hay combates?

—si, —contestó el colombiano con suficiencia— no puedo permitir que ellos tengan de nuevo la sartén por el mango.

Siguieron desayunando. José entonces sirvió mas jugo de naranja.

—chicos, les propongo un brindis. —alzó el vaso lleno de jugo.

—no, dejemos por ahora el brindis, es de mala suerte brindar con jugo o con agua, no somos mocosos. —afirmó el chileno

—saben, ¿porqué no vamos esta noche a la bodeguita?, es un lugar muy agradable, necesitamos salir un poco de la rutina. —propuso el cubano.

Juan sonrió.

—no es mala idea.

Esa misma noche…

Las cuatro naciones entonces se dirigieron hacia el centro histórico de la habana, en medio de la fresca brisa nocturna y el colorido de las coloniales edificaciones. Se alzaba entonces un edificio de aspecto algo alegre, del cual salía música de su interior. Los turistas solían frecuentar la conocida "bodeguita de el medio", un bar sencillo en esencia, pero con un encanto sin igual, en el que se respiraba los aires de bolero, las épocas de esplendor y gloria de antes de los castro y Fulgencio Batista.

—Ernest Hemingway solía frecuentar mucho este bar —exclamó orgulloso el cubano— y sinceramente, era el único gringo que me agradaba.

Si, todos sabían la cercanía de Cuba con Hemingway. Aquel eterno y solitario bohemio norteamericano, que desapegado de todo, buscó plasmar la vivida realidad de sus oscuros y tristes sentires y pesares.

Los cuatro se sentaron entonces en una mesa, que daba a la ventana, la cual tenia una vista de la calle, la cual estaba abarrotada de gente en su natural ajetreo nocturno. Los turistas con frecuencia bebían de los cocteles o las copas de ron, o bailaban al son del bolero y el danzón que tocaba la orquesta del bar en la pista de baile.

Empezaron a servir entonces el trago. Carlos pidió una botella sencilla de ron dorado, unos cuantos gajos de limón, y sirvió para todos en copitas pequeñas.

—ahora si, hagamos el brindis. —exclamó con alegría el cubano— por que todo salga bien con los procesos, salud!

—no lo estás diciendo bien Carlos…—afirmó entonces el venezolano—yo les propongo que brindemos por Juan Pablo. No cualquiera tiene los cojones para aguantar tantos años de dolor.

—tiene razón.

Alzaron las copas.

—Por Colombia, y por la paz, Salud!

Brindaron, y no solo eso, sino que no pasaron por inadvertidos: todo el bar brindó a la salud del colombiano.

Siguieron entonces charlando toda la noche, bebiendo ron, y molestándose entre si un poco, en medio del agradable ambiente de camaradería y confraternidad que se vivía en el bar. Sin embargo, Manuel estaba triste y sombrío con aquellos amargos y tristes recuerdos que volvían a su mente, después de tantos años de dolor.

Años atrás, septiembre de 1973.

El ejercito estaba atacando con saña despiadada el palacio. Manuel, con una subametralladora en la mano, intentaba defender como podía al presidente Allende, el cual estaba sereno e impasible, en su despacho. Hacia poco que había llamado a radio Magallanes, una de las ultimas emisoras que quedaba aun al aire, dado el silencio y la imperante censura que reinaba en toda la ciudad. Podía ver desde la ventana como la gente intentaba resguardarse, mientras los soldados que habían jurado defenderlo disparaban con saña fría hacia los civiles. No podía resistir por más tiempo.

sal de aquí Manuel, y busca un lugar seguro le dijo Salvador a la nación chilena.

no puedo dejarle a usted aquí señor…

sabes bien que todo está perdido. Nos han traicionado luego, dijo de forma tristesiento no haber sido un buen presidente para ti y para mi gente.

señor… el chileno se derramaba en lagrimas frente a las declaraciones serenas del hombre de edad madura y porte ceremonioso, que miraba a la ventana con tristeza indiferente a las balas.

Solo sal de aquí y evita que sigan derramando más sangre.

Chile entonces obedeció en el acto. Salió del despacho, con los brazos en alto, mientras los soldados golpistas asesinaban con saña fría a los funcionarios que buscaban resguardo, o a la guardia presidencial intentando defender a Salvador Allende.

NO DISPAREN!, ME RINDO gritó el chileno desesperado.

Dos soldados se acercan a él, y con una brutalidad despiadada le someten y le esposan.

no lo golpeen ordenó uno de los oficialesa este hay que llevarlo con el señor general.

Y mientras salían del pasillo, se oye una ráfaga de disparos proveniente del despacho del presidente Salvador Allende.

Hacía ya muchos años de esos trágicos hechos. Y aun le dolía recordarlos, en especial por el sencillo hecho de que Alfred fue el auspiciador en las sombras de aquel golpe. Durante años le odió con rabiosa impotencia, lo detestó con toda su alma por haber respaldado en las sombras al enfermo obsesivo de Pinochet y su gente. ¿Qué hubiera tenido de malo que un socialista estuviera en el palacio de la moneda?... en fin de cuentas, si hubiera tenido mas paciencia el libre proceso democrático haría que Allende tarde que temprano saliera de la presidencia de forma prudente y mesurada, pues este era un hombre respetuoso del establecimiento y el libre juego democrático. Pero no. Tenia que respaldar el golpe de Pinochet, el putsch sangriento que cobró tantas vidas, y respaldar la oscura dictadura fascistoide de aquel obsesivo enfermo.

Manuel tomó de golpe otra copa de ron. Ya empezaba a embriagarse. Sencillamente necesitaba beber. Beber para olvidar su triste vida pasada.


[1] Es plenamente cierto: el único garante europeo es el reino de noruega. Anteriormente, la considerable cantidad de garantes europeos hizo que el proceso del Caguán fracasara. Debido a esto, el grupo de observadores se restringió a su más mínima expresión (solo tres naciones), para evitar dilaciones de cualquier tipo.

[2] Alude a Alfonso Pinochet. Fuente canon de Latin Hetalia: A Manuel no se le puede mencionar el nombre de Pinochet en la cara, debido a que se encoleriza de sobremanera. Esto se refiere a que el recuerdo del difunto presidente golpista no fue muy grato en el grueso del pueblo debido al sangriento golpe que lo llevó al poder, y la subsecuente represión política. El nivel de detestación del pueblo a Pinochet era tal, que en el día de sus funerales, muchos escupieron sobre el vidrio de su ataúd, por lo que al final tuvieron que dar por terminada anticipadamente la cámara ardiente en el colegio militar de Santiago. Ha sido el único presidente chileno que no recibió ningún tipo de honores de jefe de estado (banderas a media asta en las dependencias oficiales y luto oficial de tres días), recibiendo solo los honores militares de comandante de las fuerzas armadas (solo las banderas de las dependencias militares a media asta, y ninguna declaratoria de luto oficial).

[3] Durante las décadas de los 70 y 80, Colombia y Venezuela fueron los únicos países en américa latina en los que todavía se regían por un libre juego democrático. Es más, muchos perseguidos políticos de chile y argentina, emigraron hacia Colombia durante esta época.

[4] La iglesia católica chilena fue uno de los más activos colaboradores del régimen de Pinochet. Precisamente el arbitramento papal sobre el conflicto del Beagle, que falló a favor de Chile, fue conseguido por el arzobispo de Santiago, Cardenal Antonio Samoré. Un paso fronterizo entre argentina y chile le hace honor, por haber "defendido la soberanía chilena". Al final, la iglesia católica chilena no salió bien librada de la dictadura, pues muchos sacerdotes, obispos y arzobispos colaboraron activamente con el régimen, haciendo oídos sordos a denuncias y suplicas, e incluso entregando a clérigos disidentes, o sirviendo en las redes de espionaje.