Capitulo 7

No dejare que te pase nada malo

Mientras Tomoyo se dirigía hacia la casa de Sakura se preguntaba que le había pasado. Cancelo la cita de estudios que ambas tenían y esa noche no se conecto a la red, todo esto sin que ella le avisara. Es verdad que Sakura no sabia que Tomoyo era Ángel azul pero a pesar de ello, Cerezo no le doy una buena razón para cancelar la cita ya que ella insistió tanto en que fuera ayudara por Daidouji ya que pronto se llevaría a cabo el examen de matemáticas, materia que a Sakura siempre le dificulto.

Al llegar a su destino descubrió una hermosa pero humilde casa de clase media. Fue algo que le lavo terriblemente la atención ya que se imaginaba algo mas digno de un prestigioso profesor de la universidad de Tokio. Con un repentino nerviosismo llama a la puerta donde al poco tiempo era abierta por un joven alto de cabellos oscuros. Tomoyo se puso aun mas nerviosa cuando aquel joven cuyos penetrantes ojos, negros como la noche, la miraron fijamente. Su rostro con cada de pocos amigos tampoco ayudaba.

-¿Si?- dijo el joven seriamente

-Soy… soy Tomoyo Daidouji ¿Aquí vive Sakura Kinomoto?- pregunto nerviosa

-¡MONSTRUO! ¡TE BUSCAN!- grito el joven fuertemente

-¡QUE NO SOY UN MONSTRUO TOUYA!- grito Sakura desde dentro de la casa

Tomoyo no pudo evitar sonreír ante la mirada de enojo de Sakura ante aquel joven que parecía disfrutar de molestarla, a pesar que por aquellos dichos se gano una justa patada cerca del tobillo. Después de ver como ese joven se alejaba quejándose y diciendo alguna grosería casi inentendible, Sakura ve a su amiga con una mezcla de tristeza y vergüenza.

-Perdona al tonto de mi hermano- decía Sakura avergonzada -¡Siempre esta molestándome!-

-No hay problema Sakura…- respondía con una sonrisa –Vine a verte porque no quisiste venir a estudiar…-

-Este… yo… no me sentía bien- dijo la flor de cerezo bajando al mirada

En ese momento Tomoyo nota una venda adhesiva en la mejilla, y fue mas notoria cuando ella trato inútilmente de cubrirlo tímidamente con su mano.

-Sakura… ¿Qué te paso en el rostro?- pregunto intrigada

-Este… yo… me golpee por accidente- respondo Sakura algo temerosa

-Si no quieres decírmelo, esta bien- afirmo Tomoyo -¿Aun quieres que te ayude a estudiar?-

-Este… yo…-

Mientras Sakura dudaba en aceptar la propuesta de estudios de su amiga, aun con algo de temor por aquellas amenazas de esas extrañas chicas del colegio, un caballero de aspecto amable se les acerco con una dulce sonrisa en el rostro.

-Sakura, hija… ¿Tenemos visitas?- pregunto muy amablemente

-Papá… ella es mi compañera del colegio y mi amiga-

-Daidouji, Tomoyo Daidouji- se presentaba cortésmente –Mucho gusto en conocerlo-

-¡Mucho gusto! Soy el padre de Sakura, Fujikata Kinomoto- decía sin perder aquella dulce sonrisa –Pasa por favor, te serviré algo de tomar-

-Papá… ella viene a ayudarme a estudiar…-

-Aun con mas razón ya que pasaras tiempo con nosotros- dijo mientas tomaba la mano de Tomoyo –Ven a conocer a la familia-

Sin que Sakura pudiere decir lo contrario, ve como su padre llevaba a su amiga a dentro del la casa. De inmediato Tomoyo siente algo diferente, algo que en su mansión no había… calor.

Así era, el hogar de Sakura era más humilde pero lleno de calidez y de amor. Por un momento sintió envidia que su amiga viviera rodeada de tanto cariño. Aunque también comprendió la razón de su dulzura de su amiga.

Una vez que entraron a lo que parecía la sala se encontraba el hermano de Sakura, sentado en un cómodo sofá. Los ojos negros de Touya miraban fijamente a la niña de cabellos oscuros. Su rostro era casi idéntico a su padre, pero al contrario de él, no transmitía la misma amabilidad. Tomoyo se sentó en un sillón y Sakura hizo lo mismo a su lado. La curiosidad de la joven amatista le hizo llevar la vista hacia una mesada donde un portarretrato contenía a una hermosa mujer cuya sonrisa era idéntica a la de su amiga.

-¿Deseas tomar un poco de te pequeña?- le ofreció el padre de Sakura de una bandeja

-Si… gracias-

-¿Eres compañera de Sakura?- le pregunto Touya seriamente

-Si… así es…- respondía Tomoyo que por alguna razón él la ponía nerviosa

-¿Y cuales son tus intenciones?- el hermano de Sakura continuaba con su interrogatorio

"¡Vaya! Si que es desconfiado…" alcanzo a pensar Tomoyo cuando Sakura lo miro con rabia en sus ojos y gritándole que la dejara tranquila a su amiga. Su padre solo sonreía ya que al parecer esas constantes peleas entre hermanos eran solo juego entre ellos.

-Perdona si parece que ellos dos no se llevan bien- le comentaba Fujikata –Es que para Touya, Sakura es irresistiblemente linda-

-Calla papá…- suspiro el hermano de su amiga visiblemente sonrojado

Tomoyo vio a Sakura que también sufrió un sonrojo de vergüenza después de aquel comentario y sonrió. Desde el primer momento que entro a ese hogar noto ese calor, y se sintió parte de el, parte de una familia… aunque sea un solo momento.

Después de tomar el te, ambas chicas se dirigieron a estudiar como habían decidido. Sakura guió a su amiga por las escaleras hasta llevarla a una pequeña pero iluminada habitación. Estaba llena de peluches y las paredes eran de color rosa suave. Muy al contrario de la habitación de la amatista que era muy espaciosa, que parecía que cabria toda aquella casa en ella, pero también es esa habitación se sentía ese calor que inundaba toda la casa. Tomoyo se sentó sobre la cama mientras de su bolsa sacaba algunos apuntes, en tanto Sakura también tomaba algunos cuadernos de su escritorio que también estaba invadido por peluches.

Ya había pasado algo más de una hora y todo parecía que no avanzaría mucho más ya que al parecer Sakura no se podía concentrar así que su amiga decidió terminar por ese día.

-Terminamos por hoy…- dijo Tomoyo algo decepcionada

-¿Ya? Pero aun no llegamos ni a la mitad- reclamo Cerezo algo sorprendida

-Aunque estudiemos toda la noche no vamos a avanzar mas de este punto- respondía la amatista –Tú no estas concentrada…algo te preocupa ¿O me equivoco?-

-Yo…no… - Sakura balbuceaba muy nerviosa

-Sabes que puedes confiar en mi…- le dijo sonriendo

-Tomoyo… creo que seria mejor no vernos mas…-

La joven Daidouji se vio sorprendida por aquellas palabras de su amiga. ¿Había hecho algo para lastimarla? ¿Acaso había sido descortés? ¿La había tratado mal? De pronto se sintió muy triste.

-Pero… ¿Por qué?- le costo decir a la niña de ojos azules

-No quiero molestarte y…-

En ese instante la niña de ojos color esmeralda comenzó a llorar. Lagrimas caían de sus ojos verdes sin que Tomoyo entendiera el porque. Solo se atino a rodearla entre sus brazos para consolarla. Aquellos minutos donde ambas estuvieron abrazadas fueron para ambas algo interminables aun más cuando Sakura se calmo y solo se dedico a sentir el calor de su amiga. Los corazones de ambas comenzaron a salirse de control, era un sentimiento extraño pero placentero, algo que de pronto asusto a Tomoyo quien se separo de su amiga ya calmada.

-¿Mas tranquila?- pregunto Tomoyo sonriéndole dulcemente

-Si… gracias…- agradecía Sakura secándose las lagrimas con sus palmas

-¿Qué te paso Sakura?... me asustas-

-Es que… ayer cuando estaba por salir del colegio… una chica me dio un recado de tu parte…- relataba la flor de cerezo

-Pero… ayer no te mande ningún recado-

-Si… ya lo se pero igual fui a donde debíamos vernos según decía el recado y allí me…- le costaba seguir a Sakura –Allí me encontré a un grupo de chicas que me amenazaron con que me lastimarían si no me alejaba de ti…-

-¿Te hicieron daño?- pregunto Tomoyo algo preocupada

-No… solo una de ellas me rasguño con una navaja…- decía Sakura mientras se tomaba el rostro

-¿Quiénes eran?- pregunto Daidouji visiblemente molesta

-No me dijeron quienes eran pero parece que te llamaron princesa-

Con eso Tomoyo supo quienes serian quienes habrían amenazado a Sakura. Esto seria la gota que derramo el vaso, la joven Daidouji decidió que era lo último que aguantaría. El club de fans debía acabar.

-Sakura… no te preocupes- le dijo mientras la abrazaba –No dejare que nadie te lastime…-

-¿Me lo prometes?- pregunto Cerezo mientras la abrazaba fuertemente

-Te lo prometo… No dejare que te pase nada malo-

En ese instante la joven amatista lo entendió, Sakura se había convertido en lo mas preciado para ella y no dejaría que nada malo le ocurriese. Ni nada ni nadie.