Tu cuerpo cambio, tus ojos, tu mirada, tu...voz. Tus ''te quiero'', todo se volvió mas sentimental, porque tu y yo sabíamos que no iba a ver una próxima vez. ¿Verdad, Kagami?
OoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooO
31-12-2013
-Kagami ese día volvió a casa, pero con una mirada extraña en su mirar. Algo se había muerto en su interior sin necesidad de decirse. Desde ese día...todo cambio, y con ello yo también.-
[...]
Venga, Bakagami. Tomatelo bien, aaaanda. -Musite en una voz suave y infantil, acercando la cuchara con un puré de verduras a los labios entreabiertos de Kagami, abriendo este aun mas sus labios para recibir el puré en su boca, lento, con un suave gruñido, teniendo un ligero miedo de volver a atragantarse con aquel puré que no sabia a mucho mas que a zanahoria.-
Así, muy bien, Kagami. -Le dije, cogiendo un pañuelo y limpiándole las comisuras de los labios, donde el puré chorreaba cuales cascadas sin Kagami quererlo. Le escuche tragar y sonreí ampliamente, acariciándole la mejilla y luego la cabeza con cariño.- ¡Muy bien! ¿Ves? Si que puedes, Baka. -Kagami asintió, con una plena sonrisa en los labios, débil, pero su sonrisa, que nunca iba a cambiar ni perder su brillor. Aquel brillor que tanto me atraía y en cierta manera protegía.- Venga, ya falta poco para terminar el puré. ¿Estas listo?
-Kagami me asintió de nuevo un par de veces, lento, y entreabrió la boca con lentitud y cuidado. Le acerque nuevamente la cuchara llena de aquel puré anaranjado y Kagami lo recibió en su boca con entusiasmo, como un pequeño niño de apenas unos cinco años. Sonreí tras aquello, pareciéndome sumamente adorable, ya que era el, Kagami. Le limpie nuevamente con el pañuelo y acabe por estrecharle contra mi pecho con fuerza, hundiendo mi nariz en aquel alborotado pelo rojizo, que olía a el, tan bien.- Idiota...no te atrevas a dejarme nunca, no me importa ser tus pies, tus brazos, tu mente, tu equilibrio o tu fortaleza. Seré incluso tu aire, así que...estate para siempre conmigo, Bakagami.
-Susurre todo aquello, notando como dos débiles brazos temblorosos me abrazaban con una fuerza rota, rompiéndose por enésima vez en estos meses mi corazón de verle caer así, poco a poco...cada día una cosa mas se rompía dentro de Kagami, hasta que quedase completamente vació.-
[...]
-Tras la comida, Kagami y yo decidimos ir a pasear un poco por la calle, ir al parque donde en primavera florecían los grandes arboles de cerezo, y llenaban todas las calles de preciosos pétalos. Empuja la silla de ruedas con tranquilidad y facilidad por aquel camino rodeado de aquellos arboles de cerezos ahora secos y profundamente dormidos. Kagami miraba a su alrededor con emoción y curiosidad, le encantaba salir a pasear, y mas si era conmigo. Paramos a descansar al lado de un gran árbol seco. Extendí una gran manta de terciopelo cálida en el seco césped, y me senté ahí mismo, separando mis piernas, mirando con una sonrisa cálida a Kagami.-
Venga, ven. Descansemos un poco aquí. -Musite con delicadeza, algo que aprendí con el paso de los meses con la situación que estábamos pasando. Kagami asintió con una sonrisa adorable y se impulso con los brazos hacia arriba, dejando caer los pies en el seco césped. Se quedo de pie con dificultad, balanceándose hacia los lados con ligereza, inestable. Comenzando a arrastrar los pies, ''caminando'' hacia mi, intentando llegar hasta mi. Le observe, atentamente, intentado aguantar el sentimiento de querer humedecer mis ojos y con ello dejar mis lagrimas fluir solas, egoístas. Pero no lo hice. Sentí las manos de Kagami sobre mis hombros, cayendo este de rodillas entre mis piernas y me abrazo con aquella fuerza rota, con un inmenso amor que solo el me podía trasmitir. Sonreí.- ¿Ves? Puedes hacerlo si te lo propones, eres un campeón.
-Kagami me sonrió, suavemente sonrojado, adorable, y me beso con torpeza en los labios.-
T-T-Te q-quiero...A-A-Aooo...m-mine...
-No pude reprimirlo mas, y mis lagrimas recorrieron con rapidez mis mejillas, acabando por abrazarle con suma fuerza, escondiendo mi rostro contra ese amplio pecho, dejando un sollozo ahogado, de profundo dolor contra su corazón. Sin poder responder a aquello, quedando un denso silencio.- …...
